La historia que transcurre no es mía, sino de la autora Sophie Kinsella. La adaptación, sin embargo, es de mi autoría.
Los personajes mencionados pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 15
Quedamos en un local llamado Ichiraku. Un local pequeño y acogedor con las paredes pintadas de color terracota, con decoraciones de madera y estantes llenos de platos, recipientes y cuencos. Al entrar y echar un vistazo a la barra, tengo la extraña sensación de haber estado aquí antes.
Tal vez sea el típico déjà vu. O tal vez me estoy haciendo ilusiones.
Naruto está en la silla del rincón, comiendo fideos de un cuenco, y, en cuanto levanta la vista sonriéndome mientras traga, noto que me pongo en guardia. En contra de lo que me dice mi instinto, a pesar de todas mis protestas, aquí estoy, acudiendo a una cita ilícita. Tal como él había pretendido desde el principio.
Tengo la sensación de estar cayendo en una trampa… pero aún no sé en qué consiste.
En cualquier caso, he venido por motivos profesionales. Mientras sea capaz de recordarlo, todo irá bien.
—Hola, Naruto-san —Me siento y dejo el maletín a un lado—. B-Bueno. Los dos somos gente ocupada. Hablemos de ese contrato.
Naruto me mira fijamente, como si no acabara de entender
—¿Hay algo más que puedas contarme? —Añado, sin hacer caso de su expresión—. Creo que tomaré un té.
—Hinata-chan, antes que todo ¿Qué te paso? ¿Qué pasó en la fiesta?
—No… No sé a q-qué te refieres. —Cojo la carta y simulo estudiarla.
—Vamos… —dice él, apartando la carta para verme la cara—. No vas a esconderte ahora. ¿Qué ocurrió?
Le parece muy divertido todo esto. Lo detecto en su voz. Con una punzada de orgullo herido, estampo la carta en la mesa.
—Ya que quieres saberlo —le digo muy tiesa—, hablé con Shion, mi amiga, y me contó de tus… aficiones. Ahora sé que eran todo tonterías. Y no me gusta que m-me tomen el pelo, muchas gracias.
—Pero Hinata-chan…
—N-No te atrevas a fingir… Sé que lo intentaste con ella y con… o-otras. —Se me desliza en la voz un matiz de amargura—No eres más que…que un tipo que les dice a las mujeres casadas lo que quieren oír. Lo q-que tú crees que quieren oír.
Él no parpadea.
—Lo intenté con Shion y una que otra mujer del círculo tuyo y de Toneri. Y tal vez fui… —vacila un instante— demasiado lejos. Pero tú y yo estábamos de acuerdo en que lo hiciera. Era nuestra tapadera.
¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido que podía salirme con eso, el muy desvergonzado?
Lo miro furiosa e impotente. Puede decir lo que le apetezca y yo no tengo manera de saber si miente.
—Has de entenderlo. —Se inclina sobre la mesa—. Era todo fingido. Tramamos toda esa historia para despistar a la gente y tener una coartada si alguna vez nos veían juntos. Y Shion se la tragó, tal como queríamos.
—¿Querías… que t-te considerasen un mujeriego?
—¡Claro que no! Pero estuvimos a punto de fastidiarla un par de veces. Shion es muy atenta. Nos habría descubierto.
—Motivo por el cual ligaste con ella. —No puedo evitar el sarcasmo—. M-Muy bonito. Muy elegante.
Naruto me sostiene la mirada con firmeza.
—Tienes toda la razón. No estuvo bien. No era una situación cómoda precisamente y cometimos errores… —Alarga una mano hacia las mías—. Pero has de confiar en mí, Hinata-chan... Por favor. Tienes que dejarme que te lo explique.
—B-Basta. —Retiro las manos bruscamente—. No e-estamos aquí para hablar de esto. Centrémonos en el asunto. —Se acerca una camarera y pido un té.
Respiro hondo y lo miro con toda la decisión que puedo encontrar en mi cuerpo mientras que el se acomoda para mirarme.
—Ese contrato —prosigo en cuanto la camarera se retira— no existe. Lo he buscado por todas partes. He ido al despacho y mirado hasta en el último rincón, en todos los archivos del ordenador. También he buscado en casa, y nada. Lo único que he encontrado es esto. —Hurgo en el maletín y saco el papel con los códigos cifrados—. Estaba en un cajón casi vacío de mi escritorio.
Tengo la esperanza de que su mirada se ilumine de repente y me diga: «¡Ajá! ¡Ésta es la clave!», como si fuéramos los protagonistas de El código Da Vinci. Pero lo que hace es echarle un vistazo y encogerse de hombros.
—Es tu letra —dice.
—Y-Ya sé que es mi letra. Pero… no sé qué significa. —Tiro el papel al suelo, frustrada—. ¿Por qué no tenía mis notas en el ordenador del despacho?
