La historia que transcurre no es mía, sino de la autora Sophie Kinsella. La adaptación, sin embargo, es de mi autoría.
Los personajes mencionados pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 14
No puedo mirar a Toneri sin pensar en una montaña de crema. Anoche soñé que todo él estaba hecho de eso.
No era un sueño agradable.
Por suerte, apenas nos hemos visto este fin de semana. Él estaba ocupado acompañando a unos clientes importantes y yo tratando de idear a la desesperada un plan para salvar el departamento.
He revisado los contratos de los últimos cuatro años, estudiado toda la información de nuestros proveedores y analizado la respuesta de los clientes. Para ser sincera, es una situación de mierda. El año pasado tuve un pequeño triunfo cuando negocié duramente un contrato con una empresa informática. Seguro que fue eso lo que impresionó a Ryotenbin Onoki.
Pero no basta.
No es sólo que el nivel de los pedidos sea muy bajo, sino que en la empresa nadie parece interesado en Suelos y Alfombras. Contamos únicamente con una pequeña parte del presupuesto de publicidad y marketing que manejan otros departamentos. No organizamos ninguna promoción especial. En la reunión semanal de directores, Suelos aparece siempre en el último punto del orden del día.
Es la Cenicienta de la empresa.
Pero todo eso va a cambiar si de mí depende. A lo largo del fin de semana he elaborado un relanzamiento completo. Hará falta algo de dinero y fe, y habrá que recortar gastos, pero podré darles un buen empujón a las ventas.
Cenicienta fue al baile, ¿no? Pues yo voy a ser el hada madrina. Tengo que serlo. No puedo dejar que todas mis amigas se queden en la calle.
Otra vez tengo el estómago revuelto por los nervios. Me dirijo en taxi a la oficina, con el pelo impecablemente recogido, un trae beige de dos piezas y decorada apenas con unos aretes de perla, que hacen conjunto con mis ojos. Llevo la carpeta de mi presentación en el regazo. La reunión empieza en una hora. Los demás directivos van a votar a favor de desmantelar Suelos y Alfombras. He de hacerlo perfecto. O si no…
No. Si no, nada. He de conseguirlo como sea…
Suena mi teléfono y casi salto del asiento, tan nerviosa estoy.
—¿Sí?
—¿Hinata? —dice una vocecita—. Soy Hanabi. ¿Estás ocupada?
—¡Hanabi-chan! —exclamo sorprendida—. ¡Q-qué tal! En realidad, ahora mismo…
—Estoy en un aprieto. Tienes que venir. Por favor.
—¿Un aprieto? ¿Qué clase de aprieto?
—Ven, por favor. —Le tiembla la voz—. Estoy cerca de la línea del metro Marunouchi.
—¿Por Marunouchi? ¿A qué altura? ¿Por qué no estás en el colegio?
—Un momento. —Con el sonido amortiguado, oigo que le dice a alguien: «Estoy hablando con mi hermana mayor, ¿si? Ella viene ahora.» Luego se pone otra vez—. Por favor, Hinata. Por favor. Me he metido en un lío tremendo.
Nunca había oído a Hanabi así. Suena desesperada.
—¿Qué has hecho? —Intento imaginarme con qué tipo de gente puede haberse enredado. ¿Traficantes? ¿Usureros?
—Estoy cerca de…de la esquina de LOVE Object. ¿Cuánto tardarás?
—Hanabi-han… —Me agarro la cabeza—. ¡N-no puedo! Tengo una reunión superimportante. ¿No puedes llamar a Neji-niisan?
—¡No! —Su voz se llena de pánico—. Hinata, me lo dijiste. Me dijiste que podía llamarte cuando te necesitara, que eras mi hermana mayor y me apoyarías.
—Pero no quería decir… Tengo u-una presentación… —Me interrumpo, consciente de lo poco convincente que sueno—. Escucha, en cualquier o-otra ocasión…
—Claro. —Me dice con una vocecita indefensa. Parece que tenga diez años—. Ve a tu reunión. No te preocupes.
La culpa me reconcome, mezclada con un sentimiento de frustración. ¿Por qué no podría haber llamado anoche? ¿Por qué habrá elegido precisamente este momento?
—Hanabi, dime, ¿qué ha pasado?
—No importa. Ve a tu reunión. Siento haberte molestado.
—¡Un momento! ¡D-Déjame pensar un segundo! —Miro sin ver por la ventanilla, desquiciada de estrés e indecisión… Faltan tres cuartos de hora para la reunión. No hay tiempo, no lo hay.
