Capítulo 10: El aspecto de Jacob. Los regalos.
(Voz de Alex)
Era muy temprano cuando me llamaron de Volterra. Fue algo breve; '¿qué tal todo?', 'todo bien', '¿cuándo vuelves?', 'aún tengo asuntos pendientes', 'te necesitamos para echar unas firmas'... Burocracia, salvo Heidi el resto de la antigua guardia personal de los Vulturis me habían aceptado porque había ganado. Demetri y Felix me hablaban, me hacían la pelota, me obedecían... pero solo por respeto.
Antes de colgar me habían pedido que regresase porque ya tenía trabajo acumulado.
"Mamá." Me llamó Sari al segundo de colgar. "¿Quién era?"
"Volterra, que cuando voy." Afirmé. "Llevamos ya unos días de retraso."
"¿Vas a volver a irte?" Me dijo con un poco de decepción.
"Serán solo unos días." Le dije. "No puedo dejaros aquí, no así."
"Nosotros podemos cuidarnos bien." Me dijo. "Aquí cuidamos todos de todos y..."
"Y tu padre está hecho polvo." Afirmé sonriendo tristemente. "Ha recuperado un poco, pero sigue siendo solo una sombra de lo que fue."
"Es porque no puede trasformarse..." Me preguntó.
"Sí." Afirmé. "Me preocupa, para qué engañarnos. No es normal, al menos no en él."
"No debería meterme pero..." Dijo Sari en voz muy baja y mordiéndose el labio inferior con duda. "Papá se deprimió mucho cuando tú te fuiste, pensó que nos habías abandonado, y como no dijiste a dónde ibas ni dejaste a los que lo adivinamos el decírselo..."
"No podía seguirme." Afirmé. "No hubiese sido seguro para él."
"Pero ahora tú eres la jefa." Me dijo. "Podrías cambiar las cosas para que papá pudiera..."
"Sarí, tienes que aprender que hay ciertas normas que no deben ser cambiadas." Le dije con un tono de derrota. "Por supuesto que podría permitir la entrada de licántropos a Volterra, pero... Volterra ha sido siempre una ciudad para los vampiros, el hogar de los Vulturis, un sitio temido por todos y como tal debe permanecer. Claro que podría permitir la entrada, pero es mejor no hacerlo. Ahora sé que no cobrará sentido, pero... algún día lo entenderás, necesitas madurar la idea, pensar y algún día le encontrarás el sentido." Afirmé sonriendo. "Eres una chica muy lista."
"Y los gemelos también." Me dijo. "Te los llevaste a ellos y a mí... me dejaste atrás."
"¿Qué otra cosa podía hacer?" Le dije. "Jacky y Eddy habían nacidos como vampiros casi puros, se han alimentado de sangre desde el mísmo nacimiento, se comieron la placenta-huevo en la que venían... tenía que separarles del resto de mortales para evitar accidentes, ellos lo saben. Tienen ya un entrenamiento, saben controlarse, conviven entre humanos sin llamar la atención salvo cuando se emocionan y cazan aves al vuelo..."
"Que envidia, cazar aves al vuelo..." Me dijo.
"Por cierto ¿os habéis pasado a buscar el paquete que os dije?" Le pregunté.
"No." Me dijo.
"No hay problema." Afirmé. "Si no os habéis pasado apuesto a que hoy os la traen de correos, si no me equivoco hoy es el día que traen el correo desde Forks."
"No se te olvida un detalle." Me dijo sonriendo.
"Ay, hija... nosotras dos debemos recordar todo, detalle a detalle." Afirmé suspirando divertida. "¿Qué sería del mundo sin nosotras?"
Ella se rió y yo sonreí divertida, mi forma de reír. Estuvimos así un buen rato, vacilando y bromeando en el porche donde yo salía siempre a atender mis llamadas fuera de casa.
Y allí seguimos hasta que llegaron Seth con los dos escuderos de Jacob: Quil y Embry.
"¿De risas?" Nos preguntó Quil mientras Seth le daba un beso de saludo a Sari.
