Discraimer: The Walking Dead así como sus personajes son propiedad de Robert Kirkman, solamente me pertenece esta historia y sus OC´s.

Isabel, Sofía, Susana, Gabriela y Sebastián son propiedad de mi amiga-colaboradora-socia Isadamu. Ella también me ayuda dándome algunas ideas para el fic, sobre todo cuando me trabó en la narración y se me va la inspiración.

-Diálogos-

"Pensamientos"- (Pensamientos entre los diálogos)

Flashback/ Sueños

-Cambios de escena-

-Diálogos/ hablando en español-


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Cap. 8: Muerte, secretos y ¡Libertad!

Gritos desgarradores resonaban por los pasillos del sector subterráneo. Unos pasos apresurados de un soldado apenas podían escucharse entre tanto alboroto.

Apenas llegó a su destino, abrió la puerta y entró sin dudar a la habitación haciendo una mueca de asco al ver frente a él a un joven refugiado de unos 14 años arrodillado sosteniendo su cabeza con desesperación mientras gritaba de dolor, tenía partes de su rostro derretidos y se podían ver con claridad partes de su cerebro debido a la falta de cabello y la ausencia de grandes trozos de piel.

Aún lado del joven había una niña de 12 años con el uniforme totalmente ensangrentado y varias perforaciones de agujas cubrían su morena piel, principalmente en sus brazos. Su cabeza yacía completamente derretida pudiéndose ver apenas la boca y nariz del cadáver.

El soldado arrugó la nariz y dejó de mirar a través del cristal que daba directo a la sala de experimentación para fijar su atención en el científico peliblanco que estaba sentado tranquilamente en una mesa registrando, lo que supuso eran los datos de este experimento, mientras a un lado del hombre había varios expedientes de jóvenes refugiados, siendo dos de ellos de los niños que estaban agonizando y muriendo en la sala continua.

—Señor Munch, los resultados de los análisis de los nuevos refugiados ya están listos y aquí se los traigo. —A pesar de estar ya acostumbrado, no pudo evitar sentir un escalofrío al oír como el niño prácticamente se desgarraba las cuerdas vocales gritando, el castaño hizo un esfuerzo sobre humano para evitar voltear y mirar a través del cristal la escena que seguramente sería de lo más grotesca, pues él bien sabía lo que le estaba por suceder al niño.

Munch levantó la miraba de los papeles e ignorando el griterío le hizo una seña al soldado para que dejará los expedientes en la mesa, cosa que enseguida acató el hombre queriendo terminar cuanto antes para largarse de ahí.

—Bien, hazme el favor de llevar estos expedientes a mi oficina y guárdalos en el archivero, luego me encargaré de tirar lo que ya no me sirva. —Musitó el científico mientras el hombre tomaba los archivos que anteriormente estaba escribiendo el mayor y con un asentimiento salió del cuarto dejando atrás a los científicos trabajando. No sabía cómo rayos esas personas podían trabajar allí sin inmutarse por los horrores que hacían.

El ojiverde tomó el primer expediente, en la primer hoja se podía ver la fotografía de una joven pelinegra de ojos marrones oscuros y vistiendo el uniforme masculino del refugio. Una sonrisa macabra se formó el rostro arrugado del hombre al ver las palabras "Inmune al virus" resaltadas con rojo a un lado de la imagen de la joven.


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Refugio - E.E.U.U. - sábado 13 de agosto – 11:45 a.m. – 25 días para la expansión del virus en E.E.U.U. y el resto del mundo.

Evelyn soltó un hondo suspiro al por fin finalizar su labor que consistía en lavar y tender la ropa de todos los refugiados del lugar. Pasó una mano por su frente para quitar los mechones de su flequillo que estorbaban su visión.

Ya habían pasado cinco días desde que Isabel había sido dada de alta y ambas se encontraban finalizando su labor en el patio del refugio. Ambas sin medir palabras se recostaron en la pared de la parte trasera del edificio a descansar en la sombra que les ofrecía la edificación, conscientes de que eran vigiladas por algunos soldados. No era de sorprender, después de todo lo que había pasado era de esperar que las pusieran bajo vigilancia, y aunque los soldados estaban a una buena distancia de ellas, no evitaba que la situación las pusiera incómodas y molestas, los hombres estaban preparados para apresarlas en el menor indicio de rebeldía o desobediencia.

La argentina chasqueó la lengua con molestia y miró hacia donde estaba la edificación en la cual se almacenaban a los animales. Todos estos días había intentado ingresar al lugar, pero de un modo u otro debía cancelar su plan, pues nunca podía perder por completo a los guardias y de este modo su plan se iba al drenaje. Pero esta vez lo lograría, costase lo que costase, sólo era cuestión de perderse de la vista de los soldados, confundirse entre tanta gente que iba y venía por las instalaciones. Bueno era fácil decirlo, lo difícil era hacerlo.

Si sigues así, te encerraran de nuevo y tal vez hasta te maten. —Susurró Isabel, no queriendo que esto último se hiciera realidad. No lo admitiría, pero tenía miedo de perder a algunos de sus amigos y el tiempo que había pasado con Evelyn había hecho que le tomará cariño. Bien sabía qué tenía molesta estos últimos días a su amiga y ya tenía una vaga idea de lo que se propondría hacer en el menor descuido por parte de sus guardias y también sabía que de alguna u otra forma ella quedaría metida en el asunto y terminaría ayudándola con su alocado plan.

La pelinegra volteó a mirar a su amiga con el ceño fruncido. Era molesto que la regañara cada vez que la cachaba mirando de reojo el edificio donde estaba Colmillo. Ella ya sabía perfectamente a las consecuencias que se enfrentaría si llegaban a atraparla, sin embargo extrañaba al gran lobo y quería asegurarse de que aún estuviera con vida.

Ya lo sé, no es necesario que me lo repitas cada cinco minutos. —Se quejó la joven mientras la castaña suspiraba nuevamente con cansancio sabiendo que es lo que diría a continuación—. Voy a ver a Colmillo sea como sea, no lo he visto desde que llegamos aquí y de enserio me está poniendo ansiosa no saber nada de él.

—Ya te dijo el Mayor James que él estaba bien. —Podía percibir la angustia en la voz de la mayor, sin embargo era demasiado arriesgado, ya estaban bajo vigilancia lo que empeoraba las cosas de poder moverse con libertad por el lugar y ver posibles escapes para que ahora las encerraran si las llegarán a atrapar intentando siquiera acercarse a ese sector del refugio.

Lo haré con o sin tu ayuda. —Sentenció al momento de levantarse y sacudirse la ropa recibiendo un chasquido de parte de la menor, además de una mirada de completo cansancio y fastidio. "Por todos los dioses es sólo un lobo" quiso gritar harta la menor, más se lo guardó para sí, consciente de que la morocha apreciaba mucho a ese animal que tantas veces las ayudó.

La argentina tan sólo la ignoró no queriendo comenzar a discutir de nuevo y perder el tiempo. Centró su mirada en las personas que iban y venían siendo el sector más concurrido el que había entre el edificio principal y la edificación que los militares con mayor rango utilizaban para planear y asignarles sus deberes a cada soldado del lugar, reprimió una sonrisa al notar que un conocido rubio andaba caminando hacia el edificio militar, ya tenía una idea de cómo perder a sus guardias e infiltrarse al sector prohibido, y el joven Cabo sería quien la ayudaría, aunque él no lo supiera.

La castaña alzó una ceja al observar ese brillo peligroso en los ojos de su amiga, "Otra vez está tramando algo y no será nada bueno" —Siguió con la mirada la dirección en donde la joven miraba, notando enseguida quien sería la nueva víctima del plan de la chica—"Pobre desgraciado" —dijo en su fuero interno sintiendo pena por el pobre soldado, sin embargo eso significaba que tendría que estar cerca del rubio, que no hacía nada más que coquetearle cada vez que podía y era realmente molesto. ¿Que acaso no se daba cuenta que lo que menos quería ahora era tener una relación? Por todos los cielos, ella sólo quería salir cuanto antes de este maldito lugar y alejarse de toda esta gente.

Ya estaba por dar media vuelta y largarse cuando sintió como la molesta chica la tomaba del brazo con fuerza evitando que se escapara, para prácticamente arrastrarla por todo el patio, mientras sutilmente hacia que ambas se confundieran entre tanta gente que iba y venía de un lado a otro. Miró de reojo hacia atrás notando como sus guardias estaban teniendo problemas para seguirlas o verlas entre tantas personas.

Sintió como la mayor la soltaba y con la capucha puesta se iba alejando, no hizo falta que le dijera nada ella comenzó a caminar al lado de un joven de cabello y estatura similar a su amiga y con el brazo extendido fingía que era arrastrada por él aunque desde la distancia de sus guardias así parecía.

Sonrió con diversión al conseguir engañarlos y sin perder tiempo buscó a alguien más o menos similar a ella, encontrado a una chica que de lejos y de espaldas si se parecía, en un descuido se colocó la capucha del uniforme y al pasar al lado de su víctima utilizó el gentío para mezclarse y salir del tumulto de gente sin ser vista por sus vigilantes ni ningún otro soldado, no pensaba acercarse al rubio y hoy no tenía muchas ganas para aguantar sus "sutiles" coqueteos.

Tenían unos minutos antes de que se dieran cuenta del truco, pudo notar como su amiga giraba detrás de un edificio e Isabel no lo dudó y pronto le dio alcance, mostrando una expresión de desaprobación total por lo que estaban haciendo siendo ignorada por la mayor. Chasqueó la lengua con molestia y comenzó a mirar el lugar buscando algún posible escape o falla en el alambrado notando que este parecía menos cuidado y algo deteriorado en este sector, tal vez no le dieran importancia los guardias por el hecho de que sólo personal autorizado podía ingresar allí.

Evelyn... —Susurró captando la atención de la mencionada que estaba buscando un sitio por donde infiltrarse a la edificación donde tenían a su amigo canino.

Podríamos cortarlas fácilmente con una pinza o incluso un machete, no parece estar muy bien cuidadas así que no será difícil crear una abertura y escapar. —Opinó la pelinegra luego de echarle un ojo a esa parte de la valla.

El tema será podernos acercar de nuevo aquí sin que nos descubran. — Comentó pensativa, sobresaltándose al escuchar voces acercarse, si no se iban ya, estarían en ¡graves problemas!

Una mirada entre ambas bastó para que se pusieran a correr para el lado contrario de donde comenzaba a verse unas sombras acercarse.

Sabía que esto no iba a salir nada bien. —Se quejó la castaña mientras corría con dificultad.

Deja de quejarte y corre. —Los pulmones comenzaban a arderle, todos estos días sin ejercitarse le comenzaban a cobrar factura.

Ambas corrieron alejándose con éxito de las sombras, pero teniendo que pegarse a la pared de una de las edificaciones al escuchar las voces de quienes eran sus guardias.

La mayor cerró los ojos con fuerza y contuvo el aliento esperando que el par de soldados volvieran por donde vinieron, por suerte luego de lo que fueron los peores 3 minutos de su vida ambos hombres tomaron otro camino quejándose por no encontrarlas. No hizo falta decir nada las dos comenzaron a trotar hasta sutilmente ser vistas por sus vigilantes que no duraron en pararlas

— ¿Se puede saber que están haciendo? —El hombre las inspeccionaba de arriba abajo notando lo agitada que ambas estaban.

—Ya terminamos nuestras tareas así que decidimos correr un poco ya que últimamente hemos sentido las extremidades algo adoloridas por la falta de ejercicio. —Informó inocentemente la mayor sin titubear, mientras la castaña asentía siguiéndole el juego.

—Bien, pero más les vale no estorbar a los demás ni ir al sector prohibido. —Advirtió no muy convencido el otro soldado al tiempo que buscaba algún movimiento sospechoso en las expresiones corporales de las refugiadas, más ninguno encontró nada fuera de lo normal aparte de la respiración agitada y el sudor propio del ejercicio, el comportamiento de ambas era normal. Con una última mirada ambos hombres se retiraron para vigilarlas desde una distancia prudente.

El par de amigas suspiraron aliviadas al verse fuera de peligro.

Deberías olvidarte de Colmillo. Es sólo un animal, no vale la pena arriesgarse otra vez a que nos atrapen y nos castiguen severamente porque tú quieres ver a tu mascota. —Opinó la castaña una vez hubo recobrado el aliento, con un demonio necesitaba volverse a ejercitar o de lo contrario no estaría en forma para cuando escaparan de ese lugar.

Tal vez para ti sea un simple animal. Colmillo Blanco no es ninguna mascota es mi amigo, y a mí sí me importa su bienestar. —Masculló molesta Evelyn ante el comentario de la menor—. Él me ayudaba a cazar comida para que las cuatro pudiéramos comer algo de carne. Y él me cuidó todo este tiempo mientras estaba luchando contra el virus, Colmillo no me abandonó en ningún momento cuando tenía más que motivos para hacerlo.

— ¿Insinúas que yo te abandoné? —Exclamó indignada mientras su ceño comenzaba a arrugarse.

No, yo no me refe...—La oración fue abruptamente cortada por Isabel.

Déjame decirte que si no hubieras sido herida por buscar a las hermanas Souza en la ciudad infestada de caminantes, poniendo nuestras vidas en riesgo, cuando seguramente ya estén más que muertas, no estaríamos ahora atrapadas en este maldito lugar como convictos haciendo tareas sin poder salir de aquí. —Dijo furiosa casi gritando, para luego recibir una fuerte bofetada de parte de la pelinegra.

