18. En el camping con Emma Swan

Emma

Después del magnífico fin de año que pasamos ayer, Regina y yo vinimos a su apartamento y coronamos la noche haciendo el amor hasta que los primeros rayos del sol surgieron en el cielo de Nueva York.

Como no tengo costumbre de dormir hasta tarde, a las nueve me levanto y, tras cepillarme los dientes, voy a la cocina a preparar el desayuno de mi novia, que sigue durmiendo abrazada a una de las almohadas.

Recojo mi cabello en una cola de caballo y comienzo a preparar unos sándwiches ligeros. Lavo algunas hojas de col y las meto dentro de la licuadora, mezclándolas con jugo de naranja y linácea.

Cuando estoy cortando la sandía, escucho que tocan al timbre y voy a la sala, a saber quién es. Miro por la mirilla e identifico a Zelena acompañada de un hombre moreno de cabellos grises.

Abro la puerta y la pelirroja me saluda

-¡Feliz Año Nuevo, Emma!- me dice abrazándome y besándome la mejilla –Este es mi padre, Marco Mills, a quien, infelizmente, no pudiste conocer anoche- añade, medio avergonzada, mirando al padre que permanece parado en el pasillo, encarándome

Saludo a los dos y los invito a entrar, sintiéndome algo extraña, pues aún no he asimilado muy bien que ahora también, a veces, hago las funciones de la dueña de ese apartamento.

-Disculpa, Emma, pero me estoy muriendo de hambre, pues papá ni me dejo comer, tal era su ansiedad por venir para hablar contigo y con Regina. Así que, voy a ver qué hay de interesante en la cocina- dice, frotándose las manos y desapareciendo de la sala, sin darme tiempo a responder nada.

Vuelvo a mirar a mi suegro y debo estar transpirando puros nervios por mis poros

-¿No quiere sentarse? ¡Voy a llamar a Regina!- digo, deseando que ella venga pronto a salvarme de esta incómoda situación

Él me sonríe de manera simpática y se sienta en el sillón individual que hay en una de las esquinas de la sala.

Entro en el cuarto y me tiro sobre mi novia, que duerme mansamente, con los cabellos desparramados por una de las almohadas, aún abrazada a la otra

-¡Despierta, amor! ¡Tu padre y tu hermana están aquí!-digo, acariciando su rostro

Abre los ojos, asustada, y se pasa las manos por los cabellos, sentándose enseguida en la cama

-¿Qué han venido a hacer?

-¡Zelena vino a comer!- bromeo –En cuanto a tu padre, no sé- concluyo, entre aprensiva e intrigada

Ella bosteza y se levanta, se pone las bragas, se acerca a mí y me rodea por la cintura comentando

-¡Parece que alguien le tiene miedo al suegro!

-¡Realmente sí!- admito –Y creo que deberías vestirte antes de que entre aquí y te vea semidesnuda abrazada a mí. ¡Aún soy muy joven para morir!- digo, con humor

-¡Calma, amor! Si conozco bien a mi padre, ya sé lo que ha venido hacer y no hay nada de lo que preocuparse- responde, dándome un piquito.

Se aparta y se pone un albornoz que había sobre el puff, a los pies de la cama

-¡Vamos, miedica mía!- dice, estirando la mano que agarro de buen grado.

Cuando entramos juntas y dadas de la mano en la sala, el señor Mills se levanta y dice

-¡Hija mía, cuando tu madre me contó lo que había pasado anoche, me enfadé tanto que no veía la hora de venir a verte!- comienza, cogiendo su mano libre y apretándola –Qué sepas que siempre apoyaré tus decisiones…Lo único que espero de la persona con la que estés es que te haga feliz- afirma, y en ese momento, me mira a mí –Sé que tu madre te ha prohibido volver a casa mientras sigas con Emma, sin embargo, le he dejado claro lo absurdo que lo considero y que no voy a apoyarla en esa decisión- enfatiza

Me asombro ante esa información. Ya sospechaba que Cora había peleado con Regina por mi causa, pero no imaginé que hubiera ido tan lejos.

-Papá, me siento feliz de que hayas venido a decir eso, pues tu apoyo es muy importante para mí- afirma Regina, sonriéndole –En cuanto a lo otro…Si Cora continúa con esa intolerante postura sobre mi relación con Emma, es probable que esté un tiempo sin acercarme a la mansión, porque considero que pelear con mamá es innecesario y agotador- explica, categórica

Siento algo de culpa y me quedo preocupada de que Regina haya tenido una discusión tan fuerte con la madre a causa de nuestra relación. Les doy una disculpa a los dos y decido salir de la sala para dejarles que hablen a gusto. Noto que ella se da cuenta del cambio de mi comportamiento y aprieto su mano con fuerza, esbozando una sonrisa forzada, pues no quiero afligirla.

