Como siempre les recuerdo que nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la hermosa historia es de ericastwilight, yo solo traduzco.

No podia fallar mi fiel compañera y Beta, Erica Castelo que siempre me ayuda para dejar mis traducciones más lindas :D ¡Gracias por los jalones de orejas!


Capítulo 19 – ¿El señor Navidad?

Con chocolates calientes en mano, Edward y Bella pasaron por la tienda donde él le compró el nuevo abrigo, y ella alcanzó a ver algo en la vidriera.

"Todavía necesito esos pendientes para la fiesta," dijo ella, tirando de él hacia la puerta, que él abrió para ella.

"Mierda," siseó él, sacando su teléfono para enviarse un recordatorio para el siguiente día. "Necesito mandar mi traje a la tintorería."

"¿De qué color es?"

"Negro," dijo distraídamente, siguiéndola dentro. "¿Por qué?"

Ella se encogió de hombros, pero respondió, "Me ayuda a imaginarte en él en mi mente." Él le arqueó una ceja, porque esa no era respuesta suficiente para él. "Los hombres no monopolizan el mercado de las fantasías, Edward."

Él refunfuñó bajo su aliento, acomodándose velozmente. Su mente se fue directo a la alcantarilla al pensar en hacer de sus fantasías una realidad. Su risita lo hizo sonreír, así que no pudo permanecer molesto con ella.

"Hola, detective Cullen," el dependiente dijo por detrás del mostrador hacia el frente de la tienda. "Veo que su regalo triunfó." Bella le dio una sonrisa radiante al viejecito, dando un giro para mostrarle su nuevo abrigo.

"Lo fue, señor," dijo Edward, estrechando su mano, sorprendido de su fuerte agarre. Su cabello lacio y escaso estaba completamente blanco, y su sonrisa llegaba a sus inteligentes ojos azules.

"Aro, por favor," dijo, riendo cuando Bella se acercó dando saltitos para presentarse. "Tengo que admitir, nunca lo hubiese imaginado con alguien tan…"

"Animada," dijo Edward.

"Él quiso decir irritante," ella simuló susurrar. El viejecito le sonrió, la mirada en sus ojos enterneciéndose aún más.

"Hermosa," dijo Edward mientras trataba de mantener su expresión neutral.

"Oh, eso significa linda. Adorable," dijo ella con un suspiro. "¿Quién quiere ser linda con un galán como él a mi lado?" Arrojó sus manos al aire, exhalando bruscamente. "Necesito algo que diga, 'ven conmigo, bebé'." Sonrió, se dio la vuelta y se dirigió hacia el área de joyería de la tienda de segunda mano.

"Tal vez no sobreviva," murmuró Edward, haciendo reír al viejecito.

"Ella no se anda con rodeos, ¿verdad?" La observaron por unos minutos. De vez en cuando, le mostraba a Edward algo que le gustaba y pedía su opinión. "Si hubiera solo una palabra que la describiera, ¿cuál sería?"

Los labios de Edward se movieron despacio cuando una palabra vino a su mente. "Perfecta."

Mientras miraban alrededor un poco más, una joven a inicios de sus veinte entró, saludando amigablemente al dependiente. Estuvo callada mientras le echaba un vistazo a la sección de abrigos y suéteres. Por lo que Edward podía ver, el que llevaba puesto estaba raído y desgastado, y demasiado corto para el clima frío.

Bella desapareció dentro del vestidor, al haber encontrado algo que le gustó. Edward deambuló de vuelta a la caja registradora y siguió vigilando a la mujer.

"Ella entra todos los días, esperando tener lo suficiente para un abrigo," dijo Aro cuando Edward le preguntó por ella. "No me dejaría dárselo."

"¿Sin hogar?"

Aro sacudió su cabeza. "No, pero solía venir con un vándalo que se portaba horrible con ella. De pronto, desapareció y ahora a ella no le alcanza para nada."

"Probablemente le quitó su dinero o la dejó colgada con toda la renta."

