La historia que transcurre no es mía, sino de la autora Sophie Kinsella. La adaptación, sin embargo, es de mi autoría.

Los personajes mencionados pertenecen a Masashi Kishimoto.

Capítulo 5

Me he quedado sin habla. Sólo puedo mirarlo fijamente mientras en mi interior se agranda una burbuja de incredulidad. Es tan brutalmente atractivo que casi resulta doloroso mirarlo. Como un modelo. Piel blanca, pelo corto, de color blanco y ondulado; ojos celestes, hombros anchos, un traje muy caro. Mandíbula angulosa, con una sonrisa impecable.

—Hola —dice con una voz grave y modulada de actor.

—¡Hola! —consigo decir, casi sin aliento.

Vuelvo a fijarme en su pelo. Nunca pensé que me casaría con un hombre de pelo teñido. ¿O será blanco natural? Curioso.

De todas formas, tiene un aspecto fantástico.

—Hinata —Se acerca a la cama entre un rumor de flores carísimas—. Pareces mucho mejor que ayer. Y esta habitación es mejor que la otra. ¿Cómo te encuentras?

—Bien. Eh… muchas gracias.

Cojo el ramo de sus manos. Es el ramo más increíble, ultramoderno y sofisticado que he visto, todo en matices de blanco y marrón. ¿Dónde se conseguirán rosas marrón?

—O sea… que tú e-eres Otsutsuki-san —añado para estar del todo segura.

Puedo percibir cómo la conmoción se propaga por todo su rostro al llamarlo por su apellido, pero aun así consigue sonreír.

—Sí. Eso es. Yo soy Toneri Otsutsuki... ¿Aún no me reconoces?

—No mucho. E-en realidad, nada.

-Te dije por teléfono que podría tener problemas con ello. No la agobies- Dice Neji, acercándose a nosotros.

—Vayamos poco a poco —interviene Toneri, sin prestarle atención a mi primo, y se sienta en la cama—. Procuraré provocar algún recuerdo. ¿Me permites? —dice señalando mi mano.

—Eh… sí, c-como gustes. —La coge suavemente. Tiene una mano bonita, cálida, firme.

Pero es la mano de un extraño.

—Hinata, soy yo —dice con voz grave y resonante—. Toneri. Tu marido. Llevamos casi dos años casados.

Qué fascinante resulta. De cerca es todavía más atractivo. Tiene la piel suave y unos dientes perfectos, deslumbrantes…

«Q-quiere decir…He mantenido relaciones sexuales con este hombre.» La idea me pasa por la cabeza como un relámpago. Mi cara se calienta a más no poder.

Me ha visto desnuda. Me ha quitado la ropa interior. A saber qué cosas hemos hecho juntos. Y ni siquiera lo reconozco. O sea… doy por supuesto que me ha quitado la ropa interior y demás. No voy a preguntarlo con Neji delante.

—¿Te sientes bien? —Toneri se ha fijado en mi mirada dudosa y mi cara roja—. Cariño, si necesitas recostarte, dímelo.

—¡No, pa-para nada! —Desvío la mirada—. Perdona. Continúa.

—Nos conocimos hace casi tres años en una recepción de Japan TV los productores de Ambición, el reality en que participamos los dos. Nos sentimos atraídos en el acto. Nos casamos en junio y fuimos de luna de miel a París. Nos alojamos en una suite del hotel George V. Fue maravilloso. Estuvimos en Montmartre, visitamos el Louvre, tomamos café au lait cada mañana… —Se interrumpe—. ¿No te suena de nada todo esto?

—L-la verdad es que no —respondo en tono culpable—. Lo siento.

Trato de combinar su rostro con alguna imagen de París para provocar algún recuerdo…

—¿Subimos a la torre Eiffel? —pregunto por fin.

—¡Por supuesto! —Su expresión se ilumina—. ¿Empiezas a recordar? Nos quedamos allí disfrutando de la brisa, sacándonos fotos…

—N-no —lo interrumpo—. Lo he de-deducido, nada más. París, la torre Eiffel… En fin, ya me entiendes, lo clásico.

—Ah. —Asiente decepcionado, y nos quedamos en silencio.

Para mi alivio, alguien llama a la puerta.

—¡Adelante! —digo, y entra Shizune con una tablilla.

—Tengo que echar un vistazo a esa presión —empieza, pero se detiene al ver a Toneri con mi mano entre las suyas—. Ay, perdón. No pretendía interrumpir.

—N-no te preocupes —digo—. Shizune-san, es una de las enfermeras que me atienden —le explico a Toneri. Y a ella—: Mi primo, mi hermana… y mi marido. Se llama —la miro a los ojos— Toneri.

—¡Toneri! —Sus ojos negros se iluminan. Luego se da cuenta de su exclamación y hace una reverencia.—. Encantada de conocerle.

—Un placer —dice él inclinando la cabeza—. Le estoy eternamente agradecido por cuidar de mi esposa.

«Esposa.» El estómago me da un vuelco. Soy su esposa. Todo esto suena muy adulto, ¿no? Seguro que hasta tenemos una hipoteca. Y una alarma antirrobo.

—El placer es mío —repone Shizune con una sonrisa profesional—. Hyuga-san es muy buena paciente.

Me pone el manguito en el brazo y se vuelve hacía mí.

—Voy a tomarte la tensión…

«¡Es despampanante!», me dice con los labios y alza disimuladamente el pulgar. A mí se me escapa una sonrisa.

