FALSAS ESPERANZAS
2
Más allá del amor, el dolor
El calor del Doab apenas se siente en lo alto del cielo. Las Naves del Viento que los transportan parecen barcos con globos de aire caliente en vez de velas, pero cualquier miembro de la Fuerza Aérea Real lo golpearía si le oía decir eso. Applewood siente que si estira el casco, puede tocar las nubes, y también siente que ese aire tan puro lo embriaga más que cualquiera de las botellas de alcohol que usó para olvidar a Pear Butter. Justo lo que necesita.
—¡Buenos días, Enforcers! —grita alegre un joven grifo de la Legión Extranjera de Equestria, un grifo de cabeza verde, con el cuerpo negro y el pico anaranjado, de nombre Kennos— ¡Amanece en el Doab y en este momento vamos a Karkemish!
Son al menos cinco Naves del Viento que están sobrevolando la selva, la mayoría de ellas son de pequeño tamaño, pero hay dos que son bastante grandes, y están llevando a la mitad del equipo hacia la ciudad rebelde. La otra mitad está siendo transportada por el río.
"Pear Butter".
Ingresó al ejército para olvidar. Varias veces sus compañeros le habían dicho que lo tenía todo, pero sus riquezas eran arena si no tenía a Pear Butter a su lado. Lo peor fue que no podía hacer nada para pelear por ella.
Fue un poni terrestre sucio, con un traje roto y manchado por el barro, el que llegó a Sweet Apple Acres. Literalmente parecía un indigente. Pasó corriendo, levantando las nubes de polvo, hacia la casa donde la rama de Ponyville de los Apple vivía. Afuera pudo ver a la Tía Smith alimentando a las gallinas, quienes salieron corriendo en todas las direcciones en cuando pasó Applewood, y la propia yegua no sabía cómo reaccionar ante la imprevista visita.
—¡Tía Smith! —gritó Applewood, y sentía en sus propios ojos las lágrimas que querían correr desde ahí— ¡Tía Smith!
"Debí parecer un imbécil".
—A-Applewood —murmuró ella, con los ojos abiertos como platos—. T-tú no deberías estar aquí.
"Pensaba que sólo me decían eso porque me odiaban".
—¿Dónde está Grand Pear? —preguntó tratando de contenerse— ¿Dónde está Pear Butter?
—Aquí estoy, Wood —oyó la dulce voz de su amada, cargada de temor y tristeza.
"Debí adivinarlo todo en ese momento".
Su amada Pear Butter no usaba su nombre real porque respetaba la decisión que tomó de cambiarse el nombre. La vio de pie, en la entrada de la casa Apple, mirándolo con temor. Estaba asustada de él.
"En el fondo igual me veía como un salvaje. Rayos, todos tienen razón, sólo soy una bestia de guerra".
—Pear Butter, ¿Qué haces aquí? ¿Y tu padre? —preguntó intentando calmarse.
—Por favor, no te enojes, Wood —le pidió ella.
"Al igual que mi familia, era un animal para ti".
—Sólo quiero entender lo que está pasando.
—Mi..., mi padre se fue a Vanhoover —dijo ella, y sus ojos comenzaron a soltar lágrimas que él quiso ir a secar. Pero alguien se le adelantó.
Bright Macintosh apareció a su lado, y la abrazó. Ella correspondió, y lloró sobre su hombro mientras él la consolaba. Applewood comenzó a sentir algo horrible, como si su estómago estuviera lleno de piedras y su garganta le sabía a veneno. De pronto sus peores pesadillas se estaban haciendo realidad..., no, era peor que sus pesadillas, pues ni sus peores horrores eran tan crueles con él.
"En ese momento debí haberme marchado".
Bright Macintosh, aquel que se volvió su mayor rival, querido por toda su familia, querido por todos, con unos talentos increíbles que él también tenía pero que nadie quería reconocer. No podía estarle quitando a su amada...
"Debí marchar..."
Le contaron una historia de terror que comenzaba desde que ambos eran bebés, hasta que crecieron. De una boda en plena noche donde ella tuvo que escoger entre su esposo y su padre, y escogió al primero. Amor ilimitado había en cada palabra, en cada mirada...