N-no vuelvas a decir eso de mis amigas. Ellas no están muertas, yo sé que no. —La chica contenía con dificultad las lágrimas que querían escapar de sus ojos—. Lo siento mucho si por mi culpa nos metí en ésta situación. Sólo trataba de encontrar a mis amigas para saber que estaban bien y si las hubiera encontrado transformadas las hubiera asesinado para que no lastimaran a otros seres inocentes. Nadie te obligó a que entrarás a la ciudad conmigo para buscarlas. —Finalizó con voz quebradiza para dar media vuelta e irse lejos. Las palabras de Isabel le habían hecho mucho daño.

Isabel se quedó atónica, parada en medio del patio tocando la mejilla donde recibió la bofetada y viendo como la pelinegra se alejaba del lugar.

No podía creer que fuera capaz de decir esas palabras tan crueles, aunque muy en el fondo sabía que eso era lo que realmente pensaba aunque no quisiera admitirlo. "Pero esta vez me pase", quiso alcanzar a su amiga para disculparse pero ya era tarde, por más que la buscó no pudo hallar su rastro, finalmente se rindió y se fue a cenar con sus amigos a la cafetería con la esperanza de hallar allí a la pelinegra, más grande fue su decepción al no verla.

Notó como Sofía le hacía señas para que se sentará con ellos, con rapidez ocultó su decepción y preocupación y regalándole una pequeña sonrisa a su rubia amiga, tomó una bandeja y dejó que los cocineros le sirvieran algo de alimento, siendo este un plato de arroz con un poco de queso rallado.

—Buenas noches Isa, ¿cómo has estado? —Gabriela fue la primera en saludar a la recién llegada que tomada asiento al lado de Susana, sin muchas ganas de comer el insípido arroz.

—Es verdad, hace rato que no nos vemos, los quehaceres son agotadores. —Suspiró Susana sin notar como la castaña rechinaba los dientes y se metía bruscamente una buena porción de arroz en la boca para evitar contestar.

—Por cierto ¿dónde está la enana cascarrabias?, se perderá la cena si no llega pronto. —Cuestionó el único chico del grupo de amigos mirando para todos lados intentando encontrar a la chica.

—Debe andar por ahí. —Respondió sin mucho interés para seguir comiendo con total normalidad, queriendo terminar cuanto antes de cenar para retirase a su habitación, tal vez allí estuviera la morena.

La joven de lentes levantó una ceja ante la actitud de su amiga, a ella no la engañaba algo había pasado entre esas dos, conocía perfectamente a su amiga.

— ¿Sucedió algo? —La miró con cautela esperando su respuesta, más sólo consiguió una mirada indiferente de parte de la castaña, quien pese a tener la mirada expectante de la ojiverde puesta en ella, además de las miradas extrañadas de sus amigos siguió comiendo terminando por fin su cena.

—Me voy a dormir, estoy cansada. Buenas noches y provecho. —Sin más que decir tomó su bandeja y la dejó junto a las otras que estaban para lavar y se fue a su habitación dejando a sus amigos bastantes extrañados por su comportamiento.

Desde el sector vip un joven rubio observaba a la joven con interés y extrañado. Apenas notó que la chica se retiraba no dudo en excusarse y seguirla, hoy había querido hablarle pero cuando la encontró la chica estaba teniendo una discusión con la otra chica que solía acompañarla, conversación que debió a la distancia no pudo escuchar, más se sorprendió enormemente al ver con la pelinegra le daba una buena bofetada para luego alejarse, pudo notar por su lenguaje corporal que la joven estaba a punto de llorar. Se quedó unos segundos contemplando como la muchacha se perdía entre la gente para luego acercase a la colombiana que estaba estática sosteniendo la zona golpea y con los ojos como platos, no tuvo ni tiempo de hablarle cuando la chica salió corriendo en dirección a donde la otra joven se había marchado.

Saludó con la cabeza a un par de soldados de alto rango que iban en dirección al comedor, cuando los perdió de vista salió corriendo en dirección a las escaleras notando como la chica ya estaba llegando al piso donde se hallaba su habitación. Subió los escalones de dos en dos logrando darle alcance a la castaña en menos de dos minutos, sin duda este era un nuevo récord.

La menor rodó los ojos al detectar el aroma del Cabo y sin dudar apretó el paso para llegar a su piso, sin embargo cuando estaba por girar el picaporte de su habitación el molesto gringo le dio alcance. "Que molesto" —gruñó por lo bajo sin importarle disimular su desagrado por ser interrumpida por el rubio a la vez que ocultaba su preocupación al no poder captar el aroma de su amiga dentro de la habitación, "Con un demonio, ¿dónde rayos se metió?"

—Hey ¿cómo te va? —Sonrió nervioso al no saber muy bien que decir, como detestaba actuar a veces por simple impulso.

La chica tan sólo lo fulminó con la mirada con la esperanza de que el ojiceleste se intimidara y la dejará en paz, más su mirada no pareció hacer efecto en el soldado, al contrario, parecía que le divertía de sobremanera molestarla.

—Que te importa. Si eso es todo lo que tienes que decirme me voy a dormir. —De acuerdo esa no era la manera de tratar a un superior, si fuera otro ya estaría recibiendo un castigo por su osadía, pero para su buena o mala suerte (depende como se lo mirase) se trataba de este amigable y molesto rubio, que para su desgracia parecía ignorar que ella no quería verlo ni a él ni a nadie en estos momentos, estaba molesta, preocupada y algo triste y de verdad deseaba estar sola para poder colocar sus sentimientos en orden y pensar con tranquilidad y con la mente fría.

—Vaya que carácter. Al parecer alguien no tuvo un buen día hoy. —Su burla sólo hizo enojar a la refugiada que estaba a nada de mandar su autocontrol por la borda y darle la paliza de su vida a ese soldado, aunque pensándolo bien, tal vez no fuera tan mal idea, así podría descargar un poco la frustración y el estrés que tenía.

Chasqueó la lengua con molestia y de un rápido movimiento ingresó a su habitación cerrando con rapidez la puerta detrás de ella, al mismo tiempo que del otro lado Aaron intentaba que la puerta no se cerrará. Era una batalla de fuerzas que lastimosamente Isabel estaba perdiendo.

—Wow, wow espera, no te enojes. Sólo estaba bromeando.

—Ya déjame en paz. ¡Quiero estar sola! —Apretó los dientes mientras usaba todas sus fuerzas para evitar que el soldado entrará. ¿Porque rayos no podía entender que necesitaba estar sola? ¿Que acaso no entendía que le desagrada su presencia, que la ponía incómoda y nerviosa? Espera, ¿acaso dijo nerviosa? ¿Ella? ¿Nerviosa por ese enclenque? Puff, ni que el idiota le gustará, claro que no.

Tratar con este molesto muchacho ya la estaba afectando. Frunció el ceño ante este pensamiento, se enojó consigo misma por siquiera pensar en sentir algo por alguien que no fuera más que simple amistad, sacando fuerzas de donde no tenía dio un buen empujón, logrando cerrar la puerta con éxito y colocándole el seguro para evitar que el joven la abriera.

Suspiró cansada y se apoyó en la puerta dejando que su cuerpo se deslizara hasta quedar sentada en el frío suelo. Del otro lado Aaron golpeaba la puerta con la esperanza de que la chica le hiciera caso.

—Oye, disculpa si te molesto, pero creí que tal vez necesitabas hablar con alguien. —Dudó unos segundos, más finalmente soltó—. Hace unas horas te vi sin querer discutir con tu amiga y cuando iba a hablarte saliste corriendo antes de siquiera poder alcanzarte.

— ¿Porque crees que hablaría contigo de mis problemas cuando bien puedo platicar de ello con mis amigos? —Gruñó poniéndose a la defensiva, disimulando la sorpresa de que el chico la hubiera visto pelear con Evelyn.

—Entonces ¿porque no les dijiste a tus amigos lo que te molestaba? —"Touche" se dijo internamente la castaña sonriendo sin querer por lo bajo.


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La noche había llegado y la bella luz de la luna llena se colaba por los barrotes que tenía la pequeña ventanilla de esa celda donde un gran lobo blanco descansaba, mientras con alegría disfrutaba de las suaves caricias de su amiga.

La joven estaba sentada con la espalda apoyada en la rejas que evitaban que su compañero pudiera salir. Había tenido varias complicaciones para ingresar al recinto y ni que decir de que varias veces casi fue pillada por los trabajadores del lugar que recorrían los pasillos, sin mencionar las molestas cámaras con las que contaba el edificio, de milagro pudo evadirlas y ocultándose había podido llegar hasta la celda donde tenían cautivo al lobo, agradecía que en donde estaba ubicado Colmillo no alcanzará el rango de visión de la cámara que estaba al final del corredor.

Su llanto ya había cesado hacía apenas unas horas atrás, no podía creer que Isabel pensará así, o tal vez muy en el fondo si lo creía pero nunca espero que lo dijera. Dejó salir el aire de sus pulmones y disimuladamente se ocultó en la oscuridad de un pequeño rincón hasta que un par de científicos pasó muy cerca de ella, una vez verificó que estaba de nuevo sola salió de su escondite y volvió de nuevo a su posición mientras el lobo acercaba de nuevo su cabeza a la reja para que lo acariciara.

Con esta ya es la cuarta vez que pasa alguien por este pasillo. —Murmuró pensativa, notando por fin que ya había oscurecido— ¿Ya oscureció? Ah, supongo que ya es hora de que regrese antes de que se den cuenta de mi ausencia. —Sonrió con cierta tristeza al escucha el leve gimoteo del animal—. Lo siento amigo, no puedo librarte sin tener las llaves sin mencionar una abertura por donde escapar de este condenado lugar. No te preocupes, muy pronto nos largaremos de aquí, sólo dame un poco más de tiempo ¿sí? —Colmillo soltó un leve sonido que la chica no supo identificar, pero que tomó con un sí. Desde la pelea se había encargado de perder a sus guardias y sin que se dieran cuenta los había desmayado y con mucho esfuerzo los ocultó detrás de un viejo jeep, pero sabía que en cualquier momento despertarían y comenzarían a buscarla, lamentablemente no pudo robarles nada de su armamento ya que podrían sospechar más de lo que ya lo hacían.

Con una última caricia se despidió del lobo comenzando a utilizar la oscuridad del corredor para avanzar hasta llegar a un pequeño cuarto de limpieza al cual entró sin dudar y comenzó a buscar un ducto de ventilación por el cual escapar sabiendo de ante mano que le sería imposible salir por donde había entrado. Una vez hallado su objetivo se subió a un cesto de limpieza bastante alto y colocándose de puntillas quitó la rejilla para luego meterse al ducto ayudándose de sus brazos y de un pequeño salto, con cuidado colocó la rejilla devuelva en su lugar y comenzó a arrastrarse por el polvoriento ducto tratando de hacer el menor ruido posible.

Llegó hasta un punto en que el camino se dividía en dos, no quería perder el poco tiempo que tenía en buscar una salida por lo que se concentró en oler y escuchar, sintió la voz de uno de los soldados que técnicamente custodiaba la entrada principal de la edificación y sin pensarlo tomó el camino del que provenía la voz.

Llegó hasta donde escuchaba la voz del hombre, pero no había rejilla por la cual mirar y salir, además de que el ducto seguía, supuso que estaba ubicada en la puerta de entrada por lo que siguió arrastrándose hasta luego de unos eternos 5 minutos encontrar una bendita rejilla de ventilación, con cautela miró por ella notando que estaba justo en la parte trasera del edificio, "Camino despejado". Sacó la rejilla con dificultad y de un salto llegó al suelo, dudaba mucho que alguien echará un vistazo aquí atrás pues esta parte del edificio apenas y tenía ventana y al sólo habitar animales no había peligro que decidieran escapar por aquí, sin mencionar que ningún refugiado se podía acercar a este sector.

Ayudada por la tenue luz lunar, inspeccionó esa parte de la valla consiente de que tal vez no tendría otra oportunidad para revisarla. Apartó un poco la maleza que había en ese lugar, prueba de que nadie pasaba por allí. Sonrió al notar que esa parte de la valla estaba bastante oxidada y no sería problema romperla, con cuidado colocó de nuevo en su lugar la maleza para ocultar ese preciado punto débil y con cautela caminó hasta llegar a una de las esquinas de la pared, asomó su cabeza comprobando que tenía el camino libre, por el momento y que además todavía no habían encendido los reflectores.

Tomando un hondo suspiro se puso a correr utilizando las sombras y objetos para ocultarse, en un récord de tres minutos logró llegar al edificio principal luego de cruzar prácticamente todo la base militar. Entró sin dudar y se sacudió el polvo que llevaba encima gracias a su bellísimo tour por los ductos. Estaba subiendo las escaleras a paso ligero cuando una voz masculina la detuvo. Despacio levantó la vista para toparse con unos ojos celestes que la miraban con suspicacia, maldijo su suerte, unos escalones más arriba se encontraba Aaron cruzado de brazos.

¿Qué haces a estas horas fuera de tu habitación? —Era cierto, ya eran casi las diez de la noche y el toque de queda hacia mucho que había pasado.

Me quede dormida en el patio. —Respondió con simpleza mientras se enderezaba e ignorando como una de las cejas del joven se levantaba ante su respuesta pasó a su lado.

¿Dónde estaban tus guardias? —La miró por sobre su hombro notando que la joven se detuvo un escalón por encima del suyo.

¿Acaso me ves cara de niñera? Yo que sé dónde andarán. —Sin más que decir siguió subiendo deteniéndose justo un escalón antes de llegar a su piso.

Deberías tener cuidado con tus palabras. Sabes que bien puedo ir a reportarte con mis superiores...—Se giró para ver la reacción de la joven de su misma edad, que estaba quieta dándole la espalda. Estaba molesto con esa chica, la razón tenía nombre y era Isabel, por culpa de esta chica la castaña había estado sintiéndose mal, notó su preocupación y ansiedad por encontrarla.

