Hellsing no me pertenece, solamente los OC´s que utilizo para esta historia.

Advertencia: lenguaje inapropiado y violencia.


Capítulo 3:


Estados Unidos, América. Año 2019.

La mujer rubia caminó lentamente, con su capa roja y labios pintados de negro, debajo del sol.

Le recordaba a aquel cuento que le había leído su madre hacía… bueno, hacía muchos años. Sobre una pequeña niña vestida con una caperuza roja, como la suya, que caminaba sola por el bosque. Quien luego se topaba con el lobo feroz, y…

Seras miró a su izquierda, luego a su derecha. Parecía que, para ella, el lobo se encontraba por todas partes.

Nunca creyó que fuesen a expandirse tan rápido, pero así lo hicieron. La victoria de Anderson había logrado propagarse por toda Europa. Su nuevo régimen había logrado dominar Gran Bretaña, Francia, Italia, España…

Y ahora, había logrado llegar a América. Con mayor exactitud: a los Estados Unidos.

La muchacha suspiró al verlos alejarse. No podía dejar que la policía sospechara de ella, o sobre qué era lo que se encontraba haciendo allí.

Si llegaban a capturarla… bueno, estaba muy segura que no sería una bonita experiencia.

Siguió caminando, intentando mezclarse entre la gente que vestía muy diferente a lo que ella recordaba; había estado encerrada quien sabe por cuánto tiempo (mientras se recomponía luego de un pequeño desliz en Inglaterra), y las cosas habían cambiado mucho. Se podría decir que hasta demasiado.

:- "¿Qué necesita?"

Le preguntó un hombre con bigote mientras la miraba fijamente con cara de pocos amigos. Se giró para darse cuenta que había estado retrasando la fila. Carraspeó, al parecer se había metido en un negocio: en una… carnicería.

:- "Yo… eh…"

:- "Rápido niña, no tenemos todo el día".- una mujer detrás de ella comentó, y Seras comenzó a ponerse nerviosa. No solo eso, si no que había empezado a oler…

Sangre.

:- "Eso".- apuntó hacia lo que parecía ser una pata de algún animal.- "Por favor"

El hombre la miró de manera extraña pero aun así cumplió con su pedido.- "Aquí tiene. Diez dólares"

Rebuscó en su bolso. Había logrado cambiar unas libras por billetes americanos en el mercado negro. Se los entregó al hombre.- "Gracias"

:- "Bonito atuendo, por cierto".- comentó él, mientras le entregaba el alimento.- "Hasta luego, señorita"

No fue hasta que salió del lugar que pudo no respirar con normalidad. Sostuvo la bolsa y volvió a caminar, sin rumbo, por la gran ciudad. El olor de aquella carne inundándole las fosas nasales y dándole terribles ganas de vomitar.

Ella no necesitaba comer, ella necesitaba…

No. No podía hacerlo. Debía aguantar.

Había soportado mucho como para abandonar sus creencias a la mínima tentación, apenas sintiera debilidad. Debía seguir así, debía controlarse.

Tenía qué.

Aunque parte de ella siempre se preguntaba… ¿Por qué?

¿Cuál era el punto?

Esos vampiros la habían salvado. La habían encontrado tirada en aquel sucucho y la habían llevado hacia su guarida. No eran originales, no como ella, pero en cierta medida eran parecidos. Por lo que la curaron, la alimentaron, y al final, la liberaron.

Pero… ¿de qué?

Le habían ofrecido salir de cacería. Le habían ofrecido sangre. Entre las alucinaciones y las fantasías había recordado las palabras de su maestro: "Debes beber, debes convertirte en una nosferatu completa"

Pero ella no se rindió; jamás. Ni aunque su cuerpo se la pidiera como agua.

Su lado humano logró contrarrestar el inminente deseo. Su cordura evitó que se convirtiera en un… en un monstruo.

Tardó más de la cuenta en recuperarse: semanas, meses, hasta podría decirse que años (no había llevado la cuenta, no realmente) pero lo logró.

