Título: Destino
Autora: MKiller
Fandom: Shingeki no Kyojin
Pairing: Mikasa/Levi
Disclaimer: Los derechos sobre los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen a mí, sino a su autor Hajime Isayama.
Capítulo 7: Complicaciones
Todavía no se vislumbraba el sol en la lejanía, cuando Levi ya se disponía a partir hacia la ciudad. Se hizo con algunas provisiones en la cocina, antes de salir al exterior de la casa. Ató su pequeño saco a la silla de montar y emprendió rápidamente el viaje. Mikasa todavía dormía en la habitación. No era la primera vez que dejaba a la chica en la madrugada para visitar la ciudad, y tampoco sería la última.
Levi se sabía el camino a recorrer de memoria, por lo que no prestaba demasiada atención al paisaje o a dirigir al caballo. Su cabeza se encontraba en otra parte. Siempre tomaba ese tiempo para reflexionar o simplemente pensar en Mikasa. Al fin y al cabo, su vida giraba en torno a la chica. Intentaba imaginar como pasaría la chica el día en su ausencia. Él estaba completamente seguro de que a ella no le venía mal pasar un rato a solas. Incluso él a veces también necesitaba sus momentos de intimidad. Eran dos personas acostumbradas a la soledad, y aunque estaban llevando demasiado bien la convivencia, tampoco creía conveniente forzar las cosas. No quería abrumar a la chica con su permanente presencia dentro de la casa. Además, él tenía ciertos asuntos que tratar en la ciudad. Salir solo de vez en cuando a por provisiones o a encargarse de algunos menesteres de su pasado reciente, sin duda alguna, era lo más correcto.
Transcurridas dos horas de camino aproximadamente, ya se podía observar a lo lejos las murallas, en cuyo interior, se extendía la ciudad en cuestión. Después de haber estado todo ese tiempo galopando, el caballo ya mostraba signos de cansancio, por lo que, cuando Levi creyó oportuno, se bajó del mismo y siguió a pie tirando sin cesar de las riendas. Ya comenzaba a atisbarse el bullicio de la gente que frecuentaba el mercado del exterior de la muralla. Todo aquello era muy molesto para Levi: el ruido de las gentes, el olor, el desorden... Si comparaba esa escena con el preciado retiro que le aguardaba unos kilómetros atrás, se enorgullecía de haber tomado ciertas decisiones.
Cerca de la puerta, Levi aminoró el paso. La razón de la visita estaba cerca. Cruzó la puerta que delimitaba el interior y el exterior de la muralla. Siempre se le hacía difícil volver dentro de lo que un día fue una jaula para muchos. Simplemente con estar allí ya se sentía malhumorado.
Levi se acercó a un edificio que se encontraba a unos pocos metros de la gran puerta. Allí, un mozo se ofreció para llevar el caballo al establo. Levi colocó una moneda en la mano del chico y le cedió las riendas. Tenía que admitir que en cierta forma el dinero le preocupaba. Ellos llevaban una vida sencilla, pero con los honorarios que les había quedado a ambos por los servicios realizados, apenas les llegaba para pagar los impuestos que el gobierno les exigía. Cuando les cedieron las casas por ser "héroes de guerra" todo parecía idílico, pero en ningún momento se mencionó las numerosas contribuciones que debían abonar por ocupar un trozo de tierra fuera de las murallas. Era algo vergonzoso, pero el actual rey había aprovechado la caída de los titanes para declarar como suyo todo lo recuperado, todas las tierras, con sus recursos. Por eso todavía eran pocos los que se habían instaurado fuera de los muros, porque, si así lo decidían, tenían que pagar los cuantiosos impuestos por la tierra que reclamaba el rey. Esa nueva ley era un disparate. Había suficiente espacio para toda la población fuera de las murallas, pero la codicia y la ambición del gobierno no tenían parangón.
Levi se dirigió hacia la puerta principal. Esta se hallaba entreabierta. Pasó al interior del edificio, localizando la recepción, donde se encontró un hombre sentado en un escritorio, manejando papeleo. El hombre, de edad avanzada, y vestido con su usual bata blanca, reconoció a Levi al instante. Se saludaron mutuamente de forma fría y distante. El mayor se colocó delante de Levi, guiándolo por un estrecho y largo pasillo, todo recubierto de madera. Avanzaron unos cuantos metros, hasta llegar a una puerta. Entonces el primero se giró.
