Esta historia tan bella que encontré es de autoría de Sophie Kinsella. Se llama "Te acuerdas de mi" En cuanto lei la historia quede super conmovida, de ahí que quise adaptarla.
Los personajes en que se adaptan pertenecen a Masashi Kishimoto
Epilogo
El mundo se ha vuelto loco. Ésta es la prueba.
Al entrar en los almacenes y quitarme mi bufanda rosa, no tengo más remedio que frotarme los ojos. Estamos sólo a 10 de Noviembre y ya está todo decorado como si fuera Diciembre. Hay un árbol de Navidad cubierto de bolas en la entrada y un coro asomado a la galería del entresuelo, cantando villancicos a voz en grito.
A este paso, pronto empezarán la pretemporada navideña el 1 de enero. O será Navidades todo el año.
—Señora, ¿un pack Calvin Klein de oferta navideña? —repite su cantinela una chica.
La esquivo antes de que pueda rociarme. Aunque pensándolo mejor… a Sakura le gusta este perfume. Igual se lo compro.
—Sí, por favor —le digo.
La chica casi da un traspié de la sorpresa.
—¿Envuelto para regalo navideño? —pregunta, rodeando rápidamente el mostrador (no vaya a ser que cambie de idea).
—Envuelto para regalo. Pero no navideño.
Mientras ella prepara el paquete, me echo un vistazo en un espejo. Tengo el pelo largo y reluciente, aunque no tan brillante ni azulado como antes. Voy con tejanos y una chaqueta de punto verde, que tapa un poco mi busto y tengo los pies cómodamente calzados en unas zapatillas. No llevo maquillaje. Tampoco ningún anillo en la mano izquierda.
Me gusta lo que veo. Me gusta mi vida.
Tal vez no sea una vida de ensueño; ni yo, una millonaria instalada en un ático desde donde se domina todo Tokyo.
Pero Okubo es un barrio muy comodo. Y lo que es mejor, tengo el despacho encima de mi apartamento, o sea que he de hacer el trayecto más corto del mundo para ir al trabajo. Motivo por el cual ya no me entran mis tejanos más ceñidos.
Por eso y por el ramen de almuerzo tres veces a la semana.
Después de cuatro meses, los negocios han ido tan bien que a veces tengo que pellizcarme. El contrato con Porsche ya está en marcha y ha atraído el interés de la prensa. Hemos llegado a otro acuerdo con una cadena de restaurantes y, hoy mismo, Ino ha vendido mi diseño favorito de Ryotenbin —un estampado en círculo de color naranja— a un spa de moda.
Por eso he venido aquí, de compras. Los miembros del equipo se merecen un regalo.
Pago el perfume, cojo la bolsa y sigo adelante. Al pasar frente a una hilera de
zapatos de tacón, me acuerdo de Shion y sonrío.
En cuanto se enteró de que Toneri y yo nos separábamos, Shion anunció a los cuatro vientos que no se iba a poner de parte de ninguno de los dos, que yo era su mejor amiga y que ella se iba a convertir en mi máximo apoyo.
Vino a verme una vez. Llegó una hora tarde porque su GPS, según dijo, no funcionaba y porque se había quedado traumatizada al ver un violento disturbio entre bandas rivales. (O sea: dos niños de ocho años peleándose.)
Por otro lado, la que se ha puesto feliz de visitarme al trabajo a sido mi madre. Fui a Ibaraki y la invite unos días para que viera en que estaba mi vida. Desde entonces, la he visitado constantemente para relajarme de la rutina de Tokyo, a veces incluso con las chicas. Ha sido muy reconfortante hablar con ella, gracias a su perfil indiscreto.
Por ejemplo, no pregunto nada respecto a Naruto, ni porque no ha ido a verla otra vez.
No, no pienses en eso, enfócate en otro frente más positivo todavía. A Hanabi le está yendo de maravilla en sus estudios. Se las ha arreglado para conseguir una plaza en Empresariales Nivel A, con los alumnos de sexto curso, y su profesora está alucinada con sus progresos. Vendrá a trabajar con nosotras en régimen de prácticas durante las vacaciones de Navidad, y a mí me ilusiona muchísimo.
