Título: Destino
Autora: MKiller
Fandom: Shingeki no Kyojin
Pairing: Mikasa/Levi
Disclaimer: Los derechos sobre los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen a mí, sino a su autor Hajime Isayama.
Capítulo 8: Distancia
Frustración e impotencia a partes iguales.
Estaba cansado. Cansado de que las cosas nunca saliesen como él deseaba. Siempre había sido así. Y siempre se había sobrepuesto a todos los golpes que la vida le había dado. Sin embargo, tenía la sensación de que cada vez dolía más que la anterior. Había soportado tanto… La vida nunca había sido justa con él. Ni con ella. Por eso, Levi sentía que ambos merecían felicidad, más que nadie en el mundo. Se había vuelto así de egoísta con el pasar del tiempo.
La policía militar se había metido en su camino hacia la felicidad. No era de extrañar. Levi era considerado un genio militar. No iban a desperdiciar esas prodigiosas habilidades ¿cómo? ¿permitiendo que el soldado más fuerte de la humanidad llevase una vida despreocupada? De ninguna manera. Se lo exigirían. Lo obligarían. Le amenazarían si era necesario. Pero Levi debía seguir siéndole útil al gobierno. De no ser así, sería considerado un enemigo del Estado.
El monótono galopar del caballo. El viento golpeando con fuerza su rostro. El sol remoto, ocultándose en el horizonte. Levi roto, intentando poner en orden su mundo interior.
A lo lejos, como un espejismo, su hogar. Eso era ahora su única felicidad. Y no quería renunciar a ella.
…
Levi abrió la puerta con cuidado, para hacer el menor ruido posible. No quería molestarla. Era más tarde de lo usual. Mikasa podría estar durmiendo. Sin embargo, descartó esa hipótesis cuando escuchó algunos sonidos provenientes de la cocina. Se quitó la chaqueta y la puso sobre una silla. Lo mismo hizo con el saco que le había servido para transportar los víveres, consumidos durante el camino. Observó la sala de estar por unos minutos. Sin duda alguna Mikasa había estado limpiando durante su ausencia. Levi era el que se ocupaba de esa tarea diaria, pues él mismo lo había decidido así. A Levi le encantaba limpiar. Conseguía abstraerse cuando lo hacía. Se relajaba. Y pensar que Mikasa estaba siendo contagiada por esa obsesiva manía suya por la limpieza le divertía mucho.
Decidió ir hacia la cocina, de la que se escapaba un delicioso aroma que no conseguía identificar, para descubrir qué se traía entre manos la muchacha. Levi logró dejar atrás por un instante todo lo que había vivido en su visita cuando por fin pudo ver el rostro de Mikasa.
La chica estaba concentrada en su tarea. Se encontraba de pie, junto al fuego, donde removía con una gran cuchara la cena que llenaría sus estómagos ese día. Levi se quedó observándola durante unos segundos, apoyado sobre el marco de la puerta. Se divertía ante la imagen de una Mikasa ama de casa. Quién hubiese imaginado aquello: la soldado de élite Mikasa Ackerman, conviviendo con él, como si de un matrimonio se tratase.
Los pensamientos negativos amenazaban con volver a su cabeza, aun cuando Levi se empeñaba en ignorarlos durante unos minutos. Decidió entonces avanzar hacia la chica de una vez por todas. Mikasa notó su presencia, y antes de que Levi pudiese sorprenderla por la espalda, esta se giró con una gran sonrisa en el rostro. Rebosaba felicidad. Y a Levi le partía el corazón tener que darle las malas noticias de un momento a otro.
—¡Por fin estás aquí! Estaba empezando a preocuparme— Mikasa se veía más animada de lo usual.
De pronto, sacó la cuchara del caldero, llena de aquella sopa brillante que había preparado con tanto esmero. La acercó hacia el rostro de Levi lentamente, invitándole a probar el resultado de su arduo trabajo.
