Capítulo 5
"Viaje al Santuario"
18 de Septiembre del 1998
Dormitorio de Saori Kido, Mansión Kido
Los caballeros del zodiaco rodeaban a Atenea desvalidos, sobretodo Seiya, ahora que había encontrado por fin a se hermana, se la arrebataban.
En aquella sala estaban todos, desde los cuatro caballeros de bronce, hasta Touma y Orestes,. Ante el claro desconcierto de Tatsumi, que pese a todo se recuperó del "infarto", las tres amazonas y Jabu reposaban en cuatro camillas de recuperación que habían sustituido la cama de la princesa.
Saori veía a sus caballeros tan decaídos, que ella misma también entristeció, las muertes de Ichi, Naichi y Ban le habían dolido, y también ver a June y Marin en ese estado, por suerte Jabu pudo salvarse después de todo.
Las caballeros cambiaron sus caras al ver como Shaina recuperaba el conocimiento, inmediatamente su orgullo la llevó a levantarse pero una punzada de dolor la obligó a acostarse de nuevo, a través de su máscara pudo ver los rostros decaídos de los caballeros de bronce.
Shaina: ¿Qué ha pasado? - preguntó sin levantarse -
Geki: Ángela huyó como bien sabes, Víctor, el desconocido que casi mata a June, buen pues, yo lo maté. - dijo con pesadumbre - Los caballeros de bronce no pudieron intervenir por culpa de otro misterioso guerrero que no dio su nombre. Orestes mató a Talión. Lamentablemente Caronte se fue al Santuario llevándose a Seika.
Shaina: ¿¡Qué? - exclamó levantándose al instante, había olvidado el dolor - ¡Debemos ir de inmediato al Santuario! ¡No sabemos lo que puede estar pasando Seika ahí!
Saori: Desde luego esto no se quedara así. - sentenció la diosa, golpeando el suelo con la Niké, símbolo del poder de Atenea -
Shun: ¿A qué te refieres Saori? - preguntó algo alarmado -
Shiryu: ¿Qué tratas de decir Atenea?
Saori: Mis hermanos han cometido el acto más vil para conmigo, han asesinado cruelmente a tres de mis caballeros, dejado en un estado deplorable a Jabu y Marin. Y además han secuestrado a Seika, este acto merece una respuesta.
Shaina, Touma y Geki asintieron de inmediato, los caballeros vieron a Seiya, a quien las palabras de Saori parecieron haberle devuelto la vida y ya adoptaba una posición de ataque, preparándose mentalmente para la futura batalla.
Hyoga: Atenea, bien sabes que te seguiremos allá donde vayas, da igual que nos enfrentemos a los más temidos caballeros o a los mismos dioses del Olimpo, siempre estaremos de tu lado.
Shiryu: Además, esta vez no sólo se trata de salvar la Tierra. Debemos salvar a Seika, la hermana con la que nuestro amigo Seiya y vengar a nuestros compañeros caídos.
Shun: ¡Sí, yo también lucharé! - exclamó con seguridad -
Touma: Tengo que hacer pagar a ese miserable lo que le hizo a mi hermana. Contad conmigo.
Seiya: Gracias amigos. - dijo agradecido -
Saori sonrió al ver de nuevo el entusiasmo en sus caballeros, era seguro para ella que sus caballeros siempre estarían ahí, incluso contra la voluntad de su diosa, siempre la protegerían.
La joven no quiso poner pegas a los deseos de Geki y Shaina de ir con ellos, eran tan caballeros como Seiya y los otros, y merecían tener el derecho de luchar, Orestes dio un paso al frente que llamó la atención de todos.
Orestes: Pero ustedes solos no bastan para enfrentar a un dios como Apolo. - aseguró -
Shiryu: Es cierto, un dios tan poderoso a de tener una guardia inmensa. - reflexionó -
Saori: ¿Entonces...? - le preguntó a Orestes, sabedora de que ocultaba algo -
Orestes: Para vencer a dos dioses del Olimpo necesitaremos dos dioses.
