Como siempre les recuerdo que nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la hermosa historia es de ericastwilight, yo solo traduzco.
No podia fallar mi fiel compañera y Beta, Erica Castelo que siempre me ayuda para dejar mis traducciones más lindas :D ¡Gracias por los jalones de orejas!
Capítulo Veinte – Inesperado
Un intenso agotamiento parece impedir que Edward se quede dormido con tanta facilidad como lo hizo Bella. Se permitió disfrutar de su calidez, su suavidad, incapaz de resistirse a otro beso en su hombro.
El mes había sido largo casi con trabajo constante. Los pocos días que tuvo que vigilar a Bella los sintió más relajantes, a pesar de la incómoda tensión entre ellos en ese entonces.
En el momento que salió del restaurante la noche anterior, quería regresar a su lado. Pasó demasiado tiempo a la deriva en su pena que no se había permitido buscar seguridad. De alguna forma Bella le había provisto una cuerda salvavidas. Era una sensación vivificante y aterradora desear tanto a alguien como él la deseaba a ella.
Edward y Garrett, junto con Alistair y Ben, pasaron un par de horas investigando el robo a una joyería que coincidía con otro caso del mes anterior. Cuando regresó a la estación, sus pensamientos se dirigieron hacia Bella y la cena familiar. Estaba considerablemente sorprendido de que nadie de su familia trató de intimidarlo.
Era lo que esperaba, pero su preocupación y sus pensamientos estaban solo en Bella.
Sin embargo, su alivio solo duró por un tiempo. En el momento que entró en la estación, varios hombres de gran tamaño estaban ahí para interrogarlo. Incluso tuvieron acceso a una sala de interrogación, sin duda gracias al capitán o a Garrett. Todos se amontonaron a un lado de la mesa, pero Edward había pasado tiempo en la guerra y se había sentado frente a asesinos. Lo manejó bien, y pasó casi una hora disparando respuestas a todas sus preguntas, y replicando con una suya.
"Si Bella supiera de esta reunión, ¿qué sucedería?"
Convenientemente, Emmett le había echado un vistazo a su teléfono y dijo que tenía que irse. Seth fue el segundo en irse fingiendo un dolor de cabeza y salió corriendo por la puerta. Jacob solo se encogió de hombros, le dio un puñetazo al brazo de Edward y le dijo, "Bienvenido a la familia."
Jasper respondió la pregunta de Edward. "Nos quitaría las tartas y las galletas como por un mes o más, todo mientras nos los restriega en la cara. Es así de malvada."
Edward lo vio fácilmente como una posibilidad, Bella danzando con una tarta en su mano, atormentándolos con aromas tentadores. Sería trágico no probar nada, aunque sería excelente ver el baile.
"Estamos bien aquí, ¿verdad?" Por un segundo el intimidante fiscal del que había escuchado se dejó ver en sus astutos y fríos ojos azules. Sin embargo, después de un momento, se suavizaron y se echó a reír. "Siempre y cuando ella sonría como lo ha estado haciendo," dijo Jasper al ponerse de pie, "No tendremos problemas."
"Pero ella siempre sonríe," dijo Edward, confundido. Ella era la señorita Navidad después de todo. Desde el momento que la vio ha tenido una sonrisa en su rostro. Era muy raro cuando no la tenía, solo en los breves momentos en los que ella se permitió llorar por los ladrones.
"No como esta noche."
Edward se dio cuenta que Jasper tenía razón. Hubo algo diferente en la sonrisa de Bella durante la cena. Parecía más brillante. ¿Era él la razón? No estaba seguro de cómo sentirse sobre eso.
Pasó otros cuarenta minutos revisando algo, ignorando unos cuantos silbidos de algunos otros detectives. Algo común en estos días, pero al menos sabía que era por el estúpido video.
Cuando llegó a su departamento, eran casi las dos de la mañana y sabía que Bella estaría dormida. Estaba decepcionado de perderse la oportunidad de verla una última vez antes de trabajar tres días seguidos. Después de una ducha, quería esa conexión que ansiaba con ella y contactó con un simple y honesto mensaje de texto.