A Levi le enterneció esa imagen. Casi no podía creer estar viviendo aquello. Mikasa sonrojada ante él, tan inocente como era, ofreciéndole de su propia mano una cucharada de la comida que ella misma había preparado para él. Pensó que, si los hombres del escuadrón que anteriormente temían a Mikasa por su serio semblante y su fuerza extraordinaria, hubieran estado en la situación que estaba él en esos momentos, hubiesen caído rendidos a los pies de la chica. Levi se sentía muy afortunado por ser él y no otro el que había conseguido ver ese lado de Mikasa Ackerman.
La muchacha, aún ruborizada, indicaba a Levi, sin palabras, que abriese la boca para que así este pudiese degustar el caldo. En otras circunstancias, Levi hubiese soltado algún comentario mordaz de los que le gustaban, analizando lo estúpido e infantil de la situación, pero era de Mikasa de quien estábamos hablando. No le quedó otra que abrir la boca como un bobo, prendado de la actitud de la muchacha.
Cuando se trataba de ella, todo lo demás no importaba. Era capaz de hacer cualquier cosa por ella, desde perder su preciado orgullo, hasta morir, si fuese necesario. Ya no imaginaba como podría ser su vida sin ella. Lo único que deseaba era repetir día tras día su rutina, siempre junto a ella, donde los estúpidos momentos como ese diesen sentido a su existencia.
Los sentimientos de Mikasa no eran diferentes. Levi era el hombre que la había obligado a seguir viviendo, y le agradecería eternamente el haberla salvado de aquella manera. Estando con él no sentía la necesidad de estar con nadie más. Él le aportaba la paz interior que Mikasa requería. Admitía que cuando se encontraban cerca el uno del otro los segundos volaban, y el reloj se detenía. Tampoco sabía si podría continuar con su vida si en algún momento Levi le dejase; era el único pilar sobre el que había podido reponerse de la muerte de sus seres queridos, y si este era destruido, caería con todas las consecuencias. A veces se preguntaba hasta donde llegaba esa dependencia que se había creado en menos de un año, y si a medida que pasase el tiempo se haría mayor, o si, por el contrario, dejaría de tenerla.
Mikasa había invertido toda la tarde en preparar la cena. Quería que esa noche fuese especial. Deseaba compartir un momento íntimo cenando tranquilamente, mientras que Levi le contaba sus aventuras por la ciudad. Aunque ella en una ocasión se prometió a sí misma no pisar nunca más el interior de las murallas, ya había hecho una excepción cuando Levi apareció por primera vez en su casa, saliendo un par de veces a comprar ciertos enseres. Así que en cierta forma no le importaba que Levi le contase sus peripecias en la ciudad. Le divertían las trivialidades que el hombre contaba a su regreso a casa. Se quedaba casi embobada escuchando sus anécdotas. En alguna ocasión se había sorprendido a sí misma admirando la oscura mirada de Levi. Esa mirada imponente, que para muchos reflejaba desagrado y para otros, indiferencia, para ella solo escondía tristeza.
Mikasa esperaba que esos pequeños detalles que se esforzaba por brindarle a Levi consiguiesen aportarle algo de dicha. Por esa razón había pasado toda la tarde frente al fuego, tratando de sacar adelante algo que no fuesen los insustanciales platos que usualmente preparaba.
Y allí se encontraba, de pie frente a Levi, intentando adivinar alguna clase de emoción en el rostro del muchacho. Sin embargo, no fue como ella esperaba. Levi estaba muy serio. Ella lo imitó por inercia y cambió su animada sonrisa por un semblante más rígido. En el fondo de su alma Mikasa esperaba algún comentario complaciente por su parte, aunque a decir verdad eso no era muy típico de Levi. ¿En que estaba pensando? Acababa de actuar como una niña boba frente a una persona como Levi, tan madura y formal. En realidad, ella antaño también fue así. Pero últimamente no se reconocía en sus actos. ¿Qué pensaría Levi de que ahora fuese tan cercana con él? Mikasa se arrepintió de haberse ilusionado tanto con el tema de la cena. Levi seguro se había incomodado con todo aquello. O al menos esa era la respuesta que Mikasa le daba al sentimiento que ocultaba el rostro del hombre.
—Mika-
—Discúlpame— cortó de repente Mikasa muy seria. Esta se giró de nuevo, soltando la cuchara sobre la encimera y apoyándose con ambas manos en esta.
