Capítulo 7

"El Señor de la Destrucción"

El Fuego de la Casa de Aries está casi extinto

Quedan 11:30 horas para la muerte de Atenea

Gran Salón, Santuario del Sol la Luna

Las suaves notas de la lira del Dios Sol seguían deleitando a las nueve hijas de Zeus que bailaban al son del divino ritmo, Seika seguía fuera de la realidad, simplemente escuchando.

La diosa Artemisa observaba al misterioso aliado de su hermano, sus caballeros lo hacían llamar "El Señor Absoluto de los Océanos", lo poco que le había dicho de él el Gran Febo era que era casi tan antiguo como el Tiempo y que era independiente del Olimpo, por lo que era más un aliado que un subordinado, su poder podría ser tan enorme como el de Apolo.

De pronto, Apolo paró su dulce melodía, se levantó de su trono y se dirigió a la gran ventana en forma de telaraña que coronaba la entrada a la majestuosa habitación, desde ahí podía observar todo el Santuario, las nueve esferas, situadas cada uno entre nidos de fieles guerreros, era una verdadera fortaleza que cualquiera tacharía de inexpugnable, pero aún así Apolo temía el poder y la voluntad de los santos de Atenea, no debía sobre valorarlos ya que él sabía perfectamente que la arrogancia hizo decaer a sus antiguos enemigos, desde caballeros infinitamente superiores a aquel quinteto de santos, hasta dioses que formaban parte del mismo Consejo del Olimpo, y era por eso que decidió tomar partido.

Una siniestra sonrisa se formó en el rostro del oscuro dios al observar los caminos que eligieron sus enemigos. Los generales marinos y Poseidón estaban encerrados en el Bosque Ilusión, la más terrible de las prisiones en las que un dios puede castigar a un mortal, aunque también los dioses deben temer ese infernal lugar. En cambio los santos de bronce habían escogido el camino del cementerio de caballeros, seguramente su objetivo eran los Riscos de la Locura, nuevamente el dios sonrió, pensando que aquellos necios se las verían con uno de los caballeros astrales más poderosos y temidos.

Sin más Apolo hizo aparecer entre sus manos el Báculo del Astro Rey, una de las armas más majestuosas que Hefesto llegó a crear en la antigüedad, el cosmos del Dios Sol se concentró en la punta del cetro, siendo lanzado hacia el mismo Sol.

Apolo: Dentro de poco este mundo dejará de existir. - murmuró sonriendo -

Cementerio de los Caballeros, Santuario del Sol y la Luna

Los caballeros de bronce caminaban entre el más oscuro paraje de todo el Santuario, el cementerio que guardaba en sus entrañas, los cadáveres de cientos de caballeros, ahora quemados en un mar de ceniza negra, pero los santos no eran de esos que se atemorizaban al cruzar por un cementerio, así que continuaron la marcha muy tranquilos.

Sin embargo, entre todas aquellas lápidas ahora cubiertas por el negruzco color que el fuego les había entregado, una sombra contemplaba sonriente a los seguros santos, mientras otra más achatada y monstruosa lo acompañaba.

De repente, de entre las sombras surgió un ser que dejó anonados a los santos de bronce; un caballero, enfundado con la armadura de oro de Tauro los observaba con frialdad, su aspecto era tan imponente como el de Aldebarán, aunque su rostro era más duro y oscuro, oculto tras una abundante cabellera amarillenta.

Hyoga: ¿Quién eres tú? ¿Qué haces en esta sagrada tierra y con esa armadura?

Shiryu: ¿Acaso eres uno de los esbirros de Apolo, que recibió la armadura del honorable Aldebarán a cambio de tu lealtad?

Seiya: ¡Responde o te sacaremos las respuestas por la fuerza!

Shun: Cálmense amigos, nunca es bueno ser los primeros en atacar. Podría ser un aliado.

- Ja, así que ustedes son los que levantaron la mano contra los dioses. No son tan temibles como había imaginado. - aseguró con arrogancia -

Seiya: "Tiene una cosmo-energía terrible, incluso para alguien que porta la armadura de oro" - pensó adoptando una posición de defensa -

Shiryu: ¿Cómo te atreves a poner en duda el poder de los caballeros que luchan por la justicia de la Tierra?

