Como siempre les recuerdo que nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la hermosa historia es de ericastwilight, yo solo traduzco.
No podia fallar mi fiel compañera y Beta, Erica Castelo que siempre me ayuda para dejar mis traducciones más lindas :D ¡Gracias por los jalones de orejas!
Capítulo Once – Compras
Por tres días, Edward había estado en su departamento y apenas habían intercambiado unas cuantas palabras desde la noche que él dijo que no podía darle más. La estaba tratando como a una prisionera y Bella tenía suficiente.
Se dirigió hacia la puerta antes de que él corriera hacia ella desde la sala. "¿Dónde crees que vas?"
"Afuera," siseó cuando él le arrebató las llaves de su mano. Vestida en, qué más, un abrigo rojo. Caía hasta sus rodillas mientras lo fulminaba con la mirada, dando golpecitos en el suelo con su pie.
"Eso no va a suceder."
"Es diecisiete de diciembre. ¡Todavía tengo compras qué hacer y me niego a quedarme aquí todo el día!"
Edward rodó los ojos. "Dame cinco minutos y te acompañaré."
"¿Vas a ir de compras conmigo?"
Charlie dejó muy claro que tenía que vigilarla, no mantenerla encerrada bajo llave. Era lo que Edward preferiría. La quería a salvo.
"Obviamente no puedo dejarte ir sola, así que sí."
"No lo entiendo. Es obvio que no van a entrar a robar a mi casa ahora que tenemos un nuevo sistema de alarma. ¿Por qué insistes en esto?"
Edward hizo una mueca. Estaba enojada con él y se lo merecía. Más de una vez, ella dijo que ser amigos era más que suficiente, pero de todos modos Edward no se abría.
"Hasta que los atrapen, vamos a tomar todas las precauciones, Bella."
"Mientras ellos andan en la calle, yo estoy encerrada en una jaula con mi guardián."
"Bella," él gimió al abrir la puerta para dirigirse a su departamento a cambiarse. "Estás siendo problemática."
"Lo dice el hombre que no puede quedarse en la misma habitación que yo cuando hago yoga," canturreó.
"Si te pusieras algo de ropa holgada, lo haría," refunfuñó, fulminándola con la mirada.
"¿Qué tiene eso de divertido?"
Él frunció sus labios y entrecerró sus ojos. De ninguna manera mordería ese cebo que obviamente le estaba ofreciendo.
"No te muevas. Volveré en seguida." Ella asintió y tomó una pose, con una exagerada sonrisa incluida y las manos extendidas a cada lado de su rostro, permaneciendo inmóvil mientras él pretendía reírse, "Ja, ja, ja."
Él dejó su puerta abierta, solo por si acaso y entró a su recámara. Era un desastre y estaba feliz de que Bella no haya pedido echar un vistazo. Cuatro años en el ejército le inculcaron orden y pulcritud, pero largas noches, vigilancias, y horas terribles de trabajo durante su tiempo en la fuerza, destruyó eso. Se quitó sus habituales pantalones de vestir para trabajar y se puso unos jeans oscuros. Hacía frío, así que añadió una camisa térmica gris y un suéter negro.
"Vámonos," dijo al salir al pasillo, poniéndose su chaqueta. Encontró a Bella en la misma pose, pero su boca estaba completamente abierta. "¿Qué pasa?"
"¡Jeans y un suéter negro! No juegas limpio," lloriqueó y arrastró sus pies para seguirlo.
Él no pudo evitar sentirse un poco engreído y sonreír.
"Tengo hambre," declaró Bella, caminando hacia la abarrotada zona de restaurantes. Edward gruñó de acuerdo.
"¿Cuántos regalos vas a comprar?" Preguntó. Ya habían pasado dos horas y la música ambiental de Navidad lo estaba volviendo loco. También, Bella lo estaba usando como mula de carga. Tendrían que pasar a dejarlos pronto o se desplomaría bajo su peso. Afortunadamente, Bella era eficiente. Sabía exactamente qué buscaba y dónde conseguirlo. Curioseó muy poco, determinada a solo comprar lo que necesitaba.
"Terminé con mis compras regulares," dijo ella, haciéndolo sentir esperanzado. "Pero ahora tengo que conseguir algo para la fiesta de Año Nuevo guion fiesta de bienvenida de Garrett y Kate."
