25. Te amo, Emma Swan

Margaret

-¿Dónde aprendiste estas cosas?- pregunto, mirando a Constance que se cepilla los cabellos, sentada frente a un tocador blanco, estilo vintage

-¿Qué cosas?- me devuelve la pregunta, mirándome a través del reflejo del espejo con expresión fingida

-¡Sabes a lo que me estoy refiriendo, no te hagas la inocente!- replico, cambiando de posición en la cama, apoyando la cabeza en la mano, mientras con la otra me subo las sábanas hasta cubrir mis pechos.

-Me gustaría poder decirte que nunca he estado con una mujer hasta hoy, pero sería mentira…- comienza, levantándose de la banqueta y caminando de vuelta a la cama –Sin embargo, siempre he pensado que el sexo es instintivo…Supongo que tú jamás has estado con una mujer antes, pero no te has cohibido y tus reacciones a mis caricias han sido tan naturales que me he quedado asombrada con nuestra primera vez- completa, echándose a mi lado y colocándome suavemente un mechón de mi cabello tras la oreja.

-Hummm…Por tu respuesta, imagino que ya has estado con muchas mujeres- afirmo, experimentando cierta inseguridad al constatar ese hecho

Ella me mira con expresión seria y tras algunos segundos en silencio, me responde

-Sí. Tras veinte años de matrimonio, el sexo se volvió monótono y cada vez más escaso, aunque Patrick y yo nunca dejamos de tener una relación de compañerismo y cariño- hace una pequeña pausa y me mira como si estuviera queriendo adivinar la reacción que tendré a lo que viene –Entonces, tuvimos una franca conversación sobre relaciones extraconyugales y decidimos abrir nuestro matrimonio. Fue cuando comenzamos a frecuentar clubs de swingers y, a veces, también pagábamos a chicas para salpimentar nuestra relación- finaliza y su voz suena preocupada

Me siento y apoyo mi espalda en el cabecero del lecho

-De cierta manera, ya sabía que yo no había sido la primera mujer en tu vida…-comienzo, sintiendo cómo un gusto amargo invadía mi boca –Cuando llegué, el portero me dejó subir sin avisar, porque me confundió con una de tus "amigas" que tienen acceso libre al apartamento-prosigo, en tono medio caustico –Imagino que también han dormido en esta cama- resalto, asqueada al comprobar que soy solo una más de sus amantes.

Dicho eso, hago amago de salir de la cama, pero ella, que también estaba sentada, es más rápida y se sienta en mi regazo, impidiéndome moverme

-Margaret, por favor, deja de sacar conclusiones precipitadas…-pide, agarrando mi rostro con las manos y alzándolo –Yo no amaba a Patrick, así que, para mí era normal verlo con otras mujeres, pues no había ningún sentimiento de posesión envuelto en mi matrimonio. Pero contigo, mi amor, es totalmente diferente, jamás voy a proponerte algo semejante. Desde que llegué a Boston he tenido algunos encuentros, sí, no voy a mentir, pero me he relacionado con algunas de esas "amigas" porque me sentía sola y a fin de cuentas solo era sexo, ya que la única mujer que me interesa más allá de la cama eres tú- enfatiza, mirándome de manera intensa con sus expresivos ojos color miel.

Desvío mi mirada de la suya y murmuro

-Perdóname… No quería parecer una idiota puritana, a fin de cuentas, es normal que tuvieras tu vida en estos años que hemos pasado sin vernos. Sin embargo, no he tenido una existencia tan estimulante como la tuya. No he sido un ejemplo de esposa ardiente y ni sé por qué James se mantuvo casado conmigo tanto tiempo, teniendo en cuenta que en la cama me freno mucho- explico, algo avergonzada, pero convencida de que lo mejor es ser honesta con ella –Vas a tener que ser paciente conmigo, pues me siento muy insegura y todo esto es nuevo para mí- admito, alzando los párpados y volviendo a mirarla

-¿Frenada, eh?- dice, sonriendo de manera divertida –Pues imagino el día en que te sueltes…Es posible que rompamos la cama juntas- comenta y estoy segura de que me he ruborizado.

-Constance, no creo que el sexo entre dos mujeres de sesenta años pueda ser tan intenso- replico, pareciendo más vieja de lo que soy

-Mi amor…- la forma como profiere la frase suena como si estuviera hablándole a la más ingenua de las personas –No creas en los tabús de nuestra sociedad. El sexo no es un privilegio de gente joven, delgada y guapa, aunque muchos piensen así. Ten la certeza de que, para muchas personas, el sexo solo se vuelve placentero y liberador después de los 40 o 50 años- dice categórica.

