Capítulo 14: San Gimignano.
((Lo siento pero me han cortado el ordenador en casa así que esto va a ir más lento... Os pido un poco de paciencia y comprensión, que en mi casita las cosas no están yendo muy bien y... bueno, mejor no forzar mucho no sea que empeore aún más las cosas. Gracias.))
(Voz de Jacob)
Era aún temprano cuando me desperté. Lo primero que hice, como cada mañana antes de levantarme fue comprobar que mi esposa seguía allí, entre mis brazos. Entonces sonreí y enterré mi cara en su pelo para besarle la cabeza.
Cuando ella levantaba un poco la cara para mirarme entonces siempre le daba un beso profundo de buenos días y ella siempre sonreía y me decía lo mismo mientras la atraía un poco más hacia mí.
"Vaya, parece que hoy nos hemos despertado mimosos."
Siempre era igual. Me encantaba esa parte del día; despertar juntos. Llevamos en esa casa casi un mes y medio y tenemos una rutina más que placentera. A veces ella tiene que irse durante un día y yo me quedo allí, pero como la familia aún esta de recogida de olivas en la finca me han enseñado cómo se hace y yo les ayudo siempre bajo la atenta mirada e indicaciones de Emilio o Berto. Ya hasta me he hecho a verles allí, las comidas se han trasladado al cenador y casi es como si fuésemos una enorme familia.
"¿Nos levantamos y nos ponemos ya a entrenar un rato?" Me dice Bella como cada mañana.
"Cinco minutos más…" Le digo atrayéndola más para besarle los hombros y el cuello donde tengo enterrada mi cara ahora. "Per favore, amore mio…"
Ya casi me he acostumbrado a cómo llamarla. A ella la llaman Bella entre los jóvenes y sobre todo las otras dos Isabellas que hay, pero signorina entre el resto y cuando hay más de una Isabella cerca; a la Isabella de la familia le llaman Bella, pero a la otra la llaman Isabella para diferenciarlas a las tres. Así que yo llamo a mi Isabella, 'amore' que significa 'amor'en italiano, a veces también la llamo 'cara mia', que viene a ser algo así como 'cariño mío'. Estoy acostumbrándome a la costumbre que tienen todos los hombres italianos de acabar la frase a las damas con un piropo corto, cosas como 'cara' o 'bella' o 'preziossa'. Igual que me estoy acostumbrando a que aquí en vez de beber cerveza beben vino, y no uno cualquiera, suelen beber vino que han hecho ellos mismos.
Solo en nuestra casa tenemos varias hectáreas de olivos y unos cuantos de viñedos además del huerto con unos frutales que están plantados por todos sitios. Me han explicado que de esta finca Nottangelo, que está conectada con la de Bramasole a pesar de otras fincas que hay entre medio, hay varias temporadas de recogida de los frutos de la tierra. Están la temporada de la oliva, la de la uva, la del trigo y la avena y también la de las frutas que se dividen en la de la fresa, la de la manzana y la de la cereza. Ellos van por las uvas y las olivas que al parecer son los productos típicos de la tierra: el vino, el aceite y el cereal.
Me he acostumbrado ya a que en todas las comidas toman vino, y estoy comenzando a desarrollar un cierto gusto por esa bebida, aunque algún día me he ido con alguno de los hombres al pueblo y nos hemos tomado una cerveza.
A otra cosa que estoy comenzando a cogerle el punto es a los desayunos, ya no son tortitas, no, ahora son tostas con aceite o untadas con tomate y un poco de jamón encima. La verdad es que estoy comenzando a cambiar de gustos.
Y hoy es ya fin de semana, así que los 35 comensales se han convertido en 49 contando a los niños y pre-adolescentes que durante la semana están en el colegio y el instituto como pueden ser nuestros hijos. Además, ayer vinieron también Sari y Seth. Estos dos están cada vez más unidos, lo cual no sé por qué no me acaba de gustar del todo, vienen todos los viernes por la tarde-noche y se van los domingos por la tarde-noche.
"¿Hasta dónde vamos hoy?" Le pregunto a Isabella mientras acabo de atarme las deportivas.
"Primero corremos un poco hasta San Bernardino y luego cuando lleguemos al coto ya veremos." Me dice.
