La historia que transcurre no es mía, sino de la autora Sophie Kinsella. La adaptación, sin embargo, es de mi autoría.

Los personajes mencionados pertenecen a Masashi Kishimoto.

Capítulo 16

Durante el trayecto de regreso, permanezco callada. Tengo bien aferrada la carpeta sobre el regazo, como si fuera a salir volando. Lee duerme en el asiento trasero del auto, descansando un poco antes del trayecto que nos queda por recorrer. Los campos pasaron zumbando a nuestro lado hace horas ya. Estamos cerca de la ciudad cosmopolita de Tokyo.

Naruto me mira de vez en cuando, pero no dice nada.

Voy rumiando todo lo que acabo de descubrir. Me siento como si hubiese hecho un doctorado sobre Hinata Hyuga.

Antes de adentrarnos a Tokyo, le envíe un mensaje a Neji para comentarle que iria al departamento. Probablemente a estas alturas ya debe estar en casa.

Nos acercamos al sector del edificio, estacionando en unas calles. Lee menciona que debe irse a casa ahora, para compensar lo poco que se ejercito gracias a ese viaje. Aunque disculpándome con el descubro que cuando estábamos en el hogar en Miho, estuvo trotando entre las calles del pueblo.

Su excentricidad me causa una gracia. Deseo poder reunirme con el amigo de Naruto en otra oportunidad, para nutrirme de su energía, que ahora mismo pareciera hacerme mucha falta.

Luego lo veo alejarse del edificio con una sonrisa. La verdad es que su compañía alegro bastante el viaje.

Al entrar al edificio de departamentos donde vive mi familia, noto que no me siento nerviosa.

No siento pavor de dialogar un conflicto, como lo sentiría en otras oportunidades.

Naruto se queda abajo, en la entrada del edificio, manteniendo su postura de ser algo que debía resolver con mi familia. Me estará esperando, dice, para acercarme a casa después.

Subo las escaleras con calma. Llego a la puerta, suelto un suspiro y toco.

Abriendo la puerta, me recibe mi tía, una mujer de cabello castaño claro y ojos purpura. Lleva su cabello en un moño y se nota que ha estado en la cocina, pues limpia sus manos en el delantal.

-Aaah, Hinata-chan. Bienvenida- A medida que me acerco, noto en envejecimiento de su rostro. A pesar de saber el cambio que implica la pérdida de memoria, no puedo evitar notar esa clase de detalles. De los cambios que pasan desapercibidos al convivir con las personas.

Me adentro por el pasillo, que parece no haber cambiado mucho, y me adentro en la sala. En la mesita de kotatsu, esperan unos kasutera junto a un té y tazas, y mi tio Hizashi.

Es el hermano gemelo de mi padre.

No es mi padre, es su hermano.

Busco diferencias en su rostro, para recordarme inmediatamente que no es mi padre. Su cabello, antes castaño con algunos toques de cabello cano, ahora es acompañado con bastante blanco. Su rostro también ha envejecido, pero sus ojos, a diferencia de mi padre, son amables y calmos. No firmes y justos como los de mi padre.

Ese ejercicio improvisado me ayuda para evitar la zozobra, y puedo saludar con calma a mi tío.

Se vuelve, inevitablemente, una velada calma. Como una conversación de escolares que hace mucho no se reunían y a pesar de querer, los exámenes les evitaban juntarse.

Pregunto por Hanabi y descubro que esta donde una amiga, quien, según ella, la ayuda para prepararse en los exámenes.

No se si mis tios de verdad le creen o prefieren creerle.

De todas maneras espero no se esté metiendo en algún lío, como el de la otra vez.

Luego, siento la llegada de un tercero. Al parecer me adelante a la llegada de mi primo.

Cuando se sienta junto a nosotros, me decido.

-Neji-niisan, hace tiempo que he querido…ordenar todas las piezas de mi vida —digo mientras dejo la taza de té en la mesa- Y he pensado que… enterarme de lo que ocurrió en el funeral de mi padre tal vez ayudaría.

—Bueno, claro, perder a un padre siempre resulta traumático… —Tía Natsu está muy concentrada partiendo su trozo de Kasutera.

—No me refería a..s-solo eso —aclaro—. Hablo de todo… lo demás.

—¿Lo demás? —Neji parece distraído.

—Parece que no tengo presente todo lo ocurrido —insisto.

Mi familia parece demasiado consternada para pronunciar palabra o siquiera moverse.

—Miren, entiendo que debe ser difícil…sacar de nuevo este tema que ya deben tener resuelto —continúo, algo cansada por insistir—. Pero ya no tengo la intención de continuar en un estado de pérdida o negación. Necesito saberlo ¿Qué pasó en el funeral?

Un silencio reina en la sala, preguntándome entonces si en verdad hice bien en venir.

—La vida puede ser desagradable —dice al fin tío Hizashi—. Y todavía más si vives en la ignorancia. Hay que contárselo- Les dice a los demás.- Si quieren, lo haré yo.

Neji mira a mi tía, aun con un semblante de preocupación, pero ella simplemente le sonríe.

—De acuerdo… —Dice ella.

—Verás Hinata-chan…Lo que ocurrió es que…Se presentaron los policías. En mitad de la recepción.