Ella respondió con un deseo que él estuvo muy feliz de conceder.
Al yacer junto a ella, abrazándola, fueron sus respiraciones regulares y el ritmo de su corazón lo que finalmente lo arrullaron hasta quedarse dormido.
Edward no estaba seguro cuánto tiempo durmió, solo que algo caliente y suave lo despertó. Sus ojos se negaban a abrirse, todavía adormilado debido a larga noche. Pero, la calidez de Bella lo llamaba.
De alguna forma, durante las últimas horas ella encontró su camino encima de él. Cubriendo su cuerpo, su cabeza estaba en su pecho y roncaba suavemente.
Pensaría que era linda si no fuera por el hecho de que no tenía sujetador debajo de su camiseta y sus piernas estaban desnudas. Sexy era una descripción más adecuada. Las manos de él se deslizaron sobre el cálido algodón de su espalda y se sumergieron debajo de la orilla en busca de piel.
Ella se estremeció, pero siguió durmiendo. Para él, ella era pequeña, delicada. Una de sus manos con sus dedos extendidos casi abarcaba el ancho de su espalda. Con un toque como el de una pluma, sus palmas apenas rozaron sus costados, provocando un gemido.
"Mm… buenos días," susurró ella, sus propios dedos explorando su pecho. "Había estado esperando que despertaras, pero al parecer me quedé dormida de nuevo."
"¿Qué hora es?" Preguntó él. Su voz era baja y ronca por el sueño y excitación.
"Casi las once," respondió.
"¿Ya habías estado despierta?" Sus manos continuaron subiendo y bajando por su espalda.
"Tengo mucho que hacer antes de la gran cena del martes por la noche." Ella presionó sus labios en su manzana de Adán, su lengua pasando lentamente sobre ella. Su gemido fue profundo y en voz alta. "Tengo que hacer algunas compras." Raspó con sus dientes el punto de su pulso. "También hay algunas preparaciones pre-cena." Ella chupó y mordisqueó su cuello, sus muslos apretando a cada lado de sus caderas. "Sabes bien."
Incapaz de soportar mucho más, él la envolvió en sus brazos y se rodó. Ella chilló sorprendida y comenzó a reír. Sonriéndole a él, con su cabello extendido sobre la almohada y las sábanas, estaba hermosa.
"Olvidé por completo lo que estaba diciendo," dijo ella, sus caderas ondulándose bajo las de él. Antes de que pudiera decir otra palabra, sus labios estaban en los de ella. El sonido que se le escapó entonces fue un suave gemido, y él le respondió con uno propio. Ella sabía a menta por su pasta dental, café y un toque de vainilla. "Muy rico," murmuró ella como si leyera su mente.
Sus manos bajaron por la espalda de él, tirando de la camiseta que llevaba puesta por encima de su cabeza. Él se apartó lo suficiente para terminar de quitársela y arrojarla lejos. Él se sentó, sus manos sobre las caderas de ella, y vio cómo su pecho subía y bajaba con cada una de sus respiraciones.
"¿Qué demonios traes puesto?" Preguntó él, su ceño apretado por la confusión. Bella bufó y se sonrojó mientras él la estiraba lo suficiente para leer. "¿Quién necesita tetas grandes—"
"Rosalie me la compró cuando un ex seguía tratando de convencerme de hacerme una cirugía en las tetas," respondió ella, cubriendo su rostro con sus manos.
"¿Qué demonios?" Él le dio la vuelta, ganándose otro chillido sorpresa. Ella se lo tomó a risa al mismo tiempo que le sacudía el trasero mientras él leía el resto de las palabras en su espalda "Cuando tienes un trasero como ese." Lo escuchó medio reír, medio gemir, porque todavía estaba sacudiendo su trasero. "Tu ex era un idiota."
"¿Y eso es bueno para ti?" Dijo ella con cautela.
