Capítulo 22: El paso.

(Voz de Alex)

"Mierda... demasiado fuerte..." Murmuré mientras moría otro perro vagabundo en la sala central. "Heidi..." La llamé consciente de que se hallaba al otro lado de las puertas como si no se atreviese a molestar.

"Sí, te traigo otro par, en la perrera los iban a matar, así que..." Afirmó. "¿Otro que la ha diñado?"

"Comienzo a pensar que se suicidan." Afirmé.

"Sigo sin ver por qué necesitas perros, todos se te mueren." Me dijo soltando a dos perros más tras encadenarlos a un adorno en la pared. "¿O no será que los matas tú para secarles?"

"Estoy controlando un poder nuevo." Afirmé. "Aunque si quieres podría probarlo también en vosotros."

"Prefiero que sigas con los perros." Afirmó.

No podía contarle los verdaderos motivos de mis experimentos, me daban pena esos perros; pero me daba aún más miedo el que fallase algo por mi culpa.

"Mi deseo es estar contigo toda la vida. Y si existe la más remota posibilidad de hacerlo... entonces quiero correr ese riesgo." Me había dicho.

"Sea pues." Había contestado yo.

Esas palabras resonaban en mi mente aún.

"¿Otra vez mirando ese maldito cuadro?" Me preguntó Heidi. "Es realmente malo, parece el dibujo de un niño pequeño."

"Aprecio algunas pequeñas cositas de los humanos normales." Afirmé apartando la vista del cuadro que representaba el retrato del primero entre los nuestros, hecho por gente del paleozoico o por ahí. "De nuestros ancestros más antiguos."

"Pfff, cuando te pones intensa no hay quien te siga." Me dijo. "Deberías relajarte un poco."

"Supongo que sí." Afirmé medio sonriendo con esa sonrisa falsa que parecía auténtica que solía usar con ellos para cubrir apariencias. "Ya verás, algún día os sorprenderé con unas vacaciones . Unas laaaargas vacaciones en mi paraíso personal."

Eso la hizo reírse.

"Me cuesta menos creerme que los sapos son príncipes encantados o que la noche eterna caerá que el que tú te vayas a tomar unas vacaciones." Afirmó riéndose de mí.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

De nuevo volví a despertarme solo, recordé que Isabella estaba de nuevo en Volterra y que esta vez no tenía fecha de retorno. Miré el calendario, viernes, 38 días desde que Isabella cedió a mi deseo de convertirme en uno de ellos. Desde ese día apenas hemos estado juntos un día entero. Se los pasa haciendo sus cosas, sigue investigando sobre algo que tiene que ver con esto...

Me sabe mal que ella esté trabajando tanto y en cambio yo lo único que puedo hacer es cuidarme y prepararme.

Los días se me pasan igual, mientras los niños están en el colegio y el instituto los paso con mi padre, solemos ir al pueblo y estamos por allí hasta que regresan los niños.

Por las tardes Billie suele jugar a las cartas con otros ancianos, a veces van al pueblo y otras se vienen a casa y juegan en el cenador. La verdad es que yo también suelo sentarme con ellos a jugar.

Es divertido, pero siento que me falta alguien. Le echaba de menos.

"Ya estamos en casa." Dijo Jacky con tono feliz

"Y traemos un hambre de lobos." Añadió Alexiel.

"Esperar un momento y os ponemos algo de merienda ¿vale?" Se ofreció Eddy.

"Niños, nada de poner todo echo un cisco ¿entendido?" Les dije.

"¿Aún no ha vuelto mamá?" Preguntó Carrick saliendo al cenador.

"No, pero creo que vuelve para el fin de semana." Afirmé. "Aunque..."

"Tranqui." Dijo Jacky saliendo con una manzana en la mano. "Seguro que está muy ocupada. Tía Heidi y los tíos de allí son un poco... petardos."

"Pero bueno..." Dijo Eddy. "Ya volverá. Seguro que está investigando lo de papá."

"¿Me disculpáis?" Afirmé dejando mi mano. "Tengo que ir a hacerles la merienda a los niños."

La verdad es que no iba a eso, necesitaba hablar con ellos de qué era lo que sabían de lo que andaba su madre haciendo en Volterra.

"Eh, os importa decirme de una vez qué sabéis vosotros de lo que está haciendo vuestra madre en Volterra ¿o no?" Les dije en la cocina.

"Claro." Dijo Jacky. "Aunque creo que por una vez mamá no sabía que estamos al tanto."