"Contarnos el chiste y así nos reímos todos." Me pidió Embry."
"Nada." Les dije sonriendo. "Cosas de chupasangres." Añadí con ironía.
"Muy graciosa." Me dijeron Quil y Embry.
"Y Seth, tío, córtate un pelo." Le dije separándole de Sari. "Que te recuerdo que sigo siendo su madre, y no me gusta ver cómo estáis todo el rato en plan babas."
"Vale, suegri, vale." Me dijo Seth levantando las manos mientras Sari seguía pegada a él.
"Suegri... me gusta, pero ¿no me hace más mayor?" Le dije bromeando.
"Mamá, pero si ya pareces mi hermana mayor." Me dijo Sari sonriendo pero sin apartarse de Seth.
"Sari, los modales." La reñí. "Las damas no andan por ahí así..."
"Vaaaaaleeee." Me dijo.
"¡Correo!" Dijeron cuando oímos una bocina y se paró la furgoneta en la casa.
"Vaya... servicio a domicilio." Dijo Seth.
"Buenos días." Dijo el cartero. "Hombre, Sarah, precisamente por aquí tengo unas cajas enormes para ti y tus hermanos." Dijo sonriéndole. "¿Y esta señorita era...?"
"Encantada, me llamo Bella." Afirmé. "Soy una hermana de Alex, soy la tía de los chicos."
"Qué hay, Joe." Le dijo mi hija sonriéndole. "Yo recojo los paquetes."
"Sari." La llamaron los gemelos mayores.
"Ah, esos paquetes." Dijo Eddy sonriendo. "Ya les ha costado llegar."
"Te recuerdo que han tenido que mandarlos en trasporte especial." Le dije yo. "En fin, llamar a vuestros hermanos y que vengan a ver la entrega." Les dije mientras el cartero descargaba los cajones enormes de la furgoneta.
"Pues a la graciosa que les ha mandado esto ya le vale." Afirmó el pobre hombre. "Me ha ocupado toda la parte de atrás de la furgoneta. He tenido que hacer un viaje específicamente a la reserva y luego tengo que volver a cargar para llevar al resto de sitios."
"Deja Joe, ya nos ocupamos nosotros." Le dijo Quil mientras Embry y él ayudaban a bajar cajas.
"¡Dios... ¿qué han metido aquí?!" Se quejó Embry.
"Chicos... no se abre hasta que no estén aquí los gemelos." Les dije.
"Si es por eso, tiene fácil arreglo." Afirmó Embry a punto de gritar llamándolos y haciendo que Sari le cayese encima para cerrarle la boca.
"Esperaremos un poco." Dijo sonriendo. "Mejor no despertar a mis hermanos, anoche no durmieron bien."
La verdad es que era una excusa, y bastante obvia, para no abrir nada demasiado cantoso ante un empleado de correos; así que tan pronto se fue, los dos pequeños salieron de casa con el abuelo y el lobo que era ahora su padre.
"¿Se ha ido ya?" Preguntó Billie asomando la cabeza por la puerta como los otros.
"Sí, podéis salir." Les dije.
Era curioso ver a cuatro machos de tres generaciones diferentes y dos especies diferentes asomando solo la cabeza medio escondidos por el marco de la puerta. Cuando les dijimos que podían salir ya entonces fueron apareciendo uno tras otro, primero los pequeños, luego su padre y por último Billie empujándose con cuidado. Ahí fue cuando yo salté por el aire y aterricé tras él para ayudarle.
"Gracias, hija." Me dijo poniéndose los brazos en el regazo con cuidado. "¿Qué son esos cajones tan grandes?"
"Un regalo por los últimos 7 cumpleaños que me he perdido." Afirmé sonriendo. "De parte de sus hermanos y mío."
"¿Podemos abrirlo?" Me preguntó Carrick suavemente mirándome como su gemelo.
"Todo vuestro, esto… cuidado con las astillitas si rompéis la tapa." Les dije.
"Si queréis ayuda…" Les ofrencieron sus hermanos pelirrojos.