Podría hacerlo si voy ahora mismo. Sólo estamos a diez minutos de ese sector, relativamente cerca del City Tower.
Pero no puedo arriesgarme a llegar tarde. No puedo.
Y entonces, súbitamente, por encima del ruido de fondo de la línea, oigo la voz de un hombre, primero hablando y luego chillando. Miró el teléfono con un escalofrío. No puedo dejar a mi hermanita en la estacada. ¿Y si tiene problemas con una banda peligrosa? ¿Y si están a punto de darle una paliza?
—Hanabi-chan, espérame —le digo bruscamente—. Ya voy. —Me inclino y llamo a la ventanita del conductor—. Tenemos que dar un rodeo hacia el LOVE object. Lo más rápido que pueda, por favor.
Mientras el taxi se desvía resoplado, voy asomándome por la ventanilla, tratando de divisar a Hanabi. De repente veo un coche de policía. En la esquina.
De hecho, el lugar de esa escultura esta cerca de la jefatura de Policia, ahora que recuerdo.
Oh no.
Me da un vuelco el corazón. Demasiado tarde. Le han disparado. La han apuñalado.
Aterrorizada, le lanzo un billete al taxista y bajo. Delante del coche de policía se agolpa una multitud que me impide ver nada: todos aguzando la vista, gesticulando y hablando. Malditos mirones.
—Disculpe. —La voz me flaquea mientras me abro paso entre el gentío—. Es mi hermana. ¿Me deja pasar?
Logro abrirme paso entre anoraks y chaquetas tejanas mientras me armo de valor para lo que tal vez me espera…
Y allí está Hanabi. Ni apuñalada ni tiroteada, sino sentada en un murete y con aspecto muy alegre.
—¡Hinata! —Se vuelve hacia el policía que tiene al lado—. Ahí está. Ya le he dicho que vendría.
—¿Q-qué ha pasado? —pregunto, aliviada y aún temblorosa—. Creía que estabas en un apuro…
—¿Ésta es su hermana? —me interrumpe el policía, un tipo bajo y fornido, y con unos gruesos antebrazos, que está tomando notas.
—Eh… sí, lo es. —Tengo el corazón en un puño. ¿La habrán pillado robando en una tienda?
—Me temo que esta joven se ha metido en un lío. Se ha dedicado a explotar a los turistas. Y ahí hay un montón de gente indignada —dice, señalando a la multitud—. No tendrá nada que ver con usted, ¿verdad?
—¡N-No! ¡Claro que no! ¡N-Ni siquiera sé de qué me habla!
—Rutas de famosos, por llamarlas así. —Y me alcanza un folleto, arqueando las cejas.
Sin dar crédito, contemplo un folleto amarillo fluorescente, obviamente pergeñado con un ordenador muy cutre.
RUTA SECRETA DE LOS FAMOSOS
Muchas estrellas de Hollywood se hallan escondidas cuando visitan Tokyo.
Véalas en un tour único. Disfrute sorprendiendo a:
–Madonna poniendo la lavadora
–Gwyneth en su jardín
–Leo DiCaprio reposando en casa
¡Impresione a sus amistades!
Solo 1.500 por persona, incluida la guía de la A a la Z.
Nota importante: Si interpela a las estrellas, ellas negarán su identidad. ¡No se deje engañar! ¡Eso forma parte de su vida de incógnito!
Levanto la vista, alucinada.
—¿Esto es en serio?
El policía asiente.
—Su hermana ha guiado a un montón de gente por la ciudad, prometiéndoles que verían a famosas estrellas de cine.
—¿Y a quién han visto?
—A personas como ésa—dice, señalando a una mujer teñida de rubio y delgada, con tejanos y una blusa campesina, que está en los escalones de una casa señorial con una niña de dos años en brazos.
—¡Que no soy Gwyneth Paltrow! —le está diciendo airada a un par de turistas—. ¡Y no, no pienso firmarle ningún autógrafo!
Se parece bastante a Gwyneth. Tiene el mismo pelo rubio lacio y un tipo de cara similar, sólo que algo más vieja y demacrada.
—¿Usted está con ella? —La doble de Gwyneth me ha visto y baja enfurecida a la acera—. Voy a poner una denuncia. Yo solo vine de visita a Japón. Llevo toda la semana con gente sacando fotografías de mi casa y entrometiéndose en mi vida… —Se interrumpe y se vuelve como un rayo—. ¡Que no se llama Apple! ¡Se lo digo por última vez! —le grita a una señora que no para de llamar «Apple» a la niña para sacarle una foto.