Seiya: ¿Te refieres a... Abel? - preguntó, no muy convencido de querer aliarse con el dios que casi destruye la Tierra -
Orestes: No, me refiero a Poseidón, Rey de los Mares.
El revuelo fue atronador para los que recordaban su lucha en el Templo Submarino, ahora mismo no sabían que era peor, si aliarse con Poseidón o con Abel.
Detrás del Gran Salón, Santuario del Sol y la Luna
Con la sola ayuda de su cosmos, el Dios Sol había logrado crear una estatua de oro macizo de él mismo, Ahora mismo, el Febo Apolo observaba con ansiedad el escudo de la Justicia, capaz de disipar todo mal y resistir cualquier ataque, el símbolo del poder de Atenea junto a Niké.
De pronto, el dios pudo sentir la llegada de su más fiel guerrero, el sonido que provocaron su pies al pisar el suelo fue precedido por el grito de una muchacha que dejó caer sin compasión, se trataba de Seika la hermana de Pegaso.
Apolo: Parece que no pudiste vencer a esos miserables, Caronte.
Caronte: Admito que el poder de ese tal Touma me sorprendió, pero la próxima vez no volverá a ocurrir.
Apolo: ¿Quién es la chica? - preguntó observando a la semiinconsciente Seika por el rabillo del ojo -
Caronte: No lo sé Febo, pero he de suponer que es alguien muy importante para Pegaso porque lloró su pérdida.
Apolo: Ya veo. - el dios se volteó completamente, cubriendo a un arrodillado Caronte - Levántate. - ordenó -
Caronte: Sí, señor. ¿Qué hago con ella? ¿La mato?
Apolo: No, déjala aquí, me servirá para que pueda escuchar mi lira.
Caronte: Comprendo Señor.
Apolo: Ahora ve a la Esfera Plutón, y espera a nuestros invitados.
Tras hacer una reverencia bastante exagerada, Caronte se fue, sin percatarse de que alguien había escuchado todo, una silueta tan oscura, que podía esconderse entre las sombras como todo un camaleón.
Apolo: Llévala con Dafne a que le den agua, pronto regresaré. - ordenó, aparentemente a la figura que se llevó con suavidad a la inconsciente Seika - Pronto, muy pronto este mundo será purgado. - murmuró tocando el escudo de la Justicia -
Dormitorio de Saori Kido, Mansión Kido
La tertulia había llegado a convertirse en algo realmente molesto, los caballeros hablaban sin cesar y no se les entendía nada, por lo que Saori se vio obligada a callarlos golpeando el suelo con Niké.
Saori: Basta, si quieren hablar, háganlo uno por uno.
Seiya asintió y se dispuso a hablar, nadie puso pegas ni quiso interrumpir lo que el Pegaso iba a decir.
Seiya: Igual que Abel, Poseidón fue nuestro enemigo, y no sólo de nosotros. El dios ha sido rival de Atenea desde tiempos mitológicos. ¿Cómo aliarnos con él?
Orestes: El mismo acepto la propuesta de Febo Abel, aseguró que él y sus siete generales nos apoyarían en esta guerra.
Hyoga: ¿Siete generales? ¡Es imposible! - exclamó totalmente sorprendido -
Shun: La mayoría de los generales marinos, fueron vencidos por nosotros.
Shiryu: Así es, sólo Kanon y Sorrento pudieron salvarse.
Saori: Por favor Orestes, te ruego que explique lo que acabas de decir.
Orestes: Os lo contaré todo ahora mismo Atenea, pero sólo lo que Febo Abel me dijo que vos debíais saber, aún es pronto para que conozcáis toda la verdad. - Seiya iba a decir algo pero Saori lo detuvo con una seria mirada - Veréis, los dioses del Olimpo han decidido acabar con la Humanidad porque la consideran sucia y arrogante, y Apolo es muy capaz de hacerlo. Pero esto sólo es un preludio, aún así, Abel ha decidido formar un ejército de todo tipo de caballeros para asaltar el Santuario y vencer a Apolo y Artemisa, recordad que Febo, tiene el poder de resucitar a aquellos que están en el Hades, entre todos esos guerreros que ha regresado a la vida, se encuentran los generales marinos que han vuelto a jurar lealtad a Julián Solo, quien ya debe estar a punto de llegar.
