Aclaraciones: «Pensamientos». Voz de Cordelia dentro de la cabeza de Ayato.
III. Enojado (¿realmente?)
Ayato Sakamaki volvió a mirar su cuerpo en el espejo del cuarto de baño, sus dedos tocaron el lugar que supuestamente tenía que estar marcado, ese pedazo de piel que fue rodeado por quién sabe qué cosa. No había nada, ni una pequeña mancha. Estaba limpio.
«¿Por qué no hay nada? Yo lo vi, tenía algo en la cintura», pensó mientras continuaba examinándose. Él no estaba loco, por lo tanto, no pudo haber imaginado nada, e incluso si ese hubiera sido el caso, Leila tampoco debió ser capaz de ver la "marca", ¿qué demonios ocurría?
Hace un día se había terminado su castigo en el calabozo, nada más oír la voz de su madre recordándole que tenía que ser el mejor de todos o de lo contrario no sería más su hijo, Ayato había asentido y caminado rápido hacia la cocina.
Mientras se atragantaba de emparedados y bolsas de sangre (ya que no tenía energía para cazar), se puso a pensar en todo lo que sucedió en el lago, trató de encontrarle una explicación lógica, pero no lo consiguió.
No se rindió, sin embargo, no lo hizo porque haya escuchado la voz estricta de Cordelia en su cabeza (El mejor Ayato, no puedes perder, tampoco desconocer ni la más mínima información), sino porque en esta ocasión se hallaba involucrado de primera mano, tenía una maldita marca roja en la piel, de un "animal" que aparentemente vivía dentro de las aguas del lago que pertenecía a su familia.
Además, a pesar de ser un vampiro, no le agradaban los caminos a los que estaba llegando mientras buscaba una respuesta.
Ayato no tenía ningún interés en dar pasos sobre tierras que lo llevarían a sitios donde los vampiros no son lo más fuerte e invencible.
Sin embargo, la respuesta nunca la descubrió debido a que ni en todos los libros sobre animales (clasificados por humanos) y criaturas del mundo del Makai que tenía la biblioteca de su familia, pudo encontrar a los "monstruos" del lago. A su vez, ¿cómo podría explicar el haber estado en los terrenos de su casa y al librarse de morir ahogado, estar en otro lugar completamente diferente? A esto, se le sumaba que al ir a ducharse después de pasar tres días enteros sin la posibilidad de bañarse, al estar por ponerse una camisa, notara que ya no tenía la "marca".
Por esta razón, después de otro día más se hallaba dentro del cuarto de baño, examinado su cuerpo entero por si volvía aparecer la "marca" u otra cosa por la que preocuparse.
El mayor de los trillizos prefería pensar que todo se lo imaginó después de perder la consciencia, y que su "amiga" al ver que no salía del agua decidió ir a salvarlo, desafortunadamente esta opción no era plausible porque Leila sabía que fue lo que vio él y además, fue ella la que le dijo sobre la "marca".
Y volviendo a pensar en Leila, Ayato no sabía qué sentir, no quería verla porque por culpa de ella casi murió ahogado (otra vez), más que las preocupaciones que tenía aumentaron, al punto de que el niño creía que en cualquier momento perdería la cabeza.
Todo chocaba con los sentimientos de calma que Leila le generaba cada que se veían. Antes de que ocurriera el incidente del lago, Leila lograba que Ayato se sintiera como cualquier otro niño.
Ella le daba la normalidad que Cordelia tanto le prohibía.
— ¿Y ahora, qué hago? —se preguntó en voz alta, antes de terminar de ponerse la camiseta y apoyar sus manos en el lavabo. Observó su reflejo por varios minutos hasta que una voz que conocía muy bien, lo asustó:
—Pues primeramente, volver a hablarme.
Ayato giró, sus ojos se encontraron con Leila, la niña estaba dentro de la bañera, y con sus manos libres de tierra o cualquier tipo de suciedad abrió la llave para el agua fría, ella no volvió a cerrarla hasta que el agua caía de ambos lados en el piso.
— ¡¿Qué demonios?! —gritó Ayato, sus mejillas se pintaron de rojo no solo porque quizá Leila lo haya visto semidesnudo, sino también porque pudo haber mirado una parte de él mismo que no le agradaba para nada que los demás supieran que existía—. ¿Desde cuándo estás aquí?, ¿cómo entraste? —exigió respuestas, pero la chica no se vio afectada por su tono mandón, como ella prefería llamarle, aunque el vampiro le haya recalcado tantas veces que ese tono era el de un líder.