"¿Al tanto de qué?" Les dije.

"De lo que pretende hacerte mamá." Afirmó Eddy. "Igual piensa que no sabemos atar cabos, pero buscar información sobre todo tipo de mordeduras vampíricas con resultado en conversión, y las mordeduras a licántropos..."

"Blanco y en botella." Afirmó Jacky acabándose su manzana.

"Dios, no sé a quién habéis salido, sois unos malditos espías." Les dije.

"Hombre, que todo el mundo de pronto le retire el apoyo a mamá, que cada vez desaparezca más tiempo..." Dijo Eddy.

"¿Y vosotros no tenéis nada que decir?" Les dije.

"Hombre, considerando que un día nos tendrá que hacer lo mismo a nosotros, que a Sari está a mitad del proceso y todo... primero nuestro padre y luego a nosotros." Me contestó.

"Cuatro y medio de siete." Dijo Jacky.

"Siete de siete." Afirmó Carrick.

"¿Pero vosotros ya sabéis de qué va esto?" Les dije yo. "Mira que aún sois unos enanos..."

"Ya, pero es que nos da igual." Afirmó Alexiel. "Y si sirve para que haya buen royo..."

"¡Pero bueno!" Les dije divertido. "¡Vuestra madre preocupada porque nadie la apoya y yo me puedo quedar allí mismo y vosotros que os da igual si me muero o no!"

"¿Te puedes morir?" Me dijo uno de los pequeños preocupado.

"Que no..." Le dijo Eddy cogiéndole en brazos. "¿No ves que papi es como superman? No le matan ni con balas de plata."

"Me alegra ver que confiáis tanto en mi." Les dije acabando de hacerles unos bocadillos grandes. "Aquí tenéis, eso sí, que no os los vea el abuelo que luego le apetece a él también y no puede comer entre horas."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Alex)

"Lo conseguí." Afirmé cuando examiné al último perro con una sonrisa.

Había muerto en 5 minutos, los tejidos estaban intactos y era evidente que sufrir no es que hubiese sufrido mucho.

"¡Pero bueno!" Dijo Heidi cuando lo vio tirado en la mesa destripado. "¡Qué asco!. ¡¿Para eso me pides que te traiga perros, para destriparlos?!"

A eso solo sonreí.

"¿Podrías traerme un lobo?" Le pedí. "Uno sano y fuerte. Uno que sea grande."

Sí, necesitaba uno así, y cuantos más grande mejor.

"Igual me cuesta un día... ¿te sirve mientras tanto este perro?" Me dijo pasándome un pastor alemán. "Es de uno de los turistas que nos hemos ventilado. Iba a ser la cena de Aro pero..."

"Me viene al pelo." Afirmé sonriéndole.

"Procura que este siga vivo cuando yo llegue." Me dijo abriendo la puerta. "Si va a morir al menos me gustaría chuparme su sangre como postre."

Estaba un poco cansada, sin embargo, aún me dio para des-sensibilizarlo y luego envenenarlo como al anterior.

No, otro que no había sufrido, sin embargo, ahora era una ocasión perfecta para intentar algo más.

Miré alrededor por el rabillo del ojo, prefería asegurarme de que no había nadie... Perfecto, nadie. Heidi debía haber ido a buscar el lobo, y el resto andaban cada uno a sus cosas.

Sonriendo me incliné sobre el perro; no, pasaba de morder pelo, pero esquivar a un animal así de bonito era una pena.

Saqué la navaja y le pelé un poco en el cuello, lo justo para poder hacerle un bocado preciso y efectivo.

Me acerqué con cierto recelo al trocito que había pelado y sentí cómo se me oscurecían los ojos al olor de la sangre bajo su piel cuando le hice un pique con el colmillo.

¡Que sabor más malo!. ¡Dios, era como beber petróleo ácido!

No, debía seguir intentándolo. Me mantuve en mi posición y clavé un poco más los dientes. Salió más sangre y no pude reprimir un gesto de dolor.

"Sangre envenenada..." Dije soltándome.

Era poco, pero la sangre estaba un poco envenenada.

Con cuidado me hice un corte en la muñeca y le eché un poco en la boca.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Aro)

"¡Isabella!" La llamé cuando oí un ruido en el pasillo. "¿Eres tú?"

¡Zas! De pronto, tenía a un bicho encima.

"¡Nerón!. ¡Perro malo!" Le gritó Isabella al bicho que tenía encima. "¡Haz el favor de bajarte de la silla de Aro!"