—¿La p-policía? Pero…

—Aparecieron sin previo aviso. Cinco. —Mira fijamente al frente mientras acaricia con un movimiento la mano de tia Natsu, que tiene en el regazo—. Pretendían embargar el departamento. Llevarse los muebles y todo lo demás. Resultó que tu padre no había sido… del todo honesto conmigo. Ni con nadie.

—Enséñenle el segundo DVD —dice Neji—. Yo no se lo pude mostrar. Lo siento, Hinata-imoto.

Se hace una pausa. Luego, sin mirarnos, tío Hizashi se pone en pie, comienza a revolver en un cajón y saca un disco reluciente sin ningún rótulo. Lo pone en el reproductor y los cuatro nos arrellanamos en el sofá.

«Queridas. —Aparece mi padre en la misma habitación del otro DVD, en el mismo sillón y aun más serio. —. Si están mirando esto, quiere decir que no logre el plazo límite. Y hay algo que deben saber. Pero no puede, digamos… hacerse público…Se ha producido una pequeña catástrofe en el frente económico. Yo no pretendía que tuvieran que cargar con las consecuencias. Sé que intentare sostener las inversiones y el negocio hasta el final, pero existe la posibilidad que no lo logre a tiempo…Y si llega a pasar, desafortunadamente podríamos quedar en la ruina.—Reflexiona un instante—. Si se ven en este aprieto, consulten al viejo Ko, de la familia Hyuga. Él podría echarles una mano. Adiós, queridas mías.»

La imagen desaparece.

Me vuelvo hacia mi primo.

—¿Q-qué significa eso de «catástrofe»?

Mi tio vuelve a guardar el DVD y se sienta junto a mí, tomando una pausa antes de responder.

—Que se había endeudado para tener credito y así tener una situación financiera para un buen contrato. Aseguraría la estancia de tu madre en el hogar y al fin las ganancias futuras serían para él, Hanabi y Neji, que trabajaba con él. —contesta con voz distante—. Ése era su verdadero mensaje. El DVD llegó por correo una semana después de su muerte….Pero ya era demasiado tarde. La policía que daban el permiso para entrar a una morada, y los encargados de embargar se habían presentado aquí el día del funeral. Estabamos complicados… ¿Qué se suponía que debíamos hacer?

—¿Y q-qué hicimos? —le pregunto.

—Tú, Hanabi, Hana…Habrían tenido que venderlo todo. Mudarse a otra zona. Hanabi tendría que haber dejado el colegio…Y lidiar como fuera con la situación de tu madre y la económica también. —Se pasa las manos por la cara—. Así que intervinimos nosotros, amablemente. Natsu con sus ingresos, Neji continúo con los contratos que estaban pendientes con los proveedores. De hecho, en unos meses al fin acabaran. Y estuvo la ayuda de, bueno… tú misma. Tú dijiste que terminarías de pagar la hipoteca. En la medida de tus posibilidades. Para cuando llego el otro DVD, te comentamos que debíamos ir con Ko, pero estabas determinada.

—¿Y-yo?

Aprieto los bordes del kotatsu, con nerviosismo. La cabeza me da vueltas mientras intento encajar todo esto en el cuadro general. Me comprometí a pagar las deudas de mi padre.

—¿Es una deuda en un banco extranjero? —Pregunto de repente—. ¿El banco se llama Uni… no sé qué?

—Tu padre fue convencido de hacer en el último tiempo la mayoría de sus negocios en paraísos fiscales —prosigue—. Para despistar a los de Hacienda en ese periodo y después al cubrir el costo total del hogar, volver a un sistema normal.

—Fue por eso que quisimos mantenerte en la ignorancia —exclama Neji airado—. Pero ahora que te veo así… ¿Cómo nos atrevimos siquiera a hacer eso?

No puedo evitar que se me contagie su exasperación.

—A-así es… tú sabías que no recordaba el funeral y no me dijiste nada…Fuiste con el DVD… ¿No comprendes que podría haberme ayudado a verlo todo más claro, Neji-niisan? No tenía ni idea de adónde iba ese dinero.

—Ha sido todo muy difícil…—Tia Natsu mira al techo con ojos brillosos, aguantando sus lágrimas—. He tratado de mantenerlo en secreto por Hanabi-chan…

—Pero… —De pronto se me ocurre algo aún más siniestro—. Tio Hizashi, quiero p-preguntarle otra cosa. Padre… ¿e-estuvo en la cárcel?

El hace una mueca, como si le hubiera pisado un callo.

—Muy poco tiempo, querida. Hace muchos años… Fue un malentendido. Dejemos eso…El punto es…

—¡N-No! —Me levanto de un salto y me pongo frente a ellos—. ¡Escuchen! No pueden vivir en una burbuja, como si no hubiera pasado nada y aun así seguir lidiando con lo que hizo él. Hanabi-chan oyó que padre había estado en la cárcel, sumo a eso la ultima versión de él con el DVD y se quedó con la idea de que es fantástico. Con razón se ha m-metido en tantos líos… ¡Claro! —Súbitamente, todas las piezas parecen encajar, como en el Tetris—. Por eso me volví de golpe tan ambiciosa. Por eso estaba tan obsesionada con el trabajo. Ese funeral lo cambió todo.