Las palabras provocaron una predecible reacción en los caballeros, todos salieron inmediatamente de la mansión, por supuesto, Saori tardó un poco pues tuvo que pedirle a Tatsumi que se quedara con los caballeros malheridos.
En el Jardín de la Mansión, los caballeros se quedaron atónitos. Julián Solo, vestido de charol, llevaba en sus manos el jarrón que encerraba el alma de Poseidón. Al magnate de los mares le respaldaban los sietes generales marinos, cuya mirada era seria y fría, también estaba Thetis e incluso Kanon, vistiendo la armadura del Dragón del Mar, cosa que extrañó a Atenea, con lentitud, el joven Solo se acercó a Atenea, Shiryu impidió que Seiya cometiera una imprudencia, aquella era una conversación entre dioses.
Julián: Ha pasado mucho tiempo... Atenea.
Saori: Lo mismo digo... Poseidón.
Julián: Supongo que sabes a que he venido. ¿No es así? - preguntó, mientras Atenea trataba de mantenerse firme -
Saori: Sé lo que quieres, que libere el espíritu de Poseidón del jarrón sagrado.
Julián: Sabes que yo tampoco quisiera volver a convertirme en aquel monstruo que asesinó a tantas personas con su control sobre los mares, pero también has de saber, que es la única manera en que podremos tener una mínima oportunidad contra Apolo y los caballeros astrales.
Al escuchar aquella palabra, Orestes pareció sobresaltarse, pero pronto volvió a su posición seria sin que los santos de Atenea o Touma se dieran cuenta, estaban muy atentos a lo que hablaban Atenea y Julián.
Saori: Es cierto que necesitaremos mucha ayuda para enfrentarnos a mis hermanos, pero sé bien que las intenciones de Poseidón no son muy distintas a las de mi hermano Apolo.
Julián: Pero yo... Puedo controlarlo.
Saori: ¿Cómo puedes asegurar eso? - preguntó con desconfianza, Kanon dio un paso al frente pero fue Tetis la que habló -
Tetis: Diosa Atenea, pese a nuestra lealtad al dios Poseidón que se remonta a tiempos mitológicos, sabemos bien que la guerra santa entra usted y nuestro Señor ya acabó en esta era.
Saori: Si eso es cierto. ¿Por qué quieren que reviva si la guerra ha acabado?
Kanon: Atenea, puedo juraros por mi honor que una vez hace mucho tiempo, Poseidón y vos luchasteis juntos por la misma causa, y es por eso que en esta ocasión, he decidido apoyar a Julián, porque él esta dispuesto a ayudar a los caballeros de Atenea en esta odisea.
Las palabras de Kanon sin duda hicieron mella en la desconfianza que Atenea le tenía a la causa de los generales marinos y Julián Solo, esta vez, Sorrento fue el que se dispuso a hablar.
Sorrento: Atenea, el Sr. Solo puede controlar los impulsos de Poseidón gracias a una disciplina que aprendimos en China.
Saori: ¿Qué? - preguntó extrañada, Julián dio un paso por delante de sus generales y tomó la palabra -
Julián: Como bien sabes, después de lo ocurrido en el Templo Marino me dediqué a ayudar a las víctimas de mi ambición, en aquellos viajes, me dirigía a China y pude conocer a un maestro budista que recorría todo el mundo en busca del conocimiento, me enseñó una disciplina para controlar al lado oscuro del alma, una habilidad capaz de someter las órdenes que los dioses mandan a través de nuestro espíritu, por eso puedo controlar a Poseidón. Por favor Atenea, dadme una oportunidad de enmendar los errores del pasado.
