Aclaraciones: «Pensamientos».


VI. Todo lo malo que hagas se te regresará el triple

Ayato no estaba por ningún lado.

Casi grito, casi, porque mostrar su desesperación era una humillación. Cordelia se veía a sí misma mejor que Beatrix y por supuesto que Christa no le llegaba ni a los talones.

Por esto, mantuvo la compostura mientras el empleado que dejó como guardia de Ayato le dijo que éste desapareció. El sirviente había oído gritos horripilantes, de rodillas le explicó que él realmente luchó por abrir la puerta y ayudar al niño, pero esta no se abrió, y formando un nudo en el estómago a Cordelia, también le comentó que usar su habilidad de teletransportación fue imposible por alrededor de diez minutos. Por desgracia, cuando por fin pudo entrar, Ayato no se hallaba en la habitación.

Al principio Cordelia obligó al hombre a acompañarla hasta el sótano, caminó rápido para tratar de calmar su ira ante la incompetencia de la servidumbre y la rebeldía del niño, segura de que Ayato jugó otra de sus estúpidas bromas. Francamente, no entendía el que él no pudiera seguir sus indicaciones, ¿por qué tuvo que engendrar una cosa tan problemática?

Sin embargo, ese pensamiento cambió cuando en el piso del cuarto donde encerró a Ayato por mediocre, había un gran charco de sangre y restos de lo que pareció ser piel.

Su cabeza se volvió un lío y dentro de su pecho no había nada más que una mezcla caótica de horror, frustración y desesperación. Miedo, pero no miedo a perder al niño, sino a perder contra Beatrix y Christa (ya había desperdiciado demasiado tiempo educando a Ayato como para que éste se fuera así como así), pero sobre todo estaba atemorizada de ser una decepción para Karl Heinz.

Por lo que, sin poder quedarse quieta, después de ordenarle a varios empleados buscar por todo el territorio Sakamaki al mayor de los trillizos, Cordelia fue a la habitación de Ayato a tratar de encontrar cualquier tipo de pista que diera con su paradero. Ayato era un idiota y siempre anotaba sus planes en un cuaderno que ella le regaló por mejorar sus calificaciones el último año.

Y en medio de tanto material inútil, la atención de Cordelia quedó fija en un libro aparentemente viejo, un libro que le resultaba un poco familiar.

«Esto, esto es...».

Sujeto con más fuerza el libro con sus dedos. Cuando ella era apenas una adolescente, había escuchado y leído las mismas leyendas humanas escritas en las hojas amarillentas (que ahora no quería más que romper en millones de pedazos).

En esa época varios niños habían desaparecido, los padres de éstos también después de pocos días, las habladurías de la gente explicaban esto último por el gran dolor que implicaba vivir en el mismo sitio donde probablemente murió tu hijo; nunca supieron quién o quiénes fueron los responsables de tantas pérdidas.

Cordelia aún ahora no comprendía a los mortales y sus tontos apegos, sin embargo, las cosas actualmente eran distintas para ella porque estaba involucrada en el problema; conectó puntos, debió haber sido más cuidadosa con Ayato ante los hijos de sus empleados que también estaban perdidos (además de que algunos de esos mismos sirvientes habían sido encontrados muertos cerca del lago, ese que frecuentaba el mayor de los trillizos).

Ella no creía en estúpidas leyendas humanas, pero no tenía nada más con que trabajar.

—Maldición —masculló por lo bajo y se dirigió al puente de madera enfrente del lago, ese donde Laito y Kanato le señalaron que Ayato hablaba y jugaba con una niña, una niña que Cordelia era incapaz de ver. Eso había sido uno de sus motivos para ser más estricta, los hijos con problemas mentales eran inútiles, y tener otro más para remediar sus errores estaba fuera de cuestión.

Llegó y su esperanza de encontrar a Ayato fue sustituida por confusión, cuando a unos cuantos metros más adelante de ella se encontraba alguien de espaldas.

«Esa, ¡esa mocosa tiene que ser la culpable!», pensó cegada por la ira y porque ya habían transcurrido dos horas desde la desaparición de Ayato.

Antes de ir a por ella y exigirle que le dijera dónde demonios se hallaba Ayato, Cordelia jadeó de sorpresa, sus pies ya no tocaban las tablas de madera.