En cuanto a Toneri…
Suspiro siempre que pienso en él.
Aún está convencido de que lo nuestro es una separación provisional, por mucho que yo haya contactado con un abogado para hablar del divorcio. Una semana después de mi mudanza, más o menos, me envió un documento escrito a máquina titulado «Hinata y Toneri: Manual de Separación».
Me propuso que mantuviéramos un «encuentro conmemorativo» cada mes, pero no hemos celebrado ninguno.
No puedo ver a Toneri ahora mismo, sencillamente.
Tampoco me animo a leer la sección del manual titulada: «Sexo durante la Separación: Infidelidad, Solitario, Reconciliación, Otros.»
¿Otros? ¿Qué demonios…?
No. Ni lo pienses.
La cuestión es que no tiene sentido obsesionarse con el pasado. No vale la pena darle más vueltas. Es tal como dijo Ten-Ten: tienes que mirar hacia delante. Y estoy aprendiendo a hacerlo bastante bien. La mayor parte del tiempo es como si el pasado fuese una zona sellada y precintada de mi mente.
Me detengo en la sección de Accesorios y le compro a Temari un bolso de charol morado supermoderno. Luego subo al piso de arriba y encuentro una camiseta bellisima de los años setenta para Ino.
—¿Vino caliente navideño?
Un tipo con un gorro de Papá Noel me ofrece una bandeja llena de vasitos y cojo uno.
Al seguir adelante me doy cuenta de que me he despistado con la nueva distribución de esta planta y he ido a parar a Ropa de Caballero. Podria aprovechar y comprarle algo a Nejinii-san y al tio Hizashi tranquilamente, aprovechando que no tengo prisa.
Deambulo un poco dando sorbos al vino especiado, escuchando villancicos y mirando cómo parpadean las luces de fantasía…
Ay, no, me han atrapado. Empiezo a sentir el síndrome navideño. Esto es fatal.
Estamos sólo en noviembre. Tengo que salir de aquí antes de que empiece a comprar paquetes gigantes de pastelillos y discos de Bing Crosby. Estoy buscando dónde dejar el vasito vacío cuando me llega una voz muy jovial.
—¡Hola de nuevo!
Es una mujer rubia con una melenita corta, que está doblando jerséis de color pastel en la sección de Ralph Lauren.
—Eh… ¡hola! —digo vacilante—. ¿Nos conocemos?
—Bueno, no. —Sonríe—. La recuerdo del año pasado.
—¿Del año pasado?
—Usted vino a comprarle una camisa a su… novio. —Me mira la mano—. En Navidades. Tuvimos una larga conversación mientras se la envolvía para regalo. Siempre me acuerdo de aquella conversación.
La miro y trato de imaginarme la escena. Yo, aquí. Las compras de Navidades. La antigua Hinata, seguramente con un traje beige y mucha prisa; seguramente ceñuda y estresada.
—Lo siento —le digo por fin—. Tengo una memoria terrible. ¿Qué le conté?
—¡No se preocupe! —Se echa a reír—. ¿Por qué tendría que recordarlo? Yo me acuerdo porque usted estaba tan… —Hace una pausa, con un jersey medio doblado en las manos—. Quizá sea una tontería, pero me pareció tan enamorada…
—Ah… —asiento—. Ya veo.
Me aparto un mechón, diciéndome a mí misma que sonría y me marche sin más. Es una coincidencia insignificante.
Nada del otro mundo. Vamos, sonríe y lárgate.
Pero mientras permanezco allí, entre las luces parpadeantes, las voces que cantan Noche de paz y esa rubia desconocida que me cuenta lo que hice las Navidades pasadas, empiezan a emerger un montón de sentimientos enterrados que se abren paso en mi interior como vapor a presión. La cinta de embalaje se está desprendiendo por un lado; ya no puedo continuar guardando el pasado en su sitio.
—Quizá le parezca rara la pregunta. —Me froto el labio húmedo—. Pero… ¿mencioné el nombre de él?
