33. Mi final feliz con Emma Swan Mills

Regina

Mayo de 2023- Boston

Ayer por la noche, Emma y yo estábamos viendo una película, y no es necesario que diga cuánto nos gusta hacer eso juntas, ¿verdad? Es una de nuestras "cosas de pareja" preferida. Uno de esos hábitos sencillos y comunes que, aun con la llegada de los gemelos, no dejamos de hacer.

Pero, en fin, en un determinado momento, la protagonista del film, Frances, compartía la escena con otros personajes y la cámara se centraba exclusivamente en ella. Entonces, la joven comenzó un monólogo sobre lo que consideraba un momento perfecto en una relación:

"Es una cosa cuando estás con alguien y amas a la persona y los dos sabéis eso. Estáis juntos, pero en una fiesta, ¿sabes? Los dos estáis conversando con personas diferentes. Estás ahí, sonriendo y miras hacia el otro lado de la sala y los dos intercambiáis miradas. Pero no porque sean posesivos o porque sea algo sexual, sino solo porque aquella es la persona de tu vida. Y eso es gracioso y triste, pero solo porque esta vida va a acabar. Y es ese mundo secreto que existe bien allí, en público, pero imperceptible, del que nadie se enterará"

Y sonrío al escuchar ese monólogo. Sonrío porque recuerdo algo que le escuché a Zelena cierta vez sobre Emma y yo

-A veces, os tengo envidia- mi hermana reveló en aquella época –Envidia de esa conexión cósmica que parece que existe entre las dos, como si, incluso en silencio, consiguierais comunicaros a través de la mirada, con un lenguaje propio que solo las dos sois capaces de comprender- concluyó y no pude reprimir aquella expresión orgullosa que a veces aparece en nuestra cara sin que planeemos hacerlo.

Zel, obviamente, no le gustó mi reacción y me acusó de ser una "enamorada soberbia". Pero, ¿cómo podría reaccionar de una forma diferente en aquel momento, si también siento que entre mi esposa y yo existe esa unión inmaterial? Y es hasta raro que hoy siga pensando así, porque nunca fui de creer en "flechazos" espirituales.

No creía en almas gemelas. No creía en astrología, mucho menos en compatibilidades amorosas. Sin embargo, después de Emma, me he pillado hasta leyendo nuestros horóscopos. Sin embargo, tras descubrir que Geminis (yo) y Piscis (ella) "vibran en sintonías distintas, que somos inestables y volubles y, si existe atracción entre ambos, puede solo ser por unos días", decidí que ciertas cosas realmente no tiene el menor sentido, o entonces nuestra unión tiene una explicación más racional, ya que como opuestos astrológicos no nos atraemos, como personas dispuestas nos completamos.

Aún pensando en eso, entro en casa y enseguida veo a Emma sentada en la mesa de la sala con Rachel en su regazo y Noah en la silla próxima. Desde temprano, cuando salí a trabajar, los había dejado así, haciendo una tarea de la escuela de los gemelos sobre nuestra familia.

Me apoyo en el marco de la puerta y me quedo admirando ese momento familiar protagonizado por las tres personas que más amo en todo el universo, sin anunciar que había llegado. Y por estar tan entretenidos en lo que hacen, no se dan cuenta de mi presencia.

-Ma, ¿por qué la abuela Cora nunca viene a visitarnos?- pregunta Noah, sin apartar los ojos de la hoja colocada delante de él y veo que usa un lápiz de color para pintar algo en ella.

-Porque la abuela Cora y yo discutimos hace algunos años antes de vosotros nacer- me entrometo en la conversación al percibir que Emma se había quedado tensa con la pregunta de nuestro pequeño y sin saber cómo responderla.

Ella mi mira, al principio, asustada y sorprendida, probablemente por estar yo ya en casa, y enseguida, aliviada, pues había vuelto en el momento preciso para sacarle las castañas del fuego.

Me acerco a los tres y los gemelos me enseñan, animados, lo que habían hecho, muy contentos porque Emma les estaba enseñando a dibujar.

Les beso sus cabezas y a mi mujer en los labios.

-¿Por qué peleasteis?- insiste Noah en el tema, aún no satisfecho con mi anterior respuesta. Como yo, él puede ser extremadamente curioso.