Y ahora estaba allí, en América, intentando empezar de nuevo.

O por lo menos ese había sido su plan al principio… pero para ese punto ya se había dado cuenta que no tenía ningún sentido.

Siguió caminando, observando. Cada persona era un mundo, cada persona era completamente diferente a ella:

Estaban vivos.

Hizo contacto con unos ojos marrones y frenó en seco. Por un segundo, solo por un segundo tuvo la esperanza de que fuese- de que-

Sabía que Pip Bernadotte había muerto en la gran guerra, pero aquella persona…

:- "¡Espera!".- gritó, causando que varios se dieran vuelta para mirarla. Seras los ignoró. La desesperación, el deseo de reencontrarse con él era-

:- "¿Me hablas a mí?".- preguntó el joven, distraído. Al verlo, no pudo más que sentirse como una completa imbécil. Por supuesto que no se trataba de Pip. Tenía que estar loca para pensar lo contrario.

:- "Yo… te confundí con alguien más… lo siento"

Él se encogió de hombros y luego siguió su camino. Seras negó con la cabeza y dio media vuelta, justo para darse cuenta que dos del "servicio de la paz" tenían los ojos puestos en ella.

Tragó saliva, y comenzó a caminar más rápido. Venían detrás de ella, lo sabía, pero hizo todo lo posible para que ellos no. Caminó por el centro, por diversas esquinas, por los parques, por-

Se perdió, obviamente, pero eso ya no le importaba. Solo quería perderlos de vista, lograr sacárselos de encima sin tener que recorrer a una masacre.

Al ponerse el sol, y para la suerte de Seras, ellos dejaron de seguirla. La chica, aun con aquella bolsa indeseable en la mano, suspiró. Necesitaba encontrar un lugar para pasar la noche.

Caminó un poco más, y al ver la luna brillando en el cielo, se deshizo de aquella capa roja. No tenía por qué ocultarse, no más.

Solo esperaba que ningún… conocido, fuese a pasearse por allí.

No quería lidiar con humanos, menos con vampiros.

O con cualquier otra criatura demoniaca, en realidad. No estaba de humor.

Contó los minutos, mientras rodeaba los diversos paisajes. Hogares y más hogares. En un momento, un can comenzó a seguirla; estaba bastante segura que era por el pedazo de carne que llevaba consigo.

Sonrió. Al fin había encontrado un lugar, donde por lo menos podría pasarla con los suyos:

CEMENTERIO DE NUEVA YORK.

La chica entró, seguida por el perro, y se escabulló entre los árboles y las lápidas. Había por lo menos dos guardias, pero aquello no fue problema. Logró sacárselos de encima sin necesidad de eliminarlos de la faz de la tierra: escondiéndose cada vez que sentía el olor a humano cerca de ella.

Se acomodó en piso, debajo de un nogal, y cerró los ojos. Su nuevo amigo mordisqueaba la bolsa, pero a la rubia no le importaba.

No tenía la menor idea de que iba a hacer allí pero, en ese momento, lo único que quería era descansar. O, por lo menos, intentar hacerlo.

La próxima debía conseguirse un ataúd de verdad…

.-.-.-.-.-.-.-.

Año 2245, República Inglesa: Presente.

:- "Hola, lindura"

Entrecerró los ojos mientras cerraba la puerta de su departamento. Lo que menos estaba buscando en ese momento era algún fisgón observando lo que habitaba dentro de su pequeña vivienda.

Sería imposible explicarle por qué demonios tenía un sarcófago en medio de la sala de estar.

Seras se dio vuelta para encontrarse con un joven alto, con cabello rubio y ojos rojos, recostado contra el marco de su dormitorio. Era nuevo, por lo visto; jamás lo había olido por allí antes.

:- "Tengo nombre".- dijo ella simplemente, mientras se colocaba un sombrero azul y se preparaba para bajar por las escalares. Examinó al impostor una última vez.- "Ten cuidado. Si actúas así dudo que dures mucho más por aquí".

