Discraimer: The Walking Dead así como sus personajes son propiedad de Robert Kirkman, solamente me pertenece esta historia y sus OC´s. Isabel, Sofía, Susana, Gabriela y Sebastián son propiedad de Isadamu (Deviantart) así como la escena en donde Isabel se reencuentra con sus amigos en el avión, ella me ayuda dándome algunas ideas para el fic.

-Diálogos-

"Pensamientos"- (Pensamientos entre los diálogos)

Flashback/ Sueños

-Cambios de escena-

-Diálogos/ hablando en español-


Cap. 5: Captura

La joven castaña corrió con todas sus fuerzas, internándose cada vez más en la selva, sin siquiera mirar hacia atrás.


-Busquen bien, necesito que me traigan sujetos de prueba nuevos, que sean fuertes y capaces de oponer resistencia. De lo contrario no sería divertido jeejej.-se escuchó la orden de un hombre a través del walkie-talkie de un joven soldado que junto a su equipo iban viajando en un jet con dirección a Brasil. Donde seguro podrían encontrar y capturar sobrevivientes.

-Entendido señor.- respondió serio el muchacho.

-Tráiganme los más que puedan; con suerte encontraran alguno que sea inmune al virus.-antes de que el joven contestara, la comunicación se cortó. Su superior había dado por finalizada la conversación.

Minutos después el jet en el cuál iba un grupo de unos 30 militares, aterrizó por fin en el aeropuerto de Río seguido por un avión de carga Airbus A400.

Los militares con cuidado bajaron del avión, cerciorándose que el lugar estuviera despejado. Cinco de los 60 soldados que había en total se quedaron cuidando las naves mientras los otros buscaron autos y marcharon, adentrándose en las abandonadas calles de la ciudad, con el único propósito de hallar sobrevivientes, los cuales quisieran o no se los llevarían hasta la base en E.E.U.U.

Las calles estaban completamente vacías, no había ni personas ni cadáveres andantes. Los negocios con sus vidrieras rotas y casi por completo vaciados daban un aire deprimente a la ciudad que hace un mes atrás era de las más visitadas y coloridas de Brasil. Ahora sólo era visitada por los animales carroñeros y habitada en su mayoría por cadáveres con o sin vida; algunos estaban tirados en las calles o veredas en un estado bastante avanzado de putrefacción.

Sangre y vísceras decoraban las paredes y puertas de los locales. En la calle principal se podía ver como una pequeña caravana de autos iba paseando, buscando a sus próximas "presas".

En uno de los edificios más altos de la ciudad, una mujer vestida con ropas de cuero y bastantes reveladoras, observaba por la mirilla de su rifle a la caravana en la únicamente viajaban militares. Una sonrisa sádica se dibujó en sus labios pintados de un violeta fuerte.

Acercó el radio comunicador a su boca y con suavidad y emoción contenida dijo:

- Temos visitas, rapazes. E eles estão muito bem equipados (Tenemos visitas, chicos. Y están muy bien equipados).- informó mientras se mordía el labio inferior. Sus ojos brillaban de la excitación, estaba ansiosa por pelear contra esos militares- É uma caravana composta por 13 carros, vão ao centro da cidade. Câmbio (Es una caravana compuesta por 13 autos, se dirigen al centro de la ciudad. Cambio).

-Muito bem Cobra, não perder de vista. Uma muito boa acolhida deve ser dada aos nossos queridos visitantes. Câmbio e desligo. (Muy bien Cobra, no los pierdas de vista. Hay que darles una muy buena bienvenida a nuestros queridos visitantes. Cambio y fuera).- se oyó la voz divertida de un hombre a través del radio de la mujer.

La mujer identificada como Cobra, se relamió los labios imaginando como se divertiría torturando a esos soldaditos y quién sabe tal vez su hermano y jefe del grupo la dejara divertirse un rato con los militares (si es que había alguno de su interés), antes de torturarlos y matarlos.

Con calma caminó hacia la puerta que le permitiría bajar de la azotea hasta el segundo piso donde saldría por la misma ventana que usó para ingresar al edificio.

Con mucha tranquilidad bajó uno a uno los escalones. Ya iba por el tercer piso cuando una mano sujetó uno de sus tobillos. La mujer de corta cabellera azul miró con repugnancia al cadáver de una anciana que tuvo el atrevimiento de tocarla. De un ágil movimiento se libró del agarre del caminante y con un fuerte pisotón le atravesó la cabeza con uno de sus finos tacones. Arrugó el entrecejo cuando la sangre fétida del cadáver ensució sus botas negras.