San Bernardino es un sitio bastante curioso, es un pueblo pero muy rural, es de lo que ellos llaman l'Italia profonda. Corremos hasta allí en mi forma humana y luego solemos ir a lo que llaman el coto, que es monte y allí, lejos de miradas indeseadas, me transformo en lobo y nos pasamos una horita entrenado por allí y aprovechando los obstáculos naturales que nos presenta el bosque. Luego volvemos a correr en mi forma humana de vuelta a casa y allí me ducho; a veces nos duchamos juntos, o cual debo decir es muy, muy divertido, al menos para mí.
Y después, nos ponemos la ropa de trabajo y bajamos a trabajar al olivar.
A menudo, en el desayuno solemos ver a alguno de los integrantes del grupo de trabajo que se ha dejado caer ya por allí y normalmente nuestros hijos suelen estar por allí. Los fines de semana, Sari y Seth suelen venir con nosotros así como Carrick y Alexiel que durante el resto de la semana no pueden venir porque están en el colegio o la universidad. Poco a poco estoy comenzando a recuperar mi antigua forma física y debo admitir que cuando entrenamos a cazar, vuelvo a ser el mejor de los lobos.
Ah ¿había mencionado que tanto Carrick como Alexiel podían trasformarse desde hacía algún año? Son unos lobeznos increíbles, corren, saltan, juegan a pelearse entre ellos… Son auténticamente hijos míos.
Hoy cuando regresamos a casa, tengo sorpresa.
"¿Me abres un hueco y entro a ducharme también yo?" Me dice Isabella tras cerrar la puerta y echar el pestillo.
"No sabía que hoy ibas a venir." Afirmé. "¿Y si nos oye alguien?"
"Tranquilo, he echado el pestillo a las puertas de casa, y las chicas cocinan hoy asado, así que… hasta que no salgamos no creo que vayan a entrar a preparar las ensaladas, más que nada porque suelen hacerlo justo antes de servirlas."
La verdad es que aunque ya he visto su cuerpo desnudo miles de veces, aún sigue provocándome la misma reacción que la primera vez. Así que cuando se mete en la ducha conmigo…
Joder, es inevitable ¿no? Es mi mujer, tiene un cuerpo de infarto, soy un hombre… es lógico que me atraiga mi propia esposa ¿no?
Esta vez procuro que no montemos demasiado escándalo. Sari y los gemelos pelirrojos saben entrar en las casas aunque las puertas estén cerradas, aunque creo que ya saben lo que hacemos sus padres cuando no hay nadie cerca, tampoco es plan de que nos oigan si entran en casa por cualquier motivo.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Isabella-Alex)
"Vaya, Jake, lo haces muy bien." Le dije sonriendo mientras le veía cortando las olivas con mucho cuidado y precisión.
"Grazzie." Me contestó sonriendo. "Los hombres me han enseñado."
Es gracioso, pero ahora ya, cada vez que le hablamos en italiano, él entiende todo lo que decimos, y en este poco tiempo, les ha enseñado inglés al resto de forma que lo que hablamos en inglés normal suelen entenderlo más o menos bien, y si no entienden todo, al menos captan el sentido.
"Signorina Bella." Me llaman entonces desde abajo. "Hora de comer."
"Benne, ahora vamos." Les digo sacando el último puñado de olivas que caen suavemente a las redes que hay puestas debajo del árbol.
Es una forma un poco curiosa de recoger las olivas, pero es la forma tradicional de hacerlo y a mi me gusta.
De todas estas olivas, la inmensa mayoría irán destinadas a hacer aceite, cuando acabemos, vendrá un camión, cargaremos los bidones de aceitunas y se los llevarán al trujal para que hagan el aceite; de lo que saquemos, una parte será para la familia, como siempre, en pago personal por la ayuda y el entusiasmo que pone toda la familia en ayudarnos con las tareas agrícolas.
"Ciao, bellas." Dice de pronto una voz tras nosotros.
"Ciao, Paolo." Le dicen en general.
"¡Ciao, Paolo!" Le digo entusiasmada de verle allí y dándole un abrazo antes de ver al moreno de ojos claros que llegaba tras él. "Ma guarda che abbiamo qui! (¡Pero míra quién tenemos aquí!)" Añadí viendo al chico. " Chi è questo ragazzo così bello? (¿Quién es este chico tan guapo?)"
"Isabella, creo que no te acuerdas de mi primo Marcello." Me dijo.
