Discraimer: The Walking Dead así como sus personajes son propiedad de Robert Kirkman, solamente me pertenece esta historia y sus OC´s. Isabel, Sofía, Susana, Gabriela y Sebastián son propiedad de Isadamu (Deviantart) así como la escena del baño y la de la charla nocturna (yo sólo edite algunas partes de la escena original) además del título del cap. Ella también me ayuda dándome algunas ideas para el fic.

-Diálogos-

"Pensamientos"- (Pensamientos entre los diálogos)

Flashback/ Sueños

-Cambios de escena-

-Diálogos/ hablando en español-


Cap. 6: ¿Refugio en el extranjero?

Isabel miró sorprendida, casi en shock, el cuerpo inconsciente de la chica, una muy conocida para ella. No podía ser…

Casi se mata de un porrazo contra el suelo al levantarse y dar un paso hacia los dos cuerpos inconscientes, olvidándose que tenía los pies encadenados con unos grilletes.

-Isabel ten cuidado. Vas a lastimarte si no te mueves con más cuidado.- escuchó la voz preocupada de Susana.

Ignoró por completo las palabras de su amiga y se dirigió hasta donde estaban tirados la chica pelinegra y el lobo. Siendo vigilada por un par de militares que se hallaban ubicados lo bastante lejos para no poder escuchar lo que los chicos hablaban.

Isabel se arrodilló aun lado de Evelyn. La pelinegra tenía las manos amarradas, su piel había recuperado un poco del típico color que la caracterizaba desde la última vez que la vio en la cabaña hace unos días. Se veía delgada aunque la blusa, ligeramente suelta que llevaba puesta, disimulaba su delgadez.

"No lo puedo creer, Evelyn debería haber muerto por la fiebre que le provocó el rasguño del caminante, es más ahora tendría que estar transformada intentando arrancarme un pedazo de carne. Y aun así, está aquí inconsciente pero viva" pensó la castaña observando con atención a la joven en el suelo.

-Hey ¿ya vieron el tamaño de ese lobo? Es enorme.-interrumpió abruptamente Sebastián los pensamientos de Isabel, los ojos del "niñato" irradiaban emoción y curiosidad al acercarse donde se encontraba la castaña y observaba con atención al gran lobo amordazado.

-¿De dónde la conoces?-Indagó Gabriela acercándose junto a las otras dos chicas a donde estaban los chicos.

-La conocí cuando vine a Brasil hace casi dos meses, a participar del concurso de dibujo. Ella era una de las participantes, me presentó a dos de sus amigas y cuando todo empezó las cuatro estuvimos sobreviviendo juntas en la selva. Pero hace unos días nos separamos de las otras dos chicas, debido a que una horda de caminantes nos atacó mientras estábamos desayunando.- Explicó Isabel omitiendo la parte en que mientras buscaban a las hermanas, Evelyn había sido herida por una de esas cosas y en estos momentos la pelinegra tendría que estar deambulando por la selva como una zombie.

-Sebastián deja a Colmillo tranquilo, si se despierta mientras lo eras tocando intentará atacarte. Sólo deja a Evelyn acariciarlo.- Regaño Isabel al chico que estaba tocando las orejas del inconsciente lobo.

-¿Colmillo? ¿Quién es Evelyn?- preguntó confundido el chico. Ni siquiera había puesto atención a lo contado por la castaña.

-Ella es Evelyn.-señaló con su índice Isabel a la chica que estaba a su lado inconsciente.- Colmillo Blanco es como nombró al lobo que tu estas picando.

-Ah…Bueno que más da, dudo mucho que me haga algo. ¿Qué no ves que está amordazado?- desestimó el chico mientras seguía picando con su dedo la cara del gran animal.

-Seba enserio déjalo en paz, vas a despertarlo.- se preocupó Susana mirando el gran tamaño que poseía el lobo.

-¿Por qué le puso Colmillo Blanco como nombre y como es que este animal está en Brasil?- cuestionó Gabriela con interés.

Isabel miró a su amiga con fastidio. Ya la estaban cansando tantas preguntas innecesarias, según su opinión.

-El lobo escapó del zoológico cuando todo comenzó. A él lo habían capturado unos días antes para venderlo a un coleccionista de Brasil. Cuando encerraron al coleccionista los policías confiscaron a todos los animales que tenía en su poder y los llevaron al zoológico de Río hasta que pudieran reubicarlos en reservas naturales. Una semana después Evelyn lo encontró herido y atrapado, luchando contra unos caminantes o zombies como los llaman ustedes. La cosa es que Evelyn mató a los caminantes y junto a las otras dos chicas se pusieron a tratar la herida del lobo para luego liberarlo. Todos los días Evelyn iba a buscarlo para tratar su herida y en más de una ocasión él le clavó los colmillos. Por ello, lo nombró Colmillo Blanco por todas las veces que la mordió y por el blanco pelaje que tiene.- finalizó la explicación Isabel con fastidio.

-Aww, que lindo relato. Yo creo que es un hermoso animal.- comentó Sofía conmovida por lo narrado, mientras observaba al lobo.

-Eso no explica porque sólo se deja tocar por ella.-habló Gabriela no del todo satisfecha por lo respondido.

