Muy buenas a todos, aquí MiniYo95 con una serie de One-Shots, la mayoría sin relación entre ellos que versarán sobre las parejas canónicas, amistades y situaciones inverosímiles. Habrá de todo y para todos. No prometo actualizar pronto, ni que dure mucho o poco, ni que la longitud será de X palabras, pero lo que sí puedo decir es que tendrá, indudablemente, mi sello personal.
Espero que disfruten leyendo cada uno de los fics como yo disfruto (y, por qué no decirlo, en parte sufro) cuando los creo. Y, como siempre, cualquier comentario será bien recibido.
Disclaimer: ni Naruto ni ninguno de sus personajes o historia me pertenecen.
MI SOLEDAD
Era un día soleado y despejado en la Villa de la Hoja, y muchos disfrutaban de él dando un agradable paseo. Pero una persona no podía disfrutar del día, ni más ni menos que el Séptimo, Naruto Uzumaki, que trabajaba de forma incansable enterrado en una montaña de papeles. Uno de sus consejeros decía que se esforzaba demasiado, y que era un fastidio verle así. No muchos sabían el motivo por el cual se esforzaba tanto, la mayoría creía que era por demostrar que podía ser un gran Hokage.
- ¿Puedo pasar? – preguntó cierto moreno.
- Adelante.
En medio de la montaña de papeles, se veía a un Naruto cansado, con ojeras y barba de tres días. Estaba agotado, física y mentalmente. A Shikamaru le daba pena su amigo, pues él sabía, mejor que nadie, lo que pasaba por su cabeza… y por su corazón.
- Naruto, no puedes seguir así – dijo Shikamaru -. Tanto trabajo te está afectando seriamente, deberías descansar.
Naruto sabía que Shikamaru lo decía por su bien, porque se preocupaba por él y lo pasaba mal viéndolo de esa forma. Por eso quiso ser educado con su consejero y amigo.
- Gracias, pero no puedo, Shikamaru. Tengo que terminar este papeleo antes del fin de semana, es muy importante. – dijo Naruto, demostrando un gran sentido de la responsabilidad.
- A los ancianos les puedes engañar diciendo eso, pero tus amigos sabemos que ese no es el motivo real por el que te esfuerzas tanto. -dijo Shikamaru, asustando al Hokage.
Naruto se asustó ante lo que pudiera decir. Era difícil que las personas más cercanas a él no supieran los motivos de su exagerada obsesión por el trabajo, pero por nada del mundo quería que los rumores se extendieran por la villa.
- Ni se te ocurra decir nada, Shikamaru.
- Aún te lamentas, ¿no? – preguntó el líder del clan Nara
- Vamos, pedazo de imbécil. – dijo una figura que todos conocían - Supéralo ya, no es para tanto, ya hace mucho tiempo de eso.
- Sasuke, eso lo dices porque tú eres feliz con Sakura, a tu extraña forma. -dijo Naruto, intentando consolarse a sí mismo.
- Tú podrías haberlo sido, pero tu estupidez te hizo perderla. -dijo con un tono mordaz Sasuke.
- Shikamaru, te dejo con todo el papeleo. -dijo Naruto, entristecido por las palabras de Sasuke. – Voy a dar un paseo, necesito despejarme.
- Ay… Menudo rollo. No sé para qué dices nada, Uchiha.
Naruto salió por la puerta, sin la capa, buscando despejarse. En realidad su paseo no tenía destino final, simplemente iba a donde le llevaran sus pies, y es que las palabras de Sasuke le habían afectado bastante, aunque nunca lo reconocería, pero tenía la sensación de que para los suyos era tan fácil de leer como un libro abierto. Cada vez que le veían, le saludaban con respeto, aunque también oía ciertos cuchicheos. Cuando se sentó en un banco, pudo oír claramente una conversación.
- No entiendo cómo alguien tan fuerte, tan influyente y tan atractivo sigue soltero. – dijo una civil.
- Bueno, cuentan las malas lenguas que se autoimpuso ese castigo por no darse cuenta antes de sus verdaderos sentimientos. Otros dicen que la chica de la que estuvo enamorado siempre comenzó a salir con otro cansada de esperar por él. No sé que habrá de cierto. - dijo una kunoichi de la villa.
- Oh… Sea cual sea el motivo, es una lástima. Se le ve muy demacrado. - contestó la civil.
- Sí… Muchas esperarían por él eternamente. Me pregunto quién será la que le ha dejado así.
Naruto oyó la conversación y siguió andando su ritmo. Le parecía increíble que la gente conociera la realidad, aunque fuese vagamente, porque él había intentado llevarlo en secreto.
- Necesito a alguien con el que hablar de este tema, porque me está matando por dentro. ¿Y si voy a hablar con Sakura? Creo que no es una mala idea.
Se dirigió a la casa del matrimonio Uchiha-Haruno. Aunque hacía tiempo que no la veía, principalmente por asuntos laborales, él seguía considerándola su amiga, y esperaba que ella también siguiera considerándolo su amigo y que quisiera hablar con él, por lo que llamó a la puerta y la pelirrosa le abrió.