"¡No debía estar allí!"
Los vio mirarse a los ojos, y esa fue la puñalada definitiva. De pronto se sintió más miserable que el barro pegado a sus herraduras. Sintió que toda su fortuna, todo el esfuerzo que aplicó sobre las granjas del Mundo Conocido, todo eso fue perder el tiempo.
Había llegado demasiado tarde.
—No, no, no —"Qué patético me vi en ese momento"—. Es imposible, yo venía..., yo venía a pedir tu casco.
—Wood, por favor, cálmate —pidió ella aterrada.
"¡Por qué todos querían que me calmara! ¡Por qué todos me ven como un salvaje! ¡Al final fuiste igual que mi familia, nunca te importé en realidad!"
—Pear Butter, conmigo no te faltará nada —dijo él, con una voz que el dolor volvía apenas audible—. Ven conmigo, por favor.
"Rogándole como una rata".
—¡¿Cómo te atreves?! —le gritó molesto Bright Macintosh, pero Pear Butter lo detuvo.
—Yo amo a Bright Mac —oírla decir eso fue como recibir una puñalada en el costado—. Wood..., para mí siempre fuiste un amigo —eso para él fue como recibir todo un hachazo en el lomo.
"Maldición".
—No puedes hablar en serio —dijo intentando no llorar, pero estaba seguro de que varias lágrimas se le escaparon.
—¡Por favor, Wood, entiende! —gritó ella llorando—. Estoy casada con Bright Mac, lo amo a él. No lo hagas más difícil.
"Y además esperabas un hijo de él".
Kennos y otros grifos de la Legión Extranjera encienden una radio y colocan We Will Rock You de Queen en una victrola. Los pegasos de la Fuerza Aérea los miran con disgusto, pero los pegasos de los regimientos auxiliares, mas pequeños, disfrutan la canción e incluso la cantan, estando más cercanos a los grifos que a los otros ponis, y Applewood puede asegurar que incluso pelean como ellos. O más bien, pelean como leones y águilas.
En el ejército se ha sentido tranquilo, pero no ha conseguido olvidarla, y sabe que posiblemente nunca lo hará.
"¿Por qué los tigres aún no me asesinan? Ya han acabado con tantos otros ponis, no sé por qué nunca me cazan".
Después de aquellas palabras de Pear Butter, no dijo nada y se marchó. Su padre lo encontró a mitad de camino, frente a unos frenos cargados de negros cuervos, y la carrera también había roto su traje. Lo vio tan harapiento y sucio como cuando lo conoció por primera vez, y cruzaron una mirada cargada de significado, y Applewood se echó a llorar, mientras su padre trataba de abrazarlo y tranquilizarlo.
"Mi pobre padre".
—Llora, hijo mío, no hay vergüenza en eso si es por amor —le dijo él.
—¡Me esforcé tanto por ella! —gritó desesperado— ¿De qué sirvió?
—Lo siento tanto, hijo mío —lloró su padre también—. Lo siento tanto.
"Fui un pésimo hijo para ti, padre. Pero..., estaba tan dolido".
Lo primero que hizo al marcharse de Ponyville fue dividir su imperio en una gran cantidad de empresas manejadas por quienes eran antiguamente sus capataces. Oyó que todos sus trabajadores, amigos suyos, sufrieron por su partida y trataron de convencerlo de lo contrario, pero no pudieron. Ya no le veía sentido a controlar todo ese imperio si Pear Butter no lo amaba ni se casaría con él.
A su padre le ofreció quedarse con una gran cantidad de las acciones de todas las empresas, pero el anciano unicornio se negó. Por primera vez, le pareció verlo como un anciano agotado, como si los años lo hubiesen golpeado de pronto.
—No lo hagas, hijo —le pidió asustado, casi rogándole de rodillas—. No desperdicies tu vida.
—¿Y qué me queda? —dijo deprimido—. Pear Butter fue todo lo que soñé en la vida, sin ella ¿Qué objetivo tiene seguir esforzándose?
—Debes hallar un nuevo objetivo, hijo mío —pidió él.