Pero no lo harás. —Lo miró por sobre su hombro con una sonrisa socarrona—. Porque si llegas a hacerlo, no sólo yo me meteré en problemas sino que tú también. —Se divirtió al notar como el joven fruncía el ceño—. Porque les diré a tus superiores que estuviste rompiendo las reglas al cuidar a una refugiada cuando no tenías permitido hacerlo y alimentarla, cuando supuestamente estaba bajo castigo y todos tenían PROHIBIDO acercársele, hablarle y mucho menos alimentarla. —Aaron miró sorprendido a la chica, ¿enserio lo estaba amenazando? Por otra parte, la joven se reprendía internamente por usar los sentimientos del joven hacia su amiga, pero no le convenía a ninguna de las dos meterse en más problemas por lo que decidió usar a su favor lo que le había dicho el doctor Chris, de quien había mal curado las heridas de la castaña cuando esta fue torturada por el científico. Sabía que estaba usando un arma de doble filo y que el joven no se merecía esto, sin embargo estaban muy cerca de escapar y ambas necesitaban ganar un poco de confianza y dejar de ser tan vigiladas para poder hacer sus movimientos.

No te atreverías. Te recuerdo que tú también ayudaste a alimentarla e hidratarla. —Apretaba los puños con furia.

Es cierto, pero... Yo sólo seré castigada y tal vez pase unos días en confinamiento, pero tú, es posible que te prohíban acercarte a Isabel y posiblemente te despidan o te manden a otra base más si se enteran del interés que muestras por ella, lo cual no sería difícil de comprobar, pues haces lo posible por pasar el mayor tiempo posible cerca de ella y ni que decir de tus coqueteos, Don Juan. —En su interior sintió lástima por el aspecto del joven, ojos desorbitados, puños y dientes apretados fuertemente sin mencionar el temblor de su cuerpo provocado por la ira y quizás el miedo—. Si me reportas, es posible que muera durante la tortura que bien sabes que recibiré, si eso pasa sólo harás sufrir más a Isabel y te despreciara por el hecho de que tú fuiste quien me delató. Lo veas por donde lo veas aquí el único que tiene más que perder eres tú. —Susurró finalizando con ello la conversación y siguiendo su camino hacia su habitación.

Ingresó haciendo el menor ruido, encontrando a Isabel durmiendo en el suelo y con algunas lágrimas terminando de secarse en sus mejillas. Con delicadeza la levantó y como pudo la colocó en su litera para taparla y enseguida ella subirse a su propia cama.

Si seguía molesta con la castaña, sin embargo..."Tampoco gano nada dejándola dormir así y más en ese piso frío, mira si se resfría"—Se auto convenció, mientras de apoco cerraba los ojos y se dejaba atrapar por los brazos de Morfeo. En la otra litera Isabel dormía profundamente al tiempo que se acurrucaba mejor en las mantas.

Aaron se quedó estático en su lugar, aún después de escuchar como la joven cerraba la puerta de su habitación. Su cabeza permanecía gacha y apenas se podían escuchar sus dientes crujir. "No puedo permitir que me saquen de mi puesto, mucho menos que me envíen lejos de ella" —Chistó molesto y se dirigió a su propia habitación—"No la voy a delatar sólo por el hecho de que si lo hago le haré daño a ella, además yo fui el que empezó la discusión, es obvio que se quedó durmiendo en la tierra luego de la discusión que tuvo con su amiga, sus ojos levemente hinchados y enrojecidos lo demuestran. Es normal que se haya puesto a la defensiva, pero nunca pensé que llegaría a ese extremo de amenazarme utilizando mis sentimientos. Puede ser callada, pero es observadora y sabe usar la información que consigue a su favor" —Sonrió con cierta ironía ante lo último y sin más se quitó la ropa colocándose un pantalón de algodón para dormir y finalmente se acostó, sin saber muy bien en que momento llegó a su habitación, pero ya no tan molesto con la joven que osadamente lo había amenazado.


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Se levantó más temprano de lo usual y sin hacer el más mínimo ruido se bajó de su litera y tomó su uniforme limpio (era un milagro que al menos se hubieran dignado a darles otro cambio de ropa aunque fuera el mismo uniforme) para salir de la habitación, no sin antes asegurarse que su compañera estuviera profundamente dormida.

No tenía ganas de hablar con Isabel, no después de la pelea de ayer, de hecho no tenía ganas de hablar ni ver a nadie. Gruñó por lo bajo mientras sus desnudos pies bajaban despacio los fríos escalones de la gran escalera. Era demasiado temprano aún, por lo que no se sorprendió de que los pasillos estuvieran prácticamente desolados.

En pocos minutos llegó a su destino: los baños. Agudizó sus sentidos comprobando que estaba sola y sin perder tiempo se fue al sector de las chicas, desvistiéndose en tiempo récord se metió a la gran tina llena con agua fría. Estuvo unos minutos disfrutando de la soledad y tranquilidad que le transmitía el agua para luego salir y tan rápido como se desvistió, se vistió colocando la otra ropa en el cesto de ropa sucia.

Estaba saliendo del baño cuando sintió como alguien la golpeaba fuertemente detrás de la nuca y maldiciendo internamente, se sumió en la oscuridad.

—Buen trabajo.

—Siento lástima por la chica. —Comentó el militar que cargaba a la chica que él mismo se había encargado de desmayar.

—Trabajo es trabajo. No sé porque todavía sigues sintiendo pena por cada refugiado que el señor Munch quiere. —Miró a su compañero sin mucho interés y siguió avanzando por los oscuros pasillos hasta llegar a la gran puerta reforzada que comunicaba con los sectores de castigo y experimentación. Introdujo el código en la puerta y dejó que su compañero pasará primero llevando a la chica, estaba por ingresar él también cuando vio de reojo una corta melena ocultarse, frunció el ceño y con un ademán de manos le comunicó a su compañero que siguiera avanzando.

— ¿Esa no era…—

—Evelyn. —Completó la oración la peli morada, mientras ambas se ocultaban detrás de las escaleras.

— ¡Tenemos que hacer algo!— Exclamó en un susurro mirando suplicante a la oji-gris—. Si ella es uno de ellos, sabes muy bien que morirá tarde o temprano.

—Ya sé. ¿Pero que quieres que haga? La última vez que lo intentamos no pudimos ni siquiera dar con la contraseña para abrir la maldita puerta.

—Parece que ustedes todavía no han aprendido su lección. —Ambas chicas temblaron al oír esa voz con acento ruso. Con cierto temor voltearon en la dirección desde donde provino la voz para ver como un hombre joven de cabellera rubia platinada y ojos azules, las mirada con cierta lujuria apoyado en la pared y cruzado de brazos.

Las refugiadas no pudieron evitar tragar con dificultad ni el ligero escalofrío que recorrió sus espaldas al mirar directo a los ojos del hombre. Retrocedieron un par de pasos hasta chocar con la pared de las escaleras, sabiendo que de esta no se iban a salvar, lo supieron con tan sólo ver la mirada maliciosa de quien era su castigador oficial.

El ruso se acercó a las chicas a paso lento, saboreando el miedo que ambas expedían. Con un buen golpe las dejó inconsciente, no sin recibir uno que otro rasguño de las mujeres, y sin más las arrastró hacia el sector subterráneo, donde días atrás ambas chicas habían querido ingresar, más esta vez quizás ya no volverían a salir de allí...


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Parpadeó un par de veces para aclarar su visión, tenues rayos solares se filtraban por la pequeña ventana de su habitación. Gruñó al sentir su espalda algo adolorida.

Le extrañó estar en su litera cuando recordaba perfectamente que anoche se había quedado dormida en el suelo esperando a... "Evelyn", de un brinco salió de su litera e inspeccionó la litera superior donde la pelinegra dormía, encontrándola vacía. Bajó decepcionada y sin ganas tomó sus cosas para darse un baño. "Tal vez este desayunando"—y con ese pensamiento se apresuró a ducharse y salir corriendo con dirección a la cafetería.

Estaba a mitad de camino cuando sintió un fuerte mareo que la obligó a sostenerse de la pared. Soltó un quejido mientras tocaba su frente con dolor, la cabeza le palpitaba con fuerza, juraba que en cualquier momento le iba a explotar.

Oyó como alguien la llamada, más su vista estaba demasiado borrosa como para enfocar con claridad a su locutor, pronto el ligero olor a sangre y un líquido cálido cayendo por su mejillas le indicaron que sus ojos estaban sangrando. No había tomado sus pastillas y ahora los efectos del prototipo del virus la estaban afectando. Por más que las buscó en su habitación y ropa no encontró el pequeño frasco con sus anticoagulantes, creyó que tal vez podría estar un poco más antes que comenzara a sufrir los efectos, pero se equivocado y si no conseguía su medicina moriría.

Lo último que vio fue una mancha borrosa dirigiéndose hacia ella y gritando su nombre con preocupación luego todo se volvió negro.


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—Excelente. —Sonrió con retorcida emoción al momento de ver las moléculas de ADN a través del microscopio.

—Señor, está todo listo. —Informó una mujer de cabellera rubia y vestida con una bata de científica.

Munch dejó el microscopio de lado para ver a la mujer y luego voltear hacia el cristal que permitía ver la sala continua, donde había una silla/camilla ubicada en el medio de dicha sala y amarrada por unos brazaletes que el objeto tenía yacía una joven inconsciente cubierta por una bata de paciente y con varios científicos rodeándola, ya sea colocándole agujas y cables o controlando sus signos vitales y que todos los aparatos del lugar estuvieran funcionando bien.

—Signos vitales estables.

—Pulsaciones normales. —Informó otro de los científicos mientras anotaba todo en una carpeta.

—Señor. —Munch le miró de reojo esperando que la joven y única militar del lugar hablará—. La muestra de sangre que extrajimos de la refugiada ha reaccionado al virus inmediatamente atacándolo y destruyéndolo.

—Inyéctenle la sangre contaminada y controlen cómo reacciona, si sobrevive, cosa que seguramente hará debido a la reacción de su muestra, comiencen inyectándole la sustancia X4, luego prueben inyectándole esa sangre a algún contaminado. —Los allí presente asistieron a las palabras de su jefe y la misma mujer que le informó, procedió a inyectar una jeringa llena de sangre putrefacta de un caminante a la joven inconsciente.

Pasaron los minutos y el ceño de la joven inconsciente comenzó a arrugarse más a medida que su organismo reaccionaba al invasor. Las horas pasaron y el rostro de la joven volvió a su tranquilidad al igual que su pulso, que se había acelerado al momento de que su sangre comenzara a atacar al virus.

La mujer le mandó una mirada de pregunta al científico ojiverde que observaba todo desde el otro lado del vidrio. A penas recibió el asentimiento de su jefe procedió a inyectarle a la joven una sustancia viscosa y de un color verde amarillento. Esta vez la reacción de la joven no se hizo esperar, su cuerpo comenzó a convulsionar de forma violenta y su nariz comenzó a sangrar sangre demasiado espesa de lo normal.

—Perfecto. —Susurró con una sonrisa tétrica Munch viendo como sus subordinados comenzaba a ir de aquí para allá controlando los aparatos y asegurándose que la joven no muriera, pero él sabía perfectamente que esa reacción era normal, los demás inmunes la habían tenido y habían sobrevivido, claro que con ciertas consecuencias, sangrado de oídos, ojos y nariz, y pérdida de memoria. Sin embargo, ésta inmune tan sólo sangraba de la nariz. Viviría y algo le decía que sería divertido.


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—Imposible...—El hombre miraba atónico los resultados de los análisis, sin poder creer lo que sus ojos leían. Las palabras 'Inestable' resonaban en su mente una y otra vez. Giró su silla para ver a la joven que descansaba en la camilla que estaba aún lado de su escritorio.

Isabel gruñó por lo bajo al volver del mundo de los sueños. Al abrir sus ojos todo estaba negro. Llevó una de sus manos notando que tenía vendado los ojos, el dolor de cabeza no la dejaba pensar, más notó la presencia de otra persona gracias a su agudo olfato. Por el insoportable olor a medicamentos del lugar no le costó mucho llegar a la conclusión de que estaba en la enfermería.

—Quédate acostada, si te levantas podrías marearte. Te diste un fuerte golpe en la cabeza y tu presión esta alta. —La castaña se tranquilizó un poco al reconocer la voz del amable médico.

Chris mientras tanto se quedó pensativo observando a la joven y la nueva información que tenía de ella. Tendría que reportarlo a los altos mandos, en algún momento lo haría, pero no por ahora. La castaña tenía en su sangre el prototipo de la cura y no sabía cómo rayos había llegado a su sistema si dicho prototipo había sido investigado únicamente en los laboratorios. ¿Habrían robado el prototipo e inyectado a jóvenes? No, imposible, los científicos y médicos que trabajaron en él eran leales y muy dedicados a su trabajo, jamás hubieran caído tan bajo y traicionado a la empresa. Pero entonces ¿cómo es que esta joven lo tenía y más aún como es que seguía viva y en sus cabales?

El silencio sólo estaba haciendo incomodar a Isabel que sólo quería volver a su habitación y dormir.

—Isabel...—La castaña contuvo el aliento ante el tono serio utilizado por el hombre, un tono que sólo usa un padre para saber algo de importancia, por alguna razón comenzó a temer— Quisiera saber cómo es que tienes en tu sangre el prototipo de la cura...

El corazón de la chica se detuvo y tembló ligeramente, no quería que nadie de aquí lo supiera, pero por un maldito descuido se había dejado al descubierto... ¿Ahora que hacia? ¿Qué rayos decir? Estaba débil, sola y con los ojos adoloridos... Tenía que escapar de aquí ¡Ahora! Más sabía que eso sólo era una estupidez, ya no había escapatoria y estaba pérdida...