La mujer está hecha una furia, y no es de extrañar.
—Cuanto más repito que no soy Gwyneth Paltrow, más convencidos están de que lo soy—le dice al policía—. Tendré que irme antes.
—Debería sentirse halagada —comenta Hanabi, como si nada—. La han tomado por una estrella ganadora de un Oscar.
—¡Y tú deberías estar en la cárcel! —ladra la falsa Gwyneth, y parece dispuesta a atizarla en la cabeza.
La secundaría con gusto, si he de ser sincera.
—Voy a tener que amonestar a su hermana oficialmente —me informa el policía mientras una agente acompaña a Gwyneth a su casa—. Puedo dejarla bajo su custodia, pero sólo cuando haya rellenado estos impresos y concertado una cita en comisaría.
—Está bien —digo, lanzándole una mirada asesina a Hanabi—. Lo que usted diga.
—¡Vete a la mierda! —Gwyneth esquiva a un chico con aspecto estrafalario que no deja de perseguirla con un CD en la mano—. ¡No voy a darle ningún disco a Chris Martin! ¡No lo conozco! ¡Ni siquiera me gusta Coldplay!
Hanabi se muerde los carrillos para contener la risa.
Sí, super divertido. Nos lo estamos pasando bomba. Y yo no tengo nada mejor que hacer ahora mismo.
Relleno los formularios a toda prisa y estampo furiosamente un punto final después de mi firma.
—¿Podemos irnos ya?
—Está bien. Pero será mejor que no la pierda de vista —añade el policía mientras me entrega un duplicado y un folleto titulado: «Guía práctica de la amonestación policial.»
¿Que no la pierda de vista? Sólo me faltaba eso.
—Claro. —Le dirijo una sonrisa forzada y meto los documentos en el bolso—. Lo haré lo mejor posible. Vamos, Hanabi —Echo un vistazo al reloj y me entra un espasmo de pánico. Son las doce menos diez—. ¡Rápido! D-debemos de encontrar un taxi.
—Pero yo quiero ir al I-Land Tower…
—¡Hemos de encontrar un condenado taxi! —chillo—. ¡Te-Tengo que llegar como sea a la reunión!
Ella abre los ojos como platos y empieza a buscar, obediente. Finalmente, consigo parar uno y la meto dentro de un empujón.
—Tokyo Opera City Tower. Lo más deprisa que pueda.
Es imposible que llegue en hora, pero al menos puedo llegar. Aún puedo decir lo que tengo que decir. Aún puedo…
—Hinata… gracias —dice Hanabi con vocecita inocente.
—De nada.
Mientras el taxi continua su recorrido, mantengo los ojos fijos en la calzada, deseando con todas mis fuerzas que los semáforos se pongan verdes y el tráfico se mueva. Pero todo parece paralizado. No voy a llegar a tiempo.
Saco el móvil, marco el número del despacho de Ryotenbin Onoki y aguardo a que responda su asistente.
—Hola, Deidara-san—le digo impostando tono profesional—. Soy Hinata. Estoy metida en un atasco, pero es de vital importancia que participe en la reunión. ¿Me haces el favor de pedirles que me esperen? Voy de camino en un taxi.
—Claro —dice el rubio—. Se lo diré. Hasta luego.
—Gracias.
Cierro el móvil y me acomodo, algo más tranquila.
—Lo siento —dice Hanabi.
—Ya. No importa. —Suspiro y la miro de frente por primera vez desde que hemos subido al taxi—. ¿Por qué, Hanabi?
—Por dinero. —Se encoge de hombros—. ¿Por qué no?
—¡Porque cualquier día te vas a meter en un lío de verdad! Si necesitas dinero, búscate un trabajo. O pídeselo a tio Hizashi.
—¿Al tío? —replica con desdén—. El no tiene dinero.
—Claro, quizá no lo tenga a montones…
—No tiene nada. ¿Por qué crees que seguimos en el mismo edificio? ¿Por qué crees que la calefacción siempre está apagada? Ahorran cada maldito yen. Me pasé la mitad del último invierno en casa de una amiga. Al menos, ellos tienen los radiadores encendidos.
—Pero eso es muy raro —digo—. ¿Cómo se explica? Nuestro tío no tendrá un trabajo tan lujoso, al igual que tía Natsu o Neji-niisan, pero ganaban lo suficiente…Vivíamos bien…
Ya sé que buena parte de las ganancias del negocio de nuestro padre se iban directamente a la mantención de la clínica de mi madre, como también en la contratación de la enfermera que venía con ella en verano. Pero teníamos buena vida, con las medidas de ahorro que teníamos, lo único algo incomodo era el espacio.