Aro asintió. "Tiene un trabajo y paga sus cuentas, pero muy apenas."

Edward lo pensó por un momento y esperó que Bella no lo notara. Sacó su cartera y de ella un billete de cien dólares, deseando que hubiese llevado más. "Infórmele que tiene cien dólares para gastar, pero no hasta que nos vayamos."

Aro sonrió y le dio a Edward un bloc de notas y un lapicero. No quería tomar crédito, pero si la mujer era parecida a él, le gustaría saber por qué alguien le ayudaría. Escribió una nota rápida y se la pasó apresuradamente a Aro cuando Bella se acercó al mostrador con sus compras.

Si ella vio o escuchó algo, no lo demostró. Se fueron, tomados de la mano con una pequeña bolsa entre ellos. Afuera, frente a la puerta del restaurante ella finalmente dijo algo.

"Eres un buen hombre, Edward." Besó su mejilla antes de entrar.

"Por supuesto que lo notó," refunfuñó. Aplastó el miedo que empezó a invadirlo un poco antes y la siguió.


Bree se acercó a la caja registradora donde Aro esperaba con una sonrisa. Ella odiaba lo mucho que le recordaba a su abuelo. También lo amaba, ya que lo extrañaba demasiado. A los dieciocho años, ella huyó de él, siguiendo a su novio Carlos.

Tres años después, el muchacho que siguió estaba en rehabilitación y fuera de su vida para siempre. Ella trabajaba, pero cada centavo que ganaba lo usaba en la renta, servicios y comida. Una parte de ella quería llamar a casa, averiguar cómo le iba a su familia, y suplicar volver a casa.

Su orgullo la prevenía de hacer justo eso.

"¿Ningún abrigo, cariño?" Aro preguntó, como lo había hecho desde que la temperatura empezó a bajar.

"Tal vez la próxima semana," dijo ella en voz baja, dándole las dos blusas de cuello de tortuga que le ayudarían con el frío.

"Bueno, hoy es tu día de suerte," dijo él, dándole una nota y algo de dinero.

"¿Qué es esto?"

Él le explicó y con cada palabra, se empezaron a acumular las lágrimas en sus ojos. "¿Por qué haría él eso?"

"Lee la nota," le dijo Aro, guiñándole un ojo.

Ella la abrió y la leyó en voz alta. "Ya que encontré mi ángel en rojo, pensé que también te serviría uno. Mantente caliente y Felices Fiestas."

Bree había visto a la hermosa pareja y había escuchado sobre la señorita Navidad por un par de compañeros de trabajo en la cafetería. Ella era real y al parecer ahora había un señor Navidad.

"¿Puedo comprar un abrigo?"

"Creo que hasta un poco más," Aro dijo y señaló un letrero detrás de él. "Todo en la tienda está con un treinta por ciento de descuento."

Ella sonrió y corrió hacia el abrigo gris que había querido las últimas dos semanas. De regreso a la caja registradora, agarró una boina roja tejida y decidió que sería perfecta.

Treinta minutos después, se compró un poco de tarta en una cafetería al bajar la calle, con su nuevo abrigo y su boina puestos. Una dulce pareja que le recordó a sus padres, tomados de la mano en la cabina detrás de ella hablaban animadamente sobre todas las nuevas luces a unas cuadras de distancia. Ella también había notado las luces. Al pagar su orden, le pidió al camarero que sumara la cuenta de ellos a la suya, añadiendo una pequeña nota muy parecida a la de su ángel en rojo.

Se sentía bien cuando llegó a casa. Tanto que cogió el teléfono e hizo una llamada que debía haber hecho hace tres años.

Cuando escuchó a la familiar voz contestar, casi lloró. "Mamá."


Bella observaba en silencio desde donde estaba sentada a la mesa con su familia, mientras Edward se paseaba cerca con el teléfono.

"No te lo tomes personal, Bella," Kate dijo en voz baja. "Así es como por lo general se comporta siempre que logramos que salga con nosotros."

"¿Cuántos eran cuando salían?" Preguntó ella, mordiendo la uña de su pulgar.