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Georgia - E.E.U.U. - domingo 14 de agosto – 14:55 p.m. – 26 días para la expansión del virus en E.E.U.U. y el resto del mundo.

Cerró la puerta apenas entró y se aseguró de ponerle el pestillo…Se tapó con fuerza los oídos para evitar escuchar como su madre era golpeada por su progenitor...

—Niña abre la puerta en este instante. —El hombre pasado de copas, nuevamente golpeaba con fuerza su puerta intentado abrirla. Ella rogaba a todos los santos para que la puerta no cediera, mientras lágrimas silenciosas caían de sus ojos.

—Por favor Ed déjala, fue mi culpa. —La voz suplicante de su madre no se hizo esperar, para al instante escucharse un golpe seguido de un quejido de su madre.

Y todo esto sólo porque se le había caído el plato de sopa encima del hombre cuando fue a servirlo, todo por tropezar con esa botella de cerveza ¿Porque no se fijó por dónde iba? ¿Porque?

—Ed por favor. —El llanto de su madre fue nuevamente cortado por el sonido de carne siendo golpeada, apretó con más fuerzas sus oídos para no escuchar a su madre ser golpeada mientras su llanto silencioso aumentaba.

—Cierra tu maldita boca, perra. —Nuevamente la golpeó esta vez en el rostro dejando el ojo de su esposa morado y sangrando. La cara de la mujer estaba irreconocible con tanta sangre cubriéndola.

"No puedo más con esto" dijo en su fuero interno la pequeña para al instante levantarse y dirigirse a la pequeña ventana de su cuarto. Levantó el vidrio y salió al patio trasero de su casa, echándose a correr lejos de allí...


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En el sector subterráneo, más precisamente en una de las salas de experimentación, una joven se encontraba gritando a todo pulmón debido al dolor que le estaba causando su organismo al mezclarse e intentar adaptarse a la rara sustancia inyectada hace tan sólo un par de horas atrás.

Las convulsiones eran cada vez menos, sin embargo la joven refugiada por la desesperación y utilizando toda su fuerza rompió las correas que la tenían amarrada a la camilla/silla y con las muñecas sangrando se sostenía con fuerza la cabeza, clavándose las uñas en el proceso por el terrible calor que sentía dentro de su cuerpo. La cabeza le palpitaba demasiado, sentía que en cualquier momento le iba a explotar. Su sangre se sentía demasiado caliente, literalmente la estaba quemando por dentro, sus venas estaban bien marcadas y palpitaban sin cesar.

Los científicos ahí presentes miraban con neutralidad las acciones de la chica hasta que una mirada de su superior les llegó, debían atarla de nuevo a la camilla.

Dos hombres se le acercaron a la joven y la tomaron para levantarla del suelo, pero apenas la tocaron la morena reaccionó atacándolos, pues al tocarla sólo hacían que su dolor aumentará.

La pelinegra asesinó a ambos científicos sin mucho problema al clavarles un par de jeringas en la yugular mientras cortaba a un tercero con un bisturí que había en la mesa del intento de quirófano... Apretando los dientes para evitar gritar del dolor y con la mirada ya borrosa, signo inequívoco de que pronto caería en la inconsciencia, tomó con fuerza su improvisada arma y se dirigió a la única puerta en donde perdió la conciencia.

Mientras tanto Munch observaba todo detrás del vidrio con una sutil sonrisa, viendo como la joven era nuevamente recostada y esta vez atada con brazaletes de acero al mismo tiempo que los demás científicos se deshacían de los cadáveres sin mucho pesar.

—Señor. —Sus ojos viejos y maliciosos observaron de reojo a la mujer que cargaba en su brazo una libreta—. La asimilación del componente X4 ha sido exitosa. El organismo del sujeto de prueba está adaptándose con gran rapidez y ferocidad a la sustancia. —Informaba mientras leía las notas que había tomado.

—Perfecto. Déjenla reposar unas horas, luego comenzaremos a inyectarle los demás componentes. Vigílenla todo el tiempo, quiero que reporten el más mínimo cambio o reacción.

—Sí señor. —Apenas alcanzó a escuchar la respuesta de la mujer pues ya estaba retirándose de la sala.


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—Así que eso pasó. Era de esperar que José desarrollará la forma de mantener a raya la cura…—Comentaba Chris luego de haber escuchado la historia que Isabel le contó sobre cómo había sin querer aspirado el prototipo de cura—. Trabajé con tu padre por mucho tiempo, era una gran persona. Siento mucho tu pérdida, Isabel.

—Yo no...—Guardó un momento de silencio, ignorando la mirada algo confusa y preocupada del ex-militar, finalmente agregó con frialdad—. Agradezco que haya muerto, así no tiene que estar viviendo en este maldito mundo de muerte. —Siseó apretando sus puños. No soportaría ver a su familia siendo devorada por zombies o peor convirtiéndose en una de esas cosas, si eso hubiera pasado no sabía sí hubiera tenido el valor para acabar con ellos.

—Quizás tengas razón, pero no sabes lo que pudo pasar o si ellos hubiera querido dejarte sola.

— ¡¿Y usted que sabe?! ¡Prefiero mil veces que estén muertos y no tengan que vivir en este maldito infierno! ¡¿O acaso cree que vivir encerrados aquí como unos malditos prisioneros y ratas de laboratorio es vida?! ¡Es más prefiero estar luchando contra esos malditos cadáveres vivientes que estar aquí contra mi voluntad. Y no se atreva a decir que no es así porque es la maldita verdad!

El hombre guardó silencio sabiendo que la joven tenía toda la razón, esto no era vida para ninguno de los jóvenes de allí. Sintió impotencia al ver lágrimas deslizarse por el rostro de la castaña.

—Yo…lo lamento…—Musitó a sabiendas que de nada servían sus palabras, lo hecho, hecho estaba. No ganaba nada, ni mucho menos resolvía algo de este infierno que sufrían cada día estos jóvenes, con sus palabras…

La castaña guardó silencio, procesando lo dicho… "Con disculparse no ganara nada" —Eso quiso decirle, más se calló; el hombre se oía culpable y arrepentido de verdad, aunque él no tuviera la culpa de lo que estaba pasando, es más parecía que era de las pocas personas allí que aun conservaban su lado humano y los trataban como personas, el médico era de los pocos que se preocupaba por los refugiados y él sí trataba de hallar una cura para esta locura… "Pero, aun asi… aun asi podría ayudarnos si quisiera"—Apretó con fuerza sus nudillos mientras mordía su labio inferior para evitar gritarle lo que en verdad pensaba. Pero no lo haría…No, no lo haría, desquitarse con el pobre hombre no resolvería nada ni ayudaría tampoco, y seguramente luego se sentiría culpable por haberle gritado.

Unos golpes en la puerta de la enfermería captaron la atención de ambas personas, ayudando a aligerar el incómodo silencio que se había instalado en el lugar.

—Adelante. —No tardó en abrirse la puerta dejando ver a un rubio bastante conocido. Isabel rodó los ojos detrás de las vendas al captar el aroma varonil del joven cabo… "Lo que me faltaba"—Bufó molesta.

—Hey Doc., ¿cómo le va? —Saludó sonriente el joven de 19 años ingresando con paso tranquilo, mientras levantaba su vista de las carpetas que traía para toparse con la mirada del médico y de su bella amada… ¿Un momento su bella dama? Quedó estático mirando a la chica, como no creyendo lo que veía, en una de las camillas estaba su bella castaña con bata de paciente y ¡los ojos vendados! —. ¡¿Isabel, pero que rayos te pasó?! —Exclamó colocándose en un santiamén al lado de la refugiada.

—Está bien, no te preocupes Aaron. Sólo tuvo una descompensación y perdió la conciencia, pero ahora está estable y sólo debe permanecer un día en la enfermería para chequear que todo esté en orden y descansar, luego podrá volver a sus actividades. —Informó el mayor de los tres tomando las carpetas que por poco el niño había dejado caer al ver el estado de la chica. Ay los jóvenes de hoy en día y sus arranques de amor…

—Ah, qué alivio. Casi me da un ataque. —Suspiró realmente aliviado, recibiendo una mueca de fastidio por parte de la chica, mueca que como siempre ignoró—. ¿Te sientes bien, Isa?

La mencionada tan sólo arrugó el ceño. ¿Qué acaso no había escuchado las palabras del médico diciéndole que estaba bien? Pero que molesto era, ¡dios! ¿Y desde cuando eran tan cercanos como para tratarse con tanta familiaridad? Ella en ningún momento le había dado su consentimiento para que la llamara de esa forma tan, tan cariñosa. Ni siquiera eran amigos como para que utilizara ese diminutivo afectuoso…

—Si. —Mintió sintiendo el escozor de sus ojos ir disminuyendo poco a poco.

—Es bueno saberlo. —Sonrió animado, sonrisa que si le preguntaban a Chris era como la de cualquier niño inocente enamorado, el médico negó divertido, se notaba a leguas que la chica no parecía compartir el mismo sentimiento (aun), es más parecía fastidiada y quizás algo incomoda por la cercanía del rubio—. Te haré compañía para que no te aburras. —Agregó con total determinación en su voz… ¿Por qué rayos tenía que ser tan cálido?

Estuvo tentada a golpearse la cara ante la última frase escuchada, más se contuvo. Siendo sincera, no deseaba tener que soportar al cabo. ¿Qué había hecho para que la castigaran de esta manera? No la malentiendan, el chico le agradaba…algo, pero a veces podía a llegar a ser muy… ¿Molesto? ¿Insistente? ¿Meloso tal vez?


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El olor fétido inundaba el cuarto oscuro ubicado en lo más profundo del sector subterráneo, un gruñido resonó por todo el aparente vacío lugar. El sonar de unas cadenas se escuchó seguido de un caminar torpe.

Unos ojos amarillos brillaban gracias al pequeño destello que se colaba por una pequeña rejilla ubicada en la puerta de metal, la melena rizada y llena de mugre tapaba parte del rostro putrefacto de ese cadáver viviente...

La puerta de metal se abrió atrayendo la atención de los cadáveres... Un soldado lanzó el cuerpo débil de un joven bastante enfermo a los zombies que no tardaron en hacer rechinar las cadenas de sus pies y lanzarse hacia su indefensa presa.

—No, no, por favor no. —Sollozaba el pequeño de unos 13 años. Por más que lo intentó no pudo ni siquiera levantarse del piso con sus débiles brazos, la puerta se cerró dando por sellado el fin de su vida.

Segundos fueron los que esperó en silencio hasta que el primer caminante le arrancó un pedazo de su cabeza seguido de otro y otro más... Los gritos desgarradores resonaron de forma espeluznante por todo el sector haciendo temblar a los demás encarcelados en sus oscuras celdas al mismo tiempo que enloquecía a los demás cadáveres hambrientos...


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Una semana había pasado... Una semana en la que no había logrado encontrar rastros de Evelyn... Y por cada minuto que pasaba más comenzaba a creer que la chica argentina no volvería a aparecer con vida... Rechinó los dientes con fuerza y contuvo las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos... ¡Maldita sea! Se sentía tan impotente y angustiada que ya no sabía ni qué demonios hacer para encontrar a su amiga y largarse lejos de ese condenado lugar... Ni siquiera rezar servía, a esta altura era lo único que podía hacer... Pero sentía que Dios los había abandonado... Quizás era lo que merecía por haber huido del hospital y evitado morir en la explosión junto a su familia... Quizás era el karma... Pero por todos los santos que alguien escuchará sus plegarias y las sacarán de aquí...

—Isa...

Salió de sus pensamientos al sentir la mano de Sofía en uno de sus hombros. Una mirada preocupada fue con la que se topó al mirar a la "niña".

—Estoy bien...sólo pensaba. —Sus palabras eran frías casi vacías...pero la rubia no lo notó o si lo hizo lo dejó pasar y asistió con un poco de duda—. Mejor llevemos esto a la lavandería. —Dijo levantando el cesto con ropa sucia que llevaba y yéndose a dicho lugar sin siquiera esperar a que la rubia la siguiera.


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Apretó sus dientes para no gritar al sentir como sacaban parte de la piel de su espalda... Condenados demonios quiso gritarles y arrancarles los sesos con sus propias manos. No tenía ni idea de cuánto llevaba ahí encerrada como rata de laboratorio.

Los científicos tomaron sus muestras y se largaron, los militares que estaban en la sala no tardaron en soltarla y llevarla a una celda…tirándola como un mugriento sacó de papas.

Se sentía tan adolorida...Y extraña. Su cuerpo aún se estaba adaptando a todo lo que le inyectaron. Sus oídos pitaban debes en cuando y su sangre... gracias a los cielos ya no hervía como el primer día. Pero aún se sentía caliente, más de lo normal, pero soportable…Y era seguro que le seguirían inyectando cosas, tomando muestras y experimentando. Si con experimentación se refería a seguir inyectándole cosas y luego extraer su sangre e inyectársela a caminantes los cuales se derretían por completo en minutos al tener su sangre inmune dentro de ellos.

Pero peor era cuando lo inyectaban en personas vivas, en refugiados, ¡niños! prácticamente. Ellos morían en minutos de forma dolorosa su sangre al inyectarla en su cuerpos iba directamente a sus cerebros y los derretía. En sí, su sangre eliminaba el virus, pero también asesinaba al afectado y de una forma realmente grotesca, aún podía escuchar en su cabeza los gritos desgarradores de los refugiados, que al igual que ella eran simples conejillos de indias.