Luego que me fui a mi departamento en Okubo, eso seguía igual.
—No sé. Todo cambio, supongo. Pero no es como si lo hablaran conmigo —contesta bajando la mirada.
—Bueno, en todo caso, tú no puedes seguir así. En serio, acabarás en la cárcel.
—Si, claro —Se echa atrás el pelo veteado de azul—. Nunca termina pasando nada. Y si pasa algo, será como esa serie de occidente. Todas en prisión son geniales
—¿De que hablas? ¿De dónde has sacado esa idea? ¡Es horrible! ¡Es brutal! Todo el mundo tiene el pelo fatal y no puedes depilarte ni usar crema limpiadora. —Me lo estoy inventando. Seguro que hoy en día tienen centros termales y secadores para el pelo—. Y no hay chicos —añado para rematar—. Y no están permitidos los celulares, ni el chocolate ni los DVD. Has de limitarte a dar vueltas al patio. —Seguramente no es así, pero ya estoy lanzada—. Con cadenas en los pies.
—Ya no llevan cadenas —replica Hanabi con una mueca
—Han vuelto a instaurarlas —miento sin inmutarme—. Sobre todo en el caso de los adolescentes. Ha sido una medida experimental del gobierno. Hanabi-chan, ¿no lees el periódico?
Hanabi parece un poco asustada.
Ja. Se lo merece.
—Bueno, lo llevamos en los genes —dice, adoptando otra vez su tono desafiante.
—¿Cómo que lo llevamos…?
—Padre estuvo en la cárcel —afirma.
—¿Padre? —La miro fijamente—. ¿C-Cómo que padre? —La idea es tan descabellada que me dan ganas de reírme.
—Es cierto. Oí que lo decían unos tipos en el funeral. O sea que es mi destino. —Se encoge de hombros y saca un paquete de cigarrillos.
—¡Ya b-basta! —Le arranco el paquete de las manos y lo tiro por la ventanilla—. Padre no fue a la cárcel y tú tampoco vas a ir. Y n-no es genial. Es fatal. —Reflexiono un instante—. Escucha, Hanabi-chan… ven a trabajar a mi empresa. Te lo pasarás bien. Ganarás experiencia y sacarás algo de dinero.
—¿Cuánto?
Puede llegar a ser irritante esta niña.
—¡L-Lo suficiente! Y así quizá yo no le cuente esto a Neji-niisan o a los tíos… ¿Trato hecho?
Se hace un largo silencio en el taxi. Hanabi se está arrancando escamas de esmalte azul de la uña como si fuese lo más importante del mundo.
—Trato —dice por fin, encogiéndose de hombros.
El taxi se para en un semáforo en rojo y siento un espasmo de angustia al mirar el reloj por millonésima vez. Las doce y veinte. Espero que hayan empezado con retraso. Mi mirada se detiene en el folleto turístico y, muy a mi pesar, se me escapa una sonrisa.
Era un plan ingenioso.
—¿Quiénes eran los otros famosos? ¿No me dirás que había una Madonna?
—¡Ya lo creo! —Su mirada se ilumina—. Hay una mujer en Shibuya que con peluca es igualita, sólo que un poco más gorda. Todo el mundo se lo ha tragado. Tenía a Sting, a Leo DiCaprio y también a un lechero muy simpático parecido a Jet Lee.
—¿Un lechero? —Se me escapa la risa.
—Les dije que hacía servicios comunitarios de incógnito.
—¿Y cómo los encontraste?
—Buscando. Gwyneth fue la primera. Ella me dio la idea, en realidad. Tampoco es como si viniera a Japon a completar estudios o algo. Pero ahora que hice el negocio —Esboza una sonrisa—. Me odia a muerte.
—¡No es para menos! Seguramente la han acosado más que a la auténtica Gwyneth.
El taxi arranca. Nos acercamos al edificio. Abro la carpeta y repaso mis notas para asegurarme de que tengo frescos los puntos esenciales.
—Oye, lo de padre no me lo he inventado. —Su seriedad me pilla por sorpresa— Dijeron que había estado en la cárcel.
Vaya. No me cabe en la cabeza. ¿Padre en la cárcel? Parece imposible
¿Cómo no me entere?
—¿Le preguntaste a tio Hizashi?
—No.
—Seguro que no habría sido por algo… —Vacilo—. Ya me entiendes, malo.
—Mse…¿Recuerdas que solía llamarnos sus florecillas? Tú, mamá y yo.