—Hemos cometido varios errores, pero con la velocidad de las cosas, intentamos lidiar como pudimos con el problema. —me dice Neji azorado—. Cuando aparecieron los policías, Hana-san… Ella se desmoronó. Así que había que tomar cartas en el asunto —Le lanza una mirada despectiva al suelo—. Y tú te ocupaste de mantenerlos a raya y tomar todas las decisiones… Cargaste con toda la responsabilidad. Nunca sabre con seguridad que tan determinada estabas, pero para ese tiempo…todo indicaba que tu primera reacción fue por Hana-san, todo con tal que no mirara nadie, ni siquiera nosotros, como si fuera culpa de ella. Alejaste rápidamente todos los rumores, de todos, y después…Te alejaste…

Se detiene bruscamente, y contengo la respiración mientras sus ojos blanquecinos con tonos lilas se encuentran con los míos. Por primera vez, que yo recuerde, mi primo suena sincero, como hablándole a un igual. En la habitación no se mueve ni una mosca.

—Y-yo—Mi susurro parece romper el hechizo—. No se que decir…

Bueno- Interrumpe tia Natsu- También pudo haber ayudado otra cosa…

Madre…No es necesaria esa parte.

¿Qué parte? – Pregunto ya enganchada por la curiosidad.

Neji mira con desaprobación a mi tía, pero ella solo continua.

—Iba a decir simplemente… que también hubo un encontron dentro de todo lo ocurrido. Fue con ese chico, el novio aquel que estuvo en el funeral. ¿Kiba? Él tiene mucha culpa.

—¿Kiba? —La miro, alelada—. Pero si él… no asistió al funeral. Me dijo que se había ofrecido a acompañarme, pero que yo me negué. Me dijo… —La voz se me apaga repentinamente al ver cómo Neji menea la cabeza, elevando los ojos al techo.

—¿Qué más te dijo?

—Que habíamos roto aquella misma mañana, que todo había sido muy bonito, que me había regalado una rosa. —¡Ay! ¿En qué estaría yo pensando? ¿Llegué a creérmelo siquiera un poquito?—. P-perdona.

Hinata-chan ¿A dónde vas? – Escucho a mi tío exclamar.

Voy a casa, pero…n-no se preocupe…Los llamare en cuanto llegue. N-necesito procesar todo esto.

Salgo fuera como una exhalación, completamente decepcionada con mi padre y conmigo misma por ser tan crédula.

Saco el móvil y llamo a Kiba.

Veterinaria. Subdirector a cargo. —Es su voz, en plan profesional—. Inuzuka Kiba para servirle.

—Kiba, soy yo, Hinata —digo con tono glacial—. Quiero que vuelvas a contarme lo de nuestra ruptura. Y esta vez quiero oír la verdad.

—Cariño, te dije la verdad. —Suena muy seguro de sí mismo—. Tendrás que confiar en mí.

¡Qué ganas de darle un puñetazo!

—Escucha—le digo con una lentitud venenosa—. Estoy ahora mismo en el despacho de un especialista en neurología, ¿si? Dicen que alguien me ha dado falsa información y que está interfiriendo en mis circuitos neuronales. Y que si no se corrige el problema de inmediato, podría sufrir daños cerebrales permanentes. Así que por nuestra amistad te doy la oportunidad de decirme la verdad.

—¿Qué? —se asusta—. ¿En serio?

—Sí. El especialista está aquí, a mi lado, intentando arreglar los circuitos de mi memoria. Quizá quieras hacer otro intento, esta vez con la verdad. ¿O prefieres hablar con el médico?

—¡No, no! ¡Está bien! —Ahora suena acobardado de verdad. Me lo imagino jadeando y pasándose un dedo por el cuello de la camisa—. Quizá no fue exactamente como te dije. Trataba de protegerte.

—¿Protegerme de qué? ¿Viniste al funeral?

—Sí, sí que fui —responde tras una pausa—. Me dediqué a pasear las bandejas de canapés. Procuré echar una mano, apoyarte.

—¿Qué ocurrió luego?

—Luego… —Se aclara la garganta.

—¿Qué?

—Tuve…eeh….Tuve relaciones con una camarera. ¡Fue por el estrés emocional! —añade rápidamente—. Es eso lo que nos hace cometer locuras. Creía que había cerrado con llave…

—¿Te pillé con las manos en la masa? —digo, incrédula.

—Sí. No estábamos desnudos ni nada. Bueno, un poco sí, obviamente…

—¡Basta! —Aparto el móvil de la oreja.

Exasperada bajo corriendo el edificio. Aunque también algo sorprendida. Nunca me había escuchado hablar así.

¿Es el rastro que la Cobra dejo en mí?

Cuando me acerco a Naruto, solo le pido que nos vayamos.

Subimos en el auto y partimos.

—Todavía no puedo creer que mi padre nos metiera en semejante lío —digo por fin—. Sin avisarnos siquiera.

—¿De veras?

Me saco los zapatos, pongo los pies en el asiento y apoyo la barbilla en las rodillas mientras sigo contemplando la carretera.

—Todo el mundo admiraba a mi padre, ¿sabes? Era tan guapo, eficiente, pulcro… Nos adoraba. Aunque no siempre lo demostrase, nos adoraba. Nos llamaba sus tres florecillas.

—Sus tres florecillas—repite Naruto, más seco que nunca—. Buen apodo para reemplazar la ausencia.