Sé que apenas estamos en el inicio del noviazgo y que tendremos que superar muchas adversidades para seguir juntas, pero confieso que, a pesar de haber presenciado todo tipo de mezquindades, el odio y la intolerancia de las personas aún me afectan más de lo que me gustaría. Infelizmente, hay ciertas actitudes de las que, sencillamente, no podemos abstraernos.

Regina

Cuando Emma me deja a solas con papá, me pregunto en qué estaría ella pensando en ese momento, al enterarse de lo fuerte que había sido mi conversación con Cora. Me hubiera gustado explicárselo personalmente, pero después de dejar la mansión y al ser rodeada por ese clima de paz y amor de la fiesta en Times Square, acabé olvidándome de todo eso.

-¡Tu novia es muy bonita, mi amor!- comenta papá, atrayendo mi atención –Además de muy educada y simpática-afirma y abro una sonrisa de oreja a oreja ante la forma en la que habla de ella, pareciendo realmente encantado –¡Muy diferente de aquel imbécil de David!- completa

Recuerdo que David estuvo en la mansión en dos ocasiones, pero fueron suficientes para despertar la antipatía de papá, que es un defensor de las ideas del Partido Demócrata, mientras mi ex tiene una filosofía política más acorde con los preceptos republicanos. Por eso mismo, cayó a bien a Cora, otra simpatizante del partido de los Bush.

-¡Papá, no hables así de David! ¿Sabías que Emma su hermana?- pregunto, mirándolo

-Me lo ha dicho Zelena- responde, abrazándome y besando la parte alta de mi cabeza –¡Pero de igual manera es un idiota, no era la persona indicada para ti, ojitos negros!- dice, llamándome con el apelativo cariñoso que usa desde que era una niña –Nunca te vi mirando a David de la forma en que te he visto mirando a Emma- subraya y tengo que concordar con papá.

-¡Bueno, no tengo cómo rebatir tu último comentario!- respondo, suspirando -¡Estoy perdidamente enamorada de ella!- digo de manera bobalicona, pero no hay otra forma de admitir a uno mismo, o para los demás, que se está enamorada sin parecer boba.

-¡Lo sé, mi ángel! ¡Estoy tan emocionado de que mi princesita haya encontrado a su alma gemela!- exclama, dejando relucir todo el sentimentalismo latino que lleva dentro

-¡Ya, papá! Pareces un guionista de telenovela mexicana- digo, pinchándole

Cuando mi novia y Zelena vuelven a la sala, nos estamos riendo, aún abrazados.

-¿Qué te dije, Emma, de que Regina era su preferida?-refunfuña mi hermana, mirándonos, pareciendo celosa

-Déjate de tonterías, mi pelirroja…¡Sabes muy bien que amo a mis tres hijos de la misma manera!-responde él, yendo a mimarla

Emma camina hasta donde estoy yo, mordiéndose el labio inferior

-¡También quiero un abrazo, ojitos negros!- pide, guasona, y me pregunto si escuchó a mi padre llamarme así, o si fue mi hermana quien le contó del apelativo de la infancia.

Pero ni le doy a importancia a eso cuando percibo, por su expresión serena, que ya no debe estar enfadada por lo que hizo Cora, y aprovecho para robarle un beso, mientras mi padre está de espaldas aún abrazado a mi hermana.


Tras dejar a papá en una parada de taxi, Zelena pisa a fondo el acelerador de su SUV, porque ya íbamos bastante atrasadas a la carrera de bicicleta en la que vamos a participar. Mientras conduce, explica que hoy recorreríamos 20 kilómetros hasta un camping en el que pasaríamos la noche.

-¡No te preocupes, en la tienda que he traído cabemos las tres!- avisa, mientras estaciona cerca de una tienda donde se lee: "Alquile su bicicleta aquí"

-¡Esto es tan típico de ti, Zelena! Avisar a última hora que tendremos que pernoctar en mitad del bosque- me quejo, bajando del coche

-Regina, ¿escuchaste lo que dicho? Cabemos las tres en la tienda, por eso no vi la necesidad de contarte ese detalle- replica, poniéndose en la fila para alquilar la bicicleta.

Felizmente, Zelena, además de la tienda, había traído algunos accesorios extras para prestarnos y los saca de la mochila, entregándonoslos.