—Hay un tipo en el trabajo… ¿Kabuto?
—Sí —digo con precaución—. ¿Q-Qué pasa?
—Tú no te fiabas de él. Sospechabas que quería que suprimieran el departamento. Creías que intentaría sabotearte. Y por eso sólo pensabas presentar el contrato ante el consejo directivo cuando estuviera del todo atado.
Alguien se abre camino por las cortinas repentinamente y doy un respingo, imaginando que es Toneri. Tengo ya una excusa en la punta de la lengua: «He salido de compras y adivina con quién me he tropezado. ¡Menuda coincidencia!»
Naturalmente, no es Toneri, sino un grupito de adolescentes que parlotean sobre sus clases.
—¿O s-sea que no sabes nada más? —La culpa me pone agresiva, casi acusadora—. No p-puedes ayudarme.
—Yo no he dicho eso —responde con calma—. He estado pensando en ello y me acuerdo de una cosa. Tu contacto era Tenshi Koran…Ronan… O algo así.
—¿Tenshi Konan? —El nombre me viene a la cabeza inesperadamente. Recuerdo que Rin me pasó un pósit con su nombre. Además de otras treinta y cinco notas.
—Sí, podría ser. Konan.
—Me parece que… me llamó mientras estaba en el hospital. Muchas veces.
—Ahí está. —Arquea las cejas—. A lo mejor deberías devolverle la llamada.
—No puedo. —Dejo caer las manos sobre la mesa, desanimada—. ¿Q-qué voy a decirle? «Hola, soy Hyuga Hinata, ¿tenemos un contrato a punto de firmar? Y por cierto, ¿usted a qué se dedica?» ¡N-No sé lo suficiente! ¿Dónde está t-toda esa información?
—Tiene que estar por ahí —dice removiendo el resto de caldo de su cuenco—. En alguna parte. Debiste de cambiar de sitio la carpeta. O la escondiste, para que quedara a buen recaudo.
—P-Pero ¿dónde?
La camarera me sirve el té. Soplo un poco el vapor humeando de él, pero no lo bebo. Tengo la cabeza hecha un lío
¿Dónde habré puesto esa maldita carpeta? ¿En qué estaría yo pensando?
—Me acuerdo de otra cosa. —Naruto estira el cuenco a la orilla contraria del mesón y pide otro a la camarera con un gesto—. Fuiste a Ibaraki. Donde está tu madre.
—¿De veras? ¿Cuándo?
—Unos días antes del accidente. Quizá te llevaste la carpeta.
—¿Al hogar donde esta ella? —digo, escéptica.
—Tal vez valdría la pena probar. —Se encoge de hombros.
Remuevo mi té de malhumor, mientras la camarera le sirve a Naruto otro cuenco con ramen. No quiero molestar a mi madre. Tendría que dar tantas explicaciones.
—Vamos, Hinata-chan. Puedes hacerlo. —Hace una mueca, divertido, al ver mi expresión—. ¿Qué eres: una mujer o una morsa?
Alzo la cabeza, estupefacta. Lo miro a los ojos sin poder creerlo.
¿He oído bien?
—Eso… es lo que dice siempre Ten-Ten.
—Ya lo sé. Tú me hablabas mucho de ella.-Responde antes de comer unos cuantos fideos.
—¿Qué… te conté? —pregunto, suspicaz.
Naruto hace una pausa para comer.
—Me contaste que se habían conocido en la clase de la señorita Megumi. Que te fumaste tu primer y último cigarrillo con ella. Que fueron juntas Okinawa tres veces.—De repente, su sonrisa se esfuma, mientras continua —Ahora que lo pienso…Perderla como amiga tiene que haber sido traumático.
Todo esto me pone los pelos de punta. ¿Qué más sabrá de mí? Echándole miradas recelosas, saco el teléfono y marco el número del lugar donde esta mi madre.
—No soy adivino, Hinata-chan —Parece que tiene ganas de reírse—. Teníamos una relación. Hablábamos.
No puedo responderle pues siento que contestan por la línea.
—Buenas tardes. Hogar "Odayakana Kaze" ¿En qué puedo servirle?
—Buenas tardes, soy Hyuga Hinata. Quisiera comunicarme con mi madre, Hyuga Hana, por favor.
—Claro, Hyuga-san. Espere un minuto.
Naruto ya ha terminado su segundo cuenco y me mira, esperando el resultado de esta llamada.
—¿Sí? —La voz de mi madre me arranca de la conversación. Es ella.
—¡Mamá! Soy yo, Hinata. E-escucha…uhm..¿C-Como estás?
—Ah, Hinata-chan. Que linda eres por llamarme. Yo estoy bien, ya sabes, aquí es muy bello.