Sonrío, recordándolo.
—Le gustaba bailar con las tres. Claro, cuando andaba de animos—digo.
—Sí. Y compraba aquellas cajas de bombones enormes.
—Y tú acababas enferma…
—Alfombras Ryotenbin, señoras. —El taxi se ha detenido frente al edificio.
—Ah, bien. Gracias. —Hurgo en mi monedero—. Hanabi, tengo que salir corriendo. Lo siento, es superimportante.
—¿Qué pasa?
—Debo salvar a mi departamento. —Forcejeo con la manivela y bajo trastabillando—. Tengo que convencer a doce directivos de algo que ya habían decidido no hacer. Y llego tarde.
—Uau. —Me mira indecisa—. Pues buena suerte.
—Gracias, ya hablaremos.
Le doy un abrazo, subo volando los escalones y entro en el vestíbulo con media hora de retraso. Podría ser peor.
—¡Ho-Hola! —le digo a la recepcionista, al pasar como una exhalación por el mostrador—. ¡Ya estoy aquí! ¿P-puedes avisarles?
—Hyuga-san… —empieza, pero no tengo tiempo de pararme.
Entro en el ascensor, oprimo el botón de la octava planta y aguardo los segundos angustiosos que tarda en llegar arriba. Tendrían que poner ascensores más rápidos, por favor. Ascensores de emergencias, instantáneos…
Por fin. Salgo disparada, corro a la sala de juntas y… me paro en seco.
Ryotenbin Onoki está en el pasillo, frente a la sala, hablando jovialmente con tres tipos trajeados. Un hombre de traje azul se está poniendo el abrigo. Deidara se mueve de aquí para allá, sirviendo café entre un runrún de conversaciones, con una cara de fastidio inmenso.
El pecho me estalla. Apenas puedo hablar.
—¿Qué… pasa aquí?
Todos se vuelven.
—Tranquila, Hinata-san —Onoki me mira con ceño, como el otro día—. Estamos haciendo un descanso. Ya hemos terminado lo más crucial de la reunión y A-san tiene que marcharse —dice, señalando a un tipo moreno, alto y con cabello cano, que se acomoda el abrigo.
—¿Cómo que terminado? —Siento una sacudida de terror—. ¿Quieres de-decir…?
—Ya hemos votado. A favor de la reorganización.
—¡P-pero no pueden! —Me acerco a él, desquiciada—. ¡He e-encontrado un modo de salvar el departamento! ¡La m-marca aún tiene valor, estoy segura! ¡Por favor! —Me dirijo directamente al hombre moreno—. A-san, por favor, no se vaya. Escúcheme hasta el final y vuelve a votar…
A me da la espalda, incómodo.
—Fue un gusto de verte, Onoki. He de irme a otra reunión.
—Desde luego.
No quieren darse por enterados siquiera. No quieren escucharme. Con piernas temblorosas, veo desfilar a los directivos hacia la sala de juntas.
—Hyuga-san—me dice Onoki—. Encuentro admirable la lealtad que demuestras a tu departamento, pero no puedes comportarte así en una reunión de directivos, mucho menos frente a nuestro accionista mayoritario. —Hay acero bajo su tono amable: está furioso.
—O-Onoki-san, p-perdone, yo… —Trago saliva.
—Sé que las cosas no te resultan fáciles desde tu accidente. —Hace una pausa— . Propongo que te tomes unas vacaciones pagadas de tres meses. Y cuando vuelvas, te encontraremos un puesto más… adecuado. ¿De acuerdo?
Me quedo lívida. Me está degradando.
—Estoy bien. No n-necesito ningunas vacaciones…
—Yo creo que sí. —Suspira—. Hinata-san, lamento mucho cómo han ido las cosas. Si hubieras recuperado la memoria, todo habría sido diferente. Pero Kabuto me ha puesto al corriente de tu situación. No estás en condiciones de ocupar un puesto ejecutivo.
Su tono es terminante.
—B-bien —acierto a decir—. Lo comprendo.
—Ahora quizá quieras bajar a tu departamento. Como no estabas aquí… — Hace una pausa significativa—. He confiado a Kabuto la tarea de darles la mala noticia.
¿Kabuto?
Con una brusca vuelta, Onoki desaparece en la sala de juntas. Me quedo mirando la puerta como si estuviera clavada al suelo. Luego, con un repentino acceso de pánico, corro al ascensor. No puedo permitir que Kabuto les dé la noticia. Al menos eso tengo que hacerlo yo misma.