—Creo que no. —La mujer me examina con curiosidad—. Sólo dijo que la hacía sentirse viva. Que nunca se había sentido así antes. Se la veía rebosante de felicidad. —Deja el jersey y me mira intrigada—. ¿De verdad no lo recuerda?
—Pues no.
Siento un nudo en la garganta. Era Naruto.
He tratado de no pensar en él cada día desde que me marché en aquel taxi.
—¿Qué le compré?
—Esta camisa, si no recuerdo mal. —Me muestra una de color verde pálido y se vuelve hacia otro cliente—. ¿Qué desea?
Sostengo la camisa e intento imaginarme a Naruto con ella, y a mí misma eligiéndola. Intento evocar nuestra felicidad.
Tal vez sea el vino o tal vez el cansancio de un largo día, pero no puedo soltar la camisa. No lo consigo.
—Me la quedo —le digo a la mujer en cuanto queda libre otra vez—. No se moleste en envolverla.
No sé qué me pasa. Cuando salgo de la tienda y paro un taxi, todavía llevo la camisa verde pegada a la cara, como si fuera la mantita de un bebé. La cabeza me zumba y el mundo parece difuminarse, como si estuviera incubando la gripe.
El taxi se detiene y subo al asiento trasero como una autómata.
—¿Adónde? —pregunta el conductor, aunque yo apenas lo oigo. No puedo dejar de pensar en Naruto.
El zumbido es cada vez más fuerte y sigo aferrando la camisa.
Canturreo quedamente.
No sé qué ocurre en mi cabeza. Estoy tarareando una melodía que no conozco. Y lo único que sé es… que es Naruto
La canción es Naruto.
La aprendí de él.
Cierro los ojos desesperada, tratando de atraparlo, haciéndole señas para que se detenga…. Y de pronto, como un destello de luz, lo tengo en la cabeza.
Es un recuerdo.
Me viene un recuerdo.
De él.
De los dos juntos.
Olor a aire salado, su mandíbula rasposa, un jersey gris… y esa melodía. Nada más.
Un instante fugaz.
Pero lo tengo. Lo tengo.
—¿Adónde, señora?
El taxista se ha vuelto para abrir la ventanita del panel de separación.
Lo miro como si me hablara en una lengua desconocida. No me cabe ninguna otra cosa en la cabeza; tengo que mantener sujeto este recuerdo, cuidarlo como un tesoro…
—¡Pero! —resopla—. ¿A-dón-de-quie-re-que-la-lle-ve?
Sólo puedo ir a un sitio. Tengo que ir. Le doy la dirección, el taxista se vuelve, pone una marcha y arranca.
Mientras avanzamos por las calles de Tokyo permanezco muy rígida, en tensión y aferrándome a la agarradera. Siento como si mi cabeza contuviera un líquido precioso que podría derramarse a la menor sacudida. Tampoco debo pensar en ello o se acabará desgastando. No puedo hablar, ni mirar por la ventanilla, ni mucho menos permitir que entre ninguna otra cosa en mi mente.
He de mantener intacto este recuerdo. Tengo que contárselo a él.
En cuanto llegamos a la calle de Naruto, pago al taxista y bajo del coche. Sólo entonces caigo en la cuenta de que tendría que haber llamado primero. Saco el móvil y marco su número. Si no está en casa, iré a donde sea.
—¿Hinata-chan? —responde enseguida.
—Estoy aquí delante —digo, jadeando—. He recordado…
Se hace un silencio. Sólo oigo por el móvil unos pasos precipitados. Al minuto, se abre la puerta en lo alto de los escalones y ahí está, agitado, con su chaqueta naranja, una polera, unos tejanos y unas viejas Converse.
—He recordado algo —le suelto sin más, antes de que pueda bajar los peldaños—. Una canción. No la conozco, pero sé que me la enseñaste tú, en la playa. Supongo que fuimos juntos alguna vez. ¡Escucha! —Y empiezo a tararear, llena de esperanza—. ¿La recuerdas?
—Hinata-chan… —Se pasa las manos por el pelo—. ¿De qué me estás hablando? ¿Por qué traes esa camisa? ¿Es la mía?