Saori estaba confusa, una parte de ella quería liberarlo, pero la otra no. La joven diosa miró a sus caballeros quienes asintieron, aunque Seiya no acababa de convencerse.
Saori respondió un "sí" que alegró a los generales y Julián, tanto los marinos como los Santos de Atenea se alejaron de los dioses, Kanon le había entregado a Atenea el jarrón sagrado. La diosa empezó a elevar su cálido cosmos, y el jarrón fue destruido, dejando que el alma de Poseidón se adentrara en el joven Solo.
Una explosión de luz cegó a todos los presentes, y una vez disipada pudieron contemplar a Julián Solo enfundado en la armadura de Poseidón, Rey de los Mares.
Tetis: ¿Cómo se sientes Señor? - preguntó, temerosa de que Poseidón estuviera de nuevo controlando a Julián -
Julián: Tranquila Tetis, sigo siendo yo, aún soy Julián Solo - aseguró, tranquilizando a todos - Atenea, debemos partir al Santuario.
Seiya: ¿Cómo? - preguntó -
Julián: En la Bahía de Tokio tengo anclado un barco, no es muy lujoso pero es rápido.
- Yo os llevaré - dijo una voz infantil y traviesa, de un pequeño niño pelirrojo y con dos puntitos en la frente -
Santos: ¡¡¡KIKI! - exclamaron todos los caballeros al tiempo que Tetis sonreía recordando al travieso enano -
Kiki: El mismo, yo os transportaré al barco.
Seiya: ¿Pero no sería mejor ir directamente al Santuario?
Orestes: No es posible entrar al Santuario de esa manera, créanme, Apolo se ha asegurado de que la única manera de atacarle sea por mar.
Todos los allí presentes se juntaron con Kiki, casi estrujándolo cosa de la cual se quejó el pequeño, pero enseguida se teletransportaron a la Bahía de Tokio.
Palacio del dios del Viento, Santuario del Sol y la Luna
El Santuario del Sol y la Luna se había convertido en toda una representación del Sistema Solar, teniendo el Gran Salón como el Templo del Sol, y nueve esferas que representaban a cada planeta, pero entre la Esfera Júpiter y la Esfera Marte estaba el Palacio del dios del Viento, que sustituía al Cinturón del Asteroides.
El Hall del palacio estaba compuesto por dos escaleras a cada lado que llevaban al mismo sitio, el palco del dios, en el que se encontraba un trono de marfil, con respaldos de oro macizo, pero en aquel sillón estaba palas mientras que Eolo observaba el mar a través de una de las ventanas en forma de telaraña en el segundo piso, junto a él estaba Proteo
Eolo: ¿Estás seguro que piensan venir aquí?
Proteo: Así es Señor. - contestó con los ojos en blanco - Predigo que zarparan en barco y llegaran muy pronto aquí -
Eolo: ¿En barco? ¡Pero si están en Japón y nosotros en Grecia! - exclamó exaltado -
Proteo: Sólo veo que llegaran pronto aquí mi Señor.
Eolo: Pues no llegarán, mandaré una fuerte tempestad que los aplastará antes de que pisen este sagrado lugar. - dijo como tratando de convencerse a sí mismo -
Proteo: ¿Acaso pensáis que podréis detener al Dios de los Mares? - preguntó, causando confusión en la mente del dios -
Eolo: Aún me cuesta creer que Poseidón luche por la misma causa de Atenea.
Proteo: Recuerde que la ayudó contra Hades, mi Señor.
Eolo: ¡Ya lo sé! Pero aún así, que intervenga personalmente en una guerra santa que es de Atenea me parece muy extraño.
El dios del viento hizo un gesto para que el profeta de los mares se marchara, en su camino, Proteo pudo ver que Palas ya se había ido a resguardar la "Tumba Dorada" .
