Capítulo 4: Estrellas en el Cielo
Habían transcurrido algunos días desde el problema de la herida. Mikasa había pasado una semana en cama. Levi visitaba su dormitorio para curarla diariamente por la mañana y por la tarde. Además, le había estado llevando la comida a la cama. Mikasa insistía en que no era necesario estar tanto tiempo en reposo, pero Levi no le permitió levantarse. Había estado tomando la medicación para dormir todas las noches, por lo que las ojeras que Levi había visto los primeros días bajo los ojos de la muchacha ya no se encontraban allí. Estaba empezando a recuperarse poco a poco. Todo desde que comenzó a comer con normalidad y a asearse como era debido. Todo desde que llegó Levi. Él ejercía una extraña influencia en la chica que la empujaba a seguir luchando por su vida. Los cuidados de Levi eran tales que cuando ella se encontraba debilitada por la herida, tumbada sobre la cama, él procuraba su aseo. Después de cada cura, el hombre pasaba lentamente un paño mojado sobre el cuerpo semidesnudo de Mikasa, retirando las gotas de sudor que se agolpaban en la piel de esta tras las dolorosas curas. Mikasa no sentía ningún pudor frente a él. Se había acostumbrado a que Levi la viese solo con las vendas en el torso y unos pequeños shorts, con los que se encontraba más cómoda. Incluso se había familiarizado con el tacto de las manos de Levi sobre su piel. Se sentían muy cálidas.
Desde luego, ella había mejorado mucho los últimos días. Era obvio que seguía sufriendo por la muerte de Armin y Eren, pero por lo menos ahora no se sentía sola. Había comenzado a aceptar el hecho de que Levi estuviese a su lado. Había encontrado en él un apoyo fundamental ahora que no le quedaba ningún amigo. Ya no se cuestionaba tanto el porqué de la ayuda que este le brindaba, simplemente aprobaba esa situación.
En esos instantes, Levi se encontraba en el jardín de la entrada, arrancando las malas hierbas que brotaban alrededor de la casa. Era muy meticuloso en todo lo que a orden y limpieza se refería. Desde que llegó allí había dedicado todo su tiempo al cuidado de Mikasa y a la limpieza de la vivienda. Estaba concentrado en su tarea, de rodillas sobre la sucia tierra, cuando observó cómo unos pies se acercaban a él. Aquella chica era testaruda. Ya le había costado bastante mantenerla en cama durante esos días. Levi se levantó y se sacudió las rodillas, manchadas de polvo.
—Deberías estar guardando reposo—dijo Levi, cruzándose de brazos y enarcando una ceja.
—Estoy bien—aseguró la chica muy convencida—Estoy cansada de estar encerrada entre esas cuatro paredes.
Levi avanzó hasta la chica, acortando las distancias. Sus rostros estaban muy próximos ahora. Ambos se sostenían la mirada. Mikasa tenía unos ojos preciosos, o eso pensaba Levi. De repente él extendió la mano hasta la tripa de Mikasa. La tocó con suavidad. Mikasa se sorprendió. Levi le levantó la camiseta para descubrir el verdadero estado de sus heridas. Por una vez la chica tenía razón. Habían cicatrizado exitosamente. Todo gracias a las constantes curas de Levi. Pero este no aparto la mano del cuerpo de la chica de inmediato. Se quedó unos segundos acariciando el vientre de la muchacha. Mikasa seguía mirando al hombre de una forma intensa. Entonces Levi se percató de que aún no había separado su mano de aquella piel que ya no tendría que volver a tocar: las curas ya no iban a ser necesarias. Levi bajó la mano lentamente y se distanció de ella. Se dio la vuelta, y como si nada hubiera pasado, siguió con su labor, arreglando aquel jardín que rodeaba la casa.
Mikasa, algo confusa, se bajó la camiseta y entró dentro de la casa. Allí se apoyó de espaldas contra la pared del salón, descansando el peso de su cuerpo en ella. Cerró los ojos por unos segundos. Desde hace un par de días, había notado que la forma en la que sus pieles se rozaban era distinta. Al principio solo era algo necesario, para las curas; pero ella había advertido cómo Levi depositaba caricias silenciosas sobre su piel mientras atendía sus heridas. Era desconcertante para ella. Especialmente porque a Mikasa no le disgustaba. La forma en la que sutilmente tocaba su cuerpo, era algo nunca visto para ella. Es cierto que con Eren y Armin había tenido una relación muy cercana, pero para nada se asemejaba a la que ahora tenía con el capitán. Se sentían como dos iguales. No intercambiaban muchas palabras, pero tampoco era algo esencial para ellos. Su relación se basaba más en miradas, en gestos, en roces… Mikasa no había pasado antes por eso. Nadie le había tocado como él lo hacía, ni la había abrazado como él. Por eso estaba tan desorientada. No sabía las intenciones de Levi, ni las suyas propias.