"¡¿Pero qué narices pinta un chucho sarnoso aquí?!" Le dije mientras descubría que el bicho era un perro.

Hombre la verdad es que buen aspecto tenía pero...

"¿Tiene la rabia?" Le dije.

"No, creo que es la mascota de una de vuestras cenas." Afirmó tranquila. "Había pensado quedármelo pero... creo que a vosotros os hará mejor." Añadió sonriendo.

"¿Un perro?" Le dije. "¡Desde cuando hemos tenido aquí una mascota!"

"Pero si es muy bonita..." Dijo. "Además, no te pongas orgulloso que eres un ancianito en silla de ruedas. Te hará bien tener una compañía así."

"¿Qué compañía ni compañía?" Le dije. "Es un perro."

"Ya, pero piensa lo acompañado que te sentirás mientras él está tumbado a tus pies, o cuando salgas a la calle cuando esté nublado para pasearle." Me dijo rascándole la barbilla al perro de forma cariñosa y sonriéndole. "Te hará bien."

"¡Es... un...!" Comencé mientras tiraba lo que llevaba en la mano para parar cuando el perro volvió frente a mí con el libro que había tirado en la boca y me lo dejó en el regazo. "Gra... ¿gracias?"

"Es un juego que a los perros les encanta." Me dijo Isabella. "Tú les tiras algo y ellos te lo traen, es muy divertido. En fin... te dejo, tengo que hacer unas llamadas."

"¡Oye!" La llamé. "¡Llevate a este... perro!"

Era tarde, como siempre esa chica hacía lo que le venía en gana... se había ido sin más, no había esperado a que yo pudiese acabar de hablar.

El perro ladró.

"¿Y tú qué quieres ahora?" Le dije. "¡Largate!"

Volví a tirarle un objeto pero se apartó y lo cogió para devolvérmelo.

"Vaya, sí que eres tonto." Afirmé divertido.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Alex)

"Sí, acabo de lograr lo que deseaba..." Afirmé a la tercera llamada. "No podéis hacer nada por impedirlo... incluso al más rápido de vosotros le costaría un tiempo llegar; un tiempo... que ya está corriendo, y que no tenéis ya..."

No le di tiempo a decir nada; colgué tan pronto acabé la frase. Estaba ya frente a las puertas de casa, había ido corriendo, y a mi velocidad no me costaría tanto.

En menos de un segundo, estaba en casa de nuevo; tenía la mirada que una vez había tenido siendo 'la cazadora'.

"¿Alex?" Me llamó Jacob parpadeando y despertando. "¿Eres tú?"

"Sí." Contesté con suavidad.

"Pensaba que habías roto tu palabra." Afirmó incorporándose.

"Yo nunca rompo mis palabras." Afirmé. "Vístete, tenemos que irnos."

"¿Irnos?" Me preguntó. "¿Irnos a dónde?"

"Lejos." Le contesté. "Voy a dejar todo por escrito, llamaré a todos para despedirnos ahora." Afirmé antes de salir corriendo.

Entre en los cuartos de Billie, Alexiel y Carrick e incluso en el de Sari y Seth donde él dormía y ella dormitaba.

La primera en percibirme fue ella.

"Mamá." Me llamó.

Sonreí antes de volver a ponerme seria.

"Vamos, bajar los dos al salón, papá y yo tenemos que deciros algo..." Afirmé.

"¿Ya, tan pronto?" Me dijo como si supiese de qué iba.

"Sí." Afirmé.

Tenía suerte, tenía suerte de tener unos hijos tan fuertes y listos...

Mientras escribía la carta de cesión de poderes en caso de que esa noche y la siguiente fuesen las últimas de mi larga vida.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

"Así que vas a tener que encargarte de cuidarles." Afirmó Alex sonriendo condescendientemente y un tanto triste. "Y Jacky, Eddy... ahora sois los hombres de la casa, dejo en vuestras manos el encargaros de las decisiones... En Volterra no os negarán el paso, ya lo sabéis."

"Mamá..." Le dijeron los más pequeños.

Sin embargo, los mayores los cogieron en brazos mientras ella les abrazaba suavemente.

"Alex... ¿estás segura?" Le preguntó Billie.

"No." Afirmó. "Voy a hacer algo que me va a hacer condenarme en el infierno eternamente. Pero si es lo que Jake quiere... Yo le di mi palabra."

No, yo no quería que ella se condenase por mi culpa. Cada vez que la miraba podía percibir el daño que le estaba haciendo.

