Capítulo 11: Condiciones. Adios a una vida.
(Voz de Alex)
"Alex, cara." Me dijo Aro. "¿Estás segura de esto?"
"Sí, tengo asuntos que requieren mi presencia en América." Afirmé asintiendo mientras cargábamos las motos en el avión sobre el soporte donde nos iban a soltar. "Además, aquí podéis arreglároslas bien sin mí. No creo que ahora vaya a haber alguna movida, y si la hay, os aseguro que me entero; a la primera chispa peligrosa me tenéis aquí."
"Primero venimos nosotros." Afirmó Jacky. "Y luego si es importante molestamos a mamá."
"Venga, que sí mafiosos." Les dije acabando de ajustar las correas de la carga. "A ver si viene vuestra hermanita con mi moto y nos podemos irn… Ah, Sari ¿qué horas son estas?"
"Perdón, perdón." Me dijo sonriendo. "Es que estaba viendo la capilla de la universidad… ¡es la caña!"
"Sabía que te iba a gustar." Le dije sonriendo. "Y ahora venga, arriba, ten esto." Le dije pasándole el paracaídas que le tocaba. "Póntelo bien ajustado no sea que tengamos un accidente ¿vale?"
"¿Volvemos ya?" Me dijo.
"¿En dos días no te ha dado tiempo de ver lo que querías?" Le pregunté divertida. "Pero si hasta habéis echado la inscripción para Seth y para ti."
"Así que tu hija va a venir a Italia a estudiar." Me dijo Heidi. "Va a ser un honor tener a nuestra sobrina honorífica por aquí." Afirmó frotándole a ella el pelo mientras se aseguraba el paracaídas.
"¡Heidi!" Le dijo Sari quejándose en broma.
"Bueno, pues a lo dicho." Les dije sonriendo. "Si pasa algo llamadita y en horas estoy aquí. Aro… cuídate ¿vale?"
"Ja, cuídate tú, que luego nos vuelves apestando a lobo." Afirmó sacudiendo el muñón como despedida.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
"¿Jacob?" Me llamó mi padre. "Vamos hijo, vas a llegar tarde al trabajo."
"Ya va..." Le dije.
"¿Tanto tiempo necesitas en el baño?" Me dijo mientras salía.
"Se me ha olvidado cómo afeitarme sin cortarme..." Le dije casi murmurando puesto que me daba un poco de vergüenza aceptarlo. "Cuando era lobo era todo más fácil."
"Los lobos y las personas no se relacionan." Me dijo. "Y venga, que tienes que llevar esos paquetes de la tienda de la anciana Redford a sus destinos."
"Ya va..." Le dije cogiendo unas galletas de la encimera. "Me llevo esto para el camino."
"Venga, que tienes que traer algo de ingresos..." Me dijo. "Con lo que coméis tus hijos y tú..."
"Son unos chicos geniales." Afirmé.
"Claro, y traen más ingresos que tú." Me dijo. "Llevan desde las 7 repartiendo periódicos por la reserva y Forks."
"¿Con 8 años repartiendo?" Le dije. "Hay que ver lo espabilado que son. En fin, me voy."
"Eh, la leche aquí." Me dijo quitándomela de nuevo. "Y largo."
"Que sí, que sí..." Le dije. "Volveré para la hora de comer."
"Tranquilo." Me dijo. "Prepararé un poco más de comida."
La verdad es que lo de repartir era una chufa, lo hacía más que nada por estar algo entretenido.
Y la verdad es que llevar encargos de aquí para allí me hacía evadirme del hecho de que me había vuelvo a abandonar mi esposa, esta vez con tres de nuestros hijos.
"¡Ah, Jacob que bien verte!" Me dijo una anciana más o menos de la edad de mi padre cuando le llevé su pedido. "Toma hijo, cóbrate tú. Me temo que yo no estoy ya demasiado fina calculando el dinero..."
"Desde luego señora Featherhell." Le digo cogiendo su monedero y cobrándome antes de devolvérselo. "Tenga, ya me he cogido el dinero. Que tenga un buen día, aunque esté cubierto..."
