Capítulo 13: Familias grandes y ruidosas.

(Voz de Isabella-Alex)

Era aún temprano cuando Jacob se movió junto a mí en la cama. Le miré, aún era muy pronto para que estuviese despierto; no, seguía dormido, sin embargo, había buscado enterrarse en mi pecho como si fuese un niño pequeño.

Sonreí mientras le abrazaba con dulzura.

Hacía ya un mes que habíamos llegado a San Gimignano, vivíamos en mi casa allí, en Bramasole, la misma casa que hacía unos años un director me había pedido que le alquilase para grabar una película y que posteriormente habíamos remodelado. La película se grabó en la casita pequeña que tenía más cerca del pueblo que comunicaba con esta en un sendero de las tierras que las unía a pesar de las otras fincas cercanas. La grande se llamaba Nottangelo, que venía de Notte y angelo, o sea, de Angel de la noche.

Eso era yo, un ángel de la noche. Lo más correcto hubiera sido llamarlo demoni della notte, o sea, demonio de la noche. Yo no era un ángel, me había dedicado a matar, había cortado muchas vidas, algunas que eran aún breves.

Entonces llamaron a la puerta con suavidad y con la misma suavidad yo hice una serie de golpecitos en el cabezal de la cama.

Eso era la clave para que supiesen que estaba dentro y no debían entrar.

Por las horas debía ser el jardinero, Pavel, uno de los sobrinos de Giorgette, el ama de llaves externa. Todos sabían los códigos, así que oí pasos alejándose.

"¿Quién era?" Murmuró Jacob medio dormido aún.

"Pavel, es uno de los jardineros." Le contesté. "Aún es muy pronto ¿por qué no sigues durmiendo?"

"Hum..." Murmuró enterrando más su cara en mi pecho con suavidad.

Hacía ya más de una semana que los chicos habían comenzado la universidad, los gemelos iban cada mañana al instituto cercano, con sus amigas Chiara y Gabriella que eran hijas de Giorgette, el ama de llaves, y su marido Andreas que era el capataz de la finca. Así que la casa estaba bastante tranquila ya que los chicos se hacían el desayuno solos antes de irse con las motos al pueblo para coger a las chicas.

Solía oírles reír, y a veces, ellas venían a casa a recogerles a ellos, así que oía las risas en la cocina y luego los motores de las motos al alejarse de la casa por el camino.

Esa mañana no fue diferente. Les oí moverse abajo, llamar a la puerta principal con unos toquecitos suaves a eso de las 7 de la mañana, gente entrando y luego risas.

Eran las 7 y media cuando llamaron a la puerta del cuarto.

"Mamá, están aquí ya Giorgette, Andreas y sus hijos e hijas." Me dijo Jacky. "Hoy comienza la recogida de olivas, dicen que las tuyas son las primeras que maduran..."

"Diles que ahora bajo." Susurré.

"¿Y papá?" Me preguntó.

"Sigue dormido." Le dije.

La verdad es que me daba un poco de pena despertarle todavía, así que me escapé fuera de la cama con mucho cuidado de no despertarle. Sonriendo me vestí y me puse unos vaqueros desgastados con una camiseta de hombre blanca y encima una camisa de cuadros, algodón y anudada bajo el pecho.

Aún me acerqué sonriendo y le di un beso antes de irme de allí y bajar a la cocina donde había un pelotón de gente.

"Ciao." Saludé.

((Por cierto, digamos que como ya llevan un tiempo, lo de italiano lo voy a poner en negrita, pensamientos en cursiva y el resto como siempre, más que nada por no andar escribiendo italiano y luego castellano... Besitos a tods.))

"Ciao, bella." Me dijeron la familia de mis dos cuidadores de la casa.

"Uhhhh, seis jóvenes compañeros más el mejor capataz de la zona." Dije sonriendo y dándole un beso al padre en la mejilla.

"Como sigas así el señor se pondrá celoso." Me dijo la madre. "Además... nosotros somos la avanzadilla."

"¿Una avanzadilla?" Les pregunté confusa. "Oh, ya lo entiendo." Afirmé entendiendo a qué se refería. "Se me olvidaba, perdón. Por cierto ¿hoy recogemos...?"

