Shingeki No Kyojin es propiedad de Isayama Hajime.


Pairing:

BERTHOLDT X MARCO

JEAN/MARCO – REINER/MARCO

(Unilateral)


Advertencias:

Situaciones sexuales implícitas. Voyeurismo. Crack ship.


NOTAS DESPERDIGADAS


Ésta noche, junto a la bodega de almacenamiento. Cuándo las luces se apaguen.

-M.

La nota había sido sencilla, breve, contundente. Y sin embargo había bastado encenderle el cuerpo entero en emociones que durante mucho, creyó controladas, y cuándo llegó el momento adecuado, caminó a través de la oscuridad, sigiloso y audaz, hinchado en expectativas. Jean Kirschtein sonrió, anticipado, una vez más antes de surcar el campo de entrenamiento, desierto a esas horas de la madrugada y fijar rumbo a la bodega de almacenamiento.

Cuál sería su sorpresa al no hallarse a solas en aquel lugar. Alto y fornido adivinó a Reiner Braun de pie, en medio de la penumbra, cómo paralizado por alguna fuerza extraña. ¿Es que la nota había sido una puta broma? De inmediato se imaginó al cabrón de Eren riéndose, y aquello le enervó la sangre. A punto estaba de comenzar a gritar improperios, cuándo el primer sonido le alcanzó.

Y le dejó igual de paralizado que el propio Braun.

-¡M-Más despacio!—Susurró una voz desde la distancia. Conocía aquella voz, se dijo, con los colores subiéndole por el rostro a velocidades insanas. Claro que conocía aquel timbre dulce, casi tierno. Fue capaz de reconocerlo, descompuesto, roto, incluso a la distancia. –¡A-Ahí! ¡A-Ahí!

Era Marco, pensó Jean Kirschtein con el corazón roto y la entrepierna endurecida. Pero claro que era Marco aquel quién gemía con una dulzura única. Sólo él era capaz de encenderle así, sólo él era capaz de encontrar ternura dentro de sus funestas carnes de cabrón orgulloso. Su voz estaba distorsionada, distorsionada por la distancia y el placer, y él, él que se moría de amor por Bodt no pudo hacer otra cosa que acercarse, curioso, devastado y ansioso al sitio del encuentro pactado a través de una nota que ahora dudaba, hubiese sido escrita por Marco.

Reiner hizo una mueca al verle llegar. Penares compartidos, pensó Jean al situarse junto suyo. Estuvo a punto de hablar, pero Reiner le acalló con un gesto, con el índice sobre sus labios, suplicando silencio y unos ojos cargados en deseos reprimidos. – ¿También a ti?

Reiner asintió. Tenía el rostro crispado. –Sólo escucha, Jean.

Y Jean escuchó.

-B-Berth… B-Berth, más despacio... –Bien, jamás volvería a ver a Bertholdt igual. -¡M-más despa-ah! ¡Ngh! –Un sonido húmedo, acuoso se hizo presente, y Jean Kirschtein fue incapaz de no poner su mente a imaginar. Marco tendría el rostro sonrojado, sin lugar a dudas. Estaría perlado en sudor y posiblemente sus cejas estarían fruncidas, divinamente fruncidas bajo el aplastante peso del placer. Tendría que ser demasiado hipócrita para decir que jamás había utilizado a Marco para acariciarse luego de que las luces fuesen apagadas, así que no tuvo problema para volver a hacerlo. El calor estaba instado en su rostro, y el ardor de su sangre, que en esos instantes parecía llamearle a través de las venas y arterias de su humano cuerpo, comenzaba a hacerle respirar entre jadeos. Marco, pensó, repitió su nombre, quizás en su mente o quizás con su voz, no lo supo y francamente, no le importó. Sólo quería repetirse ese nombre hasta que se le olvidase el resto, hasta que la pasión desbordante hubiese sido satisfecha y su corazón roto, curado.

Cosa que jamás pasaría.

Había sido Bertholdt, pensó con cierta gracia. Aquel cabrón que tenía cara de inocente y que de tímido no tenía un carajo, les había hecho aquello, por supuesto. Debió de haberse dado cuenta de las miradas que regalaba a Marco, debió de haber sentido que no era el único deseando a Bodt.