—Tuvimos que cambiarle de habitación. Últimamente las crisis son más habituales. Le pido encarecidamente que tenga precaución. Ya sabe lo impredecible que es ahora su "amigo". —Esta última palabra resonó en la cabeza de Levi. ¿Amigo? ¿Desde cuándo Erwin y él eran amigos?
Todavía recordaba la primera vez que fue a visitar al rubio, después de aquel fatídico día. Debido al grave estado mental del comandante, no hubo más remedio que internarlo en esa casa, que era utilizada como hospital psiquiátrico en la ciudad. Allí velaban por la seguridad del interno, ya que había sido calificado como "incapacitado".
Esta era una de las razones por las que dejaba con frecuencia su nuevo hogar. Levi visitaba al que un día fue su superior allí, en aquel psiquiátrico. Además, también se había encargado de resolver el papeleo que Erwin había dejado pendiente de la legión. No podía evitar sentirse culpable por el destino que había sufrido su comandante. Le apenaba la situación irreversible que ahora estaba condenado a vivir para siempre. Lo único que estaba en su mano era responder por él ante el gobierno. A Levi nunca le agradaron los asuntos administrativos, pero estaba claro que él era la persona adecuada para sustituir a Erwin en estos términos. Había tenido que asistir a un par de audiencias con Darius Zackly, jefe de las tres divisiones del ejército y comandante supremo. Todo esto era un verdadero dolor de cabeza para Levi, que jamás estuvo interesado en los negocios que Erwin establecía con distintos cargos de la presidencia.
Estos eran los "asuntos" a los que se refería Levi cada vez que Mikasa insistía en descubrir cuál era el paradero del muchacho cada vez que se alejaba de su lado. No es que quisiera ocultárselo, pero creía que era mejor no hablarle de la legión, no después de todo lo que había sucedido. Mikasa odiaba profundamente a Erwin. Lo culpaba de la suerte que corrieron tanto Eren como Armin. Levi no quería imaginar lo mal que le sentaría a Mikasa enterarse de esas frecuentes visitas. Definitivamente, herir a Mikasa no estaba entre sus planes. Y por ello, llevar esto con discreción resultaba la mejor opción.
Y allí se encontraba de nuevo, en aquel maldito manicomio. El doctor que le había informado sobre el cambio de habitación, se marchó de nuevo hacia su escritorio. Este sabía de sobra que Levi nunca permitía que el personal sanitario le acompañase dentro del dormitorio. Normalmente, este trato especial no se permitía en aquel centro, pero nadie osaba a llevarle la contraria al sargento, y si Erwin experimentaba otra de sus crisis, no existía mejor persona para aplacarlo que Levi.
Decidió esperar unos segundos frente a la puerta, solo para mentalizarse. Era realmente duro ver en aquellas condiciones a una persona que fue tan cercana a él en el pasado. Cuando se sintió preparado para enfrentar la situación, abrió la puerta con decisión. Su mirada inmediatamente se posó sobre el rubio. Nunca se hacía a verlo de aquella manera: incorporado sobre la cama, sujeto a esta por unas correas demasiado apretadas, con un brazo menos que de costumbre. Pero lo que más llamaba la atención era la desquiciante sonrisa que su rostro albergaba desde el día en que dejó de ser el comandante Erwin.
La relación entre ambos no empezó con buen pie, tal y como sucedió con Mikasa, pero Levi llegó a respetar a su comandante. Era un apoyo importante para Erwin en la legión. Es cierto que a veces no llegaba a comprender su conducta en algunos terrenos, pero era casi un mentor para él, y no le hubiera deseado ese destino jamás. Nada podía hacer ahora para revertir su estado. Los médicos le diagnosticaron neurosis de guerra. No era de extrañar que este mal asolara a los excombatientes, pero en Erwin había ido más allá de lo habitual. Experimentaba a menudo alucinaciones y brotes psicóticos, y no volvería a ser capaz de entablar una conversación que tuviera algo de sentido.
Absorto en aquella imagen, no se percató de que no era la única persona que había decidido visitarlo esa misma mañana. De repente alguien le colocó la mano sobre el hombro, sacando de aquel lapso a Levi. Reconoció al intruso: se trataba de Hanji. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que la vio. Y ahora se encontraba en aquella habitación, junto a él. Lo primero que llamó la atención del sorprendido fue el parche que ahora tapaba su ojo derecho, un recuerdo de la última expedición. Cuando se fijó mejor en su antigua compañera, se dio cuenta del cambió de forma que había vivido su cuerpo. Ya no estaba tan musculada como hacía un par de meses, y había ganado algo de peso. Pese a esto, se veía más saludable que de costumbre, y su cara contagiaba la paz que aquella mujer nunca logró transmitir. Tal vez la caída de los titanes había hecho madurar a aquella loca, o eso pensó Levi.