"Igualmente." Me dice. "Hasta el día más oscuro puede ser el más brillante si se ve con buenos ojos, hijo, no lo olvides. Cuando una cosa mala pasa, siempre pasa algo bueno después."
"Sí, claro." Le digo antes de volver a montarme en el dragoncito para acabar el reparto.
Seguro. Esa anciana chocha no sabía lo que decía. Que cuando algo malo pasaba luego llegaba algo bueno... Esa sí que era buena. Pues no, había habido una guerra de la que los humanos no sabían nada y qué, luego no había pasado nada bueno. Mi mujer me había abandonado. Dos veces.
"Jake." Me llaman de la reserva por la radio que Charlie me regaló y que al parecer los chicos han instalado en el dragoncito para poder comunicarnos. "Aquí Jared. ¿Qué tal llevas el reparto?"
"Aquí Jacob, bien, pesado." Le contestó.
No hay nada que me moleste más que me anden molestando así. El otro día Embry para pedirme que le comprase un barril de cerveza antes de volver a casa, Seth para quejarse de lo miserable que era cuando mi hija no estaba por allí...
"Creo que hoy deberías volver directo." Me dijo Leah tras quitarle el micrófono a Jared y con una voz de estar divirtiéndose de lo lindo. "En serio, seguro que te pones como loco."
"No me digas que habéis vuelto a tocar lo que no debíais." Le dije.
"¡No!" Me dijo Embry molesto. "Además, no fue culpa mía."
"Tú vente directo y luego ya veremos." Me dijo Jared casi ordenándome.
"Eh, tú a mí no me des ordenes, que aún sigo siendo un alfa." Le dije.
"Que sí, que sí." Me dijo Embry. "Ah, y me dicen por aquí que te traigas tulipas o algo así... Que si no te traigas harina, huevos..."
"De eso hay en casa, pero ya llevaré el sirope." Afirmé. "¿Sabor?"
"Uno de fresa o cereza y otro de chocolate." Me dijo Leah sonriente.
"Oído." Afirmé.
(Salto espacio-temporal)
"Bueno... pues ya he vuelto..." Murmuré apagando el motor frente a nuestra casa familiar de los Black. "A descargar esto y ya estoy..." Afirmé cogiendo las bolsas.
En cuanto estuve en la puerta oí dentro algarabía, y el olor tampoco era malo. Supongo que habían vuelto a intentar hacer algo de comer. El olor era dulce, como de tortitas... ahora que caía ¡nadie en casa ni la manada sabía hacer tortitas!
"¡Leah, deja en paz mi cocina!" Le grité entrando y por poco tirando la bolsa con los siropes.
"Eh, idiota, yo estoy aquí." Me dijo desde el sofá.
"¿Entonces quién...?" Murmuré.
"Marchando veinte tulipas más." Dijo Jacky saliendo con una pila de tulipas de barquillo.
"Má, Sari" La llamó Eddy. "Ya hay suficientes."
"¿Jacky, Eddy?" Les dije sorprendido.
"Paso al helado." Dijo Sari sonriendo y saliendo con unas cubas de algo.
"¡¿Sari?!" Dije aún más sorprendido.
"Hum... ¿y a mí nada?" Me dijo una voz tras de mi haciéndome girar la cabeza para que mi mujer me diese un beso. "¿Lo ves, cazurro? La edad te ha sentado bien. Aunque estás un poco flacucho aún." Me dijo tocándome el brazo.
"Dios... que horror." Murmuré.
"¿Pues?" Preguntó Alex desde mi espalda aún colgando con sus brazos por mis hombros y la cara junto a la mía.
"Se supone que yo iba a tener mejor aspecto para cuando..." Comencé.
"Para cuando me fueses a buscar, llamando a Sari para que te dijese dónde estábamos. Cogerte un avión y venirte." Me dijo. "Otro plan tonto del tontín de mi marido."
"Te habías vuelto a ir sin..." Le dije.
"Sí, plan de emergencia para hacerte recordar." Afirmó ella dándome un beso. "Y ahora... tómate uno de los perfectos heladitos que hemos traído de Italia..." Me dijo jugando a hacer como que rogaba a lo niña pequeña mientras me tiraba de la mano.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alex)
Pelo medio rapado, con algún corte en la zona de la barba, un poco flacucho aún... y con unas ojeras, así estaba Jacob. Echo un trapo, pero aún sin ni una sola arruga.