"Olivas, oro líquido." Me dijo Mauro mostrándome el aceite casero que estaban usando para las tostadas.

"Saben mejor enteras." Afirmó Jacky echándose olivas sin hueso con su hermano para cazarlas con la boca.

"Oh, ciaobella." Me dijo Sabrina.

"No sabíamos que te ibas a apuntar." Afirmó Isabella.

"Hum!" Les dije divertida. "¿Vosotras también venís, bellas?"

"No." Me dijeron. "Nosotras dos nos encargamos de cocinar."

"Gracias Dio." Dije sonriendo.

"Sí, manos van a sobrar, pero cocineras buenas..." Dijo Andreas sonriendo.

"Mi Sabrina y su Isabella son las mejores preparando las comidas." Afirmó Carlo.

"¿Tu Sabrina?" Le dije.

"Carlo y Sabrina, Marco e Isabella, Alesandro y Priscila, Mauro y Stella." Me dijo su padre. "Ah, y Armando y María y mi Isabella se ha casado con el hermano de Stella..."

"¡¿Con Mauro?!" Le dije sorprendida. "Vaya... ¡Felicidades!. ¡Felicidades a todos!"

"Grazzie." Afirmaron.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

"¿Alex?. ¿Cariño?" La llamé.

Era raro, me había despertado solo, pero eso no era lo peor. Había ruido fuera, y en aquella casa... eso era malo.

Me puse lo primero que pude y salí corriendo. La casa estaba vacía, aunque tampoco vi mucho de ella, salí por el balcón y aterricé con cuidado.

Corrí hacia donde se oían los ruidos y paré cuando vi a unos tíos medio en bolas. Uno, dos, tres... ocho... doce...

"Ciao." Dijo alguien.

"Ciao." Contesté. "Esto... quiénes sois y... qué hacéis aquí." Les pregunté.

"Pavel." Lo llamó el hombre.

Entonces el jardinero bajó derrapando por una escalera y al verme sonrió.

"Ciao, Cobu." Me dijo sonriéndome. "Giovanni, este es Cobu, el marido de Isabella."

"Giovanni." Me dijo el hombre. "Encantado."

"En realidad es Jacob." Le dije.

"Cherto, Cobu es el corto para Jacobbi." Afirmó. "Viene de Jacobus."

"Lo siento, se me había olvidado." Le dije. "¿Habéis visto a mi esposa?"

"Hey." Gritó entonces Giovanni antes de silbar con dos dedos y con fuerza. "Atención. Se busca a Isabella. ¿Alguien la ha visto?"

Aquello fue alucinante, un montón de voces dijeron cosas todos mezclados.

"Vale, vale." Dijo Pavel. "¿Mamma?"

"Estaba con Berto y su familia en la zona 3." Nos dijo una mujer bajando de un árbol con una cesta de aceitunas. "Aún falta una hora para magiare."

"Esperaré." Les dije.

"En tu casa tienes a tío Ambrosio y a las chicas jóvenes." Me dijo Pavel. "A la hora de la comida nosotros vamos."

Comida, eso sonaba bien. Cuando fui a casa descubrí que había pasado por algo a la gente que estaba en el cenador.

"Hum... escalera." Dijo papá.

"Lo siento, señor, pero yo tengo cuarteto de damas." Afirmó el otro anciano.

"¿Otra vez echando unas manos a las cartas?" Les dije.

"Ambrosio, te presento a mi hijo Jacob." Afirmó mi padre."Ya pensábamos que no ibas a despertar nunca."

"Los jóvenes de hoy en día no aguantan nada." Dijo el anciano sonriendo.

"¿Qué hace toda esta gente aquí?" Le pregunté a Billie.

"Vienen por las olivas." Me contestó.

"No pensarías en serio que entre dos personas ibais a recoger todas las olivas a tiempo ¿no?" Me dijo el anciano sonriendo.

"¿Recogida de olivas?" Dije sorprendido.

"Sí, y en tres cuartos de hora verás al resto de familia." Me dijo el anciano sonriéndome. "Somos... unos cuantos."

