Como siempre les recuerdo que nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la hermosa historia es de ericastwilight, yo solo traduzco.

No podia fallar mi fiel compañera y Beta, Erica Castelo que siempre me ayuda para dejar mis traducciones más lindas :D ¡Gracias por los jalones de orejas!


Capítulo Diecisiete – Una pareja perfecta

Después de unos minutos de besar y degustar su deliciosa boca, Edward se apartó lo suficiente para respirar. "Por mucho que esté disfrutando de esto—" Siseó incluso cuando la acercó más.

"Puedo sentir eso," susurró ella. Su boca estaba en su cuello, lo que no dejaba mucho espacio para realmente pensar. Al menos no con la parte que debería hacerlo. Él aclaró su garganta, pero se convirtió en un gruñido cuando ella probó la orilla de su mandíbula con sus dientes.

"Regalos," soltó su último pensamiento coherente. El suspiro de ella fue suave y tentó su piel húmeda, que fue seguido por un "aguafiestas" en un balbuceo bajo su aliento. Enterrando su rostro donde el cuello de ella encontraba su hombro, él se echó a reír.

"Tienes suerte de que me gusten los regalos," dijo ella, mirándolo con una sonrisa torcida.

"Es bueno saberlo."

Con ella todavía sentada en su regazo, alcanzó el primero de sus regalos. Los nervios lo golpearon con fuerza cuando ella empezó a romper el papel, lo suficiente para que él la detuviera con su mano.

"Este no es exactamente de mi parte," le dijo.

La pregunta estaba en sus ojos, pero él quitó su mano de manera que ella pudiera terminar de abrirlo. Jadeó cuando quitó el papel blanco.

"Oh Dios mío," chilló, sacando el abrigo rojo. "Es el abrigo que me dio Peter." Las lágrimas de inmediato empezaron a formarse en sus hermosos ojos. "¿Cómo?" Preguntó, abrazándolo a ella. Caía arriba de sus rodillas por unos cuantos centímetros, y tenía unas cuantas orillas deshilachadas por el mucho uso. Era un abrigo muy querido.

"Ellos están aceptando convenios declaratorios, Bella. No hay necesidad de un juicio, así que cuando dijiste que lo tenías en una caja, decidí asegurarme de algo. Ellos pensaron que era otro regalo," respondió, limpiando las lágrimas. "No lo habían destruido."

Ella asintió y acarició su cuello con su nariz por un momento. "Por supuesto, no lo he usado en años, así que lo empaqué en la caja hace algún tiempo."

"Se ve que podría quedarte," dijo él, encogiéndose de hombros. Era cierto, pero él no sabía una mierda sobre ese tipo de cosas.

"Nop, los senos me crecieron en mi último año en el instituto, por lo que no me cierra," dijo y se echó a reír cuando él balbuceó mientras miraba a su pecho. "Gracias." Le dio otro beso intenso lleno de mucho más que gratitud.

"Cuando quieras, ángel," susurró él y besó su sien. "Abre el otro."

Ella hizo lo que le pidió, dándole una sonrisa. Al abrirlo, comenzó a rebotar alegremente en sus muslos. "¡Es mi primer abrigo rojo nuevo!" Se puso de pie, sacando la prenda y danzando con ella. "Es hermoso y perfecto." Tocó uno de los volantes a lo largo de las solapas y sonrió. "Me encanta. Gracias." Lo volvió a dejar caer en la caja y subió nuevamente a su regazo, con sus manos sobre sus hombros.

"Tengo que decir que no es fácil encontrar un abrigo rojo de tu talla con la Navidad a la vuelta de la esquina."

"Me temía eso," dijo ella pensativa. "Mi familia por lo general me compra dos cada año. Con este, el que traía puesto durante el robo, y mis regalos de Navidad, son cuatro abrigos."

"Ese es un buen comienzo," dijo él, observándola mientras ella miraba a su pecho, jugando con uno de sus botones. "¿Qué pasa?"

"¿Te asustaste en la mañana?"

Él suspiró, porque sabía que no podía ocultarle la verdad. "Como por unos tres segundos."

Ella le arqueó una ceja y cruzó los brazos sobre su pecho, un movimiento protector que la había visto hacer más de una vez.

"De acuerdo, al menos un minuto.

"¿Por qué?"

"No he compartido mi vida con nadie fuera del trabajo en mucho tiempo, Bella." Curveó su mano sobre la parte de atrás de su cuello, acariciando para tranquilizarla y tal vez a él también. "Desperté esta mañana y esperaba que fuera la primera de muchas."

"Luego te asustaste."

Asintió. "Desde Maggie, todo lo que he tenido son encuentros sin sentido y después de un tiempo esos se sentían incluso más vacíos que mi cama por las noches. También dejé de hacer eso. Con el ejército, luego el trabajo y mis recientes transferencias y mudanzas, no lo necesité." Ella apretó su mano cuando él cerró sus ojos y no dijo nada por varios segundos. "Voy a joderla."

"Eres hombre," dijo ella, sonriendo un poco. "Yo también lo haré."

"Lo dudo," dijo él.

Bella se encogió de hombros. "Me enojo rápido."

"No puedes guardar rencor para nada, ángel."

"Exactamente," dijo con los dientes apretados y él comprendió que hablaba en serio. "Y la gente se aprovecha de eso."

Él la acercó para un beso rápido. "Ella no te merece."

Ella acarició su mandíbula con su mano y rascó un poco su barba. "Me gusta que sepas exactamente de quién estoy hablando."