"A ver niños…" Les dije yo sonriéndo. "Dejarles a vuestros hermanos ¿eh? Que a vosotros no os abrían los regalos nadie."
La verdad es que me encantaba verles mirar las cajas, buscarles un punto débil por donde abrirlas y luego tirando entre los tres de una tapa y luego otra y luego otra. La emoción en sus ojos cuando vieron que estaban llenas de un montón de esas bolitas para conservar los envíos en blando y trasportarlos de forma segura... La emoción con la que quitaban lo que rellenaba la cara para descubrir las motos dentro…
"¡Wala!" Dijeron. "¡Pedazo motos!"
"¡Yo también he cumplido años 7 años!" Se quejó Embry lloriqueando.
"No seas jeta, chaval." Le dije sonriendo. "Ahora las llaves… Una Kymco Venox para ti, Sari." Le dije sonriendo y tirándole las llaves. "La Indian Chief 2009 es para Alexiel y Harley Davidson Heritage Softail 1995 es para Carric, creo que no me haya confundido eligiendo modelo..." Añadí pasándole a cada uno sus llaves con una sonrisa. "En Europa son lo último de lo último, a mí me gustan grandes pero... bueno, tengo entendido que a la gente de la reserva os gustan más algo más... útil y menos grande."
"Las nuestras molan más, son como las de Sari." Afirmó Jacky.
"Tienen un par de Yamaha YZF-R6S." Les dije yo. "Una roja y una negra."
"Roja mía." Afirmó Eddy. "Y negra para Jacky."
"Pues las vuestras son muy... grandes." Afirmó Seth.
"Claro, los vampiros sois unos chulos." Afirmó Embry.
"Y los licántropos unos greñudos." Le dijo Jacky en el mismo tono de broma.
"La verdad es que parecen reflejar un poco la especie." Me dijo Billie. "A los dos pelirrojos que se parecen a ti les pegan unas motos grandes, ostentosas. Como los dos morenos se parecen a mi hijo tienen motos más camperas; y Sari... parece una mezcla entre ambos."
"La de Sari es una moto preciosa, de chica y ligera." Le dije. "Y tiene un asiento trasero espacioso, para llevar a Seth y también para que pueda llevar paquete sin problemas."
"O sea, que como siempre has pensado en todo." Afirmó Sam. "Bravo."
Al momento tenía tres cuerpos sobre mí tras derribarme y cubrirme de besos.
"¡Gracias, mami!" Me decían. "¡Cómo molan!"
Eso me hacía más feliz aún, así que sonreí feliz. Como ya había dicho alguna vez… ¿para qué quería yo el dinero si no era para gastármelo en los que quería? Lo mejor para mis hijos, igual que pagaría la mejor univesidad para todos y cada uno de ellos. En Europa o América.
"Eso sí, vosotros dos… las motos no salen de los terrenos de la reserva hasta que no tengáis los 16." Les dije. "¿Entendido?"
"Sí, y no le haremos ni un rasguño." Afirmó Carrick abrazándome una vez más.
"Jo, ya sabemos cómo hacer para que nos abracen." Afirmó Quil.
"Caros los abrazos." Afirmó Jared.
"¿Podemos probarlas, podemos, podemos…?" Me preguntó Alexiel.
Ante esto solo sonreí y les hice un gesto con los ojos.
"Pero primero… buscar los cascos." Les dije. "Y Jacky y Eddy… vosotros echarles un ojo."
"¿Nos das entonces el día libre?" Me preguntó el primero.
"Eh, solo para que vayáis a conocer la reserva." Les dije intentando ponerme en el puesto de madre protectora y tradicional.
"Prometido." Me dijeron.
"Seth, cuento con que eres el mayor con Sari para que les eches un ojo." Le dije.
"Descuida." Me dijo. "Además, yo voy a ir de paquete. Y Jake y tú tenéis aún cosas que hablar."
"Sí, muchas cosas." Afirmó Sari mirándome. "Y esta vez, por favor, explícale bien."
"¿Te estás poniéndo en plan madre?" Le dije levantando una ceja. "Te recuerdo que sigo siendo tu madre."