Molesta terminó de bajar los escalones, saliendo por fin del edificio y llegando hasta donde se encontraba estacionada su motocicleta. Colgó el rifle en su espalda y arrancó la moto, siguiendo a la caravana desde una distancia prudente.


Evelyn terminó de lavar sus dientes. Volvió a la habitación y se terminó de vestir, colocándose una blusa sin mangas de un color gris-violáceo y unos shorts grises. Era una pena que sus pobres zapatillas ya no le sirvieran para nada, estaban tan rotas que prácticamente andaba descalza.

Pateó las inservibles zapatillas debajo de la cama y se colocó su mochila, dispuesta a irse de esa cabaña.

Hoy había amanecido mucho mejor, la cabeza ya no le dolía y el ardor en sus fosas nasales casi había desaparecido por completo. Lo mejor era que ya podía oír bien, sin sentir ese molesto pitido en sus oídos. Su cuerpo aún estaba débil pero tenía la fuerza suficiente para mantenerse de pie y caminar sin ningún problema.

Sonrió y de un salto cruzó la ventana aterrizando en el tronco de un árbol caído. Con cuidado bajo al suelo siendo seguida en todo momento por un atento Colmillo.

Aspiró el aire fresco de la selva sintiendo como los aromas le llegaban con mayor intensidad y los ruidos del lugar se escuchaban demasiado fuertes. Por un momento quedó aturdida por lo que sus sensibles sentidos captaban.

Unos minutos le costó volver a recomponerse, tratando de acostumbrarse a las nuevas sensaciones que percibía.

A paso tranquilo empezó a buscar el rastro de Isabel y como era de suponer no encontró nada, la lluvia se había encargado de borrar sus huellas.

No le quedó de otra que empezar a caminar con la esperanza de encontrar el rastro o un indicio que la llevara hasta donde estaba la joven castaña.


Uno, dos, tres…seis…diez…quince cuerpos cayeron sin vida al pavimento, todos pertenecientes a un grupo que habitaba esa parte de la ciudad.

Diez militares en total perdieron la vida durante el ataque sorpresa del grupo brasileño. Aunque costó, lograron matar a todos sus atacantes. Era una pena, si hubieran quedado con vida, los rebeldes hubieran sido unos excelentes sujetos de prueba para sus superiores.

Un joven soldado rubio de piel bronceada y ojos celestes miraba el cuerpo sin vida de una de las rebeldes. La mujer los había estado siguiendo desde que entraron a la ciudad y cuando decidieron parar para confrontarla, balazos empezaron a llover de todas las direcciones, matando a diez de sus compañeros militares y dejando heridos a otros.

Con desgano el soldado junto las armas y municiones que el cadáver de la mujer tenía.

-Esto es sólo un grupo de reconocimiento, cabo.-se dirigió el sargento del escuadrón al joven soldado rubio.- Todos estén alertas y junten los radios comunicadores que estas personas llevaban, nos servirán para saber cuál serán sus próximos movimientos. Es más que seguro que los demás rebeldes creerán que su gente pudo con nosotros y no esperaran recibir ningún ataque sorpresa. Usaremos eso a nuestro favor.- informó el hombre esta vez dirigiéndose a todo el escuadrón, mientras veía como sus soldados acataban sus órdenes.

Pronto la caravana estuvo nuevamente en marcha, esta vez todos iban atentos a cualquier ataque que pudieran recibir.

-Juan quero que você, Paolo e as outras pessoas que estão com você ir para o bairro que está dentro dos limites da cidade no lado leste e eu olho roupas decentes na casa do traidor que matamos uma semana atrás, câmbio (Juan quiero que tú, Paolo y los demás que están contigo vayan al barrio que se encuentra a los límites de la ciudad del lado este y me busquen ropa decente en la casa del traidor que matamos hace una semana, cambio).- La voz ronca de un hombre adulto se escuchó a través de uno de los radios confiscados. Ante esto el sargento no pudo evitar sonreír, ni siquiera habían tenido que esperar mucho para saber los nuevos movimientos que sus objetivos harían.

- Chefe, por qué não ficar melhor shopping roupas de marca? É muito melhor do que uma roupa de morto. Câmbio (Jefe, ¿Por qué no mejor le consigo ropa de marca del centro comercial? Es mucho mejor que la ropa de un muerto, cambio).- contestó quien de seguro era el tal Juan.