-Aaaah, ¿porque siempre tienen que hacerme tantas preguntas?-suspiró cansada y harta de tantas preguntas Isabel.- Es porque después de curarlo Colmillo siempre seguía desde lejos a Evelyn cuando ésta iba a cazar, hasta la seguía hasta nuestro refugio. Con el pasar de los días Colmillo poco a poco le fue tomando confianza a Evelyn hasta que prácticamente no se separa de su lado.

Gabriela asintió satisfecha con la respuesta recibida, no volviendo a preguntar más sobre el tema.

Internamente Isabel agradeció que ya no le preguntaran más cosas, porque no estaba segura de poder contenerse y callarlas de un golpe en la cabeza.

Un quejido proveniente de la pelinegra inconsciente llamó la atención del grupo de amigos. Incluso Sebastián dejó de inspeccionar al gran lobo para prestar atención a la chica.

Un par de ojos marrones oscuros algo desorientados, comenzaron a inspeccionar el lugar hasta que se toparon con unos ojos del mismo color, los cuales mostraban un pequeño destello de preocupación.

-¿Isabel?- preguntó con voz dudosa y algo ronca Evelyn.

-Hasta que despiertas. Ya te daba por muerta.-dijo medio en broma Isabel a su amiga.

-Tsk, que graciosa. ¿Dónde rayos te metiste todos estos días?- masculló molesta la pelinegra mayor.- Agrrrr…como me duele la cabeza, ese maldito desgraciado me las va a pagar.- habló entre dientes la muchacha argentina, maldiciendo al soldado que la había noqueado mientras llevaba una mano a la zona golpeada.- Pero que rayos…- al fin se dio cuenta que sus manos estaban bien amarradas.

-¿Cómo es que…- Isabel no pudo evitar preguntar cómo le hizo su amiga para sobrevivir al rasguño.

-Luego te lo cuento, cuando estemos a solas.- susurró Evelyn interrumpiendo la pregunta de la castaña, al mismo tiempo que observaba el lugar donde se encontraban con más detenimiento. Dándose cuenta que había cuatro chicos desconocidos alrededor de ellas.

La argentina fijo su vista en el militar que la había golpeado y que se hallaba cerca de la cabina de los pilotos junto a otros soldados, a una distancia lo suficientemente lejos para que no pudieran escuchar lo que ella e Isabel estaban hablando.

El hombre le sonreía de forma burlona mientras jugaba con el cuchillo cazador decorado con la cabeza de un lobo plateado en la punta del mango. Dicho cuchillo se lo había quitado a la pelinegra que no dejaba de mandarle miradas de muerte.

-Por más que lo mires así, no se va a morir. Si eso es lo que quieres ver.- comentó la castaña sacando a su amiga de sus pensamientos en los cuales torturaba de mil maneras al mastodonte que la atacó por la espalda y que ahora le hacía burla jugando con su preciado cuchillo. Le encantaba ese cuchillo de cazador y ahora estaba en las mugrientas manos de ese desgraciado. Era oficial, se las cobraría con creces.

Más le valía a ese hombre andar con cuidado.

-Tsk, se vale soñar.-bromeó Evelyn.

La pelinegra volteó a ver el estado de Colmillo, notando con molestia como un niño no dejaba de revolotear como una molesta mosca alrededor del lobo, inspeccionándolo.

La chica estaba a punto de gritarle al mocoso que dejara a su amigo en paz, cuando Colmillo despacio levantó sus parpados, algo desorientado. Lo primero que vio fue a un muchacho tocando su pelaje. En dos segundos se levantó de un saltó y si no fuera porque tenía amarrado el hocico seguramente lo hubiera mordido.

-Shhh, tranquilo chico. Cálmate, no pasa nada.-En un parpadeo Evelyn estaba al lado del nervioso animal, tranquilizándolo, acariciando su blanco pelaje. Y mirando con cara de pocos amigos al chico que casi es mordido por el animal.

El lobo pronto se tranquilizó gracias a las palabras y caricias de la joven.

-Conste que te lo advertí Seba.- una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Isabel al ver que tal y como lo dijo Colmillo había intentado atacar a su amigo.

El pobre chico estaba detrás de Gabriela, asustado de la rapidez con la que el animal se había levantado y casi lanzándosele encima.

-Ni creas que seré tu escudo humano para evitar que el animal te ataque. Te dijimos que lo dejaras en paz y tú por cabezota no escuchaste.- regaño Gabriela a su amigo mientras se hacía a un lado, dejando de ser el "escudo" de Sebastián.

-Jeejej, upss.- rio nervioso Sebastián ante el regaño de la ojiverde.

-No quiero sonar maleducada, pero ¿ustedes quiénes son?- preguntó recelosa Evelyn aun acariciando al lobo que se había vuelto a acostar, intentado liberar su hocico de la cuerda que estaba atada en él.

-Oh disculpa, no nos presentamos. Soy Gabriela, mucho gusto.- se presentó de manera algo formal la chica de gafas.

-Yo soy Sofía, es un gusto conocerte.-exclamó de forma alegre y amistosa la pequeña rubia.

-Me llamó Susana, un gusto.-sonrió amablemente la chica.

-Y yo soy el genial Sebastián. Si lo sé, es un gusto conocerme.-se presentó el niño.- Por cierto que enorme chucho tienes, pero deberías enseñarles modales. Mira que andar por ahí mordiendo a las personas no es nada lindo, eh.- Evelyn no dejó de mirarlo molesta mientras Colmillo nuevamente le gruñía al joven.