Hola. —Alzó la cabeza para ver al Mayor James con una sonrisa amable y un botiquín además de un poco de comida, apoyado en el marco de la puerta. Así que también sabe hablar en español…La cadena que amarraba su cuello a la pared sonó al mover su adolorido cuello. Permaneció en silencio observando los movimientos del militar, estuvo tentada a alzar una ceja, sus heridas se sanaban solas, bueno casi todas estaban por completo cicatrizadas, todavía le quedaba la herida profunda en su espalda, hecha el día anterior, que aún no terminaba de cicatrizar completamente.

El Mayor sonrió con resignación, la chica no hablaba desde que la sacó de la sala de experimentación cuando la encontró siendo golpeaba por militares hacia unos días atrás, la razón era simple, había asesinado a otro científico en su intento por escapar del lugar. Se colocó en cuclillas frente a ella y checó su estado con detenimiento. Varios moratones morados en piernas, abdomen, cuello y mejilla derecha, perforaciones echas por agujas aún podían notarse en su brazos, claro que si se las miraba de muy de cerca y con atención. Sus ojos destellaban con cansancio y desconfianza, quizás furia hacia quienes la dañaban... Un poco de sangre seca aún permanecía en su cuello y en el desgastado uniforme del refugio, el cual ya no tenía la chaqueta, esa se había quedado hecha trizas luego de que la chica la utilizará para asesinar a unos caminantes que Munch había dejado en la sala para que la mordieran y ver así con reaccionaba su organismo al virus directamente. No hace falta decir que la chica se hallaba atada a la pared y por desesperación lastimó sus muñecas al zafarse de los grilletes para asesinar a los cadáveres vivientes con lo primero que encontró.

En estos días que había estado tratando sus heridas (porque él era el único a quien la joven dejaba acercarse sin peligro a que le arrancara un pedazo de piel) descubrió que la joven tenía la habilidad de regenerar sus heridas en cuestión de minutos excepto aquellas demasiado profundas que tardaban entre horas o casi dos días. Afortunadamente sólo él lo había descubierto... hasta el momento, aparte de Chris quien trató las heridas de los primeros días, sin embargo ninguno de los dos reportaría lo visto ni le dirían a nadie de esta habilidad de la chica o todo podría volverse peor para ella.

Necesito que te des la vuelta para curarte esa herida. —Dijo al notar la incomodidad de la chica por su mirada minuciosa. Como era de esperar ella lo miró a los ojos por unos instantes, buscando algo que le dijera que estaba mintiendo. Estaba vez lo hizo por menos tiempo que los días anteriores antes de acatar su pedido. Le subió la blusa con cuidado notando como la joven se tensaba al instante, no le sorprendía su incomodidad teniendo en cuenta lo que le hacían.

Abrió el botiquín y sacó un pedazo de algodón y desinfectante, la herida estaba casi por completo cicatrizada, para mañana ya ni estaría ahí, con cuidado comenzó a limpiarla, era mejor que no se infectara o no cerraría y habría que suturarla.

Limpió la herida con delicadeza y de la misma forma la vendó, colocando la blusa en su lugar al terminar. Una vez hecho eso procedió a aplicar una crema des inflamatoria en los moretones de Evelyn que en silencio se había colocado de frente al hombre para facilitar mejor su trabajo haciendo sonar la cadena por el movimiento.

¿Porque no hay caminantes por los alrededores? —Susurró haciendo que el hombre detuviera el suave masaje que hacía para disolver la crema en su mejilla golpeada. Notó la sorpresa y como su cuerpo se tensaba por un segundo ante la pregunta... Un tema delicado ¿eh?, casi quiso reírse por la ironía—. Con todo el ruido que hay en la base mínimo tendría que haber un caminante rondando la valla, u el hedor que expiden. Además sólo he visto refugiados latinos no hay ni uno sólo de origen norteamericano o europeo. —Quizás nadie lo notaba porque estaban muy ocupados haciendo sus quehaceres, o simplemente estaban resignados a vivir así, pero ella no. Había hablado con los refugiados más viejos comentando desinteresadamente sobre su observación y ellos inocentemente se lo habían confirmado. ¿Qué otras cosas estaban ocultando en esta base militar tan vieja?

James le mantuvo la mirada a esos ojos marrones que se habían aclarado en los últimos días quizás por todas las sustancias que le inyectaban a la joven. La pregunta fue realizada con una voz calmada, pero llena de desconfianza y quizás algo de curiosidad. Bueno él sabía que tarde o temprano alguno de los refugiados se daría cuenta, todos creían que eso tardaría más y en caso de suceder era de suponer que se eliminaría al refugiado... Suspiró con cansancio y terminó de disolver la crema en la mejilla derecha de la joven para pasar al moretón del cuello y repetir el proceso, todo bajo la atenta mirada de la chica. Ella esperaba una respuesta.

Suspiró con cansancio antes de comenzar a explicar la situación sin dejar de aplicar la crema en los moretones de la joven—. Como habrás oído por el noticiero, la cura era para tratar el cáncer y vencerlo, sin embargo las cosas como vez no siempre salen como uno espera... No sabemos quién fue realmente el paciente cero, pero se sabe que era oriundo de Sudamérica, así que bloqueados todas las rutas de posibles escapes en la frontera con Centroamérica, se prohibió el viaje de aviones y barcos tanto para salir como para entrar al continente. El objetivo era evitar que el virus se expandiera al mundo. En cierta forma lo logramos, lo hablamos con los dirigentes de las máximas potencias y se dictaminó que se dejaría a Sudamérica en cuarentena hasta lograr erradicar el virus... A las pocas semanas se enviaron bombas a los lugares donde había mayor concentración de zombies, desapareciendo las principales capitales, luego se empezaron a enviar en secreto escuadrones para traer a sobrevivientes y utilizarlos para encontrar una cura. Este refugio… lo que pasa dentro de esta base militar, lo que hacen con los refugiados. —Apretó los dientes siendo observando por la neutra mirada de la morocha—. No lo sabe nadie, ni siquiera nuestro presidente... Lo que pasa en Sudamérica, el resto del mundo no lo sabe, sólo algunas personas importantes... Lo único que saben los civiles es que Sudamérica esta en cuarentena por un virus asesino, nada más. —La joven iba protestar, pero fue rápidamente cortada por la voz del militar—. Los noticieros de esos países afectados fueron rápidamente cortados al igual que cualquier tipo de comunicación para evitar que se filtrara la información a los demás países y que comenzará el pánico.

—Nos abandonaron a nuestra suerte, y no sólo eso ¡sino que nos traen aquí para ser sus conejillos de indias! —No lo gritó, pero si lo dijo con una voz lo suficientemente alta para que sólo él la escuchara. Sentía rabia, asco y tristeza por todas las personas afectadas. Quería llorar, pero de rabia e impotencia.

Aunque quisiera, no puedo objetar. —Se sentó aún lado de la chica sintiendo la fría pared hacer contacto con su espalda. Volteó ligeramente la cabeza para verla mirando el suelo, tensa y con las uñas clavándoselas en las manos con impotencia—. Tienes razón, pero todavía hay personas que intentan encontrar una solución para esto, el virus está controlado y hasta el momento no se ha expandido al mundo. Los métodos usados no son nada apropiados, pero la mayoría estamos entre la espada y la pared... —Él sabía perfectamente que su trabajo estaba en juego sin mencionar a sus hijos, porque sí, él estaba trabajando bajo las mismas amenazas que su viejo amigo Chris con la única diferencia de que él si cumpliría apenas tuviera las suficientes pruebas con la amenaza y le avisaría al Gobierno.


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Dos días después... (Faltan 17 días para la expansión del virus por el resto del mundo)

Era de noche y en la parte vip del edificio principal del refugio, más en específico en la última sala varios militares se reunían para lo que sería otra noche más de "lucha a muerte", la gran sala o mejor dicho salón tenía tribunas y una arena de batalla rodeada por vallas de púas con el fin de evitar el posible escape de refugiados o cadáveres.

Varios cadáveres rondaban dentro de la valla/jaula sujetos por cadenas en sus cuellos que evitaban que se movieran de su sitio hasta que comenzará el show. El primer desgraciado fue obligado a entrar a esa enorme jaula, el combatiente se trataba nada menos que de una chica de cabello rizado negro, se veía bastante mal cuidada y si estaba de pie era por pura voluntad.

Evelyn miró el lugar con total desagrado, su respiración era pesada mientras intentaba enfocar bien a su alrededor, sus ojos ardían y de vez en cuando se le nublaba la vista. Le sorprendió ver caminantes allí adentro, pero al ver que vestían el uniforme de los refugiados ya se daba una idea de donde habían salido. No tenía armas y los zombies tiraban desesperados de sus cadenas por liberarse y clavarle el diente. Miró sus muñecas ahora libres y marcadas por los grilletes, sus brazos estaban llenos de piquetes de agujas aunque sólo se notaban de muy cerca... Sin embargo, un código de 6 dígitos estaba grabado en su piel justo en la parte interna de su muñeca derecha, su número era 071518, las ganas de arrancarse la piel no se le iban al ver esos malditos números... Parecía que era una cabeza más del ganado y así era para la mayoría de los ahí presentes.

La única razón por la que estaba en este intento de coliseo era porque Munch no estaba en la base y no volvería hasta pasado mañana, y los militares que la vieron matar a los caminantes en la sala de experimentación les había parecido ideal para enfrentarse en estas peleas ilegales que hacían una vez a la semana... Por ello la habían traído en secreto... Pero si se enteraba el científico que habían traído a su único conejillo de indias inmune iba a correr sangre y no precisamente la de ella.

Los altoparlantes ubicados en las esquinas del techo hicieron un pitido irritante para sus sensibles oídos al encenderse.

—¡Buenas noches querido público! ¡Bienvenidos a otro encuentro de lucha a muerte en el que sólo uno podrá ser el sobreviviente! —Los gritos de emoción en las tribunas no se hicieron esperar—. ¡Hoy tenemos a una invitada muy especial! ¡La pequeña guerrera! que ha intentado dos veces asesinar a Nathan y déjenme decirle que por poco lo logra esta pequeña ¡fierecilla! —El locutor soltó una leve risa de burla al recordar los sucesos al igual que parte de los espectadores—. Así que no se dejen engañar por esta pequeña e indefensa niña, que de indefensa no tiene nada créanme. —Nuevamente su voz sonó divertida—. ¡Esta noche se enfrentará sin ningún tipo de arma a estos cadáveres vivientes que como ven, esperan ansiosos probar bocado! ¿Lo lograrán? —El reflector dejó de apuntarla a ella para alumbrar a los enloquecidos caminantes—. ¿Sobrevivirá esta pequeña fiera? ¡Pues comiencen con sus apuestas que el show da inicio!

Su cuerpo se tensó al ver como tres de los grilletes que tenían los caminantes en el cuello encendían una luz roja para posteriormente abrirse dejando tres hambrientos caminantes sueltos. El juego apenas comenzaba...

Paseó rápidamente su mirada por todo el lugar sin encontrar nada con que defenderse y los malditos se estaban acercando demasiado rápido para su gusto. Su pulso se aceleró y podía escuchar a la perfección los latidos de su acelerado corazón entre todo el bullicio de la tribuna. Se mordió el labio con nerviosismo, su cuerpo no estaba en las malditas condiciones para pelear sin una condenada arma punzante.

Pateó al primer caminante que se le acercó más de la cuenta, mala idea su pierna sintió un calambre doloroso al pisar con toda la fuerza que tenía el cráneo del cadáver de un joven que en vida debió tener unos 20 años. No perdió tiempo y golpeó con fuerza el brazo del caminante hasta que parte del hueso salió por el codo, ni siquiera lo dudo al tomar el hueso húmero (un poco partido en la punta) y sacarlo por completo del brazo.

Levantó la mirada verificando que los otros dos estaban demasiado cerca como para quitárselos del camino y atacarlos uno por uno. Si, ella era inmune, pero eso no significaba que le gustara que le arrancarán pedazos de piel sin mencionar que dicha mordedura tardaría demasiado en cicatrizar... Dio media vuelta y corrió hacia las vallas que evitaban que pudiera escapar, las subió (sin importar clavarse las púas en los pies) corriendo unos centímetros los suficientes para tomar impulso y dar una mortal hacia atrás, clavándole la filosa punta del hueso en la cabeza al caminante y pateando al otro al dar un giro, aún en el aire, para alejarlo lo suficiente. Al tocar el suelo sacó el hueso y asesinó al otro caminante antes que siquiera se pudiera levantar del suelo. Los gritos ensordecedores de los militares no se hicieron esperar, muchos felices de ganar sus apuestas. Ella tan sólo soltó un gemido lastimero al sentir el escozor en sus pies lastimados.

—¡Eso ha sido sorprendente caballeros! ¿Pero qué tal si le subimos de nivel? —La voz se escuchó maliciosa, algo que no le agrado para nada a la chica que comenzaba a sentir el dolor de su cuerpo, pero más que nada de sus pies sangrantes. Era oficial no estaba en las mejores condiciones para pelear... Y aún quedaban siete caminantes. Un pitido sonó seguido de varios chispazos, las malditas vallas ahora estaban electrificadas... Chasqueó molesta, ahora no podría escalarlas para mantener distancia... Salió de sus pensamientos al escuchar cadenas caer. Los malditos desgraciados habían soltado a los siete condenados caminantes, todos a la vez.

Hijos de puta —Musitó tomando con firmeza su improvisada arma y corriendo hacia el caminante más cercano.


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Su cabeza rebotó por tercera vez en la almohada. Miraba un punto fijó de la litera superior. Estaba harta, impaciente y preocupada, quizás también algo culpable. No podía dejar de pensar en su amiga, estaba muy preocupada, su insomnio la delataba al igual que sus malditas ojeras.