-Porque a veces las personas de una misma familia pueden ter opiniones diferentes sobre algunos asuntos. Y vuestra abuela y yo, generalmente, no estamos de acuerdo en casi nada- decido ser bien directa con ellos, pues, a pesar de tener poco más de siete años, Noah y Rachel son muy sensitivos y, como a la mayoría de niños, no les gusta ser tratados como tontos –Pero no os preocupéis, porque mi problema con Cora no tiene nada que ver con vosotros- añado, acariciando el pelo de él –Solo creímos mejor apartarnos para no continuar haciéndonos daño y, si un día, ella quiere venir aquí, la trataremos muy bien, como estoy segura de que ella os trata cuando la tía Zelena os lleva a verla, ¿verdad?- pregunto, refiriéndome a las ocasiones en que ellos han ido con la tía a Nueva York.

-¡Sí!- es Rachel quien responde, pareciendo ahora más interesada en la conversación que el hermano, que se distrae con lo que está dibujando –La abuela dijo una vez a tía Zelena que yo soy muy bonita y que me parezco a "aquella mujer"-comenta, mirando de mí a Emma que prende los labios, evitando sonreír ante la manera en que mi madre aún la llama -¿Quién es "aquella mujer", mamá?- mi princesa me sondea, como si estuviera probándome para saber si tengo la intención de esconderle la verdad.

-"Aquella mujer" soy yo, mi amor- es el turno de Emma de anticiparse a mí, comenzando a explicar -¿Recuerdas cuando conversamos sobre el hecho de que algunas personas no entienden que dos mujeres o dos hombres pueden también enamorarse y formar una familia?- Rachel asiente con la cabeza, muy atenta a lo que la madre dice –Pues…Infelizmente, vuestra abuela es una de esas personas. Ella no quedó muy contenta cuando tu madre se enamoró de mí- los ojos verdes de Rachel bajan al suelo y se me encoje el corazón, pues sé que ella está triste por saber que a la abuela no le gusta su madre –Eh, pero, ¿no te acuerdas también de que hablamos sobre no ponernos tristes con esas cosas?- Emma acaricia el mentón de nuestra pequeña, haciendo que ella levante la cabeza y sus ojitos llorosos –Tu abuela, aunque por motivos equivocados, tiene el derecho a que yo no le guste. Pero sé que ella os ama a vosotros- dice, mirando de Noah, que deja de dibujar, a Rachel –Y vosotros sois una parte de mí, lo que significa que aquí, "en el fondo"- Emma continúa, señalando el corazón de nuestra pequeña -¡Le debo gustar un poquitito!- y ellos se quedan felices con su comentario. Hasta yo me contagio de su actitud positiva y también dejo escapar una media sonrisa.

-Ma, pensé que a la abuela no le gustabas porque eres transexual- Noah revela y nuestras miradas se giran hacia él, y no sé quién está más asombrada, si yo o ella. Por lo visto, nuestro príncipe no estaba tan ajeno a la conversación, como equivocadamente yo había pensado.

-¿Por qué piensas eso, mi amor?- ella le pregunta, antes de mirarme, aparentemente buscando una explicación para el hecho de que nuestro hijo de siete años ya sepa algo de lo que aún no habíamos hablando ni con él ni con Rachel.

Le demuestro con la mirada que estoy tan perdida como ella y, una vez más, la voz de Noah rompe el silencio de la casa

-Un día, estaba pasando por la biblioteca y escuché a tía Zel decir que ya era hora de que la abuela se dejara de tonterías y entendiera que mamá era una mujer transexual- añade- Pero ¡no estaba escuchando detrás de la puerta!- añade, mirándonos receloso, asustado probablemente ante la forma en que reaccionaríamos a su comentario, imaginando que, por nuestra expresión, estábamos enfadadas con él.

-Está bien, mi amor, no pensamos que estuvieras escuchando tras la puerta- dice Emma, suavizando la expresión asustada y acariciando su rostro –Solo nos hemos sorprendido con tu comentario, pues nunca hemos hablado de esto con vosotros- continúa y puedo sentir sus nervios al hablar por primera vez con nuestros hijos de ese detalle tan íntimo de su vida –Es más, no sé si entendéis lo que es ser una mujer transexual…- sus ojos verdes vagan entre los gemelos y yo, y entiendo que está buscando mi apoyo para desarrollar el asunto, ya que hemos sido pilladas por sorpresa.