-Hola soy Evelyn, pero eso ya lo saben. Es un gusto conocerlas chicas, lástima que sea en esta situación.-saludó de forma educada y con una ligera sonrisa Evelyn a las tres amigas de Isabel.- En cuanto a ti, es tu culpa por andar molestándolo. Y pobre de ti mocoso si vuelves a hacerle algo a Colmillo Blanco, ¿entendiste?- se dirigió al chico, mandándole una mirada asesina, importándole muy poco que el chico fuera más alto que ella.

-Qué carácter.- susurró para sí Sebastián, sintiendo un escalofrió recorrerle la espalda debido a la mirada y tono de voz que utilizó la pelinegra mayor para hablarle/amenazarle.

-¿Qué dijiste?- preguntó Evelyn habiendo escuchado perfectamente el susurró del muchacho y oliendo su nerviosismo.

-¿Eh? Nada, deben ser imaginaciones tuyas.- si, Sebastián se estaba ganando a una peligrosa enemiga.

Isabel miraba la interacción de esos dos con diversión. Ella sabía muy bien cómo podía llegar a ser Evelyn cuando se enojaba o se metían con lo que le importaba.

"Empiezo a creer que será entretenido ver a estos dos interactuar o estar juntos" pensó la castaña imaginándose las veces que Sebastián sacaría de quicio a la pelinegra mayor o discutiría con ésta.


Los chicos pasaron el resto del viaje platicando entre los seis, conociéndose mejor.

Y como era de suponer más de una vez el único chico del grupo, tentó la paciencia de Evelyn siendo ayudado por Isabel. Ambos tentaban demasiado su suerte.

-¿Enserio tienes 19 años? Vaya que eres enana.- comentó divertido el pelinegro haciendo cabrear a la argentina.

-¿Verdad que sí? Se nota que no le daban mucho danonino* de pequeña.- le siguió la corriente Isabel, terminando ambos riendo junto a Sofía.

Gabriela y Susana prefirieron no reír al ver como se estaba poniendo Evelyn. Más no pudieron evitar que se les escaparan unas sonrisas.

-Mocosos del demonio. ¡Ahora si los mató!- exclamó Evelyn antes de lanzárseles encima.

Isabel reaccionó a tiempo y la esquivó moviéndose de donde estaba sentada, lástima que Sebastián no.

Amarrada o no Evelyn era peligrosa, Sebastián lo aprendió por las malas al casi ser estrangulado por la chica.

Las tres chicas que estaban sueltas (sin ninguna de sus partes atadas) como pudieron apartaron a Evelyn de Sebastián, mientras Isabel se reía a más no poder en el suelo.

A lo lejos se podían escuchar las risas mal disimuladas de los militares que observaban la escena y que no se habían molestado en interrumpir.

Durante todo el viaje Sebastián e Isabel y de vez en cuando Sofía, siguieron molestando de a ratos a Evelyn. Sin embargo, la chica no se quedó de brazos cruzados y les devolvía las bromas.


Base militar (refugio)-Estados Unidos 12:00 p.m.

Se escuchaba el goteo del agua cayendo en el oscuro pasillo por uno de los numerosos caños que cruzaban el techo.

Un hombre de mediana estatura iba caminando por el oscuro corredor apenas iluminado por las tenues luces de los focos colocados en el techo. El hombre debía rondar los cincuenta años, cabello canoso, ojos verdes claros y piel clara llena de arrugas. Vestía una bata de científico, camisa a cuadros y pantalones negros junto a unos finos zapatos del mismo color.

El hombre llegó al final o principio del pasillo, según como se lo viera; y subió por las largas escaleras que comunicaba el sector subterráneo (en el que estaba él) con la planta baja del edificio.

El científico después de subir las escaleras, las cuales se comparaban a subir cuatro pisos. Abrió una pesada puerta y siguió su camino hasta salir al exterior.

Viejos edificios eran los que se podían ver. Algún que otro vehículo militar en mal estado se podían hallar estacionados en la "abandonada" base militar, la cual estaba rodeada por vallas y diversas trampas antiguas estaban escondidas alrededor de la base.

Más todo esto era una simple fachada para que los curiosos no se metieran al lugar, que por cierto estaba bastante lejos de la civilización.

El edificio del que había salido el científico era el principal y el más grande, cabe decir, ya que contaba con tres pisos sin mencionar el sector subterráneo, el cual sólo era conocido por los militares y científicos, siendo estos los únicos que tenían acceso para entrar.

En el edificio vivían los "refugiados": personas que habían sido expuestas al virus y las cuales habían traído desde Sudamérica con o sin su consentimiento. Estos eran usados como conejillos de Indias para encontrar la cura contra el virus que se había expandido por toda Sudamérica volviendo a los muertos a la vida.

Los que estaban por voluntad propia (es decir vinieron creyendo que estaría en un lugar seguro y a salvo) casi no eran tocados por los científicos pero si les daban de vez en cuando en las comidas unas pastillas para ver si contrarrestaban el virus y tenerlos algo drogados, a veces olvidaban lo ocurrido en el día cuando debían tomar varias dosis.

