20. Las canciones que Emma Swan escogió para mí
Margaret
Febrero-En Boston
-Mamá, ¿quién es CL?- Jefferson me aborda, entrando en la cocina y llevando consigo un ramo de lirios blancos en una de sus manos y una tarjeta en la otra.
-¿Para quién son esas flores?- le pregunto, ignorando su pregunta
-¡Para ti! De un tal CL…- dice, sonriendo –Entonces, ¿quién es tu admirador secreto, Margaret?- vuelve a preguntarme
-¿Qué falta de educación es esa, Jefferson Swan?- lo reprendo -¿Quién te enseñó a leer tarjetas que acompañan a flores que no son para ti?- prosigo, arrancándole la tarjeta de la mano
-Solo estoy representando el papel de buen hijo que se preocupa por la vida amorosa de su madre- responde, jocoso –No pienses que voy a dejar que cualquiera de tire los tejos- prosigue, en el mismo tono, pero lo ignoro y me pongo a leer lo que está escrito en el delicado papel con un olor ya familiar
"Sé que los gustos de la gente pueden cambiar con el tiempo, pero espero que los lirios aún sean tus flores preferidas. Rezo para que entiendas por qué escogí los blancos"
CL.
El mensaje es corto y, antes mismo de leerlo, ya imaginaba quién había mandado el ramo que sigue en las manos de Jefferson. Mi hijo me observa con curiosidad, mientras intento ocultar la emoción que siento al darme cuenta de que Constance aún recuerda ese detalle mío.
Recuerdo que solo le conté una vez que los lirios eran mi flor preferida, cuando estábamos estudiando en la biblioteca y vi una ilustración de ellos en un libro de Biología. Sé que enviar flores blancas simboliza una petición de perdón y creo que es eso a lo que se ha referido en la nota.
-Entonces, Margaret, ¿me vas a decir sí o no quién es CL?- Jefferson insiste y lo conozco muy bien para saber que no va a dejar de perturbarme hasta que no le dé una respuesta.
-¡No tengo ni idea!- miento, ya recuperada del sentimiento nostálgico que me había acometido –Debe ser alguna broma o un equivocación- continúo, girándome de espaldas y llenando un jarrón con agua –Toma, pon el ramo dentro de este jarrón y dáselo a tu esposa –sugiero, aunque por algunos instantes haya pensando en tirarlo a la basura, pero eso solo serviría para aumentar su desconfianza.
Mi hijo me mira, como si estuviese intentando encontrar algún indicio de mentira en mis palabras, sin embargo, hace lo que le he mandado y comenta
-Hmm, los padres no deberían tener secretos con sus hijos. Pero voy a fingir que creo en tu historia, mamá- concluye, saliendo de la cocina y llevándose los lirios, dejándome sola con mis pensamientos.
-¿Por qué esa mujer no me deja en paz?- murmuro, bajito, mirando al vacío e imaginando si Constance pretende mandarme más regalos.
Emma
Nada más entrar en la mansión me sorprendo al ver que la gran foto de familia, que presidía el hall de entrada, había sido retirada y el único vestigio que quedaba del retrato era la pared más descolorida en el sitio donde había estado colgada la foto durante años.
-Pues sí, hermanita, muchas cosas han cambiado en esta semana que has pasado en Nueva York con Regina- comenta Jefferson al verme llegar –Mamá raramente te llama "mi hijo" cuando te menciona en nuestras conversaciones y es posible que tengamos un nuevo papá en breve- completa, acercándose y besándome el cabello
-¿De qué estás hablando?- pregunto, andando abrazada a él hasta la sala
-Margaret recibió ayer flores de alguien que firmó solo como CL, y fingió que todo no era más que una broma o un equívoco- explica, sentándose en uno de los sofás y colocando los pies en la mesa de centro
Realmente mamá saliendo con alguien es una novedad que no esperaba al volver a casa.
-¿De verdad?- pregunto, aún pasmada
-Por increíble que parezca, sí- dice y, a pesar de la sonrisa estampada en su rostro, sé que no está mintiendo –La expresión de David cuando se lo conté fue igual que la tuya. Él llegó anoche y no deja de importunar a mamá, queriendo saber quién es el hombre misteriosos con quien está saliendo, o sea, mostrando el complejo de Edipo que siempre ha tenido en relación a Margaret- observa, sarcástico –Y tú, ¿también tienes celos?- me pregunta –Porque yo estoy feliz ante la posibilidad de que deje de ser definitivamente la persona amargada que ha sido desde que éramos pequeños- añade, más serio –Y el amor siempre da un nuevo sentido a la vida de la gente, ¿no, Emma?- mi hermano más afirma que pregunta, probablemente refiriéndose al cambio que Regina ha provocado en mi vida.