(Salto espacio-temporal)

"¿Unos cuantos?" Pregunté mientras veía la mesa llena de gente en el patio trasero donde habían montado una mesa bajo la sombra de las parras.. "¿Solo unos cuantos?"

Allí había lo menos 35 comensales, y eso contándonos a Billie y a mí.

"Ciao." Dijo Alex regresando con una sonrisa. "¡Vaya, ciao!. ¡Madre mía, cuanta gente!"

((Por cierto, para los que no lo sepáis aún, ciao en italiano se usa para saludar y para despedirse, no solo para decir adiós como hacemos el resto de gente.))

"Bella, cara signorina." Le dijo Andreas, el anciano. "Esta es toda la familia que estábamos aquí."

"Estos son todos los parientes de Andreas y Giorgette que hay en el pueblo y los alrededores" Me dijo Alex sonriéndome. "Marco, Carlo, Alexandro, Mauro, María e Isabella son los hijos de Andreas y Giorgette. Luego esta Isabella es la mujer de Marco, Sabrina es la mujer de Carlo, Priscilla es la mujer de Alexandro, Stella es la mujer de Mauro, Armando es el esposo de María y su hermano Enzo es el novio de Isabella

"No, yo soy el hermano Stella." Nos dijo un chico que supuse que era Enzo. "Stella, no Isabella"

"Eso, que aún me lío un poco." Dijo Alex sonriendo en broma y divertida. "Luego, Ambrosio Ascanio Emilio y Eriberto son hermanos de Andreas; pero Gregorio es el hermano de Giorgette."

"Llámame solo Berto." Me dijo un hombre bromeando. "Eriberto era mi padre."

"Y estas mujeres tan fuertes de aquí son Adriana que es la mujer de Ambrosio, Apollina es hermana Ascanio, Aurora es la mujer de Emilio, Emiliana es la mujer de Berto y Giulieta es la mujer de Gregorio." Añadió Alex.

La verdad es que había muchísima gente allí, y hasta ahora solo me había presentado a los más mayores.

"Y por aquí están mis sobrinos y sobrinas." Afirmó Andreas. "Chicos fuertes y jóvenes que aguantan trabajando en el campo."

"Giacobbe y Aurelio son hijos de Emilio, Milo y Giovanni son hijos de Berto y Guido que es el hijo de Giorgio." Me dijo Alex mientras Isabella, la mujer de Marco y Sabrina, la de Carlo, servían unos pucheros con mucha comida que repartieron entre todos en la mesa. "Y este hombre tan apuesto de aquí…" Dijo poniéndose a mis espaldas y en italiano. "Es Jacob, mi marido. Y su padre, Billie Black."

"Que es muy bueno jugando al dominó y al poker." Añadió Ambrosio divertido.

La verdad es que era divertido, esa gente hacía la casa bulliciosa y llena de vida. Y Alex estaba también bastante jovial. Los gemelos habían llegado y estaban jugando con otros niños que se supone que eran los hijos de toda aquella gente.

"Se te ve feliz." Le dije a Alex cuando trajo un par de botellas más de vino.

"Bueno, ya ves, la gente aquí es cálida." Me dijo sonriéndome. "Aquí las familias son enoooormes y como puedes ver, cuando se juntan las reuniones son bulliciosas."

"Somos unas familias grandes y ruidosas." Afirmó Giovanni. "Pero ya te acostumbrarás."

"Eh, perdona pero te recuerdo que tenemos 5 hijos." Le dije yo. "Y mi esposa ha educado a nuestros hijos en que todos sus amigos y los míos son tíos y tías de ellos."

"Sí, nadie pensaba que la señorita iba a tener una familia." Afirmó Berto.

"Y eso que era la más guapa de la villa." Afirmó Giulieta.

"Vale, vale." Les dijo Alex divertida. "Eso es una mentira como una catedral. ¡Vosotras sois muy guapas también!"

"Lo que nos extraña es que un tío como tú esté casado con una mujer como ella. Como Isabella." Me dijo Milo. "No es por enfadarte pero… bueno hay bastante diferencia de edad."

¿Sabían ellos lo de mi esposa? No, supongo que no.