- Vaya, vaya, pero si es el Séptimo. Cuánto tiempo… Naruto.
- Sakura, siento no haber hablado contigo más a menudo, pero ya sabes lo ocupado que me mantiene el trabajo. - dijo Naruto, con un gesto de tristeza que ya se había convertido en habitual.
- No te preocupes, no lo decía con mala intención. - dijo Sakura sonriendo. – Pasa.
En otros tiempos, esa amabilidad le hubiera hecho ir detrás de ella como su perrito faldero. Pero ahora no tenía ganas de nada, sólo quería desahogarse y hablar. Entró a la casa, se sentó y tomó un café.
- ¿Y cómo te va?
La pregunta era retórica, porque se notaba a kilómetros que no estaba bien. Había perdido su carácter explosivo y su actitud positiva, y se notaba.
- Se me nota que no estoy bien. - dijo Naruto, algo deprimido.
- Conozco la historia. Te estás matando poco a poco, Naruto, y a nadie le gusta ver a su héroe así. A mí no me gusta ver a mi amigo así. - dijo Sakura, haciendo especial énfasis en la última frase.
- Es que no puedo dejar de pensar en el tiempo que perdí detrás de ti y buscando a Sasuke. – comentó él, sumiéndose cada vez más en su espiral descendente - No te ofendas, pero ahora me doy cuenta de lo estúpido que fui en su momento en no fijarme en ella, más cuando me dijo directamente en la batalla con Pain que me amaba.
- Todos cometemos errores, algunos los pagamos y otros no. – dijo Sakura, con tono apesadumbrado. - Por desgracia, tu precio a pagar es ese: haber amado y haber perdido.
- Por eso intento esconderme en el trabajo, para evitar pensar que soy responsable de mi propia desgracia. Oye, Sakura, por lo que sé, tú sigues hablando con ella. ¿Tú sabes cómo está?
- Bueno… - reflexionó Sakura. - Hasta donde yo sé, ella está muy feliz con Kiba. De hecho… Me comentó que pensaban en comprometerse.
- ¿Comprometerse? -dijo Naruto, con un claro gesto de tristeza, al borde del llanto.
Esas palabras destrozaron a Naruto. Hinata, SU HINATA, iba a ser la Hinata de otro. Esa imagen de ella acercándose al altar, dando el "sí quiero" a otro y besando a otro que no fuera él era demasiado dura para su corazón. No soportaba pensar que nunca más volvería a él. Tenía que intentar algo, sería su último movimiento, y pasara lo que pasara, todo acabaría ahí.
- Sí. Lo siento mucho, Naruto. – dijo Sakura mientras le acariciaba el hombro para darle apoyo.
- Tengo que hablar con ella. -dijo Naruto, triste pero convencido. - Lo necesito.
- Naruto… -dijo Sakura, con tono de advertencia.
- No, necesito oírlo de su boca, necesito saber que no se arrepiente de nada y que no cambiaría nada de su vida.. de nuestra vida.
- Naruto… - insistió Sakura. - Ten mucho cuidado.
Después de hablar con Sakura, acabó más triste de lo que estaba, porque ahora sabía que ella era feliz sin él en su vida, o al menos sin él de la forma que le gustaría. Necesitaba hablar con ella, pero se daría un tiempo, porque aún no sabía cómo encarar la situación. Pero el destino, que es tan caprichoso, quiso que, mientras él deambulaba por la villa, atisbara saliendo de una tienda, la figura de esa chica que aún le hacía suspirar.
- Hola, Hinata…
- Bu-Buenos días, Na-Naruto.
No sabía qué era lo que tenía esa forma de decir su nombre, que siempre hacía que un cosquilleo recorriera todo su cuerpo. Simplemente, disfrutaba escuchándolo.
- ¿Cómo estas? – dijo el Hokage
- Muy bien, haciendo unas compras.
- Hinata, ¿te apetece tomar algo? Hace tiempo que no charlamos. - preguntó Naruto, que esperaba con impaciencia la respuesta
- Va-vale. – dijo Hinata, ligeramente sonrojada.
Los dos fueron a Amaguriama y pidieron té y dulces, y comenzaron a hablar. A pesar de los sucesos ocurridos en el pasado, aún se notaba la química que tenían ambos. Hablaron de todo: del trabajo, de su pasado, de las misiones que vivieron juntos, de lo dura que había sido la guerra… Hasta que Naruto sacó un tema pendiente y casi prohibido que tenían ambos.
- Sakura me dijo que pensabas en comprometerte con Kiba…
- Sí. Soy feliz con él y creo que es lo mejor para ambos. Le quiero y es la decisión correcta. -dijo Hinata, sin seguridad en su voz, cosa que Naruto notó.
- Oye, Hinata. – dijo Naruto, con tono melancólico, jugando sus últimas cartas – Sé que no tengo derecho a reclamar nada ni a exigir nada, pero… Quiero que sepas que aún te quiero. No voy a sacar nada, porque sé que estás con Kiba, que lo quieres, pero… Necesitaba decírtelo.