"Unos tres o cuatro, de la estación," respondió Kate.

Bella hizo una mueca y miró alrededor de la mesa. Todos habían venido a verla, y probablemente a conocer a Edward. El primer hombre que les presentaba en años. Eran veinte de ellos los que estaban ahí para la cena, incluyendo a algunos de los compañeros detectives de Edward y Garrett.

Tenía que sentirse fuera de lugar.

Bella vio cuando Edward se acercó a Charlie y le preguntó algo, solo para regresar al teléfono.

"Ustedes son unos pendejos," Edward dijo con los dientes apretados, fulminando a Garrett con la mirada unos minutos después.

Garrett trató de verse inocente, pero falló totalmente. "¿Qué fue lo que hice?"

Edward entrecerró sus ojos y se saltó una vena de su frente. Bella deseó secretamente que su libido se calmara. "¿Quieres explicar esto?" Levantó su teléfono que mostraba la reproducción de un video.

Uno que ella reconoció en seguida. "¡Subiste mi caída!" Gritó, dando un manotazo al brazo de Garrett. Se puso de pie y se unió a Edward. "Esa mierda es muy vergonzosa."

"Deberías ver la reacción de Edward," dijo Garrett, sonriendo como un loco.

Ella agarró el teléfono de Edward. "Oh, déjame ver."

Edward fue rápido en arrebatárselo. "¡No! ¡No lo verás!"

Jacob le dio su iPad, algo sin lo que nunca dejaba su casa ya que por lo general ayudaba a calmar a su hijo de tres años, Paul. Bella le sonrió a Edward y él gimió cuando el video empezó a reproducirse. El video que había estado publicado desde que Garrett tomó el video de seguridad para buscar a los ladrones.

Ya tenía uno punto cinco millones de reproducciones y anuncios.

"Esto explica porque mi capitán lo sabía," Edward refunfuñó. "Y por qué todos en el trabajo siguen haciéndome caras cuando me ven." No explicó más cuando ella le arqueó una ceja en interrogación.

Ella vio la espectacular caída que había iniciado con la pregunta fuera de lugar de Edward, "¿Crees que soy sexy?"

La reacción de Edward fue lo que llamó su atención. Tiró de su cabello por unos segundos y sus manos agarraron cada lado de su rostro en horror, tipo Solo en casa/El grito. Fue cuando ella cayó de rodillas y empezó a llorar que toda su actitud cambió. Su guapo rostro se enterneció, y dos veces trató de alcanzarla pero se detuvo. Sus manos se cerraron en puños a sus costados, como si estuviera guerreando consigo mismo.

Varios segundos después que ella empezó a reír en el video, Bella vio los indicios de una sonrisa en su rostro.

Antes de dirigirse a Edward, ella miró a Garrett. Él se encogió de hombros y se movió nervioso cuando lo fulminó con la mirada. Sus hermanos y su padre no eran los únicos interrogadores en la familia.

"Qué puedo decir, es un jodido clásico," comenzó a decir, pero se detuvo cuando los ojos de ella se estrecharon. "¿Tenía que compartirse con el mundo?" Intentó otra vez.

"El dinero que está generando," dijo ella en voz baja, esperando algún tipo de explicación. Sabía cómo funcionaba eso, un poco al menos.

"Va a una cuenta de tu caridad favorita," dijo Kate. "Ayudé a organizar eso."

"Bueno, entonces, estás perdonado," dijo ella, sonriendo. Jacob tomó de nuevo su iPad y volvió a reproducir el video para los otros en la mesa, riéndose todo el tiempo de Seth y Edward.

"No voy a perdonarlo tan fácilmente," refunfuñó Edward, rascando su frente con su dedo medio. Garrett respondió con un bien maniobrado doble dedo medio detrás de su espalda al tomar asiento.

"¿Cuántos años tienen, doce?" Ella bromeó, riéndose cuando las orejas de Garrett se tornaron rojas. Ella tiró del brazo de Edward y lo acercó a la mesa. "¿Estás bien?" Le preguntó, colocando su mano sobre su muslo. Su mano descansó sobre la suya, apretándola.