"Quien diría que ese objetivo sería venir a enfrentarme a los tigres en el Doab".
Ve a dos jóvenes auxiliares, Gale Travel de los Centinelas, y Burn de los Quemadores de Puertas, corear la canción mientras simulan tocar la guitarra. El primero es de crin negra y pelaje gris, mientras que el segundo es rojo con la crin negra.
—Bajen el volumen a esa maldita victrola —grita el capitán Honor Shield, un pegaso blanco de la Guardia Real.
—Señor, es bueno para la moral de las tropas —le dice otro Guardia Real, un fuerte pegaso llamado Hawkguard.
—Si, capitán, esta música es tradición en Greifland —dice Kennos—. Ojalá también fuera tradición de los ponis.
Honor Shield va a decir algo, cuando el coronel Surveillance sube a cubierta. Es un pegaso negro con la crin de un fuerte color rojo. El capitán se cuadra frente a él, y unos cuantos soldados más.
—Deja que estos idiotas escuchen su música —ordena él.
Las cinco Naves del Viento navegan el azul cielo, al ritmo de la música de la victrola.
Vivió varios meses como un vagabundo, pues no quiso conservar nada de su anterior vida. Ninguna propiedad, ni un bit de oro, nada. Ni siquiera pudo conservar a su familia, pues él quiso tomar un rumbo diferente.
Y despedirse de su padre fue muy doloroso.
—Espero que nuestros caminos se encuentren de nuevo, hijo mío —le dijo Merlín, dándole un fuerte abrazo. En todo aquel día no paró de llorar.
—Yo deseo lo mismo, cuídate papá —dijo él, intentando ocultar sus sonoros sollozos.
Las Naves del Viento vuelan en una formación en forma de punta de flecha, con las dos de mayor tamaño en las esquinas. Cada zepelín trae ballestas de repetición montadas a ambos lados, grandes y potentes, capaces de derribar a los tigres del Doab.
—Burn, Gale Travel —dice Applewood— ¿Desde cuándo les gusta la música de los grifos?
—Desde que Kennos trajo su victrola —responde Burn con alegría— ¡Es de lo mejor!
—Me hacen sentirme valiente —dice Gale Travel, tan alegre como su amigo.
Dio la casualidad de que Gale Travel había trabajado para él en su empresa, sin saberlo. Él, Burn y Hawkguard han sido buenos amigos para él, como lo son también el toro Iñaki, el lobo Kum Huesoduro y un carnero de nombre complicado y al que apodaron "Steel Ram". Ellos tres pertenecían a la Legión Extranjera, en donde voluntarios de otras naciones peleaban por Equestria. Applewood en realidad no sabe cómo funciona la Legión, ni le interesa.
"Yo trabajé junto a tantos extranjeros".
—¿Qué tal, Applewood? —le pregunta Kum Huesoduro, un musculoso lobo negro. Provenía de Krallikistán, y por lo que supo Applewood, era el hijo adoptivo de un duelista de renombre en aquella región. Un tipo de categoría, una amistad que no esperaba hallar en el Doab.
—Aquí estoy, Kum, esperando no caerme por la borda.
—Si te caez, nadie volará a zacarte —le dice Steem Ram, un carnero de color celeste claro, parecido al del acero toledano del que está hecha la espada que carga.
—Prinzipalmente, porque ningún pegazo podría cargarte —le dice Iñaki, un inmenso toro negro, tan grande que la madera cruje con cada paso que da.
—No se preocupen por eso —dice Applewood— ¿Saben cuánto falta?
—Ojalá que nada —le dice Steel Ram—. Me marean las alturaz.
—Nos queda atravesar toda esta puta selva —dice Kum Huesoduro— ¿Estás seguro de que podrás lanzarte a tierra?
—Joder, zí —dice el carnero, riendo un poco—. Todo zea por volver a tierra.
—¿Qué tan defendido estará Karkemish? —pregunta Burn, acercándose a ellos junto a Gale Travel.
—Oí que hay zólo trezcientoz tigrez, cazi toda la fuerza la eztán empleando para frenar a los otroz contingentez —explica Iñaki.