¿Qué tenía, 50 y pico? Parecía tener aún los 30 y algo. Estaba guapo, solo que un poco en baja forma, y eso daba un poco de pena, la verdad.
Mientras le veía comer helado sonreí, el primer mordisco que dio en la cucharilla de helado que se estaba llevando a la boca puso la misma cara que había puesto yo cuando lo probé, la misma que nuestros hijos... y luego comió bastantes veces antes de parar a mirar que le estabamos mirando.
"¿Qué?" Dijo.
"Nada, nada..." Dijimos sonriendo.
"Hijo, que parece que no te dé de comer." Afirmó Billie.
"Es lo que pasa cuando se comen estos helados." Le dije sonriendo y cogiéndome una palada de mi tulipa de chocolate belga negro. "Que como te gusten no puedes parar de comer."
"Jo, que me hace sentir mal." Afirmó Jacob.
"Tú come, que te me vas a quedar en los huesos." Le dije bromeando.
Hombre, lo de en los huesos era un decir, parecía que estaba volviendo a echar músculo, como si hubiese seguido entrenando aunque yo me hubiese ido esa quincena.
"Por cierto, os veo un poco cansaditos." Les dije. "¿Habéis hecho una maratón y no me habéis avisado?"
"Estamos entrenando a tu querido marido." Afirmó Embry. "Que la verdad es que ahora le ha dado por entrenar todos los días un rato."
"Perfecto, un poco de joggin por las mañanas es bueno." Les dije. "Además, me parece genial que un hombre quiera estar en forma."
"Sobre todo con una mujer como tú al lado ¿no?" Me dijo Paul.
"Muy gracioso, Paul." Le dije divertida pero con ironía. "Jacob querrá estar en forma por él mismo."
"Fifty fifty." Me dijo Jacob.
"El muy nenaza no aguanta ni 200 metros corriendo." Me dijo Jared.
"¿200, Jacob?" Le pregunté divertida. "¿Y los casi 450 que corriste conmigo el día antes de irme?"
"No hay la misma motivación." Me contestó para sonreír con picardía. "Aunque cuando quieras volvemos a entrenar."
"Mira que esta vez te toca los tres cuartos de kilómetro ya..." Afirmé.
"Podría intentarlo." Me dijo.
Entonces reparé en que tenía un chorretón de helado cayéndole de la boca por un costado, sin que pareciese darse cuenta...
Entonces nuestros hijos le vieron mientras comían y sonrieron, enseguida estaban riéndose de verlo, algunos mientras masticaban.
"Bambini, non ridere a tuo padre ... (Niños, no os riáis de vuestro padre...)" Les dije a los niños. "Sappiamo già tutto quello che è un po 'sciatto, a volte. (ya sabemos todos que es un poco descuidado a veces.) Dai, non ridere. (Venga, no os riáis.)"
"E 'molto divertente. (Está muy gracioso.)" Dijo Jacky divertido.
"Ha un filo di gelati. (Tiene un hilillo de helado.)" Añadió Sari.
"Vieni, vieni ... smettere di ridere, 's cattive maniere. (Venga, venga... dejar de reíros, es de mala educación.)" Les dije cogiendo una servilleta para frotarle la mancha.
"¿Qué... qué hacer?" Me dijo Jacob un poco descolocado.
"Guarda te come un bambino." Le dije. "Perdón, a veces me cuesta un poco adaptarme a que aquí no habláis italiano... decía que cuidarte como a un crío. Helado." Le dije mostrándole la mancha que ahora estaba en la servilleta.
"¿Y por qué habláis entre vosotros en italiano?" Me preguntó Billie.
"Sería descortés decir esas cosas en voz alta." Le dije sonriendo. "No quería que se supiese de qué se reían. Ah, ah, Eddy..."
"¿Uno al estilo japonés?" Me dijo.
"Vale, venga." Le dije. "Eh, niños... el 'sirope' de la nevera, nada de masacres por aquí ¿entendido?"
"¿Un ave?" Me dijo Jacky.