Levi no entendía porque la chica se disculpaba en esos momentos, pero no quería postergar más aquello que sabía que tenía que comunicar de forma inmediata.
—Tengo que contarte algo— la pesadumbre se hacía evidente en las palabras que Levi apenas logró articular. Notaba un nudo en su garganta que intentaba enmudecerlo— Verás… me han ofrecido un puesto en la policía militar— Levi decidió ir al grano.
Mikasa estaba dándole la espalda a Levi, por lo que este no pudo apreciar la expresión tan exagerada de sorpresa que la chica adoptó al escuchar esas palabras.
—No he sido del todo sincero contigo. Todas esas visitas a la ciudad… — aquello estaba costando más de lo que pudiese haber imaginado. Se sentía realmente estúpido por no haberle confesado desde el primer día que empezó a visitar la ciudad los motivos de dichas citas— Erwin está realmente mal. Se ha vuelto jodidamente loco desde que… ya sabes. Tuve que hacerme cargo de todos sus asuntos. Y ahora esos cabrones me amenazan con hacerle daño si no acepto el trabajo.
Mikasa estaba en shock. No podía asimilar toda esa información que Levi había soltado en apenas unos segundos. Desde que se trasladó a esa casa, había vivido aislada de la realidad. Parecía haber olvidado que el mundo seguía funcionando, que las personas con las que antes se relacionaba seguían existiendo. Aquella casa era un refugio para ella. Y esa revelación había sido un jarro de agua fría sobre su estado actual.
Erwin… Con solo escuchar ese nombre sentía como la rabia comenzaba a brotar desde su interior. Lo odiaba. Nada le importaba que ahora estuviese enfermo. Le daba igual si moría. De hecho, una parte de ella deseaba que sufriese, para así pagar por todas las atrocidades cometidas durante sus años de liderazgo en la legión de reconocimiento. El rencor que sentía hacía él y hacía todo lo que representaba era indescriptible.
Y pensar que Levi había seguido en contacto con todo aquello que Mikasa despreciaba con toda su alma le confundía. No sabía muy bien que pensar acerca de ello. Estaba claro que ella no podía obligar al muchacho a compartir ese resentimiento, pero de alguna forma se sentía algo traicionada. ¿Por qué no se lo había dicho antes? ¿Acaso temía una mala reacción por su parte? Ella no pretendía ocupar por completo el tiempo de Levi. Sabía que él tenía su propia vida, aunque la de ella si dependiese por completo de la de él en su situación vigente.
Pese a todos estos sentimientos de rechazo que se acumularon en su mente, lo único que verdaderamente le preocupaba era ser una carga para Levi. No podía ser egoísta en estos momentos. Él había hecho muchos sacrificios por Mikasa, había cambiado por completo su modo de vida. En las palabras de Levi se podía apreciar la preocupación que sentía por Erwin. Y eso no podía pasarlo por alto. No podía detenerlo. Ella no era así. O al menos no quería serlo. Odiaba sentirse una niña malcriada, una obligación, una molestia. Levi era libre de hacer lo que considerase correcto, y ella lo entendía, aunque la situación no le resultase grata.
Por ello, la rabia dio paso a la tristeza. La tristeza de tener que separarse de Levi. Porque ella no era tonta, y sabía lo que implicaba aceptar un puesto en la policía militar. Sabía que tendría que trasladarse a la base militar de la ciudad. Dentro de los muros. Recordó entonces lo que se prometió a sí misma cuando liberaron a la humanidad de ese cautiverio impuesto. No volver jamás a confinarse dentro de aquellas murallas. Por ella, por Eren… Además, no quería tener nada que ver que ver con el escuadrón, con los líderes, con la policía. Ella había renegado de ese mundo.
Mikasa rompió entonces el silencio, tensando cada músculo de su cuerpo, porque lo que iba a decir en realidad iba en contra de lo que pensaba, en contra de lo que deseaba. Sin embargo, era lo correcto para él y ella lo respetaría.