—Ya v-veo…me…me alegra mucho, madre.
—Pero, pequeña, no he sabido de ti hace mucho. ¿Ocurrió algo?
¿Cómo?
Hace mucho…Eso quiere decir que la veía de forma constante… ¿No? Aunque también quiere decir que mi madre no está enterada de lo que me ocurrió.
—Ahm, no madre, estoy b-bien. He tenido que...hacer mucho, últimamente. Disculpa.
—Oh, está bien cariño. Me basta con que no te vuelvas una extraña.
Madre siempre decía eso. No te vuelvas un extraño en tu propia familia.
—Uhm...Madre…necesito preguntarte algo muy importante.
—Ah, ya veo. Dime, cariño, ¿Qué necesitas?
—Por casualidad… ¿Dejé algunos papeles contigo hace poco? ¿Una carpeta quizá?
—¿Esa carpeta azul grande?
Me quedo de una pieza. Es cierto. Existe. Con un sentimiento de excitación, noto cómo crece la esperanza en mi interior.
—Exacto. ¿La tienes aún? ¿Sigue ahí?
—Está en mi habitación, donde la dejaste. Recuerdo que fue cuando me visitaste con Uzumaki-san. Antes de irte la dejaste a mi cuidado.
¿Fui con Naruto? Esta situación sí que esta para alucinarse.
—Pero…¿E-en serio? —pregunto con ansiedad.
—¡Claro!
— ¡E-Estupendo! Guárdamela ahí, madre, por favor. Cuídamela bien, pasaré a buscarla pronto.
—¿Estás segura, Hinata-chan? Es un viaje relativamente largo.
—Lo estoy madre…Además, quiero visitarte. Quisiera verte.
—Te estaré esperando entonces, florecilla. Hasta luego.
—Hasta luego.
Le doy la información de mi visita a la recepcionista y cuelgo. Siento la mirada de Naruto encima de mí y lo enfrento
—Tenías razón. Está allí, con ella. He de irme... Tengo que llegar a la estación. Seguro que hay un tren cada hora…
—Calma.—Naruto apura el caldo de su cuenco—Además, mañana tienes oficina.
—En absoluto. M-Me dieron vacaciones pagadas.
—Bueno. Entonces te llevo en coche.
—¿Qué?
—Hoy no estoy ocupado. Aunque tendrá que ser con tu coche; yo no tengo.
—¿Que no tienes coche? ¿Cómo es que…Naruto-san, ¿Comiste todo eso durante mi llamada?—digo, extrañada, mientras veo 5 cuencos junto al que ya estaba acabando.
—Me muevo en bici o taxi. Pero sé conducir cierto asqueroso Mercedes de lujo con techo deslizante. —Dice mientras me mira divertido, haciendo un gesto de mofa con el cuenco, como si llevara el manubrio del auto. No puedo evitar sonreír. — Y si, comí todo eso. Estaba esperando que terminaras con ansias, además moría de hambre.
Vaya, este hombre si que es todo un caso.
—No se por qué me miras así, Hinata-chan. Podías llegar a comer mucho más que esto cuando competíamos con Lee— Otra vez parece como si me estuviera recordando un chiste privado.
A la mujer que yo era.
Abro la boca para hablar, pero estoy demasiado confusa. No me cabe nada más en la cabeza.
—E-Está bien. —digo por fin—.Gracias.
Cuando llegamos en taxi al sector donde vivo ahora, me siento nerviosa. Pero no, respira tranquila Hinata, todo saldrá bien.
Tenemos lista nuestra coartada. Por lo menos, yo. Si alguien pregunta, Naruto me está dando una clase de conducir. Se ha pasado por casa justo cuando me subía al coche, y se ha ofrecido a enseñarme. Al llegar al aparcadero con el auto, estoy muy nerviosa. Sin embargo, nadie pregunta sobre al asunto, de todos modos.
Hace un día soleado. Naruto saca marcha atrás el coche y abre el techo deslizante. Luego se mete la mano en el bolsillo y me tiende una cinta elástica para el pelo.
—La vas a necesitar. Hace viento.
La cojo, sorprendida.
— ¿Cómo llevas esto en el bolsillo?
—Tengo una colección entera. Son todas tuyas. —Me sonríe mientras enciende el intermitente—. No sé qué haces con ellas, ¿Las compras por kilos?
En silencio, me recojo el pelo en una cola antes de que me lo alborote el viento. Salimos a la calle y nos dirigimos hacia la primera intersección.
—Es en Miho—le indico cuando nos detenemos en el semáforo—. Recuerdo que en tren bala toma tres horas y luego tomar un bus casi toda una tarde…Así que quizás el viaje en auto nos tome el fin de semana…Has de salir de Tokyo en la…
—Sé dónde es.