-¡Estoy de acuerdo, Jefferson! Pero tenemos que saber quién es ese hombre- enfatizo –Puede ser un aprovechador o una persona de mala calaña- digo, pensativa, avanzando al otro sofá
-¡David también piensa igual! Es impresionante cómo sois al mismo tiempo tan diferentes y tan iguales-afirma, sonriente -¿Por qué no podéis creer que Margaret pueda gustarle de verdad a alguien?- dice, inclinándose hacia delante y entrelazando los dedos –Es una mujer guapa, elegante, inteligente…En suma, tiene muchas cualidades. Y, en verdad, veo extraño que, desde que se separó de papá, no haya salido con nadie. Ya era hora de que conociera a otra persona, a fin de cuentas, nadie quiere terminar sus días solo- argumenta y no recuerdo haberlo visto nunca hablar tan seriamente
-Jeff, reconozco que mamá tiene sus encantos…Pero me preocupa el hecho de que ella, según tú, esté negándose a revelar la identidad de ese hombre- explico-No logro entender el motivo de tanto misterio- aclaro, mirándolo de frente.
-Espera un momento…- dice, levantándose de un salto -¿Te acuerdas de la rubia misteriosa de la que Tinker habló? ¿Será ella CL?- dice tan entusiasmado que quien lo viera ahora, imaginaría que acaba de descubrir la cura para el cáncer.
Me levanto también y afirmo
-Venga Jefferson…Ahora te estás columpiando- sonrío y paso por delante de él de camino a las escaleras
-¿Por qué? ¿No me vas a decir que no te gustaría tener dos madres? ¡Sería tan "familia moderna"!- prosigue, siguiéndome
-Jefferson, estamos hablando de nuestra madre, probablemente una de las personas más conservadoras de los Estados Unidos o quizás del mundo. Incluso con los sutiles cambios que ha venido mostrando recientemente, no creo que un romance lésbico sea algo que considere ella vivir- argumento, abriendo la puerta del cuarto y encontrándome a Snow y Ravenna echadas en mi cama, durmiendo.
-¡No seas tan escéptica, Emma! Algo me dice que Margaret aún nos sorprenderá- insiste, echándose en la cama y despertando a las gatas –Si lo que supongo, realmente es verdad, creo que David no se recuperará nunca del trauma cuando descubra que mamá también folla con una mujer- continúa con sus especulaciones y recuerdo que tengo que llamar a Regina, para avisarle de que ya había llegado a Boston.
Regina
Estoy pensando en qué haré de cenar mientras escucho la playlist escogida por Emma para el Ipod que me regaló en San Valentín. La selección es bastante ecléctica, aunque predominen las canciones brasileñas.
Solo hace cinco horas que mi novia se fue, pero parece que no hablo con ellas hace días. Como si adivinara cuánto la echo de menos, mi teléfono suena y por la toque de llamada sé quién me está llamando.
Suelto el cuchillo con el que estaba cortando una manzana y atiendo antes de que suene por tercera vez.
-¡Ha llamado usted a la casa del amor y del sexo, su satisfacción es nuestro placer!- digo, poniendo una voz más sensual y escucho su encantadora risa al otro lado
-¡He alcanzado el éxtasis tan solo escuchando ese saludo!- responde, entrando en la broma –Escucha, ¿tu novia sabe que tienes ese otro "empleo"? Porque, por lo que me consta, este número pertenece a una psicóloga seria que está saliendo con una arquitecta de Boston.
-¿Es necesario que diga que ya te echo de menos?- digo, dejando la broma de lado
-Sí, siempre es bueno escuchar de la persona que más se ama cuánto siente la falta de una- afirma tan amable que me emociono
-Entonces, prometo que nunca dejaré de echarte de menos, Emma Swan- enfatizo más emotiva de lo habitual
Ella suspira y pregunta
-¿Qué estabas haciendo antes de llamar?
-La cena. Tengo unas ganas locas de comer tarta de manzana y decidí hacer una. Ah, también estaba escuchando Voce é linda- comento y ella ríe, probablemente divertida ante la dificultad en pronunciar esas palabras en portugués –Señorita Swan, no es bonito reírse de las limitaciones de las otras personas. Tú tardaste casi dos años para aprender a hablar en portugués- la censuro
-¡No me río de eso, amor! Puse casi 500 canciones en tu Ipod y precisamente tenías que estar escuchando una de las que más me recuerda a ti cuando la escucho- se justifica en un tono de disculpa
-Hmm…¿Y cuáles son las otras?- pregunto, curiosa
-Hay muchas, sin embargo tres son las más especiales: O trem azul, no tengo que explicar el motivo- comienza y sonreímos juntas –Voce é linda, porque es una composición muy poética e intensa, donde la pasión del yo lírico por su amada es enaltecida en cada verso- prosigue, sorprendiéndome con su sensibilidad –Y Vieste, que es una oda al amor sereno y sencillo, aquel que llega inesperadamente, pero en el momento justo, nos arrebata sin reservas y trae consigo la certeza de la eternidad- concluye y, si es posible, aún estoy más enamorada de ella.