-¡Sí lo sé!- exclama, bastante entusiasmado –Henry nos explico a Rachel y a mí que una persona transexual es alguien que nace en un cuerpo diferente y necesita cambiar para ser feliz- dice Noah y nosotras nos miramos, visiblemente emocionadas.

-Pero, como aún no lo entendimos muy bien- Rachel se junta a la conversación, hablando en tono dulce –nos explicó que una persona transexual es como una oruga en su capullo: tiene que romper la cascara y cambiar de forma para conseguir ser muy bonita y poder vivir –y no podríamos estar más felices por haber contratado a Henry Duck Millstone para ser el niñero de nuestros precoces bebés.

-Y ahí entendimos: ¡porque tú pareces una mariposa hermosa y feliz!-concluye Noah, mirando cariñosamente a la madre

Emma, que ya no controla las lágrimas, se inclina y lo aprieta contra ella, besando alternativamente el rostro y la cabeza y me junto a los tres, rodeándolos en el círculo protector de mis brazos, amando más que nunca a mi mujer y a los hijos maravillosos con los que he sido bendecida.

-¡Creo que ya es hora de ir a tomar el baño!- menciono, infelizmente, teniendo que romper ese mágico momento.

Los gemelos refunfuñan sobre que tienen que acabar el trabajo y les digo que pueden hacerlo después de cenar. A regañadientes, los dos nos dejan solas en la sala, y paso las manos por los sedosos cabellos de la rubia.

-No esperaba esto hoy…-comienza, sorbiendo los mocos –En realidad, imaginaba que solo hablaríamos de mi transexualidad cuando preguntaran cómo habían nacido…- añade, con expresión divertida

Me siento en su regazo y Emma me abraza, mirándome profundamente con sus ojos verde oscuros

-Pero ha estado bien que pasara, porque quizás ellos nunca tendrán la curiosidad de preguntar cómo han nacido-observo, sonriendo –los niños de hoy ya no siguen el guion de antes, hay cosas que simplemente intuyen- añado, pensando que, incluso a pasos de hormiga, la sociedad evoluciona y es bueno vivir en una época donde, a pesar de aún existir ciertos recelos, ya está permitido que los niños puedan convivir con la diversidad que existe en el mundo.

-Tienes razón- dice, pegando nuestras cabezas y apretándome más entre sus brazos –No quisiera que, después, imaginaran que yo tenía algo que esconder- confiesa su temor –Y qué bien que todo haya pasado de una manera tan natural, ¿no es verdad, esposa de "aquella mujer"?- añade, trayendo de nuevo a la palestra el asunto que había llevado a aquella reveladora conversación con nuestros hijos.

Sonrío

-¿Aún te importan las tonterías de Cora Mills?- pregunto, pasando los brazos alrededor de sus hombros, lista para besarla

-¡Obvio que no!- responde, dándome un casto beso en la punta de la nariz –Sobre todo porque es como ya decía Jorge Maravilla: ¡no le gusto a ella, pero a su hija sí!- exclama, en tono malicioso

No estoy muy segura, pero creo que está citando alguna canción de Chico Buarque, sin embargo, lo más importante es que no podría haber escogido una referencia mejor, porque a la hija de Cora Mills no solo le gusta, sino que está completamente loca y enamorada de esa bella mariposa que atiende al nombre de Emma.


Estamos en el salón de eventos donde se realiza la ceremonia de entrega de premios "Profesional del Año", ofrecido por la Alcaldía de Boston para las mujeres que se han destacado en sus áreas de actuación en los últimos doce meses. El hecho de que la ciudad donde vivimos reconozca el talento de las mujeres en los más diversos sectores ya es un buen motivo para que Emma y yo estemos aquí, sin embargo, hay una razón más especial: ella fue nominada al premio, por su trabajo arquitectónico de rehabilitación de un parque que queda cerca de nuestra casa. La obra fue considerada modelo por su preocupación ambiental y por el impacto positivo en la comunidad, además de haber sido una acción totalmente voluntaria por su parte.