Cierto, es despampanante. En mi vida había salido con alguien que jugara en esta división. No hablemos ya de casarse. Ni de zamparme croissants en una suite del George V.

—Me gustaría hacer una donación a este hospital —anuncia Toneri. Su voz grave de galán inunda la habitación—. Si están haciendo alguna cuestación o tienen un fondo…

—¡Sería fenomenal! —exclama Shizune—. Ahora mismo estamos recaudando dinero para un nuevo escáner.

—Quizá podría hacer la maratón por esa causa. Cada año corro la maratón por una causa distinta.

Estoy a punto de explotar de orgullo. Kiba apenas lograba arrastrarse del sofá a la tele.

—Bueno —dice Shizune, alzando las cejas mientras deja que se desinfle el manguito—. Ha sido un placer, Otsutsuki-san. Hyuga-san, esto está perfecto. —Hace una anotación en mi expediente—. ¿Ése es tu almuerzo?—añade, señalando la bandeja intacta.

—Ay, sí. Se me ha olvidado.

—Tienes que comer. Y voy a tener que pedirles a ustedes que no se queden demasiado. —Se vuelve hacia Neji y Hanabi—. Comprendo que quieran pasar todo el tiempo posible con ella, pero su estado aún es delicado. Y debe tomárselo con calma.

—Haré lo que sea necesario —dice Toneri apretándome la mano—. Quiero que mi esposa se recupere plenamente.

Neji y Hanabi empiezan a recoger sus cosas, pero él no se mueve.

—Me gustaría hablar un momento a solas contigo —me dice—. Si no te importa, Hinata.

—Ah. —Me sobresalto—. Eh… perfecto.

Neji se acerca para darme un abrazo y me besa la frente. Por su parte Hanabi me abraza un poco nada más y se aleja junto a mi primo. Luego se cierra la puerta y nos quedamos a solas en medio de un extraño silencio.

—Bueno —dice él por fin.

—Qu-qué situación… más rara. —Suelto una risita, que se desvanece enseguida.

Toneri me mira preocupado.

—¿Han dicho los médicos si recobrarás la memoria?

—Bueno…ellos creen que sí. Pero no saben cuándo.

Se incorpora y camina hasta la ventana.

—Así que se trata de esperar —prosigue—. ¿No habrá nada que yo pueda hacer para acelerar el proceso?

—No lo sé —digo con impotencia—. Quizá podrías contarme algo más sobre nosotros.

—Claro. Gran idea. —Se vuelve hacia mí; su cuerpo se recorta contra la ventana—. ¿Qué quieres saber? Pregúntame lo que quieras. Cualquier cosa.

—Bueno… ¿Dónde vivimos?

—En el barrio Minato. En un apartamento tipo loft, que se encuentra en el sector de Azabu. —Pronuncia cada palabra como si fueran todas mayúsculas—. Son mi especialidad. Las viviendas estilo loft. —Lo dice con delectación y hace un gesto con las manos, como poniendo ladrillos.

¿Qué ha dicho? Minato…¡Azabu! …Ese barrio es de los más exclusivos.

Paseo la vista por la habitación, buscando alguna otra pregunta, pero todo me parece arbitrario y superficial, como las tonterías que dices en una entrevista cuando quieres ganar tiempo.

—¿Qué cosas compartimos? —pregunto finalmente.

—La buena comida, el cine… La semana pasada fuimos a ver un ballet. Y luego cenamos en Ise Sueyoshi.

—¿En Ise Sueyoshi? —Sofoco un gritito.

¿Por qué narices no recuerdo nada de todo eso? Cierro los ojos, aprieto los párpados, intento arrancar mi cerebro como si fuera una moto. Pero no hay manera.

Vuelvo a abrir los ojos, algo mareada, y veo que Toneri se ha fijado en los anillos que hay sobre la cajonera.

—Es el anillo de boda, ¿no? —Levanta la vista, perplejo—. ¿Por qué lo has dejado ahí?

—Me lo sacaron para hacerme el escáner.

—¿Me permites?

Cuando recoge el anillo y toma mi mano izquierda, siento una punzada de alarma.

—Yo…

Instintivamente, sin pensarlo siquiera, aparto la mano de un tirón y Toneri retrocede sobresaltado.

—P-perdona…—digo tras una pausa incómoda—. Lo siento…de verdad. Es que… eres un extraño.

—Claro. —Toneri se vuelve, todavía con el anillo en la mano—. Mira que soy idiota.

Ay, no. Parece herido. No debería haberlo llamado «un extraño», sino «un amigo que aún he de conocer».

—L-lo siento mucho, Toneri-san. —Me muerdo el labio—. Yo quiero conocerte y… quererte y t-todo. Seguro que eres una persona maravillosa. Si no, no me hubiera casado contigo. Y tienes un aspecto estupendo —añado para animarlo—. No…no me esperaba a nadie tan atractivo.

Levanto la vista y veo que está mirándome fijamente.

—¡Qué extraño! —Dice al fin—. No eres la misma. Los médicos ya me lo habían advertido, pero no me imaginaba que fuera tan acusado. —Por un momento parece abrumado; luego se yergue otra vez—. Bueno, te ayudaremos a ponerte bien. Ya lo verás. —Con delicadeza, deja el anillo sobre la cajonera, se sienta en la cama y me coge la mano—. Y para que lo sepas, Hinata…te amo.