"De tu madre, la única de la que has hablado mal después de todo lo que te ha hecho. Incluso entonces, no ha sido mucho."

"Ves, demasiado amable."

"Qué terrible," murmuró él, besándola otra vez. "Aunque, hablo en serio. Entre mis cambios de humor, mis largas horas de trabajo, habrá momentos donde mi trabajo venga a casa conmigo. Esos días voy a ser un pendejo."

Ella asintió. "He pasado cuatro días sin bañarme mientras trabajo sin parar en un proyecto para entregarlo a tiempo. Si estoy en la zona y tenemos una cita, hay una gran posibilidad de que llegue tarde o no me presente en lo absoluto."

"Soy un cerdo."

Ella bufó, "Una fanática de la limpieza."

"Soy el señor Grinch."

"Soy la señorita Navidad."

"Odio las ensaladas."

Ella frunció el ceño. "¡Mi ensalada de nueces y arándanos es la bomba!"

"Una pareja perfecta," dijo él, sacudiendo su cabeza y riéndose entre dientes.

Ella sonrió y asintió. "¡Aleluya!"

No dijeron nada por un rato, solo abrazándose. La mano de él palmeó suavemente su trasero, apretándolo. "No que me moleste tenerte en mi regazo, pero tenemos que ir a algún lado."

Ella sonrió y rozó su mandíbula con sus labios. "Como que me gusta donde estoy ahora."

Él murmuró y permitió que su cabeza cayera hacia atrás contra el sofá para darle más acceso. "Oh joder," gimió cuando ella raspó con sus dientes sobre su cuello. "Tenemos un poco de tiempo."

"Bien." Giró sus caderas y él tuvo que agarrarlas para evitar que se moviera. No se había corrido en sus pantalones desde que era un adolescente. Había pasado demasiado tiempo. El gemido de ella hizo eco en su oído, y su cabeza en su hombro un segundo después. "¿Te parezco virtuosa o algo así?" Él quería preguntarle, pero no había tiempo para esa conversación.

"No te llamo ángel por nada." Ella lo mordió, haciéndolo chillar. "De verdad tenemos que irnos—"

"Claro, claro."

"Deja de interrumpirme," dijo él con un gemido. "Vas a tenerme a raya."

"Te preferiría sobre tu espalda," dijo en broma y giró sus caderas para mostrarle de lo que hablaba.

Con eso, él la agarró y la sentó en el sofá sobre el cojín junto a él. "Malvada mujer," dijo, poniéndose de pie. "Ve a vestirte. Todos nos están esperando."

"¿Todos?" Preguntó, viéndose confundida.

Al verlo asentir, ella se puso de pie y se acercó danzando para besar su mejilla. "¿Por qué no lo dijiste?"

Edward la vio correr a su habitación, con sus regalos en la mano y una sonrisa en su rostro. "No la jodas," se dijo a sí mismo.

Sacó su móvil para reportarse con Kate. Ella estaba organizando a los amigos y familia de Bella para que en la cena le dieran todos los abrigos rojos que hubiesen podido encontrar para que ella los tenga para usar lo que queda de diciembre, como era su tradición. Desde el último conteo de esta mañana, solo habían encontrado cuatro, incluyendo el de él.

No había estado bromeando cuando dijo que era difícil encontrar un abrigo rojo talla seis antes de Navidad. Peor, todos tenían que ser diferentes. La suerte estaba de su lado cuando de casualidad pasó por una tienda de ropa clásica y encontró el que le compró.

Esperaba que Kate y los otros también tuvieran algo de suerte.

"Edward," contestó Kate y por el tono de su voz, su suerte se había acabado.

Mierda.


Aquellas que dijeron que le compraría su primer abrigo rojo, ¡le atinaron! Hubo algunas que tenían esperanzas de que el abrigo original, el que le regaló Peter, hubiese sobrevivido, y sobrevivió. Hubo alguien por ahí que dijo que la reacción de Bella le pareció algo exagerada por ropa, tal vez, pero más que por la ropa, era por el significado de los abrigos, porque la mayoría eran regalos y los necesitaba para cumplir con su tradición navideña en honor a los dos hombres que la salvaron. Lo bueno es que Edward ya reunió a sus amigos y familia para comprarle más. ¿Lo lograrán? Porque por lo que dijo Edward, no era una tarea fácil. Espero que hayan disfrutado del capítulo y esperaré ansiosa sus comentarios sobre él, ¿qué fue lo que más les gusto? ¿Creen que encuentren a tiempo los abrigos? Esperemos que sí. Ya falta poco para terminar, no olviden que ustedes marcan el ritmo de publicación.

Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: navi, ariyasy, Mariana, LicetSalvatore, Liz Vidal, Leah De Call, lizdayanna, freedom2604, Belen, glow0718, calvialexa, Yoliki, alo-star, JessMel, Josi, Gabriela Cullen, injoa, krisr0405, saraipineda44, andyG, PEYCI CULLEN, myaenriquez02, YessyVL13, Vanina Iliana, lagie, alejacipagauta, Mafer, Sully YM, alejandra1987, Nohespnz, kaja0507, Techu, rosy canul, Tata XOXO, ztrella znxez, Mary de cullen, Pili, Carla, Lady Grigori, MilhLlop2, Hanna D.L, Maria Swan de Cullen, villachica, Srher Evans, Klara Anastacia Cullen, DenniChavez, erizo ikki, Ericastelo, Clau-Cayita y algunos anónimos. Nos leemos en el siguiente ;)