-¿Yo te traje la certeza del amor eterno?- murmuro emocionada
-Sí. A pesar de ser una persona romántica, nunca imaginé que encontraría a alguien con quien me gustaría estar para siempre…- responde sincera –Incluso, en el momento de mi vida en que tú apareciste, no tenía ninguna esperanza de encontrar a una mujer que quisiera estar conmigo en serio. Después de separarme de Belle, las pocas mujeres que conocí no me querían como novia, solo una aventura pasajera.
-Nunca me has dicho por qué terminó tu relación con Belle- comento abruptamente antes de perder el valor, pues Emma raramente menciona a su ex y no quería perder la oportunidad de saber por qué ellas se separaron, ya que tengo la impresión de que esa ruptura no fue muy amistosa.
-Porque me engañó- replica de forma lacónica, tras un súbito silencio.
Algo en su respuesta y en el tono de su voz me hace percibir que no me está contando todo, sin embargo, la manera brusca en que responde y su evidente malestar no me animan a proseguir con el asunto.
-¿Sabes? De todas las mujeres que ya han pasado por tu vida la que más celos me despierta no es Belle, por increíble que parezca, sino la brasileña sin nombre que te marcó tanto que te hizo enamorarte de la cultura brasileña- observo, intentando traer la naturalidad de nuevo a la conversación.
La oigo reír y parece que he escogido la estrategia correcta.
-No sé por qué te sientes así en relación a Camila- dice, mencionando por primera vez el nombre de la otra –Tendríamos que darle las gracias, pues las conversaciones sobre la cultura brasileña fue lo que acabó por acercarnos- argumenta-Si no hubieses estado mirando con tanto interés el cuadro de Portinari, posiblemente no habría tenido el valor para abordarte aquel día, teniendo en cuenta mi timidez y el hecho de que eras la novia de David y que él me detesta- termina, guasona
-¿De verdad?- cuestiono, recordando de cómo vi adorable nuestro primer contacto
-Recuerdo que lo primero que pensé cuando te vi a su lado, fue: Emma Swan, ya tienes muchos problemas con tu hermano- revela- Pero, secretamente te seguía con la mirada, rezando para que él no se diera cuenta de mi interés por ti, porque eso podría significar mi sentencia de muerte- concluye, en tono divertido
-Aunque Camila haya actuado como una especie de Cupido involuntario en nuestra relación y como los celos no son un sentimiento racional, sigue sin gustarme. Por cierto, ¿cómo es ella?- pregunto, repentinamente
-Amor, no creo que las características de Camila sean relevantes para nuestra relación- responde, intentando parecer tajante, pero el sonido de su risa muestra que le está encantando saber que me siento insegura con respecto a la brasileña
-¡Déjate de rodeos, Swan, y responde lo que te he preguntado!- rebato, cada vez, más curiosa
Suspira y dice
-¡Está bien! ¡Es negra, alta, bonita y una zorra sin corazón!
-Ahora dices eso, pero apuesto a que cuando cogiste el avión y viajaste no sé cuántos miles de kilómetros debías estar loquita por ella, ¿no?- la pincho, despechada
-No voy a negarlo…lo estaba- responde rápidamente aumentando mis celos –Pero lo que viví con ella fue una ilusión, algo platónico e idealizado, muy diferente a lo que siento por ti: un sentimiento real, pleno y correspondido. ¡Eres el amor de mi vida, Regina Mills! Y si quisieras esconderte en el lugar más remoto de la tierra, viajaría millares de kilómetros hasta encontrarte- enfatiza, en tono apasionado
-¡Me lo voy a pensar!- respondo, haciéndome la interesante-¿Recuerdas que tienes que estar aquí el día 21, no amor?- cambio de tema –Zelena dice que seremos las invitadas de honor de la cena que va a ofrecer a unos amigos que pretende presentarnos.
-Sabes que de cualquier manera estaría ahí. No logro pasar más de una semana sin verte- afirma, dulcemente
Sus galanteos me dejan toda boba y nuestra conversación se extiende durante una hora más hasta que el hambre me obliga a colgar, pues, infelizmente, no puedo vivir solo del amor de Emma Swan. Desisto de hacer la tarta de manzana y pido comida china. Devoro los rollitos de primavera hasta sentirme saciada y me sorprendo un poco con mi repentina glotonería, sin embargo recuerdo que he pasado un largo tiempo sin comer, lo que justifica mi voraz apetito.