—Deberías aceptarlo— Mikasa intentó sonar serena, pero a su alrededor creció un ahora sombría nada más pronunciar esas palabras. Decidió entonces retirarse. No se veía capaz de mirar a los ojos a Levi sin derramar una lágrima. Necesitaba estar sola y que su mente aceptase lo que su boca ya había declarado.
Levi estaba sorprendido. No sabía que esperar de Mikasa, pero desde luego no que le dijese que aceptase el trabajo. Suponía que así todo sería más fácil. Sin embargo, se sentía dolido por no haber escuchado otras palabras por parte de Mikasa, que indicasen que deseaba que permaneciese a su lado. Él sabía mejor que nadie que, al igual que él, no eran las personas más expresivas ni más charlatanas del mundo, pero anhelaba que la chica expresase con más sinceridad sus pensamientos y sus sentimientos. Aunque poco a poco ambos mejoraban en ese aspecto, la ausencia de Levi supondría un gran obstáculo en el desarrollo de su relación.
Lo único que sabía con seguridad ahora era que necesitaba relajarse. Estaba verdaderamente afectado. Y no había nada que lo calmase tanto como una ducha. Subió las escaleras y entró al baño. Se deshizo de su ropa con agilidad y entró en la ducha. El agua fría comenzó a resbalar por la cara del hombre, mojando al instante cada rincón de su cuerpo. Permaneció unos minutos inmóvil bajo el chorro de agua, escuchando el sonido del mismo contra su cabeza. Cuando creyó oportuno, comenzó su aseo, frotando el jabón contra su piel. Nunca se cansaba de repetir esa actividad. Le encantaba sentirse limpio, ya que, aunque lavase su cuerpo, de alguna forma también purgaba su mente.
Transcurrieron varios minutos hasta que por fin salió de la ducha. Se secó la cara con una toalla que allí se encontraba sobre la silla que utilizaban a modo de estante. Entonces se colocó la toalla para ocultar su desnudez. Se colocó frente al espejo y se concentró en el dibujo que reflejaba su cuerpo sobre este. Se observó a sí mismo. Su cuerpo trabajado llamaba la atención, sus abdominales bien marcados. Su atención se desvió hacía su rostro. Sus ojos finos, pequeños, de color verde oliva. Sus facciones ya no expresaban ese escepticismo tan característico en él. Ahora se veía más humano. Sus rasgos, endurecidos, reflejaban madurez y experiencia.
De pronto levantó su mano, dirigiéndola a su cabeza. Tomó un mechón de pelo y recordó como llevaba el cabello antaño. En la legión procuraba llevarlo corto, para que no le molestase en su rutina de entrenamiento con el equipo de maniobras tridimensionales. Acostumbraba a raparse las sienes y la nuca. Ahora lucía diferente. Su cabello caía por encima de sus hombros y le tapaba la nuca. Estaba más largo de lo habitual. Entonces cerró los ojos para recordar aquella etapa de su vida en la que solo vivía por y para la legión. Un suspiro se escapó de entre sus labios. No quería volver a ser un objeto del gobierno, ese héroe que todos admiraban.
Inesperadamente sintió unos brazos que le rodeaban desde atrás. Su cuerpo todavía estaba húmedo. Abrió los ojos lentamente y observó frente al espejo a Mikasa contra su espalda. El abrazo se deshizo rápidamente. Levi se giró de forma inmediata. Mikasa albergaba en su rostro una sonrisa triste. Incluso se atrevía a decir que tenía los ojos llorosos. Le mataba verla así.
Sin embargo, antes de que Levi pudiese intentar de alguna forma consolarla, Mikasa le indicó que se sentase en la silla que adornaba el baño. Levi no sabía el propósito de esto, pero aún así accedió sin articular palabra. Mikasa entonces se volteó y sacó unas tijeras de un cajón del pequeño armarito que había colgado en la pared. Colocó sus manos sobre los hombros de Levi, que ya se encontraba dócilmente sentado. Mikasa llevó sus manos al cabello del muchacho y lo masajeo durante un rato. Levi no pudo más que cerrar los ojos ante ese tacto tan placentero que ejercía la pelinegra sobre su cabeza. El tacto era exquisito.