-Mi amor, deja de discutir con tu hermana y ponte el casco- Emma me reprende, sería, poniéndose los guantes.

-¿Estás muy confiada, no Swan?- pregunto, haciendo lo que me había pedido

-¡Claro, nunca entro en una disputa para perder!- responde, toda orgullosa

Sonrío ante su talente competitivo.

-¡Genial! Es probable que sea una de las últimas en llegar, pero me alegraré mucho con tu victoria- digo, guasona

-¡No, señora! Tienes que llevar mi ritmo…El equipo Swan Mills va a impresionar al público allá por donde pase

-Amor, por si no te has dado cuenta, es la una del mediodía del primer día del año…Creo que nadie saldrá del confort de sus casas para asistir a este oscuro evento. El único público que hay está formado por los propios competidores- apunto, sarcástica

-¡Venga, perezosas!- Zelena pasa a nuestro lado, ya montada en la bicicleta -¡Soy la reina del mundo!- grita, abriendo los brazos y casi cayendo al suelo, debido a su imprudente actitud.

-¿Tu hermana siempre es así?- pregunta Emma, riendo con las locuras de la pelirroja, que ya está colocada en la línea de salida

-Cuando no toma la medicación, sí- respondo bromista, y entramos en la fila para también alquilar nuestras bicis.


Horas después llegamos al camping, donde algunos participantes ya están montando las tiendas. Durante todo el trayecto, mi novia se daba la vuelta para acompañarme, pues, como sospechaba, no tuve aliento para seguirla.

El local escogido quedaba cerca de un lago y voy con Emma hasta allí para refrescarnos. Obviamente entramos vestidas, aunque algunos participantes más lanzados estaban tomando un baño en ropa interior.

Cuando volvimos, vemos a Zelena intentando montar nuestra tienda y Emma acaba ayudándola. Ya dentro del abrigo, nos quitamos la ropa y nos secamos, poniéndonos otras prendas. Colgamos las prendas mojadas en una cuerda extendida afuera y nos vamos a sentar alrededor de la hoguera, donde mi hermana está tocando la guitarra y cantando Baby, can I hold you, junto con otros participantes.

-Entonces, ¿ya habéis estrenado la tienda?- pregunta, pasándole la guitarra a un muchacho que estaba cerca de ella, y centrando su atención en nosotras, mientras ellos siguen "destrozando" la famosa canción de Tracy Chapman.

-Quizás sí, quizás no. Nunca lo sabrás…- respondo, maliciosa, mientras Emma sonríe, enigmática

-¡Muy bien, hermanita! Quien habla mucho de sexo, generalmente es porque lo practica poco. ¡Lo digo por experiencia propia!- responde, de buen humor

-¿Lance y tú habéis roto de una vez?-pregunto, refiriéndome al hombre con quien mi hermana se había casado en Las Vegas, tres años atrás, y noto cómo Emma se divierte ante cada nota desafinada del "cantante oficial" del campamento.

-¡No! ¡Aún nos vemos de vez en cuando! Y eso me deja algo confusa e insegura para comenzar otra relación- explica –Así que, acabo follando menos de lo que me gustaría.

-En realidad, aunque estuvieras en otra relación, seguirías follando menos de lo que te gustaría. Nunca he conocido a alguien con una libido tan insaciable…Creo que solo te calmarías si tuvieras un esclavo sexual- digo, divertida

-¡Regina, no hables así de tu hermana!- replica, fingiendo que me censura –Emma va a pensar que soy una ninfómana o una depravada que sale por ahí acostándose con cualquiera de la calle- termina, mirando a mi rubia que parecía estar más interesada en un marshmallow que asaba en la hoguera que en nuestra conversación.

-¡No te preocupes, Emma no suele juzgar a las personas!- respondo, viéndola morder la golosina con gusto

-Cambiando de tema…¿Ves a aquel muchacho con la camisa negra, sentado cerca de la muchacha pelirroja?- susurra Zelena y miro alrededor, intentando no llamar la atención, identificando rápidamente al hombre

-¿Qué pasa con él?- pregunto, curiosa

-¿Te acuerdas de Kayla Jones, aquella judoca que fue echada del equipo americano de las Olimpiadas de 2004 porque encontraron hormonas masculinas por encima de lo normal en sus pruebas?- pregunta y Emma nos mira a las dos, demostrando que no está tan ajena a lo que hablábamos

-Me acuerdo…- respondo, ya imaginando lo que diría ahora

-Pues bien, ahora atiende por el nombre de Killian Jones y está aquí delante de nosotras- susurra, como si estuviera contándome un secreto de estado –Aquella pelirroja que está a su lado es su esposa- continúa y Emma mira a la pareja sentada al otro lado de la hoguera –Siento curiosidad por saber cómo queda el "equipamiento" y si funciona bien tras el cambio de sexo…- dice de repente y mi novia deja el plato con los dulces a nuestro lado y se levanta, pretextando que está cansada por la carrera y que se va a acostar.

