Capítulo 16: El aviso de boda.

(Voz de Alex)

"Bueno, pues... supongo que esto ya está." Afirmé echando la última firma mientras un rebelde estaba frente a mí. "¿Qué, Pierre, seguimos sin ceder?"

"Piérdete, zorra..." Me susurró.

"Vaaaaaleeee." Dije yo. "Chicos, darle un poquito más."

"¿Más aún?" Se quejó Felix.

"Llevamos ya 2 días torturándole..." Se quejó Demetri cansado. "¿Por qué no le damos matarile de una vez y ya?"

"Solo un poquito más." Les dije. "¿Queréis ocuparos vosotros?"

"No eres... más que una... guarra." Me dijo el torturado, Pierre. "Perra... amante de perros..."

Aquello fue demasiado, cerré mis ojos hasta dos rendijas y con un solo movimiento le había traspasado cortándolo en trozos con una sola ráfaga y varios movimientos de esgrima a una velocidad imperceptible por el ojo humano.

Le miré un segundo por el rabillo del ojo y entonces se calló picado en trozos pequeños; con un chasquido de dedos lo hice prender fuego y poco a poco se quemó.

"¿Alguien más que piense lo mismo que él?" Pregunté molesta girándome.

"No." Dijeron los hombres allí. "Nadie piensa eso."

"Bien." Afirmé. "Hacerme el favor, limpiar las cenizas estas ¿sí?"

"Últimamente está un poco más... sádica." Susurró Felix mientras yo salía la pasillo.

"Es solo cuando se meten con su familia." Afirmó Royce. "No le gusta que llamen chuchos a sus amigos de 4 patas."

No, lo que me ponía así de... furiosa, era que se metiesen con mi esposo, con mi otra parte de la familia. Vale, una parte era esta, Volterra y el clan Valerius con todas sus ramas. Pero la otra era Jacob, sus amigos y su familia. No me gustaba ni un pelo que se metiesen así con ellos.

"Isabella, cara." Me llamó Aro empujándose con el mandito de su silla de ruedas por el pasillo.

"Ciao, Aro." Le dije. "¿Y Aida?"

"Me he escapado." Afirmó sonriendo. "No me dejaba acercarme a la sala de torturas. ¿Qué tal va el interrogatorio?"

"Llevas tarde, hemos acabado ya." Le dije. "Me ha tocado mucho las narices y he acabado perdiendo la paciencia. Están ahora mismo limpiando los restos."

"¿Otra vez lo has cortado a trocitos?" Me preguntó confuso.

"Sí, y lo he incinerado en el momento." Afirmé. "Es..." No lo acabé, solté una especie de relincho y me rendí suspirando.

"Vuelves a ser la misma máquina de matar que eras antes." Me dijo sonriendo feliz y en su silla. "Gracias al cielo."

"Aro, no tiene gracia." Le dije yo casi gruñendo. "Yo no soy de las que van matando por ahí, no últimamente."

"Aro, aro..." Me dijo. "¿Por qué no me llamas correctamente?"

"Porque nunca has sido mi padre." Afirmé dejándome caer en mi asiento. "Aunque fueses el que puso la semillita."

"¿Y qué me dices de todos estos años que llevabas trabajando para la familia?" Me dijo sonriendo y aparcando frente a mí. "Te he tratado como a una hija, estaba orgulloso de ti."

"Ah, sí, claro..." Dije. "¿Cómo cuando me demostrasteis cuánto me queríais matando a Carrick? O no, no, mejor cuando me prometisteis con mi primo lejano Jagger. ¿No?"

"Bueno, era lo mejor para ti." Me dijo. "Matando al licántropo ese te salvamos la vida, erais él o tú. Y en cuando a lo de Jagger... era un hombre fuerte, tenía lo que hay que tener para ser un buen macho. Te iba bien, ambos erais fuertes, valientes... y no me negarás que era guapo ¿no? Hubieseis hecho una pareja perfecta. Y te hubiéses ahorrado esa guerra estúpida."