Se levantó de la cama y se asomó por la puerta, no había ni una sola alma por los pasillos. ¿Porque se sorprendía? Si hoy era la noche en que todos los militares, todos si, bueno exceptuando al molesto rubio, al mayor James, el Coronel desgraciado, el psicópata científico y quizás al doctor Chris, estaban ahí reunidos. Una oportunidad perfecta para escapar, claro que aún estaban las trampas y quizás algún guardia vigilando afuera.

Cerró la puerta detrás de sí sin hacer ruido alguno. Sus pasos ni se sentían al bajar las escaleras, su pulso estaba algo acelerado pero era sólo por la adrenalina que comenzaba a fluir por sus venas. Al llegar al final no le costó escuchar tenuemente los gritos que venían del pasillo derecho, miró hacia allí tentada a ver que tanto ocurría allí adentro. Negó con la cabeza y salió al exterior, siendo recibida por una fresca brisa. Como lo supuso no había nadie en las torres, excepto en una, seguramente el cabo molesto estaba de guardia.

"Idiota"

Con el sigilo de un gato cruzó la base hasta llegar al consultorio del psicópata científico. Sacó un pedazo de alambre de entre sus ropas, doblándolo un poco lo introdujo en la cerradura y luego de batallar un poco logró escuchar el deseado clic. Observó hacia todos lados encontrando como supuso la zona despejada, no tardó en ingresar al despacho.

Podría escapar, sin embargo no deseaba irse sin primero encontrar a Evelyn y salir las dos juntas de esto... en cuanto a Sofía y las demás pues las sacaría a la fuerza de aquí, quisieran o no.

Miró el escritorio del científico, la luz de la luna infiltrándose por la ventana le permitió captar en el mueble varios papeles perfectamente apilados a un lado del ordenador. Rodeó el escritorio con sumo sigilo tensa a la posibilidad de ser atrapada con las manos en la masa en cualquier momento. Rozó con la punta de sus dedos el teclado de la computadora, ni se molestó en intentar encenderla sabiendo que el paranoico científico tendría mil y una contraseñas para proteger sus archivos. Le extraño no ver ninguna cámara de seguridad dentro de esa pequeña oficina, más le restó importancia seguramente el hombre estaba confiado en que nadie tendría las suficientes agallas como para ingresar allí sin su permiso, al menos no una persona cuerda y que quería conservar su cuerpo intacto. Pero lamentablemente ella hace mucho que dejó de importarle las consecuencia de lo que sus osadías podrían provocar, en su mente sólo estaba el deseo de escapar lejos de ese infierno. Además, quería saber que rayos estaba pasando con el apocalipsis que durante los últimos días no había detectado a ningún caminante rondando la zona...

Su ceño se frunció y tomó los papeles apilados aún lado del teclado. Datos sobre lo que parecía un experimento, sujeto de prueba 071518 decía arriba de todo, no había nombre ni foto ni nada que dijera de quien se tratará además de que su sexo era femenino... Inmune al virus... sobreviviente a las sustancias inyectadas, con un organismo que se adapta con velocidad a cada sustancia invasora en él... Aún sin resultados positivos... Los sujetos e infectados tienen el mismo resultado que en las anteriores experimentaciones, apenas entra en contacto con la sangre del sujeto inmune, los contaminados parcialmente mueren dolorosamente al su cerebro derretirse en cuanto a los contaminados/transformados su cabeza y demás zonas contaminadas por el virus son atacadas ferozmente por la sangre inmune inyectada y comienzan a derretirse como si hubieran entrado en contacto con ácido puro...La sangre inmune atacaba a los zombies hasta dejarlos en nada, acababa con huesos, órganos y todo lo que estuviera contaminado por el virus... Se seguirá investigando para conseguir más información.

Ojeó los demás papeles encontrando sólo información irrelevante de quienes habían sido los desgraciados que cumplieron con la labor de ser ratas de laboratorio y que ahora estaban descansando quizás en un lugar mejor...

Tomó el alambre que anteriormente utilizó para forzar la cerradura y ayudada sólo por la tenue luz lunar comenzó a intentar abrir los cajones del archivero al no encontrar por ninguna parte las llaves. Contuvo la respiración hasta escuchar el tan deseado clic, abrió con suavidad el primer cajón encontrando en éste varias carpetas guardadas. Sacó una al azar y la revisó, lo que leyó la sorprendió en gran medida...

No podía ser que absolutamente todos estuvieran infectados, incluyéndola y que una de cada 100.000 personas era inmune al virus a su vez sólo dos de esas 100.000 personas sobrevivían al proceso de adaptación debido a que su organismo se adaptaba al virus mejorando su resistencia y sus sentidos del olfato y oído y en muy raros casos su regeneración celular, pero al ser herido por un caminante su proceso de adaptación se aceleraba, les agarraba una fuerte fiebre seguida de dolores musculares y debilidad. Si querían sobrevivir necesitaban que alguien los cuidara mientras estaban en ese estado débil si es que no morían antes por la fiebre alta. El que sobrevivía era completamente inmune aunque fuera herido por un contaminado o entrar en contacto con su sangre no se transformaría...

Su mente hizo clic al recordar que su amiga había pasado por algo similar y sobrevivido. Tembló al tan sólo pensar que quizás ese era el motivo por el que no la había vuelto a ver. ¿Se habrían dado cuenta de su condición? No, no podía ser verdad. Quería quitar ese pensamiento de su mente al igual que las imágenes de Evelyn siendo torturada y utilizada como conejillo de indias.

Guardó los documentos donde estaban y al no encontrar nada útil salió del lugar y corrió intentando ya no pensar en nada. A mitad del patio se detuvo abruptamente. ¿Qué rayos estaba haciendo? Esta era su oportunidad para planear como escapar y tenía las armas a su disposición. Miró hacia donde se guardaban las armas y corrió hacia allí, evitando las cámaras se adentró al lugar y las desactivó por unos minutos.

Tomó varias granadas y dispositivos con los cuales detonar las mini bombas experimentales que allí había. Guardó armas en un bolso que encontró y entre ellas su 9mm. y el arco con flechas de Evelyn. Colocó un explosivo bien ocultó entre todo el almacén y salió del lugar justo antes de que las cámaras volvieran a funcionar. Se dirigió al sector de animales y rodeó el edificio hasta llegar a la parte de atrás en donde no había vigías ni cámaras, justo donde estaba la parte del alambrado descuidado. Allí colocó otro explosivo justo una bomba de humo, cuando ella detonara el explosivo no sólo destruiría parte del vallado sino que también se produciría una explosión en cadena al también activarse las viejas minas que rodeaban el lugar y con suerte limpiarían un camino por el cual correr hasta la seguridad del bosque. ¿Porque colocar una bomba en este lugar? La respuesta era obvia, si su amiga estaba en la parte subterránea una vez consiguiera escapar estaba segura que iría a buscar al lobo y allí saldrían ambos hacia este lugar, donde ella se aseguraría de esperarlos luego de haber conseguido lograr hacer una conmoción afuera, la cual seguro se haría apenas notaran que faltaban varias armas del almacén. Ocultó entre los arbustos de ese descuidado vallado, el bolso con armas y se fue llevando más explosivos para colocar en diversos sitios.

Corrió por todo el refugio evitando ser vista por el único guardia disponible en la torres, colocó varios explosivos en los vehículos, incluyendo los aviones de carga que utilizaban para buscar más sobrevivientes. Se dirigió al edificio principal y allí colocó algunos explosivos en las paredes exteriores, estaba por dar media vuelta y volver adentro cuando una mano se posó en su hombro derecho.

— ¿Isabel? ¿Qué haces aquí? —Rogó internamente porque la oscuridad tapara las bombas y Aaron no la haya visto colocándolas o de lo contrario estaría en serios problemas.

—No podía dormir y vine a caminar ya que no hay nadie a la vista. —Rápidamente se excusó intentando que el color volviera a su piel por el susto llevado.

El chico la miró con detenimiento y aunque no le creyó no le dijo nada. Él bien sabía que las chicas querían escapar del calvario que era vivir aquí para los refugiados, por lo mismo suponía que la chica frente a él estaba tramando algo para escapar. Sinceramente cuando la vio caminando por detrás del edificio principal creyó que huiría, pero no, ella aun esperaba a su amiga. No se iría sin ella y esa era una de las razones por la que le gustaba esta joven latina.

Sea lo que sea que planeara, él la ayudaría y se iría con ellas, para protegerlas y tal vez conquistar el corazón de la castaña…

El amor a veces nos hace hacer cosas extrañas que no haríamos normalmente.

—Bueno, creo que mejor me voy a dormir. — Comentó notando el silencio incomodo que se instaló. Sin más que decir se dio media vuelta y caminó hacia la puerta de entrada.

—Sea lo que sea que hagas, puedes contar conmigo. — Se detuvo a medio camino al escuchar las palabras del joven rubio, volteó ligeramente la cabeza para verlo y vio que le regalaba una de sus típicas sonrisas amables. Por alguna razón le creyó y asistiendo giró el pomo de la puerta he ingresó rápidamente, subiendo velozmente las escaleras mientras aseguraba que el detonador siguiera en el bolsillo de la chaqueta donde lo había ocultado.

La diversión empezaría, pero primero necesitaba que Munch y el Coronel estuvieran en la base, porque si iba a acabar con esto debía hacerlo desde la raíz y ellos debían si o si morir. No dejaría ningún cabo suelto, eso era seguro.


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Respiraba agitada, con el rostro y parte del cuerpo cubierto de sangre y órganos putrefactos. Sacó con fuerza su "arma" del cráneo del último caminante que asesinó. Repasó el lugar con sus ojos casi nublados, sólo había cadáveres en la ensangrentada arena de combate.

De reojo vio que las vallas aún seguían electrificadas, tomaba eso como que su lucha aún no había terminado. Una compuerta se abrió en la pared izquierda dejando ver asientos de espera, alzó una ceja ante eso, esa parte de la valla bajó. Ni soñando se iría ahí en ese pequeño espacio en que no podría moverse mucho. Un disparo a sus pies le dio a entender que tendría que meterse allí.

—Mocosa, ya ve a sentarte y esperar tu turno. —Una mirada de reto fue la que le mandó al soldado que disparó a unos metros de sus pies. No les convenía asesinarla o pasarían un infierno antes de morir en las manos de Munch.

¡Eso ha sido sorprende caballeros! Pero ahora pasaremos a otro combate mientras nuestra niña se toma un descanso. —Gruñó al saber que el presentador tenía razón, de mala gana se dirigió a los bancos. Como supuso apenas se sentó, la valla electrificada volvió a su lugar evitando que pudiera entrar a la arena mientras dos paredes a sus costados evitaban que ella pudiera escapar por otro lado.

Dejó de prestarle atención a lo que decía el comentarista para cerrar sus ojos e intentar dejar de sentir a sus músculos llorar de dolor, no estaba herida, sin embargo estaba cansada, tenía hambre y mucho sueño. Despacio levantó sus párpados, agradecía recuperar su vista.

El ruido de la puerta de la "jaula" abriéndose captó su atención. Los militares obligaron a pasar a dos refugiados, un niño de 8 años y el otro de unos 13 años aproximadamente por su complexión.

Ambos niños tomaron distancia siendo que el mayor se ponía en posición para pelear. El pequeño en cambio parecía asustado y miraba el rastro de sangre de caminante que aún quedaba en la arena. Fue entonces que reparó en que ya no estaban los cadáveres de caminantes tirados en el suelo. ¿En qué momento los habían sacado que no se dio cuenta? Levantó los hombros restándole importancia y se concentró en ver como ambos niños comenzaron a pelear. El resultado no le sorprendió.

Apenas y duró 5 minutos el combate, si es que a eso se le podía llamar un combate.

Se comenzó a escuchar en la tribuna los gritos con las palabras: "Mátalo", "que lo mate que lo mate". Frunció el ceño desde su lugar y volvió a ver a ambos combatientes, el pequeño se encontraba tirado boca abajo mientras el mayor le tiraba de ambos brazos y mantenía presionada su cabeza contra el suelo con su pie. Él estaba ileso, mientras el pequeño llorando en el suelo poseía un ojo morado y varios moretones por el cuerpo, no le sorprendería si tenía un hueso roto.

Apretó los dientes con furia al ver que el mayor sin ningún remordimiento le aplastó la cabeza al pequeño, no sin antes torturarlo torciendo sus bracitos.

¡Maldito! —Le gritó. El mocoso con el pie ensangrentado soltó los brazos del cadáver y se volvió a verla con una sonrisa de puro placer y burla por lo que había hecho.

Por todos los cielos acaba de matar a un pobre niño casi de su edad y él estaba satisfecho por su trabajo. Cuando la valla enfrente suyo se volvió a bajar permitiéndole a ella salir y entrar en la arena para inmediatamente volver a subir, no pudo estar más ansiosa por darle su merecido.

Las reglas eran simples, debían pelear hasta que uno muriera. En el caso de ganar debían asesinar a su oponente si este seguía con vida o de lo contrario sería asesinado de un balazo por los militares y el ganador castigado. Oh, pero ella se encargaría de darle una lección a ese mocoso psicópata.

Evelyn POV.

Sentí la adrenalina correr por mi cuerpo, mezclándose con mi furia. El niño delante de mí me observaba con diversión, eso sólo me hacía enojar más. ¡Rayos quería borrarle esa sonrisa enferma, ya! Sin embargo, no era bueno apresurarme, pero tampoco quería dejarlo planear alguna estrategia...Si es que usaba el cerebro para pelear.