Antes de que fuera anunciada el nombre de la ganadora, fueron presentadas ponencias y charlas sobre la inserción de la mujer en el mercado de trabajo, así como su papel en la actual sociedad, temas bastante pertinentes en la motivación del evento.

Mientras sucede todo eso, pienso en la gran repercusión que la nominación de Emma al premio ha tenido en nuestras vidas en tan poco tiempo.

Una semana antes, mi esposa fue entrevistada, junto con la Dra. Emily Foston, del área de Derecho, la bióloga Veronica Smith y la obstetra Caroline Morris, ya que al haber más de veinte candidatas, fueron colocadas en grupos de cuatro en una cadena local. Hasta ahí todo bien, nada que a lo que Emma no pudiera enfrentarse.

El problema se dio cuando, tras la exhibición de la entrevista, algunas personas la reconocieron como una ex triatleta, que había sido expulsada de la competición profesional por ser transexual. Entonces, comenzó la polémica: algunos, con ánimos más exaltados, comenzaron a hacer campaña contra la candidatura de Emma al premio en las redes sociales, enviando mensajes rabiosos a los organizadores del evento exigiendo su descalificación por no considerarla una mujer.

Aún con toda esa avalancha de críticas negativas, los responsables decidieron dejar a mi esposa en la disputa y confieso que eso, por un momento, me preocupó bastante. Entonces, conversé con ella y le expuse mi recelo, incluso le aconsejé renunciar o que no fuera a la ceremonia. Tenía miedo de que algo malo pasara. Imaginaba una feroz protesta en la puerta del edificio, un intento de agresión, que tuviéramos que ir nosotras y nuestros hijos escoltados por la policía y cosas así, y no quería ver a los amores de mi vida expuestos a esa violencia gratuita.

Pero Ema quiso venir, quiso enfrentarse a todo. Dijo que ya no podía esconderse más, quedarse invisible, que necesitaba mostrarse, porque renunciar sería decir que todas esas personas tienen razón y que ella no merecía estar ahí. Y, ante ese argumento tan profundo y sensato, solo me quedaba apoyarla en su decisión.

Felizmente, lo que yo temía no sucedió. Los revoltosos de internet eran solo aquellas personas que, hoy en día, son muy común: una panda de gente que solo sabe vociferar en el medio virtual, valiéndose muchas veces de la falsa sensación del anonimato para ofender y proferir sus discursos de odio contra quien, muchas veces, ni conocen.

Desde que llegamos aquí, nada grave ha sucedido y ahora, estamos reunidos Emma, los gemelos, Margaret, Constance, James, Ruby, Jefferson, Tinker, Spencer y yo en una gran mesa, bien cerca del escenario donde tendrá lugar la entrega de premios.

Cuando la maestra de ceremonia sube al escenario, llevando ya en sus manos el sobre con el nombre de la ganadora, el silencio se hace rey en el salón y la expectativa dentro de mí solo aumenta. Agarro la mano de mi mujer, en un intento de transmitirle confianza y cariño. Noto que parece calma e independientemente del resultado, debe estar feliz no solo por haber sido nominada para un premio tan importante, sino también por no haberse dejado intimidar por el odio gratuito de algunas personas y hoy estar aquí, en el lugar que se merece ocupar, tanto como cualquier otra de las mujeres contra quienes está competiendo.

En el momento en que el nombre de Emma Swan Mills es anunciado como el de la vencedora de la noche, nos levantamos para aplaudirla y, antes de subir al escenario, ella inesperadamente me besa, dejándome aún más entusiasmada con su victoria.

Sin embargo, no dejo de percibir que los aplausos de las otras personas del público son más contenidos e imagino que, algunos de ellos, quizás formen parte de los enfurecidos de Internet y no les haya gustado mucho la elección del jurado.

La maestra de ceremonia le entrega el premio, en formato de un perfil femenino esculpido en plata, y se aparta, permitiendo que ella se acerque al micrófono para dar su discurso.