Su cara había dejado de ser el dulce rostro que había sido, estaba pálida y parecía cansada... sin embargo, seguía actuando como si estuviese todo bien.

"Jake..." Me llamó. "¿No vas a decir nada? Estamos despidiéndonos."

"No sé qué decir." Afirmé. "Yo no tengo tu elocuencia."

Entonces sonrió.

"Entonces di lo que sientas que debes decir." Me dijo. "Y rápido, esto está moviéndose ya." Afirmó mirando por la ventana. "Iré preparando todo fuera..."

"Te ayudo." Afirmó Seth.

Se fueron, pero yo me quedé.

Los pequeños estaban asustados... me agaché a cogerles y los sostuve en un brazo cada uno.

"Vamos... tenéis que ser fuertes ¿eh?" Les dije. "¿Somos hombres o qué? Y chicos... que ya estáis mayorcitos... tenéis que cuidar de vuestros hermanos y del abuelo..."

"Claro que sí." Dijeron.

"Tú concéntrate en no morir aún ¿vale?" Me dijo Jacky sonriéndo.

"Ten cuidado ¿vale?" Me dijo Sari suavemente.

"Sari, cariño... mamá no está cerca." Le dije. "Puedes relajarte un poco."

"Oh, papá..." Dijo Sari viniendo a abrazarme con fuerza.

"Sari... mi princesa..." Le dije sonriendo. "Siento mucho no haber podido ayudarte antes, ha tenido que ser duro hacerte cargo de la familia."

"Era mi deber." Afirmó ella.

"Estoy muy orgulloso de ti." Afirmé. "De todos."

(Salto espacio-temporal)

"¿Lo has entendido?" Oí que le decía Isabella a Seth suavemente.

"Sí." Afirmó él. "Pero... no sé. No acaba de..."

"Ah, Jake." Le cortó ella. "¿Ya has acabado de despedirte?"

"Sí." Le dije viendo que había sacado su coche biplaza. "¿Vamos a ir en ese coche?"

"Sí." Afirmó ella. "Y tú conduces."

"Por mi perfecto." Afirmé. "Aunque..."

Ella parecía un poco cansada y a mí me encantaba conducir esos coches tan caros. Sin embargo, el problema estaba en que no sabía a dónde ibamos.

"Igual si me dices a dónde vamos..." Le dije.

"Claro, te he marcado la ruta más rápida en el mapa." Afirmó abriendo la guantera y sacando un mapa doblado. "Está un poco lejos, para llegar allí tenemos que ir en coche y luego en avión hasta Svalbard. Tenemos el vuelo reservado para dentro de 1 hora, lo cogemos en Roma así que... aprieta fuerte el acelerador."

"Tener cuidado." Nos dijo Seth. "Volved sanos, aunque os cueste pero sanos..."

"Seth, cuida de Sari." Le dije.

"Vale, pero ya se lo había prometido a ella." Afirmó señalando a mi mujer que se estaba ajustando una manta por encima en el asiento del copiloto.

"Jacob, cariño... llegaremos tarde." Me dijo.

"Voy." Afirmé.

La verdad es que el camino de ida al aeropuerto fue algo aburrido, ella pareció ir dormitando todo el rato, bebiendo sangre y mirándose algo con un aparato que se parecía al medidor de glucosa de mi padre pero en grande.

Sin embargo, cuando peor se puso fue cuando subimos al avión militar.

"¿Y mi mujer?" Les pregunté.

"Ahí." Me dijo uno de los hombres señalando una especie de nevera industrial volcada.

"¡Jake!" Me dijo cuando abrí la puerta y la vi enterrada en hielos.

"Lo siento, lo siento..." Afirmé cerrándo la puerta y sentándome junto a ella con la espalda en aquella especie de ataud de hielo. "¿Qué haces ahí encerrada?"

"Intento hacer algo parecido a dormir que hacéis vosotros." Afirmó suavemente con voz ahogada por las paredes del 'frigo-ataud'. "Cuando lleguemos vamos a necesitar estar en plena de forma. Intenta dormir..."

"Es más fácil de decir que de..." Dije antes de bostezar.

De pronto tenía un sueño terrible.

"Buenas noches..." Me dijo Isabella suavemente. "Duerme hasta que lleguemos, lo vas a necesitar..."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Alex)

No sé qué hora era, aún era de día en aquella latitud; sin embargo, me despertaron los golpes en la tapa.

"Señorita, estamos llegando." Me dijo uno de los hombres.

"Perfecto." Afirmé abriendo la tapa y desenterrándome. "¿Estamos en el sitio que marqué?"

