Diana se había ido.

¿Qué demonios acababa de pasar?

Le gustaba a Diana...

Le gustaba a Diana.

¡Le gustaba a Diana!

Pero Diana se había ido ya hace cinco minutos.

¡Maldición!

La chica corrió y apoyó las manos en el barandal, observando el horizonte, sin poder divisar a su compañera.

Joder, cuántas veces había fantaseado con este momento y acababa de arruinarlo todo.

"Esta mal que sienta esto"

"No te pido que correspondas mis sentimientos"

"No te puedo obligar a sentir algo que no sientes"

¡Pero Akko si lo sentía! ¡Joder!

Y lo único que había atinado a decir era el ridículo comentario señalando su sexo. ¿Qué demonios?

Y ahora Diana estaba volando a toda velocidad hacia su mansión. Y no volvería el siguiente año, porque tenía que e encargarse de los problemas de su familia, ya se lo había advertido antes.

Todo... ¿Realmente todo terminaría así?

Sintió algo frío recorrer su mejilla.

Estaba llorando.

- ¡Akko! ¿Estás aquí?

Del edificio se escuchó salir una voz familiar, a la vez que el rostro de su amiga con gafas se dejaba ver entre las cortinas.

- ¡Sucy! ¡La encontré! ¿Akko, qué hacías? Llevamos rato buscandot...

A pesar de que intentó secar sus lágrimas rápidamente, la otra se percató.

- Akko. ¿Estás llorando? ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño?

Pero Akko no atinó a responder.

De entre las cortinas se asomó la otra integrante del trío, que se acercó a ambas con gesto cansado en el rostro.

- Te dije que no las buscaras, Lott...

Tardó unos segundos en decucir.

- Akko. ¿Dónde está Diana?

Akko la miró, aguantando los sollozos y sintiendo como más lagrimas corrían por sus mejillas.

- Ya se... fue... - Balbuceó.

Lotte tenía gesto de no entender nada, y pregunto varias veces solo para ser pasada por alto.

Sucy por su parte, la miraba con fastidio, como si quisiera golpearla.

Y se limitó a decir una frase, antes de regresar a la fiesta.

- Entonces. ¿Qué haces tú aquí?

Los ojos de la castaña se abrieron como platos al escuchar el comentario. Se separó de Lotte, dando un par de saltitos en el mismo sitio con la mirada perdida.

- Puedo alcanzarla si voy volando... - Murmuró, más para sí misma que para su compañera.

- ¿Volando? ¿A quién? - Preguntó la chica de las gafas una vez más, y una vez más fue ignorada, pues hace unos segundos que su amiga había comenzado a correr al salón, a través de la multitud, como si su vida dependiera de ello.

Atravesó a la multitud, atravesó el instituto, llegó a su alcoba, busco su escoba, pateó la ventana.

Y voló.

Bueno...

"Voló"