¿Qué iba a pasar de ahora en adelante? ¿Iba él a quedarse para siempre viviendo en esa casa? ¿Qué clase de relación tenía con Levi? No eran amigos precisamente, eso estaba claro. Ni siquiera sabía cómo iban a invertir su tiempo, ahora que la legión no estaba, ni si debían pasarlo juntos o no. Tal vez debería hablarlo con él, o simplemente dejar que el tiempo le mostrase el propósito de aquel hombre.
Mikasa estaba muy inquieta en esos momentos. Pensar en todas esas cosas que aparentemente no tenían respuesta le daba dolor de cabeza. Decidió salir al bosque que estaba justo al lado del lago. Necesitaba desahogarse como solía hacerlo antes, entrenando. Subió a su habitación y cogió las cuchillas, que ahora estaban escondidas debajo de la cama. Una vez que las sostenía en la mano, bajo de nuevo, corriendo, las escaleras. Había pasado tanto tiempo descansando que ahora se encontraba con más energía que nunca. Salió por la puerta y a paso ligero se dirigió derecha al bosque.
Levi, que todavía se encontraba agazapado sobre las hierbas, observó como la chica iba desapareciendo de su vista, perdiéndose entre los árboles. No iba a ir detrás de ella. No era su niñera, maldita sea. Ahora que estaba recuperada, volvía a ser tan temeraria como antes. Estaba oscureciendo y no sabía lo que podría encontrarse en ese bosque. Animales salvajes solían frecuentar aquellos inexplorados páramos.
No pasaron ni diez minutos cuando Mikasa volvió a salir del bosque. Esta vez sosteniendo sobre su hombro lo que parecía el cuerpo de algún animal inmóvil. Acababa de recuperarse y ya se estaba sobreesforzando. Típico de Mikasa. La bestia que cargaba podría pesar más que ella. Se trataba de un jabalí salvaje, todavía sangrando, a causa del corte limpio que presentaba en el cuello. Matar a aquel animal había sido tarea fácil para ella. Cazar era la única forma de revivir las sensaciones que experimentaba cuando mataba a un titán.
Levi observó desde la lejanía esa imagen: la chica con la bestia a sus espaldas, dejando un caudaloso reguero de sangre a su paso, proveniente del cuello del animal. ¿Acaso Mikasa pretendía meter eso en la casa? Por esta clase de cosas era que la actitud de la chica le enervaba en ocasiones. No pensaba en la consecuencia directa de sus actos. Antaño, este hecho había provocado algún enfrentamiento entre ellos. De pronto Levi se levantó sin esfuerzo alguno y camino rápidamente hasta cerrarle el paso a la chica, antes de que consiguiera entrar en la vivienda. No permitiría que la sangre, que salía a borbotones de ese cuerpo, manchase la casa en la que había invertido tanto tiempo.
—No entrarás esa cosa dentro—dijo Levi con voz firme, colocándose justo delante de ella.
Mikasa estuvo a punto de reprocharle que aquella no era su casa para decidir sobre qué hacer o no en ese caso, pero debido al extraño encuentro que tuvieron hacía apenas unos minutos, prefirió no entrar en discusiones con él. Muy enojada, Mikasa tiró de su hombro el animal, impactando este violentamente contra el suelo. De forma muy brusca, Mikasa se hizo paso a través de la puerta, empujando a Levi que obstaculizaba esta tarea. La muchacha hizo desplazarse al hombre unos centímetros a la derecha, tras el fuerte codazo recibido.
Levi solo se quedó mirando fijamente aquel animal tendido a sus pies, pensando un buen rato. Tal vez Mikasa estaba molesta por esa extraña convivencia que estaba obligada a respetar. Él había jurado quedarse hasta que la chica estuviese recuperada. A nivel físico era más que obvio que ya había cumplido esa misión, pero dudaba que en un par de semanas hubiera olvidado lo ocurrido a sus amigos. Quizá fuera culpa de él mismo. Había impuesto a la chica esa situación, sin siquiera buscar su consentimiento. Y después estaba aquello… Ese extraño comportamiento que él tenía con ella: la mayoría de veces frío, excepto en ocasiones puntuales donde él se comportaba como un maldito acosador, acercándose a Mikasa sospechosamente y tocándola no se sabe por qué. Si él estaba confundido, no quería saber cómo se sentía la chica ante esa mezcla de emociones no expresadas. Levi se preguntó que debía hacer a partir de ahora. No podían vivir ignorándose todo el tiempo. Ahora era una necesidad hablar con ella para solucionar todo aquello. Sin embargo, ninguno de ellos era particularmente charlatán.
Mikasa había subido a la azotea, donde, reposando su espalda sobre la pared, sentada con las piernas flexionadas, se encontraba admirando el bello cielo nocturno. Estaba absorta en una especie de estupor, mirando las hermosas estrellas que decoraban la noche. Por su mente pasaban numerosas inquietudes, que se volvían pequeñas al compararse con la magnificencia del cielo que se cernía sobre ella. De pronto su enfado de desvaneció por completo. Solo era capaz de contemplar semejante belleza.