"Sí, señora." Afirmaron mientras tomábamos tierra.

Jacob aún dormía, así que lo envolví en unas mantas con cuidado.

"¿No deberíamos despertarle?" Me preguntó alguien.

"Dejarle dormir." Les dije negando suavemente con la cabeza mientras me ponía la chaqueta de pieles con capucha que llevaba conmigo. "Voy a ver si consigo un trineo."

La verdad es que allí la gente era bastante hospitalaria, busqué en la aldea los mejores perros, perros fuertes que fuesen de tiro y un trineo donde pudiese ir Jacob dormido mientras yo conducía el trineo.

En aquel páramo helado iba a ser duro mantener las energías, no podía desperdiciarlas moviéndonos más deprisa.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

Era un poco raro, cuando me desperté me encontré preso, momificado.

"¡¡¡Ahhh!!!" Grité intentando pelear.

"Ah, por fin despiertas." Me dijo Isabella sin que pudiese verla. "No te muevas tanto, vas a derribar el trineo."

"¿Dónde estamos?" Pregunté mirando alrededor y viendo que iba en una especie de funda hecha con pieles y mantas y que tenía una cremallera mientras ella iba de pie justo tras mi cabeza, vestida con ropas de esquimal y con el pelo volando tras ella con gafas de sol a lo Hancock.

"En Svalbard, hace unos minutos que nos hemos ido de una aldea de nómadas cerca de la ciudad de Pyramiden." Afirmó suavemente mientras hacía chascar una especie de látigo al aire. "No te preocupes, no cuesta nada; pero a este ritmo me temo que vamos a tener que hacer noche en el camino."

"¿Cómo?" Le dije. "Pero si todavía hay luz."

"Eso se debe a un fenómeno; aquí hay 6 meses de luz y 6 de oscuridad." Afirmó.

"¿Y a dónde vamos?" Le pregunté.

No sabía nada, quería enterarme de a dónde íbamos...

"Al pico Newtontoppen." Me dijo. "Hay que llegar a la cima para poder acceder por una gruta al templo."

"Esto es..." Murmuré. "¿Eres tú la que me hace dormir?"

"Sí." Afirmó. "Necesitas estar descansado."

"¿Y qué voy a hacer cuando lleguemos?" Le pregunté.

"El paso lleva bastantes sacrificios." Me dijo sin contestarme abiertamente. "Ambos debemos estar en plenitud de facultades, y en tu caso ahora, es estar completamente descansado."

"¿Y qué hay de ti?" Le dije. "¿Tú no debes estar descansada?"

"Yo ya estoy descansada." Afirmó antes de que me cayese presa del sueño de nuevo.

El sueño fue como cerrar los ojos, y cuando los abrí a las pocas décimas de segundo que habían pasado tiempo, igual horas, estaba solo en una especie de desfiladero-garganta de hielo.

"¿Isabella?" La llamé. "¡Isabella, amore!" Grité descorriendo la cremallera de mi funda de pieles y despojándome al momento de ellas como si fuese una explosión.

Creo que rompí alguna correa de las que me mantenían sujeto al trineo, pero no me importó, ahora mismo me importaba más saber dónde estaba mi amada.

"¡Isabella!" Grité para recibir el eco y polvo de hielo que cayó de las paredes nevadas.

Nada, allí no había nadie, solo una especie de mesa en medio de la nada, como de hielo relleno de piedra o bien piedra forrada en hielo que reflejaba el poco sol que se colaba por allí.

Y de pronto vi algo más, era un reflejo lo primero que me llamó la atención, luego me acerqué y reparé que había una especie de montículo saliendo en el suelo y entonces la ví.

Señor, era como verla tras un cristal, tenía los ojos cerrados y las manos cruzadas en el pecho, como si estuviese muerta. No podía ser…

No, un momento, ella dormía en el hielo. Decía que el frío extremo le hacía entrar en un estado físico parecido al sueño, para ella aquello era como una especie de sueño inducido…

Di unos golpes en el hielo, casi como llamándola.

Ahí estaba, abrió los ojos de golpe, como en las pelis de terror donde la chica ahogada abre los ojos de golpe y el prota se despierta.

Isabella parpadeó, una vez, dos; entonces comenzó a levantarse un bulto y me hizo apartarme mientras ella rompía la crisálida de hielo y salía como quien se levanta de una bañera normal y corriente.