"No... es... una... guerra... estúpida." Le siseé con cara de furia y mirándole por encima de mis ojos con la cara apoyada en mis manos. "Son... mis... amigos."

Aquello se estaba poniendo peligroso. Muy peligroso; pero Aro era tan idiota o tan confiado como para no verlo.

"Yo no digo lo contrario." Me dijo. "Cálmate ¿eh? Solo digo que alguien como Jagger te hubiese puesto las cosas más fáciles que alguien como... bueno, como tu marido."

"Mi marido es el mejor para mí." Afirmé siseando. "No lo dudes."

"Claro, claro..." Me dijo. "Pero no es de nuestra especie."

"Gracias a eso, ahora tengo hijos." Afirmé. "¿Nunca te has parado a pensar por qué lo cogería a él en vez de a uno de los nuestros? Jacob es todo lo que nosotros no podremos ser nunca, es cálido, me quiere."

"Es un licántropo; es descerebrado, impulsivo, se guía por insitintos..." Me dijo.

"Y me quiere, cosa que los vampiros que según vosotros merecen la pena no pueden hacer." Le dije.

"Jagger..." Me dijo.

"Jagger solo me quería para presumir." Afirmé. "No me amaba, solo le interesaba que yo era una buena cazadora, era guapa y era mujer."

"¿Y qué me dices de Royce?" Me dijo. "No me negarás que él sí que era de tu agrado."

"Sí, pero no en ese sentido." Afirmé.

"¿Y qué me dices de...?" Comenzó.

"No, nadie." Afirmé. "Mi marido es Jacob y punto."

"Un marido que... si mis cálculos no me fallan, pronto morirá." Afirmó. "Es... mor-tal."

"No importa." Afirmé.

"Claro, claro, pero... yo que tú iría pensando en un sustituto, para cuando él desaparezca." Me dijo.

"No voy a buscar a ningún sustituto." Afirmé. "No hay nadie que pueda sustituirlo."

"Oh, eso pensaba también yo cuando murió mi querida esposa durante... bueno, cuando aún éramos humanos pero... Bueno, luego apareció mi Sulpicia."

"Aro, no voy a buscarme a otro." Le dije. "Jacob es mi pareja, él es mi pasado, mi presente y mi futuro. No pienso abandonarle."

"Hija mía... eres imposible, ya podías haber salido un poco más como tu madre." Me dijo. "Ella sí que era dulce..."

"No conocías a mi madre." Le dije molesta. "Mi madre era como yo."

"No, niña, no." Me dijo sacudiendo la cabeza. "Tu madre era más dulce, más... servil."

Fue un solo gesto, con un solo gesto le había hecho un zarpazo en el rostro. No sangraba, pero sé que le dolieron.

"Mi madre, era una gran mujer." Afirmé. "No era servil ni sin voluntad."

Entonces llamaron a la puerta con suavidad.

"¡¿Sí?!" Dije casi rugiendo.

"Perdón." Dijo Janice, la nueva recepcionista. "Signorina, tiene una llamada. Es de..."

"Ahora mismo." Le dije cogiendo el teléfono de la mesilla. "¿Sí, digame? Isabella Alexandrine al teléfono."

"Vaya... suena raro." Dijo una voz al otro lado.

"¿Paul?" Dije confusa. "¡¿Cómo tienes tú este número?!"

"Bueno, tu marido se lo dio a Rachel." Me dijo. "¿Trabajando con esos...?"

"Cuidadito lo que dices, chaval." Le advertí.

"Ya me he enterado que no has recibido la invitación." Me dijo.

"¿Qué invitación?" Le dije.

"Pues la que os enviamos." Afirmó. "Claro que llevas ahí casi 5 días, hemos llegado nosotros dos antes."

"Un momento, alto, alto, alto." Le dije. "¿De qué va todo esto?. ¿Tan solo es miércoles?"

"Er... no... es Viernes, las 8.30 hora local en San Gimignano..." Me dijo. "¿Otra vez te has vuelto a encogorzar?"