Sus manos grandes y callosas subieron por la parte trasera de sus muslos y agarró sus caderas. "Muy bueno para mí," dijo él, inclinándose lo suficiente para dejar un beso en la parte de atrás de su cuello. En su viaje de regreso hacia arriba, él la trajo consigo, pegando la espalda de ella contra su pecho. Sus manos retiraron lentamente su camiseta y rozaron cada centímetro sensible de sus costados, pausando para hacer un círculo en su ombligo y luego finalmente tomar sus senos. "Joder, tienes los pezones rosados más lindos." Ella gimió, tirando de la parte de atrás de su cabeza y girándose lo suficiente para besarlo. "¿Estás segura, ángel?" Preguntó, dejando un beso en su hombro.
No tuvo que explicarse, ella entendió lo que le estaba preguntando.
"Sé que esto es rápido… esto entre nosotros," dijo ella, jadeando entre cada respiración. Los dedos de él continuaron jugando, retorciendo, tirando y ella estaba perdida en sus caricias.
"Algunas veces, las mejores cosas llegan cuando menos las esperas," murmuró él, maniobrándola fácilmente para que quedara frente a él. Tomó su rostro entre sus manos y la miró a los ojos. "Y esas cosas… amor y relaciones que llegan tan repentinamente, pueden ser de las mejores. Tú eres lo mejor que podría ocurrirle a alguien como yo. No te lastimaré. Voy a enojarme, pero se me pasará. Voy a joderla y ruego porque tú me perdones. Solo quiero que sepas que haré lo que sea para hacerte feliz, ángel."
¡Ella no sabía qué decir en el peor momento que pudo haber elegido!
Con el corazón en su garganta, y su lengua demasiado estúpida para formar palabras, no había nada más que hacer que besarlo. Tacleándolo y forzándolo a quedar sobre su espalda, ella presionó sus labios a los suyos una vez más. Él se abrió a ella, y gimiendo rápidamente los volteó. Su risa y sonrisas hicieron difícil besarse y respirar, pero de alguna forma se las arreglaron.
Los pantalones de chándal de Edward desaparecieron, deshaciéndose de ellos tan rápidamente como con los pantalones cortos de ella. Las manos de él agarraron, tentaron, tocaron, y sostuvieron cada increíble centímetro de ella. Pronto su lengua siguió el mismo camino que sus manos. Su sabor era increíble. Tenía una cremosa piel blanca, rociada con pecas de canela, y se sonrojaba de un dulce rosado siempre que estaba caliente. Resbalosa entre sus piernas, los dedos de él la penetraron una y otra vez hasta que ella apretó las sábanas en sus manos, gritando su nombre.
Con el cabello desordenado, salvaje en torno a su bonito rostro, ella tiró de él para otro beso. Intercambiaron suaves palabras, asegurándose de que todo estuviera en orden para continuar.
Todo estaba perfecto cuando él empujó dentro de ella. Sus dedos entrelazados con los de ella, sujetando sus manos por encima de su cabeza. Sus cuerpos estaban resbaladizos, calientes y cerca. El calor se esparció por la sangre de él, por su piel, desesperado por moverse. Sus ojos permanecieron en los de ella, observando para asegurarse que no la hubiera lastimado. Había pasado demasiado tiempo para ambos. La respiración de ella se atoró en su garganta, pero la expresión de placer y la calidez se fusionaron en sus ojos.
"Bella," fue la única palabra que surgió en su cabeza en ese momento.
Cadera con cadera, pecho a pecho, mano en mano, se movieron juntos. Con fuerza y velocidad, suave y lento, probaron y degustaron hasta que ella gritó otra vez. Edward maldijo, deteniéndose el tiempo suficiente para sentirla ceñirse a su alrededor. Gimiendo en su siguiente respiración, mantuvo una mano agarrando la de ella, la otra levantó más su rodilla sobre la cadera de él.