Otros, los que eran casi inmunes al virus los llevaban al laboratorio ubicado en el sector subterráneo de edificio y experimentaba con ellos e incluso los torturaban hasta que estos morían, pero sin tener buenos resultados para hallar la cura contra el virus que ellos mismos habían creado por accidente.

Todos los refugiados debían cumplir tareas dentro del edificio ya sea ayudando con la limpieza, cocinando o cuidando la huerta ubicada atrás del edificio.

También había otras edificaciones pero eran más pequeñas en comparación al edificio principal. Estas eran usadas por los científicos y otras por militares (para guardar las armas o provisiones). Había una que era un poco más grande que las otras y se hallaba bastante alejada del lugar, allí se guardaban diferentes animales que habían traído ya sea de Sudamérica o de otros lugares del mundo; también contaba con un piso subterráneo que conectaba con el que estaba debajo del edificio principal, por ahí transportaban a los animales hasta el laboratorio y al igual que los refugiados estos eran usados como sujetos de prueba para ver porque eran inmunes al virus y si podían encontrar la forma de erradicar el virus; y de vez en cuando como entretenimiento. Pero hasta ahora era inútil, no conseguían ningún resultado que les fuera favorable para cumplir con su objetivo.

El hombre llegó a su consultorio e ingresó al lugar. No era muy grande a decir verdad, tenía su escritorio en medio de la habitación una silla ubicada atrás de éste y varios estantes repletos de libros, además de que el escritorio contaba con un ordenador, algunas carpetas apiladas al lado de la computadora y un teléfono ubicado en el lado opuesto del escritorio. Una ventana se hallaba ubicada en la pared al lado de la puerta de entrada. Del lado izquierdo al fondo estaba otra puerta la cual era la del baño.

El hombre cerró la puerta tras de sí y se sentó con cansancio en la única silla que tenía su oficina. De mala gana tomó una de las carpetas de su escritorio y ojeó su contenido, a medida que iba leyendo su ceño se fruncía cada vez con más molestia.

La carpeta era sobre los resultados nada favorables que se le hicieron a los últimos sujetos de prueba inmunes que habían hallado con vida (los cuales eran muy difíciles de conseguir ya que sólo una de cada 100.000 personas eran inmunes al virus y muy pocos de estos afortunados lograban sobrevivir al proceso de adaptación principalmente porque las fiebre alta los mataba o si no contaban con un grupo que los protegiera, al estar en este estado débil eran presas fáciles para los caminantes o animales salvajes si es que no antes se morían de hambre o deshidratación) y que ahora habían fallecido. La sangre de estos no sirvieron para nada para realizar una cura, al contrario al inyectar la sangre inmune a otros sujetos que no lo eran, estos terminaban muriendo ya que su cerebro prácticamente se derretía en cuestión de horas.

"Otra vez esos imbéciles soldados se han pasado con las torturas aplicadas a mis conejillos de Indias" pensó el hombre mientras seguía leyendo.

Unos golpes en la puerta de su oficina llamaron su atención, con seco "adelante" permitió que la persona detrás de la puerta ingresará a su oficina.

-Señor Munch vengo a avisarle que los nuevos sujetos de prueba que pidió están por llegar. Aterrizarán en dos horas como mucho.-informó con voz monótona el coronel Fischer. Era un hombre de bigote y cabello rubio peinado hacia atrás, ojos azules oscuros y piel muy blanca. Vestía ropa militar de la Alemania nazi y en su brazo tenía un pañuelo con el signo nazi bordado en él. El hombre era de los pocos nazis que trabajaban en esa base.

-Espléndido. Gracias Coronel, si no tiene nada más que decirme puede retirarse.- Fischer asistió y se retiró.

Munch sonrió de forma siniestra, pronto tendría más conejillos de Indias con los cuales divertirse.

Con la sonrisa aún plasmada en su rostro siguió leyendo las demás carpetas que le faltaban. La noticia lo había puesto de muy buen humor.


Base militar. 14:45 p.m.

-¿Ya llegamos?- cuestionó Sofía al sentir como el avión poco a poco aterrizaba.

-Así parece...-respondió Isabel al tiempo que uno de los soldados le sacaba los grilletes de las piernas. Y los demás obligaban a todos a levantarse.

La pelinegra y el lobo se encontraban ansiosos, se notaba a leguas que querían irse lo más lejos de ahí. Y por lo mismo eran los más vigilados por los militares.

La luz del sol de la tarde encandiló a los jóvenes que después de varias horas de viaje por fin descendían a tierra.

-Muévanse mocosos- dijo el sargento del pelotón, obligando a los jóvenes a seguir caminando hasta ingresar al edificio más grande del lugar.

Los cautivos caminaban en fila india hasta ingresar al gran edificio, siendo flanqueados por ambos lados por varios soldados.

Evelyn intentó evitar que se llevaran a Colmillo, más no pudo hacer mucho. El hombre que todavía tenía su cuchillo la golpeó en el estómago sacándole todo el aire, consiguiendo que la chica cayera al suelo y dejará de molestar.

La joven vio con un hilo de sangre saliendo de su boca como los soldados se llevaban a rastras y con dificultad a su amigo canino lejos de ella.

El cabo de nombre Aaron levantó a la joven del suelo e hizo que volviera a la fila. La chica aún dolorida siguió caminando hasta el edificio con la mirada gacha y bajo la atenta mirada preocupada de Isabel y sus amigos.