—¿D-de veras? —Se me escapa una sonrisa encantada—. Quiero decir…yo…eh. Muchas gracias.

Ninguno de mis novios me había dicho «te amo» de esa manera, apenas un te quiero. O sea, como es debido, a la luz del día, como una persona adulta, y no durante una borrachera o algo así. Ahora yo tengo que corresponder. Pero ¿qué digo?

«Yo también te amo.»

No.

«Probablemente yo también te amo.»

No.

—Toneri-san, estoy segura de que yo también te amo, en el fondo de mi ser —digo por fin, apretándole la mano—. Y lo recordaré. Quizá no será hoy ni mañana. Pero… siempre nos quedará París. —Hago una pausa—. O-o por lo menos, siempre te quedará a ti…Y a mí podrás contármelo.—Le sonrío nerviosamente.

Parece un poco perplejo.

—Tómate tu almuerzo y descansa. —Me da unas palmaditas en el hombro—. Voy a dejarte para que descanses.

—Qui…quizá me despierte mañana y lo recuerde todo —le digo en plan optimista, mientras él se incorpora.

—Esperemos que sí. —Me observa unos instantes—. Pero aunque no sea así, cariño, también lo arreglaremos. ¿Trato hecho?

—Trato hecho.

—Hasta luego.

Sale en silencio de la habitación y permanezco inmóvil unos instantes. Empiezo a notar otra vez ese martilleo en la cabeza, me siento algo aturdida. Ha sido demasiado, en conjunto. Hanabi lleva el pelo azul, hay una nueva saga de Harry Potter y yo tengo un marido que está de muerte y que acaba de decirme que me ama. Tengo la sensación de que voy a dormirme, de que me despertaré otra vez en 2013, en casa de Ten-Ten, con una resaca de campeonato, y descubriré que todo era un sueño.

.

.

.

Pero no era un sueño.

Me despierto a la mañana siguiente y seguimos en 2017.

Tengo aún una dentadura perfecta y el pelo negro largo y azulado.

Y también un gran agujero negro en la memoria.

Estoy comiéndome la tercera tostada y dándole sorbos a mi taza de té cuando se abre la puerta y aparece Nami, empujando un carrito cargado de flores. Me quedo fascinada ante semejante despliegue. Debe de haber veinte ramos distintos, entre buqués de flores, macetas de orquídeas y rosas de primerísima clase.

—¿E-es mío alguno de éstos?

Ella me mira con sorpresa.

—Todos. Se habían quedado en la otra habitación.

—¿Todos? —farfullo, casi escupiendo el té.

—Eres una chica muy popular. ¡Se nos han agotado los jarrones! —dice, entregándome un montoncito de tarjetas.

—V-vaya.

Cojo la primera y la leo:

Hinata, querida. Cuídate mucho y ponte bien. Nos vemos muy pronto. Con todo mi cariño.

Shion y Taruho.

¿Shion? Yo no conozco a ninguna Shion. Dejo a un lado la tarjeta y miro la siguiente:

Con nuestros mejores deseos. Recupérate pronto.

Sasame y Arashi

A éstos tampoco los conozco.

Hinata-chan, esperamos que te pongas bien, ¡y que pronto vuelvas a tus trescientas flexiones!

De tus amigas del gimnasio.

¿Trescientas? Vaya chiste. Aunque eso explicaría las piernas tan musculosas que tengo. Miro la cuarta tarjeta; ésta, por fin, es de gente conocida:

Recupérate pronto, Hinata. Con nuestros mejores deseos.

Ten-Ten, Sakura, Ino y todo el personal de Suelos y Alfombras.

Mientras leo estos nombres conocidos, noto una cálida sensación de bienestar. Será una tontería, pero casi empezaba a pensar que mis amigas se habían olvidado de mí.

—¡Oye, tienes un marido despampanante! —me dice Nami, interrumpiendo mis pensamientos.

—¿Tú crees? —Me hago la indiferente—. Sí, es bastante atractivo, imagino…

—¡Es increíble! ¿Sabes?, ayer se pasó por la sala para darnos otra vez las gracias. Muy poca gente lo hace.

—Y-yo… no he salido en mi vida con un tipo como Toneri-san —le confieso, abandonando mi falsa indiferencia—. La verdad, aún no me creo que sea mi marido. O sea, yo… ¿y él?

Se oye un golpecito en la puerta.

—¡Adelante! —dice Nami.

Neji y Hanabi entran muy acalorados, arrastrando seis bolsas llenas de álbumes de fotos y cartas.

—¡Buenos días! —Nami les sonríe, sosteniendo la puerta—. Les alegrará saber que Hinata se encuentra mucho mejor.

—¡No me diga que… ¿Ya lo ha recordado todo?—dice Neji, ilusionado—. Ahora que hemos cargado con las fotos todo el camino… Quizás de todas formas le sirva de complemento…

Nami se le acerca, para detener sus palabras.

— No, lo siento. Todavía sufre una grave pérdida de memoria —dice suavemente.

—Ah…ya veo—Neji advierte la expresión de Nami. Me mira, sonriendo con un deje de decepción—. Bueno, quiero decir…Imoto-san, te hemos traído algunas fotografías… Quizá te refresquen la memoria.