—¡La oí contigo en la playa! E-Estoy segura. —Balbuceo de un modo incoherente, pero no puedo evitarlo—. Me acuerdo del aire salado y recuerdo q-que tenías la cara rasposa, y la melodía era así… —Vuelvo a tararearla, pero me sale peor y no logro afinar.
Al final, me doy por vencida y lo miro con expectación. Él tuerce el gesto, perplejo.
—No me acuerdo —dice.
—¿C-Cómo que no te acuerdas? —me indigno—. ¿Cómo? ¡V-vamos, piensa! Hacía frío, pero n-nosotros estábamos abrigados y tú no te habías afeitado… llevabas un jersey gris…
Su cara se transforma de repente.
—¡Dios mío! La vez que fuimos a Shikoku. ¿Es eso?
—No sé —digo impotente—. Quizá.
—Fuimos a Shikoku a pasar el día —asiente—. A la playa. Hacía un frío del demonio, así que nos abrigamos bien. Y llevábamos una radio… Vuelve a tararearla otra vez.
Bueno. No tendría que haber mencionado la canción. Yo canto de pena.
Empiezo otra vez, medio mortificada.
—Espera. ¿No es aquella canción que sonaba por todas partes? Sun. Te divertía mucho el coro y su nombre. Decías que era como si fuera una canción mía.—Se pone a cantarla él y es como si un sueño se hiciera realidad.
—¡Sí! —exclamo—. ¡Exacto! ¡Es ésa!
Se hace un silencio. Naruto se frota la cara, perplejo.
—¿Y eso es todo lo que recuerdas? ¿Una melodía?
Al decirlo de ese modo, hace que me sienta como una idiota integral por haber atravesado Tokyo con este único fin.
De pronto, la fría realidad revienta mi burbuja: ya no le intereso.
Ha seguido adelante.
Seguramente tiene novia y todo.
—S-sí —digo, aclarándome la garganta y fingiendo en vano un tono indiferente— . Sólo eso. He pensado que q-querrías saberlo. Eh… Bueno, me alegro de verte. Adiós.
Recojo mis bolsas con torpeza y me vuelvo abochornada para marcharme.
¡Qué vergüenza!
Tengo que largarme de aquí ya mismo. He quedado como una pardilla.
—¿Es suficiente con eso?
Su voz me pilla por sorpresa. Me giro y veo que ha bajado varios peldaños, con expresión esperanzada. Y me basta con verlo para dejar de lado todos los disimulos. Los tres últimos meses parecen disolverse.
Somos nosotros, otra vez.
—N-No lo sé —acierto a decir—. ¿Tú qué crees?
—Tienes que decidirlo tú. Dijiste que necesitabas un recuerdo. Un hilo que nos guiase hasta… nosotros. —Baja otro peldaño—. Ahora ya tienes uno.
—El hilo más delgado del mundo...U-Una canción. —Suelto un ruidito extraño que quiere ser una risa—. Como de telaraña: finísimo.
—Entonces sujétalo bien.
Con sus azules ojos fijos en los míos, baja el resto de los escalones.
—Aguanta, Hinata-chan. No dejes que se rompa. —Llega por fin y me estrecha entre sus brazos.
—No lo permitiré —susurro y lo abrazo a mi vez. No dejaré que se me escape. Se volvió aquello que me mantiene a flote. El último elemento de mi vida donde al fin puedo estar en la superficie con los demás, aunque sea por un poco.
Ya no lo quiero apartado de mí.
Lo quiero aquí cerca de mí. De mis brazos. De mi mente.
Cuando vuelvo por fin a la realidad, veo a tres chicos como de la edad de Hanabi mirándome desde los peldaños del portal contiguo.
—Uau —dice la niña pelirroja—. Naruto-niichan ya anda de nuevo con su novia.
—No dejes que se te aparte, Naruto-niisan. Ella hace mejor comida que tu—Dice el castaño
No puedo evitar una sonrisa, aunque aún tengo los ojos brillantes de las lágrimas.