Le lanzo una mirada airada.

—No tienes una gran opinión de mi padre, ¿eh?

—Creo que aunque él no se lo pasó muy bien, no tenía derecho a dejarte el estropicio para que lo arreglases como pudieras. Creo que era un egoísta. Pero bueno, no lo conocí personalmente. —Pone el intermitente y cambia bruscamente de carril. Aferra el volante con fuerza, advierto de repente. Casi parece cabreado.

—Al menos, ahora sé un poco más de mí. —Me muerdo la uña del pulgar—. ¿Te había hablado del funeral?

—Una o dos veces —dice con una sonrisa irónica.

—Debo de haberte aburrido mortalmente con esa historia…

—En absoluto —Aparta una mano del volante y aprieta la mía un momento—. Un día, muy al principio, cuando sólo éramos amigos, salió el tema. La historia completa. Me contaste cómo había cambiado tu vida; que asumiste la deuda familiar, que al día siguiente pediste hora en un centro dental, que te pusiste a dieta estricta, que decidiste cambiar por completo. Luego fuiste a la televisión y la cosa se disparó. Subiste como la espuma en el trabajo, conociste a Toneri. Él parecía ideal. Solvente, rico, estable. En fin, todo lo que emitía la sombra de… —Enmudece.

—De mi padre.

—No soy psicólogo, pero eso creo.

Se hace un silencio. Observo un avión pequeño que va dejando en el cielo una doble estela blanca.

—¿Sabes?, cuando desperté después del accidente creía que había aterrizado en una vida de ensueño —digo lentamente—. Creía que era Cenicienta. Mejor que Cenicienta. Pensaba que era la chica más afortunada del mundo…

Él menea la cabeza.

—Vivías bajo una tensión permanente. Llegaste lejos demasiado deprisa y no sabías cómo manejar la situación. Cometiste algunos errores… —Duda un momento—. Te alejaste de tus amigas. Eso fue lo que más te costó.

—¡P-Pero no lo e-entiendo! —exclamo exasperada—. No entiendo el por qué de necesitar…yo no quise…y al final, me convertí en una bruja.

—Tampoco lo pretendías. Hinata-chan, date un respiro. Te viste propulsada a un alto cargo y tenías que controlar un departamento muy grande… Estabas confusa. Hiciste algunas cosas mal, te sentías atrapada, eso me decías. Te construiste esa imagen de dura.

—La Cobra —digo con una mueca. Aún no puedo creer que me pusieran ese mote.

—La Cobra —asiente él con una leve sonrisa—. Eso fue idea de los productores del programa. Tú no eras así. Aunque no dejaron de captar algo cierto. Cuando se trata de negocios, tú te pareces bastante a una cobra.

—¡D-De eso nada! —Levanto la vista, horrorizada.

—En el buen sentido. —Sonríe con aire travieso.

—¿Buen sentido? ¿Q-Qué buen sentido va a tener una cobra?

Seguimos avanzando un rato en silencio.

Finalmente, Naruto enciende la radio. Los Eagles cantan Hotel California, mientras nos deslizamos a toda velocidad con el sol destellando en el parabrisas, me siento como si estuviéramos en otro país. En otra vida.

—Una vez me dijiste que si pudieras retroceder y hacer las cosas de otro modo, lo harías. —Ahora habla en voz más baja—. En todos los aspectos. Contigo misma, en el trabajo, con Toneri… Todo se veía distinto para ti en cuanto desapareció el brillo de la novedad.

Siento una punzada repentina cuando menciona a Toneri. Naruto habla como si todo eso formara parte del pasado.

Pero no es así. Estoy casada. Y no me gusta lo que ha dado a entender.

—Escucha, yo no soy una cazafortunas cualquiera… —le espeto, indignada—. Debí de enamorarme de Toneri. No me habría casado con un tipo sólo por el brillo de su dinero.

—Al principio creíste que era la elección perfecta —asiente—. Es encantador, tiene todas las condiciones… De hecho, es como uno de esos sistemas inteligentes de nuestros loft, lo pones en modo «marido encantador» y listo.

—B-Basta. —Digo, intentando no sonreír.

—Es un modelo de última generación. Tiene una gama enorme de posibilidades, pantalla táctil…

—¡He d-dicho que basta! —Me cuesta no reírme. Subo la radio para hacerlo callar. Un momento después, ya sé lo que quiero responder y vuelvo a bajar el volumen—. Muy bien, escucha. Quizá hayamos tenido u-una aventura en el pasado, pero eso no significa… Quizá yo quiera…C-Conseguir que mi matrimonio funcione esta vez.

—No lo conseguirás —responde impasible— Toneri no te quiere.

¿Por qué se las da de tan sabiondo? Me pone de los nervios.

—S-Sí me quiere. —Cruzo los brazos—. Me lo dijo. De hecho, por si quieres saberlo, fue muy romántico.

—¿Ah, sí? —No parece nada impresionado—. ¿Qué te dijo?

—Q-Que se había enamorado de mi preciosa boca, de mis largas piernas, de mi manera de balancear el maletín. —No puedo evitar sonrojarme. Siempre recuerdo a Toneri diciéndome eso. En realidad, se me quedó grabado.

—Menuda estupidez.

