Aclaraciones: «Pensamientos».


IV. Podrías tener lo que más quieres

Una piedra, dos piedras, tres piedras y probablemente llegaría a mil piedras si tuviera esa cantidad al alcance de las manos. Las piedras eran importantes para el mayor de los trillizos, porque lanzarlas al agua conseguía que olvidara por segundos toda la información almacenada en su cerebro, información que durante dos semanas iba extendiéndose y transformándose, una que no lo estaba llevando a ningún maldito lado, así que no le quedaba más que continuar cuestionando, o bien, hacer el idiota.

Quizá con un poco de presión y suerte pudiera encontrar un foco que no se fundiera tan pronto.

—Danielle, ¿recuerdas cuando invadiste propiedad privada y fuiste de mirona a verme en el baño?

La chica empezó a silbar, así que Ayato elevó el tono de su voz. «Esta vez no vas a escapar tan fácil».

—Pues sabes, el agua se ensució cuando te metiste a la tina, lo cual fue raro dado que en ese momento estabas igual de limpia que siempre —el vampiro arrojó más piedras cuando ella detuvo el silbido y asintió, esto era una buena señal—, ¿por qué ocurrió eso? Y no salgas con que has visto "algo" en el lago, ni sigas con tus tontos silbidos, ya lo has hecho más de cincuenta veces en menos de catorce días, más te vale contarle al grandioso yo la verdad o mínimo cambiar de táctica.

—Y querido Ayato, como en las anteriores veinte ocasiones, te digo que leas el libro que te di y uses esa gran cabezota con la que naciste —Danielle volvió a silbar y Ayato tiró más rocas en una mezcla de furia y frustración.

Habían transcurrido dos semanas desde el "percance", Ayato todavía era cauteloso alrededor de Danielle, ya lo aventó una vez al lago, no lo haría dos veces.

Los primeros dos días, Ayato evadió todos los intentos de la niña para llevarlo al lago, pero finalmente al tercero él se dejó guiar, debido a que su orgullo fue más grande que su temor y preocupación; mientras caminaron y recolectaron piedras y flores (porque según Danielle las flores se veían más bonitas flotando en el agua y a los peces como monstruos marinos les gustaban), el pelirrojo se estuvo diciendo a sí mismo que no había nada por lo que asustarse, además de que él era un vampiro, ¿por qué tendría que temer?

Aunque que Danielle fuese "algo" desconocido, hacía doler su estómago.

Terco, negó con la cabeza y lanzó otras dos piedras al agua.

Ella continuaba silbando y Ayato estaba a poco de perder la paciencia; tenía asco, enojo y más cosas que se revolvían dentro de él, sobre todo en su cráneo y que provocaban que sudara frío, mordiendo su labio inferior pensó: «Me importa un bledo lo que sea ella en realidad».

Sin embargo, aunque esas palabras resonaran dentro de su cabeza, se escuchaban tan bajas como susurros, lo suficientemente intranquilo, Ayato no quería catalogar de bueno o malo aquello. Debía centrarse, pero Danielle volvía tan complicado todo.

El mismo día que volvió al lago, a sentarse en la madera del puente y con dos metros separándolo de Danielle, ésta le había dado un libro como una especie de compensación, según Danielle encontraría la respuesta a todas sus dudas en aquellas hojas amarillentas escritas a mano.

Ayato leyó el contenido del libro y después de media hora lo lanzó, poco le falto al libro para terminar en el fondo del lago, debido a que la "solución" a todos sus problemas no eran más que relatos hechos por humanos, habladurías, leyendas, o como sea que lo llamaran los mortales a esos inventos creados solo para mantener controlados a los tontos (esos débiles que se aferraban a cualquier cosa con tal de evitar la angustia e inestabilidad).

—Lo que me diste no sirve —dejó de lado las pequeñas rocas, limpió sus manos en sus pantalones, se cruzó de brazos y frunció más el ceño. Tal parecía que hoy nuevamente no iría a ningún lado con su "querida amiga"—, solo son estúpidos cuentos sobre estúpidas criaturas sacadas de las mentes estúpidas de los humanos.

