Título: Destino
Autora: MKiller
Fandom: Shingeki no Kyojin
Pairing: Mikasa/Levi
Disclaimer: Los derechos sobre los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen a mí, sino a su autor Hajime Isayama.
Capítulo 6: Eren
Era difícil, pero parecía que Mikasa poco a poco estaba superando aquel trágico accidente donde había olvidado el sentido de su propia vida. Gracias a los detalles y a la actitud que Levi tenía con ella, y a las noches donde se tranquilizaban mutuamente para alcanzar el sueño, ella estaba mejorando. Cada día pasaban más tiempo juntos; se habían vuelto inseparables. Cuando Levi tenía que viajar a la ciudad por cualquier asunto, le costaba alejarse de aquella chica, que se volvía cada vez más hermosa a sus ojos. Ahora las cosas estaban yendo como debían. Ya nunca discutían por cualquier nimiedad. Se escuchaban y se comprendían. Levi le ayudaba y le aconsejaba sin pedir nada a cambio; aunque ella a veces también le sorprendía, con una sonrisa, un gesto, una frase, etc.
Así transcurrieron semanas, hasta que de pronto Mikasa recayó. A pesar de que ella ya no tenía problemas para dormir a causa de la influencia que Levi ejercía sobre su cuerpo, una noche comenzó a temblar de forma alarmante. Levi se despertó en medio de la noche por la acción de la chica. Estaba empapada en sudor y se movía de forma nerviosa. Levi comprobó que aún estaba dormida. Intentó estrecharla más a su cuerpo para calmarla, pero Mikasa no cesaba de tiritar y proferir quejidos. Levi tocó la frente de la muchacha. Estaba ardiendo. Levi se asustó muchísimo. Intentó despertarla inmediatamente, pero la chica estaba demasiado agitada.
—¡Mikasa! —Levi sacudió a la chica de los hombros, intentando no ser muy brusco.
De repente, Mikasa abrió los ojos, jadeante todavía. Se encontraba muy desorientada. Comenzó a mover la cabeza, observando todo a su alrededor, intentando comprender la situación. Clavó sus ojos en Levi, quien la sostenía entre sus brazos, con el torso desnudo, incorporado sobre la cama. Sin previo aviso, la chica se deshizo del agarre y se levantó de la cama para, sin dar ninguna explicación, salir de la habitación a toda prisa.
Levi se preocupó aún más, si eso era posible. La había visto muy agobiada, y no paraba de preguntarse el porqué. En ellos era normal tener pesadillas casi diariamente, pero todo se arreglaba cuando el uno calmaba al otro con caricias, o susurraba "Estoy aquí" en el oído del que estuviese experimentando esos malos sueños que atormentaban sus apacibles noches. Sin duda este nuevo caso era más grave que cualquiera de los anteriores. Levi se centró en justificar lo ocurrido pensando que solo había sido otro incidente relacionado con estas, las pesadillas.
Levi decidió esperar unos minutos antes de salir en busca de Mikasa. Creía que era mejor darle su tiempo. Durante todos esos días que habían pasado juntos, él siempre intentaba no invadir su espacio en la medida de lo posible. Uno de los mayores miedos de Levi era incomodarla.
Cuando consideró oportuno, se levantó de la cama y se dirigió a la planta de abajo. No tardó mucho en encontrarla. Estaba en la cocina, sentada en una silla. Apoyaba los codos sobre la mesa que utilizaban para comer juntos, y a su vez apoyaba su cara sobre sus manos, de forma que era imposible vérsela por completo. Levi sintió algo de pena por ella. Parecía completamente superada. Él ya no sabía que más hacer por ella. Había intentado ayudarla de todas las formas posibles, e incluso se había dado cuenta de que sus métodos estaban funcionando: la mantenían distraída y le hacían ver que, a pesar de no tener a sus amigos con ella, todavía merecía la pena seguir viviendo. Sin embargo, esto era un claro síntoma de que con eso no era suficiente.
Levi seguía con sus teorías acerca de lo ocurrido cuando sin más, se acercó a la cocina con sigilo. Cogió dos de sus tazas favoritas y comenzó a preparar té, quedando a espaldas de la chica. Preparar té era algo muy característico de Levi. En sus días como sargento, utilizaba esta sustancia para aplacar los nervios, y se la ofrecía siempre a todo su escuadrón. Era muy común encontrarlos a todos disfrutando en el cuartel charlando y tomando té, siempre que no estaban ocupados con una nueva misión.