"¿Te he asustado?" Me dijo. "Vaya, lo siento. He llenado la panza, he satisfecho todas mis necesidades y pensé dejarte dormir un poco más, descansar un poco."

"Pensé que me habías dejado solo." Afirmé.

"¿En serio creías que te iba a abandonar en un lugar como este?" Me dijo sacudiéndose el hielo que le había quedado encima.

Ahora que me fijaba, ya no llevaba la ropa de invierno. Llevaba puesto una especie de túnica de esas que salían en las pelis medievales cuando las princesas llevaban cien mil capas de ropa y luego un vestido. Era raro, llevaba el pelo suelto y le colgaba con gracia en ondas suaves, entonces se agachó un momento en la nieve para buscar algo más y recogió un aro al que le quitó la nieve mientras murmuraba algo en un lenguaje que a mí se me escapaba.

"¿Podemos comenzar?" Le pregunté.

"¿A qué vienen esas prisas?" Me dijo casi susurrando mientras iba a una especie de macuto de pieles que no había reparado que iba en su puesto del trineo y seguía sacando cosas una tras otra. "Esto lleva su tiempo, no deberías ser tan impaciente."

"Solo quiero acabar cuanto antes." Afirmé.

"Esto lleva su tiempo." Afirmó suavemente. "Primero debes ser consciente de lo que supone este paso…"

"Ya soy consciente." Afirmé.

"Jake, tú vas… vas a morir." Me dijo. "Es una condición fundamental. Además, esto tiene… varias fases… No puede uno correr… ya es peligroso de por sí como para saltarnos cualquier detalle por mínimo que sea…"

Me fijé en algo, estaba poniendo cosas sobre la mesa rara, claro que primero le había dado un golpe y había roto el hielo que se desquebrajó y cayó al suelo comos si fuesen cristales.

"Bien… el hielo lo ha preservado…" Murmuró frotándolo antes de poner lo que parecía un mantel y unos candelabros.

Parecía una cena, pero no me atreví a decir nada por si acaso era algo más. La vi poner los candelabros en unos sitios concretos, y luego poner unas velas; velas negras, velas rojas, velas blancas… Comenzaba a darme un poco de miedo.

Entonces sacó una daga con la empuñadura de marfil y la hoja de algo brillante, parecía plata pero no estaba muy seguro.

De pronto se paró en seco.

"No estoy muy segura de esto…" Me dijo susurrando. "Podrías perder la cabeza, la memoria… ¡podrías morir!"

Su voz había perdido toda la fuerza y la seguridad de siempre; parecía apagada, sin fuerzas.

"Yo confío en ti." Afirmé cogiéndole de la mano. "Si muero quiero que no te deprimas; y si pierdo la cabeza sé que tú estarás a mi lado para que no haga nada malo. Y si pierdo la memoria… bueno, que sepas que el tiempo que hemos pasado juntos ha sido el más feliz que podía haber deseado nunca. Si no te reconociera después… sé que me harás recordarte." Afirmé sonriéndole y dándole un beso.

Ella simplemente me abrazó y me enterró la cara en las ropas. Estoy seguro de que si ella hubiese sido humana hubiese estado ahora llorando.

Yo la abracé con fuerza; podía sentir dolor, mi dolor y el suyo. Me daba miedo, a quién no, iba a morir y renacer convertido en algo que había odiado durante mucho tiempo… hasta que la conocí a ella.

Sin embargo, no podía evitar sentir que aquella iba a ser la última vez que iba a poder abrazarla.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Alice)

"Alice." Me llamó Bella. "¿Has visto el mp3 de Nessy? No lo encontramos por ningún lado."

"Creo que lo había visto antes por el salón." Afirmé. "Edward, a Charlie le toca medicinas ¿no?"

"Dejadme de medicinas, para dos días que me quedan y me los queréis amargar con esas pastillas del demonio." Se quejó él.

Fue un momento; de pronto sentí una opresión en el pecho, un mareo, estaba en las escaleras y me mareé un segundo, ya no estaba en lo alto de las escaleras, estaba en un sitio que no conocía, estaba todo helado, había tormenta, los rayos cruzaban el cielo.

Un momento, no, no estaba desierto, había unas figuras por las paredes, en salientes, eran perros. No, perros no, lobos. Estaban gruñendo, con el pelo en punta, eran muy grandes para ser simples lobos. ¡Licantropos!

Estaban saltando al suelo. Un momento, allí había alguien.

