EL CASO DE LA UNICORNIO ROSA


Epílogo

Y después, la gloria

—No me gusta que nos llamen los del SESE —dice Shining, apenas unas horas después del rescate de Beauty Dream, mientras sube con su sargento a una oficina que queda en el piso superior de su comisaría. Han llegado ahí a rendir declaraciones.

—Tranquilo, sabía que nos llamarían, por eso de que vimos el resurgir de una criatura antigua y cruel.

Terminan de subir los escalones, y entran. Pueden ver a una cabra amarillenta, elegantemente vestida, de pie junto a una hermosa y joven pegaso gris, de crin rubia y ojos ámbar, que igual usa un perfecto traje gris.

—Guardias, soy la Agente Insanity, y ella es mi aprendiz, la Agente Hooves —saluda alegre la cabra. Shining Armor no puede evitar notar que un ojo es más grande que el otro—. Pasamos a verlos por el asunto de Ahuizotl.

—Agente, acerca de eso... —comienza a decir Hawkguard, pero la cabra alza una pezuña.

—Silencio chicos —dice ella—. no les voy a interrogar porque para mí, ustedes son un libro abierto. Ya sé de Ahuizotl. Sé de Christine.

Su mirada se cruza con la del unicornio blanco, y Shining se alarma. No sabe si la cabra está loca, o por el contrario, es demasiado lista. Le da la impresión de que parece ver todo lo que está pensando.

—¿Han tenido algún dato sobre ese monstruo? —pregunta Hawkguard.

—Conversé con Falle Arrow, y está de acuerdo en que, si bien son héroes, hay cosas que no deberían saber —dice ella colocándose unos lentes oscuros, cosa que su compañera imita—. Ditzy Doo, mira y aprende bien.

—¡Insanity! —reclama la pegaso, molesta— ¡Dijiste mi verdadero nombre!

—No iban a saber que es el verdadero si no lo confirmabas tú —dice riendo la cabra, mientras saca de su bolsillo un objeto alargado, parecido a un lápiz metálico y con una pequeña luz roja en un objeto—. Bien, chicos, necesito que miren fijamente este punto rojo.

Shining Armor, no muy convencido, decide imitar a Hawkguard y lo mira. De pronto, como un parpadeo de luz roja, el objeto emite un resplandor, y de inmediato se siente extremadamente confuso.

—Veamos, por dónde empiezo —dice la cabra—. Soy la Agente Insanity y ella es la Agente Hooves, y somos las fabulosas Hembras de Gris. Espera, ese nombre suena estúpido ahora que lo digo en voz alta.

Vuelven a ver ese resplandor, y se sienten aún más confusos, y todo lo que acaban de oír parece evaporarse en su memoria. Aunque los lentes oscuros ocultan su visión, la Agente Hooves se gira, notablemente molesta, a hablarle a Insanity.

—¿No es peligroso hacer eso muy seguido?

—Claro que no, o tal vez sí —dice riendo la cabra, y luego mira a ambos Guardias Reales—. Soy la Agente Insanity, y ella es la Agente Hooves. Somos fabulosas agentes del SESE, y veníamos a felicitarlos por el rescate de la potra Beauty Dream, prisionera por el forajido Caballeron. Ahora bien, dentro de la Torre Roja fueron víctimas de varios hechizos, tuvieron que resistir varias ilusiones y el mismo aire estaba lleno de alucinógenos que los aturdieron un poco. el tema es que jamás vieron criaturas extrañas, ni a una unicornio rosa sufrir una extraña metamorfosis. Esa criatura llamada Ahuizotl, y esa tal Reina Chrysalis, sólo existen en sus mentes. ¿Queda claro?

—... ¿Usted se llama Insanity? —pregunta Hawkguard, luchando por salir del estupor en el que está sumido.

—Así es como nos manejamos las Hembras de Gris —dice orgullosa Insanity a su compañera, quitándose los lentes.

—Dijiste que ese nombre es estúpido —le contesta la pegaso gris.

—Me arrepentí, es fabuloso —se ríe la cabra, ante la mirada estupefacta de ambos ponis— ¡Arriba ese ánimo, chicos! —dice abrazando y remeciendo a Shining Armor.

—¿Q-qué acaba de pasar? —murmura él.


Contempla una vez más la Torre Roja.

Fueron condecorados como héroes, sólo él y Hawkguard. Christine jamás volvió, tal como dijo; Ibrahim y Harek se esfumaron en las estrechas callejuelas de sus barrios; Daring Do y Wandering Wing no quisieron tomar ningún crédito, a pesar de que ambos Guardias Reales fueron al 57 de la Calle Peddler y los encontraron en la entrada, escuchando música de los grifos en una victrola, mientras comían duraznos.

—No queremos salir en público —dijo Daring Do—. Después de todo, nosotros no hicimos casi nada.

—Además, los verdaderos héroes son ustedes —dijo Wandering —. Nosotros fuimos solo una ayuda.