"Pensé que estarías más molesta," dijo él.

Algo en su voz encendió las alarmas en su cabeza. Desde que dejaron la tienda más temprano, había estado más callado e incluso un poco taciturno. Su comportamiento típico de antes cuando se quedaba con ella. Nunca esperó que cambiara de la noche a la mañana, y tenía intenciones de presentarle a su familia poco a poco.

Sin embargo, él fue el que pidió todo esto. Aparentemente, no estaba listo, pero lo estaba intentando por ella.

"Ya antes he tenido caídas como esa," dijo ella, cogiendo el menú. "He sido torpe toda mi vida y aprendí a aceptarlo." Él no dijo nada. "No te gustó equivocarte sobre mi reacción."

Su respuesta fue otro apretón a su mano sobre él.

Ella se inclinó un poco más cerca, con intenciones de susurrarle. Él automáticamente se inclinó para hacerse asequible y ella sonrió.

"Sabías que las luces me harían feliz," le susurró, envolviendo su brazo en el respaldo de su silla. "Sabías que mi viejo abrigo era importante para mí, y sabías que me encantaría este nuevo abrigo rojo."

Los hombros de él se relajaron ligeramente con sus palabras. "Todavía nos estamos conociendo," dijo él, inclinándose hacia ella lo suficiente como para que su sien presionara contra su cabeza. "Quiero saber todo."

"Si te quedas conmigo el tiempo suficiente, lo sabrás."

Él sonrió y juntos le echaron un vistazo al menú. Discutieron sobre qué ordenar, optando por pedir dos cosas diferentes para poder compartir. Mientras ella hablaba con sus seres queridos, Edward observaba en silencio y escuchaba. Pocas veces habló, pero a menudo compartió una sonrisa o una mirada secreta con ella.

"Es el momento de los regalos," Kate interrumpió cuando los tenedores rechinaban sobre los platos llenos con ricos postres.

"¿Regalos?" Bella preguntó. "Nadie me dijo que ya íbamos a dar los regalos."

"Eso fue porque todos son para ti, ángel," murmuró Edward.

Edward vio cuando se dio cuenta que esto no solo era una cena para conocer a su familia. Era para ella.

Se retorció nerviosa bajo la atención de todos, sonriendo con timidez. "No tenían que hacer eso."

"Quisimos hacerlo," dijo Jacob, dándole la primera caja. Ella la abrió alegremente y chilló cuando sacó otro abrigo nuevo.

Su padre y su esposa Sue fueron los siguientes, con una hermosa chaqueta de cuero roja. Kate y Garrett le ofrecieron otra, una versión más sport que le encantó. Abrió otros tantos.

"Tratamos de encontrar suficientes abrigos para completar tu colección de veintisiete abrigos rojos," dijo Kate en voz baja, sacudiendo su cabeza. "Pero con la Navidad a la vuelta de la esquina, y siendo un color tan popular durante la temporada, no fue posible conseguirte todos."

"Corrimos la voz," dijo Leah, haciendo un gesto hacia el iPad de Jacob en las manos del pequeño Paul. "Puse algo en los comentarios del video y las redes sociales."

Con lágrimas en sus ojos, se dirigió a todos. "Significa mucho para mí que no se rían de mi tradición." Hubo un coro de "nunca" en toda la mesa. "Mis abrigos significan mucho para mí, todos ustedes lo saben. Así que, si no los consigo todos en este año o en el siguiente, al final eso es todo lo que importa. No voy a permitir que lo que sucedió me desaliente."

Casi una hora más tarde, todos estaban en la entrada del restaurante, despidiéndose. "Vas a acompañarnos en la cena de Navidad, ¿verdad, hijo?" Charlie le preguntó a Edward. "Bella prepara un pavo increíble."