—¡O-Oye! No es ninguna estupidez

—No me digas. ¿Y se habría enamorado de ti si no hubieras balanceado el maletín?

Me quedo perpleja un segundo.

—Pues… no sé. Ésa n-no es la cuestión.

—¿Cómo que no? Es exactamente la cuestión. ¿Te querría si no tuvieras unas piernas largas?

—Yo qué sé…Es solo que… Fue un momento encantador, precioso.

—Una tontería.

—Si, ya… —Alzo la barbilla—. ¿Y a ti… qué te gusta de mí?

—No lo sé. Todo, tu esencia. Es algo que no puede transformarse en un listado.

Se hace un largo silencio. Yo miro al frente, todavía con los brazos cruzados. Naruto se concentra en la carretera, como si hubiera olvidado la conversación. Nos aleamos un poco del centro de Tokyo y el tráfico empieza a hacerse menos denso.

—De acuerdo —dice por fin, al detenernos en un atasco—. Me gustan los grititos que das mientras duermes.

—¿Doy grititos?

—Como una ardilla, o más bien un conejito.

—Creía q-que me parecía a una cobra.

—Cobra de día —asiente—, ardilla de noche.

Procuro mantener los labios apretados, pero se me escapa una sonrisa.

Mientras avanzamos a paso de tortuga, mi móvil suelta un pitido de mensaje recibido.

—Es de Toneri —digo después de leerlo—. Ha llegado a Kyoto sin problemas. Se ha ido unos días para localizar nuevos terrenos de construcción.

—Ya veo.

Cruzamos una rotonda. Estamos en las afueras. El aire parece más gris y, de repente, me cae en la mejilla una gota de lluvia. Me estremezco y Naruto vuelve a cerrar el techo. Tiene una expresión muy seria mientras va serpenteando por los carriles.

—Toneri podría haber liquidado las deudas de tu padre sin el menor esfuerzo, ¿sabes? —me dice de pronto—. Pero no. Dejó que las pagaras tú. Ni siquiera hizo el gesto.

Ahora no sé qué decir. Ni qué pensar.

—E-Es su dinero —replico al fin—. ¿Por qué tendría que hacerlo? Y además, yo no n-necesito la ayuda de nadie.

—Mmm. Es verdad… Yo te lo propuse y no quisiste aceptar nada. Eres muy testaruda.

Llegamos a un cruce y nos situamos detrás de un autobús. Naruto me mira.

—No sé qué plan tienes ahora.

—¿Ahora?

—El resto del día. —Se encoge de hombros—. Con Toneri de viaje.

Algo empieza a agitarse dentro de mí. Un suave latido que ni siquiera quiero reconocer ante mí misma.

—Bueno. —Adopto un tono formal—. Nada en particular. Irme a casa, cenar, leerme los documentos de la carpeta… —Me obligo a hacer una pausa que parezca natural—¿P-Por qué?

—Por nada. —Él también hace una pausa y arruga el entrecejo con la vista fija en la carretera, antes de añadir—: Es que hay algunas cosas tuyas en mi apartamento. A lo mejor quieres recogerlas.

—Bueno —digo encogiéndome de hombros.

—Muy bien. —Da media vuelta y hacemos el resto del trayecto en silencio.

Naruto vive en el apartamento más precioso que he visto nunca.

Pues sí, está en una calleja más bien dejada. Y no tienes que hacer caso del grafiti de la pared de enfrente. Pero la casa es grande, toda de ladrillo y con unos ventanales enormes en forma de arco, y resulta que el apartamento abarca también una parte del edificio contiguo, o sea que es muchísimo más grande de lo que parece por fuera.

—Que bello es.

Me quedo casi sin habla mirando su espacio de trabajo. Techo muy alto, paredes pintadas de blanco, un enorme escritorio inclinado, cubierto de papeles, y un ordenador Mac. La pared opuesta está cubierta de libros y cuenta con una de esas anticuadas escaleras de biblioteca con ruedas.

—Estas casas fueron construidas como estudios para pintores —me explica mientras se mueve de aquí para allá y recoge unas diez tazas de café, que se lleva a una cocina diminuta.

El sol, que ha vuelto a salir y se cuela a través de los ventanales, reluce en los suelos de madera. Hay dibujos y bocetos tirados aquí y allá. Y plantada en medio de todos sus papeles, una mochila morada y un paquete de almendras.

Levanto la vista y veo a Naruto mirándome desde el umbral de la cocina. Se sacude el pelo con las manos, como para cambiar de chip.

—Tus cosas están ahí.

Siguiendo su indicación, cruzo un arco y entro en una acogedora salita amueblada con sofás de algodón azul, un enorme puf de cuero y un viejo televisor sobre una silla. Detrás del sofá hay unos estantes de madera hechos polvo, atiborrados de libros, revistas, plantas y…

—Esa taza es mía —musito al ver entre los estantes una taza roja que Ten-Ten me regaló una vez por mi cumpleaños.

—Ya —asiente Naruto, a mi espalda—. Es lo que te decía. Te dejaste algunas cosas por aquí. —Se adelanta y me la da.

—¡Y mi jersey! —Un jersey de cuello alto que he tenido desde los dieciséis años y que veo tirado en un sofá. ¿Cómo es posible…?