-Exatamente quem é você para me pedir?! Se eu te contar, você buscar minhas roupas malditas que me Campo terrível roubo, ir procurá-lo sem vacilar. Ou quer que eu faça outro buraco de merda na cabeça para respirar? (¡¿Quién te crees para darme órdenes?! Si yo te digo que busques mi maldita ropa que ese desgraciado me robo, vas y la buscas sin chistar. ¿O quieres que te haga otro puto agujero en la cabeza para respirar?).-Se oyó el grito furioso del que era el líder a través del comunicador.

- C-chefe o si..nnnto muito, eu não ofendê-lo. Foi apenas uma sugestão. Câ..mbi..o (L-lo si..ennnto mucho jefe, no quise ofenderlo. Sólo era una sugerencia. Ca-a…mbio).- se escuchó apenas audible la voz temblosa del otro hombre.

- Em seguida, pegue atender suas sugestões onde melhor ajuste. É melhor você me em meia hora roupas, mas quer se arrepender (La próxima guárdate tus sugerencias donde mejor te quepan. Más les vale traerme en media hora la ropa, sino quieren lamentarlo).-fue lo último que se escuchó antes que la comunicación se cortara.

-Bien ya oyeron, vamos con dirección este. Quiero a esos sujetos con vida. Le sacaremos la información de en dónde se oculta el resto de su grupo. Cambio y fuera.- ordenó con firmeza el sargento a sus soldados a través de su walkie-talkie.

La caravana cambio de rumbo hacia el este de la ciudad como el líder del escuadrón lo ordenó. 30 minutos fueron los que tardaron en llegar al lugar donde una parte de los rebeldes se había dirigido.

Los autos de los militares estacionaron unas cuadras antes, para no ser detectados por sus enemigos. Se bajaron de los coches para vigilar mejor los movimientos del grupo brasileño.

El cabo que anteriormente había juntado las armas del cuerpo sin vida de la rebelde, se subió a la azotea de una de las casas siguiendo las órdenes de su superior. Con unos binoculares se puso a ver que hacían sus "presas".

Pudo ver con claridad que eran 5 rebeldes en total, una mujer y cuatro hombres. La mujer estaba en el asiento del conductor, dando a entender que era ella la encargada de conducir la camionera negra 4x4.

En el asiento del copiloto estaba ubicado un hombre mientras otro estaba fumando un cigarrillo en el capot del vehículo. Los otros dos miembros restantes del grupo se encontraban ingresando a una humilde casa.

Dos minutos después se pudieron escuchar con claridad los gritos y disparos provenientes del interior de la casa. Segundos después vio como una joven salía por una de las ventanas de la morada y atravesaba el patio trasero de la casa corriendo hasta internarse en la selva; justo al mismo tiempo que los tres rebeldes que se quedaron en la camioneta ingresaban con prisa a la casa.

Esa era su oportunidad, con una señal de manos le comunicó a su sargento que podían avanzar.

-Bien señoritas muevan el trasero y vayan a capturar e interrogan a esos rebeldes.- se escuchó la voz firme del líder del escuadrón. Al instante sus soldados se fueron a cumplir con su orden.

-Señor, vi a una chica salir de la casa por el patio trasero e internarse en la selva. Estoy seguro que fue ella quien provocó los disparos.-informó el joven cabo a su superior apenas se puso al lado de su superior.

-Interesante. Llévate a Jack y a Jason contigo y capturen a la chica. Será útil como sujeto de pruebas.- El cabo asistió al pedido del sargento y junto a los mencionados fueron con prisa a darle alcance a la joven castaña.


Isabel corría sin parar por la selva, esquivando árboles y atravesando arbustos. No iba a parar hasta estar lo más lejos posible de la ciudad.

Diez minutos después estaba apoyada en un árbol intentando normalizar su respiración y pulso.

-Ah maldi…ción…sien…to…que co..rrí…una ma..ratón.-Dijo entre jadeos la chica.

El crujir de una rama alertó a la muchacha. El viento trajo consigo el sudor y perfume varonil. Isabel se tensó al ver hacia atrás a veinticinco pasos de su posición a tres hombres con uniforme militar.