"Lo mismo me pregunto yo." Afirmé sonriendo. "¿Qué habrá visto mi joven esposa en mí si no soy rico?"

"No, lo decíamos por ella." Me dijo Ascanio. "Isabella es un Stregoni Benefici debe tener ya… uff, siglos."

"¿Vosotros sabíais lo de ella?" Les pregunté sorprendido.

"Claro." Me dijo Andreas.

"Toda la villa lo sabe." Afirmó Ascanio.

"Verás, hijo." Me dijo Ambrosio. "Yo soy el más viejo de la mesa, y resulta que tu esposa es un vampiro ¿no? Bueno, pues resulta que no es como esos vampiros, los de Drácula y las películas. Es la protectora de nuestro pueblo, durante siglos. Así que… en realidad sería como si fuese la señora feudal y los habitantes fuésemos los vasallos. Cada vez que nos necesita, chas." Dijo chascando los dedos. "Todos corremos a ayudar."

Eso me había hecho mirar a Alex con curiosidad. Me di cuenta entonces que su vaso en vez de con vino estaba lleno con sangre y la bebía como si fuese lo más natural, no se escondía como hacía con todo el mundo que no sabía lo suyo.

"Llevamos trabajando sus tierras toda la vida." Afirmó Andreas. "Y nuestros padres antes que nosotros, y los suyos antes que nosotros."

"Me he ocupado de que no haya problemas con vampiros en esta zona personalmente. Durante mi vida." Afirmó sonriéndome. "Ah, y Paolo vive por aquí también cuando está libre. Él me ayuda a vigilar la zona."

"¿El chico de los Taponni?"Nos preguntó Stella.

"No, no." Les dijo Alex. "El nieto de la señora Rovino, la que vive en la capital con su nieta Chiara."

"¡Ah!" Dijeron. "El chico rubio fibroso…"

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Alex)

"Bueno." Me dijo la Isabella soltera, la hija de Andreas y Giorgette. "No nos dejes con la intriga. ¿Cómo es que te has casado con este chico?"

"Eso." Me dijo Milo. "¿Qué le has visto a este que no tengamos cualquier hombre italiano?"

Habíamos acabado ya de comer, yo incluso había probado un poco de la comida para no ofender a las cocineras. Como siempre, cocinaban de muerte; me encantaba la cocina mediterránea en general y la italiana en especial. No podía negarlo.

"Pues veréis, es que resulta que el caballero se enamoró profundamente de mí. Y Jacob puede ser muy perseverante, tiene una cabeza de granito armado, no es fácil disuadirlo de algo." Les dije sonriendo y cogiéndole la mano a Jacob con suavidad. "Y la primera vez que le vi no me llamó especialmente la atención más que por ser el vivo retrato de un antepasado suyo que yo había conocido. Eso sí, desde el mismo momento de conocernos, él comenzó a acompañarme, a ayudarme, a apoyarme… Y debo admitir que un hombre así llega al corazón de cualquier mujer, y yo no soy de piedra precisamente." Afirmé bromeando y haciendo reír divertidos a la gente en la mesa. "Así que… bueno, intenté guardar las distancias, pero es imposible decirle que no a Jacob cuando se empeña en algo, pelea y pelea y pelea hasta que lo consigue. Así que… al final, poco a poco… fui enamorándome de él, y cuando me di cuenta ya era tarde. Me estaba poniendo en peligro y sobre todo le estaba poniendo en peligro a él, así que… al final decidí rendirme y luchar por lo nuestro." Afirmé mientras Jake levantaba mi mano y me la besaba.

"¿Y la diferencia de edad?" Me preguntó Enzo.

"La edad es cómo lo lleves." Afirmé sonriendo. "El problema debería tenerlo Jacob, le paso un carro de años increíblemente grande."

"¿Qué puedo decir?" Dijo Jacob besando mi mano de nuevo mientras las manteníamos enlazadas. "Estoy total y completamente enamorado de mi mujer. Lo que no entiendo es qué hace ella aún conmigo cuando por la calle me toman casi por su padre."

La verdad es que esta vez, Jacob no parecía apenado, al contrario, parecía haberlo dicho en broma, todos se rieron con ello y él también. Por una vez, parecía feliz aunque estuviésemos hablando del tema de la edad.

