26. Eres hermosa, Emma Swan
Flashback
Emma Swan-33 años
Era un domingo, a finales de una tarde, Emma y su entonces novia, Belle, salían del Fenway Park, donde habían ido a ver un partido del Boston Red Sox. La joven pelirroja saboreaba un café latte que había acabado de comprar en un Starbucks, intentando entrar en calor en aquel día frío, sin percibir que la arquitecta estaba pensativa y aún más introspectiva de lo habitual.
-¿Cuándo pretendías contarme lo de Helena Peabody?- preguntó la rubia, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta sin mirar a su novia
Belle detuvo los pasos y miró a Emma, dejando caer el brazo a lo largo de su cuerpo y dejando que el café cayera al suelo, señal de su sorpresa.
-¿Cómo…?- iba a empezar a hablar, pero Swan se giró, quedando frente a ella, y la interrumpió
-¿Cómo me he enterado?- inquirió bruscamente, en un tono entre la irritación y el sarcasmo -¡Eso no importa, Belle! Llevas viéndote con esa mujer hace seis meses y, si no lo hubiera descubierto, me preguntó cuánto tiempo más me habrías seguido mintiendo- soltó, arrasada
-Emma, te equivocas, Helena es solo la hija de la curadora del museo y…
-¡TU AMANTE!- gritó, deteniendo las disculpas de la otra –¡Deja de intentar negarlo, Belle! Tengo fotos, grabaciones y, hasta donde sé, las relaciones profesionales no se discuten en cenas románticas, y mucho menos en hoteles- escupió gesticulando con las manos
-Espera, ¿has tenido el valor de hacer que un detective me siga?- cuestionó, con expresión de sorpresa
-Me hubiera gustado no haber recurrido a eso. Estaba desconfiada y esperé que tú me lo confiaras…- suspiró, intentando calmarse –Pero, hasta en este momento en que me enfrentó a ti y te digo que lo sé todo, tú intentas negarlo- dijo, con voz temblorosa –Y puedes estar segura que este intento tuyo de continuar escondiéndolo todo me hiere más que descubrir tu traición
Belle, notando que ya no había escapatoria, decidió, por primera vez, desde el comienzo de aquella conversación, ser sincera.
-Está bien, Emma. Tienes razón…- admitió, mirando al vacío, sin valor para ver la decepción estampada en los ojos verdes –Estoy saliendo con ella, pero nuestra relación no es de cariz sentimental, solo sexual- explicó, mirando rápidamente a la rubia que estaba cabizbaja
-¿Y de verdad piensas que eso hace alguna diferencia?- encaró a la otra con expresión melancólica
-¡Completamente…te digo que follo con ella, pero te amo a ti!- exclamó, creyendo de verdad en esa frase
La arquitecta cruzó los brazos, poniéndose los dedos sobre los labios, pasmada ante la actitud descarada de la pelirroja y balanceando la cabeza de forma negativa. Cuando la sensación de incredulidad disminuyó, una risa desdeñosa apareció en sus labios.
-Si estuviéramos en una película, este sería el momento en que te daría un bofetón- silbó, enojada-Pero sigo tan espantada con tu cinismo, que ni sé cómo reaccionar- añadió
French, notando el estado de ánimo de su novia, se acercó y le cogió la mano, y aunque se sentía desolada y enfurecía, no rechazó el contacto.