En el ascensor, marco en mi móvil el número de él. Me sale el buzón de voz.
—¡Kabuto! —digo jadeante—. ¡N-No informes aún al departamento de los despidos! ¿De acuerdo? Quiero hacerlo personalmente. Repito: no se lo digas.
Salgo del ascensor a todo correr y me encierro en mi despacho. Me tiembla todo el cuerpo. Nunca había estado tan muerta de miedo. ¿Cómo voy a darles la noticia? ¿Qué voy a decirles? ¿Cómo contarles a tus propias amigas que estarán despedidas?
Camino de un lado para otro, retorciéndome las manos y con la sensación de que voy terminar vomitando. Esto es peor que un examen, que un análisis, que cualquier otra cosa…
Un ruido me pone en guardia. Voces.
—¿Está ahí dentro?
—¿Dónde está?
—¿Se ha escondido, la muy bruja?
Por un momento, considero la posibilidad de esconderme debajo del sofá.
—¿Todavía está arriba? —Las voces suenan cada vez más fuertes detrás de la puerta.
—¡No; la he visto! ¡Está ahí dentro! ¡Hinata! ¡Sal!
Alguien aporrea la puerta y me echo a temblar. Luego me obligo a comportarme y abro.
Están todos frente a la puerta. Lo saben. Los quince miembros del departamento de Suelos y Alfombras. En silencio, con aire acusador. Ten-Ten encabeza el grupo y me dirige una mirada glacial.
—No… n-no he s-sido yo —tartamudeo—. E-Escuchenme, por favor. No ha sido decisión m-mía. Yo he i-intentado… iba a… —Se me apaga la voz.
Soy la jefa. La salvación del departamento dependía de mí, pero no lo he conseguido.
—L-Lo siento —susurro, con lágrimas en los ojos, mientras voy mirando los rostros implacables—. Lo siento muchísimo…
Se hace un silencio. Creo que acabaré derritiéndome bajo el odio de sus miradas. Luego, como obedeciendo a una señal, dan media vuelta todos a la vez y se alejan. Con las piernas como flanes, regreso a mi escritorio y me desplomo en la silla. ¿Cómo se lo habrá anunciado Kabuto? ¿Qué les habrá dicho?
Y de repente lo veo en mi correo electrónico. Una circular para todo el mundo con el título: «Colegas. Malas noticias.»
Abro el mensaje y lo leo, gimiendo de desesperación. ¿Es esto lo que ha enviado? ¿Con mi nombre?
A todos los colegas de Suelos y Alfombras:
Como quizá saben, los resultados del departamento han sido desastrosos últimamente. Por tanto, el consejo directivo ha decidido suprimirlo.
Por consiguiente, la empresa tendrá que prescindir de vosotros a partir de junio. Entretanto, Hinata y yo les agradeceríamos que sigan trabajando con mayor eficiencia y rendimiento. Recuerden que vamos a dar referencias vuestras, así que nada de holgazanear.
Saludos,
Kabuto y Hinata
Ahora sí quiero pegarme un tiro. Si por un momento pensé que podría ponerme a flote, estaba equivocada. Estoy más hundida que nunca.
¿Qué más puedo hacer?
Cuando llego a casa, me encuentro a Toneri en la terraza, leyendo el Japan Spotlight , disfrutando del sol de la tarde y tomándose un gin-tonic.
—¿Te ha ido bien el día?
—A decir verdad… no —respondo con voz temblorosa—. Ha sido un día horrible. Van a despedir al departamento entero. —En cuanto lo digo en voz alta, me deshago en lágrimas—. T-Todas mis amigas van a p-perder su trabajo. Me odian… y no...yo n-no las culpo.
—Querida. —Toneri deja el periódico—. Así son los negocios. Son cosas que pasan.
—S-Si... P-pero son mis amigas. Conozco a Ten-Ten desde los seis años.
Él parece reflexionar mientras da sorbos a su bebida. Finalmente, se encoge de hombros y vuelve a concentrarse en el periódico.
—Ya te lo he dicho, son cosas que pasan.
—N-No. No pasan simplemente. —Niego con la cabeza, mientras lo miro. Se que tengo la cara hecha un lío por las lagrimas, mas no puedo evitar enfrentarlo.—. Uno puede evitar que pasen. Uno puede luchar.
—Cielo. —Toneri parece divertido—. Tú conservas tu puesto, ¿no?
—Sí...
—La empresa no se va a la quiebra, ¿verdad?
—N-No...No lo hará
—Pues ya está. Tómate un gin-tonic
¿Cómo puede responder así? ¿Será humano?