Una vez que la bebida estuvo preparada, la vertió lentamente en las tazas. Pese al ruido causado por Levi durante el proceso, Mikasa seguía en la misma posición. No se movía ni un ápice. Parecía estar metida en sí, sin caer en la cuenta de lo que sucedía a su alrededor.
De pronto Levi colocó su mano sobre el hombro de la chica, a lo que esta respondió con un sobresalto. No había sido consciente de la presencia de Levi hasta ahora. Algo le pasaba, y no sabía muy bien el qué. Levi, que sostenía una taza con la otra mano, se la ofreció con un gesto a Mikasa. Esta simplemente asintió, con una mirada triste y solitaria. Él cogió la otra taza y se sentó en el otro extremo de la mesa, quedando justo enfrente de ella.
Ambos comenzaron a saborear el té: ella cogía la taza por el asa con una mano, y con la otra, envolvía el contorno de la misma, con la mirada puesta solamente en el líquido negruzco, y bebiendo de forma lenta y silenciosa; por otra parte, él tenía los ojos puestos en la chica, mientras sostenía la taza con una mano y bebía de forma segura y elegante.
Sin dirigirse la palabra, tranquilamente tomaban el té, hasta que Levi rompió el silencio tras un largo tiempo.
—¿Pesadillas? —preguntó él, sin dejar de sorber.
Mikasa soltó la taza sobre la mesa, y levantó la cabeza hasta dejar a la vista aquellos ojos que tanto le empezaban a gustar a Levi. Estaba completamente desconcertada, y Levi tenía una expresión que reflejaba duda. Estaba ansioso por descubrir que era aquello que tanto atormentaba a la pelinegra. Mikasa asintió perpleja.
Ella se tocó de pronto la cabeza y comenzó a masajeársela, indicando que le dolía en exceso.
—Necesito hablar con alguien sobre esto… —Mikasa estaba hablando de una forma insegura y afectada, lo que era inusual tratándose de ella.
Levi se quedó muy sorprendido frente a esta declaración. No esperaba que fuera a abrirse con él de esa forma. Es cierto que cada vez conversaban más, pero eran contadas las veces que ella hablaba sobre sí misma o sobre sus sentimientos.
Él no pudo más que invitarla con su semblante a que prosiguiese, adoptando una postura más relajada para hacer sentir a la chica lo más cómoda posible.
—Últimamente siempre es el mismo sueño. Eren...
—¿Lo amabas? —cortó de forma tajante su confesión. Levi se arrepintió al instante de haber sido tan impulsivo. Era la primera vez que no había podido controlarse. Joder. ¿Qué le pasaba? ¿A qué venía esa estúpida pregunta? Ni siquiera sabía si quería conocer la respuesta. Era algo demasiado personal. ¿Qué iba a pensar Mikasa? Es cierto que, durante su estancia en el escuadrón, él había observado atentamente la relación que había entre ambos, pero los continuos desprecios que Eren tenía con ella le habían dejado claro que aquello era imposible. Sin embargo, ciertas conductas por parte de la chica lo confundían.
Mikasa abrió los ojos de forma exagerada. Estaba muy sorprendida por esa pregunta. Nunca jamás hubiera esperado que alguien se atreviese a formularle semejante cuestión, y menos Levi. No quería responder, no sabía responder. Él era su hermano. Su mundo giraba en torno a él. Solo él. Cualquiera en la legión podía saber eso. Era más que evidente, y ella no intentaba ocultarlo. Sabía que varios soldados cotilleaban a menudo sobre la relación tan extraña entre ambos, incluso llegando a pensar que estaban juntos; pero a ella le era indiferente. Sin embargo, esto era otra cosa.