Eolo empezó a mover sus manos de forma extraña al tiempo que su cosmos divino se elevaba a grandes niveles, el cielo se volvió oscuro y los vientos se volvieron brutales para con los mares de Grecia.
Mar Egeo, Cerca del Santuario 20:00 PM
Muchas cosas habían pasado en las tres horas de viaje, nada más llegaron a la Bahía de Tokio, los caballeros, marinos y dioses embarcaron con destino al Santuario, todos se habían quedado descansando menos Saori y Julián, quienes veían el mar con nostalgia.
Tras tres horas de reposo, los santos de bronce volvieron a sus puestos en la cubierta del barco, ninguno se había dado cuenta de que era Sorrento el que dirigía el timón, pero no hubo tiempo de pensar porque enseguida una gran tempestad los abatió.
Gracias a sus cosmos infinitos, los dioses no fueron arrastrados por el viento, pero si les molestaba la vista, lo peor fue que un guerrero hizo acto de aparición en el barco al tiempo que el viento empujaba a todos contra el camarote del capitán.
En aquel momento sólo estaban Seiya, Shun, Shiryu, Hyoga, Geki y Sorrento, los demás aún descansaban para el duro combate, Julián hizo un gesto y Sorrento dio un paso al frente, los santos y Atenea supieron que la reencarnación de Poseidón quería demostrar que estaba de su parte así que no actuaron pero se mantuvieron alerta.
El guerrero se parecía mucho a Víctor en tamaño, y su escama era muy parecida, sólo que no tenía las serpientes, se parecía mucho a la armadura de Sorrento. Sus cabellos eran largos y dorados y su rostro moreno era tan siniestro como el de su homólogo, enseñando los dientes en una macabra sonrisa.
Sorrento observaba a su rival con total desconcierto, igual que su Señor Poseidón, a ellos les resultaba muy extraño que un guerrero con escama les estuviera retando.
Sorrento: Tú, guerrero, di ahora mismo por que osas enfrentar al Rey de los Mares portando una escama marina.
- ¿Rey de los Mares? Ja, ja, ja. - se reía el gigantesco sujeto mientras caminaba hacia Sorrento, cubriéndolo con su sombra - Ese farsante no es ningún Rey. El verdadero Señor de los Océanos es aquel a quien los Guerreros Profundos hemos jurado lealtad.
Sorrento: ¿Cómo te atreves a levantar injurias en contra del emperador Poseidón? ¡Pagarás cara tu osadía!
El general marino de Sirene trató de golpear al misterioso guerrero con su flauta pero éste usó una llave para desestabilizarlo y poder golpearlo, un fuerte rodillazo hizo que el marino cayera de rodillas, sangrando por la boca, el agresor estaba de espaldas a él, mirándole por encima del hombro, sonriente.
- Ja, pobre diablo. - le dijo mientras volteaba para verlo con desprecio - Proteges a un dios falso, a un usurpador tal y como lo fue el titán Océano, nuestro señor es el único y verdadero Rey de los Océanos.
Sorrento trató de levantarse pero el mastodonte lo pateó en el rostro haciendo que el marino diera vueltas de campana por la proa hasta estar casi en el borde.
- Yo, Aníbal de Tritón haré callar tus blasfemias. - aseguró mientras su cosmos azulado se elevaba y sus ojos eran iluminados por un brillo cegador - Sentirás la furia del Rey de las sirenas. ¡Grito del Orden!
Sin duda los caballeros ahí presentes se vieron obligados a taparse los oídos, pero aquel ataque sonoro iba dirigido a Sorrento, no dañó mucho sus oídos sino su armadura, que sufrió muchos daños.
Sin embargo, con todo el poder de su cosmos, Sorrento pudo levantarse y golpear con su flauta el rostro de Aníbal, para luego dar fuertes combos en las partes más débiles de su escama, destrozándola, para acabar aquel asedio, dio un último golpe cargado de cosmos al costado de Aníbal empujándolo cerca de Poseidón quien tenía la mirada puesta en el combate.