—Espero que no lo esté —dice Kum Huesoduro —siempre nos dejan las sobras de otros ataques, nos hacen pelear en los huecos que dejaron abiertos los otros regimientos.
—Por algo somos Enforcers —dice Applewood, y por alguna razón, eso lo hace sonreír un poco.
Llegaron a Karkemish con el amanecer.
Primero les llegó el aroma a vegetación incendiada, y recortándose en el horizonte, lograron contemplar las humeantes murallas antiguas de la que era la principal ciudad de los rebeldes del Doab. Las otras fuerzas estaban cediendo en el asedio, aterrorizadas por el gran empuje de los tigres y su ferocidad. Ni los poderosos ponis terrestres de las Brigadas, ni los pegasos de la Guardia Real o los pequeños y ágiles ballesteros pegaso de las Fuerzas Auxiliares lograron poner un casco en el muro.
Le tocaba a los Enforcers solucionar eso.
Los Brigadistas y Legionarios descendieron a tierra unos kilómetros antes de las murallas, entre las masas de ponis dispersos, y las Naves del Viento subieron con los auxiliares ya amartillando sus ballestas.
—Mira a estos maricas —dijo Kum Huesoduro al ver a los oficiales tratando de reagrupar sus compañías para volver a la carga.
—Son una vergüenza para los Lobos de la Princesa —murmuró Applewood, contemplando a sus compañeros de Brigada retirándose hacia detrás de las máquinas de asedio, catapultas y balistas que disparaban proyectiles contra la ciudad en llamas.
—Demostrémosle que la séptima compañía es mejor —dijo el capitán Warcry, un poni terrestre tan gigante como él, alzando su alabarda con su boca con la facilidad de quien levanta una cuchara— ¡Avancen!
A las Brigadas de Equestria sólo pueden entrar ponis terrestres que superen la altura y el peso mínimos, y Applewood cumplió con los requisitos: todos sus compañeros en la XV Brigada, los Lobos de la Princesa. El capitán Warcry lo había ascendido durante los primeros días.
Él había entrado para olvidar a Pear Butter, pero se percató que eso era imposible.
Habían pasado diecisiete años desde que ella lo rechazó, diecisiete años desde que nació el mayor de sus hijos, Big Macintosh. No sabía si ella iba a visitarlo al faro donde se había mudado para contarle todo eso y así hacerlo sufrir. De ese modo se había enterado de cosas que prefería no saber, como el embarazo y nacimiento de su hija, Applejack, y del embarazo de la nueva hija que van a tener, Apple Bloom.
"Seguramente ya nació".
No sabía como sentirse cuando ella le hablaba de su vida. Quizás por eso, las conversaciones durante las escasas visitas de ella giraban en torno a otros temas; pero siempre debía hablar de su familia, en parte debido al silencio que Applewood acostumbró a adoptar.
"Los odio porque son hijos de Bright Mac, pero los amo por ser hijos tuyos. No sé qué haría si los viera de frente".
—¡Dizpierta ferro! —oye que grita Ferran, un íbice gris y de cuernos negros, golpeando su falcata contra el borde de su escudo. Saltan chispas, y la verdad es que se ve tan intimidante como lo desea, pero Applewood duda que pueda asustar a un tigre.
—¡Tanri akbar! —grita con fuerza Kum Huesoduro, levantándose sobre sus dos patas para sostener dos cimitarras, una en cada pata delantera.
—Muchachoz, agrúpenze —grita el toro Iñaki, avanzando, con su cola sosteniendo una afilada espada de acero toledano, bastante delgada como es el estilo de los ándalos—. Encomendémonoz a Duoz, nuestro Padre; a Azlan Adonai, el León de Duoz; a san Chirin, el Carnero Negro que fue Más Blanco que la Nieve, patrono de loz guerreroz; a santa Lupe, la Cabra de Ojos Dorados Más Valiosos que el Oro, para que ezta locura llegue a buen término; y al Toro Rojo, que no deja que ningún zacrificio quede sin dar frutoz.
—Duos wulstei —murmuran los toros, íbices y carneros que marchan detrás de él, una frase que siempre dicen después de sus oraciones y que significa "Dios lo quiere" en idioma ándalo.