Miro alrededor alucinada, mientras van apareciendo más cosas ante mis ojos, como en un truco mágico: aquella colcha mullida en la que solía envolverme; las fotos antiguas del colegio con sus marcos de cuentas de colores. Los kimonos y yukatas coloridos de festivales pasados. Y eso es… ¿Mi tostadora retro de color rosa?

—Venías y te ponías a comer tostadas —dice Naruto, siguiendo mi mirada—. Te atiborrabas como si estuvieras muerta de hambre.

Ahora veo de pronto el otro lado de mí misma; el lado que creía desaparecido para siempre. Por primera vez desde que desperté en el hospital, me siento como en casa. Incluso veo alrededor del tiesto del rincón las bombillitas de fantasía que tenía en mi apartamento de Okubo.

Todas mis cosas estaban aquí; han estado aquí todo el tiempo.

Y de golpe recuerdo lo que me dijo Toneri cuando le pregunté por Naruto: «Pondría mi vida en sus manos sin dudarlo.»

Quizá fue eso lo que hice. Poner mi vida en sus manos.

—¿Te acuerdas de algo? —me pregunta con aparente indiferencia, aunque percibo la esperanza que hay detrás.

—No. Sólo de estas cosas de mi vida anterior… —Me interrumpo al reparar en un marco de cuentas de colores que no reconozco. Me acerco para mirar la fotografía y doy un respingo. Es una foto mía y de Naruto. Estamos sentados en un tronco y él me rodea con sus brazos. Llevo tejanos y zapatillas, tengo la cabeza echada atrás, con el pelo por la espalda, y sonrío como si fuera la chica más feliz del mundo.

Era verdad. Verdad de la buena.

Hay otra donde estamos en un festival de verano, el lleva una mascara en la mano y yo un elegante detalle acolchado en el cuello, como una dama feudal. Tomo la fotografía y la observo con detenimiento. Es el kimono azul, con mariposas y flores que hizo mi madre y seguía quedándome, pero el tocado es nuevo.

—Jugabas a que te escondías con eso. — Me dice Naruto detrás de mí —Bromeando si es que Toneri se aparecía de repente. Pero nunca se acercaría a un evento de ese calibre.

Siento un hormigueo mientras contemplo nuestros rostros iluminados por las luces. O sea que Naruto sí tenía pruebas.

—Podrías habérmela enseñado antes —le digo, casi con acento acusador—. Esta foto. Podrías habértela traído la primera vez.

—¿Me habrías creído? —Se sienta en el brazo del sofá—. O mejor, ¿habrías querido creerme?

Me quedo cortada. Quizá tiene razón. Quizá habría encontrado un modo de explicarlo y racionalizarlo, mientras me aferraba a mi marido perfecto y mi vida de ensueño.

Para aligerar la tensión, me acerco a una mesa donde hay un montón de viejas novelas mías y un cuenco de pipas.

—Semillas de girasol —digo, cogiendo un puñado—. Me encantan.

—Ya lo sé. —Tiene una expresión insondable, extraña.

—¿Qué pasa? —Lo miro, a punto de meterme una en la boca—. ¿Están buenas?

—Claro. Es que había… —Sonríe como para sí—. No importa. Olvídalo.

—¿Qué? Di. ¿Algo de nuestra relación? Tienes que contármelo, Naruto-san.

—No es nada —dice encogiéndose de hombros—. Una tontería. Teníamos… una especie de tradición. La primera vez que nos acostamos tú habías estado comiendo semillas de girasol. Así que plantaste una en un envase de yogur y yo me lo traje a casa. Luego empezamos a hacerlo cada vez. Como un recuerdo o un chiste privado. Decíamos que eran nuestros hijos.

—¿Plantamos semillas de girasol? —Pregunto con interés repentino. Esto me suena.

—Ajá —asiente, pero cambia de tema—. Deja que te sirva algo de beber.

—¿Y dónde están? —pregunto, mientras él llena dos copas de vino—. ¿Las has guardado? —Miro por todos lados, a ver si localizo las plantas con sus envases de yogur.

—No importa. —Me tiende una copa.

—¿Las has tirado?

—No, no las he tirado. —Se acerca al reproductor de CD y pone una música de fondo, pero no va a despistarme así como así.

—¿Dónde están, entonces? —insisto con tono desafiante—. Debemos de habernos acostado unas cuantas veces, si lo que dices es cierto. O sea que tendría que haber varias plantas.

Naruto bebe un sorbo de vino. Luego, sin decir palabra, da media vuelta y me indica que lo siga por un pasillo. Entramos en un dormitorio sin apenas decoración. Abre las puertas de un amplio balcón y yo contengo el aliento, patidifusa.

Hay una hilera de girasoles a lo largo de todo el balcón. Desde ejemplares casi monstruosos que se alzan hacia el cielo, hasta flores muy jóvenes atadas con cañas, e incluso algunos brotes verdes y larguiruchos que ahora empiezan a abrirse. Allí donde miro, hay girasoles.

O sea que era esto… O sea que éramos esto. Desde la primera hasta la última semilla.

Eran nuestros sueños…Quizás…No lo se- Me dice, desde atrás - Nos parecíamos mucho en algo ¿Sabes?

Lo miro expecante

¿Que quieres decir?