—Te ha crecido bastante en este tiempo— dijo Mikasa casi susurrando en su oreja, mientras cogía un mechón de aquel cabello negro brillante— debes tenerlo más corto para tu nuevo trabajo.
Levi abrió los ojos ante esas palabras. Buscó frente al espejo que expresión transmitía Mikasa en ese instante. Una sonrisa sincera adornaba su rostro, a la vez que una solitaria lágrima recorría su camino por la piel de la chica. Levi experimento un sentimiento agridulce en esos momentos. Los gestos de Mikasa daban su aprobación respecto a lo de la policía militar. Sin embargo, esa lágrima tenía mucha más importancia para él. Significaba el "te necesito" el "no quiero que te vayas" que Levi deseaba por parte de Mikasa. Entonces las lágrimas también brotaron de sus ojos, lamentándose por lo complicado de la situación.
Ahora la distancia que los separaría intentaría echar por tierra todo lo vivido, pero juraba que haría que los momentos que estuviesen por llegar compensasen el tiempo que pasasen anhelándose el uno al otro.
Mikasa cortó mechón por mechón cada tramo de pelo que no se correspondiese a la imagen que daba en sus días como sargento.
Cuando terminó, Levi se levantó del asiento y se giró para ver el rostro de Mikasa de nuevo. Antes de que pudiese hacer nada, Mikasa besó sin previo aviso los labios de Levi, reafirmando lo inaplazable. El osado contacto fue breve y delicado, pero firme. El beso casto fue una manera de demostrar el afecto que sentía por Levi. Ni siquiera Mikasa había pensado mucho en ello, simplemente se rindió ante sus impulsos. Era la primera vez que besaba los labios de un hombre, pero aun así lo sentía como un acto de confianza, algo bello y puro.
Levi se quedó impactado. Era algo que él había deseado durante mucho tiempo, pero no podía creer que ella hubiese tomado la iniciativa. Muchas noches, se desvelaba con Mikasa entre sus brazos, plácidamente dormida, y había fantaseado con tomarla allí mismo, su cuerpo lo pedía a gritos, pero no haría nada si la chica no estaba dispuesta a ello. Incluso se asqueaba así mismo en ocasiones por tales pensamientos. Él era un hombre con sus necesidades, al fin y al cabo, pero la respetaba pese a todo. Levi tenía a Mikasa por una chica demasiado madura para su edad, pero no sabía hasta que punto podía avanzar en esa relación sin hacerla sentir incómoda. Por ello, se reprimía para no intimidarla.
Por ello, se limitó a corresponder ejerciendo cierta fuerza sobre los labios de la chica, cerrando los ojos bruscamente, como si ese contacto le quemase el alma de alguna manera. ¿Acaso Mikasa sabía el efecto que provocaba en él? Por supuesto que no. Si no, no habría sido capaz de invitarle de alguna manera a que aquello fuese más lejos. Dio gracias a los dioses por no dejar que su mente se rindiese a sus instintos, a esas voces que lo tentaban a tocarla, a besarla más profundo o a desnudarla.
Es cierto que Mikasa ya no estaba en el estado en el que la había encontrado aquella noche cuando entró a la fuerza en aquella casa, sumida en una depresión monumental, pero todavía no estaba recuperada del todo. El golpe de perder a sus seres queridos fue demasiado duro para ella. No quería aprovecharse de esa dependencia que él sabía que Mikasa tenía con él.
Solo el tiempo diría hasta donde llegaría esa relación, y como se adaptarían a su nueva situación.
Buenas,
Como siempre, lamento muchísimo la tardanza, pero la universidad me tiene agobiadísima y apenas tengo tiempo para escribir, y prefiero tardar más y que quede exactamente como me gustaría y planeo, a hacerlo deprisa y mal. Espero que os guste mucho como va avanzando la historia, ya sabéis que me encanta que dejéis comentarios para saber si os va gustando la historia y eso, así que os animo a que me escribáis la review siendo sinceros. Espero actualizar pronto porque las cosas se van encauzando hacía el esperado final, así que, ya nos leemos.
Un abrazo,
MKiller
