Capítulo 5: Amapolas

Conforme iban pasando los días, ambos se volvían más cercanos. Eso se veía reflejado en la rutina que habían acabado adoptando. Desde el día en que ambos compartieron aquel íntimo momento en la azotea, bajo la luz de las estrellas, la cosa había cambiado considerablemente.

La noche posterior a ese encuentro, ninguno de los dos conseguía descansar como era debido, anhelando algo que ninguno se atrevía a posibilitar. Mikasa dejó atrás aquellas imposiciones que no le dejaban obrar libremente, para por fin salir de su habitación en medio de la noche, buscando aquello que le haría conciliar el sueño. Una vez que estuvo parada enfrente de la puerta, en medio del pasillo, no se permitió a sí misma dudar ni un instante acerca de la decisión ya tomada. Sin previo aviso, abrió la puerta que la separaba del único hombre que después del trágico accidente lograba proporcionarle tranquilidad y seguridad.

Levi, por otro lado, se encontraba en el mismo estado que ella. Desde que la vio la noche anterior tan sincera y cautivadora, deseaba que ese momento en que sus respiraciones se mezclaban y sus corazones latían al unísono volviera a acontecer.

Cuando Mikasa abrió la puerta, Levi se encontraba incorporado en la cama, vestido únicamente con los pantalones que usaba a modo de pijama, tapado hasta la cintura. La estaba esperando. Ambos lo sabían y ambos lo necesitaban. Necesitaban esa serenidad que solo conseguían estando el uno al lado del otro. Se miraron intensamente, de una forma ávida. Mikasa poco a poco se fue acercando, hasta poder rozar con las piernas la cama. Levi se desplazó hasta el lateral de la cama, dejando a la chica espacio para poder tumbarse junto a él. A la vez, abrió los brazos, a modo de invitación, para que se recostase sobre su pecho. Mikasa lo hizo sin pensarlo dos veces.

Y así es como transcurrieron todas las noches a partir de ese momento. El uno junto al otro, Mikasa con la cabeza en el pecho de Levi, pudiendo escuchar el latido de su corazón. Era como un calmante para ella en los momentos en los que le invadía la angustia de no poder ver más aquellos rostros que en sueños le atormentaban. En ocasiones, Mikasa se despertaba sobresaltada por alguna pesadilla, pero enseguida se calmaba al sentir el contacto de su piel con la de aquel hombre. Para Levi era lo mismo. La respiración suave de Mikasa le traía vagos recuerdos de su niñez, cuando dormía junto a su madre. Pero esta estaba muerta, al igual que todas las personas a las que había amado en algún momento de su vida. Ahora solo le tenía a ella. Y ella solo le tenía a él.

A pesar de compartir el lecho durante todas esas noches, ni Levi ni Mikasa veían aquello de una forma sexual ni mucho menos. Era algo más fraternal, que solo buscaba reconfortarles a ambos, ya que cuando estaban juntos, no se sentían solos, ni se sentían desgraciados.

Cuando por la mañana, temprano, los primeros rayos de luz penetraban en el interior de la casa, Mikasa se despertaba. A continuación, extendía la palma de su mano, en busca del cuerpo de Levi, pero este nunca se encontraba a su lado en ese momento. Entonces Mikasa se levantaba y se aseaba rápidamente. Se vestía de una forma sencilla, con su típica camisa blanca y sus pantalones marrones. Bajaba hasta la cocina, donde al fin lo encontraba, tomándose un té en una de las tazas que él mismo había comprado en el mercado de la muralla. Salvo en ocasiones donde por más que buscaba Mikasa, Levi no aparecía ni dentro de la casa ni en los alrededores. En esas ocasiones, al cabo de las horas, lo veía llegar subido en la carreta por el intransitado camino. De vez en cuando hacía escapadas hasta el interior de los muros. A veces solo en busca de provisiones; otras, decía que eran con motivo de "sus asuntos", nada importante según él. Pero siempre estaba a la hora del almuerzo. Mikasa ni siquiera le preguntaba al respecto. Era preferible que cada uno tuviese su espacio, para que la convivencia no se volviera insoportable.

Pero normalmente Levi se quedaba junto a ella en esa casa. Él había concluido que era necesario buscar alguna distracción para la chica, que no tenía nada mejor que hacer que dejar pasar el tiempo tontamente. No había una mejor forma de entretener a Mikasa Ackerman que entrenando. Mikasa había pensado que ahora que no tendrían que volver luchar contra los titanes, era una completa estupidez, pero no podía negar que hacer deporte durante largas horas le ayudaba a olvidar, aunque fuese por un momento, las calamidades que se había visto obligada a vivir durante toda su vida. Correr, saltar, golpear, hacer abdominales… Todo eso le servía para abstraerse de la realidad. Salían por el bosque, en un principio simplemente haciendo footing, pero más tarde terminaban por competir inconscientemente por ver cual terminaba antes el recorrido fijado. Siempre pasaban por los mismos parajes; siempre los mismos paisajes, los mismos árboles. Ambos eran realmente rápidos. Sin embargo, el camino que acordaban transitar era muy extenso, por lo que pasaban horas y horas en el bosque; nunca bajaban el ritmo. Cuando Mikasa se aventajaba en la carrera, Levi se mofaba del espíritu competitivo de la chica, pero no cedía ante su provocación. Se encarnizaban en una lucha por liderar el paso. Levi juraba que cuando la chica lo adelantaba ligeramente, esta sonreía de medio lado, orgullosa. A Levi le alegraba verla de ese modo. Disfrutaba de cada uno de los gestos de la chica que se alejaran de la tristeza, de las lágrimas. Finalmente acababan con algunas flexiones, abdominales…; o incluso a veces de encaraban en una pelea cuerpo a cuerpo como las que solían protagonizar en el entrenamiento de la legión.