"¡¿Marcello, el mismo Marcello que era un bebé de 2 días y que solo comía papillas si tenían un poco de vino en la composición?!" Dije sorprendida.
"Preciso!" Me dijo el chico sonriendo y haciendo una reverencia antes de coger mi mano para besarla mirándome a los ojos. "Paolo ha hablado muy bien de ti. Pero creo que se ha quedado corto."
"¡Yaw!" Grité saltándole al cuello. "¡Cómo has crecido!. ¡Que guapo te has puesto! Y... hum. ¿Cómo tu primo?" Le pregunté cuando capté su olor.
"Y eso que me he echado bien de colonia." Afirmó él. "Por cierto, ¿quién es el otro colega?"
"Es..." Comencé.
"Encantado, yo soy Jacob, su marido." Le dijo Jake acercándose y tendiéndole la mano.
Vale, por mucho tiempo que pasase, un macho era un macho, y Jacob era un macho alfa.
"Encantado Jacob." Le dijo Marcello en inglés.
"¿Hablas inglés?" Le dijo Jacob.
"Venga chicos, estábamos comiendo ¿queréis compartir nuestra comida?" Les dije sonriendo y señalándoles la mesa.
"Esperar, os abriremos un hueco en la mesa." Afirmó Milo.
"¿Cuánto hace que...?" Le pregunté a Paolo.
"Hace solo unos meses." Me dijo susurrando. "Aunque como ves, tiene más físico que yo."
"Ya veo." Afirmé al darme cuenta que el chico estaba fuerte.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
"Y por eso, resulta que esa tía, se fue para casa calentita." Le dijo Marchelo o como quiera que se llamase el niñato moreno que había aparecido nuevo. "La muy lerda... se pensaba que por ser más vieja iba a ser más dulce con ella..."
Llevaba así toda la comida, y ahora Bella estaba riéndose de su anécdota. Claro que normalmente si no hubiese sido con mi mujer, y aunque sabía que los italianos eran así con todas las mujeres...
"La verdad es que sí, es muy divertida." Le dije yo cogiéndole la mano a ella con suavidad pero intentando marcar terreno.
Pero claro, ese tío no parecía darse cuenta. Siguió dándole charla y pasando de mí toda la comida.
"Por cierto, tienes que venir a ver el festival de San Marcos." Le dijo el chico.
"Ah, vaya..." Murmuró. "Lo siento, tengo que ir a Volterra en San Marcos." Le dijo entonces. "Me... Bueno, me requieren allí."
"Oh, vaya." Dijo el chico. "Pero por las de la virgen estarás ¿no?"
"Mamma, no podemos perdernos las de la virgen." Le dijo Eddy.
"Sí, Chiara se ha apuntado a la lista para ser doncella." Nos dijo Jacky.
"¿De qué estáis hablando?" Les pregunté yo.
"De las fiestas de la virgen." Afirmó mi Isabella sonriéndome. "En San Gimignano se celebran por lo alto. Duran una semana pero el momento principal es el domingo, que salen las chicas en una procesión vestidas de blanco y con velos."
"Ma, solo las más bellas." Afirmó uno de los chicos.
"Todas estas mujeres han sido doncellas." Me dijo Andreas.
"¿Todas, todas?" Le pregunté más bien con interés sobre si mi mujer también lo había sido.
"Sí." Me dijo Paolo. "Todas, todas. Salvo Sari, pero porque es demasiado joven para ello."
"Y luego está lo de la virgen." Me dijo la mujer de Milo. "Es siempre la más bella de las damas que se presentan."
"Pero tienen que presentarse a virgen." Afirmó Ascanio. "Si no, no vale."
"¿Y quién ha ganado otras veces?" Le pregunté.
"Tu mujer nunca se presentó." Me dijo Paolo. "Aunque las veces que salió en la procesión era la doncella que más miradas atraía, más que la virgen."
"No había preguntado..." Comencé yo.
"Ya, pero es lo que querías saber." Me dijo él.
"Yo recuerdo haber sido de los que las miraban embelesados." Afirmó su primo sonriendo. "Es... ¿cómo decirlo? Como una rosa entre flores."
"No." Dije levantándome de la mesa. "Te equivocas, es como una orquídea."
No me gustaba ni un pelo ese tío, no hacía más que llegar y ya estaba flirteando con mi esposa. Y no esta vez no había sido una imaginación mía.