Sin pensarlo salió corriendo de nuevo con la intención de perderlos. Lástima que aun no se recuperaba de su carrera anterior. Los soldados pronto le dieron alcance, uno de ellos la derribo sin problemas y sujetó sus muñecas contra el suelo, evitando así que la joven pudiera defenderse.

La castaña miró al joven que estaba encima suyo con enfado, murmurando palabrotas que el muchacho norteamericano no pudo descifrar.

-Tranquila, no te haremos daño.- le habló en español con un gracioso acento el joven que la tenía inmovilizada.

Isabel no se molestó en hablarle, sólo lo miró con desconfianza y unas inmensas ganas de arrancarle la cabeza al pendejo que la estaba aplastando.

-Te voy a soltar, ok.- le dijo nuevamente el joven gringo mientras despacio se levantaba de encima de la chica, soltando sus muñecas en el proceso.

-No hagas nada estúpido, sino quiere recibir un disparo.-le advirtió de forma ruda un hombre de 25 años, de cabello corto castaño, peligrosos ojos ámbar y piel trigueña. Mientras la apuntaba con su rifle.

-Será mejor que le hagas caso a Jack.-le dijo de forma amable el rubio que anteriormente la tenía inmovilizada.

Isabel se terminó de incorporar observando la situación con mucho cuidado, buscando una posible salida.

-Me llamó Aarón, ellos son mis compañeros Jack y Jason.- se presentó el joven rubio para luego señalar al hombre que la estaba apuntando y por último al hombre que se hallaba de brazos cruzados apoyado en un árbol. El hombre era pelirrojo, de ojos verdes oscuros y piel bronceada. Al igual que sus dos compañeros iba vestido con ropa militar y armado con un rifle y un par de granadas.-Estamos aquí para buscar sobreviviente como tú y llevarlos a un lugar seguro.

-¿Estar sola?- pregunto con dificultad en español el hombre pelirrojo de nombre Jason, que hasta ahora se había mantenido callado. Se notaba que el rubio era el único de los tres que podía hablar español con fluidez.

Ante la pregunta Isabel pensó en Evelyn y Colmillo. Ni loca les diría donde estaban sus amigos.

-Hey, ¿eres muda o qué? Responde.- le ordenó el castaño picando con la punta de su rifle el brazo de Isabel, ya estaba harto del silencio de la chica.

-Qué mierda te importa, imbécil. Vuélveme a tocar y te meteré ese rifle por el trasero.- habló por fin Isabel mosqueada por la situación.

-Jajjaaj la chica tiene carácter.- dijo en inglés y riendo Jason consiguiendo que el castaño se enfadara aún más de lo que ya estaba por el comentario de la castaña.

-Cállate, Jason. Me importa un bledo si quiere o no venir con nosotros. Yo la voy a dejar inconsciente y la llevaremos al avión junto a los otros.- dijo furioso Jack en inglés.

Isabel entendió a la perfección lo que dijo el castaño y se puso en guardia. De un manotazo apartó el cañón del arma que la estaba apuntando, aprovechando que los hombres no le prestaban atención.

Le dio un fuerte puñetazo en el estómago al muchacho rubio dejando sin aire. Y sin esperar a que los otros dos hombres reaccionaran, echó a correr lo más rápido que pudo. Escuchando como los hombres la maldecían en inglés.

La muchacha sentía la adrenalina al 100% correr por sus venas. Los tropiezos causados por las raíces y troncos caídos no evitaron que dejará de correr.

No le fue necesario voltear hacia atrás para darse cuenta que sus perseguidores la estaban alcanzado con demasiada facilidad. "Mierda, mierda. Con un demonio Isabel corre más rápido o te atraparan" pensaba la joven sintiendo como los pulmones les ardían.

Isabel sintió un fuerte golpe detrás de la nuca, luego todo se volvió negro.


Crack…Fue el sonido que provocó la flecha al atravesar el cráneo del caminante.

Colmillo fue a recoger la flecha incrustada en el caminante y se la entregó a la joven pelinegra. La chica tomó la flecha del hocico del lobo con una sonrisa de agradecimiento. Ya era el cuarto caminante que se cruzaban y aún no había señales de Isabel por ninguna parte.

-Ven, sigamos buscando a Isabel.-le susurró suavemente la joven al gran lobo. Observó las copas de los árboles intentado ver el cielo, pero era inútil los árboles eran tan tupidos que sus hoja le impedían ver el cielo.