Al ingresar al gran edificio los jóvenes pudieron ver que delante de ellos se hallaba una gran escalera que se dividía en tres direcciones, una seguía ascendiendo hasta el segundo piso y los otros dos conectaban a los lados derecho e izquierdo del primer piso.

El sargento guío a los jóvenes por el pasillo izquierdo, pasando al lado de las escaleras y por varias salas, entre ellas: la sala de descanso, la cocina, la biblioteca y la sala de lavar la ropa.

El hombre se detuvo en medio del pasillo y mandó a uno de sus hombres a que trajera los uniformes.

-Bien, allí están los baños- señaló a una puerta que estaba unos metros más adelante.- Se ducharan en grupos de cinco. Dos grupos, uno de cada género, ingresarán y se bañaran. Obviamente estarán separados por un muro para evitar que se vean entre sí, además serán vigilados por un par de guardias, por si sucede algún problema. Al terminarse de duchar, se vestirán con estos uniformes y se irán directo a la cocina donde se les explicaran las reglas del lugar y se les asignaran sus cuartos.

-Espere. ¿Adónde llevaron a Colmillo?- cuestionó Evelyn al sargento antes de que éste se fuera.

-¿Te refieres al gran lobo blanco?-la joven asistió.- Fue llevado a otro sector donde no podrá lastimar a nadie.- explicó el hombre con desinterés.

-Pero él no es peligroso. Déjenme verlo.-exigió la joven.

-Negativo. Los refugiados no pueden acceder a ese sector. -Al terminar de hablar el hombre dio media vuelta y se fue. Dando por terminada la conversación.

La joven estuvo a punto de tirársele encima para obligarlo a que la dejará ver al lobo cuando sintió como Isabel le agarraba con fuerza uno de sus brazos, evitando así que pudiera atacar al sargento.

-No pierdas la compostura.-le susurró Isabel.

De mala gana la pelinegra le hizo caso a su amiga y vio como el hombre se perdía al final del pasillo.

Viendo que la joven no intentaría nada estúpido, la castaña soltó su brazo.

El soldado que había ido a cumplir con el pedido de su sargento, finalmente volvió trayendo con él una pila de ropa.

Los dos primeros grupos que se ducharían, ingresaron al baño topándose con un muro en un pésimo estado que separaba las dos tinas/jacuzzi en las cuales fácilmente podrían bañarse cómodamente 8 personas.

El grupo de chicas tomó la tina de la izquierda mientras el grupo de varones del cual Sebastián era parte, tomó la que sobraba.

Las jóvenes pudieron notar que la enorme tina se ubicaba al fondo del cuarto y contaba con siete escalones para ingresar a ella. En unos de sus bordes había tres jabones, y en uno de los costados de la enorme bañera se hallaba ubicado un viejo caño que tenía en él cinco toallas.

-Muy bien, aquí tienen sus trajes. Ahora a la ducha.-se dirigió uno de los guardias al primer grupo de mujeres que estaba formado por Isabel, Evelyn, Gabriela, Sofía y Susana.

Las cuatro chicas tomaron sus uniformes y se desvistieron con rapidez para enseguida meterse al agua tibia, casi fría de la tina. Dejando atrás a Isabel.

-Tengo sueño, me duchó mañana.-respondió Isabel sin muchas ganas. Aun parada al lado del guardia, completamente vestida.

-No lo harás.-la voz firme del hombre hizo eco en el baño.

-No lo haré. Quiero ir a dormir.-contestó con voz calmada la castaña, retando con su mirada al guardia.

15 MINUTOS DESPUÉS

-Oigan ¿e Isabel?- preguntó Sofía mientras se lavaba el cabello.

-Sólo sé, que estaba negándose a darse un baño y se quedó discu…-

Un grito psicópata interrumpió la oración de Evelyn. Todas miraron hacia arriba viendo como Isabel era lanzada desnuda desde arriba por un guardia.

-Oh ahí está.- dijo sonriente Susana.

De un chapuzón cayó Isabel en la tina. Pasaron unos minutos hasta que Isabel sacó la cabeza del agua.

MALDITOS HIJOS DE PUTA, DESGRACIADOS! ¡La próxima vez que hagan eso, les romperé el cuello!- gritó a todo pulmón furiosa la castaña, con mechones de su cabello cubriéndole el rostro.

-Y miren quien es la que pierde la compostura ahora.- se burló Evelyn.

-Oye Isa, yo no sabía que a los peces los tiraban desde la parte de arriba por no ducharse.- comentó la ojiverde mientras soltaba una leve risa.

-Si no tuviera las manos entumecidas, ya verías quien es la que va a caer.- amenazó las castaña mandándole miradas asesinas a las dos pelinegras.

Las cuatros chicas se rieron ante la situación.

-Bueno, pues si no puedes mover las manos, te ayudare a lavarte el cabello.-dijo Sofía mientras tomaba un jabón de la esquina y se ponía a cumplir con su tarea.

-Sofía ten cuidado.-le advirtió preocupada Susana.

-Pffff, ni que le fuera a poner jabón en los ojos.-respondió de forma despreocupada la mencionada sin fijarse en donde enjabonaba.

Un quejido se oyó segundos después. Todas vieron como la castaña se tapaba con dolor su ojo derecho.

-Ehhhh. ¿Upss?- despacio la pequeña rubia se fue alejando de la castaña.

