Hola, chicas, el otro día me equivoqué y dije que tenía este fic 34 capítulos, tiene 33, por lo que hemos llegado el penúltimo. No sé cuánto tardaré en subirlo, porque estos días tengo visita en casa, y no tengo mucho tiempo. Pero intentaré hacerlo lo más rápido posible.

32. El luto de Emma Swan

Flashback

Eric/Emma- 7 años

Los muchachos están jugando en la parte de afuera de la mansión de los Swan, como siempre hacían por las tardes, tras finalizar la tarea, mientras son vigilados de cerca por la madre, que también prefiere vigilarlos en estos momentos lúdicos, ya que su instinto superprotector nunca descansa.

Eric y David, como la mayoría de hermanos gemelos, poseen una estrecha conexión y siempre están juntos, compartiendo todo, haciendo que Margaret se cuestione si habrá espacio para el pequeño Jefferson en esa relación simbiótica. El hermano pequeño de Eric y David, que ahora tenía tres años, está sentado en el regazo de la madre y mira atentamente el juego de los dos y, de vez en cuando, suelta su risita infantil, divirtiéndose, pero quizás sin entender mucha cosa.

David siempre es el líder de los dos y Eric, que tiene una personalidad más dócil, no parece importarle eso y sigue al hermano en todas sus decisiones. Solo cuando los juegos propuestos parecen muy peligrosos, hay cierta resistencia por su parte, que generalmente se resuelve en su favor por la intervención de Margaret, que jamás permite diversiones de ese tipo. Pero eso nunca es un problema, porque enseguida encuentran puntos de común acuerdo.

En uno de los raros momentos en que Margaret se ausenta para hacerle la papilla a Jefferson, que había comenzado a lloriquear de hambre, David aprovecha para desafiar a su gemelo, sugiriéndole una vez más una de sus aventuras.

-Eric, si subes a aquel árbol, te doy mi colección de los X-Men- propone, llamando la atención del hermano que recién había descubierto su pasión por los famosos héroes de Marvel

El rubio mira hacia donde su madre estaba sentada, antes de entrar en la mansión, y, después vuelve su atención al hermano

-No sé, David…- suena indeciso-Sabes que no me gustan estos juegos y mamá tampoco quiere…

-Está bien, miedica- interrumpe el otro pareciendo enfadado –Cuando Jeff sea mayor, estoy seguro de que vamos a jugar mucho y que me voy a divertir más con él- dice con la intención de herir a su gemelo

Eric se queda cabizbajo, mientras ve a David distanciarse, andando hacia el árbol, y quitándose los tenis para subir por él.

-David, espera- lo llama, corriendo hacia el hermano, con miedo de que él no quiera ser más su amigo -¡Yo subo!- dice, agarrándolo del brazo, impidiendo que el hermano continuara lo que estaba haciendo.

David sonríe, feliz de que su hermano finalmente se muestre aventurero.

-¿A qué estás esperando? Mamá va a volver rápido- dice, mirando hacia la puerta entreabierta del jardín –Tienes que subir hasta arriba del todo del tronco- lo desafía, mirando hacia lo alto y señalando la copa del árbol

El rubio también mira hacia arriba y siente miedo, preguntándose por qué los árboles tenían que ser tan altos. Con un suspiro resignado, comienza la escalada, escuchando las frases de aliento de David que se quedó en el suelo, vigilando la retaguardia.

-Venga, Eric, solo faltan tres ramas- David lo alienta cuando el hermano parece dudar, mirando hacia abajo a todo momento.

-David, este tronco es muy delgado, creo…- Eric no consigue terminar la frase, el ruido de algo rompiéndose anuncia la caída del pequeño desde una altura de dos metros, que consigue reducir el impacto al agarrarse a una rama, antes que esta también ceda ante el impacto -¡Ay, me duele!- lloriquea, sintiendo cómo le arden los brazos, debido a los arañazos que se había hecho al intentar agarrarse a las ramas para no caer.

-Joder, si mamá ve esto, nos va a echar una bronca- David dice, aprensivo, mirando hacia la puerta y rezando para que Margaret aún esté ocupada con Jefferson –Tenemos que entrar y limpiar tus brazos- continúa, ayudando al hermano a levantarse –¡No llores, Eric!- suplica, al notar algunas lágrimas deslizarse por el rostro del gemelo -¡Los chicos no lloran!- repite el tópico que siempre escucha decir a los adultos.