"No." Les dije. "Os pillarán y recordar que no deben vernos saltando así..."
"Vaaaleeee." Me dijeron.
"Bambini." Dije murmurándo. "Niños."
Últimamente me costaba un poco dejar de usar vocabulario en italiano, así que cuando metía la gamba, lo aclaraba en inglés.
"Por cierto, papi." Le dijo Sari acabando su tulipa. "¿Sabes que ya he visto la universidad?"
"¿En serio?" Le dijo él. "¿Y cuál es?"
"La de Firenzze, Florencia." Le dijo Sari. "Me gustaría ir allí."
"Irás." Le dije yo. "Seth y tú."
"¿Y eso desde cuando?" Me dijo Jacob.
"Jake, tus hijos valen mucho, tenemos dinero... si quieren ser universitarios lo serán. ¿Sabes?" Le dije.
"Pero... yo pensaba que Sari, que nuestros hijos..." Dijo Jacob. "Que se quedarían..."
"¿Qué se quedarían aquí?" Le dije yo frunciendo el cejo.
"Oh, oh..." Dijeron los otros.
"Esto... será mejor que salgamos a comer esto fuera." Dijo Quil. "No sea que..."
"¿Habéis visto el nuevo banco de la salida?" Preguntó Billie mientras yo comenzaba a estrechar los ojos a rendijas al darme cuenta de qué era lo que pretendía decir Jacob.
"Enséñanoslo." Le pidió Embry entonces. "Porque creo que esto es la 4ª guerra mundial y yo paso de que me pille aquí."
En unos segundos estábamos Jacob y yo solos en la mesa, cara a cara y yo en silencio.
"¿Creías qué Sari iba a estar aquí hasta que te murieses?" Le dije furiosa y con un volumen neutral pero un tono de furia. "¿Qué nuestra hija se iba a quedar en casa a seguir haciendo el trabajo sucio?"
"Pues sí, sí, pensaba eso." Me dijo.
"¡Oh, Jake!. ¡Eres un maldito machista, retrógado y anticuado!" Le dije saltando por fin. "¡Ninguna hija mía se va a encerrar en una casa mientras yo siga viva solo porque su padre sea un inútil que no sabe ni cambiar un pañal!"
"¡Y qué quieres!" Me dijo. "¡¿Llevártela como haces siempre?!. ¡Me has abandonado 3 veces, y siempre que surgen problemas huyes!. ¡Esa es tu forma de arreglarlo todo, huir!"
"¡Yo... no... huyo!" Le grité encarándome a él.
"¡Huiste antes de decir que te mataron!" Me dijo. "¡Huiste cuando las cosas se pusieron mal!"
"¡Huí para protegeros!" Le dije.
"¡¿Y qué me dices de hace 7 años?!" Me dijo. "¡Ya no había problemas, nadie nos estaba amenazando!"
"¡Me fui porque tú solo sabes hacer las cosas más difíciles!" Le grité. "¡Me he tirado años viajando de aquí para allí, investigando sobre esto para poder ayudarte!" Le acabé confesando entre gritos.
Mierda... me había fallado mi bocaza.
"La verdad es que... desde nuestra primera vez han... no entiendo muy bien qué me pasa, pero... he cambiado, demasiado." Afirmé más suavemente. "He perdido bastante potencial... me he descuidado bastante... es raro, porque sigo siendo yo pero, a la vez... es como si fuese otra persona."
Jacob no decía nada, supongo que tampoco podía. Yo estaba condenada a chupar cosas de otros, poderes, vida... y ahora también había chupado la bocaza de licántropo de Jacob...
"¿Lo ves?" Le dije. "Por esto es por lo que no debemos estar juntos..."
"No." Me dijo él. "Precisamente por esto es por lo que debemos estar juntos." Afirmó cogiéndome las manos. "Tú lo dijiste, licántropos y vampiros podemos complementarnos, tú y yo somos un ejemplo. Somos la primera pareja entre especies."
"No seas orgulloso." Le dije. "Resulta que yo estaba equivocada, sí hay antecedentes de relaciones entre vampiros y licántropos."