Tu habías entrado al mundo de los negocios para alcanzar a tu padre de alguna manera, como lo había hecho tu primo…Yo deje los deportes para alcanzar al mío, y sostener su marca de productos e instalaciones eléctricas. Nunca iba a tener el talento, pero…Lo intente. Igual que tu. Dejamos nuestros sueños atrás.

¿Nuestros sueños?

Pero ¿Acaso seguía la Hinata de 26 años teniendo los sueños que mantenía yo antes de entrar a Alfombras?

Se me hace un nudo en la garganta mientras contemplo este despliegue verde y amarillo.

—Entonces… ¿cuánto hace…? O sea… —Me inclino sobre la planta más diminuta, metida en un tiestito y sujeta con dos palitos—. Desde que…

—Hace seis semanas, la víspera del viaje a Ibaraki. —Hace una pausa, con una expresión indescifrable—. He estado cuidando de ésa en particular. En cuanto volví al departamento.

—Claro, porque fue la última vez que debimos dormir antes de… —Me muerdo el labio.

Asiente tras un instante.

—La última vez que estuvimos realmente juntos.

Me siento y bebo un trago de vino, abrumada. Aquí hay toda una historia. Una relación completa, creciendo y desarrollándose, convirtiéndose en algo tan fuerte que al final incluso estaba decidida a dejar a Toneri.

—¿Y la primera vez? —digo finalmente—. ¿Cómo empezó todo?

—Fue ese fin de semana, del festival de verano, cuando Toneri estaba fuera. Fui a verte y estuvimos charlando y comiendo antes de partir. Luego, a media tarde, nos quedamos callados de repente. Los dos lo sabíamos.

Alza sus ojos azules hacia los míos y siento una sacudida. Se pone en pie y se acerca.

—Sabíamos que era inevitable —susurra.

Estoy paralizada. Suavemente, me quita la copa y toma mis manos.

—Hinata-chan… —Se las lleva a los labios, cierra los ojos y me las besa con dulzura—. Yo sabía… —su voz suena amortiguada mientras sigue besándome las manos— que volverías. Sabía que volverías a mí.

—¡B-Basta! —lo aparto bruscamente, el corazón desbocado—. ¡Tú… tú n-no sabes nada!

—¿Qué ocurre? —dice anonadado.

Yo misma apenas entiendo lo que me pasa. Lo deseo con desesperación; todo mi cuerpo me dice que me lance sin más.

Pero no puedo.

—Lo que ocurre es que… m-me siento abrumada.

—¿Por qué?

—¡Por todo esto! —Señalo el cerco de girasoles—. Es demasiado. Me pones frente a… u-una relación con todas las de la ley. Y ..y..y para mí sólo e-es el principio. —Doy un buen trago de vino, tratando de mantener la calma, sintiendo el amargor en mi garganta. —. Estoy m-muchos escalones por debajo. Hay u-un desequilibrio brutal...E-Entre tú y yo.

—Volveremos a equilibrarlo —se apresura a decir—. Lo solucionaremos. Yo también empezaré otra vez.

— ¡N-No! Tú no puedes volver a e-empezar —Me paso las manos por el pelo—. Naruto-san, eres atractivo, divertido, y muy amable. Yo…ehm..Tú…Tú m-me gustas. Pero no estoy enamorada de ti. ¿C-Cómo podría estarlo? Yo no he hecho todo esto. No recuerdo n-nada.

—No pretendo que estés enamorada de mí…

—Sí, ya lo creo que sí… Pretendes que sea la de a-antes.

—¡Es que lo eres! —Ahora parece irritado—. No me vengas con tonterías. Tú eres la chica que yo amo. Créeme, Hinata-chan.

—No lo…No lo sé —replico—. No sé si lo soy, ¿E-Entiendes? ¿Soy ella? ¿O s-soy yo?

Para mi horror, las lágrimas se me desbordan. No sé de dónde han salido. Me vuelvo y las enjugo, pero no consigo pararlas.

Quiero ser ella, la chica que sonreía de esa manera sentada sobre un tronco o bromeando en el festival. Pero no lo soy.

Finalmente, consigo dominarme y me vuelvo hacia él. Sigue inmóvil, con una expresión tan desolada que me encoge el corazón.

—Miro todos estos girasoles —digo, tragando saliva—, y las fotos, y todas mis cosas, y soy consciente de que ocurrió de verdad. P-Pero… para mí… no deja de ser un maravilloso romance entre dos personas que no conozco.

—Eres tú —murmura Naruto—. Soy yo. Y tú nos conoces a los dos.

—Sé que es así en teoría, pero no lo siento. Y tampoco lo sé. —Aprieto el puño sobre el pecho, notando que me vienen otra vez las lágrimas—. Si pudiese recordar a-aunque sólo fuera una cosa. Un recuerdo, un hilo…

Naruto mira las flores, absorto.

— ¿Qué quieres decir?

—Digo… Que no lo sé. No lo sé. Necesito tiempo… Necesito… —Me interrumpo, agotada.

Empiezan a caer gotas. Se levanta una ráfaga de viento y los girasoles se balancean, como asintiendo.

Naruto rompe por fin el silencio.

—¿Te llevo a casa? —Me mira a los ojos, ya sin irritación.

—Sí. —Me enjugo las lágrimas y me echo el pelo atrás—. Por favor.