Miro las bolsas con repentina excitación. Esas fotos contienen la parte perdida de mi historia. Me mostrarán cómo dejé de ser la Dientotes para convertirme… en quién sabe qué.

—Esta bien. —Dejo a un lado las tarjetas y me siento en la cama—. Quiero verme

Estoy aprendiendo muchas cosas durante esta estancia en el hospital. Una de ellas es ésta: si tienes un familiar con amnesia y quieres estimular su memoria, enséñale una foto antigua; no importa cuál, ¡pero enséñale alguna!

Han pasado diez minutos y aún no he visto una solo foto porque Neji y Hanabi continúan discutiendo por cuál empezar.

—Lo que no debemos hacer es abrumarla —repite Neji una y otra vez, mientras los dos hurgan en las bolsas—. Ésta, por ejemplo… —Elige una foto con un marco de cartón.

—Ni hablar. —Hanabi se la quita de las manos—. Tengo un grano en la barbilla. Y se me ve gorda.

—Hanabi, que importa. Apenas se ve.

—Vaya si se ve. Y esta otra aún es más repulsiva —dice, mientras rompe las dos en pedazos.

O sea, que aquí estoy, deseando enterarme de mi vida perdida mientras mi hermana se dedica a destruir las pruebas.

—¡N-no te miraré las espinillas! —le prometo—. Déjame ver una foto ¡La que sea!

—Muy bien. —Hanabi se acerca a la cama con una fotografía sin marco—. Oye, Hinata, ¿te acuerdas de esto? —Mueve la foto y en su lugar me acerca un collar muy especial con una rosa de jade. Yo lo miro con los ojos entornados, me concentro para arrancarle algún recuerdo.

—No —le digo por fin—. No me dice nada.

—Genial. ¿Puedo quedármelo?

—¡Hanabi! —exclama Neji. El sigue pasando una foto tras otra con aire insatisfecho—. No quiero esperar a que venga Otsutsuki-san con el DVD de la boda…No se si información de ese tipo le vaya a ayudar.

El DVD de la boda.

De mi boda.

Cada vez que lo pienso el estómago me da un brinco, como si reaccionara por anticipado. Tengo un DVD de la boda. ¡De mi boda! Es una idea extrañísima, casi extraterrestre. No me imagino siquiera de novia. ¿Habré ido con uno de esos vestidos abullonados, con velo y cola y un espantoso tocado floral? No me atrevo a preguntarlo.

—Él… parece simpático —digo—. Toneri-san, quiero decir. Mi marido.

—Es…esta bien, supongo —Responde Neji con tono ausente, todavía repasando las fotos.

-¿Ustedes se llevan bien, nii-san?

-O sea…como parientes políticos…Quiero decir—Neji me mira y calla un momento.- Da un montón de dinero para obras de caridad…O lo hace la empresa, no sé. Pero es su propia empresa, así que viene a ser lo mismo.

—¿Su propia empresa? ¿No habíamos quedado en que era agente inmobiliario?

—Es una empresa que vende propiedades...

—Ganó diez millones —dice Hanabi, que sigue en cuclillas junto a las bolsas de fotos.—Vende proyectos enormes de estilo loft.

—¿Cómo?

—Está podrido de dinero, a ver si te enteras. No me digas que no lo habías adivinado.

—¡Hanabi! —dice Neji—. No seas irrespetuosa.

Creo que estoy mareada. ¿Diez millones?

Llaman a la puerta.

—¿Hinata? ¿Puedo pasar?

Es él. Me echo un vistazo rápido y me rocío con un frasquito de Chanel que he encontrado en el bolso.

Se abre la puerta… y ahí está, sosteniendo a pulso dos grandes bolsas, otro ramo de flores y una cestilla de frutas. Lleva camisa a rayas y pantalones color canela, un suéter amarillo de cachemir y mocasines.

—Hola, cariño. —Lo deja todo en el suelo, se acerca a la cama y me besa delicadamente en la mejilla—. ¿Cómo estás?

—Mucho mejor, gracias —le digo con una sonrisa.

—Aunque todavía no sabe quién eres —le aclara Hanabi, divertida—. Por ahora sólo eres un tipo con un suéter amarillo.

Él no parece turbarse lo más mínimo. Quizá ya está acostumbrado a las salidas de tono de mi hermana.

—Bueno, de eso vamos a ocuparnos hoy. —Alza la bolsa con aire animoso—. He traído fotos, DVD, recuerdos… Vamos a reintroducirte en tu vida. Neji-san, ¿por qué no vas poniendo el DVD de la boda? —le dice a mi primo, dándole un disco—. Y como aperitivo, Hinata… nuestro álbum.

Deposita sobre la cama un álbum de piel de becerro que debe de costar una fortuna y noto un pellizco de incredulidad al ver las letras estampadas en relieve:

Hinata Y Toneri

3 DE JUNIO DE 2015

Lo abro y noto en el estómago una sensación igual que si cayera en el vacío. Me estoy viendo vestida de novia en una fotografía en blanco y negro. Voy con un largo vestido blanco de tubo, el pelo recogido en un moño impecable y un ramito minimalista de lirios. Nada abullonado a la vista.

Sin decir una palabra, paso a la página siguiente. Ahí está Toneri, a mi lado, vestido de etiqueta. En la siguiente levantamos sendas copas de champán y sonreímos. Tenemos un aspecto de lujo. Como la gente de las revistas.

Es mi boda. Mi boda de verdad, mi auténtica boda. Si querías pruebas, aquí están.