- No, no. Ustedes no luchan por la justicia, pelean por sus propios intereses, quieren derrocar a los dioses y eso no lo pienso permitir.

Hyoga: ¿Quién eres tú que no quiere que salvemos a Atenea?

- ¡No necesitáis saberlo, Red de Tarántula! - gritó aquel que acompañaba al misterioso guerrero dorado -

Inmediatamente los caballeros se vieron atrapados por la trampa del oscuro recién llegado, los santos pudieron contemplar al monstruoso guerrero con armadura de plata, sólo Seiya reconoció el repugnante rostro de aquel asesino.

Seiya: ¡Arachne de Tarántula! ¿Así que tú también te has unido a Apolo y traicionado a la diosa Atenea?

Arachne: ¿Traicionar? ¡Ja! Seiya no seas necio. Los mortales le debemos lealtad al Olimpo, a los dioses que pusieron a Atenea como representante de sus decisiones, ahora que los todopoderosos dioses han decidido que Atenea es una traidora, sólo nos queda inclinaron antes nuestros verdaderos amos y obedecer su órdenes sin vacilar.

Hyoga: ¡No digas tonterías! Ese discurso es solo una cortina de humo para ocultar tu actitud cobarde y rastrera para con la princesa Atenea.

Seiya: Nunca has sido más que un asesino a las órdenes del mal.

Arachne: Digan lo que quieran, pero Seiya ha de recordar que mi técnica ya los ha condenado, sus cosmos se verán mermados por mi Red de Tarántula hasta que no sean más que vegetales.

Shun: Eso es lo que crees, pero el verdadero cosmos no será vencido por las fuerzas del mal.

Shiryu: Prepárate Arachne, porque vas a sentir la verdadera fuerza de la justicia.

Los cosmos de los cuatro santos se elevaron más allá del Séptimo Sentido ante un complacido caballero dorado que no había interferido en el combate, la Red de Tarántula fue inmediatamente destruida y al caballero plateado de la Tarántula sólo le quedaba contar sus segundos de vida.

El "Dragón Ascendente" de Shiryu destrozó su rostro al tiempo que la cadena punzante de Andrómeda atravesaba fugazmente el hombro de Arachne, la mitad de su cuerpo estaba helado tras recibir el "Polvo de Diamantes" de Hyoga y cientos de meteoros fueron la gota que derramó el vaso, el caballero estaba ya agonizando.

Arachne: Ah... Agh... De modo que... me equivoqué... Yo era el que estaba equivocado... ¿Acaso el poder de la voluntad humana será capaz de vencer la cólera de los dioses?... Realmente... Lo dudo...

Los santos pudieron ver como, tras decir sus últimas palabras, el cuerpo del esbirro de Apolo estallaba, sin esperar un segundo el aún misterioso caballero de Oro los encaró, su semblante era bastante atemorizante y aún así parecía estar complacido.

- ¡Vaya! ¿De modo que no sois tan débiles como pensaba, eh? Me esperaba eso de uno de los discípulos de Dohko.

Shiryu: ¿Conoces a mi maestro? - preguntó sorprendido -

- Sí, pasamos muchas aventuras, después de todo, ambos éramos caballeros de Oro.

Hyoga: ¿Qué está diciendo? ¿Acaso este caballero está insinuando ser tan antiguo como el Viejo Maestro de los Cinco Picos y el Antiguo Patriarca?

- Así es, joven Cisne, también conocía a Shion, y también a su Maestra.

Shun: ¿Pero cómo...? ¿Cómo es que ha vuelto de entre los muertos cuando en la Antigua Guerra Santa perecieron 86 caballeros? - preguntó tan sorprendido como sus tres compañeros - ¿No será que Hades...?

- No Andrómeda, yo jamás me aliaría con un dios tan maligno como Hades, sin embargo han de saber que pienso igual que Arachne, le debemos lealtad a los dioses y vosotros habéis blasfemado en su contra, os haré pagar por vuestra deshonra para con la Humanidad. ¡Yo soy Absalom, antiguo caballero de Tauro que vuelve a portar la sagrada armadura para ser el brazo ejecutor de la voluntad de los dioses!

Los santos no esperaron a que Absalom tomara la iniciativa, Shun lanzó sus cadenas con fiereza pero el caballero de Tauro la agarró y pudo chocarlo contra el suelo tras dar varias vueltas sobre sí mismo, los demás se abalanzaron de inmediato sobre él.