—Epona, Madre de Todos los Ponis —susurra Applewood, y a cada palabra siente que su valor aumenta, y que podría acabar con todos los tigres e incluso ir a recuperar a Pear Butter—. Concédeme la gloria. Haz que mi padre se sienta orgulloso de mí.
Peleó sin ningún apego por su vida.
Cuando fue creada la Task Force 7, pocos esperaban algo de ella. amalgamaron las compañías con menor rendimiento, las más conflictivas, y el plan original era asignarles tareas de guarnición mientras las otras seis fuerzas de tareas avanzaban en el Doab.
Pero aquello les dio una ventaja contra los tigres que las otras fuerzas no tenían. Para empezar, contenían dos compañías de la Legión Extranjera, compuesta por voluntarios de otras naciones, mayormente veteranos de otras batallas. Y, además, las compañías de Auxiliares contenían a docenas de pegasos Wing, todos de color gris y crines negras, famosos por sus conocimientos de venenos.
Y fue esa combinación de veteranos y armas envenenadas lo que les comenzó a otorgar un valor combativo comparable al del contingente de Greifland.
Applewood sabe bastante sobre la guerra que están librando en el Doab, una gran extensión entre dos gigantescos ríos de Sindhu. Un grupo de rebeldes tigres proclamaron la independencia de la región, y el Maharajá solicitó el apoyo de la ANP, el organismo que intenta mediar entre los países del Mundo Conocido. Así se formó el Cuerpo de Intervención, formado por contingentes de Greifland, Cerinia y Equestria.
Él fue para vengarse de quienes perturbaban la paz de sus antiguos trabajadores en Sindhu.
El calor era abrasador, como es normal en Sindhu, y los cien Lobos de la Princesa que corresponden a la séptima compañía avanzaban en hilera. A ambos lados, las dos compañías de la Legión Extranjera, lobos, toros, íbices, carneros y grifos, vociferando a sus Dioses.
—¡Oigo las campanas de san Chirin! —gritó Iñaki, mientras los chakrams y las flechas volaban hacia ellos— ¡Nos llevará a la victoria, o al Reino de Deus, y ambos son buenos destinos!
Las dos compañías de Marines de Asalto volaron a baja altura, apenas más alto que sus cabezas, y dispararon las saetas de sus ballestas, más potentes que las ballestas de repetición de los Auxiliares, pero menos veloces para recargar. Las masas de tigres no tardaron en avanzar a su encuentro, grandes como toros, y no necesitaban ser más feroces de lo que ya eran. Blandían cimitarras sindhias, espadas khanda y sus chakrams, y Applewood sabía que sólo sus garras ya eran un arma efectiva.
Aquellos tigres recibieron, como picadas de venenosos mosquitos, los miles de delgadas saetas de las tres compañías de Auxiliares, provistas de veloces ballestas de repetición, que inundaban el cielo y lo teñían de negro. Bastan dos saetas para que el veneno henkan de los hipogrifos de Acad haga su efecto; y una sola para que el veneno tradicional Wing, las Lágrimas de Krahut, intoxique a un tigre sano en pocos minutos.
De todas formas, sus alabardas, lanzas y espadas ya están cubiertas de veneno, y así avanzan hasta tomar contacto con los tigres. La carnicería es total, y ante un enemigo tan fuerte, un descuido significa el final definitivo.
Y él los hizo correr.
Saltaba como un anfibio para interceptarlos. Los desafiaba, escupía insultos en hindi, golpeaba sin cesar con su alabarda hasta que las defensas de sus ataques cedían, y bastaba un corte mínimo, tan ligero como un beso, para dar por acabado a un enemigo. Los veía gritar, vomitar en el piso y retorcerse, y acababa con su sufrimiento de un golpe afilado. En un momento, levantó a un tigre y lo lanzó a los aterrados felinos que se rezagaban, algunos eran apenas algo más que cachorros. Un grito de furia los hacía huir o rendirse.