De repente, me llega un rumor de charla y de risas desde la tele. Levanto la vista y sufro otro shock. En la pantalla, Toneri y yo posamos con nuestros trajes de boda. Estamos junto a un pastel monumental, sosteniendo entre los dos un cuchillo y sonriendo a alguien que no aparece en pantalla. No puedo quitarme los ojos de encima a mí misma.

—Decidimos no grabar la ceremonia —me explica Toneri—. Esto es del banquete.

—Ya veo. —Me sale una voz algo ronca.

Yo nunca he sido demasiado ñoña con las bodas. Pero al mirar cómo cortamos el pastel, cómo sonreímos a las cámaras y volvemos a posar para alguien que no ha podido captar el instante… empiezo a sentir un peligroso cosquilleo en la nariz.

Es el día de mi boda, supuestamente el más feliz de mi vida, y yo no recuerdo nada

La cámara gira poco a poco y capta el rostro de un montón de gente que no conozco.

Identifico a mamá, con un vestido azul marino, y a Hanabi, con un modelito morado de tirantes. El lugar es un espacio ultramoderno con paredes de vidrio, sillas de diseño y arreglos florales por todas partes, y la gente sale a tomar el aire a una gran terraza con sus copas de champán en la mano.

—¿Qué sitio es ése?

—Amor mio… —Toneri suelta una risita—. Es nuestra casa.

—¿Nuestra casa? P-pero si es gigantesca

—Es el ático. —Asiente—. Muy espacioso.

—¿Espacioso, dices? Parece un campo de fútbol. Mi piso de Okubo cabría entero en una de esas alfombras… ¿Y ésa quién es? —digo señalando a una chica muy mona y con un vestido rosa de tirantes, que me habla al oído.

—Es Shion, tu mejor amiga.

¿Mi mejor amiga? No he visto a esa mujer en mi vida. Delgaducha y palida, con unos enormes ojos lilas, lleva una pulsera grandiosa en la muñeca y unas gafas de sol alzadas sobre su pelo rubio de aire californiano.

Me envió unas flores, ahora que lo recuerdo. «Para mi queridísima amiga. Con cariño. Shion y Taruho»

—¿También trabaja en Alfombras Ryotenbin?

—¡Qué va! —dice Toneri sonriendo. Ni que le hubiese contado un chiste—. Mira, este trozo es muy divertido —añade, señalando la pantalla.

La cámara nos sigue a los dos mientras cruzamos la terraza; me oigo riendo y diciéndole: «Toneri, ¿qué estás tramando?» Todo el mundo levanta la vista, no sé por qué… Y entonces la cámara enfoca hacia arriba. Hay un mensaje escrito en el cielo: «Hinata, te amaré siempre.» En la pantalla, todos murmuran y señalan con el brazo extendido; yo miro hacia arriba, haciendo visera con una mano, y le doy un beso a Toneri.

¿Será posible? ¿Mi marido hizo que me escribieran un mensaje en el cielo el día de mi boda y yo no recuerdo nada? ¡Por favor, es para echarse a llorar!

—Esto es de las vacaciones del año pasado en islas Mauricio…

Toneri ha hecho avanzar la grabación y contemplo la pantalla sin dar crédito a lo que veo. ¿Esa chica que camina por la playa soy yo? Tengo el pelo trenzado, estoy tostada y delgada, y llevo un tanga rojo. Parezco la típica chica a la que normalmente miro con envidia.

—Y aquí estamos en un baile de beneficencia… —prosigue Toneri, que ha vuelto a avanzar la grabación. Esta vez llevo un vestido de noche azul muy provocativo y aparezco bailando con Toneri en una sala de aspecto majestuoso.

—Somos, la empresa quiero decir, un benefactor muy generoso —agrega mi marido.

No respondo. Me he quedado fascinada con un moreno guapísimo que está cerca de la pista. Un momento. ¿No lo conozco de algo?

Sí, sí. ¡Lo reconozco! ¡Por fin!

—¿Hinata? —Toneri ha captado mi reacción—. ¿Se te está activando la memoria?

—¡Sí! —Se me escapa una sonrisa de felicidad—. Recuerdo a ese tipo de la izquierda.—Señalo la pantalla—. Ahora mismo no sé exactamente quién es, pero lo conozco. ¡Lo conozco muy bien! Es simpático, divertido, y creo que es médico… O quizá lo conocí en…

—Hinata—me corta Toneri—. Es Takeshi Kaneshiro, el actor. Era uno de los invitados.

—Ah. —Me froto la nariz, incómoda—. S-sí, exacto.

Takeshi Kaneshiro, claro. Mira que soy idiota. Me dejo caer sobre la almohada, desanimada.

Cuando pienso en la cantidad de cosas espantosas y humillantes que sí puedo recordar… Tener que comerme la sémola en el colegio cuando tenía siete años y casi vomitarla. O llevar un traje de baño blanco cuando tenía quince y verlo transparente al salir de la piscina y oír las risas de todas las chicas. Recuerdo esa humillación como si fuese hoy.

En cambio, no logro recordar cómo caminaba por una playa de arena perfecta en isla Mauricio. Ni cómo bailaba con mi marido en un esplendoroso baile de gala.

Toc, toc…

¿Cerebro, hay alguien? ¿Y tiene algún criterio?