Una vez hubo asimilado la chocante duda, se quedó pensativa durante unos segundos. Verdaderamente no sabía qué responder. Ella quería a Eren, al igual que a Armin. No obstante, nunca había reparado en si lo que sentía era algo romántico, o simplemente fraternal. No podía negar que durante cierto tiempo había creído estar enamorada de Eren; pero ahora estaba muy confusa. Y todo se debía en parte a la extraña relación que ahora tenía con Levi, y a los sentimientos que poco a poco afloraban entre ellos. Ella no era estúpida, y sabía perfectamente que ese hombre le iba agradando más y más. Sin embargo, eran unos sentimientos totalmente distintos a los que sentía por Eren. El amor que sentía por Eren estaba basado principalmente en la protección y en el bienestar de Eren. Pero, ¿en qué se diferenciaba de cualquier otra relación de hermanos? Siempre velaba por su seguridad, tal vez acrecentado también por la conducta tan temeraria del chico y por las extraordinarias habilidades de Mikasa en el combate. Era un amor puro, incondicional, que exigía el sacrificio como máxima prueba de este.
Por otro lado, con Levi era diferente. Entre ambos existía una atracción inexplicable. Se necesitaban. No era imprescindible demostrar nada, el simple hecho de estar cerca era más que suficiente. Sus pieles gritaban en silencio por tocarse. Era una especie de amor pasional. Dos personas unidas por el dolor, por el destino…
Entre ambos reinaba la confusión, pero ya era hora de ser sinceros consigo mismos y permitirse ahora lo que antaño no fue posible: ser felices. Aún si esa felicidad dependía de estar juntos.
Mikasa se sentía más confiada después de reflexionar sobre sus sentimientos. Aceptaría la realidad, aunque ello significase rendirse por una vez en la vida a sus más íntimos deseos. El rostro de Mikasa cambió por completo, y aun sin sonreír, desprendía felicidad.
—Levi—pronunció de manera dulce y tierna. Todavía se hacía raro escuchar como Mikasa pronunciaba su nombre, y más aún con esa tonalidad tan impropia— Eren era mi hermano—pronunció finalmente.
La expresión expectante de él por fin se relajó. No quería interrogarla más. Quería respetarla, y no inducirla a decir cosas que ella no quisiese. Se levantó de su silla y recogió las tazas de té, dispuesto a lavarlas. Así quedó de nuevo de espaldas a Mikasa, todavía sentada.
Mikasa sabía todas las cosas que Levi había hecho por ella. Jamás podría demostrarle cuán agradecida estaba. Pero a partir de ahora intentaría devolverle todo lo que él le había dado.
—Ahora estamos tú y yo— Mikasa estaba decidida a demostrarle que ella estaba preparada para seguir con aquello. Ella era feliz de aquella forma, conviviendo día a día con él, descubriéndose el uno al otro. Y no estaba dispuesta a seguir pensando que aquello suponía una traición hacia Eren. Ella lo llevaría por siempre en su corazón, él bien lo sabía, pero ella seguía viva.
A Levi se le dibujó una sonrisa en la cara. Comprendió por primera vez que ese sentimiento, todavía impensable para los dos, era mutuo. Ya no podían vivir el uno sin el otro.
—Él estará orgulloso de ti cuando lo superes—dijo Levi sin voltearse.
Mikasa entonces asintió y sonrió. Esa frase la había hecho muy feliz. Le agradaba ver como a pesar de todo, Levi respetaba esa inquietante fijación que ella guardaba hacia Eren. Levi no intentaba sustituir a Eren, tan solo quería salvarla. Lo demás le daba igual.
Mikasa volteó la cabeza hacia Levi. Recordaba como lo había tratado cuando ambos eran soldados. Se quedó absorta, con la mirada clavada en él. Levi llevaba el torso desnudo, y su musculatura llamaba la atención de la chica. Durante las noches, ambos dormían abrazados, y siempre sentía el trabajado cuerpo de Levi bajo ella. ¿Qué clase de pensamientos eran aquellos?
De repente, Levi terminó y se giró, descubriéndola con la vista puesta en él. Mikasa se sonrojó y bajó la cabeza rápidamente, desviando la mirada. Aquel gesto tan inocente por parte de Mikasa divirtió a Levi, pero también le conmovió. Eran dos personas adultas, no había necesidad de avergonzarse por esas cosas. Levi se preguntaba si ella también sentía lo mismo que él cuando veía o tocaba la piel de Mikasa.
A partir de ese momento, volvieron ambos a su habitación, retomando su rutina de siempre. Estaba claro que aquella pesadilla, que había quedado en el olvido, le había servido a Mikasa para aclarar sus sentimientos. Le agradeció interiormente a Eren por haber aparecido en su sueño, empujándola así a aceptar de una vez por todas lo inminente.