Y así avanzó, dejando atrás un rastro de pelajes rayadas: no en vano lo apodaban "The Devastator". A él avanzaron los demás: Kennos, partiendo el rostro de un tigre, con un hacha en cada mano; Kum Huesoduro, con una cimitarra en la boca, dos en sus patas delanteras y una en la cola, avanzando en dos patas, y todas sus armas se teñían de rojo; Steel Ram, con la alabarda y el pelaje ya totalmente salpicados de rojo; Iñaki, levantando con sus cuernos a un tigre blanco, y lanzándolo contra los otros felinos antes de atacarlos; Ferran, haciendo saltar chispas de su falcata, y los tigres huían aterrados después de ver como cercenaba y decapitaba como si la carne fue mantequilla. Arriba, Burn y Gale Travel llenaban el cielo de saetas, que no eran más que mosquitos, uy una picadura ya era letal. Y atrás, Honor Shield contemplaba el avance con una mirada calculadora, y Hawkguard volaba de un lado a otro, repartiendo órdenes y solitarias estocadas.
Y fue él, Applewood, el primero en poner pie en Karkemish, seguido por su bravo escuadrón. Y al hacerlo, gritó tan fuerte como un dragón, un grito para nada equino, un grito de un poni que esperaba el final y los desafiaba a atacarlo.
Los tigres no soportaron aquello.
Karkemish cayó después de dos días de encarnizados combates.
Los Enforcers rompieron la defensa felina, y pudieron entrar en la ciudad. Desde ahí, aseguraron los barrios cercanos a la muralla, desde donde las otras fuerzas pudieron lanzar sus ataques. Aún así, no conseguían romper a los tigres que se atrincheraban en el interior.
Warcry ordenó cazarlos uno a uno.
Los Enforcers entraron hacia los barrios felinos, y casa por casa fueron exterminando a los rebeldes. Varios se rindieron, y todos los prisioneros se aglomeraron en un profundo foso que los Legionarios habían excavado, prefiriendo eso a construir celdas. Aglomerados como serpientes, terriblemente hacinados, los tigres agradecieron cuando llegó el contingente cerinio y los sacó de ahí para llevarlos a sus prisiones.
Los cerinios al llegar, vieron la bandera equestria ondeando en lo alto de los muros, y a los Auxiliares descansando y bromeando en las almenas, como pájaros en una cerca de una granja.
—Coman, beban y descansen, mis Enforcers —decía Hawkguard, más respetado que los otros capitanes, a pesar de ser sólo un sargento—. En un día iremos a la batalla final en Madhye.
Los Auxiliares seguían esas órdenes al pie de la letra.
Y entonces, se le acerca Honor Shield, mientras Applewood aun venda la herida que un tigre le dejó antes de partir a otra vida.
—Sargento Applewood —lo saluda, cuadrándose militarmente.
—Capitán Honor Shield —contesta despreocupado el poni terrestre. Nota que el capitán está algo nervioso.
"¿Qué sucede? ¿Seré dado de baja? ¿Alguien me acusó de crímenes de guerra?"
—Tengo una noticia terrible para usted, sargento —le dice el pegaso, y Applewood siente que el calor lo sofoca.
"No, espero que no sea papá..."
—Diga, por favor, sin tapujos.
Al principio cree que puede aguantar cualquier noticia. De hecho, se agolpan varios pensamientos, sobre cualquier noticia que podría darle su capitán. Siente que derramará ya las lágrimas, pues piensa en su padre y en su compañía itinerante. Sin embargo, lo que le dice Honor Shield lo toma totalmente por sorpresa, pues jamás pensó que podía oír tal noticia en la vida. Y despertaría varias horas más tarde, después de desmayarse. Habría deseado que aquello fuera un sueño, pero la voz del capitán suena, fuerte y clara, en su cabeza.
—Buttercup, con el nombre de soltera de Pear Butter, y su esposo Bright Macintosh, fallecieron hace una semana, en Ponyville.
Su grito es tan fuerte, que levanta bandadas de pájaros multicolores en todo el Doab. Y a lo lejos, cruelmente ajeno a su dolor, el sol corona las antiquísimas murallas derruidas de Karkemish, hasta atravesar su ventana y demostrarle la devastación donde está sumido.
Vuelve a gritar, y llora como nunca ha llorado en su vida.
FIN