"Una madre anclada en los 20 años." Me dijo sonriendo. "Y yo tengo también la cabeza fría, díselo."
"¿Decírme el qué?" Me preguntó Jacob.
"Nada, no te preocupes." Le dije.
"¡Mamáaaa!" Me dijeron nuestros hijos.
"Vale, vale." Les dije. "Vosotros dos, sois unos cotillas traidores, y tú, Sari, tu eres una traidora a las mujeres. ¡No nos boicoteamos entre nosotras!"
Me sacaron la lengua los tres antes de pisar a fondo los aceleradores dado que los gemelos pequeños llevaban a los mayores como paquetes.
Tan pronto como se fueron dejando una nube de polvo, Jacob me estiró de la camisa.
"Voy, voy…" Le dije. "En serio, no haces más que recuperar tu habla y ya estas presionándome."
"Ahora es cuando lamentas haberle hecho hablar." Afirmó Jared a la vez que Jacob pero dándome una palmada en la espalda. "Que te sea leve…"
"Gracias." Le dije.
"Vamos, sé exactamente a dónde ir." Me dijo Jacob. "¿Podrás seguirme si corro?"
"¿Perdona?" Le dije divertida. "No soy yo la que tiene que correr a cuatro patas, cariño."
"¡Tonto el último!" Me dijo casi gritando.
Sonriendo me despedí de todos y salí corriendo tras Jacob hasta pillarle y luego ponerme ante él.
"Mira este culito porque lo vas a tener en el campo de visión todo el rato." Afirmé.
"Tampoco creas que me importa mucho." Me dijo en broma. "Sigues teniéndolo perfecto."
Eso me hizo sonreír complacida.
Los halagos no eran lo mismo si no venían de él, y ahora me daba cuenta de cuánto le había echado de menos. Mucho más de lo que había pensado.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
"Y… hemos llegado." Afirmé parando en el trozo de acantilado donde recordaba que solía sentarse ella cuando no dormía y se alejaba un poco de la zona habitada de la reserva. "Aquí podemos estar tranquilos."
"¡Eh...!" Dijo sorprendida y dudosa a la vez. "Yo... ¡yo recuerdo este lugar!"
"Sí, eso tengo entendido." Afirmé sonriendo.
"Solía venir aquí, a pensar." Me dijo sentándose por lo que yo me senté a su espalda con mi cabeza en su costado. "¿Cómo sabías que aquí estaríamos tranquilos?"
"Solía espiarte." Afirmé. "No a posta, desde luego."
Ella sonrió, sí, me encantaba esa cara tan especial... de pronto me pareció que el día estaba más iluminado.
"Bueno... ¿había algo de lo que querías hablarme?" Me preguntó.
"Sí, y no." Le contesté. "Era más bien... tú tenías algo que decirme ¿recuerdas?"
"Ah... eso..." Murmuró mirando al frente. "Me han llamado esta misma mañana."
"¿Tu familia?" Le pregunté. "Quiero decir... tu otra parte de la familia."
"Sí, tengo que volver a irme." Me dijo. "Tengo que volver a Italia, así que... bueno, aún tengo que hablar con los niños a ver si... bueno, alguno quiere venir."
"¿Otra vez te vas?" Le dije.
"Me requieren en Volterra." Me dijo. "Y si Sari y Seth se han decidido ya... tengo que ir a tramitar sus accesos a la collegio, universidad."
"¿Universidad?" Le pregunté confuso. "¿Qué universidad?"
"La Università degli Studi di Firenze," Me dijo. "Está cerca de Volterra, y yo tengo un piso en Florencia, así que podrá vivir allí y venir a casa los fines de semana."
"Pero... eso significa que ella va a..." Le dije atando cabos.
"¿Venirse conmigo?" Me dijo. "Sí, como los gemelos. No sería seguro dejároslo por aquí, la verdad."
No, otra vez perder a mi familia no... Ya había perdido a mi mujer, dos de mis hijos debían mantenerse con ella porque eran vampiros... y ahora Sari, mi hija, mi primogénita... Sari también iría con su madre... a este paso no tardaría en quedarme solo...