-Sofíaaaaaaaaaa. ¡Date por muerta!-la voz macabra y enfadada de Isabel hizo que la pobre rubia empalideciera.

-Nooooo.- Sofía salió nadando, intentando salir de la enorme tina.

-¡Vuelve aquí enana, cabeza de chorlito!-la castaña perseguía por toda la tina a la pequeña rubia que como podía la esquivaba, mientras las demás se reían por la escena.

-Lo siento Isa. Fue sin querer queriendo, un accidente.-se disculpaba la pequeña oji-café, prendida fuertemente del caño de las toallas mientras la castaña la jaloneaba de uno de sus pies.

-Que accidente ni que nada. Esta me la vas a pagar, enana.-musitó enojada mientras tiraba con más fuerza, intentado que la rubia se soltará del caño.

-Aaaahhhh, socorro. Guardias ayuda. Me quieren violar.-pedía ayuda Sofía, pero ninguno de los guardias se dignó a aparecer.

-Sofía no exageres que Isa no tiene esos gustos.-la regañó Gabriela mientras se enjuagaba el cabello y las demás sólo seguían riendo.

-Isabel ya suelta a la pobre niña. Ya te pidió perdón, además no fue su intención enjabonarte el ojo.-intentó hacer entrar en razón Evelyn a su amiga.

-Tu…- La castaña abrió los ojos a más no poder al ver como Sebastián y su grupo, las espiaban escondidos detrás del muro.

-Jodidos pervertidos.-la castaña soltó a Sofía para cubrirse inmediatamente sus pechos.

Evelyn sólo atinó a lanzarle el jabón que estaba usando a Sebastián, golpeándolo en la cabeza, mientras se cubría sus pechos. Viendo como las otras tres tomaban sus toallas y se cubrían para enseguida ir a golpear al grupo de niños entre 12 y 14 años.

Las dos mayores se cubrieron con las toallas sobrantes y salieron de la tina. Isabel fue la primera en golpear a Sebastián mientras la novia de éste le pegaba varias cachetadas.

10 minutos después ambos grupos están vestidos con los uniformes frente a los guardias.

Los uniformes consistían en una chaqueta sin mangas, larga hasta casi llegar a las rodillas (como un vestido) para las mujeres y para los varones una chaqueta sin mangas, más corta que la de las chicas y unos pantalones hasta debajo de las rodillas de color gris. Las chaquetas tanto de chicas como de chicos eran de color blanco, debajo de estas chaquetas todos llevan puesta una blusa sin mangas negra. Todos iban descalzos y tenían en su cuello un collar negro con una placa de identificación.

Tanto Evelyn como Isabel prefirieron ponerse el uniforme de hombres para estar más cómodas, de mala gana los soldados se lo permitieron.

Los guardias observaron con curiosidad al grupo de chicos que estaba bastante golpeado, había algún que otro ojo negro. Sebastián tenía la cara hinchada de tantas cachetadas recibidas.

Los soldados prefirieron no preguntar y dirigieron a los diez chicos al comedor.

El comedor era bastante grande, al fondo del lado derecho estaba la cocina con un mueble lleno de comida, la cual se encargaban de servir un par de soldados jóvenes con delantal blanco. En la pared del lado izquierdo había un par de ventanales cerrados y con rejas que permitían que la luz solar iluminara el gran comedor.

Varias mesas se encontraban dispersas por todo el lugar, algunas pocas eran ocupadas por otros "refugiados" de diferentes edades, pero todos ya habían terminado de comer. Dos viejos televisores se encontraban ubicados en cada esquina de lugar, ubicados lo más alto posible, en las esquinas de las paredes.

-Cuando los demás terminen de bañarse y estén aquí, les informaremos sobre las reglas del lugar y lo que tendrán que hacer. Mientras tanto pueden sentarse en alguna de las mesas a esperar.- Informó el cabo Aaron que sería el encargado de informar a los chicos sobre las normas del lugar y lo que harían.

Sin muchas ganas el grupo de amigos se sentó en una mesa mientras los otros cuatro niños se ubicaban un par de mesas más lejos.

Dos horas después todos los nuevos refugiados estaban dispersados por todo el comedor, vestidos con los uniformes del lugar y descalzos.

-Bien ya estamos todos. Para empezar mi nombre es Aaron y mi rango es cabo.-se presentó el joven soldado, observando a todos.- Este es un refugio seguro que creamos con tal de mantener a los sobrevivientes a salvo y lejos de los zombies. Sin embargo, como en toda institución, aquí hay reglas que deben cumplir al pie de la letra o de lo contrario serán severamente castigados, el castigo se decidirá según cuan grave sea la falta que han cometido. Aquí todos deberán ayudar cumpliendo ciertas tareas que luego se les asignaran en esa pizarra.-continuó el joven señalando a una enorme pizarra que estaba en la pared del fondo, con todas las tareas y los números de identificación de los "refugiados". Las tareas iban desde lavar la ropa, hasta cocinar o cuidar la huerta.- Ya conocen las salas que hay en el pasillo izquierdo del edificio. En la parte derecha o por el pasillo derecho del edificio se encuentran el gimnasio, el salón donde se reunirán cada vez que tengamos que decirles algo; también está un pequeño consultorio o enfermería que tendrán que ir todos los días sin falta para que les tomen algunas muestras o receten pastillas para erradicar el virus que podrían tener, ya que la mayoría estuvo expuesto al virus que convierte a las personas en seres hambrientos. Además al fondo hay otros salones que luego conocerán y hay una puerta que tienen prohibido y repito PROHIBIDO ir así allí y tratar de ingresar. Detrás del edificio está la huerta que ustedes se encargaran de cuidar y cosechar. El refugio también cuenta con varios consultorios que son de los científicos y médicos que aquí trabajan, así como también hay otros pequeños edificios utilizados por nosotros los militares. Un edificio se encuentra un poco más alejado de todo esto y allí tenemos varios animales, dicho sector solo puede entrar personal autorizado, los refugiados tienen PROHIBIDO siquiera acercarse al lugar, ¿entendido?- cuestionó el joven a los nuevos habitantes.