Con horror notó que era sujetada por brazos negros que salían de la espalda de la niña, brazos a los que de pronto les salieron dientes que se clavaron en su carne, la sangre brotó y se escurrió a lo largo de todo su vestido.

A punto de gritar, Cordelia casi vomito cuando uno de esos brazos se metió a su boca para evitar que pidiera ayuda; tembló y sus ojos se humedecieron por el sufrimiento, lo que sea que tenía entre los dientes emanó un líquido ácido que derritió su lengua (de manera dolorosamente lenta), el líquido aumentó en cantidad, la inmortal se desesperó más cuando este corrió por su garganta.

«No puedo morir, no puedo morir, ¡no puedo morir!».

Cordelia se removió asustada, primero trató de liberarse con su fuerza sobrehumana y después con la teletransportación (aunque no sabía a dónde ir y que podrían hacer para salvarla si sus órganos eran destruidos), pero ningún método funciono.

Cordelia lloró más fuerte, por la impotencia y al empezar a sentir como poco a poco su interior se hacía trizas.

La niña por fin le dio la cara, ésta estaba llena de heridas, moretones y sangre, sus ojos la miraban con odio (uno que Cordelia no entendió qué lo provocó); no pasó ni un segundo y la más pequeña se transformó en otra cosa.

En un monstruo de un solo ojo y colmillos, que a lo largo de toda su piel se encontraban cosidos rostros en agonía, los cuales soltaban chillidos y sangre sinfín.

Rostros que Cordelia aun y con su vista empañada por lágrimas, le parecieron terriblemente familiares.

—No llores, pronto te reunirás con tu hijo.

Cordelia tembló más y deseó que alguien viniera a rescatarla; con renuencia aceptó que Karl Heinz no vendría a por ella.

Era tarde, demasiado tarde, esa cosa había encajado los dientes de su boca en el rostro de Cordelia, y jaló, jaló tan fuerte como para arrancar de un tirón la cara de la vampira (esa cara por la cual la mujer sentía gran orgullo).

Gabriel volvió a su forma "humana" y arrastró el cuerpo inerte de la madre de Ayato hasta lanzarlo al agua.

—Ella ya estará para siempre contigo, espero ya seas feliz querido amigo.

Comentó, y sonrió cuando distinguió en el agua como un "monstruo" devoraba el cuerpo de Cordelia Sakamaki.


N/A. Se acabó, no es lo mejor que he escrito, pero estoy feliz de terminarlo. Aclaraciones por si quedan dudas:

Gabriel, Anna, Leila, Danielle, como prefieran llamarle (le diré Leila por escribirse en corto), es una especie de "algo" creado por otro "algo" (por el diablo, o Dios, o algo antiguo y más allá del hombre, como prefieran interpretarlo), que hace amistad con niños maltratados, debido a que Leila fue moldeada/o por el poder de ese "algo" + sentimientos solitarios, tristes y enojados que tienen los niños que son abusados; por lo que se siente más en sintonía con los niños que sufren violencia, así que se hace amigo/a de ellos, y poco a poco los convence de que irse con ella/él los hará felices.

Y sí, de cierta forma lo son, ya que se olvidan de sus preocupaciones y están siempre nadando, sintiéndose en paz. Leila usa el agua como un medio de conexión entre el mundo humano y el de ella/él. Una vez que los niños aceptan su invitación, ella/él los transforma, ellos dejan atrás su naturaleza original y cambian por completo para ser sus amigos por siempre (por esto, los "monstruos" que vio Ayato en el capítulo dos, le dijeron que él era como ellos). Aunque ya no tengan una forma "humana" ni puedan comunicarse como tal, Leila les habla, ellos le hablan, se entienden mutuamente.

Para finalizar, Leila va a por los padres malos de los niños y los mata, se queda con el rostro de estos como una especie de trofeo, y les deja el resto del cuerpo a los niños, especialmente el corazón, porque desde su punto de vista "retorcido", Leila cree que si los niños se comen el corazón de sus padres se sentirán amados y más cercanos a ellos; y sí, el monstruo del final que se come a Cordelia es Ayato.

Sin más, gracias a todas esas personas que leyeron esta cosa extraña hasta el final.