"Eh, Jake, qué te pasa..." Me dijo Isabella sonriéndome y apareciendo tras de mí en el lavabo donde había ido a refrescarme un poco la cara. "Has salido por patas."
"Igual es que no aguantaba más a 'mister delicadezas' por más tiempo." Le dije.
"Hum... admito que igual Marcello puede ser un poco... bueno, un poco pesado, pero te aseguro que es solo porque hace tiempo que no me ve."
"Cariño, soy hombre, y no soy ni ciego ni sordo." Le dije molesto con el tipo ese. "Sé que ese tío está intentando algo más que hablar contigo."
"A ver, es un niño aún, yo te quiero a ti... oh, sí, se me olvidaba. Al único que amo es a ti." Me dijo haciendo como que contaba a lo humano con los dedos antes de mirarme a mí directamente. "¿Por qué no confías un poco más en mí?"
"Claro que confío en ti..." Acabé suspirando. "Pero no me gusta que ese niño esté todo el rato Isabella por aquí, bella por allí, cara y todo eso."
"Cariño..." Me dijo dándome un beso suave y dejándome que la cogiese por la cintura para pegarnos. "¿Estarías más tranquilo si cambiásemos de sitio?"
"Ayudaría, la verdad." Afirmé yo. "Pero..."
"Ya, ya." Me dijo. "Estoy acostumbrada, tranquilo. No me voy a molestar..."
Aunque dijese eso, podía ver que en el fondo, sí que le importaba, al menos un poquito.
"Por cierto, igual esta tarde podríamos..." Le dije. "No sé, como los chicos se van a la universidad pues nosotros podríamos ir..."
"Planeaba ir a Volterra un par de días." Me dijo. "Lo demoré un poco, para comer con todos."
"No... no me habías dicho..." Le dije.
"Sí, bueno; me llamaron antes, cuando estábamos cogiendo olivas." Me dijo. "Hay unos visitantes que solicitaban audiencia así que... tengo que ir, ya sabes, cargas del poder."
Sí, sabía lo que era, el poder... siempre las obligaciones de su cargo...
"¿Podrías traerte de Volterra uno de esos tanques de helado?" Le pedí intentando ocultar mi decepción por tener que cambiar mis planes de una tarde juntos en el pueblo por una tarde solo, recogiendo olivas y aguantando al capullo ese.
"Claro." Me dijo sonriendo. "Traeré un par de tanques de helado. Tiramisú, café y moras para Billie y... Pistaccio, strachatela y... ¿cuál era el otro?"
"Ristretto con crema." Le dije.
"Vale, prometo traeroslos cuando vuelva." Le dijes sonriendo. "Y tengo que añadir el de cereza para los gemelos y también un poco de leche merengada y dulce de leche para el resto. Ah, blanco para Sari."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
"El móvil... ya está, creo que no me dejo nada..." Oí murmurar a Isabella en su cuarto después de la comida.
No pretendía meter el hocico en sus asuntos, pero... parecía estar preparándose para salir de viaje. Me asomé un poco por la puerta, por un segundo me pareció un poco abatida, pero fue solo un segundo antes de que sonriese a medias.
"¿Te gusta espiar a las damas cuando están en sus cuartos?" Me dijo casi murmurando.
"Solo a Sari." Le dije. "Y no, no la espío mientras se cambia. ¿Vas a algún lado?"
"Volterra." Me dijo. "Tenemos visita y tengo entendido que es por negocios, así que... me toca irme un par de días."
"Jacob se queda ¿no?" Afirmé.
"Sí, en Volterra no puede entrar." Me dijo cerrando un maletín pequeño. "Y solo serán dos días, así que... bueno, él se queda con los niños."
"Vaya... si Sari hiciese eso..." Comencé. "No sé, me sentiría..."
"¿Solo?" Me dijo. "Vete acostumbrándote, Sari es la líder de los Valerius cuando yo muera. En la casa de la condesa tampoco se permiten licántropos. A decir verdad, no se permite nada que no sean vampiros. Los únicos humanos que entran son para servir como comida."
"Pero eso es..." Dije.
No podía acabar la frase, era barbárico, pero no podía decirlo cuando mi futura suegra era una vampiresa y mi futura mujer era medio vampiresa. Yo mismo le conseguía de vez en cuando un poco de sangre; no era algo tan frecuente o en tanta cantidad como el resto de sus parientes por parte de madre pero... tenía esa necesidad también.