Eso me hizo muy feliz.

"La verdad es que en mi caso, yo me enamoré al instante de ella." Les dijo él sonriendo. "Había ido a los territorios donde estaba mi casa, a trabajar. Y como nosotros teníamos unas disputas territoriales con una familia de vampiros en América… No sé, parecía fría, calculadora… y a la vez tan joven." Afirmó. "Lo primero que me llamó la atención fueron sus ojos. Era joven, parecía tan joven como yo, y en cambio, sus ojos parecían haber visto demasiado, reflejaban dolor, soledad… me intrigó. Deseaba conocer más sobre ella. Así que… como ha dicho ella, fui perseverante, me pegué a ella como una lapa, la ayudé todo lo que pude… y a menudo solía llamarla para intentar incluirla en mis planes y los de mis amigos... La llamaba por teléfono con la menor excusa…" Dijo. "Fue todo… señor, era la cosa más bella que había visto nunca. Me despertaba muchas cosas, y me despertaba curiosidad con su mirada, cosa que ninguna otra mujer me había despertado nunca. Solo tenía una cosa clara, y era que no podía dejarla escapar. Si me quería como hermano sería el mejor hermano del mundo, si era como amigo sería el más fiel… cualquier cosa que ella necesitase. Y al final resultó que acabé siendo su compañero, su novio y su marido. Y ahora soy el padre de sus hijos, bueno, salvo el de Lily, que soy el padrastro." Afirmó bromeando. "Pero la quiero como a una hija también… Y a sus hermanastros, son casi como mis cuñados. Me ha costado lo mío pero he acabado queriendo en cierto modo a su familia pegada."

Era gracioso, era la primera vez que le oía decir eso sobre Ivvan, Chad y Aqueron; ya sabía que quería a Lily como a una hija y Bobby… bueno, como a mi hermanito pequeño y medio autista. Pero era la primera vez que reconocía que veía a los adultos como a cuñados.

"¿Y cómo es que un hombre como… bueno, como tú, se fijó en una chica como nuestra signorina?" Le preguntó Ambrosio.

"Pues… la cosa fue difícil, nadie aprobaba mis sentimientos, y yo ni sabía que los tenía... Fue raro, porque… era como si supiera que aquello estaba mal pero… a la vez necesitaba verla y estar con ella. Pensaba que era solo curiosidad, pero… me sorprendía pensando en ella, en qué estaría haciendo, la llamaba por cualquier tontería…" Dijo con una voz un poco débil. "Y lo más gracioso es que cuando todos me decían que estaba enamorado de ella yo lo negaba. Era en plan de… ¡¿Yo, enamorado de esa chica?!. ¡Imposible!"

Eso nos hizo reír a todos. No era para reirse, desde luego, pero aún así él lo hacía gracioso.

"Pero resulta que al final… bueno, tuve que reconocerlo. ¿Por qué si no iba a hacer las tonterías que estaba haciendo? Y eso, poquito a poquito fui consiguiendo algo. Y mirar ahora, casados va a hacer 23 años, con 5 hijos y seguros de que esto es para siempre, o casi."

Ya, ahora venía lo de que él era mortal y yo viviría eternamente con un poco de suerte. Yo lo sabía, él lo sabía, Billie lo sabía… todos lo sabíamos.

"En realidad lo de casi tiene arreglo." Le dije mentalmente. "Sería muy arriesgado y lo más probable sería que muriésemos en el intento pero…"

"¡¿Hay una forma?!" Me preguntó mentalmente y sorprendido. "¡¿En serio hay una?!"

"Una oportunidad entre 1 billón. Sí." Afirmé. "Pero no estoy muy segura de ello. Es… bueno, es extremadamente difícil y peligrosa. No estoy muy segura de que yo pueda hacerlo y desde luego, tú no estas preparado; aún." Añadí.

Confiaba en que él sí podría llegar a estar preparado; pero yo no estaba tan segura de mí misma. El proceso era muy complicado, era largo, difícil y exigía mucho sacrificio. Era una forma que se dejó de usar hacía mucho por esta dificultad y la cantidad de fracasos que habían causado. Sin embargo, ponía que con ella convertían hasta a los más fuertes oponentes, incluidos cambiantes, sirenas… había incluso el caso de un demonio y de una ángel, pero solo uno de cada entre cientos de intentos fallidos.