Antes de poder hacer ningún comentario, me besa con ardor, acariciando con la punta del dedo uno de mis pezones. Contrariando a mis propias reservas, mi cuerpo reacciona a sus estímulos y, cuando me doy cuenta, ya estamos echadas sobre el colchón, amándonos una vez más como dos mujeres enamoradas que se permiten descubrir nuevas sensaciones y placeres.

Regina

Hoy es el último día que pasaré con Emma antes de regresar a Nueva York, pero, para mi asombro, diferente a los otros días, ella no está a mi lado en la cama cuando despierto. Ya estoy tan acostumbrada a su presencia constante que es inevitable no sentir su falta o extrañar el hecho de no ser ella la primera persona que veo al abrir los ojos.

Me pongo una de sus blusas y unos vaqueros, que ya me aprietan en la cintura, y salgo del cuarto. Podría comerme un banquete en el desayuno, pero me contento con coger una manzana de la bandeja que está encima de la mesa y le pregunto a Sidney el paradero de mi novia. Él me dice que Emma, probablemente, esté en su estudio, entonces yo salgo al jardín a buscarla.

Mientras camino hacia allí, veo algunos colibríes polinizando los hibiscos rosas y las mariposas esparciendo el polen sobre las verbenas violetas, un tipo de planta brasileña y de ramaje delicado que le da un aire campestre al jardín de mi suegra. Cojo algunas de ellas y elaboro un pequeño ramo para dárselo a Emma.

Ya en el sendero de piedra que conduce a su estudio, escucho una melodía y no tengo que prestar mucho oído para identificar la voz de Chico Buarque, al que conocí por el regalo que Emma me hizo el día de los enamorados. Al mirar hacia dentro, a través de una de las ventanas, la veo concentrada, con sus gafas de pasta gruesa, dibujando algo sobre la mesa.

Me permito quedarme algunos minutos en silencio, observándola deslizar el lápiz por el papel con tanta desenvoltura y seguridad que cualquiera diría que es tan fácil dibujar. Por más extraño que pueda parecer, me excito contemplando el aire intelectual y serio que emana de su rostro en ese momento.

Sonrío, constatando que el embarazo ya está afectando a mi libido y, como si hubiera escuchado mi pensamiento, ella centra su atención en el sitio donde estoy y también sonríe al pillarme "espiándola"

-A pesar de tu ingratitud al abandonarme en la cama después de hacer el amor…- entro en el estudio, hablando de forma dramática –he recogido estas flores para ti- continúo, dándole el sencillo ramo –Sin embargo, espero que hayas tenido un buen motivo para haber salido de la cama sin despedirte, dejándome sola y preocupada- completo, recibiendo por su parte una hermosa sonrisa

Emma inspira el olor de las verbenas y después agarra mi mano, atrayéndome hacia ella y haciendo que me siente en su regazo.

-Amor, si alguien te escucha hablando así, pensaría que te he abandonado durante días y que has venido a buscarme a tierras extranjeras- ella bromea de mi añoranza –Y respondiendo a tu pregunta, te dejé "sola" por un buen motivo…Como vosotros tres- dice acariciando tiernamente mi vientre –ibais a dormir hasta mediodía, pensé en darte una sorpresa, pero, para eso, necesitaba venir al estudio.

-¿Qué sorpresa pretendías darme, señorita Swan?- pregunto, bastante interesada

-Ya hace algunos días que vengo trabajando en el proyecto de nuestra casa y tenía la intención de acabarlo hoy para enseñártelo- explica, dedicándome aquella mirada afectuosa que me deja aún más enamorada

-¿Es este?- pregunto, señalando el plano sobe la mesa

-Sí…Pero falta terminar algunos detalles. ¿Quiere dar tus sugerencias?- indaga, pasando una de las manos por mi espalda, mientras me observa.

-Confío en tu buen gusto y talento, mi amor…- comienzo, ya emocionada, dándome cuenta de que Emma realmente ha conseguido sorprenderme, pues nunca llegué a desconfiar de que estuviera trabajando es este proyecto y, aunque solo sea un diseño, al verlo, he sentido una sensación tan buena, como si viera en cada trazado del papel mi nuevo hogar siendo levantado –Pero creo que sería interesante tener un pabellón con un jacuzzi aquí- digo, bromista, señalando un punto específico en el jardín

-Hummm…Creo que nuestros vecinos también encontrarán interesante si tenemos un jacuzzi en el jardín, sobre todo si mis sospechas sobre la finalidad que le quieres dar son ciertas- replica, algo maliciosa

-No seas mal pensada, Emma…Vamos a usar el jacuzzi solo para relajarnos y divertirnos- respondo, intentando parecer sería, pero pensando en las posibilidades de diversión que esa bañera puede traernos –Sin embargo, algunas veces, podemos estar desnudas, sin que eso nos lleve a un comportamiento libidinoso que pueda escandalizar a nuestros amados vecinos- concluyo irónica, y ambas nos echamos a reír con mi último comentario

Después de darnos un sabroso beso, que me deja más jadeante, vuelvo a hablar

-Mi amor, ahora hablando en serio…Quería hacerte una propuesta- comienzo, cogiendo sus manos y admirando la inmensidad de su mirada –Confieso que pensé en hacer esto de otra forma, de una manera más elaborada…romántica…Pero, ya que me has dado el valor que necesitaba, revelando el proyecto de nuestra casa…- digo, soltando un breve suspiro y sintiendo el sudor mojando mis palmas debido a la ansiedad.