—No quiero un gin-tonic… —Estoy perdiendo los estribos—. ¡No quiero n-ningún gin-tonic!
—¿Una copa de vino, entonces?
—Toneri, ¿n-no lo entiendes? —levanto la voz—. ¿No comprendes lo t-terrible que es?
Toda mi rabia contra Ryotenbin Onoki y el resto de directivos se vuelve ahora como un torbellino hacia mi marido, ahí sentado tan campante con su gin-tonic.
—Hinata, querida…
—¡E-esa gente necesita su trabajo! ¡No son superricachones!—Hago un gesto abarcando nuestra terraza reluciente—. Tienen hipotecas q-que pagar. O alquileres. O…O quizás…Banquetes de boda.
—Te lo estás tomando demasiado en serio —dice secamente y pasa una página del periódico.
—¡Y tú de-demasiado a la ligera! Y n-no lo entiendo… No te entiendo. —Quiero que levante la vista, que se explique, que hablemos del asunto.
Pero no reacciona. Como si no me hubiera oído.
Todo mi cuerpo palpita de pura frustración. Me dan ganas de tirarle el gin-tonic por la cabeza.
—M-Muy bien —digo por fin—. No hablemos. Finjamos que todo va bien y que estamos de acuerdo, a…a-aunque no lo estemos…
Giro sobre los talones y me quedo sin aliento.
Naruto está en la puerta de la terraza.
Está con tejanos, una camiseta blanca y con una chaqueta naranja. Puedo ver su expresión, está preocupado.
—Hola. —Da un paso—. Me ha abierto Chiyo-obasan. ¿Molesto?
—¡N-No! —Me vuelvo rápidamente para que no me vea la cara—. C-Claro que no. Todo va bien. Todo p-perfecto.
Tenía que ser él justamente. Para rematarme el día.
Pues no voy a mirarlo siquiera.
Como si no existiera.
—Hinata está algo disgustadita —le dice Toneri, bajando la voz como si compartiera una confidencia de hombre a hombre—. Van a despedir a unas cuantas personas de su trabajo.
—¿Q-qué? ¡No son u-unas cuantas! —protesto impulsivamente—. ¡Un departamento entero! Y yo… no he podido hacer nada para evitarlo. Se supone que soy su jefa...y lo arruine —Me resbala una lágrima por la mejilla; me la seco de un manotazo.
—Naruto. —Toneri ni siquiera me escucha—. Deja que te sirva una copa. He traído los planos de Bayswater, tenemos mucho de qué hablar… —Se levanta y se asoma al salón—. Chiyo ¡Chiyo! ¿Dónde se habrá metido? —Veo como entra a la casa— Espera un momento, Naruto. Ya vuelvo.
Nos quedamos juntos y en silencio.
No voy a mirarlo. No lo haré.
—Hinata-chan… —dice Naruto, acercándose, con voz grave y acuciante.
Todavía sigue intentándolo. Es increíble la desfachatez que tiene.
—¡D-déjame en paz! —me revuelvo contra él—. ¿No recibiste mi mensaje? No me interesa. No eres más que… u-un mujeriego y un charlatán. Incluso si me interesara, no sería buen m-momento, ¿sabes? Todo mi departamento acaba de desmoronarse. O sea que si no tienes una solución para eso, vete al cuerno.
Silencio.
Preveo que va a salirme con alguna de sus frases baratas, pero no: lo que hace es mirarme confundido a los ojos y rascarse la cabeza con aire perplejo.
—No lo entiendo. ¿Qué pasó con el plan?
—¿P-Plan? ¿Qué plan?
—Ese contrato monstruo de alfombras.
—¿Qué alfombras? ¿Qué contrato?
Naruto abre los ojos de par en par. Por un instante me mira como si le estuviera tomando el pelo.
—No hablarás en serio… ¿No sabes nada?
—¿D-De qué? —exclamo al borde del ataque—. No sé de qué estás hablando…
—Hinata-chan, escúchame bien. Tenías preparado en secreto un contrato gigantesco. Dijiste que eso lo iba a cambiar todo, que iba a suponer unos ingresos enormes, que transformaría el departamento… Así que te gusta la vista, ¿eh, Hinata? —Cambia de chip automáticamente al ver regresar a Toneri con otro gin-tonic.
¿Un contrato monstruo?
El corazón me va a cien mientras observo cómo Toneri le alcanza la bebida y le ofrece una silla bajo el toldo.
«No le hagas ni caso —dice una voz en mi cabeza—. Lo ha inventado. Está jugando contigo, es otro truco suyo.»