"Pero no podéis iros." Le dije. "No... acabáis de llegar..."
"Jacob, llevamos aquí casi un mes; tengo unas obligaciones, no puedo desatenderlas así." Me dijo tristemente. "Es... esto nunca ha sido fácil, nunca lo será."
"Podría serlo." Le dije.
"No, porque tú no estás dispuesto." Me dijo. "Aún si no fueses esto, aún si fuese un humano normal... no podría hacerse tal y como estás ahora. Así que... olvídalo."
¡¿Había una forma?!
"Dime que es verdad." Le pedí. "Dime que existe una forma."
"Podría ser." Me dijo sonriendo y enterrando la cara en mi lomo con una sonrisa. "No es segura al 100 por ciento, no hay precedentes de algo así... pero sí, podría ser posible."
"¿Cómo?" Le pregunté.
"No, aún no." Me dijo. "Primero debes estar fuerte y sano de nuevo. Debes permanecer humano; además, hay bastantes requisitos más que debes cumplir."
Volví a intentarlo, no podía convertirme, temblé de ira y ella me cubrió los ojos con las manos, al instante noté una gran paz interior.
"Si te enfadas, nunca de destransformarás." Me dijo suavemente. "Me quedan solo unas horas de estar aquí... ¿te importa si las pasamos juntos?"
Juntos, aquello sonaba genial, sonreí y apoyé mi cabeza en su regazo con la suya en mi lomo. Sí, yo también quería estar cuanto más tiempo con ella mejor.
"Me estaba preguntando... ¿te apetecería ir a la playa?" Me dijo. "A algún lugar, uno donde solo estemos los dos."
"Vale, sí." Afirmé. "Molaría, si supiésemos dónde."
"Conozco un sitio perfecto." Afirmó.
(Salto espacio-temporal)
"Es perfecto ¿no?" Me dijo Alex sonriendo con los brazos en jarra en una caleta a la que había que bajar un poco por roca.
"Que guay, no sabía que existía." Le dije.
"Yo tampoco, pero... bueno, la descubrí hace tiempo persiguiendo a Sorien." Me dijo mirándome. "Arena suave, blanca y... bueno, agua más o menos clara."
"Un paraíso." Le dije. "¿Te importa quitarme la cesta de encima?"
Me había atado una cesta con comida en los lados del cuerpo y correr me había costado un poco.
"Jake, estás en mala forma, chaval." Me dijo bromeando. "Venga, unas carreritas para calentar."
"¿Vamos a pasar el último día juntos... haciendo esto?" Le pregunté.
"Tú, entrenando un poco, yo... tomándome unas caipiriñas mientras tomo un poco el sol y nadar." Me dijo. "Ah, por cierto, vamos a nadar los dos."
"Bueno, eso sonaba mejor." Afirmé.
Sí, nadar juntos, correr juntos... sonaba genial.
"Bueno, pues vete echándote 20 carreras, playa arriba, playa abajo." Me dijo. "Mientras yo voy a ir montando el chiringuito por... aquí mismo."
"¿Tengo que correr solo?" Le pregunté.
"Sí." Me dijo cogiendo la hamaca. "Venga campeón... corre un poco."
No me hacía ninguna ilusión, sin embargo, corrí un poco, a las cuatro vueltas estaba reventado.
"No puedo más..." Jadeé.
"Hum... cuatro vueltas están muy por debajo de tu capacidad." Me dijo, entonces se le iluminó la cara. "¿Seguro que estás cansado?"
"Sí, no podría correr ni una vuelta más." Afirmé.
"Y yo te digo que no te creo." Afirmó sonriendo. "Dame cinco minutos."
"¿A dónde vas?" Le pregunté.
"Ya lo verás." Afirmó.
Oh, claro que lo vi, en tres minutos exactos.
"No me gusta esto, pero..." Dijo sonriéndome y dejando la ropa doblada con cuidado en la tumbona. "Supongo que sería mejor si pudiese ser una atractiva loba teñida de rojo, pero... a mí también me cuesta lo mío aprender a controlar mis trasformaciones."