"¿Cómo?" Me dijo. "Es broma ¿no?" Añadió sonriendo como si fuese una broma. "Claro... se me olvidaba que..."
"No Jake, no es una broma." Afirmé. "Verás, yo soy hija de Victoria Valerius, que a su vez es hija de Nicolai Valerius y una mujer humana llamada Anna Petrovva; Nicolai tenía un hermano, Dimitri Valerius, solo que él era portador, le turvieron que morder y lo hicieron vampiro."
"¿A qué viene esto?" Me preguntó Jacob.
"Verás..." Le dije levantando el lapicero del mapa que le había hecho con parte de mi árbol genealógico. "Aún no he acabado. ¿Recuerdas que te he hablado a la condessa Arianna Valerius?"
"Sí... era la cabeza de tu clan antes de ti." Me dijo.
"Resulta que la condessa tuvo varios hijos, por un lado Ivvan Valerius que se casó con su hermana Valeska Valerius que también era hija de la condessa pero portadora lo que nos hace pensar que su padre era humano; y Boris. Jagger, Sorien, Louie y Lucien descienden de este." Le dije mostrándole la rama de donde venían ellos. "Nunca supe de ellos porque su madre Inga fue masacrada cuando lo de Vladimir y Stephan."
"Ah, pensaba que solo eran parientes tuyos." Me dijo sonriendo.
"Lo son, ahora ya sabes por qué." Afirmé. "A lo que ibamos. Resulta que al margen de ese matrimonio, Valeska tuvo una relación con un licántropo, uno desconocido. Nunca se casaron y no hay constancia de su nombre, pero tuvieron un hijo, Alaine Valerius."
"¿Otro mestizo?" Me preguntó sorprendido.
A mí también me había sorprendido cuando me enteré.
"No, por algún motivo, Alaine permaneció licántropo." Afirmé. "Creo que nadie de mi familia lo descubrió, porque si no lo hubiésen matado. El caso es que si nosotros tenemos como antepasado a la Condessa, mi otra rama tiene a Alaine. Generaciones y generaciones de licántropos que descienden de mi familia... y tantos unos como otros sin saberlo..."
Ahí guardamos silencio. Estaba teniendo la misma reacción que había tenido yo cuando me enteré. Me tiré días en silencio, pensando, reelaborando mi árbol genealógico en la cabeza. Había supuesto un mazazo a mis creencias, a los pilares de mi familia que siempre había tenido...
"Tienes un... árbol familiar muy... complejo." Me dijo rompiendo el silencio y como si no supiese qué decir exáctamente. "Y cómo... cómo te..."
"Resulta que tengo un pariente que se llama Dimitri, Dimitri Valero." Le dije. "Pero no son de la misma región de Rumanía que nosotros. Le conocía como Dimitri a secas, y cuando me mandó un documento oficial al colegio y vieron el apellido me avisaron. Como comprenderás, los Valerius hemos sido durante muchos siglos vampiros; Valerius, Valero... demasiado parecidos ¿no? Así que decidí que era tiempo de conocer un poco más a este chico... Pasamos horas y horas hablando... y voilá, aquí tengo a una parte de la familia que nunca conocí."
"Licántropos en tu familia..." Me dijo.
"A mí también me ha costado creérmelo." Afirmé. "Más áun cuando tiré mucho más del hilo, investigué y... me encontré con toda la familia por esa parte. Resulta que tengo casi cincuenta familiares, toda una familia entera con árbol genealógico por esa parte, con dos ramas separadas y... nunca adivinarías qué. ¿Recuerdas a Tepztin, de Yucatán?"
"Sí." Me dijo. "¿Qué pasa con él?"
"Es familia mía." Afirmé. "Descendiente de esta ráma de licántropos. ¿Y Carrick, Aidan y Jackson? Más parientes míos. Cada vez que lo pienso... Carrick, familiar mío..."
Jacob entonces me cogió la mano con suavidad y me la besó con mucho cariño.
"Ven aquí..." Me susurró antes de cogerme entre sus brazos, no de una manera pasional, era... era casi como una madre abraza a su hijo... parecía buscar reconfortarme. "Si va a hacerte daño, lo mejor será que lo olvides..."