Shiryu: ¡Dragon Ascendente del Monte Rozan!

Hyoga: ¡Polvo de diamantes!

Seiya: ¡Meteoros de Pegaso!

Absalom: ¡Gran Cuerno Divino de Oro! - gritó lanzando un demoledor ken parecido al de Aldebarán pero más destructivo que fulminó a los caballeros -

Todos los santos yacían en el suelo bastante magullados pero el caballero no parecía conformarse, a la velocidad de la luz se acercó al Dragón y lo agarró por la cabeza para después estampar su rostro contra el suelo.

Seiya: Mal... dito... ¡Meteoros de Pegaso!

Ante la atónita mirada de Absalom, los puños de Seiya resquebrajaron su coraza, pero el gigantesco guerrero no permaneció quieto y esquivó sus golpes, concentrando todo su cosmos en su fuerte puño, golpeó el estómago de Pegaso enviándolo contra Hyoga, nuevamente Shun trató de golpearle con sus cadenas pero fue inútil ya que una explosión de cosmos fue suficiente para rechazarlas y poder atacar a Shun en el rostro.

Seiya: ¡Bastardo! ¡Solo yo seré tu oponente! ¡Deja que mis amigos pasen!

Shun: Pero Seiya...

Seiya: ¡Iros! - gritó con furia encendiendo su cosmos hasta el infinito, volviéndose su armadura dorada -

Shiryu: Shun debemos irnos.

Shun: ¡Shiryu! No podemos dejarle aquí, debemos...

Hyoga: Dejémosle, sabrá apañárselas sólo. ¿No ves que Seiya quiere mantener un combate singular contra este caballero?

Shun asintió, y así los tres santos atravesaron a la velocidad de la luz el cementerio, Seiya y Absalom se miraron a los ojos, intercambiando miradas llenas de voluntad por su propia causa.

Absalom: ¡Por muy poderoso que sea tu cosmos no podrás resistir mis puños!

Pese a su tamaño, Absalom era terriblemente veloz y no dejaba a Seiya siquiera un segundo para poder atacar, debía esquivar cada golpe pero poco a poco el caballero de oro iba ganando ventaja, el Pegaso sabía bien que si quería vencer a aquel poderoso y antiguo santo necesitaría usar todo el poder de su cosmos, su aura dorada se incrementaba a medida de que Seiya iba tomando el control de la batalla, Absalom lo sabía y por eso dejó su asedio de puñetazos para tomar medidas más eficaces.

Absalom: ¡Gran Cuerno Divino de Oro!

El ken desintegró todo lo que estaba frente al caballero, dejando una gran muesca en el medio del cementerio, pero el santo dorado sabía que Seiya no había sido golpeado, sin más miró al cielo y observó un pegaso que se abalanzaba contra él cual cometa.

Seiya: ¡Prepárate! ¡Me llamarán la Cometa Pegaso!

Absalom: ¡Ni siquiera me tocarás! ¡Gran Cuerno Divino de Oro!

Absalom suponía que la fuerza destructora de su ken fulminaría a Seiya, ya que su caída sobre él hacía imposible que cambiara de trayectoria, pero por imposible que pareciera, el Pegaso entró de lleno en el Flash destructor y salió de él sin ningún rasguño, cubierto por un aura dorada, casi divina, por un solo momento pudo contemplar una Kamei protegiendo al valiente santo, pero luego, cuando su poderoso puño que cargaba la fuerza de una cometa ya había travesado el "indestructible" peto de su sagrada armadura, volvió a ver la armadura de Pegaso, bañada en oro pero sin rasgo de divinidad alguno, el gigantesco guerrero cayó inerte al suelo.

Absalom: Ah... Ah... Ah…. Me has… vencido… Lo reconozco… Muchacho… Ojalá nos hubieran acompañado santos como tú en la Antigua Guerra... - decía agonizante pero sonriente -He visto... La Kamei... Y sé que gozas de la protección de una deidad... Je, je... Es una lástima que no pueda descubrir que dios tiene la razón en esta guerra... Bueno, lo veré en desde el Hades... ¡Te estaré vigilando Seiya de Pegaso!