—Acompáñame afuera —fue lo único que dijo Hanji antes de salir de la habitación sin más.
Antes de salir de allí, y encaminado hacia el exterior, Levi se detuvo. Volteó la cabeza para mirarlo por última vez. Aquello era demasiado doloroso.
Una vez que ambos se encontraban en el pasillo, Hanji se recostó sobre la pared, apoyando todo su peso sobre su espalda. Entrecerró los ojos y dejó salir un suspiro de entre sus labios. De repente, metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, y sacó rápidamente un pergamino, lanzándolo hacia Levi.
—Tienes buenos reflejos—susurró de forma divertida, dibujándose en su cara una sonrisa de medio lado. Así, cerró por completo sus ojos, echando la cabeza hacia atrás, contra la pared. Ahora se mostraba agotada. Ella también había tenido que lidiar con interrogatorios y reuniones, como todos los demás.
Una vez con el misterioso pergamino en las manos, Levi lo observó. La expresión de su rostro había cambiado por completo, haciéndose más oscura, si eso era posible. Nada bueno podía contener aquella carta. Con movimientos lentos, intentando aparentar desinterés, como siempre, consiguió quitar el sello que cerraba el contenido del pergamino.
Antes de que pudiera terminar de leer por completo la carta, Hanji le interrumpió.
—La policía militar te reclama. No tienes elección. Ya sabes lo que ocurrirá si no aceptas— ahora Hanji estaba más seria que de costumbre. No bromeaba. Nunca podría bromear acerca de algo que podría tener consecuencias fatales para la persona por la que ambos habían recorrido tanto camino, Erwin.
La policía militar "ofrecía" a Levi un puesto entre sus oficiales.
Cuando los titanes cayeron, las tropas de reconocimiento y las tropas estacionarias habían desaparecido, ya no eran necesarias. Sin embargo, el rey había ordenado la permanencia de la policía militar, para controlar a la población y evitar posibles levantamientos, y llevar todos los asuntos administrativos del rey.
Le pagarían un buen sueldo, pero a cambio debería estar de lunes a viernes dentro de las murallas, en el cuartel de la policía militar. Cuando leyó esto último solo se le pasó por la cabeza un nombre: Mikasa. No podría volver al que ahora era su hogar; solo sábados y domingos. Mikasa ahora estaba sola, no podía dejarla tanto tiempo sin la compañía de nadie. No podía separarse de ella. No quería.
Si bien necesitaban el dinero, mandaría todo eso a la mierda solo para no alejarse de Mikasa por tanto tiempo.
No obstante, Levi sabía perfectamente a lo que Hanji se refería cuando decía que no tenía elección. Él era el soldado más fuerte de la humanidad, pero aun así no podría hacer nada si la policía militar decidiese ir a por él. Pero eso no es lo que más le preocupaba. La policía militar era la que se había encargado de buscarle el sanatorio a Erwin, y era la que pagaba su permanencia diaria. Si él se negaba a servirles, matarían sin ninguna duda a Erwin. Lo utilizarían para conseguir lo que desearan de Levi. Y por si no fuera poco esta amenaza, ahora tenía alguien más a quien proteger, y no iba a permitir ponerla en peligro bajo ninguna circunstancia. Esos cabrones eran peligrosos.
Su cabeza intentaba manejar toda esa información, que consiguió abrumarle de un momento para otro.
—He oído que ahora vives con ella —esas fueron las palabras que sacaron a Levi de sus pensamientos. Hanji seguía tan seria como antes— ¿Has pensado como vas explicarle todo esto?
Hanji había conseguido agravar mucho más sus preocupaciones. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? Por un momento, deseo que en el mundo solo existiesen él y Mikasa, para que nada ni nadie pudiese interrumpir su relación. Solo deseaba volver con ella en esos momentos, y olvidar todo a lo que tendría que hacer frente tarde o temprano.
Notas:
Lamento mucho la tardanza. Espero que disfruten del desarrollo de la historia. No duden en dejarme algún comentario.
Un abrazo, Mkiller.