No podía olvidarlo, resulta que tenía parientes por medio mundo, y ya no eran todos vampiros como siempre había pensado. Tenía una familia, una rama entera, un árbol genealógico entero que eran licántropos, los hombres licántropos y las mujeres portadoras. Dos de mis amigos, familia adoptada de licántropos, eran familia mía, Teptzin también era familia...
Me cogí a Jacob y restregué mi cara contra su hombro. Últimamente lo tenía más huesudo, pero me daba igual. Era un hombro; no, era más que eso, era el hombro de Jacob.
Me abracé con una fuerza humana a él mientras él me frotaba la espalda.
"Ha tenido que ser duro para ti estar sola tanto tiempo." Me dijo.
"No te puedes hacer una idea." Afirmé. "Pero nuestros hijos han estado ahí para mí..."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
Llevábamos mucho tiempo así, con mi esposa entre mis brazos mostrando por una vez sus debilidades humanas mientras seguía siendo vampiro.
No podía imaginarme que su otro gran amor, Carrick, era en realidad pariente suyo hasta que le mataron. ¿Y Tep? Él era Mexicano, no era Rumano, era Mexicano. Ni siquiera se parecían físicamente; claro que tampoco ella se parecía a sus primos Sorien o Jagger; bueno, a Louie un poquito.
Entonces caí en la cuenta, aquello había comenzado porque Sari tenía plaza en la universidad de Florencia y se iba a ir de casa.
"Alex... ¿por qué quieres que Sari se vaya lejos?" Le pregunté.
"Florencia y mi casa en Italia están próximas." Me dijo. "No va a ir muy lejos, vendrá a casa todos los fines de semana y puentes."
"¿Por qué quieres alejarla de mí?" Le pregunté.
"¿Quién te ha dicho eso?" Me dijo confusa y escamada. "No la voy a alejar ¿no puedes vivir sin ella cuatro o cinco días a la semana?"
"No voy a estar cogiendo un avión cada viernes para ir a Italia y volver el lunes." Le dije.
"No vas a tener que hacerlo." Me dijo. "Podrías venir a mi casa en Italia. Está a las afueras de San Gimignano. No es un palacio como lo de los Vulturis pero... bueno, está restaurada, está en plena Toscanna, es tranquila... y en el pueblo me quieren bastante. Como a los niños."
"¿Y qué pasa de lo que decías de mi familia?" Le dije.
"El sol y el aire de la Toscanna le harán genial a Billie." Me aseguró. "Además, conozco a mucha gente de su edad en el pueblo, suelen ir a la plaza, ven partidos de futbol, juegan a las cartas..."
"Vamos, que no se va a aburrir." Le dije. "¿Y del resto?"
"Las gemelas trabajan aquí, tampoco las ves mucho. Además, Paul y Rachel se van a casar ¿no? Formarán un hogar y tú sobras. Sam tiene su familia, Seth se va a venir con Sari, y desde luego, Leah es bienvenida en casa. Quil pronto se casará con Claire, aunque esas prisas..."
"Quil y Claire no están prometidos." Le dije.
"Mierda, he vuelto a meter la pata." Me confesó.
"¡Lo has visto otra vez!" Le dije divertido.
"Shhh, no digas nada ¿eh?" Me dijo divertida.
"Vale, vale." Le dije. "La familia al carajo."
"No he dicho eso." Afirmó. "La familia es la familia, pero esta está ya un poco distanciada, en el sentido que cada uno tiene su vida."
"Vale, para los años que me quedan ya me da igual ser un mantenido." Dije. "Acepto a irme contigo a Italia. Y acepto que nos llevemos a Billie, si él quiere."
"Oh, le he visto conmigo en esa casa." Afirmó Alex sonriéndome. "Al que no podía ver es a ti, cariño. Ya sabes..."
"¿En serio?" Le dije captando un pequeño signo de que no era del todo cierto lo que me estaba contando.
"Más o menos." Afirmó. "Y... ¿das tu la noticia o la doy yo?"
"La doy yo." Le dije. "No es por meterme contigo pero... yo me llevo mejor con mi gente."
"Adelante campeón." Me dijo levantando las manos. "Es tu manada. Yo voy a hablar con los Cullen."