Edward se encogió de hombros, inseguro. Ella no se lo había pedido y no quería darlo por sentado. Tenía unos cuantos días libres por las fiestas y después. Antes de que tuviera oportunidad de decir algo, su teléfono sonó, junto con el de Garrett. "Disculpe, señor." Compartió una mirada con Garrett que contestó el suyo mientras buscaba a Bella en la pequeña multitud.

"El deber llama," dijo Edward cuando finalmente llegó a ella. La puso a un lado y metió un mechón de cabello detrás de su oreja. "Lo siento."

"Entiendo," dijo ella, agarrando un poco los costados de su chaqueta. "¿Te veré mañana?"

Él le echó un vistazo a su reloj de pulsera y vio que se estaba haciendo tarde. "Sí, iré a verte con café."

"Yo voy a poner el azúcar." Sonrió descaradamente. Él se rio entre dientes y rozó sus labios con los de ella por un momento. "Noches, Edward."

"¿Qué pasó con el 'buenas'?"

Ella se encogió de hombros. "Solo son buenas cuando estás conmigo."

"Me gusta eso," dijo, besándola una vez más. "Y tú." Dicho eso, Garrett lo llevó a su coche después de asegurarse que Kate tuviera un aventón a casa.

Horas más tarde, ella escuchó su teléfono sonar con un mensaje entrante. Lo agarró y vio que era de Edward.

Te extraño.

Así de sencillo, pero decía mucho más. Ella escribió una respuesta que deseaba que estuviera con ella, y suspiró cuando él se metió en la cama con ella minutos más tarde. Olía a fresco por su ducha.

"Puedo acostumbrarme a esto," murmuró él, abrazándola a él y besando la parte de atrás de su cuello con ternura.

Soñolienta, ella respondió, "También me gustas."

Su suspiro de alivio fue palpable, la tensión en su cuerpo relajándose. "Duerme, ángel."

Ella murmuró y se acurrucó más cerca. "Buenas noches, Edward."

Edward suspiró una vez más cuando ella se quedó dormida, y susurró en la protección de la oscuridad, "No solo me gustas, Bella."


¡Tenemos a un señor Navidad! Algunas por ahí lo mencionaron y así fue. Él siempre ha sido un buen hombre, solo un poco perdido en su dolor, ahora Bella le alegrado un poco la vida y se está permitiendo mostrar un poco de esa felicidad y compartirla con otros. Qué lindo lo que sucedió con Bree, ¿no creen? ¿Qué sentirían si les hubiera sucedido a ustedes? ¿Harían lo mismo que ella y compartir también un poco de lo que tenía? Y la cena con la familia no fue tan mal, ¿pero será todo lo que veamos de los hermanos? Esperen y verán…ya estoy terminando el que sigue de este, así que si quieren leerlo pronto, ya saben qué hacer. Solo faltan dos capis, el epílogo y un futuretake, así que, usen el cuadrito de abajo ;)

Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: EmmaBe, LicetSalvatore, aliceforever85, Kabum, anytito, eliananayara, alimago, glow0718, Ericastelo, Ely Cullen M, rjnavajas, tulgarita, PRISOL, Shikara65, YessyVL13, Nayely, Ali-Lu Kuran Hale, rosy canul, patymdn, PEYCI CULLEN, Lady Grigori, nnuma76, JessMel, saraipineda44, andyG, Sky TwiCullen, Liz Vidal, Hanna D.L, Danny Cullen Ma, krisr0405, kaja0507, Manligrez, Gabriela Cullen, Noelia, Leah De Call, Alejandra Navas, somas, alejandra1987, ELIZABETH, Cary, Techu, alejacipagauta, angelabarmtz, Vanina Iliana, MilhLlop2, Tata XOXO, Mafer, Pam Malfoy Black, injoa, Sully YM, Melina, myaenriquez02, freedom2604, ztrella znxez, solecitopucheta, lizdayanna, Srher Evans, Pili, Maria Swan de Cullen, DenniChavez, calvialexa, lagie, Mary de cullen, Adriu, y algunos anónimos. Nos leemos en el siguiente ;)