—¿Sabes ir hasta dónde está mi madre?
—He estado allí.
Recuerdo las palabras de ella diciendo que la visite con "Uzumaki-san" ¿Hace cuanto y cuantas veces la he visitado con él?
El semáforo cambia a verde y arrancamos.
Ha estado donde mi madre. Conoce de mi amistad con Ten-Ten. Tiene mis cintas elasticas en el bolsillo. Ha acertado en lo de la carpeta. O ha hecho muy, pero que muy bien los deberes, o bien…
—Entonces… e-en el caso hipotético, sólo hipotético —digo con cautela—, de que hubiéramos sido amantes…
—En el caso hipotético. —Naruto asiente sin volver la cabeza.
—¿Qué ocurrió exactamente? ¿Cómo fue…?
—Ya te lo dije. Nos conocimos en una fiesta. Nos encontrábamos continuamente en los actos de la empresa. Yo pasaba cada vez más a menudo por tu casa. Llegaba pronto y Toneri muchas veces estaba ocupado. Charlábamos, salíamos a la terraza… Todo muy inofensivo. —Hace una pausa para tomar un desvío complicado—. Hasta que Toneri se marchó fuera un fin de semana. Fui a verte para ir al festival de verano. Y desde entonces… ya no resultó tan inofensivo. Usaste un kimono de fiesta, con pequeñas lunas y zorros blancos saltando de ellas. Era muy bonito, me recordaba a uno que tenía mi madre. Creo que te lo comente incluso.
Empiezo a creerlo. Es como si el mundo se estuviera deslizando, como si reapareciera una pantalla. Los colores se vuelven más nítidos.
—¿Qué m-más ocurrió?
—Nos veíamos lo más a menudo posible.
—Eso ya lo entiendo. Quiero d-decir… ¿cómo era? ¿Qué hacíamos, qué decíamos? Cuéntame cosas.
—Me das risa. —Menea la cabeza, divertido—. Es exactamente lo que me decías siempre en la cama: «Cuéntame cosas.»
—Me gusta que me cuenten cosas. —Me encojo de hombros—. C-Cosas del pasado.
—Ya sé que te gusta. De acuerdo…..Mmmm… Algo del pasado. —Conduce en silencio un rato y se le va dibujando una sonrisa—. En todos los sitios a los que íbamos, siempre acababa comprándote calcetines. Siempre la misma historia: te quitas los zapatos para andar descalza por la arena, por la hierba o lo que sea, y luego te entra frío y hay que buscarte unos calcetines. —Se para en un paso cebra—. ¿Qué más? Me acostumbraste a comer anko otra vez y servirme rollos zenzai. Cada cierto tiempo hacemos dorayaki juntos.
—¿Dorayaki?
—Exacto. Al principio me parecía algo que solo comen los niños. Ahora soy un adicto, aunque no al nivel del ramen, claro. Menos del que tu cocinas— Salimos del cruce y entramos en una autovía; Naruto acelera, entrando en la autopista y ahora me cuesta más oírlo con el ruido del tráfico—. Hubo un fin de semana que llovió sin parar. Toneri estaba fuera, jugando al golf, y nosotros vimos en la tele todos los episodios de One piece, uno tras otro. Al menos los que estaban hasta ese entonces. —Me lanza una mirada—. ¿Continúo?
Todo lo que dice resuena en mi interior. Mi cerebro se está sintonizando. No recuerdo lo que dice, pero percibo indicios de reconocimiento. Suena todo muy mío. Da la impresión de que ésa sí es mi vida.
—Continúa.
—Muy bien. Eh… jugamos Batalla de Ninjas. Es increíble —dice, poniéndose en situación—. Me llevas dos partidas de ventaja, pero creo que estás a punto de venirte abajo.
—De eso nada —replico en el acto.
—¿Estas retándome, Hinata-chan?
—C-Claro que no. —Se me escapa una sonrisa.
Suelta una risa divertida y noto que es por el sonrojo que me causan sus palabras.
Se hace un silencio entre nosotros mientras mira el camino y yo espero que se salga el calor de mi rostro.
—Conociste a mi madre y mi padre. Ellos viven en Ibaraki también, aunque no en Miho. Cerca de un parque.
—¿En serio?
—Si, se instalaron en un lugar más tranquilo y los visitamos cuando íbamos a ver a tu madre.
—Vaya…S-Suena lindo.
Conocí a sus padres, esa clase de encuentros que hacen las parejas que seriamente consideran vivir juntos por un largo tiempo. Me pregunto si alguna vez conocí a los padres de Toneri así, en visitas esporádicas. Comer sandías de verano, escuchar anécdotas de su niñez…Pero todo eso suena más a un encuentro con Naruto, que con mi esposo.