:- "¿Quién lo dice?"- preguntó él queriendo parecer intimidante, o rebelde, o quien sabe qué, a la par que le daba más efecto cruzándose de brazos. Actuaba al igual que un chiquillo; como todos. Sin embargo, se recompuso al instante, con una sonrisa gélida.- "Yo también tengo nombre. Puedes decirme Brad, lindura"

Seras no dijo nada, conocía muy bien a los de su clase. Eran "vampiros" creados por organizaciones secretas. Anteriormente (siglos atrás) su propósito había sido convertirse en soldados, y en ratas de laboratorio.

Querían saber cómo era que funcionaba un vampiro de verdad, para luego darles caza y exterminarlos de una vez por todas.

Hoy en día, y gracias al régimen de la paz, el programa había dejado de usarse. Los más competentes habían quedado como espías para el gobierno y los que eran como Brad… bueno, los habían borrado a todos.

Aunque había llegado a los oídos de la vampiresa que el proyecto había vuelto a ponerse en marcha. Después de todo, aquellos buenos para nada eran el perfecto modelo sobre el cual probar nuevas armas…

Por lo visto, Brad era un espía, o solamente un suertudo que había logrado escapar antes de que lo liquiden.

Seras, en su sano (¿sano?) juicio, optaba por lo segundo.

Antes de que el chico pudiese si quiera parpadear (aunque en realidad no lo necesitaba) la vampiresa lo tenía presionado contra la pared, sus garras a punto de arrancarle los párpados.

:- "Escúchame una cosa, chico listo".- hizo una pequeña pausa, mientras sus uñas bajaban y le perforaban el estómago; el chico ahogó un grito de terror.- "Desde ahora en adelante mantendrás un bajo perfil. Lo que menos quiero es que termines perjudicándome a mí por tu estupidez, ¿soy clara?"- el asintió, podía sentir su sangre manchándole todos los dedos, metiéndose bajo sus uñas.- "Y si vuelves a llamarme de esa manera otra vez, no seré yo quien se deshaga de ti. Les daré el placer a personas mucho peores".- Sonrió.- "¿Entendiste, Brad?"

Asintió, desesperado. Seras sacó la mano de un tirón. Se relamió delicadamente los dedos.- "Genial".- dijo.- "Me has retrasado diez minutos, espero estés contento"

Antes de que él pudiese replicar, ella ya se encontraba escaleras abajo.

Sintió el calor del sol quemándole el cuerpo. Por lo que se acomodó el sombrero de forma que protegiera su rostro, y siguió. Recorrió las calles de Nueva Inglaterra, y observó con detenimiento a todos los allí presentes.

Analizando, en el proceso, a quien sería su próximo bocadillo.

Solía ir siempre por el centro, pero aquel día quería intentar algo diferente. Con paso lento, se dirigió hacia el lugar que había visitado la noche anterior.

Y, tal como se lo había imaginado, el estacionamiento en donde consiguió su cena se encontraba repleto de periodistas, policías, agentes de la paz, y el mismísimo publico convencional: la gente común y corriente.

No detectó a ninguno de los de su clase: era peligroso caminar de día, más cuando los soldaditos estaban a unos escasos metros de distancia.

:- "Oiga, no empuje"- un hombre de pelo negro y anteojos se acomodó entre la multitud. Seras lo observó con diversión. Él se dio cuenta.- "¿Qué miras, mocosa?"

Reprimió la irritación y se puso en personaje. Tocándose un mechón de pelo rubio y con el tono meloso que utilizó en sus primeros días como vampiresa, preguntó:

:- "Disculpe… pero, ¿sabe que está pasando aquí?

Su mueca de enfado desapareció al instante al oír la dulce voz de la joven adulta con cara de inocente. Se encogió de hombros.- "No lo sabemos".- su mirada lentamente se dirigió a los guardias de la paz.- "Solo espero que no se amontone tanta gente aquí… sabes de lo que son capaces de hacernos si no hay orden…"

:- "Oí que solamente se lo hacen a las criaturas espeluznantes…"

La miró, incrédulo.- "¿Eres nueva aquí? Hace años que comenzaron a implementar sus reformas en nosotros… los inocentes".- terminó con odio, Seras luchó por no sonreír.- "Como sea… deberías irte a casa, niña. Este no es un lugar seguro para ti"

:- "Muchas gracias por la información, señor. Hasta luego"

Pudo sentirlo mirarla de la manera que solían hacerlo cuando actuaba, pero sin darle importancia dio media vuelta y se retiró. Quizás podría morderlo a él, aunque no parecía muy apetitoso.