Mikasa trataba de cocinar la mayoría de las veces, ya que Levi se encargaba del resto de quehaceres del hogar. Ella intentaba recordar las lecciones de la madre de Eren, la señora Jaeger. Cuando compartía casa con los Jaeger, llegó a establecer una relación verdaderamente cercana con la madre de Eren. Esta siempre pretendía que Mikasa aprendiera a cocinar, a coser, a lavar la ropa… Era típico de las madres de la época querer criar a sus hijas para ser "buenas esposas". Pero ella quería ser libre y correr junto con los demás chicos. Aquellas tareas domésticas no estaban hechas para ella. Prefería, sin lugar a dudas, ensuciarse jugando en la calle con Eren y Armin. Sin embargo, ahora aplicaba esos conocimientos básicos sobre cocina. Las primeras veces que Levi dejó en sus manos la elaboración del almuerzo, el resultado dejó bastante que desear, pero él no era exigente respecto a eso. Mientras tuviesen algo que llevarse al estómago no había de que preocuparse.

Cuando llegaba la tarde, ambos se separaban. Levi solía encerrarse en su habitación. Se sentaba en el escritorio y leía algún libro. Era un apasionado de los ensayos literarios. Durante horas cultivaba su mente con diferentes escritos, acerca de la historia de los muros, o simplemente de algún tema médico, político o económico. Era importante tener conocimientos de todos los ámbitos.

Mikasa, por el contrario, se tumbaba en su habitación, mirando el techo. No sabía que debía hacer para ocupar su tiempo. Simplemente esperaba a que llegase la hora de cenar, perdiendo el tiempo de una manera estúpida. Era un grave problema el no encontrar algo a lo que dedicar su vida.

Cuando anochecía, cenaban juntos e intercambiaban alguna que otra frase, sin ninguna relevancia. Luego, subían a la azotea a admirar el cielo, como ya habían hecho en numerosas ocasiones o simplemente volvían a la cama.

Así se repetían los días, sin cambios significativos. Ambos disfrutaban de la compañía del otro, pero a veces se formulaban en su mente preguntas acerca de la extraña relación que tenían y como había cambiado esta en las últimas semanas.

….

Un día que Mikasa, como era habitual, había despertado hacia las siete de la mañana, no encontrando dentro de la casa a Levi, salió en su busca por las cercanías. Mikasa no hallando a nadie por los alrededores, esperó a que apareciese el carro en el horizonte, como solía pasar en esos casos. Esperó horas apoyada en la fachada de la casa, con la mirada puesta en aquel camino. Pero nadie aparecía. Nunca había tardado tanto en volver. Empezó a preguntarse por la seguridad de este, pero siendo Levi Ackerman, no había manera de que le hubiese pasado nada grave. Al fin y al cabo, seguía siendo el más fuerte de la humanidad.

Temía lo peor. ¿Y si la había abandonado? No era como si él fuese su amigo ni nada por el estilo. Tampoco estaba obligado a permanecer junto a ella para siempre, pero reconocía que perderlo a él también después de todo lo ocurrido causaría tal dolor, que no se creía capaz de superarlo. Temblaba al imaginar volver a estar sola. Las tardes que Levi estaba en su habitación a solas, y ella perdía el tiempo sola también, contaba los minutos para poder volver a dormir junto a aquel hombre. Pensaba en qué hubiera pasado si en vez de Levi, hubiese sido otra persona la que hubiese entrado en su casa aquella noche. ¿Hubiese sentido el mismo apego hacia otra persona que no fuera él? Porque era un hecho el que sentía algo por el hombre. Le había cogido cariño al hombrecillo. Le estaría eternamente agradecida por haberla salvado del abismo de la soledad. Y compartir tantas horas juntos había propiciado ese sentimiento que ahora hacía que Mikasa temiese por perderlo para siempre.

Cansada de esperar, subió al dormitorio de Levi y allí se tumbó en su cama, la misma que compartían todas las noches. Allí, bocabajo aspiró el aroma que ella identificaba como suyo, el de Levi. Disfrutó de la sensación de las sábanas rozándole las mejillas. Ahora la noche era el mejor momento del día para ella. No sabía por qué, pero por las noches ella dejaba de ser ella y todo lo que eso conllevaba para convertirse en otra persona. Una persona plenamente feliz, a la que no le importaba nada más que su propio bienestar… y Levi. Cada vez que notaba que pensaba más en Levi de lo que ella creía necesario, se obligaba a sí misma a recordar a Eren y Armin. Entonces drásticamente entristecía. Se sentía culpable. Debería estar pensando en ellos todo el tiempo. Se supone que esa iba a ser su penitencia. Pero por el contrario se encontraba allí, pensando únicamente en Levi. Se odiaba a si misma por ello. ¿Qué hubiera pensado Eren sobre que ahora estuviesen durmiendo juntos? No lo hubiese creído: que la fría y distante Mikasa permitiera esa situación.