"Pero... eso es imposible..." Dije. "Mi móvil... Oh, vaya." Dije dándome cuenta de qué pasaba. "Está bien, discúlpame con Rachel y los niños. Enseguida saldré para allí en coche. Hablamos cuando llegue." Afirmé colgando con mala leche. "¡Felix, devuélveme mi puñetero móvil o te vuelo la cabeza!"

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

"Me ha colgado." Dijo Paul mirando el móvil.

"¿Qué te ha dicho?" Le preguntó Rachel. "¿Viene o no viene?"

"Hacía un par de cosas y venía." Afirmó pasándome el móvil. "Me parece que se olvidó de qué día es."

"Me parece un poco increíble." Afirmó Chad. "No sé, nunca se olvida de qué día es a no ser que sea algo gordo."

"¿Cuánto decías que te ibas a quedar?" Le pregunté.

"No sé... un día, una semana... un mes." Dijo sentándose con los pies en el apoyabrazos de su asiento.

Era desesperante ¿aguantarle un mes entero? Imposible, al menos no ahí, no entonces que mi mujer estaba siempre yendo y viniendo.

"Joooo, habíamos venido a verla..." Dijo Rachel.

"¿Por qué queréis iros a cualquier otro lado?" Le dijo mi padre. "Aquí hay sitio."

"No quisiéramos molestar." Afirmó Rachel.

"¿Estás de broma?" Le dijo Billie. "No molestáis. A decir verdad, nos pasamos aquí todos los días, los fines de semana está la casa llena y el resto de días pasamos hasta el anochecer solos aquí porque los chicos están fuera."

"Y yo ayudo a recoger olivas." Afirmé.

"No fastidies." Me dijo Paul.

"Es un trabajo más difícil de lo que parece." Afirmé. "Resulta que hay que cortarlas con una forma concreta, porque si les cortas mal al año que viene no darán olivas ahí."

"¿Y qué hacéis con las olivas?" Me preguntó Rachel.

"Prueba." Afirmé dándole una tostada con oliva y un poco de mascarpone mientras me hacía yo otra que le daba a mi padre y luego la mía. "Al parecer aquí la dieta se basa en tres cosas: cereal, olivas y uva. Traducido en cereal, aceite y vino."

"Estamos comenzando a apreciar los vinos y todo." Afirmó Billie comiéndose la tostada. "Y la verdad es que se come genial, casi todo se produce aquí."

"Sí, resulta que mi mujer es la señora feudal del pueblo." Les dije. "La mecenas. Tiene a medio pueblo trabajando para ella."

"Es más bien a unas familias." Nos dijo Jacky. "Aquí las familias son grandes y muy ruidosas."

"Pero no más que en Grecia." Afirmó Eddy. "Deberíais ver a las familias de allí."

"¿Entonces?" Preguntó mi padre. "¿Os disponemos un cuarto para los dos?"

"En serio, papá, no queremos..." Comenzó Rachel.

"No es molestia." Afirmó Chad. "Quedaros con el rosa."

"Además, ahora que Isabella sabe que estáis aquí seguro que considera una ofensa si rechazáis nuestra hospitalidad..." Afirmé.

"Y creerme, aquí la hospitalidad es todo." Le dijo Sari.

"Aquí la gente tiene poco pero todo lo que tiene lo comparte." Les dije. "Cualquiera es bienvenido, cualquiera que esté para las comidas es bienvenido a la mesa."

"Está bien..." Dijo Paul. "Supongo que podríamos quedarnos un poco más..."

"Si tu esposa se va a ofender..." Dijo Rachel. "Pero insisto, dejarme ayudar."

"Claro, Paul podría ayudar mañana con las redes." Dije. "Nunca vienen mal un par de brazos más."

"Creo que lo de pescar no es lo mío." Afirmó.

"¿Pescar?" Dijo Jacky. "Son redes de las aceitunas. Se quitan aceitunas y las que caen al suelo se recogen con la red. Es fácil, hasta el más descerebrado podría hacerlo."