-Marco... –La ronca voz que pronunció el precioso nombre por el que Jean se endurecía en los pantalones fue primitiva, ansiosa, y provocó un gemido de lo más dulce en respuesta. Marco comenzó a gimotear y Jean se sintió morir; morir por los celos insanos y por las arrebatadores deseos que tenía de echar un vistazo a aquel rostro pecoso muriéndose de placer.

-Necesito verlo –Masculló ahogadamente, más para sí mismo que para Reiner, quién le observó con sus ojos ambarinos, espantado de sus palabras –Y tú también, ¿no es cierto? Por eso sigues aquí. Por Marco, ¿o me equivoco?

Reiner era demasiado obvio en ocasiones. El rubio asintió y Jean se sintió satisfecho por haber adivinado –Entonces hagámoslo. Mirémosles, ¿qué más da? Es Marco, y es lo que el cabrón de Bertholdt quería dejándonos esas putas notas, ¿no?

Fue más de lo que ambos pudieron resistir.

Cómo un par de criminales, amparados bajo el manto de la oscuridad y escudados tras patéticas excusas, ambos se bebieron aquel acto con avidez. Marco, bajo el cuerpo de Bertholdt se convirtió sin saberlo en la droga favorita de ambos, y Bertholdt, embistiendo sin parar les regaló una mirada de satisfacción y una sonrisa burlona, que se acentúo sólo cuándo incorporó a Marco y le recargó contra su pecho mientras sus caderas se encargaban de seguir produciéndoles esos sonidos adictivos. Jean sintió ganas de matarlo en ese instante, mientras se consolaba con la imagen de ese bonito rostro corrompido por la lascivia.

Al final, Marco había sonreído con tanta ternura, con tanta dulzura ignorante de aquellos intrusos pares de ojos ávidos, que Jean fue incapaz de seguir mirando. –Vámonos –Demandó a Braun, a Braun que sonrojado y enfadado se limpiaba los retazos de un orgasmo culposo, casi que rabioso. Reiner obedeció a su exigencia y ambos se largaron antes de tener que escuchar a Marco decirle a ese bastardo de Fubar cuánto era que le amaba.

Cuándo ambos estuvieron lejos, muy lejos de ahí, se miraron. –Está de más decir que tu amigo es un cabrón, ¿no?

Reiner sonrió. –Un poco, sí.

-¿Desde cuándo?

-Me gusta Marco desde hace… bastante, diría yo. Supongo que fue la forma que Bertholdt escogió de vengarse por todas las veces que le hablaba de cómo pondría a Marco si acaso tuviese una oportunidad.

Menudo animal, pensó Kirschtein, malhumorado. Que bien, admitía que él también se había imaginado aquello infinidad de veces, pero… él quería a Marco por muchas más cosas que por el placer que seguramente le brindaría durante el sexo. Grandiosa diferencia entre él y el patán de Braun. –Ya.

Reiner suspiró –Supongo que por lo menos para mí se terminaron las charlas con Bertholdt antes de dormir. Marco era el protagonista de casi todas.

Jean no respondió –Dile al idiota de Bertholdt que si le hace daño, le cortaré las pelotas y haré que se las trague.

El rubio echó a reír –Creo que tendrás que hacer fila, en el desafortunado caso de que eso suceda.

Ante aquello, Jean Kirschtein sólo pudo mostrarse de acuerdo. Bien, pensó. Ya eran más manos que podrían joderse a Bertholdt en caso de que a aquella enorme garrocha humana se le pasara por la mente hacerle daño a su Marco. –Bien, me largo. Tengo que intentar dormir.

Siendo sincero, se dijo el cadete Kirschtein, dudaba seriamente que alguno de los dos lograse cerrar los ojos. Al menos, durante el resto de aquella madrugada.


Continuará.


Siendo sincera, siempre me han llamado la atención parejas bastante raras en el fandom de SnK. Una de ellas es la de Bertholdt x Marco, porqué siento que debajo de esa fachada de inocentón, Bertholdt puede ser todo un cabrón, y pues Marco… Marco es dulzura pura. Tiene a tres animales hambrientos detrás de sus pasos y ni cuenta se da.

Espero que sea de su agrado, muy pronto se viene una actualización masiva, en conjunto con una nueva sorpresa por la que estoy esforzándome al máximo.

¡Gracias por tanto amor y apoyo!

Les adoro profundamente.

Con cariño, Elisa.