Lo vi correr hacia mí con el puño ensangrentado preparado para golpearme. Me moví en el último segundo tomándole el puño y doblándoselo dolorosamente hacia tras. Se escuchó a la perfección el ruido de un hueso romperse. Le patee la espalda haciéndolo rodar un poco. Quizás fuera por el momento que me mantenía de pie, pero sabía que mis movimientos se volvían poco a poco lentos. Había descansado sí, pero eso no significaba que estuviera en perfectas condiciones como el mocoso que ahora se levantaba y me miraba con furia y odio.

Voy a matarte... —Lo escuche susurrar con irá antes de volver a atacarme.

No le respondí y esquive su golpe, más no espere que se agachara y girara sus piernas para hacerme caer. Apoye mis manos para amortiguar el golpe y rodé para evitar una patada que iba directamente a mi cabeza. El suelo quedó con un pequeño cráter donde cayó el pie, si no hubiera reaccionado a tiempo seguramente estarían mis sesos por todo el suelo.

No esperaba que al chocar miradas la de él estuviera prácticamente inyectada en sangre, un pequeño hilo de sangre salía de su lagrimal derecho. Tenía las venas del cuerpo marcadas y palpitando, su respiración estaba más acelerada de lo normal. Esto no pintaba nada bien. Ese chico no era un humano normal.

Un grito de guerra salió de sus labios antes de tomar impulso y levantarse comenzando a correr hacía mí. Mis ojos estaban como platos y no sé cómo, pero logre hacer que mi cuerpo me obedecería y lo esquivara por los pelos. Algo me decía que si dejaba que me tocará me rompería el esqueleto de un sólo golpe.

No voy a negar que estoy asustada, esquivaba a duras penas sus golpes, baba caía de su boca, casi parecía ser un animal con ese comportamiento. Un animal fuera de control.

Me pateó la quijada al momento de agacharme para hacerle una trancadilla. Rodé varios metros hasta estar a pocos centímetros de uno de los lados de la valla electrificada. La mandíbula me dolía horrores y podía sentir el sabor metálico de mi propia sangre escurrirme por la boca. Era un maldito milagro que no me la rompiera. Sacudí mi cabeza y observe algo desorientada como él nuevamente se dirigía hacia mí, me apoye sobre mis brazos e hice un esfuerzo sobrehumano para levantarme y girar sobre mi eje, esquivándolo y pegándole una patada que lo envío directamente hacía las vallas. El resultado fue más que inmediato, su cuerpo literalmente expedía humo una vez dejó de convulsionarse y cayó en la arena. Rostizado.

Escupí sangre y me deje caer de rodillas, "por favor no pierdas la conciencia ahora" —me repetía una y otra vez mirando a mi alrededor sin poder enfocar muy bien.

El ruido de unas compuertas abriéndose me alertó y gire levemente mi cabeza hacia atrás, hacia el fondo de la arena de combate. El suelo se había abierto dejando ver una rampa que bajaba hasta perderse en la oscuridad. El silencio inundó todo el salón. Un silencio que me erizó la piel, rogando porque no estuviera por pelear contra algo peor. Y parece que alguien allá arriba no me quería porque mis plegarias fueron totalmente ignoradas al momento en que escuche un rugido venir de lo más profundo del suelo. Tres malditos tigres de Bengala salieron subiendo con rapidez la rampa. Apenas salió el último la compuerta se cerró dejando el suelo nuevamente intacto.

Sonreí con amargura, condenada suerte la mía.

Lo primero que hicieron los animales fue intentar saltar la valla más la electricidad los golpeó dejándolos levemente aturdidos, y quizás ¿frustrados? No los culpaba yo también hubiera hecho lo mismo luego de estar tanto tiempo encerrada.

Dos de ellos les rugían a los soldados desde una distancia prudente de las vallas, habían aprendido su lección, pero eso no quitaba el hecho de que querían escapar y seguramente devorarse a esos malditos que los sacaron de su hogar en la selva…

El tercer tigre en cambio, permanecía quieto en donde segundos antes estaba la compuerta por la cual salió, observaba las tribunas como ya estando resignado a la vida o acostumbrado subir a la arena a pelear, quizás yo también comenzaba a sentirme como él. Hacía días que no veía el sol ni muchos menos sentía la libertad de estar corriendo entre los arboles siendo, tal vez, perseguida por caminantes, pero libre al fin y al cabo.

Su mirada verde chocó contra la mía, me quede analizándolo como él hacía conmigo, una cicatriz en diagonal atravesaba su ojo izquierdo, sin embargo debía ser superficial porque ambos ojos le funcionan a la perfección. Me rugió captando la atención de los otros dos que enseguida comenzaron a caminar hacia mí con lentitud. Más esos dos se desviaron al oler el cadáver rostizado de mi oponente. No me sorprendió para nada que prácticamente se hayan lanzado con desesperación a devorarlo, probamente no comían desde hace unos días, o por lo menos no decentemente.

El tercero en cambio, es otra historia. Saltó sobre mi haciéndome caer hacia atrás y con una de sus patas delanteras presionaba mi pecho para evitar que me levantara, por todos los santos si ponía un poco más de fuerza seguro me rompía las costillas. Se me dificultaba respirar aún más, y con el cansancio se puede decir que ya ni ganas tenía de defenderme. Que estúpida y patética, sobrevivir a la selva y a los caminantes para ser devorada por un tigre en un maldito campo de experimentación… Aunque, la idea no sonaba tan mal, al menos no moriría por los experimentos o torturas de ese lunático científico.

Al parecer el notó mi resignación, pues se quedó mirándome demasiado cerca, su hocico estaba a centímetros de mi cara y de vez en cuando soltaba leves gruñidos. No sé qué rayos tendría mi cara o quizás fuera el descoloramiento de mis ojos que me había comentado el Mayor James el día de ayer, pero el animal se quedó mirándome con curiosidad, no, mejor dicho miraba mis ojos, algo en ellos llamó su atención. En cambio, yo prácticamente lo estaba mirando con seguramente un destello de cansancio y rendición, rendición a la vida misma. Estaba cansada de estar encerrada, prisionera, sin poder escapar por más veces que lo intente. Y el encierro poco a poco se estaba llevando mis esperanzas de escapar, pero sobre todo las ganas de vivir. Misma desesperanza que esos ojos verdes también transmitían, un cansancio y añoranza a la libertad, la misma que yo e Isabel teníamos.

Mi vista comenzó a nublarse y deje de darle importancia al hecho de que el tigre en cualquier momento podría matarme. Las voces lejanas de los militares intentando espantar al tigre me llegaron tenuemente a los oídos, estaban asustados, si el animal me mataba Munch los haría pedazos a ellos, claro que de una forma lenta.

Sonríe por ello y comencé a bajar mis párpados, ya sin fuerzas de mantenerlos abiertos por mucho más tiempo. Un disparó sonó, impactándose en una de las paredes y haciendo que los tigres volvieran de mala gana a bajar por la compuerta que acababa de volver a abrirse. El tigre de la cicatriz, ese que aún se mantenía presionando mi pecho, me miró por última vez antes de seguir a sus compañeros. Y eso fue lo último que recuerdo antes de perder la conciencia, otra vez.


0000


Los gritos lejanos de Munch me despertaron, sonreí al identificar a quienes iban dirigidos. Al parecer se dio cuenta de la pequeña rebeldía de sus soldados, quizás fuera la sangre a muerto en mi uniforme lo que los delató. Lástima me hubiera encantado ver sus expresiones.

Mi vista estaba nublada y apenas podía ver a un metro de distancia lo demás era todo manchas de colores.

Gruñí y un gruñido fue lo que recibí como respuesta. Esperen, ¿un gruñido? ¿Pero en donde carajos me metieron ahora? Rayos de luz se filtraban por una pequeña ventanilla en un extremo de la ¿habitación? Parpadee confundida, intentando lograr enfocar mejor. Estaba dentro de una jaula, mire a mi izquierda y allí estaba el culpable del gruñido, era el mismo tigre de la batalla, lo identifique por su cicatriz. Estaba acostado y apoyaba su cabeza contra la reja de mi jaula. A mi derecha también había otros tigres enjaulados. ¿Me trajeron a la zona de animales? ¿Acaso me escondieron de Munch para ganar tiempo y buscar a quien echarle la culpa? Nah, eso era demasiado infantil. Quizás me dieron por muerta y me ocultaron aquí, y no los culpaba mi aspecto y olor parecía el de un cadáver.

Otro gruñido me sacó de mis pensamientos. ¿Porque no podía hacer como los demás tigres e ignorarme? Le mande una mirada molesta y me rugió.

¿Quieres dejar de andar de gruñón? —Otro rugido fue su respuesta antes de echarse con fuerza sobre mi reja y darme la espalda—. Muy maduro. —Ironicé en un murmullo que seguro escuchó, pues me gruñó nuevamente.

Rodé los ojos divertida, sin embargo mi sonrisa se borró al escuchar el sonido de pasos. Los tigres también se tensaron y comenzaron a inquietarse. Ok me estaban poniendo nerviosa a mí también...

Mis ojos se encandilaron por la luz que se encendieron a penas ingresó un militar, o al menos eso parecía esa mancha verde en el marco de la puerta.

Estas echa un asco. —Hice una mueca de fastidio al reconocer la voz de ese rubio oxigenado que iba detrás de Isa.

Tsk lo que faltaba, Romeo me visita. —Mi voz sonó algo ronca y sentía la garganta seca. ¿Hace cuanto que no tomaba un vaso de agua?

Y yo que venía a hacerte compañía y me tome la molestia de traerte algo de comer. —Fingió que mi comentario le dolió y tomó un vaso lleno de agua que agitó delante de mí. Maldito desgraciado, lo hacía adrede.

Sinceramente preferiría estar rodeada de caminantes antes que soportar a un adolescente hormonal como tú.

— ¡Oye! que tenemos la misma edad. —Me pareció divertido verlo fruncir el ceño y actuar como un niño.

¿En serio? Wow, yo te daba diez años. —Seguro notó mi mirada divertida pues su frente se arrugó más. Y el muy maldito tomó el vaso y bebió hasta la mitad con una maldita lentitud, cabe decir.

Gruñí y me cruce de brazos. No le iba a rogar, ni loca. Su sonrisa boba no hizo más que enojarme más... Apenas me libere se la borraré a golpes.

¿Dónde estoy?

—Ahora mismo estas debajo de la sala de batalla. En una habitación de espera se podría decir. —Alce una ceja con total ironía—. Estuviste todo un día durmiendo y ahora Munch regresó y no está feliz por tu desaparición. Yo te traje aquí, para que no encontraran tu cadáver... La cuartada era decir que habías escapado. —Mi ceja se alzó un poco más de lo posible ante lo dicho por él. Le mantuve la mirada buscando algo que me dijera que estaba mintiendo. Pero cada palabra era cierta, sorprendentemente—. La mayoría cree que el tigre te rompió las costillas y por tú aspecto no fue difícil hacerles creer que estabas muerta.

— ¿Porque hiciste eso? —Me levante lentamente usando la pared como apoyo.

Sé que quieres escapar así como Isabel. Esta reja no va a ser un impedimento para ti ¿no? —Sonrió con diversión— Sé que Isabel planea algo y no falta mucho para que lo ponga en marcha. Así que decidí darte una mano. —Abrió mi jaula y me dejó el camino libre. ¿Así de fácil?—. Yo nunca estuve aquí .Nos vemos afuera. —Me dejó el agua y se marchó dejando la puerta de la habitación entreabierta. Me atragante la fresca agua antes de asomarme afuera. El pasillo estaba desolado.

Corrí, con todas las fuerzas que la oportunidad de ser libre me había dado, por el pasillo hasta donde supuse estaban los demás animales enjaulados. Apenas vi a Colmillo en su jaula casi lloró de la emoción. Corrí hacia los controles y allí me esperaba el maldito afroamericano que tenía MI cuchillo.

—Pero miren quien anda fuera de su celda... —Corrió hacía mi con el objetivo de golpearme. Giré sobre mi eje a último momento y tomé su arma del pantalón. No sé cómo, pero le quite el seguro y le dispare primero en el pecho y luego en la cabeza debido a mi pésima vista. Cuando lo sentí caer me acerque y tomé mi cuchillo el cual amarre su funda a mi muslo izquierdo, justo cuando se activaba una alarma y la puerta de la cabina de controles se abría, ni siquiera mire quien era, tan sólo le dispare y luego hice lo mismo con el que quedaba dentro.

Una explosión se escuchó seguida de otra, miré uno de los monitores donde se podía ver como Aaron salía por la puerta que dividía el edificio principal del sector subterráneo, dejando la puerta abierta. Sonreí al escuchar una explosión seguida de otras. Presioné todos los botones dejando libres a todos los animales así como dejando abiertas las celdas que tenían a varios refugiados prisioneros para utilizarlos como sujetos de prueba. Miré los monitores y me asombró ver salir de algunas celdas no sólo refugiados sino también caminantes, el resultado fue más que obvio: militares y científicos corriendo por los pasillos mientras los refugiados hacían lo mismo para derribar a algunos militares tomar sus armas y subir hacia la "superficie" siendo seguidos por los caminantes que enloquecidos mordían a cualquiera que se le atravesara.

Disparos por todas partes, los refugiados salieron como estampida de animales por la puerta metálica corriendo por el pasillo del edificio para luego salir al patio junto a los refugiados que estaban desayunando que asustados salían del comedor para huir, encontrándose con caminantes inundando el lugar y evitando que algunos pudieran escapar por las puertas hacia el exterior.

Sonreí al ver por otro de los monitores a Isabel con un dispositivo en la mano y cada vez que apretaba un botón algo volaba en pedazos, esta vez fueron el avión y varios camiones militares.