—¿Sabes? Mi madre…Ella lo adivinó a la primera. Me conoce demasiado para poder engañarla. Pero no importa, mi padre la convenció de no gritarlo a los cuatro vientos. Es muy discreta cuando quiere, así que no ha contado nada —asegura mientras cambia de carril—. Tú siempre duermes sobre el lado izquierdo. Hemos pasado juntos cinco noches enteras en ocho meses. —Hace una pausa—. Y Toneri…bueno, me lleva ventaja. Él tuvo las doscientas treinta y cinco restantes.
No sé qué responder. Él mantiene la vista fija en la carretera, con expresión concentrada.
—¿Continúo? —dice por fin.
—S-sí. —Me aclaro la garganta—. Continúa.
Nos pasamos el resto de la tarde y la noche hablando de lo que él sabe de mi, hasta que llego un momento en que nos quedamos en silencio mientras vemos el cielo estrellarse.
Es un silencio acogedor, donde no puedo evitar observarlo.
Su perfil, su pecho, sus manos…Es como si quisiera recordarlo con mucha fuerza pero a la vez no quiero hacerlo. Esta comodidad me asusta. Después de todo, si es verdad lo que Naruto dice, es bastante preciado.
Y ya lo perdí una vez.
A mitad del viaje nos detenemos en una estación de gasolina y comemos algo para mantenernos despiertos. Mientras me zampo un onigiri de comida rápida sentada en el auto, Naruto se levanta y me indica que hará una llamada.
Vuelve a sentarse junto a mí, indicando que alguien vendrá a ayudarnos y solo siento mis ojos caer del sueño al esperar.
Unos minutos después, Naruto me mueve ligeramente, mientras veo que se acerca con un hombre con pantalones naranjas, chaqueta verde y un corte de cabello algo extraño.
—Hinata-chan, este es Rock Lee. Recordé que entrena por los alrededores y aproveche de llamarlo para que nos lleve durante este bloque hasta Ibaraki y así…bueno…no sufrir un accidente por el agotamiento.
—Hinata-chan ¡Tanto tiempo sin verte! –Dice mientras me abraza efusivamente. Yo, por mi parte, quedo congelada. Sin embargo, a pesar del nerviosismo, no estoy incomoda, algo en mi se acopla a él, como si ya me hubiera acostumbrado a encontrarme de esta forma antes.
—Aah,...uhm…si, Lee-san, no te v-veía hace t-tanto.
—¡Lee, ya apártate! ¿No ves que la pobre se avergüenza de tus abrazos? — El reclamo de Naruto es extraño, entre la diversión y el regaño.
—¡OH! Lo siento. Es me emociona ver a buenos amigos. —Se voltea a ver a Naruto mientras que se mueve enérgicamente. Sonrío, me recuerda a un superhéroe o algo así.
—Muy bien, ¿Esta es la ruta? —Dice al extender un papel junto a Naruto.
—Exacto, pondré mi alarma de todas formas para despertar y reemplazarte.
—No hay problema, Naruto-kun, yo tengo energía para rato. Ahora tú y Hinata-chan podrán descansar esta noche gracias a la guardia de mi poderosa juventud. ¡Pónganse bien los cinturones allá atrás y descansen! ¡Verán que llegamos en un parpadeo!
Naruto y yo nos metemos en el auto y al rato empieza a marchar.
—Gracias, Naruto-san. La verdad es que…Por la necesidad de viajar no considere a un tercer piloto y… No se me habría ocurrido a quién pedirle ayuda en esto.
—No te preocupes, de todas formas, quiero descartar cualquier posibilidad de que…bueno, ocurra otra vez.
Veo a lo que se refiere. El accidente.
—E-Estaremos bien. Además, ese accidente no fue más que culpa de quien me chocó.
—Lo sé…Es solo qué…
—¿Q-qué?
Sus ojos azules brillan en la oscuridad del auto, a la vez que solo escucho la música que ha puesto Lee en el reproductor.
—Hay que mantenernos seguros, eso es todo.
El sueño eventualmente me vence y no puedo seguir indagando en sus palabras.
Al otro día, despierto en el asiento con la chaqueta naranja de Naruto encima de mí. Él esta manejando el Mercedes, conversando y riendo con Lee. Los saludo y veo que aún nos queda un día de viaje.
La verdad es que no me había sentido cómoda desde hace mucho. Tuve un breve momento de descanso en este océano de incertidumbre en el que se ha vuelto mi vida cuando pude interactuar con Ten-Ten como en antaño. Pero eso se esfumo tan pronto como llego con el malentendido de la oficina.
Ha medida que converso con Lee, en el auto, en una gasolinera o en el local de comida rápida, siento que hablo con alguien que conozco. No sé si está al tanto del accidente, pero me trata con tanta familiaridad que no me molesto en aclarárselo.