-Si.-respondieron la mayoría de los cautivos, excepto Evelyn que en cuanto pudiera se escabulliría para buscar a Colmillo.

-Me alegro. Bien en el primer y segundo piso están las habitaciones que utilizan los refugiados y algunos militares y científicos que vivimos aquí. Si han cumplido con todas sus tareas del día, tienen permitido pasear por los caminos con que cuenta el patio de la institución, o hacer lo que quieran dentro del edificio, excepto ir a los lugares que tienen prohibido acercarse.-informó el rubio con una sonrisa amable.- Se levantaran a las 5:30 a.m., el desayuno es a las 6:00 a.m. en punto, almorzarán a las 12:00 p.m. y cenaran a las 19:30 p.m. ni un minuto menos ni un minuto más. Si llegan tarde no se les dará alimento alguno y tendrán que esperar a la siguiente comida si quieren alimentarse. El toque de queda es a las 20:00 p.m. por lo tanto todos deberán estar en sus habitaciones para entonces. Dormirán en grupos de dos, del mismo género.- explicó el joven soldado mirando a todos.

-Ya son las 16:20 por lo que tendrán que esperar hasta la hora de la cena para comer. Mientras tanto, por favor diríjanse todos en fila de dos a la enfermería para que se los revise. Entraran en grupos de dos personas, del mismo género; su compañero/a será con quien compartirán habitación asi que elijan a un conocido si asi lo desean, si no lo tienen se les asignara uno.-con esto dicho el ojiceleste se retiró mientras los jóvenes de mala gana acataban sus órdenes.

Sofía y Susana formaron un grupo, mientras Evelyn e Isabel otro. Gabriela y Sebastián se juntaron con una chica y un chico que no tenían compañero.


Ya eran las 23:30 de la noche y todos los refugiados se encontraban en sus habitaciones. Evelyn e Isabel no eran la excepción.

Hace unas horas atrás habían ido a su primera revisión con el médico que atendía la pequeña enfermería del lugar. Para su mala suerte en el refugio sólo trabaja personal masculino, no había ni una sola mujer que ejerciera allí como militar o científica.

El hombre era Chris Robert (Will Smith), un hombre afroamericano que ya debía ronda los 30 o 40 años. El hombre era un importante científico y hace mucho también había ejercido en la milicia; era alto, con un físico envidiable y bastante atractivo.

La cosa era que el señor Robert las había hecho desnudar a ambas para poder examinarlas y sacarles un poco de sangre para analizarla después. El pobre hombre casi necesitó de la ayuda de los guardias para que las chicas hicieran lo que les pidió, éstas estaban renuentes a que un hombre las revisara.

Luego de eso, por ser su primer día se las dejó husmear dentro del edificio, lamentablemente, pese a los intentos de Evelyn de escabullirse para buscar a su amigo, no pudo lograr salir del edificio.

La hora de la cena fue por demás deprimente y aburrida. Nadie hablaba y la comida era un asco.

Ahora ambas chicas estaban en lo que sería de ahora y en adelante su habitación. El cuarto contaba con una cama cucheta del lado izquierdo, los colchones eran bastantes incomodos. Además sólo tenían un par de velas colocadas encima de la pequeña y demacrada mesita de noche.

Evelyn estaba recostada en la cama de arriba mientras Isabel en la de abajo. Ninguna podía dormir. Les costaba admitirlo pero extrañaban dormir al aire libre. Se sentía raro estar devuelta durmiendo en una cama, "seguras", después de todo lo que tuvieron que hacer para sobrevivir solas durante un mes.

-Oye Isa, ¿estas despierta?

-Tsk, no estoy en mi quito sueño. ¿Tú que crees?-respondió la castaña de mal humor mirando el colchón en el cual estaba acostada su amiga.

-Ay pero que carácter.-la joven bajó de su litera y se sentó en la de su amiga, la cual ya la estaba esperando sentada con las piernas cruzadas. La pelinegra encendió una de las velas y la colocó a un lado de ellas, encima de un pequeño plato de metal.

-¿No te parece sospechoso todo esto? Digo, nadie te ofrece un lugar seguro y a salvo para que puedas vivir, sin pedir algo a cambio y no me refiero a lo de cumplir con las tareas que nos dan.

La castaña asistió a lo dicho por su amiga, esto le daba muy mala espina.