El edificio en donde estaba retumbó y no me fue difícil saber que Isa también había volado una parte del lugar. No lo dude y salí corriendo encontrándome a Colmillo esperándome, tan ansioso como yo.

Es hora de salir de este condenado lugar. —Guiándome únicamente por mi oído y olfato corrí hasta subir las escaleras dejando que Colmillo fuera delante, siendo mis ojos.

Subimos las escaleras y utilicé las últimas municiones, disparando a quemarropa. Afortunadamente herí y mate a los soldados y algún que otro científico que se interponían debes en cuando en mi camino. Tiré el arma ya vacía y seguí corriendo hasta divisar la luz solar que entraba por el gran hoyo en la pared trasera del edificio.

La adrenalina y emoción corrían por mis venas con demasiada fuerza, analice esa parte del vallado esperando encontrar la parte descuidada, hasta que un pequeño destello llamó mi atención, moví la vegetación y tomé la bolsa negra. Mis ojos brillaron al reconocer mi arco y flechas en su interior. Los tomé con las manos temblando y a penas escuche las voces alteradas de militares me coloqué el carjat en la espalda y tense el arco con una flecha lista para ser disparada.

Aparte la bolsa con algunas municiones en ellas y al hacerlo pude notar una pequeña bomba colocada en las vallas. "Isa" —pensé al momento en que escuché un cuerpo caer y al voltear hacía mi derecha vi a Colmillo Blanco encima de un militar rompiéndole el cuello.

Fin Evelyn POV.


0000


Una castaña abrió los ojos, ya no pudiendo ni queriendo perder más tiempo para ejecutar su plan. Miró la hora y eran apenas las 05:45 a.m. los refugiados ya debían estar yendo para el comedor a desayunar.

Se vistió rápidamente y buscó entre sus bolsillos los explosivos que le sobraron, se asomó por el vació pasillo y con cautela salió comenzando a colocar explosivos en las escaleras y en el pasillo derecho.

¿Isa que haces? —La voz de Susana la hizo respingar del susto.

Su… Nada, sólo estaba dando un vistazo, ya sabes no nos dejan recorrer ese pasillo y me da curiosidad. —Desestimó viendo como Sofía y Gabriela ya se estaban adelantando para ir a desayunar junto a los demás.

Mmm, mejor vamos a desayunar o te meterás en problemas. —Le tomó una de sus muñecas y arrastró a la mayor con ella, era mejor alejarla de allí, conociendo a su amiga era capaz de volver a meterse en problemas.

La castaña suspiró y miró hacia atrás notando como el doctor Chris y el Mayor James salían de la enfermería y pronto las seguían hacia el comedor.

Al llegar ambas cogieron algo de comida y se sentaron a desayunar junto a las otras dos amigas.

¿Dónde está Sebastián? —Soltó Isabel al no encontrar al mencionado en la mesa y no verlo desde hace unos días.

Hace unos días le agarró fiebre y lo llevamos a la enfermería, pero el señor Munch dijo que debían ponerlo en cuarentena para evitar que contagiara a los demás y se lo llevaron al otro sector que hay detrás de esa pesada puerta en el final del pasillo derecho. —Le respondió Sofía algo preocupada por el estado de su pareja, y pensar que días antes de que él se enfermara ambos habían tenido una fuerte discusión. Le hubiera gustado hacer las paces.

La castaña asistió sabiendo que el chico bien podría haber pasado a la historia de haber caído en las manos de ese maldito científico. Prefirió no hablar más y acabarse en silencio su desayuno lo más rápido posible.

En ningún momento apartó la mirada de la zona vip en donde el Mayor y el doctor desayunaban. Se levantó y les susurró a sus amigas que pasara lo que pasara no se quedaran en el refugio, algo que de verdad las confundió, más Isabel se fue de la cafetería antes de que pudieran preguntarle a que se refería.

La colombiana apenas salió de la cafetería presionó uno de los botones de su dispositivo haciendo volar una buena parte del edificio principal justo en la entrada, luego siguió activando las bombas que había colocado en los vehículos de la base y volando dos torres de vigilancia.

Corrió junto a todos los asustados refugiados hacia la salida, notando como unos metros atrás de ella iban Sofía y las demás junto a Chris y el Mayor James. Los cinco lograron salir del edificio justo cuando varios caminantes se colocaban entre los refugiados y comenzaban a morderlos.

Todo era caos.

Siguió explotando cosas, lanzando una granada hacia donde los militares solían reunirse, volando en pedazos no sólo al Coronel alemán sino también a buena parte de los militares del refugio.

Estaba por huir hacia el edificio de los animales cuando algo tiró de su cabello con fuerza hacia atrás. Soltó un gemido de dolor, en cualquier momento le arrancaría el cabello de la cabeza.

— ¡Debí saber que tu tenías algo que ver en todo esto! —Escupió con rabia Munch mientras tiraba con más fuerza del cabello de la castaña—. Esta me la vas a pagar mocosa ¡Mira lo que le has hecho a MI base de experimentación! —La lanzó con fuerza al suelo al tiempo que la pateaba haciéndola rodar unos centímetros. Poco le importaba que todo el lugar fuera un caos, ni mucho menos que caminantes atacaran a soldados y refugiados por igual, tampoco que varios refugiados estuvieran batallando con los militares en un intento por escapar del lugar.

Isabel levantó la cabeza algo aturdida, se llevó una mano a la cabeza sintiendo algo escurrir por su mejilla. Sangre. Se había cortado la ceja derecha con el filo de algo al ser lanzada al suelo. Ni se molestó en buscar con que se había cortado.

Observó todo el refugio, personas corrían de allí para acá, al igual que las balas surcaban el aire en todas direcciones. Sonrió con amargura y presionó otros dos botones más, produciendo nuevas detonaciones. La vieja base estaba casi por completo destruida, a lo lejos pudo ver como Gabriela y las demás corrían detrás del Mayor y del doctor. Escapaban de allí. Y es que ya no había nada más que hacer en el lugar.

Excepto llevarse a éste desgraciado al infierno.

— ¿Te digo algo? —Nuevamente agarró del cabello a la chica y susurró a su oído, saboreando cada palabra—. Yo mande a explotar el hospital donde estaba tu familia, no deseaba que el imbécil de tu padre le dijera a las autoridades que la cura del virus no estaba del todo preparada para humanos…— Isabel abrió los ojos a mas no poder y con rabia en todo su cuerpo le dio un cabezazo al hombre haciendo que la soltara.

—Eres un maldito. —Tomó su 9mm que tenía oculta en la chaqueta del uniforme y le disparó una y otra vez, hasta dejarlo como colador. No podía creer que este maldito lunático le haya quitado a su familia.

Una mano se posó en su hombro y estuvo a punto de dispararle, más otra mano desvió el arma.

—Isabel, ya basta. Ya acabo. — Aaron la observó preocupado—. Tenemos que irnos. —Isabel parpadeó, volviendo en sí y mirando a su alrededor, era verdad. Aun había soldados asesinado a cualquier refugiado que intentara escapar, más sus esfuerzos eran en vano.

Con un asentimiento se soltó del agarre del chico y corrió hacia donde estaba el edificio de animales. Pudo visualizar a Evelyn saliendo de la parte de atrás y disparando una flecha hacia ella. La flecha le rozó los cabellos y siguió de largo hasta atravesar el ojo de un desnutrido león que estaba a punto de atacarla.

Cuando miró hacia atrás vio que Aaron había ido hacia donde el Mayor James estaba a punto de irse con las chicas en un jeep. Le sonrió a modo de agradecimiento cuando ambos cruzaron miradas y siguió corriendo hacia donde estaba Evelyn esperándola. No había más espacio en el vehículo y para ser sincera no deseaba estar cerca de más personas por un tiempo.

Hasta que llegas. Menudo lio te has montado. —La escuchó decir y al verla de más cerca notó con impotencia que la argentina se encontraba bastante más delgada de lo normal, su cabello estaba descuidado y sus ropas ensangrentadas y sucias. A pesar que habían tenido una discusión antes de que ella desapareciera, la morocha parecía a verla olvidado o bien ya no estaba molesta con ella. Sea como sea, esos pensamientos salieron de su mente al ver como una bala se impactaba en la pared a centímetros de su posición.

Aléjate del vallado. —Le ordenó colocándose dentro del hoyo de la pared del edificio y activando la detonación de la bomba puesta en la valla, que a su vez provocó una reacción en cadena al activar las detonaciones de las viejas minas que rodeaban el lugar.

Ambas miraron emocionadas el camino libre que se abrió delante de ellas, se miraron y sonrieron para correr con todas sus fuerzas hacia su libertad. Ambas estaban cansadas y aun asi la emoción de ser libres pudo más que el cansancio y la adrenalina de apoderó de sus cuerpos.

Colmillo corría delante de ambas, mientras los tres evitaban a toda costa ser alcanzados por las balas. A penas vieron a unos metros delante de ellos los primeros árboles del bosque, no lo duraron y aceleraron el paso. Al cruzar la primera línea de árboles y estar ya lejos del alcance de las balas, siguieron corriendo sin importarles el cansancio de sus músculos o el ardor en sus pulmones.

Corrieron veinte minutos como mucho y debieron detenerse ya que la taquicardia de Isabel se estaba haciendo presente y no la dejaba mantener la carrera por mucho tiempo más.

Ambas se apoyaron en sus rodillas, intentando recuperar el aire perdido y sin poder evitarlo al chocar miradas comenzaron a reír, reír de la felicidad por ser libres, reír por toda la carrera hecha en su estado deplorable y sobre todo reír por lo descuidadas y rojas que ambas estaban.

Al recuperar el aliento, se irguieron por completo y voltearon hacia atrás, en donde a lo lejos se podía ver una columna de humo negro provenir del ahora destruido refugio. Colmillo resopló para captar la atención de ambas chicas, no necesitaron de palabras para entender que debían seguir alejándose por si llegaban a comenzar a cazar a los refugiados.

La castaña aseguró la bolsa con municiones, bombas de humo y unos walkie-talkie en su espalda y ató a su cadera un cinto con su arma enfundada.

¿Lista? —La pregunta de la mayor la hizo volver a prestar atención, ahora que la veía bien, los ojos de la chica estaban de un marrón claro casi blanco ¿Por qué rayos sus ojos se estaban descolorando? Iba a preguntar, más cerró su boca y asistió. Ahora no era momento de indagar por su estado, más tarde le preguntaría cuando ambas estuvieran lo suficientemente alejadas del lugar.

Ya con el aire recuperado los tres comenzaron a trotar lejos, ya que tanto el lobo como la mayor de las chicas presentaban un serio caso de desnutrición y si estaban de pie era por pura cabezonería. Pero seamos sinceros, nadie querría detenerse en su estado, teniendo en cuenta que si no seguían corriendo podrían volver a ser capturados y regresar a ese infierno.

Corrieron hasta que sus piernas no pudieron más.

Evelyn comenzó a sentirse mareada y su vista se nubló por completo, bajó su ritmo hasta quedarse atrás. Ya no pudiendo más se dejó vencer por el cansancio.

El ruido sordo de algo caer captó la atención de Colmillo, que miró hacia atrás y al notar desmayada a su compañera corrió hacia ella y empezó a gimotear intentó despertarla con sus lamidas. Isa observó hacia atrás y casi se le para el corazón al ver el cuerpo inconsciente de la morocha en la tierra.

Se acercó a ella y con algo de dificultad pasó un brazo sobre sus hombros y comenzó a cargarla siendo seguida por el enorme animal que no dejaba de estar atento a los alrededores.

No supo cuánto caminó llevando a cuestas a su amiga, pero supuso que horas pues ya estaba anocheciendo. Le costaba horrores seguir caminando y se le dificultaba respirar bien. Dos pasos dio y su visión estaba nublándose, cuatro pasos más y sus fuerzas se fueron. Un último paso y cayó inconsciente al suelo ya no pudiendo resistir más.

Colmillo Blanco gimoteó y caminaba ansioso alrededor de ambas jóvenes, no sabiendo que hacer.

El ruido de una rama quebrándose lo alertó y sin pensarlo se colocó delante de los cuerpos, su pelaje se erizó y gruño amenazante a la persona armada con dos katanas que salió de entre los árboles.

Lo último que se pudo ver fueron un par de pies envueltos en unas sandalias de madera detenerse delante del lobo que le mostraba los colmillos dispuesto a atacar si se acercaba a ese par de chicas que protegía, finalmente el ultimo rayo de luz se fue, dejando a la oscuridad de la noche reinar en el bosque…

Georgia - E.E.U.U. - martes 23 de agosto – 20:00 p.m. – 15 días para la expansión del virus en E.E.U.U. y el resto del mundo.

CONTINUARA…


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Lo sé, lo sé ya son meses sin actualizar y de verdad me disculpó por ello, pero no es lo mismo escribir un capitulo de 7000 palabras a hacer uno de 20000, por ello ya no publicó cada semana como lo hacía al principio ^^;

Además de que básicamente mi inspiración me abandonó y se fue de vacaciones a un crucero por el Caribe, condenada¬¬. Pero aunque me costó pude escribir el final de este capítulo que borre más de dos veces ya que no me convencía.

En el próximo capítulo veremos que les repara a las chicas y tendrán su primer encuentro con algunos de los miembros del grupo original de TWD.

Muchas, pero muchas gracias a todas esas personitas que se han tomado la molestia de leer y marcar en favoritos esta alocada historia y seguirla y muchas más gracias a aquellas que se toman la molestia de dejarme un reliew y hacerme saber su opinión sobre este fic, que le tengo mucho cariño por ser el primero *-*.

Muy feliz año nuevo (atrasado) a todos y nos leemos en el ¡próximo capítulo! si ustedes quieren, claro está :) .