Hola, he vuelto con un capítulo más de esta serie de one-shots, sin relación entre ellos.

Espero que esta historia guste, dejen un review para conocer su opinión, cualquier comentario emitido con respeto será aceptado.


QUEDADA DE HOMBRES

Anochecía en Konoha y Naruto se preparaba para salir, había quedado con los chicos de los 12 de Konoha para tomar algo y recordar viejos tiempos, como hacían de vez en cuando. Costaba creer que unos chicos tan jóvenes ya hubieran pasado por tanto: la deserción de uno de los ninjas de su generación, la incansable batalla para recuperarlo, la lucha contra Akatsuki, una cruenta guerra en la que perdieron amigos y familia y, aunque esto sólo lo conocían unos pocos, la lucha contra Kaguya y el combate final. Pero lo habían vivido, todos ellos eran considerados ninjas de élite y respetados por ello, sobre todo un ninja que durante su infancia había sido un apestado, maltratado, despreciado sin saber el motivo. Curiosamente, ese motivo ahora era también el motivo por el que era venerado, ahora que Kurama no suponía ningún peligro más que para sí mismo por las continuas impertinencias que soltaba.

Todos ellos habían crecido y madurado, sobre todo Naruto: de ser un chico impertinente, maleducado, débil y sin prácticamente nadie a quien poder llamar familia, pasó a ser un héroe venerado, poderoso y con alguien a quien podía llamar familia. Las cosas se sucedieron rápidamente, pero cuando vio su larga cabellera azul y sus ojos tan particulares que estaban llenos de emociones y del sentimiento más puro, mientras ambos volvían de la luna, flotando sobre la superficie del planeta y siendo iluminados por la luz lunar, supo que quería vivir con ella el resto de su vida, sin importar las dificultades que pasaran.

- Hinata, voy a salir a tomar algo con los chicos. – dijo Naruto, que ya estaba vestido con su uniforme habitual: chaqueta negra, con un brazalete en el que llevaba el emblema del clan Uzumaki, un pantalón naranja y la bufanda roja que su esposa había tejido para él.

- Vale, diviértete, cariño. – dijo Hinata con una sonrisa en la cara, mientras se acercaba a su esposo y le besó.

Se había vuelto una costumbre que Hinata le regalara a Naruto uno de esos besos tan cálidos, tímidos y repletos de sentimiento si el rubio iba a salir; o bien que Naruto le diera a Hinata un beso de forma feroz, necesitada y arrebatada, pero también lleno de pasión y de sentimiento. Era habitual que manifestaran su cariño en privado, en público siempre se mostraban un poco más tímidos, no solían pasar de agarrarse la mano y de que Naruto la acercara a su cuerpo.

Naruto salió de la casa y se dirigió a Yakiniku Q, donde había quedado con los chicos, para beber cerveza y comer, como hacían a menudo. Allí ya estaban Shikamaru, Kiba, Sai, Lee, Shino y Choji, cada uno con una jarra de cerveza, excepto Lee, que tomaba un simple refresco porque, según palabras textuales que Gai pronunció en el pasado "no querrían despertar a la bestia verde de Konoha", hablando de todo un poco, hasta que llegó Naruto.

- Llegas tarde, para no variar. – dijo Kiba. – Espero que no llegues tarde a tu futura ceremonia de presentación como Hokage. Si no, siempre estaré yo para ser el Séptimo…

- ¿Cómo dices? ¿Pero no habíamos quedado a las 9? – preguntó Naruto, sumamente extrañado.

Todos estaban exasperados, nadie podía creer que Naruto fuese tan despistado a estas alturas de la vida, y menos que él fuese el principal candidato a ser el próximo Hokage. Por el bien de la villa, esperaban que Kakashi durara muchos años en el cargo, y no porque no creyeran ni tuvieran fe en su amigo, sino porque no sabían si estaba preparado para un cargo de tanta responsabilidad, a pesar de que siempre había sido el sueño de Naruto el conseguir ese cargo.

Siguieron bebiendo y comiendo sin control, era cierto que no iban a tener problemas para pagar, después de todo, eran ninjas de élite, salvo Naruto, que aunque era el candidato principal a ser el Séptimo Hokage, todavía era un genin.

Shikamaru reflexionaba sobre todo lo acontecido en su vida desde que se graduó en la academia. Choji se dio cuenta al instante de que su amigo y compañero estaba algo ido.

- Shikamaru, ¿te pasa algo? Estás como ido. – dijo Choji, preocupa por su compañero.

- Simplemente estaba pensando.

- ¿En qué? – dijo Lee.