Emma mira el premio en sus manos y después a toda su familia, que permanece de pie, emocionada, a la espera de sus palabras

-Después de todo lo que he leído y escuchado sobre mi nominación para este premio, podría no haber venido hoy- su voz vacila un poco –Fueron cosas duras de asimilar, sobre todo para alguien que se dedica tanto al trabajo que hace- pausa- Menoscabaron el valor de mi esfuerzo, porque estaban enfocados en solo un detalle de mi vida personal, que ni debería ser tenido en cuenta en este contexto. Ante todo eso, debo decir que solo he subido al escenario para recibir este premio, porque a pesar de cualquier cosa que pueda ser dicha al contrario, sé que tengo derecho a él, pues soy mujer y soy una profesional competente y dedicada, así que, cumplo los requisitos para disputar por él y agradezco a aquellos que han tenido el valor de votar por mi trabajo, incluso ante tantas críticas- la vacilación inicial es sustituida por una creciente ola de confianza y creo que no solo yo, sino todas las personas en esa sala, están con los ojos fijos en ella –Estoy, de hecho, muy agradecida, aunque esa no haya sido mi mayor motivación para asistir al evento, sino la posibilidad de poder hablar y la oportunidad de dar voz a las mujeres transexuales de este país, sobre todo a aquellas que, mucho más que yo, sufren el abuso todos los días, sin ser vistas cómo son, sino por aquello que no quieren ser- siento un nudo formarse en mi garganta y mis ojos ya queman, anunciando el llanto que no tardará en llegar –Como nací rica, pude pagar todo aquello que haría que las personas me viesen como yo quería. Si yo no me presento como mujer trans, nadie se da cuenta. Eso demuestra cómo ese prejuicio es una tontería- veo a mi esposa agigantarse aún más ante todos nosotros –Si al ser entrevistada, algunas personas no me hubieran reconocido como una ex triatleta a la que le impidieron competir por ser transexual, Emma Swan Mills solo sería una mujer más esta noche. Quizás recibiese el premio, quizás no, pero con certeza volvería feliz a su casa con su esposa e hijos, como pretende hacer más tarde- mientras habla, su mirada vaga por el salón, hasta encontrarse con la mía, y cuando anuncia la última frase, siento el gusto salado de las lágrimas mojando mis labios que se abren en una acto de felicidad, amor y admiración por esa linda mujer –Sin embargo, tenía que demostrar y salir de ese cómodo anonimato. Porque si he venido aquí hoy ha sido para decir a todas las trans que puedan estar escuchándome: somos mujeres, sí, pues tenemos el derecho y el valor de ser, y nadie puede quitarnos eso. Os dedico este premio a vosotras. ¡Muchas gracias!

Cuando termina de hablar, no solo su familia, sino algunas otras personas que antes parecían reluctantes en aplaudirla, se levantan, poco a poco, de sus sillas para ovacionarla de pie y solo me doy cuenta de eso cuando Emma está otra vez a mi lado, abrazándome a mí y a nuestros hijos. Y enseguida sus padres, su hermano, cuñada, madrastras y sobrina se unen a nosotros, en ese inmenso y caluroso abrazo colectivo.

Marzo de 2029- Bonita Springs, Florida

Poco a poco, abro los ojos y veo los pequeños rayos de luz dorada bailando sobre la cama que comparto con Emma desde hace casi una semana en una hermosa y acogedora casa a la orilla del mar que alquilamos con la intención de pasar nuestra segunda luna de miel.

Ayer, uno de marzo, ella cumplió 50 años, quince de los cuales han sido compartidos conmigo.

Me pongo de lado y apoyo la cabeza en la mano para observarla mejor y la veo roncar bajito. Sus cabellos, otrora rubios, ahora tienen un tono plateado, que la deja tan parecida a su madre, quien se ha quedado cuidando a los nietos, que ahora tiene catorce años, pero que, a pesar de ser ya unos adolescentes, adoran pasar tiempo con sus abuelas, que tampoco se cansar de mimarlos.

Vuelvo a centrar mi atención en Emma, dándome cuenta de las pequeñas marcas de expresión en su rostro que denuncian su madurez, sin embargo, le dan una aurea aún más etérea, dándome la impresión de que nada, ni la vejez, será capaz de corromper la belleza natural de mi mujer.

Como si presintiese que vigilo su sueño, ella se mueve en la cama y lentamente, abre las esperas pestañas, abriendo una lenta y bonita sonrisa al verme despierta.

-Buenos días, esposa mía- murmura, la voz enronquecida y de letargo, mientras se estira, haciendo que las sábanas desciendan revelando su cuerpo aún tan vigoroso.