Hay un cuarto de hora hasta casa, pero no hablamos durante el trayecto. Voy sentada con la carpeta en las manos y Naruto conduce en silencio, con la mandíbula tensa. Detiene el coche en mi plaza de aparcamiento y, durante unos instantes, no nos movemos. La lluvia repiquetea con fuerza en el techo y de pronto estalla un relámpago.

—Tendrás que correr hasta la puerta —dice Naruto.

—¿Y tú cómo vas a volver?

—No te preocupes. —Me entrega las llaves, eludiendo mi mirada—. Y buena suerte con eso —añade, señalando la carpeta—. Lo digo en serio.

—Gracias. —Paso la mano por la tapa de cartón, mordiéndome un labio—. Aunque no sé cómo voy a arreglármelas para hablar de ello con Ryotenbin Onoki. Me ha degradado. He perdido toda mi credibilidad. No tendrá el menor interés.

—Lo lograrás.

—Si puedo hablar con él, no habrá problema. Pero hará lo posible por eludirme. Ya no tienen ni un minuto para mí. —Suspiro y abro la puerta. Llueve a cántaros, pero no puedo pasarme aquí la noche.

—Hinata-chan…

Noto que estoy hecha un manojo de nervios.

—Ya hablaremos —lo corto deprisa—. En otro momento.

—De acuerdo —dice mirándome a los ojos—. En otro momento. Trato hecho. —

Vacila, y me da un beso en la mejilla. Luego baja del coche, tapándose inútilmente con las manos—. Voy a buscar un taxi. Venga, corre. —Se despide con la mano y se aleja a grandes zancadas.

Echo a correr bajo la lluvia y poco me falta para perder varios papeles de la carpeta.

Me detengo a la entrada y ordeno los documentos con un arrebato de esperanza, aunque sé que lo que he dicho es cierto: si no consigo reunirme con Onoki, todo habrá sido en vano.

Y de pronto, al reflexionar acerca de mi situación real, me embarga el desánimo.

Más allá de lo que haya en esta carpeta, él no va a darme otra oportunidad. Ya no soy la Cobra. Ya no soy la chica prodigio. Soy la chica con problemas de memoria, la vergüenza de la empresa, un desastre completo. Ryotenbin Onoki no va a concederme cinco minutos ni en broma, no digamos ya una audiencia completa.

No me apetece subir en ascensor. Ante la estupefacción del portero, me dirijo a la escalera y empiezo a subir lentamente los relucientes escalones de cristal y acero que nunca usan los residentes del bloque. Una vez arriba, enciendo la chimenea con el mando a distancia y trato de acurrucarme en el sofá crema. Pero los almohadones están demasiado impecables, resultan incómodos y, además, me da miedo humedecer la tela, así que al final me levanto y voy a la cocina a prepararme una taza de té.

Después de toda la adrenalina de estos días, me siento abatida y decepcionada. He descubierto unas cuantas cosas de mí. ¿Y qué? Me he dejado llevar por el entusiasmo: con Naruto, con el contrato y con todo lo demás.

Ha sido una especie de sueño imposible.

No lograré salvar el departamento. Mi jefe no me hará pasar a su despacho para escucharme, y menos aún para montar una operación de importancia. Nunca en la vida.

A menos…

No.

No sería capaz. ¿O…?

Me quedo paralizada de la emoción mientras examino todas las posibilidades y oigo una y otra vez en mi cabeza la voz de Ryotenbin Onoki, como si fuera una banda sonora:

«Si hubieras recuperado la memoria, todo habría sido diferente.»

Si recuperase la memoria, todo sería diferente.

El agua ha empezado a hervir y no me he dado ni cuenta. Como en un sueño, saco mi móvil y pulso un número directo.

—Ten-Ten —digo en cuanto responde—. No digas nada y escucha.

Uuuuuuuuuuuuuuuh al fin estamos en la recta final final, de aquí, serán solo dos capitulos mas :D

Espero que hasta ahora les este gustando la adaptación. A y también, algunas notas:

El kasutera o bizcocho castella es ese trozo de bizcocho cuadrado que se suele ver en los animes. Es común para tomar como merienda con té, en festivales o como comida callejera.

Un kotatsu es una mesa que se suele poner en la sala de estar de las casas japonesas, con un cubrecama y un sistema de calor por debajo de ella, para asi abrigar en invierno.

La ropa en la foto que ve Hinata es como la que sale en la imagen de este fanfic, como una foto que Hinata se saco, sin avisar a Naruto.

Se me ocurrió que la esposa de Hizashi tuviera cabello castaño, pero distinto al de los Hyuga, al igual que sus ojos. Así, Neji, Hinata y Hanabi tendrían tonalidades de blanco diferentes, que los caracterizaría como individuos aun siendo Hyugas. Hinata los tiene blancos como Hiashi, Hanabi con tonalidad gris por su madre y bueno, a Neji con tonalidad purpura como su madre.

Y quizas algunos se preguntaran por que Toneri nunca noto el engaño de Hinata. Al igual que en el libro con Eric, y en el desarrollo del personaje en el OVA de Naruto, me gusta pensar que es un personaje lo suficientemente soberbio como para nunca imaginar que en su vida perfecta ocurriría algo asi.

Agradezco a todos los que escribieron un review, animandome a seguir con esa historia :)

Nos vemos pronto!