-Eso es mentira, ya he visto a papá llorar- rebate el comentario bobo del hermano, con voz llorosa –Tenemos que decirle a mamá que estoy herido- pide, cuando ya están dentro de la mansión, pero aún lejos de la figura materna.

-¡No!- David rechaza la sugerencia –¡Yo te voy a cuidar, te lo prometo!- el futuro médico jura, sonriendo al hermano, mientras limpia cuidadosamente sus brazos en el lavabo de los empleados.

-¿Qué está pasando aquí?

Como si poseyera un radar interno, Margaret los encuentra allí, y enseguida ve los arañazos en los brazos de Eric, que David ya estaba tratando con un antiséptico.

Los gemelos se miran y, sin saber qué decir, comienzan a llorar, imaginando que aquella travesura no quedaría impune, pues con mucha probabilidad, la madre los castigaría, prohibiéndoles que jugaran en el jardín en lo que quedaba de semana.

Y David aprende que cualquier hombre puede llorar, sobre todo cuando despierta la rabia de una mujer como Margaret…

Fin del flashback

Margaret

Semptiembre de 2016- Boston

-Cierta vez un poeta dijo "que el amor no tiene prisa, que puede esperar en silencio, en el fondo de un armario…"- Emma comienza su discurso y su voz es el único sonido que se escucha esa tarde en la capilla del antiguo colegio de St. Louis. Los pocos invitados presentes en la celebración están callados, como hipnotizados mientras la sencilla ceremonia de casamiento se desarrolla en el pequeño altar.

Creo que mi hija no había podido escoger una cita mejor para definir el sentimiento que me une a Constance. Siento que nuestro amor permaneció guardado, en el fondo del armario, esperando ser de nuevo descubierto, y finalmente vivido.

Cuando miro hacia el pasado y me acuerdo de la mujer en la que me transformé y que hasta hace poco seguía siendo, me siento encantada con la vida y su capacidad de siempre sorprendernos. El giro de 180 grados que he vivido es lo que me ha permitido estar hoy aquí, pues decidí aceptar la felicidad, aceptar vivir este amor durante tantos años adormecido…

En cambio, mi felicidad no está completa porque David no ha podido venir a la ceremonia, pero, al mismo tiempo, estoy aliviada de que él finalmente haya encontrado un equilibrio en su vida, pues su actitud generalmente tan agresiva y egoísta me asustaba y hacía que me sintiera culpable, ya que llegué a pensar que los prejuicios que alimenté durante años, por sentirme frustrada, pudieran haber influido en el comportamiento de él, transformándolo en el hombre intolerante que demostró ser a partir de su adolescencia.

Infelizmente, jamás sabré hasta qué punto fui responsable de moldear el carácter de mi hijo, así que solo me queda rezar para que el cambio por el que ha pasado este último año sea definitivo.

Emma pide que digamos los votos y, tras Constance emocionarme al proferir los suyos, es el momento de que yo diga los míos.

-Una de las mayores dádivas que se puede alcanzar es encontrar en tu amor a un amigo. Así que, ¿qué decir de encontrar el amor en tu mejor amiga?- hago una pausa e intento controlar el temblor de mi voz –Constance y yo nos enamoramos en el primer instante que nos vimos, pero la vida, en aquel momento, tenía otros planes para nosotras. Hoy, casi cincuenta años después, parece un sueño que estemos uniendo nuestros destinos y hasta hace bien poco tiempo esto parecía imposible- miro hacia ella y percibo lo conmovida que está con mis palabras –Te agradezco a ti, mi amor, por haber entendido mejor las cosas que yo, e insistido en aquello que era lo correcto. Me gustaría finalizar diciendo, ante todos los presentes, algo que la "vieja" Margaret no se diría ni a sí misma: eres la mujer de mi vida, Connie, y te amo- termino mis votos y escucho un coro de "ohh" mientras enjugo delicadamente las lágrimas que se deslizan por el rostro de mi novia.