—Alguien se quedó sin sinónimos —ella puso su acostumbrada sonrisa que solo hacía que Ayato quisiera golpearla (lástima que tuviera prohibido pegarle a las niñas). Danielle, sentada en el borde del puente, balanceó sus pies de adelante para atrás—, esto se siente como los viejos tiempos.

El vampiro regresó la mirada a las aguas aparentemente calmadas y recordó, a Danielle siempre la "identificó" como la hija de uno de los empleados de la mansión, aquella con padres ocupados y que aburrida se iba a tratar de atrapar peces; fea, fastidiosa y de malos modales hasta los huesos, ella que desde un principio atrajo su atención con pláticas cortas sobre temas de interés para Ayato.

Curiosamente, la niña siempre supo exactamente que decir para retenerlo, incluso ahora, Danielle lo tenía atado a ella.

—Tan impaciente, es innecesario repetirlo una y otra vez cuando mis oídos son tuyos por completo, Ayato... ¿Sabes? Hay momento para todo y vaya, ahora puedes presumir de ser suertudo, porque ya es la hora.

El mayor de los trillizos tragó saliva y cerró con fuerza sus manos, al punto de encajar las uñas en sus palmas y sacar sangre. Con la mirada fija en el agua cristalina, vio la forma distorsionada de Danielle y como ésta se acercó para pasar un brazo sobre los hombros de él.

Ella solo lo estaba casi "abrazando", así que Ayato no entendía por qué se sentía tan nervioso.

—Felicidades Ayato, el que hayas visto el agua de la tina sucia significa que seremos amigos por siempre —antes de que Ayato empezara a replicar sobre lo absurdo y estúpido de la oración, y sobre que estaba harto de que Danielle le quisiera ver la cara de idiota, ésta continuó con un tono asquerosamente feliz—, las personas que son parecidas o iguales deben permanecer unidas ¿no? Y tú ya demostraste mirar lo que la mayoría no es capaz de ver, al igual que mis amigos, al igual que yo.

Ayato se deshizo del agarre de Danielle, se apartó lo suficiente del agua y lo hubiera hecho también de su "amiga" si no fuera porque ella lo tomó de la mano, no parecía enojada por su rechazo al abrazo, más bien sus ojos brillaban con diversión y con "algo" más que no supo identificar.

— ¿Tú?, ¿tus amigos?... Siempre los mencionas, pero nunca los he visto —ella estaba helada, también tenía los dedos llenos de tierra y raspones. El pelirrojo volvió a tragar saliva, ¿por qué las manos de Danielle se hallaban lastimadas cuando segundos antes se encontraban intactas?

—Sí, lo has hecho, los has mirado al igual que visitaste mi casa —con ganas de vomitar, Ayato concluyó que ella no lo dejaría olvidar el "incidente" del lago ni a los "monstruos"—, estás más pálido, ¿por fin lo aceptarás? Sé que no son amigos típicos, pero son amables conmigo, ¿te lo dije no? Les agradaste, así que también te tratarán bien —Danielle notó que el otro no dejaba de mirarle las manos y sus ojos se tornaron más alegres—, lo que sea que estás pensando, no es raro, ya lo mencione antes Ayato, puedes ver lo que otros no, al tener similitudes con aquello que no puede ser visto por ojos que se niegan a ver la verdad.

—Nada de lo que estás diciendo tiene sentido —«Más bien, ella carece de uno», más inquieto se soltó del agarre de Danielle, ¿con quién demonios se tuvo que meter? Quizá solo debió obedecer a su madre y enfocarse en estudiar, paso su mano por su cabello en un gesto nervioso, rio sin humor—, Danielle, me saca de quicio tu rareza.

—Gabriel —corrigió "la niña", nada afectada por el "insulto" de Ayato.

— ¿Qué? —cuestionó, cualquier sensación desagradable fue remplazada por la ira, otra vez, ¡otra vez "ella" cambiaba de tema y salía con un disparate!