- ¿Os dais cuenta de todo lo que hemos pasado hasta llegar aquí? – preguntó Shikamaru, iniciando la charla - Parece que fue ayer cuando nos graduamos, y ahora somos todos líderes de nuestros clanes, y en el caso de Naruto, un candidato a ser el próximo Hokage. Además, todos tenemos una familia a la que cuidar.

Las palabras de Shikamaru hicieron pensar a todos los allí presentes. Era cierto: todos habían adquirido nuevas responsabilidades ahora que el mundo estaba en paz, seguían haciendo misiones, pero no eran tan peligrosas como las que hacían antaño. Pero lo que más había cambiado era su personalidad. Todos conservaban parte de su esencia de niños, pero era innegable que ahora eran más maduros, no sólo físicamente, ya estaban en la veintena; sobre todo mentalmente.

- Sí, y casi todos estamos con mujeres adorables… - dijo Naruto.

- Bueno… Aquí el que se llevó el premio gordo fuiste tú. – dijo Kiba, refiriéndose a su ex-compañera de equipo. – Te llevaste a la chica más simpática, más amable y, sobre todo, la más guapa… junto con Tamaki.

- Kiba tiene razón. – dijo Shino, que hasta ese momento no había dicho ni una palabra. – Con ella te has ganado una persona muy buena. Cuídala, Naruto.

Naruto asintió ante las palabras de Shino y Kiba. Sabía el aprecio que le tenían Kiba y Shino a Hinata, y que si le hacía algo malo, no habría suficiente mundo para esconderse de ellos. Aunque tampoco intentaría hacerle daño.

- A mí me gusta más Ino. – dijo Sai, con su habitual sonrisa, que nadie podía identificar si era auténtica o falsa. – Sus curvas están mejor definidas y su color de ojos contrasta perfectamente con su pelo. Su carácter, a pesar de ser fuerte, no deja de ser extrañamente confortable.

- Lo extraño sería que te gustara más mi mujer que la tuya. – dijo Naruto, en tono de broma, al que todos los presentes rieron.

- Ino es muy buena chica, y no nos engañemos, es tremendamente sexy. – DIJO Choji. Todos estaban de acuerdo, menos Naruto.

- Choji, puede que Hinata no luzca tanto porque es más recatada vistiendo, pero te aseguro que está tan buena o más que Ino.

- ¿Cómo? ¿Más que Ino? – preguntó Sai, notablemente sorprendido por las palabras de Naruto.

- Tal cual. – dijo Naruto, absolutamente seguro de lo que decía. – Y lo digo sin conocer a Ino, pero jamás pensé que Hinata, debajo de toda esa ropa, escondiera un cuerpazo como el que tiene. Aunque no es eso lo que me atrajo de ella. Lo que más atrae es su personalidad.

- Querrás decir su "pechonalidad". – dijo Sai, haciendo unas comillas con las manos en la última palabra, a lo que rieron todos los presentes.

- ¡Hablo en serio! Aunque esa parte de su cuerpo es espectacular… - dijo Naruto, que se desvió del tema inicial. – No, su personalidad. Detrás de toda esa timidez, se esconde una mujer fuerte, decidida, sincera, amable, que se preocupa por todos y verdaderamente encantadora.

- Tú que la ves con buenos ojos… - dijo Shikamaru, con tono de hastío. - Seguro que es un fastidio tener que aguantarla, como a todas.

Naruto negó con la cabeza, hasta ese momento, todo había sido fácil, y si había un problema, lo resolvían como adultos, hablando. Ayudaba el carácter tranquilo de Hinata, no se imaginaba tener una discusión con Sakura, Ino o Temari, mujeres con muchísimo más carácter y más tozudas. Con Hinata sabía cuándo tenía que ceder, no le hacía falta enfadarse y gritar para defender su opinión… Aunque si tenía que hacerlo, lo hacía.

- No te va bien con Temari, ¿me equivoco? – dijo Naruto, entendiendo la actitud de Shikamaru.

- No es que no vaya bien, pero… - dijo Shikamaru, que hizo una pausa para pensar cómo expresar su situación. - Ahora entiendo a mi padre y por qué temía a mi madre. Yo la temía como madre, pero a Temari la temo más aún. La verdad es que es un verdadero fastidio…

- Parece que los hombres del clan Nara están condenados a ser unos gobernados… - dijo Choji.

- ¿Y a ti que tal te va con Karui? – preguntó el líder del clan Nara.

- Bueno… Digamos que aún tiene que acostumbrarse a mis hábitos alimentarios.