Estaba quieta, una mujer… Tenía el pelo cortado de forma rara, era como si le hubiése cortado en un peinado largo y lácio pero a trasquilones. Estaba lloviendo aguanieve…

Los licántropos la estaban rodeando, tenía los ojos negros, el ojo entero parecía pupila… Aquella cara… ¡La conocía!. ¡Era Isabella!

Un momento, los licántropos parecían querer atacarla, pero ella no se defendía. ¡Estaba herida! Estaba cubierta de sangre, estaba de rodillas, con las manos en el regazo y como si estuviese esperando algo. Habiá estado acurrucada, pero se había sentado cuando llamó mi atención; acababa de cerrar los ojos, tenía sangre por la cara también.

No, un momento, no estaba herida, era como… ¡La sangre salía de sus ojos!

"¡Alice!" Gritó alguien a la vez que los lobos atacaban. De pronto, todo se oscureció pero a la vez se fue iluminando todo poco a poco.

"¡Alice, di algo!" Oí a Jasper que desesperaba.

Yo tenía la mano entre sus manos. Estaba frotándome la cara con fuerza pero a la vez con mucho cuidado.

"¿Qué… qué ha pasado?" Pregunté.

"Dinoslo tú." Me dijo Rosalie preocupada. "Estabas en lo alto de las escaleras y de pronto te has caído, has rodado hasta el suelo."

"No sé, me mareé." Afirmé. "Estaba… ¡Ah, están atacando a Isabella!"

"¿Qué dices?" Afirmó Bella.

"¡Había licántropos, estaban atacándola!" Afirmé.

De pronto, sentí un dolor increíble en el pecho y me parece que le pasó lo mismo a Bella porque se cayó de rodillas asustando a Edward y a Esme.

"Duele…" Dijimos.

"¡Carlisle!" Le llamó Edward. "¡Carlisle!"

"¡¿Qué ha pasado aquí?!" Preguntó él llegando.

Aquello era un caos, también oímos ruidos en la puerta.

"Edward." Lo llamó Sorien, aquella serpiente había osado venir a casa.

"Este no es el mejor momento, Sorien." Afirmó Edward furioso.

"Ha empezado." Afirmó él. "Tenemos que hacer algo ya. ¿Qué vas a hacer?"

"¿Estás seguro?" Le dijo Edward.

"Completamente." Afirmó él. "Esto es como el Apocalipsis humano…"

"¿Qué está pasado, Edward?" Le preguntó Emmet mirándole. "¿Qué dice este?. ¿Qué hace este aquí?"

Edward pareció dudar, pero entonces asintió y se giró a nosotros.

"Jasper, Emmet, vosotros haced lo que queráis, yo me voy con él." Afirmó Edward. "Si nadie va a hacer nada, yo me voy con Sorien, estoy con él. Hay que hacer algo. Esto se ha salido de madre."

"¿De qué estás hablando?" Preguntamos.

El dolor era increíble, hasta Rosalie y Esme lo estaban sintiendo. Estábamos todas apoyadas en donde podíamos o por el suelo, todas sujetándonos el pecho y si ellas estaban como yo, ellas también sentirían como si les estuviesen intentando arrancar los órganos internos.

"Isabella ha perdido la cabeza." Afirmó Edward. "Ha intentado convertir a su marido en vampiro."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Carlisle)

"¿Cómo estáis?" Les pregunté a las mujeres de mi familia mientras estaban todas tumbadas un poco en la cama de Charlie mientras este estaba sentado en la silla de ruedas que le habíamos conseguido para que estuviese más cómodo.

"Ha dejado de doler." Me dijeron.

"Es… es como si todo hubiese pasado…" Afirmó Rosalie. "Como cuando despiertas vampiro."

"Ha muerto…" Afirmó Alice con la voz cascada y como si estuviese llorando. "Isabella ha muerto…"

"¿Has visto algo?" Le pregunté.

"Cuando me caí, estaba en un sitio todo de hielo, había una manada de licántropos rodeándola, ella estaba en el centro… No intentó defenderse… estaba cubierta de sangre…"

"¿Y Jacob?" Preguntó Bella nerviosa. "¿Dónde está Jacob?"

"Muerto…" Murmuré yo sintiendo como si también se hubiese muerto una parte dentro de mí. "Ella solo se dejaría matar si creyese que le había matado…"

Era raro, estábamos todos llorando pero sin llorar, el único que lloraba de verdad era Charlie. Era un hombre, pero se le estaban escapando alguna lágrima mientras mantenía los ojos cerrados.