Así, me entero que conoció a Naruto en la escuela primaria. Se la pasaban compitiendo o haciendo bromas, lo que concluía en regaños por parte de sus padres o profesores. A pesar de crecer, siempre se veían pues sus padres se conocían. Además, ambos querían pertenecer o entrenar equipos deportivos; Lee de artes marciales o lanzamiento de bala; Naruto de atletismo o lanzamiento de arco y flecha.
Lee lo cumplió, al hacerse campeón nacional de artes marciales mixtas y tener un equipo que entrena tres veces a la semana en un dojo escolar. Al parecer también suelen hacerlo en el bosque, como practica de combate y meditación.
Naruto no lo continuó, pues se dedico a ingresar a la escuela técnica y graduarse de ingeniero eléctrico. Al preguntarle el por qué de la decisión, el solo me sonríe y dice "Conversaremos otro día de eso, Hinata-chan, te lo prometo".
Al pasar la noche y la mañana de nuevo, despierto con unas ganas inmensas de darme un baño. Miro por la ventana y me quedo viendo que ya cruzamos la entrada del pueblo, donde esta mi madre.
Yo crecí en una ciudad parecida a estos alrededores, en los antiguos terrenos Hyuga. Mi padre los vendió para irse a la ciudad y tener un lugar más cerca de su trabajo donde vivir. Esa decisión tuvo sus beneficios, pero también sus dificultades.
Me fijo con detalle en este paisaje del campo japonés, donde veo niños pequeños caminando junto a sus madres, saliendo de la escuela rural. No puedo evitar sonreir junto a la llegada del viento fresco y el olor a árbol y flores silvestres.
De repente y de forma inevitable lanzo un suspiro.
—¿Qué pasa? —pregunta Naruto, viéndome desde la parte delantera del auto.
—Nada. Todavía me pregunto cómo he llegado aquí. ¿Qué me impulsó a hacer carrera, a arreglarme los dientes, a convertirme en esta… otra persona? —digo señalándome a mí misma.
—Bueno —dice él, mirando una señal con los ojos entornados—, supongo que todo empezó con lo sucedido en el funeral.
—¿Qué quieres decir?
—Ya sabes. Lo de tu padre.
—¿Q-Qué pasa con mi padre? No sé de qué m-me hablas.
—¿Pero como es que no lo sabes Hinata-chan? Lee, deten el auto.
Con un chirrido de frenos, detiene el Mercedes junto a un prado lleno de vacas y se vuelven hacia mí.
—¿Neji no te habló del funeral?
—Neji-niisan… ¿Lo conoces?
—Sí, o sea no. Solo por lo que me has contado tú, al menos. ¿Pero en serio no te dijo nada?
— ¡C-Claro que sí! Se llevo a cabo, y padre fue…enterrado
— ¿Y ya está?
Me exprimo las meninges. Estoy segura de que Neji no me contó nada más. Cambió de tema enseguida cuando lo saqué a colación, ahora que lo recuerdo.
Meneando la cabeza, Naruto mira hacia el frente del auto. Con un gesto, le pide a Lee que continúe y este pone el coche otra vez en marcha.
—Esto es surrealista —dice—. ¿Hay algo de tu vida que sepas?
—P-Por lo visto, n-no —respondo nerviosa—. Está bien, cu-cuéntamelo, si es tan importante.
—No es asunto mío. Eso debe contártelo tu familia. —Salimos de la carretera y Lee enfila un camino de grava, que guía a la entrada del hogar.
—. Ya llegamos. — Anuncia Lee, sonriéndome. —Yo daré un paseo por los alrededores. Naruto-kun, si hay algún problema no dudes en llamarme.
—Claro, aunque probablemente te llame solo cuando nos desocupemos. ¡Nos vemos!
La casona está tal como la recordaba: un edificio de ladrillo rojo de principios de siglo con una galería acristalada en un lado. Tiene un terreno amplio, donde promueven a los pacientes la jardinería y largas caminatas. En realidad, no ha cambiado gran cosa desde que vinimos aquí a visitar a mi madre, unas semanas antes del funeral de mi padre. Le ampliaron un espacio a un ala, probablemente para más habitaciones o un amplio comedor para los pacientes.
Vislumbro el jardín a través de la verja. Intento arreglarme un poco el cabello a medida que nos adentramos al jardín. Lo atravesamos rodeados de sus macizos de flores, hasta que me acerco a la mesa de recepción dando mis datos.
Cuando veo a mi madre, esperándome en un sillón mientras lee un libro, me entra una gran sensación de nostalgia. Paso el tiempo en ella, es verdad, pero aun asi esta tal como la recuerdo. Tiene el cabello negro en una coleta baja, con un flequillo similar al mio, una blusa, un suéter y unos pantalones holgados. Al levantar la vista, veo directo a sus ojos grises, iguales a los de Hanabi, con una sonrisa autentica, de esas que solo una madre puede dar.