—Anoche estuve leyendo sobre la amnesia —dice Hanabi de pronto, sentada en el suelo con las piernas cruzadas—. ¿Sabes cuál es el sentido que estimula más la memoria? El olfato. Quizá deberías olisquear un poco a Toneri.

—No lo creo —interviene Neji, que se había parado hacia un rincón—. ¿Crees acaso que ocurrirá como ese chico francés, Proust? ¿Un olorcillo a madalena y, ¡paf!, fluyeron todos los recuerdos? No ilusiones a Hinata-imoto.

—Venga —insiste Hanabi, animosa—. Vale la pena probar, ¿no?

Le echo un vistazo a Toneri, avergonzada.

—¿Te importa si… te huelo, Toneri-san?

—En absoluto. Hay que intentarlo…Solo que un detalle. Llamame Toneri, cariño —Se sienta en la cama y congela la imagen del DVD—. ¿Levanto los brazos o…?

—Umm… sí, supongo.

Con aire solemne, Toneri levanta un brazo. Me inclino hacia delante con cautela y olfateó su axila. Huele a jabón y loción de afeitado. También detecto un ligero olor varonil. Pero nada se remueve en mi interior.

Sólo una visión de George Clooney en Ocean's Eleven.

Será mejor que no lo comente.

—¿Notas algo? —Toneri sigue rígido, con el brazo en alto.

—Aún no —contesto, después de husmear por segunda vez—. Es decir, nada muy fuerte…

—Deberías olerle la entrepierna —dice Hanabi.

—¡No digas tonterías! —susurra Neji, consternado.

Sin poder evitarlo, bajo la vista y le miro la entrepierna. La entrepierna con la que me he casado. Parece bastante generosa, aunque nunca se sabe. Me pregunto…

No. Ésa no es la cuestión ahora.

—Lo que tienen que hacer ustedes dos es practicar sexo —continúa Hanabi en medio del incómodo silencio que se ha creado, y hace un globo con su chicle—. Percibir el olor acre de los fluidos…

—¡Hanabi! —la corta en seco Neji—. ¡Ya basta!

—¡Yo sólo digo que es el tratamiento para la amnesia que nos ofrece la propia naturaleza!

—Bueno —murmura Toneri, bajando el brazo—. ¡No es que haya sido un gran éxito!

—No.

Temo que Hanabi tenga razón. Quizá deberíamos acostarnos. Miro a Toneri con el rabillo del ojo. Estoy segura de que está pensando lo mismo.

—No pasa nada. Son sólo los primeros días —dice con una sonrisa mientras cierra el álbum, aunque percibo su decepción en la voz.

— ¿Y-y si no recupero la memoria? —pregunto echando un vistazo alrededor—. ¿Y si se...Han p-perdido para siempre todos esos recuerdos y ya no puedo recobrarlos?

Mientras examino sus rostros preocupados, me siento de repente indefensa y vulnerable. Como cuando se me estropeó el ordenador y perdí todos mis e-mails. Igual, sólo que un millón de veces peor. El técnico no paraba de decirme que tendría que haber hecho una copia de seguridad. Pero ¿cómo haces una copia de tu cerebro?

A mediodía, me examina un neuropsicólogo. Un tipo simpático, aunque con un rostro que asustaría a cualquiera, lleno de cicatrices y un pañuelo en su cabeza. Se llama Morino Ibiki. Me siento ante una mesa para hacer unos tests, y debo decir que lo hago bastante bien. De una lista de veinte palabras consigo recordar casi todas; también recuerdo bien un relato y hago un dibujo de memoria.

—Funcionas a la perfección, Hyuga-san —me dice el doctor Morino tras revisar el último test—. Tus facultades están intactas, tu memoria a corto plazo es impecable, dadas las circunstancias, y no padeces problemas cognitivos… Pero sufres una amnesia retrógrada focalizada muy severa. Un caso insólito, ¿sabes?

—Pero ¿por qué?

—Tiene que ver con el modo en que te golpeaste la cabeza. —Se inclina hacia delante, traza en su bloc la silueta de una cabeza y empieza a dibujar dentro un cerebro—. Has sufrido lo que nosotros llamamos una herida de aceleración-desaceleración. Al golpear el parabrisas, tu cerebro sufrió una sacudida en el cráneo y una reducida región del mismo quedó, digamos, pellizcada. Puede que tengas dañado tu almacén de recuerdos… o tu capacidad para recuperar esos recuerdos. En tal caso, el almacén permanecería intacto, por así decirlo, pero no podrías abrir la puerta.

Le brillan los ojos como si fuera fabuloso: como si yo misma tuviera que estar emocionada con «mi caso».

—¿No puede aplicarme un tratamiento? — pregunto, frustrada—. O darme otro porrazo en la cabeza, no sé.

—Me temo que no. —Parece divertido—. Contra la opinión popular, darle a un amnésico un golpe en la cabeza no sirve para que recobre la memoria. Así que no lo intentes en casa. —Se pone de pie—. Te acompaño a tu habitación.

Cuando llegamos, Neji esta mirando por la ventana y Hanabi está mirando aún el DVD mientras Toneri habla por teléfono. Termina su conversación de inmediato y cierra el móvil con un chasquido.

—¿Qué tal ha ido? –Dice Hanabi

—¿Qué has recordado, cariño? —pregunta Toneri.

—N-nada.