-Lo sé, pero por ahora no debemos hacer nada precipitado, lo mejor será observar y estar alertas ante cualquier cosa. A la menor oportunidad nos largamos de aquí.-la castaña no dejaría que nadie le hiciera daño a las pocas personas que le importaban y aún estaban con vida. No le importaba lo que creyeran sus amigos sobre este lugar, si tenía que sacarlos a las rastras para mantenerlos a salvo lo haría sin importar que.

-Estoy de acuerdo. Cambiando de tema, aun no te he dicho como sobreviví al rasguño.- viendo que tenía la completa atención de la castaña, decidió continuar.- Bueno, la verdad ni yo misma lo sé. Al día siguiente que te fuiste mi fiebre comenzó a bajar, pero nuevo síntomas aparecieron, me ardían las fosas nasales y los oídos me pitaban a más no poder; luego de unos días, esos síntomas desaparecieron y poco a poco me fui recuperando. Colmillo me cuidaba y traía alimento, agradezco que lloviera de lo contrario hubiera muerto de deshidratación. Como sea, cuando los síntomas desaparecieron decidí ir a buscarte, al salir no sé como pero podía oír y oler mejor, captaba todo como si fuera un jodido sabueso u otro animal. Y bueno luego me topé con los militares y lo demás ya lo sabes.-finalizó la explicación Evelyn sintiéndose un poco incomoda por revelar sobre sus nuevos sentidos desarrollados.

-Te creo.-dijo la castaña adivinando que es lo que le preocupaba a su amiga.

La chica colombiana sacó de debajo de su almohada un viejo portarretrato familiar con una foto bastante dañada con algunas partes quedadas. En ella se podía ver a un hombre pelinegro de cabello corto y con un poco de barriga abrazando a una mujer de cabello rizado de color rubio, enfrente de ellos estaban cuatro jóvenes: una chica de cabello igual al de Isabel pero de un tono más claro, el otro joven era igual al hombre de la foto pero de contextura más delgada, el joven sostenía en sus brazos a un pequeño perro con manchas negras de raza shih tzu. Al lado del chico se encontraba Isabel con una chica de cabello marrón oscuro y ojos del mismo color.

-Ellos son mi familia, la chica castaña que está a mi lado era mi mejor amiga, Nicole. Yo me pelee con ella el día en que una bomba estalló en el hospital en el que yo estaba, por cobarde yo hui de allí en vez de quedarme y morir junto a mi familia. Verás mi padre fue uno de los médicos que ayudó a crear la cura contra el cáncer, yo sin querer me expuse al prototipo de la cura, lo cual afectó a mi organismo, como efectos secundarios mi sentido del olfato de desarrollo al igual que mi resistencia, algo similar a lo que te pasó a ti. Pero también la cura afectó mi corazón y yo sufro de taquicardia, si no tomó los coagulantes una vez al día mis ojos sangran y las escleróticas se vuelven completamente rojas además de que mis venas se notan más, finalmente luego de unas horas moriré.- explicó la joven mientras sacaba un frasco muy pequeño que fácilmente cabía en la palma de su mano, que contenía unas cuantas pastillas.- Mi padre me dio estos coagulantes que mantienen a raya al virus, incluso me dio la receta para hacer más si se me llegan a acabar, pero como dije si no las tomó una vez al día, corro el riesgo de morir. El día de la explosión yo había sufrido un ataque y me habían internado en el hospital. Toda mi familia estaba conmigo pues ya me estaban por dar de alta cuando todo el lugar explotó, yo me salve de milagro porque corrí lejos del hospital antes de que estallara. Al poco tiempo me inscribí en el concurso de Brasil y fui escogida, lo demás ya lo sabes.-finalizó la joven con pesar y rabia en su voz.

Evelyn estaba en shock, por un lado sentía pena por todo lo que había tenido que sufrir su amiga y por otro le parecía descabellado lo que le contó acerca de que tenía el prototipo del virus corriendo por sus venas.

-No me sorprende que no me creas.-masculló la castaña al ver el escepticismo plasmado en el rostro de la pelinegra.- Golpéame en el estómago.

-¿Qué? ¿Acaso se te zafó un tornillo?- la pelinegra miraba a su amiga como si de verdad se hubiera vuelto loca.

-Tsk, sólo hazlo.-gruño la joven cansada de que la chica no le creyera.

Evelyn de mala gana hizo lo que le pidió. Isabel cerró los ojos por el dolor e hizo un poco de fuerza. Al abrirlos sus ojos estaban inyectados en sangre tal y como lo dijo, los demás síntomas se hicieron presentes, sus venas se hicieron más notorias por la presión creciente de la sangre en su organismo.

Evelyn estaba que no lo creía.

-¿Ahora si me crees?- la pelinegra asistió como respuesta. Luego de ver que su amiga le creía, Isa tomó una de las píldoras y se la tragó. Minutos después hizo efecto y los efectos secundarios poco a poco desaparecieron.

Luego de esa demostración, ambas dieron por finalizada la charla, jurando que ninguna revelaría el secreto de la otra. Cada una se acostó en su cama y se quedaron despiertas divagando en sus pensamientos toda la noche, sobre lo ocurrido y de lo que les depararía el futuro a partir de ahora y en adelante.

Esa noche ninguna pudo dormir.


Continuará…

*Danonino: es un yogur que solía pasar por la propaganda de la televisión. En la que decía: Toma danonino para crecer grande y fuerte.

Lamento la tardanza, falta de inspiración

Se aceptan reliews, críticas constructivas, etc.