Los ojos de ella rodaron dentro de su cabeza cuando él empujó más profundo, con más fuerza, y más veloz. Cualquier ritmo se perdió cuando el fuego se disparó por su espalda, encendiendo cada uno de sus nervios al correrse. Tenso un segundo, temblando al siguiente, él se derrumbó encima de ella segundos después. Estaba lo bastante consciente para rodarlos hasta que ella yacía una vez más sobre su pecho.
"Oh," ella jadeó unos minutos después.
"¿Oh?"
"Oh, como diciendo, espero que podamos hacer eso otra vez."
Él se rio entre dientes y apretó su trasero. "Dame algo de tiempo para recuperarme." Checando la hora, él tenía un par de horas antes de que definitivamente tuviera que trabajar. Garrett ya sabía que debía llamarlo si surgía algo importante.
Ella tarareó una cancioncita, y las puntas de sus dedos trazaron el tatuaje del ejército que él tenía en su bíceps. "Perdiste a dos en tu unidad," susurró. Por lo que Edward recordaba de la cena, Jacob y Emmett también habían estado en el ejército.
"Un año después de que perdiera a mi familia," dijo después de unos momentos de silencio. "Uno murió salvándome y al resto de la unidad, cubriendo un artefacto explosivo con su cuerpo. El otro fue cuando unos insurgentes trataron de impedir una entrega de comida."
Ella besó la tinta que marcaba los ocho años que sirvió a su país. Su boca se movió al que estaba en el lado izquierdo de su cuerpo. Los tatuajes que representaban a su familia, eran fechas. Cinco días diferentes: sus fechas de nacimiento y el día en que todos juntos murieron.
Él sintió sus lágrimas sobre su piel, cada una sanándolo de una forma que nunca pensó posible. "Gracias por compartir eso conmigo."
"¿Compartir?" Preguntó él, su voz gruesa por la emoción.
"El dolor, desearía poder hacerlo desaparecer. Sé que no puedo, pero tengo la esperanza de que pueda hacerte más fácil manejarlo."
"Cariño," le dijo, acercándola más para mirarla a los ojos. "No me gustaría agobiarte con mi dolor." Antes de que pudiera formar una respuesta, añadió, "Pero puedo entender por qué te gustaría compartirlo o hacerlo desaparecer. Sentí lo mismo cuando estabas sufriendo."
"Eso no se compara, pero tú lo hiciste más fácil."
Él la besó de nuevo, deseando esa dulce conexión con ella. Los besos se tornaron en gemidos y agarres desesperados. La anticipación sin aliento lo tenía sujetando sus caderas para guiarla sobre él. Quería verla montar.
Alguien empezó a golpear con fuerza la puerta. Ellos maldijeron y esperaron que se fueran. Pasaron segundos antes de que otra ronda de golpes y una voz amortiguada se filtraran a la recámara.
"Mierda," Edward gimió. "¿Estás esperando a alguien?" Preguntó él, poniéndose una camiseta y sus pantalones de chándal. Ella sacudió su cabeza, sosteniendo una sábana sobre su pecho, pero una parte de su seno todavía se asomaba. Los ojos de él se centraron en esa curva tentadora, su boca se hizo agua cuando recordó su dulce sabor.
Otro aporreo a la puerta lo tenía maldiciendo y caminando dando pisotones hacia la puerta. "¡No los mates, Edward!" Gritó ella. Él la escuchó tratando también de vestirse.
Se dio la vuelta y la miró desde el final del pasillo. "Quédate desnuda," ordenó, haciendo que dejara caer la sábana y los pantalones cortos en sus manos. Se quedó gloriosamente desnuda, haciéndolo querer matar a la persona detrás de la puerta. "Me voy a deshacer de quién sea." Ella le dio un saludo e incluso tomó una pose evocando a una sexy chica de póster.
Él sacudió la cabeza. "Joder, no voy a sobrevivir si de verdad trata de seducirme." Escuchó su risita detrás de él.
Él abrió la puerta sin revisar, lo que fue un error. Lo compensó en el segundo que vio quién era y le estrelló la puerta en la cara.
El pendejo aporreó la puerta otra vez.
"¿Quién es?" Bella preguntó.