"Pues eso te incluye a ti ¿no, hermano?" Le dijo Alexiel.

"Niños, parar ya." Les dije. "Jacky, haz el favor de devolverle a tus hermanos sus bicicletas."

"Solo cogí una para ir al pueblo." Me dijo.

"Se piden prestadas." Le dije. "¿O te cogen ellos tu moto?"

"Uno, la tengo arreglando, y dos, si me cogen la moto y mamá no les mata, les mato yo." Afirmó para llevarse un golpe suave mío para recriminarle.

"Veo que con tus hijos te llevas genial." Me dijo Paul divertido.

"A veces me olvido que esos dos son tan pequeños como los otros dos, pero es que en apariencia y forma de pensar te aseguro que a veces parecen adultos." Le dije.

"Pues parece que estáis haciendo un gran trabajo con ellos." Afirmó mi hermana.

"Sí... un gran trabajo..." Dije yo. "Nos están saliendo demasiado 'italianos'..."

"¿Italianos?" Me dijo Paul.

"Chulos, ligones... oh, deberías ver a los hombres aquí. De cada 10 palabras a una mujer 8 son piropos." Le dije. "Cuesta un poco acostumbrarse, son... ¿sabes que saludan a sus mujeres y amigas con besos?"

"Pues lo siento mucho pero el que le de un beso a Rachel que no sea familia o amigas te juro que le vuelo la cabeza." Me dijo Paul.

"¡Paul!" Le dijo mi hermana indignada. "¡¿Cómo podéis ser tan retrogados?!"

"Eso mísmo me pregunto yo." Dijo Alex apareciendo de la nada tras nosotros. "¿Cómo es posible que los hombres quileutes jóvenes o medio jóvenes sean tan retrogados? Hola, guapísima." Afirmó saludando a Rachel y dándole dos besos en las mejillas.

"Hola, guapa." Le dijo ella contestando a lo suyo.

"Paul, vaya, estás más guapo." Le saludó ella.

"Yo le veo como siempre." Afirmó Rachel.

"Cariño... deberías beber un poco de sangre ¿hum?" Le dije.

"Sí, vale." Dijo. "Que no sé que mierda me han dado Felix y el nuevo... Jesús, era algo... ¿sabía a caducado?"

"Creo que tus niños han cazado un par de cigüeñas." Le dije. "Mira a ver en la bodega."

"Ok." Me dijo suavemente. "Disculpadme un segundo..." Dijo con voz cantarina antes de desaparecer.

"Se me sigue haciendo raro que esté en un sitio y en una milésima de segundo haya desaparecido." Afirmó Rachel.

"Al final te acostumbras." Le dije.

"¡Chicos!" Nos llamó entonces desde la bodega. "¿Ya habéis ofrecido algo a nuestros invitados?"

"Sí." Contestamos los niños y yo.

"El abuelo les invitó a unastostas de mascarponne y aceite." Le dijo Sari.

"Sari, cariño. ¿Te importa ir preparando algo de pizza?" Le pidió. "Subo en cinco minutos, cuando me encargue de una pequeña garrapata que tenemos..."

"Vale." Le dijo Sari. "¿Sirve pizza?"

"Ostras que ha descubierto a Troy." Dijo Jacky antes de salir corriendo.

"Mamá, hago una boscaiola." Le dijo Sari.

"Vale." Le dijo ella. "Pero creo que no quedaban setas."

"¿Champiñones?" Le dijo Sari. "Hay unos cuantos."

"Vale." Le dijo Isa.

"Así que ahora os cocinan." Me dijo mi hermana.

"Los chicos son expertos en pizzas, Sari hace unos platos basados en pasta que son una delicia y deberías probar la comida que prepara mi esposa." Les dije. "Pero el de los asados en asador soy yo." Afirmé orgulloso y señalándome con el pulgar en el pecho.

"Jake ¿te importa ir lavando las cosas para la ensalada?" Me pidió ella entonces aún desde abajo. "Enseguida subo a prepararla."