—Sí —asiento, mirando a Naruto—. Yo estaré...yo estaré con Naruto-kun
—¿Con Naruto-kun? Me alegra mucho —dice él, riendo, rodeándome la cintura con las manos y acariciándome las caderas con los pulgares, como si ése fuera su lugar favorito.
Parece ser el mío también.
—Oye. —Se lleva una mano a la boca como súbitamente inspirado—. ¿Sabes qué? Ahora yo acabo de recordar otra cosa.
—¿Qué? —Le pregunto curiosa. Su rostro se ilumina.
—Entrar a casa… apagar todos los teléfonos… y disfrutar del sexo durante veinticuatro horas seguidas —digo, muy serio—. Incluso recuerdo la fecha exacta en que lo agendamos
—¡Naruto-kun! ¡No digas e-esas cosas!
—Pero es cierto, está en mi agenda.
No puedo negarlo, entre la risa y la vergüenza, mi cercanía con este hombre es inevitable.
—¿De veras? —Le pregunto un poco desconcertada y Naruto sonríe—. ¿Cuándo?
—El diez de noviembre del 2017. A las… —mira el reloj— a las cuatro y cincuenta y siete de la tarde.
—¡Ajaaaá! C-claro, por supuesto. Yo también lo recuerdo. —Me pasa un dedo por la espalda y me estremezco por anticipado
—Cierto. —Chasquea la lengua—. ¿Cómo se te puede haber olvidado?
Yo simplemente rio y él se me une. Siento que nuestro abrazo se estrecha a medida que aumentan las carcajadas.
—Vamos. —Me toma de la mano y me guía escaleras arriba mientras los niños se mofan y nos vitorean.
—P-por cierto —digo cuando él cierra la puerta—. No he disfrutado del sexo desde 2013…Y e-en esa época..yo…b-bueno..Nunca lo había hecho... Para que lo sepas.
Naruto se echa reír.
Se quita la chaqueta de un tirón y siento una oleada instantánea de lujuria.
Mi cuerpo sí se acuerda de esto.
Perfectamente.
—Acepto el desafío. —Se acerca, toma mi rostro entre sus manos y me examina unos instantes en silencio, con determinación, hasta que empiezo a derretirme por dentro—. Y dime…¿qué planeamos para después de las esperadas veinticuatro horas Hinata-chan?
No puedo resistir ni un segundo más. Tengo que atraer su rostro para darle un beso. Y éste no voy a olvidarlo. Éste lo conservaré para siempre.
—Te lo diré… —murmuro por fin, con la boca sobre su piel cálida y suave— cuando me acuerde.
Naruto rie.
Espero no olvidar esa risa luminosa nunca más.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAY al fin acabo y al fin pude subirlo. Fue todo un parto por los problemas que tuve con mi ordenador.
Pues bien, aqui acaba la historia. Hinata aún no recuerda su relación como él, ni su vida en esos años, pero sabe ahora que ocurrio. Estuvo algo ahi. Y me gusta pensar que sera una mezcla, continuara con Naruto en terminos nuevos, pero a la vez antiguos. Con todo lo que conlleva.
Había pensado agregarle m'as conflicto con Toneri, pero no le encontré sentido en realidad. Es un personaje que le afecto, si, pero no alguien malo. Y siendo 100% honesta quería traer una historia, o bueno adaptar una, donde no hubieran absolutos. Hinata no era totalmente inocente, ni Kabuto un total cretino, Toneri un total malvado coarta relaciones ni Naruto el salvador de todo.
A propósito, la canción a la que se hace referencia, es Sun de Gen Hoshino, canción que estuvo en los tops en japón durante el 2017.
Agradezco enormemente a quienes me escribieron Reviews y pusieron la historia en sus favoritos. Realmente deseo que les haya gustado harto. Principalmente agradezco a CotyCandy, que fue de las primeras en escribirme y a Katydg, que si bien empezo a leerla mas tarde, comento cada capitulo que leia y me daba mas energias para seguir escribiendo y pudiera disfrutar el final. Como todos ustedes.
Quizas adapte o traduzca otras historias, no lo se. Me encantaria enormemente.
Un abrazo a todos y todas ;D