Así que Fallen Arrow reunió a toda la Guardia, y frente a los envidiosos ojos de Relentless, los condecoró con medallas. Shining Armor jamás se había sentido más orgulloso en su vida, y cuando llegó a casa, recibió la ovación de sus padres, de Twilight, y de Cadence.

Y muchos años pasaron desde entonces, los suficientes años como para que Twilight se volviera la alumna más lista de Celestia, y él llegó a suceder a Fallen Arrow como Capitán General de la Guardia Real. Se había casado con Cadence, enfrentando a una tal Reina Chrysalis, quien le recordaba lejanamente a alguien, a una unicornio que una vez amó, pero que no logró recordar claramente...

Pero aquel día..., decidió en la mañana que iría a ver la Torre Roja. Parecía haber perdido gran parte de su encanto místico, como si salvar a una potra en su interior hubiera espantado sus temores.

—Capitán General.

Erkek Shining Armor.

—¿Qué onda, capitán?

Hawkguard, Ibrahim y Harek. Cuando lo ascendieron, lo primero que quiso hacer Shining fue subir de rango al pegaso blanco, pero descubrió que si Fallen Arrow no lo había hecho antes, fue porque el pegaso nunca fue a una escuela de oficiales y por lo tanto no podía superar el rango de sargento. Sin embargo, a Hawkguard no parecía importarle: es más, le pidió expresamente que no lo ascendiera. Los años cumplieron lo que el pegaso vaticinaba: engordó bastante.

Decir que al lobo gris le había ido bien, es decir demasiado poco. Logró normalizar su situación migratoria, y una vez obtuvo la residencia definitiva, trajo a toda su familia y a su hijo. Tuvo otros dieciséis hijos, y sus negocios marcharon tan increíblemente bien, que no existe banco capaz de albergar todas sus riquezas, ni palacio lo suficientemente caro como para no comprarlo. Hoy está muy gordo, casi redondo, y una espesa barba casi oculta sus ojos; viste ropa tradicional de Oriente, muy cara, y no tiene miedo. Pero sus ojos no han cambiado, siguen siendo los mismos ojos de un lobo amable y risueño, los ojos de alguien que está tranquilo con su vida.

Y el grifo obtuvo de la vida exactamente lo que le pidió: ser una estrella de rock en Greifland. A veces dormía en los palacios de los Condes grifos, de su Rey, de los grandes y lujosos hoteles Zielen cuando daba conciertos; pero la mayoría de las veces duerme en la calle con su guitarra, después de enseñarle a tocar a un grupo de jóvenes grifos y compartir con ellos su infinito talento para la música.

Shining sonríe y camina hacia ellos. Están comiendo galletas, y el unicornio recuerda con tristeza ese momento antes de entrar a la Torre, cuando estaba todo el grupo reunido. No sabe qué ha sido de Wandering Wing y de Daring Do, y mucho menos, de Christine.

—Chicos, ¿También quisieron venir a ver la Torre Roja? —saluda él.

—Queríamos recordar nuestros días de gloria —se ríe Harek, y arranca algunos acordes de su guitarra eléctrica.

—¡Señor Armor!

Él se gira al oír aquella voz, al igual que sus tres acompañantes, y se sorprenden al ver a una hermosa unicornio rosa correr hacia ellos. Tiene la crin y cola de color dorado, y unos ojos verdes. Por un momento, Shining Armor piensa que es Christine, pero luego contempla su Cutie Mark, un corazón dorado con tres pequeñas chispas, y se da cuenta de que no es ella. un sentimiento pesado de desilusión.

—¿Quién es ella? —pregunta el señor Ibrahim.

La unicornio se detiene frente a Shining Armor, notablemente emocionada, y mira feliz a los demás. Sería de la edad de Twilight, calcula el Capitán General, pero no logra reconocerla. Aunque sí tiene una fuerte corazonada...

—Soy Beauty Dream —responde feliz, y luego hace un saludo marcial—. Usted y el señor Hawkguard me inspiraron para entrar a la Guardia Real. ¡Hoy completé el entrenamiento!

Ibrahim y Harek ríen y aplauden, mientras Shining sonríe y Hawkguard se levanta. La mira con un gran orgullo.

—Es un honor contar contigo en la Guardia —dice feliz Shining Armor—. Y tengo al compañero perfecto para ti, el mejor Guardia Real que existe.

—¿Es el señor Hawkguard? —pregunta ella, sin poder contener su sonrisa.

El pegaso se ríe, de un modo demasiado sonoro, y parece inundarse de un ánimo renovado. Mira a Beauty Dream como si estuviera viendo a su propia hija.

—Nada de "señor", chica, cuando sea viejo ya me llamarás así —dice riendo, mientras mira de modo paternal a Shining Armor, y vuelve a reírse con fuerza—. Escucha bien, Beauty Dream, olvida absolutamente todo lo que te enseñaron en la Academia...