Me saluda y pregunta como he estado, al igual que a Naruto. Nos sentamos junto a ella, mientras le cuento de Hanabi, Neji y mis tíos en breves palabras, pues no es como si he estado muy al tanto de ellos. Observo el lugar y le pregunto que tal su estadía. Mas allá de saber como la han tratado en el lugar, no profundizo mucho en saber de su tratamiento. Nunca cuestione demasiado el estar apartada de ella. Si, fue traumático en un principio la separación, pero pronto entendí que era necesario. El cuidado y supervisión que ella necesito en un punto dado de su vida no era alcanzado por una familia de un padre y dos hijas pequeñas. Además, padre procuro mucho que tuviera todas las comodidades. No fue hasta que nos mudamos a la ciudad que dejamos de verla más seguido. Sin embargo, siempre tuve la certeza que el mantenía un contacto prácticamente diario con ella.
Nos acercamos al comedor para tomar una merienda con ella. Aqui algunos pacientes reciben clases de cocina y entregan su servicio como parte del tratamiento, de forma que enfoquen su mente en tareas. Además, quien viene a consumir, a excepcion de otros pacientes, paga una tarifa que se va al fondo del hogar. Al menos esa clase de actividades de recolección me parecen muy acertadas.
Yo escojo unos panqueques del chef con té, ella unas galletas de chocolate también acompañados de un té y Naruto un jugo con un emparedado de pollo. Mientras que madre bromea sobre como Naruto siempre pide un emparedado grande, pero me saca un poco de lo pido yo cada vez que venimos, puedo notar la familiaridad con la que se hablan.
Ahora que lo pienso, ni siquiera ha preguntado por Toneri. Mientras esperamos el pedido, ella se levanta un momento para ir a su habitación. Al volver, me acerca la carpeta con una sonrisa.
La famosa carpeta azul. Esta bien cuidada. La abro con nerviosismo, ansiosa de saber que secreto oculta.
Veo las primeras paginas y noto que me pertenece. Es mi letra. Líneas y líneas escritas a mano, tan claras como la luz del día. Como un mensaje enviado a mí misma. Echó una rápida ojeada a la primera página, deducir qué planeaba y de qué iba todo esto. Leo una especie de propuesta, pero ¿de qué exactamente? Paso una página, perpleja, y luego otra. Entonces veo el nombre.
Oh vaya...
En un instante lo comprendo todo, el cuadro completo. Levanto la vista, con el corazón desbocado. Naruto y mi madre me ven expectantes. Es una idea genial. Impresionante. Alcanzo a imaginar todo su potencial. Podría adquirir unas proporciones descomunales, cambiarlo todo…
Con la adrenalina a tope, cierro la carpeta y empiezo a sentir mis lagrimas caer. Mi madre, alertada, se me acerca para preguntar que sucede.
—N-no es gran cosa...solo...Tuve una semana tan agotadora y al fin...al fin veo una solución para ello.
—¿Ha estado muy pesado el trabajo, hija?
—A-algo...Pero esto es la solución para que deje de estarlo.
—Me alegra mucho poder ser de ayuda, Hinata-chan. Pero, por favor, no vuelvas de tu trabajo una obsesión.
Veo a que quiere apuntar. Es una referencia a mi padre.
—Lo se, madre.
Cuando acabamos de comer, mi madre nos ofrece su baño para poder asearnos antes de ir de vuelta.
Una vez lista, lamento demasiado tener que irme tan pronto, pero este rompecabezas es algo que debo resolver ahora. Aún así, me hago la promesa solemne de visitar a mi madre si o si tan pronto acabe este lío.
Me despido lentamente de ella, en un pequeño abrazo, mientras que ella me desea suerte.
—Recuerda tomarte las cosas con calma, florecilla.
—Si madre.
—Vuelve pronto. También tu, Uzumaki-san.
—Claro que si, Hana-san—Dice mientras rie— Y recuerde darme sus proximos frutos de la temporada. En estas tierras salen con un sabor exquisito.
—Lo recordare, Uzumaki-san. Y tu también recuerda acordar la reunión de la que hablamos. Tengan buen viaje.
A pesar de lo reconfortante que me parece el que se lleven con tanta familiaridad, no puedo evitar sentirme apartada. Otra vez en medio de una broma interna que no puedo captar.
—¿Lo tienes? —me dice Naruto, al pie de la escalera mientras salimos del hogar.
—¡Sí! —exclamo sonriente—. ¡E-Es genial! ¡Una idea buenísima!
—Claro que si. Idea tuya.