"¿Cuál ensalada?" Le pregunté.

"¿Qué tal la Capresse?" Me dijo.

"Vale." Le dije. "Tomate, cebolla roja y albahaca fresca."

"Y saca un poco de Mozzarella fresca." Me dijo. "Así se calienta un poquito..."

"Claro." Le dije.

"Calzonazos…" Me murmuró Paul.

"Cuidado que te… oye." Le dijo Seth. "Ay, ay…"

"¿Decías?" Le dijo Isa con una navaja contra su cuello suavemente.

"Mamma, estoy seguro que Paul no quería decir eso." Afirmó Eddy.

"Hum…" Murmuró ella dudando.

"Veo que tu oído sigue siendo perfecto." Le dijo Paul. "Pero si quieres pelea, te aseguro que te daré una encantado."

"Paul, deja de molestarla." Le dije yo cogiéndola a ella desde atrás y separándola para darle un beso que le bajó de golpe su mal humor. "¿Acabas de chupar sangre y luego nos encargamos del resto?"

"Por la noche." Me dijo con el mismo tono calmado y demasiado suave para el oído humano mientras me hacía un dibujo con el dedo en el pecho.

"Cuando estemos solos." Le confirmé.

Entonces ella asintió y se separó para ir de nuevo hacia la bodega.

"Se me olvidaba recordarte que no le gusta un pelo que se metan con los suyos." Le dije a Paul. "Y cuando está un poco sedienta es peor aún."

"Su puñetero oído es mejor que nunca." Me dijo. "No estará otra vez…"

"No, tranquilo, está lejos de su etapa de celo." Le dije. "Lo que a ver cómo lo pasa aquí."

"Hombre, otros años se encerraba en su cuarto, se embutía de sangre o chocolate negro del puro…" Nos dijo Eddy. "Pero generalmente dictaba las ordenes con la puerta atrancada y decían que estaba de viaje por California y Arizona."

"Los únicos que podían entrar eran Heidi y nosotros." Corroboró su hermano.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Isa)

"Bueno, entonces… por fin os casáis…" Les dije a mi cuñada y Paul.

"Sí." Me dijo sonriéndome. "Es… señor, pensaba que nunca me lo iba a pedir. Llevamos ya… años de pareja. Aunque la verdad es que lo suyo… bueno, dificulta un poco las cosas."

"¿Perdona?" Le dije. "Difícil lo de tu hermano y yo. Lo vuestro… bueno, tampoco es tan difícil."

"¿Cómo lo haces?" Me dijo. "Vivir con mi hermano, con su secreto…"

"Le quiero." Afirmé mirándole discutir con Paul. "Le quiero un montón, por eso es más fácil. Vale que sus celos infantiles y crónicos son algo… bueno, me exasperan, pero en el resto no es tan difícil."

"¿Y si se trasforma cerca de tí?" Me dijo. "¿Y si os peleáis y él… bueno, y si te hace daño?"

"¿Y si cuando estamos en la cama yo le muerdo?" Le contesté. "¿Y si un día yo pierdo mi cabeza mientras estoy débil y le ataco? Mi ataque es mortal para él." Le conté yo con suavidad. "Además, dolor… te aseguro que nada que me haga él físicamente podrá dolerme ni la mitad de lo que me dolió tener que separarme de él hace 8 años… No, le quiero demasiado, confío en él ciegamente y sé que él no me hará daño. Al menos no conscientemente."

"Vaya, es…" Me dijo. "¿Cómo sabes que es él, que él es el apropiado?"

"Nadie es 'el apropiado' para mí." Afirmé. "Sin embargo… sé que no puedo vivir sin él, separarme de él me parte el corazón, y me mataría con mis propias manos antes de hacerle daño a él. No he sentido algo tan fuerte por nadie antes." Confesé. "Así que… sí, supongo que él es el apropiado."