Sorrento curio su flauta y se dispuso a tocar, por lo que los dioses se vieron obligados a formar una barrera de cosmos dorado para protegerse del mortal sonido, por supuesto, aquella mortal energía cósmica rechazó a un desesperado Aníbal, que inmediatamente trató de atacar a Sorrento con un grito mortal pero éste ya había descubierto su juego.
Aquel grito no se parecía en nada al sonido de su flauta, era un ken como los demás que sólo tenía una dirección, a donde apuntara la boca de Aníbal, sólo que se respaldaba en que la técnica era invisible y a la vez dejaba unos ultrasonidos que dañaban levemente los tímpanos de los no afectados.
Por suerte para el ojo experto era posible observar las distorsiones en el aire que provoca el ken y así esquivarlo, aún teniendo que soportar los ultrasonidos, Aníbal atacaba hasta el cansancio pero Sorrento lo esquivaba todo gracias a su destreza y habilidad, pero el gigantesco guerrero no parecía darse cuenta de que el general marino de Sirene, se acercaba a él más y más al tiempo que esquivaba sus embistes., hasta el momento en que pudo atacarlo con la flauta, golpeándolo en el mentón, haciendo que se elevara por los cielos, y terminó con una melodía como broche de oro, que comenzó a tocar.
Sorrento: ¡Sinfonía Mortal!
Aníbal: No, no, no, no, ¡Yo represento al ser que somete a las sirenas! 'Tú no puedes vencerme! ¡No puedes! ¡NOOOOOOOOOOOOO!
En su desesperación, Aníbal se lanzó al mar, pero la sinfonía le impedía escapar de la zona, destrozaba su cerebro con dolores cada vez más fatales y continuos, hasta hacerse insoportables, Aníbal se partió el mismo el cuello, tratando de salvarse de aquella condena.
Sorrento: Cobarde, ni siquiera te atreviste a morir dignamente como guerrero, sino que escapaste del campo de batalla como una verdadera raya miserable. ¿Y vosotros os hacéis llamar caballeros al servicio del verdadero Señor de los Océanos? Los verdaderos generales marinos nunca huimos y siempre luchamos con honor, y es por eso que mereciste morir como lo que eres, como una rata... - Sorrento desvió la mirada a la destrozada proa, y a los dioses que ya habían bajado la barrera, los caballeros no pudieron contemplar la batalla ya que el escudo no dejaba una vista muy clara del exterior pero sabían que Sorrento lo dio todo en aquella batalla - Lo único que lamento de esta pelea son los destrozos que ocasionaste al barco de Julián Solo, el verdadero Señor de los Mares.
Gran Salón, Santuario del Sol y la Luna
Apolo descansaba en el trono, observando a las ninfas que esperaban escuchar su lira, Seika estaba ahí, fuera de sí, como en coma.
La mujer que más destacaba de entre el cortejo de ninfas era Dafne, una chica de cabellos castaños con tonalidades de oro, sus ojos eran de un verde esmeralda hermoso, y su piel era realmente fina y hermosa, la joven portaba su alba, que tenía tonalidades azul cielo.
El dios misterioso, del que hasta ahora sólo Apolo y sus guerreros sabían su nombre, se dirigió al Rey Sol, quien lo miraba con frialdad.
Apolo: Tres Guerreros del Océano Profundo han caído sin provocar bajas entres los santos de Atenea, mientras que Caronte pudo acabar con cuatro caballeros él solo. ¿Cómo puedes explicármelo?
- Je, sabes que me uní voluntariamente a tu causa Apolo, de ningún modo estoy sometido a ti, sabes qué soy.
Apolo: Es porque sé que eres por lo que aún no te he aplastado como una rata.
- No te preocupes, aún quedan cuatro guerreros, y son mucho más fuertes que los anteriores.
Apolo: Eso espero, porque los caballeros de Atenea, y los generales marinos de Poseidón se han dispuesto a atacar este Santuario.
- De modo que al fin podré conocer al actual "Rey de los Mares".