-Mi amor, sé que eres una persona celosa, posesiva y jamás entenderías que necesito tener una relación con una mujer…- la frase quedó inacabada, haciendo que la rubia mirara a la pelirroja con interés
-¿Una mujer, qué, Belle?- preguntó, y como French permaneció callada, sin sustentar su mirada, la propia Emma terminó su frase…- ¿una mujer completa? ¿Es eso lo que ibas a decir?- en el mismo momento en que la frase dejó su boca, Swan retiró la mano, librándose del agarre de Belle, y comenzó a alejarse de ella, absolutamente trastornada por el descubrimiento que había acabado de hacer
-Emma, no entiendes…- volvió a hablar, apurando el paso para alcanzar a la arquitecta-Al comienzo de nuestro noviazgo, adoraba el hecho de estar saliendo con una mujer anatómicamente diferente a las demás. Todo era nuevo y estimulante- intentó explicarse –Solo que con el tiempo comencé a no saber quién era yo…si soy lesbiana, si soy bisexual, si soy heterosexual…- continuó y solo empeoró más la situación
En ese momento, Emma paró y se giró bruscamente, quedando frente a frente con la pelirroja. La vena de su cuello latía rápidamente y sus ojos verde-esmeralda estaban más sombríos cuando chilló
-¡Si es una etiqueta lo que necesitas, entonces quédate con ella, y ten la certeza de que eres cien por cien lesbiana!- gruñó y se giró para salir lo más de prisa de ahí
-Emma, por favor, cálmate. Yo…
La rubia se giró una vez más hacia la mujer que había amado hasta entonces y le dijo, categórica
-Hablo en serio, Belle, es mejor que te quedes con ella- profirió, conteniéndose para no derramarse en lágrimas frente a la pelirroja –Acabo de darme cuenta de que he cometido un error de juicio: siempre pensé que eras mejor que la mayoría de las personas…Pensé que eras capaz de amarme como soy, sin preocuparte de los estereotipos- añadió, tomada por la frustración de un engaño más –Infelizmente, aún te amo- admitió- Pero no me gusta la persona que he descubierto que eres. Después de todo, esto me consuela, pues creo que así será más fácil olvidarte- remató, sintiéndose vacía, sin importarle el llanto compulsivo de la otra.
La arquitecta le dio la espalda a la pelirroja por última vez. A pesar de que las lágrimas prácticamente la cegaban, Emma continuó andando sin destino por la calles de Boston, teniendo la certeza de que ni el dolor del rechazo de su madre y de las muchas humillaciones que había sufrido en la vida, se comparaba a lo que Belle le había infringido al revelarle la pequeñez de su alma.
Fin del flashback
Regina
Abril-En Nueva York
Entro en el apartamento y me encuentro con un escenario especialmente romántico en la sala: sobre la mesa hay velas encendidas dentro de candelabros de cristal y un jarrón con jazmines lilas ocupa un lugar destacado, en el centro del mueble.
Un olor maravilloso a comida envuelve el ambiente, aguzando mi apetito de embarazada y, para completar, la luna llena brilla majestuosamente en el cielo de la Gran Manzana, iluminando el balcón del loft y dejando esta noche aún más poética.
Mi estómago reclama, exigiendo que vaya a la cocina, a comprobar lo que la chef Swan ha preparado para nuestra cena, sin embargo, la melodiosa y suave voz de mi sirena me atrae y cuando me doy cuenta, ya estoy atravesando el pasillo, yendo hacia el cuarto.
La puerta del baño está entreabierta, permitiendo que vea una escena tan encantadora como boba, protagonizada por mi futura esposa y madre de mis hijos: Emma se divierte dentro de la bañera, deslizando las manos por la espuma hecha por las sales aromáticas, mientras canta Moon River, intentando imitar la voz de Audrey Hepburn.
-Si Audrey pudiera verte ahora, estoy segura de que te envidiaría- digo, entrando en el baño y llamando su atención, que se asusta con mi repentina llegada.
-Mi amor, ¿hace tiempo que estás ahí?- pregunta algo avergonzada
-Tiempo suficiente para quedar encantada con esta escena adorable- confieso arrancando de sus labios una radiante sonrisa
-Has llegado antes de lo que esperaba, amor, y debes estar con hambre. Tengo que terminar de poner la mesa- dice, preocupada, levantándose e intentando alcanzar el albornoz que está en el soporte metálico junto a la bañera.