- Vamos, que le vacías la nevera cada vez que te da la gana. – dijo

- ¿Tengo la culpa de tener dos estómagos?

- ¡Con todo lo que comes, deberías tener ambos llenos! – dijo Shikamaru, ligeramente exasperado ante la actitud de Choji.

Todos rieron y siguieron bebiendo y comiendo, recordando anécdotas del pasado.

Llegó un momento en el que todos dejaron de estar en pleno uso de sus condiciones físicas y mentales debido a la ingente cantidad de alcohol que habían ingerido. Sin duda, el que peor estaba era Naruto, sus amigos insistieron en acompañarle a casa, pero él insistió en ir solo, diciendo que sabría llegar, que Hinata le esperaría. Se despidió de sus amigos, dejándolos con la duda de si podría llegar a su casa.

Hinata estaba despierta, sabía que, en ocasiones, cuando Naruto salía, podía volver muy tarde, y nunca quería dormir en casa de alguno de sus amigos, así que se prometieron que cuando uno de los dos saliera, el otro esperaría despierto a que quien salió llegara. El timbre de la casa sonó, a lo que Hinata sonrió. Sabía quién era, se abrigó un poco y salió a abrir la puerta, frente a ella estaba su esposo, en un estado bastante perjudicado, casi no se podía mantener en pie.

- Hola, ¡hip!, amor mío. – dijo Naruto, con una evidente borrachera, arrastrando las palabras.

- Cielos…

- Perdona que te moleste, ¡hip!

- Naruto, sabes que el alcohol te sienta muy mal. Venga, que te ayudo… – dijo Hinata, poniéndose al lado de su esposo para que se apoyara en ella, ayudándole a caminar.

Naruto se aferró al hombro de Hinata, rozando sus pechos. Conforme fue avanzando con Hinata, su mano descendía cada vez más, agarrando ya con fuerza uno de sus senos, mientras su otra mano iba explorando la piel debajo de la ropa de Hinata.

- Hinata, mi amor, te quiero. Te necesito. – Dijo Naruto, que seguía rozando la piel de Hinata. Para Hinata, ese roce era suficiente para hacerla arder, para desearlo.

Naruto ya había llegado hasta la ropa interior, metiendo su mano dentro y jugando un poco con su caverna, primero jugando con el clítoris, y luego introduciendo dos dedos, iniciando un vaivén con su muñeca en la ya húmeda cavidad de Hinata, que no pudo evitar emitir un gemido de sorpresa y varios gemidos de placer.

- Vaya… ¡hip! Parece que estoy algo más animado. – dijo Naruto, al que se le notaba una erección en ciernes, sacando sus dedos de la cueva del amor de Hinata y observando detenidamente la humedad que había quedado impregnada en sus dedos. – Y por lo que veo, ¡hip!, tú también estás animada…

- Na… Naruto… Aquí no… - dijo Hinata, oponiendo algo de resistencia, pero sintiéndose débil, sus piernas temblaban ante el placer que le había dado sólo con sus dedos y ante el deseo que embriagaba su cuerpo, lo quería, lo necesitaba, lo deseaba. – Estamos en la entrada, vamos a sentarnos en la cama y…

- Si, ¡hip!, voy a la cama… ¡hip!, te aseguro que lo único que no haré contigo será sentarme, princesa… - dijo Naruto mientras se reía.

Esas palabras fueron la gasolina que prendió el fuego en Hinata, deseaba que la hiciera suya. Por desgracia para ambos, la batalla entre el alcohol y la libido de Naruto la estaba ganado el alcohol, y tras decir esto, Naruto se fue adormilando un poco. Hinata sabía que no iba a poder ir hasta la cama, así que se dirigieron al salón para hacer que Naruto se tumbara en el sofá. Se sentó y ayudó a su marido a tumbarse, quedando las piernas de Naruto fuera del sofá y la cabeza sobre las piernas de Hinata, que jugaba con el pelo de él, siempre le gustaba hacerlo, y a él le encantaba que lo hiciera. Naruto se quedó dormido, no sin antes dedicarle un involuntario piropo a su esposa.

- Qué almohada más cómoda y qué bien huele…

Hinata se sonrojó y sonrió ante el comentario de Naruto, cuando pensaba que no podía quererlo más, siempre tenía un gesto con ella absolutamente encantador… Aunque estuviese borracho. Pensó en lo que le tendría que decir al día siguiente.

- Se ha dormido… Ya le daremos mañana la noticia… hijo mío. – dijo Hinata, tocándose su vientre, sonriendo mientras Naruto dormía tranquilamente sobre sus piernas.