—En cuanto Hyuga-san regrese a su ambiente familiar, es probable que vaya recobrando la memoria de un modo natural —dice el doctor Morino con tono tranquilizador—. Aunque puede llevar su tiempo.

—Muy bien. —Toneri asiente con seriedad—. ¿Y ahora qué?

—Bueno. —el neuropsicologo hojea sus notas—. Físicamente ya estás en forma, Hyuga-san. Yo diría que mañana podemos darte de alta. Te citaré para dentro de un mes. Lo mejor hasta entonces es que estés en casa. —Sonríe—. Seguro que es donde quieres estar.

—¡Sí! —exclamo tras una pausa—…E-en casa. Genial.

Mientras pronuncio estas palabras, me doy cuenta de que no sé qué quiero decir exactamente con «casa». Mi casa era el piso de Okubo. Y ya no lo tengo.

—¿Cuál es tu dirección? —pregunta, sacando un bolígrafo.

—Eh… esto…

—Yo se la anoto —le dice Toneri, solícito, tomando el bolígrafo. Es demencial. Ni siquiera sé dónde vivo. Como esas ancianitas desorientadas.

—Buena suerte, Hyuga-san. —El hombre con cicatrices mira a Toneri y Neji—. Ustedes pueden ayudarla dándole toda la información posible sobre su vida. Anótenlo todo. Llévenla a los sitios donde ha estado. Si hay problemas, me llaman.

Se cierra la puerta y se hace un silencio, sólo perturbado por la cháchara de la tele.

Neji y Toneri se miran. Si tuviera tendencia a ver conspiraciones, diría que andan tramando algo.

—¿Q-qué pasa?

—Cielo, tu primo y yo hemos estado hablando antes de cómo… —vacila un momento— afrontar tu libertad, por así decirlo.

«¡Afrontar mi libertad!» Ni que fuera una psicópata peligrosa a punto de salir de la cárcel.

—Estamos en una situación un poco rara —prosigue—. Obviamente, a mí me llenaría de felicidad que quisieras venir a casa y reanudar tu vida sin más. Pero soy consciente de que podría resultarte incómodo. Al fin y al cabo… no me conoces.

—No. —Me muerdo el labio—. La verdad es que no.

—Le he dicho a Toneri que te acogeremos en casa encantados para que pases una temporada —interviene Neji.

-Desde luego, hubieron molestias-Interviene Hanabi- Les costó ponerse de acuerdo y…la verdad, ese departamento apesta.

—No es verdad —replica Toneri,— Es un lugar bien habituado…para…aclimatarse al exterior.

Qué extraña selección de palabras.

—Claro que no. —apunta Hanabi sin quitar los ojos de la pantalla—. Apesta.

Toneri se me acerca con aire preocupado.

—Hinata, no creas que voy a ofenderme. Comprendo lo difícil que tiene que resultarte esta situación. Soy un extraño para ti, nada más. —Abre los brazos con impotencia—. ¿Por qué demonios ibas a querer venir conmigo?

Me toca responder a mí, pero me he distraído con una imagen de la tele. Toneri y yo aparecemos en una lancha motora. A saber dónde estábamos, pero el sol brilla y el mar es azul. Los dos vamos con gafas oscuras. Toneri me sonríe mientras conduce la lancha y la verdad es que tenemos tanto glamour como dos personajes de una película de James Bond.

No puedo quitar la vista de la pantalla, me tiene hipnotizada. «Yo quiero vivir así —oigo en mi interior—. Es la vida que me dejo...No, esta vida me la he ganado. No voy a dejar que se me escurra entre los dedos.»

—Lo último que querría es ser un obstáculo en tu recuperación —continúa Toneri—. Decidas lo que decidas, lo comprenderé.

—Sí, y-yo... —Doy un trago de agua, intento ganar tiempo—. Voy… a pensarlo unos minutos.

Bueno. Vamos a aclarar mis opciones…

Quiero volver con mi familia.

Sin embargo, si mal no recuerdo, cuando me cambie a Okubo no fue solo por la intención de independizarme. Fue también porque yo significaba un gasto más, siendo que podía ahorrarle espacio y dinero a mi padre.

Una vez que mi madre fue internada y para ahorrar gastos familiares, mi padre dejo en arriendo la casa donde vivíamos, que era de un sector relativamente cómodo. Eso llevo que viviéramos en un departamento que era más barato, pero es dificil encontrar un buen lugar así de rápido. Mi tio dijo que lo mejor era compartir gastos, asi que viviamos en el mismo lugar mi padre, mis tios Hizashi y Natsu, mi primo Neji y Hanabi.

Ahora que decidi irme, y además que mi padre había fallecido, viven 4 personas ahí. O sea que al fin se volvió relativamente comodo.

Pero no tengo idea como son las cosas ahora en ese departamento, menos que paso luego del fallecimiento. Probablemente mi primo se hizo cargo del negocio, mi tio Hizashi debe seguir trabajando como profesor y la tia Natsu como vendedora de vegetales en el mercado de medio tiempo. Deben tener su ritmo establecido, incluyendo la crianza y cuidados de mi hermana.

Sumarle a eso alguien que no recuerda como llego a este punto de su vida en primer lugar sería pesado.

Además…no estaba segura de querer ir al lugar donde habría tantos recuerdos de mi padre. Aun no puedo enfrentarme a la realidad de que no sé lo que ocurrió con mi familia después de su funeral, de quién fui yo en esa casa despues de eso..