Después de intercambiarnos las alianzas, una Emma, igualmente, emocionada, anuncia

-¡Las novias ya pueden besarse!- miro a Connie, que está sonriendo, y me inclino hacia ella. Cuando estamos a punto de sellar nuestros labios, un silbido quiebra el silencio de la capilla, haciendo que los invitados estallen en carcajadas, e imagino que eso solo podría ser obra de Jefferson, que mantiene a mi nieta, Spencer, en su regazo.

Cuando la ceremonia termina, nos quedamos de pie, lado a lado, recibiendo las felicitaciones de todos y, enseguida, nos dirigimos al exterior de la capilla, donde mesas decoradas con manteles de lino, ramos de lirios blancos y pequeñas velas dentro de candelabros ocupan el césped del bonito jardín.

-¿Qué tal si dejamos a los invitados divirtiéndose aquí y vamos a visitar nuestro refugio?- Constance susurra a mi oído, mientras tomo un sorbo de champán

-¡No es una mala idea!- concuerdo sonriéndole –Voy primero y yo y te espero- sugiero, recordando una vez más nuestra adolescencia, cuando, por temer a la madre superiora, solo nos veíamos en el campanario y jamás llegábamos al mismo tiempo al sitio de nuestro refugio.

Le doy un casto beso y miro alrededor, notando que los invitados están distraídos, bebiendo, conversando y algunos, incluso, bailan en la pequeña pista montada en una esquina del jardín, mientras la orquesta toca una antigua canción.

A escondidas, me levanto y camino por el sendero que tantas veces recorrí en mi juventud. Subo los veinte escalones que me llevan a nuestro refugio y ya en la torre del campanario, me acerco al borde para observar la fiesta que continúa allí abajo.

Las pequeñas luces colocadas sobre los arbustos alrededor del jardín me dan la sensación de que hasta las estrellas han bajado del cielo para ser testigos de la celebración de mi boda con la mujer que es el amor de mi vida.

-¡Creo que la noche está especialmente linda hoy!- como si supiera que estaba pensando en ella, Connie llega y me abraza por detrás, verbalizando mi pensamiento -¿En qué piensas?- pregunta y me giro para encararla.

-¡Lo mismo que tú!- respondo, suspirando, y colocando los brazos alrededor de su cuello.

Ella pega su cabeza a la mía

-¿Quién iba a pensar que nos casaríamos aquí?- comenta, rodeándome por la cintura –Menos mal que la madre superiora lleva muerta mucho tiempo- añade, sonriendo y la imito, imaginando que nuestra verdugo no estaría nada satisfecha con este matrimonio en el lugar que creía que le pertenecía, pero que, hace tiempo, dejó de ser un colegio y se había transformado en un museo.

-Puedo imaginarla en otro plano espiritual diciendo: "¡Qué esas dos pervertidas se quemen en el infierno por profanar así un suelo tan sagrado!"- la imito, recordando sus comentarios siempre tan malvados y cargados del más puro odio.

Connie sonríe y sus manos suben por mi espalda, mientras nos movemos, comenzando un baile. En ese momento, la orquesta pasa a tocar una melodía que me traslada más al pasado, al comienzo de nuestro romance puro, dulce y prohibido

And they called it puppy love

Oh, I guess they'll never know

How a Young heart really feels

And just why I love her so

And they called it puppy love

Just because we're inour teens

-¿Has sido tú quien le pidió a la orquesta que tocara esta canción?-le pregunto, abrazada a ella, sintiéndome tan plena y feliz que llego a temer que todo no sea sino un sueño.

-Sí- confirma, y veo ternura en sus ojos color miel –Pasé años escuchando esta canción y pensando en ti, recordando mi amor adolescente. Mi amor más fuerte y verdadero-afirma, apretándome aún más en el círculo de sus brazos.

Creo que ella tampoco se cree que estemos aquí, en el mismo lugar donde todo acabó de una manera tan triste, dándole un nuevo rumbo a una historia que había quedado congelada en el tiempo.

Tell them all

Please tell them isn't fair

To take away my only dream

…I hope and I pray

That maybe someday

You'll be back in my arma once again

Pero yo sé, y ella también lo sabe, que no estamos soñando. Que todo esto es real. Y que nuestro final feliz solo está comenzando.