-Buenos días, mi amor- respondo, acercándome más, atándome a ella

Verla así, tan linda y relajada, me provoca el mismo efecto de quince años atrás: siento mi cuerpo crepitar de deseo y ansío su toque delicadamente salvaje, quiero sentir su cuerpo pegado al mío, restregándose a mí, mojándome de sudor, llenándome entera…Y, después, cuando ya estuviera muerta, exhausta de cansancio, quiero que ella me acoja y me deje reposar en el abrigo de sus brazos.

Sin darle oportunidad a que salga de la cama, me subo encima de ella, y busco el contacto de nuestros labios. Ya hace algún tiempo que no hacemos el amor y, por más que entienda que los años tienden a enfriar el ímpetu de una pareja enamorada, no tenemos que eludir completamente el sexo solo porque hoy seamos dos mujeres de mediana edad.

-Hum…¿qué fuego es ese, amor?-me pregunta, cuando suelto sus labios y le ataco el cuello, rozándome en ella.

-¡El fuego de siempre!- respondo, sentándome sobre su abdomen y cogiendo sus manos, haciendo que las cierre sobre mis pechos -¿Está mal que una mujer quiera hacer el amor con su esposa?- la atizo, sarcástica –Es más, ¿la esposa recordará cómo se hace eso?- continúo, moviéndome encima de su vientre.

Sus brazos se cierran alrededor de mi cintura y ella se yergue, quedando cara a cara conmigo

-No solo lo recuerdo, como la última vez que lo hicimos, recuerdo que te quedaste una semana dolorida, diciendo que ya no tenías edad para "ciertas" posturas- rebate, reteniéndome con una de sus manos, mientras los dedos de la otra se enroscan en mis cabellos, echando suavemente hacia atrás mi cabeza.

-Pero eso fue hace mucho tiempo, recuerdo que tenías 49 en ese momento- no consigo parar de provocarla y la oigo gruñir, antes de atacar mi cuello, mordiéndome con fuerza.

Grito e intento soltarme del brazo que retiene los míos a mi espalda, pero ella no parece interesada en liberarme, y la boca que antes maltrataba mi cuello, ahora se cierra, mojada, alrededor de un pezón, chupándolo desde la base hace la punta, dejándolo dolorosamente endurecido.

-Ahhh…-suelto un gemido ronco, cuando ella traza círculos con la lengua sobre el otro pezón, antes de succionarlo con precisión

-¡Miren quién está ronroneando como una gatita!- me incita, abandonando lo que hacía y volviendo a mirarme, aún agarrándome por los cabellos.

-Sabes que eres la única capaz de excitarme así…-confieso, pegando mi cabeza en la suya, dejando de lado las provocaciones –Quizás, por eso, ya estás tan convencida que ya parece que ni te importo, ni te demuestras celosa- no lo pienso dos veces antes de revelar algo de lo que llevo dándome cuenta hace un tiempo y que, aunque no lo quisiera, me hiere.

La sonrisa victoriosa desaparece de su rostro y me observa con ojos afectuosos y atentos.

-¿Qué tonterías son esas, mi amor?- pregunta, en tono preocupado

-Ayer por la noche, en el restaurante, uno de los camareros no dejaba de mirar hacia mi escote y tú ni te diste cuenta- revelo, y sé que soy una idiota por estar mostrándome tan infantil, pero echo de menos los ataques posesivos de mi mujer.

Ella sonríe

-No lo puedo creer, Regina, que después de 15 años de matrimonio, y ahora que tengo 50 años, aún esperes de mí actitudes de una adolescente insegura- dice en un tono guasón –Confieso que no me di cuenta de que el camarero era suficientemente audaz para desear a la mujer más hermosa del mundo incluso en presencia de su esposa- continúa en el mismo tono, y bajo la mirada, intentando ocultar mi vergüenza por haber traído ese asunto tan bobo –Por otro lado, me asombra mucho que hayas notado las miradas lascivas del camarero hacia tu escote y no hayas hecho ningún comentario en el momento que pasó- vuelve a hablar, esta vez con una entonación más severa y con rostro serio -¿Debo imaginar que es por eso que te has despertado tan excitada? ¿Te ha gustado ser el objeto de deseo del atrevido camarero, eh?- prosigue, empujándome contra las sábanas de algodón con aroma de lavanda.