-Tus manos están heladas, mi amor- comenta ella, apretándolas

-No es para menos, mi princesa. Estoy a punto de pedir en matrimonio al amor de mi vida, es natural que mi corazón lata frenéticamente en el pecho, mis manos suden y mi voz salga estrangulada…-digo, viviendo cada uno de esos síntomas

Creo que ella ya sospechaba que le iba a pedir matrimonio, pero aún así, su expresión cambió: las pupilas se dilataron, el rostro empalideció y el agarre en mis manos se hizo más fuerte

-Emma Swan, ¿aceptas casarte conmigo y convertiré en la señora de Regina Mills?- propongo, por fin, viendo las primeras lágrimas descender por su rostro, un reflejo mismo de las mías

-¡Sí, quiero compartir mi vida contigo!- afirma, enfática –Quiero recibir a estos hijos que llegarán con el mayor amor del mundo y formar una familia feliz para ellos…Vamos a criarlos y a educarlos bien para que sigan sus propios caminos como personas realizadas, siendo lo que quieran ser…- prosigue, emocionada –Quiero amarte, quiero divertirme contigo, quiero pelear contigo y hacer las paces al momento siguiente, de manera muy placentera- dice, apasionada y divertida –Y cuando estemos bien viejitas, caminaremos juntas, dadas de la mano por la playa, admirando la puesta de sol y yo rezaré para verla al día siguiente, pues cada día a tu lado no será suficiente para saciar mi hambre de amor hacia ti- concluye, con voz embargada, sellando nuestros labios y permitiendo que las lágrimas vertidas por las dos den el sabor a ese beso lleno de cariño, amor y compañerismo.

Cuando nuestros labios se separan, me doy cuenta de que, durante todo el tiempo, las canciones del cantante brasileño continuaban sonando dentro del estudio y, más recuperada de las emociones sentidas, digo

-Amor, ¿qué canción sonaba cuando te pedí en matrimonio?

-¿No la reconociste?- pregunta, frunciendo el ceño

-No

-¡No me puedo creer que no te pusiera en el Ipod una de las canciones más hermosas que he escuchado!- dice, dándose la bronca –Se titula "Mar y luna". La letra cuenta la historia de dos adolescentes que se enamoran y pasan las noches contemplando la luna y soñando con el mar que no existe en la pequeña aldea donde ambas viven…

-¡Qué poético!- digo, imaginándome a las dos muchachas encontrándose furtivamente para vivir su amor prohibido

-Pero tienen un final trágico. Se suicidan tirándose al río, cuando entienden que aquel amor jamás va a ser comprendido por los otros habitantes de la aldea- añade, rodeando mis labios con la punta de sus dedos.

-Sin querer, escogí una canción muy melancólica para marcar el momento de mi pedida- observo, triste con la historia de la canción

-Mi amor, pero es en ese momento que la genialidad y la sensibilidad del poeta llamado Chico Buarque aparecen- ella replica, con los ojos brillando de pasión –Después de ahogarse, sus cuerpos se hunden con el paisaje natural que tanto contemplaban y las dos se vuelven parte del escenario que será el lugar de encuentros de otras tantas parejas de enamorados- concluye, sonriendo

-Esa forma tuya tan apasionada al hablar de arte me conmueve mucho- afirmo, admirada –Nunca imaginé que encontraría a alguien que fuera tan compatible conmigo…Que amase la música, el cine y la literatura con la misma intensidad que yo…- digo, eufórica –Cada día tengo más la certeza de que hemos sido hechas la una para la otra. Por eso, ni sé cómo voy a soportar esperar hasta el próximo fin de semana para disfrutar de tu compañía- digo, poniendo morritos mohínos

Ella abre sus labios en una sonrisa que se le refleja en la mirada

-¿Quién ha dicho que estarás sin verme hasta el próximo fin de semana? ¡Nos vamos juntas a Nueva York! ¿Crees de verdad que eres la única dispuesta a abandonar sus compromisos en esta relación?- pregunta, arqueando una ceja de forma guasona

-¡Te…amo!- digo, destacando cada palabra, mientras la agarro por el cuello, besándola sin darle oportunidad a decir nada más.