¿Los visitaba habitualmente?

¿Me olvide totalmente del asunto ahora que no estaba la sombra y desaprobación de mi padre?

No se si soy capaz de enfrentarme a esas preguntas, o siquiera descubrir si hay alguna.

Soy…una cobarde.

—¿Sabes, Toneri-s…Toneri? —Digo lentamente, midiendo mis palabras—. Creo que debería irme a vivir contigo.

—¿En serio? —Su rostro se ilumina, pero puede verse que está estupefacto.

—Eres mi marido. D-debo estar contigo.

—Pero no te acuerdas de mí —contesta, vacilante—. No me conoces.

—¡T-tendré que conocerte otra vez! —insisto, cada vez más entusiasmada—. Es indudable que la mejor manera de recordar mi vida es viviéndola. Tú… p-puedes hablarme de ti, de mí, de nuestro matrimonio… Puedo descubrirlo todo de nuevo. El médico dijo que las circunstancias conocidas serían de gran ayuda. Estimularán mi sistema de recuperación de archivos…Y mis ultimas circunstancias son las que he vivido contigo.

Estoy cada vez más decidida. Si, no sé nada de mi marido ni de mi vida. Pero esta no es solo la oportunidad de darme el tiempo, alejándome, de ver cómo lidiar con mi vida familiar. También esta esa fracción mía, curiosa y algo superficial, de saber cómo es la vida con un multimillonario.

¿Voy a tirarlo todo por la borda por el simple detalle de que no lo recuerdo?

Todo el mundo tiene que esforzarse de un modo u otro en su matrimonio. Yo tendré que concentrarme sobre todo en el apartado de recuerda-a-tu-marido.

—Toneri, y-yo quiero ir a casa contigo, de verdad —le digo con toda la sinceridad posible—. Estoy segura de que formamos un matrimonio lleno de amor. P-podemos conseguirlo.

—Sería maravilloso que volvieras. —Aún parece inquieto—. Pero no te sientas obligada…

—No me siento obligada. Lo hago porque… es lo que me parece más acertado.

—A mí me parece una gran mala idea —interviene Neji, que se había mantenido callado durante mi respuesta.

—Pues ya está—dice Toneri—. Decidido.

-Imoto-san, no te sientas presionada por él, no habrá problema en nuestro departamento- Neji se me acerca, preocupado.

No entiendo la preocupación de mi primo. Es decir, llevo todo este tiempo viviendo con mi esposo. ¿El debería saber cuidar de mí, no? Si en primer lugar lo elegí, es porque es buena persona.

—Nadie presionara a nadie, Hyuga-san. —Le contesta Toneri, desafiante. O al menos eso parece, por llamar así a Neji. Luego me mira a mí.-Evidentemente, no querrás… —Toneri titubea, mirándome incómodo—. Quiero decir… yo ocuparé la suite de invitados.

—Te lo agradecería —respondo, imitando su tono formal—. Gracias, Toneri.

Neji me mira aún con preocupación.

-Nii-san, no estes así...Es natural que quiera ir al lugar donde he pasado mayor parte de mi vida...o sea, del trozo de vida que perdí.

Mi primo observa un rato a Hanabi, que parecía indiferente a la situación, y luego de estar pensativo, me toca el hombro.

-¿Estas 100% segura?

-Si, nii-san.

—Bueno, si estás segura… —El rostro de Toneri se ha iluminado—. Hagámoslo como es debido, ¿no?

Echa un vistazo a los anillos, que siguen sobre la cajonera, y parece consultarme con la mirada.

—Eh…s-si—asiento entusiasmada.

Coge los anillos y extiendo la mano con timidez. Observo, paralizada, cómo me los desliza en el dedo. Primero la alianza; luego el enorme diamante solitario. Se hace un silencio mientras contemplo mi mano.

—¿Te quedan bien, Hinata? —pregunta Toneri—. ¿No te molestan?

—Estan perfectos. De veras. Perfectos.

Sonrío abiertamente mientras vuelvo la mano a uno y otro lado. Tengo la sensación de que deberían tirarnos confeti o tocar la marcha nupcial. Hace dos noches estaba de plantón en una disco infecta… ¡y ahora estoy casada!

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Bueno, este fue el quinto capitulo! :D

Termine juntando dos capitulos igual al final xd se vio mas comoda la lectura de esa manera al menos.

Unas aclaraciones:

El barrio de Minato en Japon es efectivamente uno de los más acaudalados. Especificamente, el sector de Azabu es bastante costoso. Es donde, por ejemplo, vive Ayumi Hamasaki (en un penthouse de Minami-Azabu) , o bien donde hay varias embajadas y consulados.

El restaurant que menciona Toneri, "Ise Sueyoshi", esta localizado en Nishi-Azabu. Aqui, una cena o almuerzo cuesta aproximadamente 19.500 yenes, o sea, 115.400 pesos chilenos. Podrán notar entonces que es bastante caro.

Finalmente, Takeshi Kaneshiro es un actor que me encanta, actua en "La Casa de las Dagas Voladoras" y en "El Acantilado Rojo", por dar unos ejemplos.

Gracias a CotyCandy por siempre dejar un review :3 y me alegra mucho que con mi fanfic te hayas entusiasmado por leer la historia original. Me halago bastante :D

Gracias tambien a los seguidores de esta historia!

Nos vemos para el proximo capi