"No están aquí." Le informé. "Están con Charlie, van a pasar los últimos años de su vida en un sitio tranquilo y soleado. Creo que dijeron algo de pasar los últimos años de Charlie dándole alegrías constantes y cuidándole."
"Seguro que han ido a la isla de la luz." Me dijo. "Ya sabes, las ciudades que formamos cuando nos refugiamos en la guerra..."
Sí, aquello se ajustaría perfectamente a lo que pretendían. Era soleado, el ambiente era perfecto, armonioso... y como estaba alejado del mundo, tranquilo.
Odiaba reconocerlo, pero mi esposa sabía más del mundo que yo, era más aguda y por desgracia, bastante más bella y anciana que yo.
"Alex, hay... bueno, hay algo que quiero que me prometas antes de... irme a vivir contigo a... ese sito, en Italia." Le pedí sujetándole la mano cuando iba a ir a salir por la puerta y haciéndola girar.
"Tú dirás." Me dijo sonriendo.
"Quiero que me prometas que estarás conmigo hasta... bueno, hasta el final de mi vida. Como no quieres... ya sabes, mi vida tiene un límite." Le dije.
Ella guardó silencio y acabó sonriendo suavemente antes de besarme de esa forma que la hacía parecer una mujer humana en vez de esa inmortal cazadora vampiro. Alzó la mano izquierda y me mostró los dedos.
"Para siempre, hasta que la muerte nos separe." Me dijo haciéndome reparar que me mostraba la alianza. "Lo juré ante Dios y los hombres."
Cierto, era religiosa aunque no llevase ninguna referencia a ello, creía en Dios aunque el mundo entero pensase que era un demonio, un ser del infierno, algo diabólico.
Sonreí y le devolví el beso.
"Por cierto..." Me dijo sonriéndome. "Yo te amaré eternamente..."
"También yo." Le contesté susurrando también.
(Salto espacio-temporal)
"¿Estás seguro?" Me dijo Embry. "Quiero decir... tío, es Italia."
"¿Y qué que sea Italia?" Dijo Leah. "Este seguiría a su mujer hasta el mismísimo infierno si se lo pidiera."
"No te quejes garrapata que tú también te vienes." Le dije. "Como tu hermano que parece la sombra de mi hija."
"Sari quiere ir a estudiar a Florencia, así que yo me apunto también." Dijo Seth.
"Mira, a mí me da igual." Afirmó Paul. "Yo estoy enamorado de Rachel, nos vamos a casar y vamos a daros un carro de sobrinitos, así que... por mi como si te vas a China."
"No, si... a mí tampoco me importa pero... pensaba que lo de la manada iba a ser más... como con nuestros padres. Que nuestros hijos heredarían la manada y todo eso..."
"Embry, nadie te ha dicho que te vayas." Le dijo Quil. "Yo me quedo, con Claire. Tú vas a ser siempre de la manada."
"Ya, pero... es que ahora se nos van Seth, Leah y Jacob." Dijo Embry. "Me da pena."
"Estoy ya mayor." Afirmé. "Y aquí no va a haber problemas con vampiros, hay una paz mundial entre ambas especies. Aún hay algunos que se resisten a aceptarlo pero... bueno, los buenos somos más y más fuertes."
"Bueno, pues si lo has decidido ya..." Me dijo Sam levantándose, carraspeando y dándome la mano. "Mucha suerte en tu nueva vida."
"Lo mismo digo." Les dije.
"¿Cuándo te vas?" Me preguntó Jared.
"Cuando hayan solucionado unos trámites legales." Les dije. "Creo que dijo Alex que será como... dos semanas o así."
"Dos semanas, es poco tiempo." Afirmó Embry.
Dos semanas, en dos semanas habríamos dejado todo atado, en dos semanas dejaría atrás una vida, mi vida en la reserva y daría un paso adelante, iba a vivir con mi familia, toda mi familia en Italia. Tendría que aprender italiano, y la comida sería... nueva.
Mis amigos de toda la vida... parte de mi familia iba a quedar atrás... pero lo importante es que iba a estar con mi mujer y mis hijos.
Sí, aquello compensaba. Porque iba a compensar ¿no?