—¿De veras? —Me sube un rubor de orgullo y trato de dominarme—. Es lo que necesitábamos, ¿sabes? Es lo que tendríamos que haber hecho desde hace funciona, no podrán dejar de lado las alfombras.
—Estarían locos.— Dice mirandome.
Caminamos para darnos paso cerca del auto. En ese momento, no puedo aguantar mi curiosidad.
—Naruto-san...Por las palabras que decía mi madre...¿A q-qué reunión se refería?
—¡Ah! Si, sobre eso...Pues, lo que ocurre es que mi madre quería conocer a la tuya y te lo propuse, pero pensamos que era buena idea conversarlo con tiempo con tu madre...Ya sabes, por el hecho de estar aun casada. Sin embargo, cuando vinimos acá en esa oportunidad, era mucha la emoción y se me escapo—Me sonríe enormemente a pesar del nerviosismo que emana. Entonces, puede ser una boca floja después de todo.
—¿Y a-al final no la tuvimos? ¿Por qué n-no ocurrió?
—Es que...
Mira al piso, pensando. Hasta ahora había tenido un buen animo contándome las cosas, pero, sumando la reacción sobre el funeral, parece ser que no quiere compartir mucho.
—Naruto-san...—Respiro lentamente y agarro con mis manos los bordes de mi blusa, intentando alcanzar su atención. —Si es algo crucial para e-el rompecabezas en el que se ha vuelto m-mi vida...Necesito saberlo.
El levanta sus ojos contra los míos y suspira.
—Veras...Cuando te lo propuse, fue frente a mis padres, estando en su casa. Pero, a pesar de llevarte bien con mi madre, ella no pudo...evitar cuestionarte sobre la indecisión de tu, pues...situación marital. No le agradaba mucho la idea de conocer a parte de tu familia como la progenitora de tu amante.
Honestamente, no me sorprende tanto ese cuestionamiento. Hasta el día de hoy, creo que no sabre con seguridad la razón de por qué no dejé a Toneri. Después de todo mi madre ya conoció a Naruto y al parecer no le molestaba.
¿Le habré dicho algo respecto a mi supuesto amorío con él? ¿Como fue su reacción?
—Entonces —Continua él—...La verdad es que te afecto bastante. No hablaste mucho durante el resto de la tarde. Y en la noche, tu te fuiste.
—¿M-me fui? ¿A dónde?
—No lo sé. No me dijiste, porque no me despertaste ni nada. Solo te llevaste el auto y después-
—...O-ocurrió el accidente.
Eso explicaría el por qué Naruto fue tan precavido con el viaje hasta acá. Es verdad, me encontro en una situación embarazosa sin poder lidiar con el auto, pero no tenía como saber si ya estaba manejando o no. Y tampoco pregunto.
Ademas...¿Qué pretendía yo al irme de forma tan súbita? ¿Fui corriendo a buscar a Toneri y divorciarme? ¿O simplemente no pude lidiar con el peso del cuestionamiento?
De repente, me siento con la cabeza dando vueltas y me agarro de la manilla de un auto. La alarma suena con fuerza y doy un brinco del susto. Con el corazón a mil, Naruto me toma de los hombros y me indica el camino a mi auto.
Abre la puerta trasera y me acomodo en el asiento. Este viaje es demasiado para mí...
Ya en el camino de vuelta a Tokyo, miro las luces que empiezan a prenderse en la tarde, mientras Lee y Naruto conversan en frente. Compramos un poco de comida para llevar pero la verdad es que no puedo dar un bocado.
Si Naruto dice la verdad, entonces mi accidente no solo es culpa de haber tenido un amorío, también lo sería por ser...una cobarde.
Tomo mis piernas y no evito soltar algunas lagrimas. Necesito que salgan. Necesito soltar esta pena y vergüenza que me carcome por dentro.
En un rato, el auto se detiene y Naruto abre la puerta trasera, para sentarse a mi lado.
—Hinata-chan...Dime ¿Te afecto mucho este viaje? —Yo simplemente asiento, dejándome llevar por los brazos de él y consolar por su respiración y sus palabras.
Junto al camino, la música que Lee bajo de volumen y las caricias de Naruto, lo decido.
—Naruto-san...
—¿Uh? ¿Qué ocurre?
—Al llegar a Tokyo, vamos al departamento de mis tíos y Neji-niisan. Q-quiero aclarar...lo que me comentaste.
Naruto solo asiente. Y luego, cierro los ojos para dormir.
El capitulo 15 al fin pude subirlo. Lamento mucho haber demorado, estaba muy estancada con este
PERO lo bueno es que ya habiendo adaptado este, el resto que quedan los tengo en mi mente super claro :D
Agradezco sus reviews y a quienes siguen esta historia.
Ya se viene la conclusion wiii :3
Nos vemos!