Regina

Noviembre de 2018- Boston

-Henry, por favor, lleva a los gemelos al cuarto- pido al adolescente que, de vez en cuando, hace de niñero de Noah y Rachel desde que nos mudamos a este barrio, hace casi tres años, algo después de que los gemelos nacieran.

-Ma- balbucea Noah, señalando a Emma que está sentada en el sofá con expresión abatida

-Ma está cansada, mi amor, no puede jugar con vosotras ahora- digo, viendo a Henry correr detrás de Rachel que se soltó de su mano y camina vacilante hacia Emma. Ella consigue ser más rápida que el adolescente y llega hasta la madre, se sube en el sofá y se sienta a su lado.

-¿Ma ta tiste?- pregunta, apoyando su cabeza en el regazo de Emma que le sonríe, aunque no consigue contener el llanto mientras acaricia los cabellos castaños de nuestra hija.

-¡Lo estoy, mi amor! Ma ha perdido a alguien a quien quería…- explica con voz contenida

-He pedido a mi osito- dice subiéndose en el regazo de Emma –Tamben to tiste- dice, abrazándola y me doy cuenta de que, aun en su inocencia, trata de solidarizarse con la madre, a pesar de no entender muy bien lo que sucede, pues todavía no es capaz de comprender la diferencia entre perder un peluche y perder a una persona querida.

Le digo a Henry que yo misma colocaré a Noah y Rachel a dormir, le pago y le agradezco que haya cuidado de los gemelos mientras estábamos en el funeral. El adolescente me dedica una media sonrisa y hace una señal de despedida, saliendo en silencio, aparentemente también influido por el clima triste que se había abatido sobre nuestro hogar.

Camino hacia mi esposa e hija y me siento, acunando a un Noah somnoliento en mis brazos. Emma permanece atada a Rachel y veo las lágrimas aún rodando por su rostro, mientras nuestra pequeña está callada, aparentemente consciente de que la madre necesita únicamente de su presencia a su lado.

Después de algunos minutos, Rachel, así como su hermano, finalmente pierden la batalla contra el cansancio, pues deben haber pasado las últimas horas jugando y divirtiéndose con Henry, y ya duermen profundamente, ella chupándose el meñique y él, cubriéndose la carita con la mano.

-Amor, ¿vamos a ponerlos en las cunas?- llamo la atención de ella, que parece distraída, mirando al vacío.

Hace una señal afirmativa con la cabeza y llevamos a nuestros bebés al cuarto. Coloco a Noah en su camita y Emma hace lo mismo con Rachel, quedándose por unos instantes mirando de un lado a otro, y tengo la impresión de que sus pensamientos no están en este momento presente.

Al volver a la sala, decido romper el silencio que ya me incomoda, pues no me gusta ver a Emma así, tan absorta en su propio dolor

-¿Alguien habrá podido localizar ya a Mary? Pienso en cómo reaccionará cuando sepa la noticia…- murmuro, observándola de pie junto a la ventana, mirando la lluvia que había empezado caer afuera

Ella parece no haber oído mi comentario, pero, segundos después, se gira y se acerca a mí, se sienta a mi lado y recuesta su cabeza en mi hombro

-No creo que fuera diferente si ella estuviera aquí…Pero, de cualquier forma, creo que será muy doloroso, al final, siempre es un shock perder a alguien tan cercano, y joven- hace una pausa, mientras paso los dedos por sus cabellos –Me habría gustado tanto que se hubieran reconciliado…Por lo menos, él podría haber sido feliz en estos últimos años, antes de…- no completa la frase y percibo que ha vuelto a llorar.

Suelto un largo suspiro y reflexiono sobre lo que le voy a decir, intentando no parecer demasiado dura

-A mí también me habría gustado…Pero no podemos negar que David tuvo su oportunidad y la dejó escapar. La vida real es así, no siempre nos da una nueva oportunidad después de equivocarnos. Y en su caso, no fue solo un error.

Emma se queda en silencio, por algunos minutos, e imagino que está pensando en lo que acabo de decir

-Me siento culpable…

Frunzo el ceño y le agarro su mentón, girando su rostro hacia mí para poder mirarla

-¿Por qué, mi amor?