Sé muy bien que Emma acaba de dar una disculpa, porque probablemente se ha sentido incómoda con el rumbo de la conversación. Zelena también percibe el cambio en su comportamiento y me pregunta

-¿He dicho algo malo?

Suspiro y miro a mi hermana

-Sí, pero la culpa es más mía que tuya- explico, preparándome para hablar, por primera vez, de la transexualidad de Emma a alguien de mi familia –Emma también es transexual, Zelena- revelo de una vez y la pelirroja desorbita los ojos, dejando claro su sorpresa

-¿Estás de broma, no?- me pregunta, asombrada –No porque ella sea transexual, sino porque acabo de cometer la mayor metedura de pata de mi vida- explica, preocupada

-No has cometido exactamente una metedura de pata, porque tu curiosidad es normal…Pero para ellos, esos cuestionamientos que haces son como una invasión a su privacidad.

-Pero, ¿ella realmente ha hecho el cambio?- pregunta, llena de dudas

-¡No totalmente! Al principio, también tuve deseos de conocer los motivos por los cuales no ha hecho la transición completa, pero después de que empezamos a salir, esa curiosidad fue disminuyendo, pues la veo como una mujer tan femenina que hasta me olvido que ese no fue su sexo de nacimiento.

-¿Se lo contaste a Cora?- pregunta mi hermana, frunciendo el ceño

-¡No! Formó un escándalo cuando descubrió que estoy saliendo con una mujer, que no pude comentar nada. Eres la primera de la familia que lo sabe- revelo y ella se queda pensativa

-Creo que debería ir a pedirle disculpas a Emma…- comenta algo avergonzada

Cojo su mano

-¡No es necesario! Yo voy a hablar con ella y no tienes de qué preocuparte, pues estoy segura de que no se ha enfadado contigo- consuelo a mi hermana que muestra una sonrisa triste.

Le doy un beso en la cabeza y me levanto, yendo a la tienda. Al entrar, veo a Emma dentro del saco de dormir, contemplando una luciérnaga que anda por su brazo.

-Hey, ¿todo bien?- pregunto, echándome a su lado y abrazándola por detrás

-¡Sí! Perdóname por haberme ido de esa manera –responde, cogiendo mi mano y apretándola

-Todo bien…Zelena no estuvo muy acertada con ese comentario. Pero, ella es así…¡Le encanta un cotilleo!- digo, sonriendo, intentando relajar el clima

Ella se gira y queda frente a mí

-De todas maneras, mi actitud fue infantil. Ella podría estar hablando de una traición, de la orientación sexual de alguien…Todas esas cosas que a las personas les encanta comentar sobre la vida de los demás y yo estaría allá, pacientemente escuchando y quizás riendo. Pero, como el tema también me toca, acabé reaccionando de forma inmadura- se justifica, como siempre, mostrándose muy sensata.

-Emma, tu reacción fue bastante natural. Cuando algo nos afecta personalmente es normal tener una actitud defensiva- observo, acariciando su rostro –Pero, vamos a dejarlo…-pido, acurrucándome aún más contra su cuerpo –Tenemos que aprovechar que estamos solas en la rienda y que Zelena no tiene hora de regreso, porque la dejé conversando con un guapo moreno…-prosigo, metiendo la mano por debajo de su chándal y acariciando su definido abdomen.

-Amor…¿qué tomas para tener tanto fuego, eh? ¡Porque desde que empezamos a salir ya he adelgazado dos kilos!- murmura mientras me echo sobre ella

-¡Tienes suerte de comer algo sabroso como yo y encima, adelgazar!- resalto, distribuyendo engreimiento y besos por su cuello

Suspira y se gira, usando el peso de su cuerpo para prenderme bajo ella

-Eres tan perfectamente sexy y convencida…Y lo mejor, ¡toda mía!- susurra, posesiva, encajándose entre mis piernas y besándome

Su lengua provocativa juguetea con la mía, inflamándome y dándome la certeza de que esa tienda será palco de una intensa noche de amor, llena de suspiros, gemidos y estrepitosos placeres.