"Joder, me olvidé de eso," refunfuñó. "También debería comprarles algo."
"Podemos colaborar juntos y comprarles el enfriador de vino que tienen en la lista," dijo ella emocionada.
"Eso enviaría el mensaje incorrecto."
Su sonrisa decayó y trató de cubrirlo tosiendo. "Sí, tienes razón. ¿En qué estoy pensando?" Se adelantó para meterse en la fila. El "idiota" que murmuró bajo su aliento fue escuchado fácilmente, pero él no estaba seguro si estaba dirigido a ella o a él.
Lo había estado sacando de quicio. Pasaba casi cada minuto del día con ella y era suficiente para hacerlo cuestionarse lo que había hecho días antes. Mientras mantenía su distancia, averiguó cosas sobre Bella.
La observaba siempre que podía y cuando ella estaba demasiado distraída.
Si estaba frustrada, trabajaba en su arte. Si estaba triste, veía una película de comedia o comedia de situación. Odiaba la televisión de realidad ya que se estaba convirtiendo en algo más "actuado" con cada nueva temporada de un show. Su amor por las películas de acción era épico. Algo con lo que creció al estar rodeada por hermanos y su colección de ellas, en comparación a la suya, lo dejó completamente atónito. Su gusto en música era tan ecléctico como lo eran sus muebles y ropa.
Era dueña de veintisiete abrigos rojos, uno por cada día desde el viernes negro hasta Navidad. Su familia o amigos le daban dos abrigos por año y ella donaba dos de sus abrigos rojos a su evento anual favorito del abrigo cada año.
Era aficionada a lo dulce, pero le encantaba su pan tostado simple. Sus ojos se ponían llorosos con ciertos comerciales y se reía cada vez que el de la compañía de teléfonos móviles con los niños aparecía. El fútbol era un deporte que le gustaba ver, pero no podía arrojar una bola para salvar su vida. Tenía un bestial gancho izquierdo, como parte de sus lecciones de defensa personal de su sobreprotectora familia. Verla golpear el saco en una esquina de su estudio/gimnasio era una tortura.
Ella era perfecta para él, aunque lo negaba hora tras hora.
Casi veinte minutos después, se sentaron uno frente al otro. Comieron en silencio, pero finalmente Edward no pudo soportar el silencio por más tiempo. Tenía preguntas y la única forma en la que podría conseguir respuestas era preguntando.
"¿Por qué los abrigos rojos?"
Ella sonrió alrededor de su cuchara, con sus ojos iluminándose. Él no la había visto así por algún tiempo, a menos que estuviera enojada con él. Esa sonrisa cayó después de un momento y ella apartó la mirada. Casi pareció como si no quisiera compartir.
Por qué debería, como si tú fueras un libro abierto.
"Conocí a un chico cuando estaba enferma," susurró, mirándolo de nuevo a los ojos. Su corazón dolió al ver la tristeza que acalló su voz y puso sus ojos vidriosos. "Tenía catorce años, él tenía dieciséis. Él fue mi primer amor."
Una lágrima se formó y cayó por su mejilla. Edward quería detenerla y decirle que no tenía que contarle.
"Yo estaba sumida en la oscuridad cuando nos conocimos. Mi cabello casi había desaparecido. Mi mamá nos abandonó, me abandonó. No pudo con mi enfermedad y nos dejó." Se detuvo el tiempo suficiente para tomar un trago de su té y una respiración profunda. "Me culpé por el final del matrimonio de mis padres y todo el tiempo tenía pesadillas sobre morir. Alejé a todos. Un día Peter entró para presentarse conmigo. Lo alejé con más fuerzas."
Edward pasó el nudo en su garganta. Deseaba desesperadamente capturar cada lágrima con sus labios y sus pulgares. Apartarlas y susurrarle palabras de confort. Simplemente no era posible.
"Él seguía volviendo. Era extrovertido, con una gran personalidad aun cuando sus expectativas de vida era menos del dos por ciento. Me ayudó con lo peor de mis tratamientos y siempre me trató como… como a una princesa. Una vez le pregunté por qué se esforzó tanto al principio conmigo. Dijo que yo tenía una chispa, que solo necesitaba un poco de ayuda en dejar que iluminara mi camino. Explicaba el apodo que me dio cuando me conoció."