Al cabo de un rato, Levi, sin decir palabra, entró por la puerta que servía de acceso a esa azotea. Mikasa salió de su ensimismamiento al escuchar el chirriar de la puerta. No miró al hombre que entró por ella, simplemente siguió contemplando el horizonte. A Levi le pareció que albergaba en su rostro un gesto relajado, lo que le tranquilizó de algún modo. Sin esperar mucho más, Levi se sentó a su lado, adoptando la misma postura que Mikasa y solo a unos centímetros de ella.
Tras permanecer unos minutos callados en esa posición, Levi abrió la boca para intentar empezar esa esperada conversación, pero Mikasa se adelantó, abriendo ella el diálogo.
—Cuando yo era pequeña, solía vivir en una casa como esta ¿sabes?—dijo Mikasa con una pequeña sonrisa en los labios. Por primera vez ella se mostraba así de encantadora ante él. Levi se relajó, expectante ante esa nueva parte de ella, que estaba dispuesta a mostrarle. —Mi padre cazaba todos los días en el bosque. Mi madre cuidaba de la casa, del jardín, de mí…—Entonces Levi se compadeció de ella. Todavía recordaba cuando en el juicio de Eren se comentó aquel suceso. Ese donde unos traficantes de personas mataron a sus padres, y la secuestraron a ella, asesinando más tarde a uno de sus raptores junto a él chico titán.
Levi había vivido una vida llena de penurias y miseria, pero ella también compartía ese dolor. Cada día se daba cuenta de que eran más parecidos de lo que había pensado en un principio. Ahora solo podía limitarse a escucharla, con una mirada tierna y benévola.
—Cada día recuerdo menos sus caras…—el rostro de Mikasa se entristeció—Solo me acuerdo de cosas insignificantes… De la sopa que preparaba mi madre; del aroma que envolvía la casa cuando llovía, a tierra mojada; de las amapolas que mi madre plantaba debajo de la ventana…
Una lágrima se escapó de los ojos llorosos de Mikasa. Resbaló por su mejilla, hasta llegar a su barbilla. Sin embargó volvió a sacar a relucir la sutil sonrisa de antes. Se secó la lagrima con la manga de su camisa cuando se percató de la existencia de esta.
—Y sé que me pasará lo mismo con Eren y con Armin—Mikasa ahogaba un lamento en su garganta, intentando mantener la calma, y no derrumbarse de una forma tan estúpida. Ella era fuerte, pero últimamente las lágrimas escapaban más fácilmente de lo que hubiese querido—Acabaré olvidando sus rostros…
—No lo harás—alegó de forma tajante él. Mikasa, aún con los ojos llorosos, volteó a ver el rostro de Levi, muy sorprendida por la respuesta inmediata de este. Con los ojos muy abiertos Mikasa observó el rostro de Levi durante unos segundos. Mikasa, al contemplar el gesto de Levi, tan tranquilizador y comprensivo, se relajó, y fue capaz de dedicarle una pequeña sonrisa.
Entonces, ambos, al mismo tiempo, acercaron sus rostros poco a poco, hasta juntar sus frentes en un gesto de cariño. Ambos cerraron los ojos, compartiendo respiración; con sus pieles en contacto.
Tan solo debían ser así el uno con el otro durante el resto de sus vidas. Dejar atrás esa coraza, ya que ninguno suponía una amenaza para el otro, y ya lo habían demostrado.
Esa noche, se quedaron ambos en la azotea. Mikasa con la cabeza apoyada en el hombro de Levi, descansando, sin llegar a dormir. Aspirando el aroma el uno del otro. Sin ningún objetivo más que el apoyo mutuo. Nunca antes habían compartido un momento tan íntimo, pero no fue algo incómodo para ellos. Llegaron a la conclusión de que las diferencias que habían tenido durante el día, solo eran el preámbulo para estar así en ese momento, y esperaban que todas las noches que estuvieran por llegar fueran como esa. Simplemente rozándose las manos, envueltos en un suave abrazo, o uno con la cabeza apoyada sobre el pecho del otro. Ese sería el momento donde se reconfortarían el uno al otro, donde se olvidarían de todo lo demás y se limitarían a estar el uno con el otro.
Notas: Siento muchísimo no haber actualizado antes, pero como ya he manifestado en mi perfil, dispongo de muy poquito tiempo para escribir, y prefiero dedicarle más tiempo y que salga relativamente bien, a publicar más seguido y perder la esencia de la historia. Igual que siempre, os animo a que dejéis un comentario expresando que os ha parecido el capítulo. No me gustaría decepcionar a nadie, de verdad. Así que para no dejarme llevar, he hecho una especie de guión con los puntos clave que quiero incluir, y como quiero que sea el desenlace, para no salirme mucho de lo que en un principio quería hacer. Espero que esa estructura me ayude a concluir correctamente la historia, aunque todavía me quedan muchos capítulos en la recámara.
Un abrazo,
MKiller