- Na-Naruto, eso tenías que haberlo dicho en otro momento en el pasado. - dijo Hinata, muy nerviosa ante la repentina confesión. – Ahora ya es tarde.
- Lo sé, Hinata. Me arrepiento cada día de no haberme dado cuenta de mis sentimientos antes. Y aunque yo supiera de los que tú tenías hacia mí, no… -dijo Naruto, algo triste, arrepentido y con lágrimas. - No quise intentar nada porque… No quería hacerte daño si al final no… Aunque era una estupidez, porque creo que ya sentía algo por ti. A veces deseo que las cosas se hubieran desarrollado de diferente forma.
Hinata se heló ante lo que acababa de decir Naruto. No iba a negar que a ella también le hubiera gustado que las cosas hubieran ocurrido de diferente forma, pero eso era algo que no podría decirle, porque consideraba que sería darle falsas esperanzas.
- Naruto, nuestro tiempo ya pasó. Debemos seguir adelante.
- Hinata, ¿no te gustaría que las cosas se hubieran desarrollado de forma diferente para nosotros? Cuando me di cuenta, salí corriendo a declararme, pero te vi paseando tan feliz con Kiba y eso me destrozó.
- No puedo contestar a eso, Naruto. – dijo Hinata, triste. – Nuestro tiempo ya pasó.
- No te voy a presionar, Hinata, pero es una palabra con dos letras, no es tan complicado. Es sí o no.
- Creo que tengo que irme. Ha sido un placer el volver a hablar contigo – dijo Hinata, sonrojada y extremadamente nerviosa.
- No te vayas, por favor. Siento… -dijo Naruto, agarrando el brazo de Hinata y suspirando antes de continuar.- Siento haberte preguntado.
- Sí. – dijo Hinata, con una vocecilla aguda y casi imperceptible.
- ¿Qué has dicho? – preguntó Naruto, esperando que dijera lo que creía que había dicho.
- Sí, me hubiera gustado que las cosas hubieran sido diferentes. – dijo Hinata mientras dejaba escapar unas lágrimas. – Pero ya es tarde para nosotros.
Tras decir esto, Hinata le dio un tierno y cálido beso en la mejilla y salió corriendo.
- No te vayas Hinata. ¡Yo te quiero! No me abandones…
- ¡HINATA! – gritó Naruto.
- Amor, ¿qué te pasa?
Naruto, aún asustado, miró a su alrededor. Todo estaba como debía ser. Una casa en las afueras, él durmiendo en su cama… Y ella a su lado.
- Tuve una pesadilla horrible. Soñé que tú no estabas a mi lado, que estabas con otro y yo seguía enamorado de ti. Sufría mucho en el sueño.
- Oh, pobre Naruto… -dijo Hinata, que estaba acariciando la cabeza de Naruto y jugando con su pelo, intentando consolarlo. – Tranquilo, que no te dejaré tan fácilmente.
- Y yo no quiero que me dejes. Siento haberte hecho sufrir tanto en el pasado, si pudiera cambiarlo, créeme que lo haría. - dijo Naruto, entristecido.
Hinata le había dicho que estaba enamorada de él desde que estaban en la academia, y cuando lo supo, se sintió fatal, porque había entendido de lo que había sufrido ella por estar enamorado de Sakura.
- No importa, lo que importa es el presente, y en el presente camino a tu lado y soy feliz contigo, cariño. - dijo Hinata, sonriendo levemente.
Naruto acostó su cabeza sobre Hinata y se tranquilizó. Esa mujer, SU MUJER, siempre sabía qué hacer y qué decir para calmarlo. No podía vivir sin ella, lo sabía y no quería experimentar el no tenerla, y aunque tal vez no le dedicaba todo el tiempo que ella necesitaba o merecía debido a su labor como Hokage, intentaba que cada momento, cada instante que pasaba con ella, fuese único, eterno y muy divertido. Ella no se merecía menos.
- Tu pecho es muy cómodo y suave, Hinata. Debería pedir una almohada con esta forma y este tamaño para las noches que paso en la oficina… - bromeó Naruto.
- To-tonto. Siempre sabes que decir para avergonzarme. – dijo Hinata, con su cara absolutamente enrojecida ante la ocurrencia de su marido.
- Pero sabes… Hay algo que esa almohada no tendrá nunca, y que me resulta tan cómodo y reconfortante.
- ¿El qué? – preguntó Hinata.
- Tu calidez, tu simpatía y tu corazón. – contestó Naruto.- Te quiero, Hinata.
- Yo también te quiero, Naruto-kun.
Se dieron un beso y ambos cayeron en los brazos de Morfeo, sonriendo. Naruto y Hinata eran tal para cual. El hilo rojo del destino, en forma de bufanda, se encargó de unirlos para siempre, y ese hilo ahora es más fuerte que antes, pero menos que mañana, y ambos lo sabían.