"Puedes decirlo, a mí tampoco me gusta, pero es lo que soy, lo que somos." Me dijo ella encogiéndose de hombros. "Vale, yo no me alimento de humanos, pero vampiros vegetarianos somos muy pocos. El resto se alimentan de sangre huamana, si quiero que no se dediquen a ir por ahí matando a todos los humanos, lo menos que puedo hacer es autorizarles a tener donantes en la casa y hacer como que no veo de vez en cuando."
"¿Te das cuenta de lo que dices?" Me preguntó.
"Sí, puede sonar un poco mal si no eres del gremio pero... bueno, por decirlo así, es como lo que vosotros hacéis pero visto por un vegetariano." Me dijo.
"No, no lo es." Afirmé. "Nosotros comemos cosas normales."
"¿Y qué es según tú cosas 'normales'?" Me dijo.
"Pues..." Dudé un poco, entonces sacudí la cabeza. "Lo que todo el mundo come, desde luego."
"En Tailandia comen grillos, oh, y en China tienen un snack echo con larvas fritas. Mmmm, delicioso y crujiente."
¡¿Lavas, grillos?!
"Oh, y en China, por poco se me olvida, en China también comen sopa de perro. Crían una raza de perros como si fuesen nuestros cerditos. Son comida, no animales de compañía." Afirmó.
"Vale, vale." Le corté. "Me vas a hacer vomitar..."
"Solo intentaba dialogar." Me dijo recogiendo sus cosas e incorporándose de nuevo. "Bueno y ahora... me tengo que ir. Suerte en la universidad."
"Espera, Sari querrá..." Le dije.
"No te preocupes, ahora pretendía bajar." Le dije. "Te recuerdo que yo me muevo por aquí en mi Porsche (Porsche 911 del año 2008, en negro con brillos morados)."
"Sí, claro." Le dije. "Se me olvidaba que mi suegri se mueve sola..."
"No, me muevo con estilo." Afirmó. "Y para ser una futura parte de mi familia parece que no lo recuerdas ¿no?"
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alex)
"Volverás pronto ¿no?" Me dijo Sari mientras le daba dos besos para despedirme de ella.
"Vuelvo antes que tú, niña." Le dije sonriendo y dándole un toque en la frente. "Tu vuelves el viernes al anochecer y yo vuelvo el miércoles, el jueves como muy tarde."
"Ya, ya, muy graciosa." Me dijo sonriendo. "Dale recuerdos a Heidi de mi parte ¿vale?"
"Vale, pero... creo que estaba en un viaje de placer por Copa Cabana." Le dije.
"Vaya... es increíble." Afirmó sonriendo. "¿De caza?"
"Creo que el tío Sorien le está enseñando a Heidi cómo se divierte uno." Le dije sonriendo y bromeando. "Al menos cómo hacerlo en la playa. Les he tenido que dejar mis cremas solares con pigmentos."
"Vaya, parece que la vida puede cambiar." Me dijo Sari sonriendo.
"Sí, claro." Afirmé divertida. "Todo puede cambiar. ¿Recuerdas el efecto de la mariposa que te decía cuando eras pequeña?"
"El mundo puede cambiar con un solo aleteo de mariposa." Me dijo sonriendo. "Sí, lo recuerdo perfectamente."
"Cuídate, Sari." Le dije abrazándola por última vez.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Sari)
Fue curioso, tenía el correo en la mano justo cuando mi madre estaba arrancando el coche, y cuando vi aquel sobre, dirigido "A la familia Valerius-Black e hijos" supe al momento de qué se trataba.
Corrí al camino hacia la puerta pero allí había solo una nube de polvo, por lo que me quedé clavada con el sobre aún en la mano en alto.
"Sari ¿qué haces?" Me preguntó Seth.
"Había una carta..." Le dije bajándola. "Mi madre debería saberlo."
"¿Es para ella?" Me preguntó Jacky cogiendola. "No... Aquí pone para la familia Valerius-Black. Eso nos incluye así que..."
"¡Oye, eso le corresponde a mamá y papá!" Le dije quitándosela de la mano.
"A ver..." Dijo Seth cogiéndosela. "Ah, esto apesta a invitación de boda."
"¿Quién se casa?" Preguntó Eddy.
"¡Hum!" Dijimos Seth, los gemelos pequeños y yo sonriendo.
Solo había dos parejas que se pudiesen prometer.