"A mí me gusta así más..." Afirmé.
¡Claro que me gustaba más así, había dejado toda la ropa en la tumbona!
"Bueno pues..." Dijo ella. "Supongo que aún recordarás cómo se jugaba a pillar."
"Sí..." Le dije.
"¡Tú la llevas!" Me dijo riéndose y dándome un toque en el hombro antes de echar a correr.
¡Chica juguetona! Eché a correr para perseguirla, pero... por mucho que corriése, no conseguía pillarla, me llevó de un lado a otro de la playa, saltaba obstáculos, me esquivaba... y cuando parecía que iba a pillarla siempre escapaba.
Me dolían las patas, me dolían los pulmones, me dolía todo, así que acabé tirado en la arena.
"No... puedo... correr." Afirmé derrumbándome con la lengua fuera tragando arena. "Estoy... muerto..."
"Llevas 30 vueltas contando las que llevabas ya antes." Afirmó ella sonriendo y parando junto a mí para acariciarme el cuello con fuerza jugando. "Eso está muy bien para llevar tanto tiempo sin hacer apenas ejercicio. Mantén este ritmo y en poco podrás volver a ser tu si comes bien."
"Lo tenías todo calculado..." Le dije dándome cuenta sobre eso.
"Exacto." Dijo sonriendo divertida antes de levantarse. "Tienes una mujer que sabe más que el diablo. Voy a nadar un poco, cuando recuperes el aliento ven a buscarme ¿sí?"
Me apetecía ir ya, pero... cuando intenté levantarme me volví a caer agotado.
Lo de nadar tendría que esperar...
Esperé y esperé, y cuando por fin pude levantarme, la vi volviendo hacia la tumbona, escurriéndose el pelo y tarareando un poco.
Señor... estaba... ¡parecía seguir teniendo 20 años! Su cuerpo era perfecto, ni una arruga, ni una medida desproporcionada... nada malo.
"¿Tienes hambre?" Me dijo.
Asentí con suavidad.
"Me daba vergüenza pedir comida." Le dije. "Como tú no comes..."
"Por algo has traído las bolsas." Me dijo abriendo una para sacar un mantel que extendió y luego puso unas fiambreras encima. "Pollo y... un kilo de ensalada." Afirmó cogiendo un trozo de tomate que mordió.
Se me hacía la boca agua viéndola comer... y entonces me acercó la otra mitad del tomate al morro y cuando abrí la boca lo colocó con cuidado dentro retirando los dedos antes de que cerrase la boca.
"Todo tuyo, campeón." Me dijo sonriendo.
Me fijé mejor, no sé cuando se había puesto un bañador, la verdad. Molaba más cuando tenía todo apilado en la hamaca...
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alex)
"Bueno..." Murmuré tras comprobar que tenía todo listo en el helicóptero. "Todo listo por aquí... Ragazzi! (¡Chicos!)" Llamé a mis escoltas. "Ragazzi, sono tutti pronti ad andare? (Chicos, ¿todos preparados para irnos?)"
"Sì (Sí), Chiaro (Claro)" Me dijeron. "Certamente. (Desde luego) "
"Lasciamo in 5 minuti. (Salimos en 5 minutos.)" Les pedí viendo que teníamos comité de despedida.
"Perché questo ritardo? (¿Por qué esa demora?)" Me preguntó el piloto.
"Devo dire addio. (Tengo que despedirme.)" Afirmé divertida antes de bajar del aparato. "¿Habéis venido a despedirnos?"
"No sabíamos que te ibas." Me dijo Quil.
"Ya sabes, tengo... tengo mis obligaciones." Le dije.
"¿Cuándo volverás?" Me preguntó Embry.
"No lo sé." Afirmé sacudiendo la cabeza y concentrándome en llenarla de mentiras.
"Eso... suele significar varios años." Me dijo Seth.
Entonces sonreí y me acerqué hasta ponerle una mano en la nuca.