-¡Un momento, quédate donde estás!- pido, impidiendo su movimiento
Alcanzo el albornoz de seda y me acerco a ella, abriéndolo y envolviéndola en la prenda.
-¿Ya te he dicho lo hermosa que te encuentro?- digo, entre preguntando y afirmando, mientras ella sale de la bañera y la ayudo a terminar de ponerse el albornoz.
Ella me mira, con ojos llenos de ternura y dice
-Sí, pero siempre que me dices cosas así, mi amor por ti aumenta
Termino de atar el cinto de la prenda y añado
-¿Y cuando hago cosas así…- comienzo, agarrando su cuello con las manos, atrayéndola hacia un beso lleno de nostalgia, deseo, pasión y cariño -…Tu amor por mí también aumenta?- concluyo, tras separar nuestros labios
-Cuando me besas así, no solo aumenta mi amor- dice, maliciosa, agarrando mi trasero y apretándome con fuerza, pegando su cuerpo al mío y volviendo a besarme con ímpetu, permitiendo que nuestras lenguas se enrosquen, dejándome casi sin aliento.
-¡Eres muy traviesa, Emma Swan!- finjo censurarla, cuando el contacto cesa -¡Ay!- exclamo, sobresaltada, sintiendo un pinchazo en la barriga.
-¿Qué ocurre?- me mira, asustada -¿Te hice daño?- añade, ya afligida
Sonrío, divirtiéndome con su exagerada preocupación
-No, mi amor…Son tus hijos que han decidió darme una patada. Creo que tienen mucha hambre- explico
Ella se pone de rodillas, rodea mi barriga con las manos y mirando fijamente mi vientre, dice
-Calma, chicos, solo tengo que terminar de poner la mesa
Ellos parecen calmarse al escuchar la voz de su otra madre y, tras levantarse y besarme de nuevo, sale del baño. Yo, en cambio, me quedo allí, porque por milésima vez en el día, necesito hacer pis.
Tras comernos el plato principal, salmón ahumado con ensalada, que Emma descubrió que era la comida ideal para embarazadas, me estoy deleitando por segunda vez con el petit-gateau, el delicioso postre francés que une dos cosas que adoro: el chocolate y el helado.
A cada cucharada que entra en mi boca, suelto un sonoro "Hummm", provocando risas en mi amor, que había dejado de comer hacía unos minutos, pero que sigue en la mesa, haciéndome compañía.
-Como puedes ver, me ha encantado la cena y el postre- digo, dejando el cubierto en el plato –Así que, para agradecerte, quería hacerte una invitación- continúo, levantándome de la mesa y corriendo hasta mi bolso, donde había dejado las entradas para un musical de Broadway.
Al volver, percibo por su rostro que estaba bastante curiosa.
-¿Qué tienes en la mano?- pregunta, señalando las entradas -¿Son pasaportes para el placer y la lujuria contigo?- bromea
-Deja de ser tonta. Para eso no necesitas pasaporte, pues ya tienes acceso libre- respondo, entrando en la broma –Esto son entradas para un musical que pienso que te va a gustar- explico –Y también la oportunidad que tengo de corregir un error, ya que nunca te he invitado a hacer el plan más neoyorkino que hay: ir a ver una pieza en Broadway- añado, sonriendo
-¿Qué vamos a ver?- pregunta, animada -¿El fantasma de la ópera? ¿Mamma Mia?- prosigue, y, por su entusiasmo, noto que he elegido el plan correcto para hacer mañana por la noche
-Nada de eso, olvida los clásicos- digo, misteriosa –Es un musical nuevo. Quizás el mayor homenaje ya hecho a la más brasileña de las portuguesas
-¿A Carmen Miranda?- pregunta, entendiendo rápidamente la referencia, ya que mi rubia nunca me decepciona cuando el asunto es cultura general.
-¡Acertaste, cariño!- confirmo, dándole un piquito –Mañana vamos a ver el espectáculo Dijeron que regresé americanizada en palco- explico, sentándome en su regazo.