—La ventana estaba abierta —respondió antes de sumergirse por completo en el agua, Ayato vio cómo el líquido claro se teñía de otro color más oscuro y asqueroso, además de también llenarse de insectos muertos y pedazos de ramas.
Confuso, se cuestionó cómo era posible eso si Leila estaba igual de impecable que siempre. En otra oportunidad cuestionaría o llegaría a una respuesta por sí solo, ya que en este momento tenía prioridades. Además de que quizá ese "sin sentido" tuviera relación con el hecho de que Ayato ya no creía que Leila fuera del todo humana (o solo tal vez imaginaba cosas por tanto estrés y preocupaciones).
—Estamos en el tercer piso, Leila.
—Ya no soy Leila, dime Danielle —el pelirrojo levantó una ceja con incredulidad, ella le estaba viendo la cara (de nuevo), a punto de abrir la boca para obligarla a contestarle, Danielle sacó solo su cabeza al aire, sonriente le dijo:
—Tengo mis métodos Ayato —para después sacar sus brazos de pronto, salpicando más agua por el piso y de paso buscando mojar las ropas del pelirrojo—. ¡Sorpresa, sorpresa! —cantó mientras continuaba agitando sus manos en el agua. El vampiro se alejó de la bañera para no tener que cambiarse de ropa otra vez.
No sabía el porqué, pero había tenido la más pequeña esperanza con respecto a Danielle, de que ella se disculparía y le diría todo lo que sabía, porque los amigos se ayudaban siempre ¿cierto?
Pero los amigos de verdad no te lanzan a un lago sin saber si sabes nadar ¿no?
Y a esa voz tan parecida a la de Cordelia, Ayato le replicaría con: «Tampoco las verdaderas madres lanzarían al lago a sus hijos que no saben nadar ¿verdad? Mucho menos se irían sin importarles si se ahogaban o no».
Quizá no eres el mejor después de todo, los mediocres no merecen cariño de nadie, «Cállate, cállate, cállate».
— ¿Sabes? No digas nada más, ya no me interesa —dijo enojado, no solo con Danielle sino que también con su madre, su debilidad y la situación en general—, solamente vete ya de una buena vez —le dio la espalda y abrió la puerta del cuarto de baño—, aún sigo enojado por tu tonta broma, por lo tanto, no tengo ganas de hablar contigo.
—No estás enojado Ayato —escuchó como la otra parecía salir de la tina—, no puedes molestarte, al menos no conmigo.
—Oh, ¿y qué te hace creer eso? —contestó agrio, aún sin darle la cara a Danielle y a punto de cerrarle la puerta en la cara a la "humana"(porque Danielle era extraña y él ya no podía dejarla solo como una corriente mortal).
Su "amiga" le hizo una broma pesada que por poco le costó la vida y lo dejó tres días encerrado sin comer (atrapado en la oscuridad de un calabozo), que además por culpa de esa bromita un "algo" lo marcó (y quién sabe qué demonios traería consigo eso), y por si no fuera poco, no le contaba todo lo que sabía sobre "esas cosas" (Ayato no era estúpido, ella definitivamente sabia la respuesta para que se terminara su angustia, pero prefería callar, ¿qué clase de amistad era esa?).
«Después de todo, ella ni siquiera me ha dicho su verdadero nombre», pensó Ayato con amargura.
—Porque Ayato, a nadie le gusta estar solo.
Danielle le dijo, Ayato sintió como si le hubieran dado un golpe en el estómago. Ella estaba detrás de él y recargó la cabeza en su espalda, mientras tomaba delicadamente las manos del niño, para que éste se liberara de su agarre si así lo quisiera.
—Tarde o temprano volverás al lago, me darás otro pescado y nos sentaremos a platicar de trivialidades —Danielle dejó de jugar con sus manos y lo abrazó desde atrás—, no te preocupes, yo esperare incluso mil años, mis amigos también lo harán, les has caído bien, así que no debes tenerles miedo.
Ayato se estremeció, Danielle decidió soltarlo, no la podía ver pero él sabía que ella le sonreía.
Una vez solo, Ayato Sakamaki fue directo a estudiar.
No tenía caso pensar en lo que haría después, era un caso perdido, porque él terminaría por regresar al lago y llevarle comida a Danielle.
Ella había dicho una verdad.
Ayato volvería porque no le gustaba estar solo, y Danielle le ofrecía "algo" que ni Cordelia o sus otros hermanos podrían darle, además necesitaba respuestas.
Excusas, excusas, excusas; se repetiría esa palabra millones de veces, por mucho que Ayato quisiera justificar sus acciones y decisiones, a fin de cuentas, incluso los vampiros (más los niños) se dejaban llevar por cosas tan ñoñas como la amistad.
¡Gracias por leer!