"Ten en cuenta que vosotros dos vais a ir a Florencia para la universidad..." Le susurré en el oído divirtiéndome al sentir que se calentaba. "Es un favor que voy a pedir per-so-nal-men-te."
"¿Y cómo estás tan segura de eso?" Me dijo tragando.
"Porque a mí, nadie me niega un favor." Afirmé antes de darle un pequeño mordisquito en el lóbulo de la oreja protegiendo los dientes con los labios.
Entonces sentí que me cogían sin ninguna delicadeza del pantalón y tiraban de mí para separarme de Seth.
"Vale, vale." Dije mientras Jacky me forzaba una pajita de sangre por la boca y me pasaba un brick. "Ho capito (Lo he pillado, comprendido)."
"Llámanos." Me dijo Billie.
"Tranquilo, lo haré." Afirmé sonriendo.
Entonces sentí un tirón hacia abajo y me vi derribada por Jacob.
"Puaj, para ya, pesado." Le dije quitándomelo de encima con la cara cubierta de babas por sus lametones. "Puaj... tío, me has bañado en babas. Cuídate ¿vale? Y no te olvides, haz ejercicio, campeón."
"Pero vas a volver ¿no?" Me dijo.
"No sé." Le dije dándole un beso en el pelaje antes de enterrar mi cara en él. "No sé cuanto tiempo me va a llevar ocuparme de todo..." Añadí antes de darle un beso en el hocico. "Cuídate, Jacob."
Un salto, con un salto los gemelos y yo alcanzamos el helicóptero que se había elevado del suelo lo justo para no tener pasajeros indeseados y parando en la puerta abierta con elegancia para mirarles mientras nos alejábamos.
"E così freddo che addio? (¿Y esa despedida tan fría?)" Me preguntó la mujer.
"Terapia, che credo dovrebbe perdere. (Terapia, debe pensar que me pierde.)" Afirmé sonriendo.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
Fue todo raro, con un solo salto estaban en el helicóptero, aterrizando en la puerta como quien ha hecho un salto de longitud.
"E così freddo che addio? (¿Y esa despedida tan fría?)" Preguntó la otra mujer de abordo.
No había estado estudiando italiano a fondo, pero sí que sabía lo justo para entender que hablaban de una despedida y frío.
Había estudiado un poco para intentar sorprender a Sari, Italia era parte de su sangre, como Rumanía y como era nuestra cultura.
"Terapia, che credo dovrebbe perdere. (Terapia, debe pensar que me pierde.)" Contestó Alex con una voz que denotaba una sonrisa aunque no la viese.
Terapia, creer deber perder... No, deber era antes que creer.
De pronto, oímos a Jacob grañir. Parecía querer suplicar. Otra vez la iba a perder...
¡Eso era!. ¡Todo era una terapia, Jacob debía pensar que la perdía! Pero... ¿para qué?
De pronto, la respuesta llego sola. Poco a poco, Jacob fue perdiendo el pelo. Se había quedado en el suelo, y ahora parecía estar replegándose sobre si mismo y formando una pelota peluda a corros.
Nadie dijo nada, nos dimos codazos para fijarnos en él. En silencio vimos la cosa más rara o más asquerosa que nadie haya podido contemplar jamás.
Jacob, tirado en el suelo, llorando como una niña y perdiendo pelo mientras poco a poco volvía a ser humano.
Sus hijos intentaron hacer algo, pero Sam les frenó. Con 9 años que tenían, no eran ningún problema para Sam.
"¿Jacob?" Le llamamos cuando vimos al hombre que era ahora. "Eres... ¿eres tú?"
No contestó, Sari le apartó un poco el pelo de la cara y entonces la vimos, tenía los ojos inyectados en sangre y llenos de lágrimas.
"Papá..." Dijo Sari.
"Tío Jay, tienes que ver esto." Le dijo Claire que miraba al cielo.
Con cuidado todos levantamos la vista para observar el cielo. Allí arriba, escrito en humo, había una frase.
"Bentornato, Jacob. Ti amo. (Bienvenido de nuevo, Jacob; te quiero.)"