"Ella nos comentó a Edward a Chad y a mí sobre los riesgos que suponía aquello." Les dije. "Jacob se lo había pedido y ella se negó al principio pero como no soportaba la idea de perderle, de vivir sin él acabó buscando hasta en el infierno en busca de la forma de poder hacerlo… Sé que hubiese ido hasta el fin del mundo para encontrar la solución… amaba demasiado a ese joven…"

No podía seguir hablando, no me salían las palabras. No podía decir nada… No había nada que decir… no se podía decir nada que calmase aquello…

Isabella muerta, Jacob muerto… acababa de estallar una nueva guerra… los licántropos no se quedarían callados cuando se enterasen de que había muerto Jacob y cómo; de hecho, según Alice, algunos ya se habían enterado y se habían movido. Habían matado a Isabella, que ahora era la líder de todos nosotros, elegida democráticamente por todos…

"¡Mamá, tenemos que ir a Italia!" Le dijo Nessy llorando a Bella. "¡Sari nos necesita!"

"Nessy, no podemos hacer nada." Le dijo Rosalie.

"¡¿Cómo puedes decir eso?!" Le dijo Alice indignada.

"Vamos Nessy." Le dijo Bella incorporándose y intentando secarse las lágrimas inexistentes. "No cojas mucho equipaje. Mira a ver si puedes localizarla…"

"Yo tengo el número de su primo, Louie." Afirmé. "Él debe estar enterado de todo."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Louie)

"Vamos chicos, tenemos que darnos prisa." Les dije cogiendo a los dos hermanos menores en brazos, uno yo y el otro Eddy mientras Jacky empujaba la silla de su abuelo Billie.

"No, yo me quedo." Afirmó Sari plantándose.

"¡Sari, por favor!" Le dijo Seth, el licántropo. "¡Tenemos que irnos, esto va a ser un hervidero de locos!"

"¡No, es mi deber!" Afirmó ella. "¡Tengo que proteger a la gente!"

"Sari, no vas a poder proteger a nadie si te matan." Le dije.

"¿No te dijo madre que cuidáramos de la familia?" Le dijo Jacky dejando al anciano que empujase su silla y plantándose ante ella. "Deja de portarte como una heroína. Primero debemos poner a salvo a la familia y luego ya nos encargaremos del resto."

Era increíble, aquellos dos tenían solo 9 años, como los niños que llevábamos en brazos; sin embargo, ya eran los hombres de la casa.

Los hombres no eran aquellos que eran mayores de edad, los hombres se mostraban en épocas de crisis y necesidad como era este momento.

"Sari, yo me encargaré de la familia." Dijo Eddy. "Tú podrás ocuparte del resto de gente, pero por favor, vamos a poner a seguro a la familia antes que nada."

Estábamos acabando de evacuar a la gente cuando me sonó el móvil.

"¿Sí?" Dije.

"Louie, soy Carlisle." Me dijeron del otro lado. "Mis hijas y mi mujer han tenido un accidente sanitario. ¿Sabes algo de lo que ha estallado?"

"Isabella ha ido a un lugar sagrado a convertir a su marido." Afirmé. "Creo que sabía que algo malo iba a pasar porque ha delegado su trono al frente de todos en mí hasta que elijamos al nuevo líder. Y me pidió que me encargara de afirmar a Sari como líder de los Valerius."

"Entonces es cierto lo que ha visto Alice." Me dijo como preguntando retóricamente en vez de afirmar. "¿Isabella ha muerto?"

"Me encantaría pensar que no." Afirmé. "Pero con el huracán que se ha desatado, la tormenta, la noche en día y el barullo que algunos golpistas entre los que se encuentra mi primo Sorien han aprovechado para montar… me temo que es probable." Oí sollozos al otro lado.

"¿Dónde estáis?" Me dijo. "Bella y Nessy quieren estar con los hijos para apoyarles y consolarles."

"Ahora mismo estamos evacuando la finca." Le dije. "Me gustaría llevares a algún lugar seguro. Creo que les llevaré al colegio ¿sabéis dónde está?"

"Sí, tranquilo." Afirmó. "Iremos para allí, si hace falta compraremos un avión para ir."

"Es un día amargo para todos…" Murmuré yo.

"Sí, lo es." Me dijo tristemente.

La verdad es que no sabía cómo se lo ibamos a decir a los pequeños. Con 9 años y tener que decirles que sus padres habían muerto, que su madre había matado a su padre intentando convertirlo y que luego se había suicidado ella mísma…

Se me partía el alma cada vez que pensaba en ello.

FIN DEL LIBRO.