Apolo: Y yo también podré volver a ver a ese traidor de Abel, que vueltas da la vida.
- Ambos nos enfrentaremos a nuestros homónimos. Aunque yo estoy más bien en la posición de tu rival.
Apolo: Ahora márchate, y prepara a tus guerreros, pronto comenzará la guerra santa en este nuevo Delfos.
El dios salió del Salón, Artemisa observó como su hermano sacaba de su túnica su lira, las ninfas y Dafne sonrieron al saber que su señor se disponía a tocar, y Seika seguía en su trance pero esta vez parecía prestar atención a Apolo, cuya música empezó a rodear todo el Santuario del Sol y la Luna, las ninfas bailaban, extrañamente siguiendo a Seika que era movida por las notas de la lira del dios del Sol, aquel baile deleitaba a Apolo, que aumentaba el ritmo, provocando un baile cada vez más sensual.
Mar Egeo, Cerca del Santuario del Sol y la Luna
La fuerza de la tempestad había aumentado tanto que fue necesaria la presencia de Geki del Oso para mantener firme el timón, todos los caballeros apoyaron con sus cosmos al de Atenea, que trataba de detener la fuerza destructiva de los furiosos vientos que trataban de acabar con su viaje.
Al mismo tiempo Poseidón y sus generales calmaban a los Océanos, con más éxito que Atenea, Orestes era el único que no hizo nada, estaba como ensimismado, quieto en su típica posición.
Pero la necesidad de mantenerse firmes les había dejado sin saber exactamente si estaban rumbo al Santuario del Sol y la Luna o no, todo era muy confuso.
Saori: ¡Poseidón! ¿Sabes tú donde nos encontramos? - preguntó dolida por la presión que el cosmos de Eolo hacía sobro ella a través de la tempestad -
Julián: Atenea, presiento que si seguimos así, aunque sobrevivamos estaremos de nuevo muy lejos del Santuario.
Seiya: ¿¡Alguien ha escuchado lo que dijo Poseidón? - exclamó tratando de protegerse de la fuerza de la tempestad -
Shiryu: ¡Sí Seiya! ¡Todos lo hemos escuchado!
Shun: ¡Esta tormenta no matará si no hacemos algo!
Hyoga: ¡Kiki! ¿¡Puedes teletransportarnos? - preguntó con desesperación -
Kiki: ¡No puedo! ¡Si nos movemos aunque sea un poco, la tempestad nos arrastrará!
Orestes: Sólo nos queda Kanon. - dijo de pronto, extrañamente no se había inmutado por la tormenta -
Todos estaban extrañados, pero pronto los santos se dieron cuenta de lo que quería decir el Corona, así que les gritaron el plan a los marinos, que estaban más adelante de ellos.
Kanon: ¡Entiendo lo que quieren hacer! ¡Acérquense lo más que puedan! - todos obedecieron sin rechistar, poco a poco se acercaron a donde estaban los generales marinos y Poseidón, mientras el barco rea destruido por las divinas fuerzas de la naturaleza - ¡Vamos a Otra Dimensión!
El cosmos de Kanon fue suficiente para abrir una dimensión que los tragó a todos, sin la presencia del cosmos de los dioses y caballeros, el barco fue destruido de forma violenta y se hundió en las aguas inexorablemente.
La sensación de cruzar las dimensiones secretas del universo fue verdaderamente extraña, como si estuvieran recorriendo toda la existencia, incluso Kanon se vio sorprendido, preguntándose si aquella técnica los encerraría en aquel laberinto de realidades, por suerte no fue así.
Santuario del Sol y la Luna
En la playa cercana al poblado del Santuario, una explosión de realidades destruyó el terreno, un heterogéneo grupo de santos, generales marinos, sirenas y dioses apareció de pronto, Julián no parecía muy sorprendido, o talvez sólo aparentaba la frialdad propia de un dios. Después de darse cuenta de que estaban bien, los santos siguieron a los generales marinos, Shiryu estaba cerca de Krishna, Hyoga a Isaac, mientras que Shun estaba cerca de Sorrento y Eo, todos comentaban las viejas peleas, y todo lo que aprendieron los unos de los otros, ciertamente era muy irónico que ahora estuvieran a punto de luchar mano con mono por la misma causa.