Unos guardias de la paz (siempre eran más de uno, nunca estaban solos) la observaron fijamente, ella miró al suelo.

No tienen la tecnología para detectarme, aún no tienen la tecnología para-

Paso de largo, mientras uno de ellos decía algo por el dispositivo en su muñeca. Suspiró, aliviada, y sonrió.

Dejarían que pasen un par de días, que vuelvan a bajar la guardia, y allí es cuando volvería a la acción.

Esto es solo el principio, aún no sabes lo que te espera, General…

.

:- "¿Lo de siempre?"

Ella sonrió. Se acomodó en la barra y se quitó el sombrero, observando con regocijo aquel lúgubre y deprimente lugar. De alguna manera, y gracias a que no había muchos clientes, aquella taberna siempre lograba hacerla sentir nostálgica. Carecía de todos los artilugios y costumbres de la época, que le parecían de lo más exasperantes.

De todas las décadas (de las qué podía recordar) aquella era la que más lograba irritarla. A la par que aislarla.

Un hombre tosió a lo lejos.- "Puedes apostar"- Joel le sonrió, a la par que le servía un vaso de su tan preciado elixir. Las tres gotas de color rojo no parecían visibles, pero Seras lograba sentirlas como si fueran chocolate en su lengua de nosferatu.- "Gracias, Joel. ¿Cómo va todo?"

El vampiro se encogió de hombros.- "Como siempre, querida"- limpió una taza con un trapo sucio.- "Creo que la que debe actualizarme aquí eres tú, ¿no crees?"

La rubia bebió lentamente y observó con aire aburrido el televisor (¿cómo demonios consiguió eso?) La noticia sobre el juez asesinado en manos de un "freak" estaba por todas partes.

Tal como ella lo había planeado.

Y también sabía a lo que Joel se refería, pero prefirió hacerse la tonta. Tamborileó los dedos sobre la mesa.- "Estoy pensando en conseguir un empleo, ¿sabes? Algo nuevo, emocionante, estoy tan aburrida de la vida cotidiana…"

Él rodó los ojos, dejó la taza en la gaveta y luego negó con la cabeza.- "No sabes con quien te metes, niña. Lo que estás haciendo es sumamente peligroso, por no decir estúpido"

Dejó su mano quieta, y fulminó al castaño con la mirada. A veces aquel hombre le recordaba a alguien… relativamente familiar.- "Permíteme recordarte que llevo más tiempo aquí que tú. Estoy al tanto de las reglas del juego, y no solo eso: tengo un plan"

Antes de que él pudiese replicar, otro se acercó para pedirle un trago. Una vez que lo había atendido, volvió a centrar su atención en la "joven" rebelde que tenía en frente suyo.- "Nunca dije que no lo fueras, Seras. Pero tienes que ser cuidadosa".- se acercó para susurrarle al oído.- "Vas a hacer que nos descubran, y a ti que te maten"

No pudo evitar soltar una leve risita, causando que Joel frunza el ceño.- "Eso no sucederá. Tienes que confiar en mí, hombre. ¿Hace cuánto que nos conocemos?"

Pareció pensarlo. Suspiró.- "Diría que unos ochenta… o noventa años. Pero Seras…"

:- "Ya, ya"- dijo ella, restándole importancia con un gesto de la mano. Se levantó de su asiento y le dejó unos billetes sobre la barra.- "Nunca nos defraudamos, no pienso ser la primera que rompa con esa racha. Lo prometo"

Pareció que no iba a decir nada, pero antes de que Seras abandonara el lugar, agregó:

:- "Solo ten cuidado"

Pero ella no le proporcionó respuesta alguna.