Los sentidos de la audición y olfato los sentía mucho más sensibles. De momentos la muchacha se aturdía con los fuertes cantos de las aves o el sonido de algún mono. Esperaba pronto acostumbrarse a sus nuevos sensibles sentidos.

El olor a cigarrillo y nafta llamó su atención. Colmillo también notó esos aromas por lo que empezó a soltar leves gruñidos, apenas audibles para una persona normal.

Evelyn frunció el ceño, preparó arco y flecha listos para disparar y en silencio avanzó. Con cada paso que daba podía sentir la suavidad de las hojas caídas y la tierra debajo de sus pies desnudos. Sus manos le empezaron a hormiguear ante la expectación de lo que se encontraría al llegar al origen de esos aromas. Su cuerpo estaba listo para reaccionar ante cualquier movimiento o sonido sospechoso.

El olor se intensificaba a medida que se acercaba a su lugar de origen. Normalmente ella hubiera dado media vuelta y huido de ahí, pero ahora cabía la posibilidad de que esas personas tuvieran a Isabel. Estaba segura que eran hombres, el olor a cigarrillo y el insoportable hedor de su sudor los delataba.

La muchacha se agachó detrás de unos arbustos y observó hacia adelante. A unos 15 o 20 metros se encontraba un auto todo terreno estacionado, rodeado por tres hombres uniformados.

Los hombres debían rondar los 30 años, eran bastante grandes y con buena musculatura. Además de estar bien armados. Enfrentarse a ellos de frente no era una buena idea mucho menos ahora que su cuerpo todavía no se terminaba de recuperar.

"Lo mejor será retirarme antes de que me vean, es obvio que Isabel no se encuentra con ellos". Un gruñido proveniente de Colmillo, sacó de sus pensamientos a la joven.

-¿Pero que tenemos aquí?- musitó un hombre en ingles mientras ponía el cañón de su M60 en la cabeza de la pelinegra. El inglés de Evelyn no era bueno, le costaba poder hablarlo pero podía entenderlo.

"Maldita suerte la mía" pensó la joven. El hombre se había puesto en contra del viento para que su olor no alertara al animal (ni a la chica) y se acercó sin hacer ruido tomando a la chica y al gran animal desprevenidos.

La argentina chistó su lengua molesta por descuidarse. Podría quitar el arma que la estaba apuntando con un rápido movimiento y un buen golpe, pero era probable que el hombre disparara como reflejo por mover su arma y alertaría a los otros tres que estaban en el auto. Ella no estaba en condiciones de correr rápido y por mucho tiempo, mucho menos estaba en condiciones de pelear contra los cuatro hombres a la vez. Su cuerpo aún estaba débil.

"Vamos piensa en algo rápido para librarte del problema en el que te metiste. Pero ¡ya!" se decía así misma la chica observando de reojo al gran lobo que se mantenía a su lado con el pelaje por completo erizado y mostrando sus filosos colmillos al soldado.

-¿Cómo te llamas niña?- preguntó el hombre diciendo "niña" en español. El tipo debía medir casi los dos metros de altura, era tan robusto como sus compañeros con la única diferencia de que era un hombre de color* y su cabeza estaba toda rapada. Y tenía tatuajes en brazos y cuello (por lo poco que se podía ver debajo de la ropa).

La pelinegra sólo se le quedó viendo desde su posición en los arbustos, no pensaba decirle ni mu. No iba a negar que estaba asustada pero antes muerta que demostrárselo al militar.

-Levántate despacio, y dile a tu perro que se comporte.- ordenó el gringo, esta vez hablando en español.

"Es un lobo, ignorante" pensó Evelyn mordiéndose la lengua para no soltarle una sarta de palabrotas al gigantón. Se levantó del suelo mirando con odio al mastodonte enfrente de ella.

El hombre se la quedó mirando un rato antes de soltar:- Vaya que eres enana.- riéndose acosta de la joven. Como respuesta Evelyn lo fulminó con la mirada. Si las miradas mataran el tipo ya estaría en lo profundo de la tierra asándose.

Entre risas el hombre obligó a la chica latina a caminar hacia el automóvil. No alcanzó a llegar donde los soldados cuando Evelyn cayó al suelo completamente noqueada por el golpe dado por el gigantón.

Colmillo Blanco no lo dudó y se lanzó a atacar al hombre, estuvo a punto de arrancarle un pedazo al hombre cuando uno de los soldados le disparo un dardo paralizante en el lomo.