Me daba miedo, tenía auténtico pánico de siquiera intentarlo, pero si Jacob era lo que más deseaba… estaba dispuesta a intentarlo.

En nuestro caso llevaría más tiempo del habitual en lo que había podido leer de aquellos códices medio destruidos. Necesitaba que Jacob estuviese en plena forma, y aunque poco a poco iba consiguiendo volver a estar más o menos en plenitud de cualidades, la edad y los años de depresión le habían pasado factura.

Además, necesitábamos ambos una purificación; nada de dudas sobre el futuro, debíamos estar muy seguros de lo que queríamos y de que iba a salir bien.

Pero yo tenía mis dudas, dudaba de si yo sería capaz de hacer aquello tan complicado, de si Jacob no perdería la cabeza como había pasado en muchos casos de ese proceso, de si cuando fuese inmortal sería de verdad más feliz… y podía ver en Jacob, que dudaba de si seguiría queriéndole cuando se convirtiese y se quedase anclado en su edad actual que vale, no tenía arrugas pero sí parecía más mayor que yo.

No podíamos hacerlo así, no con esas dudas en nosotros mismos y en el futuro que nos esperaba juntos.

Además, en el hipotético caso de que lo hiciésemos, también habría que guardar el secreto, para evitar que volviese a ponerse de moda el morder a cualquiera y eso provocase una oleada de intentos fallidos que yo como nueva cabeza de todos los vampiros, tendría que erradicar con ayuda de todos los cazadores que pudiésemos.

Jacob iba a tener que renunciar a su mortalidad, su familia y amigos morirían y él seguiría vivo, eternamente. Eso era mucho tiempo, lo sabía por experiencia.

¿Estaba dispuesta a condenarle a lo mismo que yo había pasado?

Yo sabía lo que era que todos mis amigos y conocidos fuera de mi especie muriesen, la soledad, el vagar eternamente, el no poder estar en un sitio mucho tiempo para evitar llamar la atención… Jacob no sabía lo que era eso, él había crecido en una reserva Quileute, tenía muchos amigos y gente dispuesta a cuidarle, había vivido siempre en el mismo sitio, donde todos le querían y le respetaban… ¿podría algún día acostumbrarse a todo lo que implicaba ser un vampiro?

Las leyendas Quileutes nos llaman a los vampiros 'fríos'; no se equivocan, nuestra vida esta rodeada de frío y soledad. Vale que hacíamos clanes y familias, pero eran falsas familias, hechas con gente que en el mejor de los casos igual eran parientes lejanos como en el caso de los Valerius de la casa de la condesa de la que por cierto, también era yo cabeza y mi hija Sari era la siguiente en la línea de sucesión; no, normalmente eran personas que habíamos convertido uno u otro de la comuna.

Los vampiros éramos sanguijuelas, vivíamos de aprovecharnos de la gente normal, si se era vegetariano vivíamos una vida mucho más fría y era difícil poder encajarla si se estaba solo como yo había pasado años estando.

¿Sería Jacob capaz de contenerse de beber sangre humana o lo único que haría sería hacerle daño al convertirle y obligarle a beber sangre?

Hombre, poco a poco y con un poco de suerte acabaría pudiendo hacer la misma dieta que yo llevaba, sangre animal, sangre 'muerta' y un poco de comida humana. Iba a tener que echarle mucho valor y seguramente le dolería, yo ya había pasado por ello y sabía el dolor que causaba todo el proceso.

Iba a condenar a una de las personas que más quería en este mundo a mucho tiempo de dolor.

"Si tú estás a mi lado, nada podrá hacerme mucho daño." Me dijo pensando la respuesta.

Claro que iba a estar a su lado, era mi marido, yo le iba a convertir si se diese el caso; nunca había vuelto la espalda a mis mordidos, menos aún lo iba a hacer con él. Sin embargo, eso no me ayudaba lo más mínimo a quitarme las dudas y mis temores.