Orestes dio un paso fuerte, tratando de llamar la atención de todos, a su lado estaban Touma, Geki y Shaina, quien miraba con seriedad a la sirena.
Orestes: Antes de que sigan he de advertirles algo. - las miradas de extrañeza en los rostros de todos no se hicieron esperar - Creía que sólo tendríamos que preocuparnos de Apolo, Artemisa, y su corte de dioses menores, tampoco me preocuparon mucho esos renegados marinos, pero los caballeros astrales son algo que cambia las cosas.
Julián: Sí, es cierto, la esencia de Poseidón que yo retengo en mi interior, me hace recordar su poder.
Los santos fueron congelados por un escalofrío, realmente el hecho de que alguien como Poseidón temiera su poder quería decir que esos caballeros eran dignos de ser temidos.
Orestes: Su poder se compara al de los dioses, quizás no al de los Doce, pero pueden ser tan mortales como Thánatos o Hipnos, os los puedo asegurar.
Los caballeros asintieron y empezaron su travesía, el pueblo había sido completamente destruido, sólo quedaban cenizas y una gran estatua de Apolo bañada en oro puro, que los miraba de forma inquisidora.
Más allá estaba el Coliseo, todos caminaban sin inmutarse ante lo sombrío del lugar, que era cubierto por una espesa oscuridad que aumentaba su densidad a cada paso que daban, sus cosmos dorados eran la única luz que les ayudaba a no perderse, hasta que al fin llegaron, aquel lugar donde eran entrenados los aprendices de caballero con algunas excepciones como lo eran el Dragón en los 5 Picos, las armaduras con cadena en la Isla Andrómeda, la armadura del Fénix en la Isla de la Reina Muerte y las armaduras de los caballeros de cristal en Siberia.
Aquel lugar no le traía muy buenos recuerdos a Shaina, y a la vez le hacía sonreír, pues fue ahí donde conoció a Seiya, la amazona vio a Pegaso, viendo con agrado su sonrisa, ¿acaso estaría pensando en lo mismo que ella? No había forma de saberlo.
Sin embargo Atenea y Poseidón observaban otra cosa, el lugar donde Saga se hizo construir un palacio, ahora sólo había una esfera negra, tan oscura como el Hades, que emanaba un brillo púrpura y maligno.
El heterogéneo grupo cruzó el Coliseo sin dudar, pero una veintena de soldados les hicieron frente. Se trataba de un comando de caballeros cuyas armaduras eran como una mezcla entre la armadura de plata de Sagitta y los Ropajes de los Coronas, pese a que no eran tremendamente poderosos, tampoco parecían unos peleles, todos ellos adoptaron distintas posiciones de lucha.
Julián: Atenea, tú y tus caballeros vayan a esa esfera, yo y mis generales nos ocuparemos de esta escoria. - aseguró sin vacilar -
La diosa asintió, no era momento de quedarse en un sitio, tenían prisa pues no sabían lo que podría estar sufriendo Seika en manos de un dios tan despiadado como lo era Apolo.
Los santos de Atenea, junto a Touma y Orestes se dirigieron de inmediato a la esfera oscura, al tiempo en que los generales, Tetis y Julián Solo se preparaban para la batalla, inmediatamente, sabedores que se enfrentaban a un dios, 30 soldaos más se unieron al batallón pero la guardia del Dios de los mares no trastabilló ante la cantidad de guerreros que le hacían frente.
- Ja. ¿Cómo sois tan soberbios como para tratar de enfrentarnos a nosotros, que somos más guerreros? - dijo el más gigantesco y monstruoso de los soldados, quien parecía el jefe -