Ya era tarde, y Seras planeaba hacer alguna que otra parada antes de volver a su pequeño "hogar"

Su plan era infalible, lo sabía, pero las palabras de Joel le hacían un eco insoportable dentro de su mente. Como el canto de un pájaro en la mañana, o el ladrido de esos malditos perros robóticos.

Pero aunque él no estuviese cien por ciento de acuerdo, sabía que le cubría, y le cubriría la espalda. Joel era un original, aunque costara creerlo. Había emigrado desde Brasil hacía algunos cientos de años, y se había abierto un pequeño negocio para "freaks" y para algún que otro humano que dignara a pasarse por esa zona solo.

Joel conseguía sangre para calmar a los desesperados, y lograr mantenerse con vida oculto en aquel sistema en el proceso.

Solo son otro tipo de "freaks"- pensó Seras.- Del tipo que no cazan…

Aunque, recordando aquellas palabras del hombre apestoso se dio cuenta que ya nadie estaba a salvo. Ni los de su raza, ni las demás criaturas, ni siquiera los humanos.

Debía acabar con aquel reinado del terror. Debía tener, de una vez por todas, su venganza.

E iba a conseguirlo. Costara lo que costara.

De eso no tenía ninguna duda.

.-.-.-.-.-.-.

El ruido de la puerta logró sacarlo de sus pensamientos. Suspiró, intentando mantener la calma.- "¿Qué tienes para mí, cadete?"

El otro carraspeó.- "Señor, jamás se había visto algo como esto. Muchas muertes importantes, y parte de nuestro ejército en tan solo días… nosotros-"

:- "Dije"- golpeó el escritorio con fuerza, el hombre que yacía en la entrada se estremeció.- "Si tienes algo nuevo. Una solución. Otro mensaje. ¿Lo tienes?"

:- "Este… no, señor. Pero el juez ha sido una víctima que…"

:- "Retírate"- comentó, antes de perder lo último que le quedaba de la paciencia.- "Y vuelve cuando seas útil, ¿entendiste?"

:- "S-Si, ¡sí, señor!"

El General se acomodó en la silla, y se pasó la mano por su cara. Estaba cansando. Cansado, irritado, y-

"Dijo que... el rey, el rey ha vuelto"

El rey ha vuelto.

¿El rey? ¿Quién demonios se cree que-?

:- "¡Maldición, Jhon!"- esta vez no pudo evitarlo. Arrojó los documentos y dispositivos al suelo. Sus ojos estaban teñidos de ira contundente, aún no podía creerlo.- "Y el maldito ahora está en el hospital. Un cuarto piso… ¡maldita sea!"

Pero no. Aquello no se quedaría así. Si bien su padre no había sufrido tal inconveniente (no algo de tanta magnitud, al menos) él se haría cargo. Había sido educado, entrenado, y vivía para eso.

Estaba escrito en la historia. Su antepasado, el hombre que había logrado vencerlos había logrado, por fin, imponer la paz. Había hecho del mundo un lugar tranquilo, un lugar honesto y seguro.

Y no iba a ser a él a quien derroten. Si aquel "freak" decía que lo conocía, entonces iba a ser su privilegio ser asesinado por él.

Iba a acabar con todos y cada uno de ellos.

De una vez por todas.

Nos veremos pronto… "rey"


Han pasado ochenta y cuatro años... pero aquí estoy de nuevo, lectores. En verdad lamento la tardanza, pero hace poco volví a obsesionarme con la historia de los vampiros (Drácula, Vlad Tepes, etc) y decidí que era tiempo de terminar el capítulo y actualizar la historia.

Sé que puede ser algo confuso (más el tema de los saltos temporales y las líneas de tiempo) pero tengo todo anotado, así que las dudas van a irse aclarando a medida que avance la historia, se los prometo.

Espero que les haya gustado e intentaré actualizar pronto (por lo menos no tardar un año en hacerlo)

¡Hasta la próxima!

- Vigigraz