Cruzo mis piernas alrededor de sus muslos y paso los brazos que ella ha soltado, por su espalda, experimentando con los dedos los músculos tensos de los omoplatos.

-¿Y si tal vez me haya sentido un poco lisonjeada al saber que aún puedo despertar el interés de extraños?- vuelvo al juego de provocaciones, percibiendo que sus fosas nasales se dilatan, sus ojos se estrechan mostrándome una sonrisa maliciosa.

-¡Entonces, voy a tener que ser dura contigo!- subraya el adjetivo y me agarra por los muslos, besándome con pasión e intensidad, restregando su rígido miembro, aún cubierto por su prenda íntima, contra mi intimidad.

Cuando me doy cuenta, ya estoy descendiendo sobre su excitación, apretándola con las paredes de mi vagina, escuchándola gemir placenteramente en mi oído cada vez que su pelvis se movía hacia arriba, hundiéndose en mí sin tregua. Antes de desfallecerme de placer, ella vuelve a ponerse arriba y elevo la pelvis para recibir cada una de sus embestidas.

-¡Eres mía, Regina!- tira de mis cabellos, haciéndome abrir los ojos para mirarla

-¡Sí!- consigo murmurar, jadeante, sintiendo mis pechos apretados por los suyos.

-¡Eres solo mía!- repite con la voz embargada de placer

-¡Solo tuya, Emma!- concuerdo y clavo las uñas en su piel, cerrando los ojos e inclinando la cabeza en la almohada cuando, finalmente, Emma Swan Mills se vuelve, una vez más, mi señora.


Por la tarde, después de que el desayuno fuera sustituido por algo más caliente y el almuerzo acabara siendo aplazado, descendimos a la piscina y nos quedamos contemplando la puesta de sol.

Estamos sentadas en una tumbona blanca, que contrasta con el piso de madera de la bellísima casa donde nos hospedamos. Me encuentro totalmente anidada en los brazos de Emma, y el silencio que nos envuelve parece decir que ninguna de las dos tiene el valor de romper la magia del momento.

Cuando el espectáculo del sol termina y la luna ya comienza a mostrarse, mansamente, salgo de ese largo estupor al escuchar su voz, en un tono extremadamente suave, como el de alguien que teme molestar en una exhibición

-¿Será este nuestro final feliz?- dice y, acto seguido, me giro para mirarla, sin entender su comentario

Ella sonríe al darse cuenta de mi confusión y continúa

-¿Será este aquel momento en que en las historias de amor el autor dice que todos fueron felices para siempre y nada más necesita ser escrito para que los lectores entiendan que todo fue pleno y sin grandes conflictos de ese momento en adelante?

Suspiro y, después de pensar algunos segundos, respondo, ya sentada frente a ella.

-¡Espero que no!- y es mi turno para sonreír ante la expresión de espanto de Emma – Creo que nuestra historia de amor es de aquellas que merecen una continuación- viendo su semblante suavizarse, prosigo –No necesariamente con los mismos personajes. Pero, creo que nuestro amor es tan fuerte que puede inspirar a otras parejas, otros romances- hago una pausa, interrumpiendo mis devaneos –Quiero creer que este amor no acabará con nuestra materia, que vivirá por muchos y muchos años libre por ahí, buscando otras almas para perpetuarse, cuando ya nosotras no estemos aquí.

Cuando termino, Emma me observa con una mirada aún más apasionada y, en un ímpetu, me besa. En ese instante, me invade la fe de que todo esto no es solo imaginación y que la esencia de nuestro amor vivirá para siempre.

Looking out on the morning rain

I used to feel uninspired

And when I knew I had to face another day

Lord, it made me feel so tired

Before the day I met you, life was so unkind

But you were the key to my peace of mind

Cause you make me feel

You make me feel

You make me feel loke a natural woman

When my soul was in the lost-and-found

You came along to claim it

I didn't know just what was wrong with me

Till your kiss helped me name it

Now I'm no longer doubtful of what I'm living for

Cause if I make you happy I don't need no more

Oh, baby, what you've done to me

You make me feel so good inside

And I just want to be closet o you

You make me feel so alive

Cause you make me feel

You make me feel

You make me feel like a naural woman

FIN