Ella baja la mirada, evitando mantener el contacto visual conmigo

-Siento que todo el rencor, el dolor e incluso el odio que David sentía por mí era porque yo maté a su gemelo…En su cabeza, Eric dejó de existir para dar lugar a Emma, y creo que David nunca me perdonó eso. Era como si yo hubiera roto con el lazo más fuerte que él consiguió establecer con alguien. Si yo hubiera podido hacerle entender que Eric, en realidad, nunca existió, podría haber sido diferente.

Paso la mano por su lindo rostro y hago que me mire

-Dices eso, mi amor, porque aún estás muy sorprendida por la forma repentina en que tu hermano ha muerto, y esa reacción es comprensible, porque sé que lo querías. Sin embargo, tenemos que ser realistas: él jamás iba a poder entenderlo. El prejuicio de David iba mucho más allá de la transfobia. Tu hermano era una persona llena de problemas y frustraciones y la única forma de ser aceptada por él sería no siendo tú misma, continuar viviendo una vida que no era la tuya y negando tu propia identidad- hago una pausa y después de un instante continúo –Pero recuerdo que, cierta vez, al comienzo de nuestra relación, tú dejaste claro que no desistirías de tu felicidad por David. Y no creo que estuvieras equivocada en pensar así, sobre todo porque nos toca a cada uno buscar nuestra propia realización personal. Por todo eso, no creo justo que te sientas culpable por la infelicidad de tu hermano.

Después de terminar de hablar, noto que ha dejado de llorar, aunque siga con su semblante melancólico

-Lo más triste es que su muerte haya sido tan violenta y trágica. No consigo ni pensar en el estado que quedó su cuerpo- su voz vuelve a entrecortarse –Ver a mamá y a papá inclinados sobre su ataúd, sin poder verlo por última vez, ni despedirse como Dios manda…Nadie merece desaparecer así…

Sus ojos se cierran y contrae los labios, intentando controlar el llanto y aprovecho para besarle la cabeza.

-Piensa que ha muerto en aquella explosión mientras ayudada a otras personas…Y para Margaret y James, que creen en una vida después de esta, saber eso puede, más adelante, traerle algún tipo de consuelo.

Una vez más, el intenso verde de su mirada se cruza con mi mirada y Emma esboza una sutil sonrisa. Aprovecho para acariciar su rostro, imitando su gesto

-Es impresionante esa capacidad que tienes para hacer que me sienta más fuerte, aun estando tan vulnerable…

Mi sonrisa se amplia y junto mis labios a los de ella, besándola con ternura y cariño.

-Ma- la dulce voz de Noah nos interrumpe y lo miramos, asustadas -¡Tego hambre!- se queja, tragándose algunas letras

Nos miramos y sonreímos

-Creo que ya es hora de subir un poco más las barras de la cuna- sugiere Emma, levantándose y cogiendo a nuestro príncipe en brazos.

-¡Creo que es una buena idea!- concuerdo, acercándome a los dos y observándolos con expresión enamorada –No queremos que este pequeño Frank Morris huya otra vez- bromeo citando al famoso fugitivo de Alcatraz.

-Hum…¿Ya te he dicho cuánto amo tus referencias?- medio pregunta, medio afirma, y una vez más nos besamos bajo la vigilancia atenta de Noah que sigue en los brazos de Emma, asistiendo a esa demostración de afecto entre sus madres –Le voy a hacer una comida rica a nuestro pequeño fugitivo y, después, podemos calentarnos los pies una a la otra, debajo del edredón, mientras vemos un buena película, ¿qué tal?- propone, cuando el contacto cesa.

Acepto su sugerencia con una sonrisa complaciente en los labios y me dirijo a nuestro cuarto, a escoger la película y preparar unos de los programas caseros que adoro hacer en su compañía.

Sé que Emma ha sugerido eso como forma de olvidarnos del día triste y gris que hemos enfrentado hoy. Aunque la muerte y la ausencia de David aún estén muy presentes en nuestras vidas, es inevitable que, con el tiempo, todo vuelva a la normalidad y quedarán en nosotras algunos pocos recuerdos buenos y la gran lección que él nos dejó: que debemos saber reconocer y aprovechar las buenas cosas que la vida nos trae, intentando evitar sentimientos negativos, aunque no consigamos tener todo lo que queramos.