-¿De dónde sacaste el dardo paralizante Louis? Y más importante aún ¡¿Por qué carajos no lo mataste?!- dijo histérico el afroamericano apenas se hubo sacado de encima el cuerpo inconsciente del lobo blanco.

-El sargento antes de separarnos, le entregó a cada equipo unos dardos por si los necesitábamos para dejar inconscientes a alguna presa difícil. En cuanto a porque no lo mate, digamos que fue por puro capricho. No todos los días te encuentras con semejante animal salvaje en la selva y acompañado por una chica.- contestó despreocupado Louis también en inglés.

-Por un estúpido capricho. ¿Me estas jodiendo? Esa cosa casi me arranca parte del brazo.- El afroamericano agarró del cuello de la camisa a Louis, apuntó de golpearlo.

-Ya cálmate, que no es para tanto. El lobo es más grande de lo que un lobo normal sería y tiene unos ojos de los más exóticos. Además servirá para la investigación de los científicos, sin mencionar que al señor Munch le encantará tener semejante espécimen en su colección.-se excusó Louis mientras evitaba con sus manos que su compañero lo estrangulara.

-Tiene razón, Nathan ya suelta a Louis. Sólo piénsalo, el lunático de Munch nos recompensará muy bien por llevarle este pequeño obsequio y sino bien podemos venderlo en el mercado negro, seguro que muchos coleccionistas pagaran millones por él.- Le convenció uno de los soldados restantes, señalando con la cabeza al animal inconsciente.

Con un mejor humor el gigantón soltó de mala gana a Louis y agarró del cuero del lomo al gran animal arrojándolo dentro del auto sin ninguna delicadeza. Lo mismo hizo con la chica, no sin antes atar las manos de la joven y amordazar al lobo.

Minutos después el auto se ponía en marcha con dirección al aeropuerto. Ya tenían lo que habían venido a buscar, era hora de reportarse y volver a la base.


-Isa despierta, Isa.-Con molestia Isabel abrió los ojos dándose cuenta que quien la sacudía era una niña de 13 años, rubia con un mechón de cabello azul, ojos cafés y piel blanca. La niña vestía unos jeans desgastados que dejaban ver parte de la piel de sus piernas, además de unas converse grises y una blusa manga corta amarilla con el logo de Naruto.

-¿Sofía?- abrió los ojos sorprendida Isabel de encontrarse con su vieja amiga del colegio.

-Aja, la misma que viste y calza. Y no estoy sola.-apuntó con su pulgar hacia atrás, moviéndose un poco para que Isabel pudiera ver a sus otros amigos. Dos chicas y un chico.

-Chicos…- balbuceo la joven gratamente sorprendida de reencontrarse con sus amigos. Los chicos se abalanzaron sobre la mayor, dándole un fuerte abrazo grupal.

Isabel como pudo correspondió el abrazo de los "niñatos" como ella les llamaba a sus "pequeños" amigos. Le resultó incomodo abrazar a los chicos debido a que tenía las manos esposadas y los piel encadenados.

-Creíamos que los brutos que te trajeron aquí como un costal de papas te habían matado.- dijo Sebastián, el único chico del grupo de amigos. Él tenía el cabello y los ojos de color negros, piel de color canela. Vestía unos pantalones militares y unas botas de combate negras, además de una blusa sin mangas de color verde oscuro. Tenía 13 años pero media la misma altura que Isabel. Además el chico era el novio de Sofía.

-Si. ¿Qué te pasó? ¿Cómo llegaste hasta Brasil?- cuestionó Sofía sin detenerse a tomar aire.

-¿Cómo sobreviviste todo este tiempo? ¿A cuántos zombies has matado ya y con qué armas?-continuó con el interrogatorio Sebastián de forma energética.

-¿Estuviste sola todo este tiempo o estabas en un grupo?-Preguntó con curiosidad infantil Susana. La niña tenía 13 años, cabello negro atado en una coleta baja, ojos negros y piel de color canela. Usaba una gorra negra con rosado, blusa celeste y unos pantalones cortos morado. Como calzado llevaba unas simples sandalias negras y también tenía pulseras de diferentes materiales colocadas en sus muñecas.

Ante esta última pregunta los ojos de Isabel se ensombrecieron por un segundo al recordar a sus nuevas amigas y como había dejado sola a Evelyn, estando ésta muy mal. Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos negativos de su mente. Por suerte sus amigos no se habían dado cuenta de la pequeña pizca de tristeza que apareció por un segundo en los ojos de la mayor.