-Si existiera alguna duda de que fueras la mujer de mi vida, hoy se ha zanjado- confiesa, alegre, acariciando mi vientre –Pues, ¿quién me invitaría a un programa así?- remata, besándome con ardor
Margaret
Finales de abril-En Boston
Sentada en la terraza del restaurante Casablanca, escucho al talentoso músico, Sam Wilson, tecleando el As time goes by, en su piano de cola, mientras espero a que Constace regrese a nuestra mesa, trayendo las bebidas que fue a buscar a la barra.
Fotos en blanco y negro de las grabaciones del film de Ingrid Bergman y Humphrey Bogart sirven de decoración en las paredes del local. La vista de aquí es espléndida, ya que los clientes tienen una visión panorámica del verde jardín público de la ciudad.
-¡Aquí tienes tu Ice Pick, mi amor!- dice, entregándome la bebida de té helado con vodka, limón y cubitos de hielo
-Gracias- respondo, enternecida, viéndola beber su clásico Bloody Mary
-¡Qué es eso, cariño…Solo he ido a buscar nuestras bebidas!- comenta, ciertamente extrañándole la manera tan delicada en la que le he dado las gracias.
-Realmente eres muy amable, pero no te estaba dando las gracias por las bebidas- aclaro, mirándola intensamente –Creo que todo este ambiente romántico y nostálgico me vuelve sentimental- reconozco-Sentí deseos de agradecerte por haber vuelto a mi vida…Por haber luchado tanto para reconquistarme y haber vencido mi testarudez y estupidez- revelo, haciéndola sonreír –Ha sido muy importante para mí…Puedo decir que me has redescubierto, Connie- afirmo, llamando como en la adolescencia y eso la emociona.
Ella comienza a llorar y saco un pañuelo del bolso y se lo doy
-Me siento tan diferente, desde que hemos vuelto a vernos, desde que he tomado una decisión que la vieja Margaret jamás habría tomado- digo, mientras Constance se seca las lágrimas, intentando no borrar su maquillaje.
-¿Qué decisión, mi amor?- pregunta, atenta
-Creo que ha llegado la hora de presentarte a mi familia- aclaro –Mi hija se va a casar el primer fin de semana de mayo…- continúo
-¡No me puedo creer que Emma y Regina ya vayan a casarse!- exclama, desorbitando los ojos, más recompuesta del llanto -¿Por qué no me has dicho nada? Aún ni las conozco, pero hablas tanto de ellas que es como si ya fuera íntima de las dos- dice rápidamente demostrando su entusiasmo ante la noticia.
Sonrío y aclaro
-No te he dicho nada, cariño, porque Emma me contó la novedad ayer. Mi hija adora sorprenderme- digo, feliz, mientras pienso en mi pequeña –Ellas se casarán en el rancho de mi ex marido, solo que no quería presentarte a ellos como mi amiga…- dejo la frase en el aire para que Constance capte mis intenciones
Ella sonríe y toma un sorbo de su bebida escarlata, mirándome por encima de la copa, sin comentar nada.
-¿Puedo decir que eres mi novia?- pregunto, por fin, y tengo la certeza de que mis mejillas están del color de su bebida
Coloca la copa en la mesa y me mira tiernamente, afirmando
-¡Ha sido la petición de noviazgo más bonita que me han hecho!
Suelto la respiración que tenía suspensa y me apoyo en el respaldar de la silla, sintiéndome más aliviada con su comentario
-Seré la orgullosa acompañante de la madre de la novia- añade, exultante –Bueno, de una de las novias- se corrige y sonreímos juntas.
Deslizo mi mano sobre el mantel en busca de la de ella. Cuando nuestros dedos se entrelazan en un gesto cariñoso y cómplice, susurramos juntas "Te amo", y en ese instante Sam toca As time goes by una vez más.