No deseaba seguir dándole vueltas al asunto, ya que no quería acrecentar el desprecio que sentía hacia ella misma. No quería que allá donde estuviesen sus amigos, creyeran que había superado tan fácilmente sus muertes. Por eso cerró los ojos, y pensando que a su lado estaba Levi, como todas las noches (era la única forma que tenía de conciliar el sueño ahora), se durmió sin quererlo.

Unos ruidos hicieron que Mikasa se despertase. No había sido consciente del tiempo que había dormido. El sol comenzaba a ocultarse. Muy deprisa, Mikasa bajó para comprobar de dónde venían los ruidos. Esperaba que fuese Levi. En su mente iba preparando el discurso que iba a soltarle nada más verlo, reprochándole su tardanza. ¡Ni si quiera la había avisado!

Salió por la puerta de la casa muy rápidamente y la imagen que vio la dejó sin palabras: era Levi, con una pequeña pala en la mano, plantando amapolas bajo la ventana.

Mikasa le había comentado que su madre hacía lo mismo cuando ella era pequeña. Levi había ido muy lejos a buscar esas flores. Solo por ella. Había recorrido tantas horas de camino solo para sorprenderla con algo tan simple como eso. Quería hacerla feliz; era por eso por lo que ahora compartían casa.

Levi se percató de la presencia de Mikasa. Ya no podría sorprenderla de la manera que esperaba. Nada más ponerse de pie, no le dio tiempo a hacer nada. Mikasa se abalanzó sobre él y lo abrazó muy fuerte. Levi estaba muy asombrado por la reacción de la chica, pero enseguida devolvió el abrazó. Se alegraba mucho de verla tan emocionada. Mikasa no sabía cómo agradecerle ese gesto. Significaba mucho para ella.

Cuando se deshicieron del abrazo, Levi se fijó en que numerosas lágrimas resbalaban por la cara de Mikasa, pero aun así albergaba la mayor sonrisa que le había visto en la vida. Levi, muy conmovido, acercó su mano al rostro de Mikasa y le secó las lágrimas suavemente.

Aquella escena era digna de ver: los dos tan tiernos y conmovidos, a lo lejos la puesta de sol, las amapolas adornando el jardín bajo la ventana…

Mikasa al sentir el tacto de la mano de Levi sobre su rostro, ladeó su cabeza hacia el lado que estaba siendo acariciado, para que el contacto fuese mayor. Entonces envolvió con su propio mano la de Levi, y se ruborizó un poco. ¿Qué le estaba ocurriendo? Esto no era propio de ella. ¿O sí? Ella siempre había albergado un lado más dulce y tierno, solo que únicamente lo mostraba con Eren y Armin. Y ahora que ellos no estaban, Levi era el nuevo merecedor de esa faceta suya. Ya no se avergonzaba de mostrarse tan delicada delante de él.

Levi la encontró hermosa y la besó en la mejilla. Ambos entraron en la casa y cenaron juntos. No se dejaron de mirar profundo a los ojos ni un solo instante. Gozaron de la compañía del otro. Levi hizo algún que otro comentario sobre su viaje, lo que a mi Mikasa le pareció muy interesante.

Esa noche durmieron juntos como todos los días, solo que los brazos de Levi rodeando a Mikasa se sentían más firmes, pero a la vez más delicados. Durmieron profundo, deseando permanecer así por el resto de sus vidas.

Algo estaba cambiando en el interior de ambos. No se sabía cómo dos personas tan frías como eran ellos, habían conseguido enternecerse mutuamente hasta ese punto. No es que fuesen demasiado sensibleros cuando se encontraban juntos ni nada por el estilo; sino que ambos se rindieron en ese afán por mantener esa fachada fría e inexpresiva que tenían con el resto del mundo, para dar paso a lo que ambos deseaban en ese entonces: después de una vida llena de sufrimiento solo querían una vida llena de paz, para compensar todos esos años en los que no se habían permitido ser débiles.


Notas: Como siempre, agradeceros por vuestro apoyo, que es lo que más me motiva a seguir adelante con la historia. Espero que no os resulte dulce en exceso, porque tampoco es lo que busco con este fic. Quiero ser lo más fiel que pueda al carácter de los personajes, pero me es muy difícil ya que es una situación que no se ha dado ni en el manga ni en el anime, por lo que estoy escribiendo según mi criterio y mis propios gustos. Por favor, dejadme un comentario expresando vuestra opinión acerca del capítulo, porque los leo todos y los tengo muy en cuenta. Muchísimas gracias por dedicarle tiempo a mi historia.

Un abrazo,

MKiller