—Eso, ahora soy Gabriel —"Ella" se encogió de hombros y soltó una risita.

—Es un nombre de chico.

— ¿Y?

—Eres una niña.

—Oh, cierto —dijo con nada de sorpresa—, pero sabes Ayato, las niñas pueden tener nombres de hombre y viceversa, también, ¿no has pensado que bien podría ser ambos o ninguno de los dos?

—Danielle, estás loca, ¡y francamente estoy cansado de que me trates como un tonto!

Molesto le empujó, caminó de un extremo del puente al otro mientras movía exageradamente sus brazos y hacía muecas, todo ante la atenta y entretenida mirada de Danielle, quien optó por sentarse con las piernas cruzadas y apoyar sus manos en la madera del puente; tal parecía que Ayato perdió la cautela.

— ¡¿Por qué demonios tuve que hablar con un fenómeno como tú?!, ¡no sé por qué continúo esperando respuestas de ti después de que casi muero por tu culpa!

—Gabriel, dime Gabriel cabeza de chorlito —el vampiro se puso aún más rojo por la ira e inverosímil del momento—. ¿Por qué yo soy la "persona" que carece de cordura?, ¿qué tal que de los dos tú eres el loco?, quizá aún estás encerrado muriéndote de hambre y alucinando conmigo, quizá en realidad te ahogaste y estás en una especie de más allá esperando el veredicto de Dios acompañado de otro muerto, no sé, existen tantas posibilidades que algo como la locura es totalmente irrelevante.

Gabriel de pronto tomó una de sus muñecas y lo obligó a sentarse con "ella", Ayato escondió el rostro en sus manos cuando se percató que "ella" había dejado de usar palabras que le identificaran como mujer. "Ella" realmente disfrutaba de jugar con él

— ¿Por qué estás tan desesperado? Respira, tranquilo, solo quise aligerar el ambiente, dado que parecía que en cualquier instante vomitarías.

—Dani-, Gabriel... ¿Por qué sigues sin decirme tu nombre real? —corrigió Ayato cuando "ella" hizo un puchero. En este punto el vampiro no estaba seguro de qué preguntar, ni mucho menos si se le contestaría directamente o siquiera se le daría una mirada de reconocimiento. Sin embargo, eso era mejor que quedarse perdido en el silencio.

Él solo necesitaba respuestas, y con una esperanza que no debería tener, esperaba que por fin su "amiga" se dignara a aclarar sus dudas.

—No todos le ponen un nombre a sus creaciones Ayato, algunas veces es más conveniente darlo a consideración de cada propósito en particular.

«Qué manera más extraña de decir las cosas», el pelirrojo soltó un largo suspiro en derrota y aunque le desagradara la reacción de su cuerpo, éste recibió gustoso las caricias en su cabeza que le brindaba Gabriel para reconfortarlo.

El conforte pasó a ser una sencilla tomada de manos, cuando Ayato cuestionó lo que no dejó de rondar por su mente incluso en sueños.

—Cuando caí, si no hubiera salido a la superficie... ¿Habrías ido por mí?

Gabriel dio un ligero apretón a sus dedos entrelazados y sonrió más suave.

—Ayato, yo no nací con el fin de matar niños.

Y por una razón quizás muy débil (estúpida, errónea), Ayato vio "algo" en los ojos de "ella" que le hizo creer, de esa forma en que hace tiempo no ocurría ni con sus hermanos, Karl Heinz o Cordelia.

—Eres algo cabezota, así que tuve que emplear una táctica directa y agresiva —"La niña" apoyó su cabeza en el hombro del vampiro, y mientras el pelirrojo veía sus manos, notó otra vez como las manos de "ella" ahora se hallaban más lastimadas y delgadas—, solo deseaba que vieras mi casa y a mis otros amigos, así cuando te propusiera mi idea estarías lo suficientemente claro para aceptarla o no.

— ¿Y cómo podría decir sí, cuando ni siquiera sé a dónde me llevaste, ni de dónde eres o si acaso tus padres trabajan con los míos?