-Aah, ya estoy muy vieja para hablar con unos niñatos como ustedes.-respondió en broma Isabel mostrándoles una ligera sonrisa y consiguiendo con éxito que sus amigos se olvidan de las preguntas que le habían hecho.

-Sí, vieja y gruñona.-Habló por fin la última integrante del grupo de amigos. Su nombre era Gabriela, tenía el cabello rizado de color negro, el cuál llevaba atado en una trenza cocida dejando unos mechones rebeldes sueltos enmarcándole el rostro. Su piel era pálida, tenía unos ojos de color verde y usaba unas gafas de marco negro. Vestía una camisa aguamarina a botones y unas calzas de color azul-violáceo, para terminar unos botines planos marrones oscuros casi negros. La chica media 1,60 y contaba con 14 o 15 años de edad.

Los demás chicos rieron ante el comentario de la pelinegra excepto Isabel que fulminaba con la mirada a su antigua compañera.

-¿Dónde estamos? ¿Por qué estoy amarraba y ustedes no? ¿Cómo y porque están aquí?-soltó todas sus dudas de una sola vez Isabel mientras miraba a su alrededor.

Parecían estar dentro de un vehículo de carga, había otras personas además de ellos pero o estaban inconscientes o amarradas en un rincón. Había dos gorilas bien armados con armas de alto calibre y granadas custodiando la compuerta del vehículo a unos metros alejados del grupo de amigos.

-Oye para el carro, son demasiadas preguntas a la vez. Para empezar estamos dentro de un avión de carga Airbus A400 y no te preocupes por esos dos mastodontes no entienden para nada el español.-le contestó Sebastián señalando a los dos soldados que estaban a cargo de vigilarlos.- Estas amarrada porque los que te trajeron dijeron que era peligroso que este libre por si intentabas algo, además de que te quitaron todas tus cosas y armas.

-Nosotros estamos libres porque estamos aquí por nuestra propia voluntad y porque no estamos tan locos como para intentar enfrentar a más de 60 militares bien entrenados y armados hasta los dientes.- agregó Gabriela con disimulada burla en su voz.

-Si. Nosotros cuando todo empezó estábamos en una excursión del colegio en Medellín. No pudimos volver a casa por lo que con los chicos decimos huir fuera de la cuidad, que se había convertido en un completo caos con gente corriendo de aquí para allá y personas comiéndose unas a otras. La mayoría de la clase, se quedaron refugiados en una estación de bomberos. Nosotros nos resguardamos en una vieja fábrica abandonada en las afueras de la ciudad. Cuando llegamos a la fábrica pudimos ver como unos aviones bombardeaban la ciudad de Medellín.-Siguió Sofía contestando a las preguntas de Isabel.

-Estuvimos sobreviviendo allí hasta que hace unos días, mientras buscábamos suministros en lo que quedaba de la ciudad nos topamos con un grupo de militares. Ellos nos ofrecieron llevarnos a un refugio seguro y los cuatro aceptamos. No nos mires así, ya estamos cansados de tener que pelear y huir de los zombies a cada rato.-continuó con la narración Susana.

-Y pues, nos llevaron a este avión diciéndonos que antes tenían que pasar por otros lugares antes de llevarnos al refugio. Y henos aquí.-finalizó con una sonrisa y extendiendo los brazos señalando el lugar Sofía.

-Y antes que lo intentes, no te recomiendo intentar escapar, aunque pudieras soltarte afuera esta llenó de militares, te mataran antes de que pongas un pie fuera del avión.-Le dijo Gabriela a la mayor, adivinando los pensamientos de Isabel.

-Tsk, no pensaba hacerlo.-musitó malhumorada la castaña. Justo cuando la compuerta de carga se abría mostrando como tres militares entraban y arrojaban a unos metros lejos de ella a una chica y un lobo de gran tamaño al suelo.

-Estamos listos. Es hora de regresar a la base muchachos.- pudieron escuchar todos el anuncio a través de los altoparlantes que tenía el avión, mientras las compuertas se terminaban de cerrar.

Unos minutos después el avión arrancó. Despegando con rumbo a la base de los militares. Al tan afamado "Refugio".

Continuará….

Ufff hasta que pude terminar de escribir este cap. Aunque el principio me costó bastante.

Disculpen mi portugués, estoy algo oxidada :s

*Hombre de color: también le dicen hombres negros o afroamericanos.