Edward no pudo evitar sonreír un poco. "¿Chispa?" ¿Cuántas veces él había pensado lo mismo sobre sus ojos?"
"Sí. Con el tiempo, empeoré y también lo hizo él. Hubo días, semanas en las que no pudimos vernos." Frotó su pecho y Edward se arrepintió por preguntar en un lugar tan público. A Bella no parecía importarle y continuó. "Me sentía un poco mejor y pregunté por él. Me dijeron que estaba confinado en cama y no podía verme. No me importó. Una noche escapé de mi habitación y subí a la cama con él. Me abrazó, me dijo que me amaba, y que iba a pedirle un favor al gran hombre de allá arriba."
Tomó otro sorbo y deslizó una foto de su bolso para que la viera. Edward la sostuvo con dedos gentiles, los bordes arrugados y desgastados. Era de ella, sus hermosos ojos eran inconfundibles. Dolía como el infierno verla tan pequeña y frágil. Junto a ella estaba un muchacho de ojos azules que solo tenía ojos para ella. Mientras ella veía a la cámara, con una amplia sonrisa, él la veía solo a ella.
"La mañana siguiente, en víspera de Navidad, empeoré y me mantuvieron aislada. No recuerdo mucho, pero unos días después, desperté y descubrí que tuve una cirugía la tarde del Día de Navidad. Se suponía que era alguna clase de milagro, alguien donó inesperadamente. Pregunté por Peter, pero él había muerto la mañana de Navidad. Unos días después, su madre me visitó mientras todavía estaba en el hospital. Él me dejó una carta que ella le ayudó a escribir, un poema, y mi primer abrigo rojo."
Ella se echó a reír. "¿Puedes adivinar lo que decía?" Edward sacudió su cabeza. "Toda chispa necesita un poco de rojo en su vida."
Él se rio entre dientes. "Zalamero."
"Sí," susurró. "También dijo, que quería que sobresaliera en la multitud para que él pudiera cuidarme y siempre saber dónde estoy." Por la mirada en sus ojos, él sabía que ella también lo creía.
"Te amaba."
Bella asintió, apretando su mano en respuesta. "Come. Tenemos que hacer una parada más para el regalo de Kate y Garret antes de regresar."
Él agarró su mano y la apretó. "Gracias por contarme."
Sus ojos se enternecieron y aun así, no preguntó nada a cambio. Él esperaba que lo hiciera después de compartir algo tan personal e importante. Era demasiado buena para él y empezó a creer que no le importaba. Aun así la quería.
*Sniff* ¿A quién le hubiese gustado conocer a Peter? *Levanta la mano* Que triste que haya muerto, pero al menos le dejo a ella una motivación para luchar, para vivir y disfrutar de su vida. Así que esa es la razón tras los abrigos rojos, es en honor a Peter. Y aunque se resista, creo que nuestro Grinch ya la tiene muy metida en su corazón como para volver a retroceder, ¿no creen? Así que no se desesperen, que les aseguro que ya viene su redención ;) De modo que usen el cuadrito de abajo, díganme qué les pareció, qué fue lo que más les gustó, y espero que pronto podamos ver si el Grinch logra redimirse.
Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: eliananayara, Clau- Cayita, aliceforever85, saraipineda44, Cathaysa, bbluelilas, Nayely, ztrella znxez, Ali-Lu Kuran Hale, Cary, injoa, somas, Bells Lopez, PRISOL, Danny CullenMa, MilhLlop2, Maribel, Noelia, merryxmas, YessyVL13, Leah De Call, Kabum, Pam Malfoy Black, nnuma76, lagie, ariyasy, krisr0405, Jade HSos, Florr, alejacipagauta, Techu, andyG, freedom2604, Alejandra Navas, glow0718, Liz Vidal, Sully YM, LalhizGarcia, EmmaBe, patymdn, ELIZBETH, Pili, Gabriela Cullen, Manligre, Melina, myaenriquez02, Srher Evans, erizo ikki, Maria Swan de Cullen, OnlyRobPatti, alejandra1987, Ericastelo, lizdayanna, rosy canul, Adriu, tulgarita, rjnavajas, Shikara65, DenniChavez, Mafer, villachica, Klara Anastacia Cullen, Yoliki, y algunos anónimos. Nos leemos en el siguiente ;)