"¿Pero mi hermano?" Me dijo. "Jacob es un cabezota y un…"

"… y un celoso compulsivo, y un cabeza cuadrada." Afirmé. "Pierde los nervios fácilmente, se siente amenazado por cualquier otro macho que se me acerque, a veces actúa sin pensar, si se deprime se escapa de casa…" Añadí enumerando todos y cada uno de los defectos que tenía. "Pero sin embargo, me trata como una princesa solo porque sí, me da seguridad siempre que la necesito y sin que se lo pida, sabe cómo me encuentro en cada momento y hace todo lo que puede por hacerme feliz… Es todo lo que yo necesito. Defectos y todo."

Ahora era ella la que me miraba, y no pude evitar reparar en que me miraba con curiosidad y sorpresa, con interés.

"El día que me iba a casar con tu hermano fue realmente estresante para mí. No hacía más que preguntarme si estaba haciendo bien. Si daba ese paso sería como decirle a todo el mundo que estaba con él, que esto era en serio… le estaba poniendo en peligro de muerte, con mi familia, con los Vulturi y también conmigo misma. Si en algún momento perdía el control, si me volvía loca cerca de él, si me enfurecía con él y sacaba mis dientes… podría matarle. No sabes lo que es vivir con eso, se te clava aquí, y… aquí." Afirmé señalándome en el corazón primero y luego en la cabeza. "Se te mete en la cabeza, te la taladra… es horrible."

"¿Entonces por qué…?" Me dijo.

"Un gran amigo mío me hizo una pregunta." Le confesé sonriendo suavemente, muy humano. "¿De verdad quería a Jacob?. ¿Deseaba pasar toda la vida con él? Me dijo que si la respuesta era que no, o si no lo tenía muy claro aún… entonces yo podía huir y él me cubriría para darme tiempo a alejarme y perder mi pista para tu hermano y su gente. Pero si la respuesta era sí… Y créeme, la expresión 'toda la vida' es un tiempo muy pero que muy largo en mi caso."

Eso la hizo sonreír. Ambas mirábamos a nuestros respectivos hombres.

Viéndola sonreír así, tan enamorada de Paul, me di cuenta que aquello era en serio. Ella nunca encontraría a nadie que le quisiera tanto como Paul, que fuese a dar cualquier cosa por ella… Sari, ella y yo éramos muy afortunadas.

"Rachel, piensa en esto." Le dije. "Estoy segura de tu respuesta, yo también he pasado por algo así. Se te ve en la cara la respuesta…"

Estaba claro, igual que en el caso de Quil y Claire, igual que el caso de Sari y Seth… solo era cuestión de tiempo.

"Ey, Isabella, cara mía." Me llamó Jacob. "¿Todo bien por ahí?"

"Sí, pesado." Le dije dándome cuenta de que me había quedado mirándoles fija y sonriendo mientras salía de mi estado de embobamiento. "¿Qué pasa, que por estar cinco minutos sin hablar en tu conversación ya voy a echarte de menos?"

"No soy yo el que se ha quedado embobado mirándome." Me dijo divertido.

"Tienes una mancha." Le dije. "Justo… aquí." Le dije desplazándome y limpiándole con una servilleta. "Claro que tú no entiendes las delicadas indirectas que se te lanzan. Eres peor que tus hijos…"

"Ja ja. Muy graciosa." Me dijo.

Entonces yo le saqué la lengua antes de sentarme de nuevo con mi cuñada.

"Acabo de pensar en una cosita." Le dije. "¿Tenéis ya organizador de la boda?"

"Emily y Sam se habían ofrecido a… bueno, vamos a echar todos una mano." Me dijo suavemente. "Pensábamos hacerla un poco en familia, tampoco nada demasiado grande… Tampoco tenemos como para…"

"El dinero no es problema." Le dije. "Se puede hacer algo grande con poco dinero. Además, dejarnos eso en manos de tu hermano, tu padre y mías."

"No podría." Me dijo sonrojándose. "No, no."

"Bueno, nosotros somos tres, y yo tengo algo de dinero ahorrado." Le dije. "Además, eres mi cuñada, una mano debería echar yo, por tu padre y tu hermano."