¿Y si no lo es?
—Toneri, cariño. Perdona lo de antes. —Las palabras me salen con demasiada facilidad—. Ha sido un día difícil. ¿Podrías traerme una copa de vino?
A Naruto ni siquiera lo miro.
—¡Descuida, cielo! Esas cosas sin importancia pasan—Toneri desaparece otra vez y me vuelvo a toda prisa.
—Dime de qué e-estás hablando —le susurro—. Rápido. Y que no sea una de tus mentiras.
Mientras lo miro a los ojos, no puedo dejar de sentir cierta humillación. No sé si puedo creerle nada, pero tengo que asegurarme. Porque si hay un uno por ciento de posibilidades de que sea cierto…
—No es ninguna mentira. Si hubiera comprendido antes que no lo sabías… —Sacude la cabeza, incrédulo—. Llevabas trabajando en ello semanas. Tenías una carpeta azul grande que llevabas a todas partes. Estabas tan excitada que apenas podías dormir…Aunque...— Pausa para tomarse el menton y mirarme de forma divertida— No nos quitaba el tiempo para otras cosas...
Siento mi cara roja otra vez. Y no es por frustración o rabia.
—P-Pero ¿qué era?
—No conozco los detalles. Eras demasiado supersticiosa para contármelo. Tenías la teoría de que al contarlo, algo malo pasaría. —Hace una mueca, como compartiendo un chiste privado—. Pero sí sé que pensabas aprovechar los diseños de alfombra retro de un viejo libro de muestras. Y que iba a ser un supercontrato.
—Pero ¿C-Cómo es posible que yo no lo sepa? ¿Cómo es que nadie lo sabe?
—Porque ibas a mantenerlo en secreto hasta el último momento. Me dijiste que no te fiabas de todo el mundo en la oficina y que era mejor… —Se interrumpe al ver a Toneri.
Me siento como si me hubieran dado una bofetada. No puede dejarme así.
—Aquí tienes, Hinata—me dice mi marido con aire jovial, tendiéndome una copa de vino. Luego se sienta a la mesa y le indica a Naruto que lo acompañe—. He hablado otra vez con el técnico de urbanismo…
Me quedo inmóvil mientras ellos hablan. Tengo la cabeza a cien, las dudas me corroen.
Podría ser todo un cuento. Quizá yo sea una boba sin remedio por escucharlo siquiera.
Pero ¿cómo puede conocer la existencia de esa carpeta azul? ¿Y si resulta que es cierto? Siento un espasmo de esperanza. Si todavía existe alguna posibilidad, aunque sea mínima…
—¿Te encuentras bien, Hinata? —Toneri me mira extrañado y sólo entonces me doy cuenta de que estoy en medio de la terraza tapándome la cara con las manos.
—S-Sí…eh… perfectamente.
Me retiro al otro lado de la terraza y me siento en un balancín de acero galvanizado.
Noto el sol en la cara y apenas me llega el ruido del tráfico. Ellos siguen estudiando los planos del proyecto.
—Quizá tengamos que replantearnos por completo el parking —dice Naruto haciendo un esquema—. Tampoco es el fin del mundo.
—De acuerdo. —Toneri suelta un gran suspiro—. Si tú me dices que puede hacerse, te creo.
Doy un buen trago de vino y saco mi móvil. No puedo creer lo que estoy a punto de hacer. Con mano temblorosa, encuentro el número de Naruto y escribo un mensaje:
«¿Podemos vernos? » Lo envío y de inmediato deslizo el móvil en el bolso y me concentro en el panorama que se domina desde la terraza.
Un instante después, todavía ocupado en su esquema, Naruto saca el teléfono del bolsillo sin mirar hacia donde estoy. Lo examina un momento y teclea una respuesta.
Toneri no parece enterarse de nada.
Me obligo a contar hasta cincuenta y luego, como si tal cosa, abro mi teléfono. «Por supuesto.»
Y ahí esta el capítulo 14
Fue una parte interesante hacer la ruta para el desvío que toma Hinata en la parte de Hanabi en problemas. Quizas si alguna vez voy a Japon visite esas partes, para ver que tal XD
Espero que les guste este capitulo, para quienes leyeron la historia sabran que a partir de aquí se empezara a desmarañar el pasado-futuro que Hinata se construyo. El como y el que ocurrió, tomara algo de tiempo en la adaptación. Ya tengo la idea, claro, pero hay que escribirlo :3
Gracias a todos los que siguen este fic, espero que les guste hasta ahora
Nos vemos!