"Garrett." Edward miró por la mirilla.
"¿Qué quiere?" Sus brazos se deslizaron alrededor de su cintura por detrás y por lo que podía sentir, seguía jodidamente desnuda.
"A juzgar por la enorme sonrisa en su puto rostro," dijo en voz alta. "Está aquí como aguafiestas."
"¿Para qué son los amigos?" Garrett gritó por detrás de la puerta.
Bella se echó a reír e hizo que Edward se diera la vuelta. "¿Quién dijo que te está aguando la fiesta?" Ella se dejó caer de rodillas, bajando los pantalones de chándal con ella.
La parte de atrás de la cabeza de Edward golpeó dos veces la puerta, maldiciendo cuando ella lo tomó en su boca. "¡Maldición!" Sus manos frotaron su rostro bruscamente, tirando de su cabello. ¿En qué fantasía despertó?
"¡Qué demonios!" Garrett le dio un puñetazo a la puerta en el momento cuando se dio cuenta qué estaba pasando detrás de ella. "Eres un cabrón con suerte, Edward. Espero que lo sepas." Edward solo consiguió gruñir en respuesta. "Volveré en una hora. Será mejor que estés listo porque todo el mundo vendrá y tenemos trabajo."
En el momento que escuchó que Garrett se fue, Edward se apartó de su perfecta boca y arrojó a Bella encima de su hombro. "Ya escuchaste al hombre. Solo tenemos cuarenta y cinco minutos máximo."
Ella apretó su trasero. "Podemos hacer mucho en esa cantidad de tiempo. Si nos duchamos juntos, incluso ahorraremos más tiempo." Una Bella mojada era malditamente atractiva para Edward. Hizo una corrección de curso y se dirigió hacia el baño.
"Me gusta la forma en que piensas, ángel."
"Después de todo, ¿todavía piensas que soy un ángel?"
Él se rio entre dientes, dándole una nalgada. "Tomará algo de convencimiento probar lo contrario."
"Oh, eso suena como un reto."
Y colorín, colorado…no es cierto, no es cierto. Todavía falta el epílogo y un futuretake. Pero es obvio que estos dos tórtolos encontraron su felices para siempre. Y con amigos como ese jejejeje, ese Garrett, por poco y muere a manos de nuestro Grinch, menos mal que Bella no desperdicia el tiempo. ¿Y qué les pareció ese interrogatorio con los hermanos? Lo bueno es que Edward ya aprendió cómo manejarlos, con solo amenazar con decirle a Bella es suficiente jajajaja por el miedo de no comer tarta y galletas. Espero que hayan disfrutado del capítulo y espero ansiosa sus reviews para que me digan qué les pareció el capítulo, qué les gusto más para poder leer pronto el epílogo.
Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Kabum, Cathaysa, LOQUIBELL, Laliscg, Cla-Cayita, MilhLlop2, Ericastelo, Lectora de fics, Klara Anastacia Cullen, Srher Evans, Adriu, rjnavajas, tulgarita, PRISOL, bbluelilas, YessyVL13, andyG, Ali-Lu Kuran Hale, Gabriela Cullen, Lady Grigori, Maria Swan de Cullen, saraipineda44, rosy canul, freedom2604, Liz Vidal, JessMel, myaenriquez02, Nohespnz, Leah De Call, Nayely, Maribel, EmmaBe, Techu, kaja0507, Yoliki, krisr0405, solecitopucheta (Me alegra que esto alegre un poquito tu día :) Sinceramente, espero que todo salga bien *un abrazo para ti* ), lagie, Little Whitiee, ariyasy, Pam Malfoy Black, ztrella znxez, Sky TwiCullen, Sully YM, injoa, nnuma76, alo-star, Mary de cullen, Tata XOXO, lizdayanna, DenniChavez, angelabarmtz, Melina, Pili, Ely Cullen M, patymdn, somas, Hanna D.L, dushakis, glow0718, Mafer, Noelia, aliceforever85, y algunos anónimos. Nos leemos en el siguiente ;)