Ayato se cuestionó si acaso Gabriel estaba haciendo algo más de lo que podía ver, ya que, de otro modo no se explicaba como los nervios, el miedo, la ira y la preocupación dieron paso a la calma. Ambos seguían muy cerca uno del otro, "ella" se volvió más gentil, dejando de lado su yo juguetón y burlón.

— ¿De dónde eres?, ¿acaso vienes del Makai?, ¿por qué no encontré nada de ti y tus amigos en los libros de mi familia?

—Existen lugares más allá del mundo de los humanos y del Makai; y Ayato, como siempre lo mencionó desde que nos conocemos, los vampiros no lo saben todo.

Explicó Gabriel sin romper el contacto con los ojos de Ayato, el negro manteniendo absorto al verde.

—En cuanto a mis padres, dudo que los tuyos sepan quiénes son, es más, ni yo lo sé con certeza, quién sabe en realidad, quizá el algo de arriba tuvo que ver con mi nacimiento o quizá el de abajo más bien, ¿o tal vez los dos?

«¿Qué quiere decir con eso?... ¿Qué es huérfana?» El mayor de los trillizos no sabía qué hacer con la reciente información. Las dudas, sin embargo, iban perdiendo voz cada que Gabriel se acercaba más a él, en esa clase de contacto familiar y que hasta ahora él no supo cuánto extrañaba estar así con alguien más.

—Aún no lo mencionas, pero sé que la "marca" que apareció por unos días en tu estómago aún te inquieta, esta no te hará nada, al igual que el hecho de que veas lo que los demás no, es una prueba, algo que solo aparece cuando eres como mis amigos, cuando eres compuesto por lo mismo que yo.

— ¿Por qué... Por qué siempre tienes que ser tan poco directa? —Ayato arrugó la nariz y Gabriel soltó una pequeña risa.

—Más importante, Ayato, ¿escucharás mi propuesta?

«Jugando de nuevo eh».

— ¿Tengo opción?

Gabriel, con sus ojos negros más brillantes y con una expresión demasiado alegre, dijo:

—Si existiera la posibilidad de que pudieras ir a un lugar donde te sintieras en casa, libre y feliz todo el tiempo, ¿irías? Más bien, si yo te pudiera llevar a ese lugar, ¿me acompañarías?

—No lo sé.

El buen ánimo de "ella" no disminuyo, en su lugar asintió con comprensión. En poco tiempo habían ocurrido tantas cosas de las cuales Ayato solo había obtenido en su mayoría respuestas vagas, misteriosas, pero no mentiras, o al menos eso creía él, ya que por muy confuso que fuera Gabriel para expresarse jamás se atrevió a engañarlo.

El vampiro apreciaba eso, al igual que todas las pláticas y esos momentos en los que ser el mejor no lo agobiaba, por lo que, francamente, no sabía qué decisión tomar.

Necesitaba tiempo, tanto para hallar una explicación a todo lo acontecido, como para no dejarse influir del todo en sus sentimientos, porque "ella" y su ofrecimiento continuaban siendo "algo" que no conocía, "algo" que probablemente si escogiera no habría vuelta atrás.

—Entiendo, no te preocupes, cuando sea el momento vendré por la respuesta, es una promesa —Gabriel se puso de pie y revolvió el cabello rojo de Ayato, el cual después enfurruñado se quitó los mechones que tapaban su vista y se levantó como el otro—. Mientras tanto, Ayato, reflexiona sobre todo lo que te dije hoy y por favor, que tu gran cabezota lea mejor el libro que te di.

Antes de que Ayato replicará sobre lo de "cabezota", Gabriel beso rápido una de sus mejillas.

—Con que irme...

Soltó al aire el vampiro una vez que "ella" se había ido en un parpadeo.

De camino a casa avanzó distraído a paso lento y con una de sus manos en donde Gabriel lo beso, aunque tardar más en ir a su habitación a estudiar probablemente le causara problemas con Cordelia.

«Irme, eh».


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