El santo de bronce estaba algo agotado, pero al menos todavía podía luchar más, tenía que seguir su travesía, al menos hasta que pudiera salvar a la diosa a quien había jurado proteger, sin más Seiya siguió el camino trazado por sus compañeros.

Bosque Ilusión, Santuario del Sol y la Luna

El Fuego de la Casa de Aries se ha extinguido, Quedan 11 horas

El heterogéneo grupo ya se sentía hastiado de seguir caminando, habían hecho caso a Shaina y no habían parado de ir en dirección noroeste, pero ya llevaban mucho tiempo caminando sin encontrar la salida.

Tetis: Shaina. ¿Estás segura de que debemos ir en esta dirección?

Shaina: ¡No debemos parar!

Julián: es cierto, siento un cosmos muy poderoso que nos persigue.

Los generales marinos miraron el camino que habían recorrido y pudieron ver a un séquito de demonios multiformes que estaban listos para atacar.

Geki: ¡Shaina! ¿Esos demonios estaban antes ahí? ¿Nos han estado siguiendo? - preguntó adoptando la posición de un oso antes de atacar a su presa -

Shaina: No estoy segura, pero no deben atacarles...

Todos parecían dispuestos a obedecer a Shaina, pero los demonios seguían su paso y sus cosmo-energías se volvían más y más poderosas, una vez estuvieron a punto de atacarles, fue Poseidón el primero en defender a sus guerreros.

Julián: Digas lo que digas amazona, estos demonios se volverán muy peligrosos si les dejamos vivir. ¡Por el Furor de los Océanos!

Cientos de bolas de cosmos destrozaron a la monstruosa sombra infernal, los generales y santos de Atenea miraron como entre todo aquel espeso bosque surgían más y más demonios.

Orestes: Creo que es hora de actuar. ¡Mil Resplandores!

Geki: ¡Golpe del Rey de las Bestias!

Krishna: ¡Lanza Dorada!

Baian: ¡Vientos Huracanados!

Kayssa: ¡Salamandra Satánica!

Touma: ¡Puño Libertador!

Isaac. ¡Aurora Boreal!

Sorrento: ¡Grito de Sirena!

Tetis: ¡Garras de Coral!

Kanon: ¡Explosión de Galaxias!

Eo: ¡Furia del Lobo!

Con habilidad sorprendente, los caballeros enfrentaron a la legión de demonios, el ken galáctico de Kanon y los miles de resplandores de Orestes pudieron diezmar a la mitad de sus adversarios, mientras que la "Aurora Boreal" de Isaac congeló toda la zona provocando que las sombras se congelaran y se volvieran más lentas, los ataques físicos y directos del resto de caballeros terminaron la batalla, nuevamente el golpe más efectivo era la lanza de Krisaor con la que Krishna cortaba a sus víctimas cual papel, indudablemente la ayuda divina de Poseidón también fue muy importante en aquella contienda.

Julián: Son demasiados enemigos, primero los centauros que no nos siguieron y ahora estos demonios sin forma definida, algo extraño pasa en este Santuario.

Krishna: Será mejor que nos apresuremos o podríamos caer en otra trampa. - apuntó sabiamente -

Orestes: Creo que no vamos a poder continuar...

Kanon: ¿Qué has dicho Corona? - preguntó molesto, igual que todos los allí presentes menos Shaina y Touma, que parecían concordar con la afirmación del caballero de la Corona Boreal -

Julián: Si sabes algo Orestes, dilo.

Orestes: Temo que vamos a" morir"en este Bosque.

Los generales marinos y el Santo del Oso no tuvieron tiempo de contradecir las palabras de Orestes pues un ken en forma de gigantesco meteoro de fuego desintegró medio bosque en segundos, la explosión pudo verse en todas las direcciones, Apolo contempló la destrucción con una malévola sonrisa en los labios.

Riscos de la Locura, Santuario del Sol y la Luna

Los santos de bronce pudieron ver la explosión del Este del Santuario y temieron lo peor, tal vez sus compañeros estuviera ahí, pero no era el momento de ser pesimistas, debían continuar pasara lo que pasara.

Pero era fácil decirlo, ante ellos se erguía una gran montaña, la temperatura era tan baja que incluso Hyoga pudo sentir cierto resquemor, alrededor del gigantesco monte, cuya cima estaba escondida por el cielo, sobrevolaban espectros sin forma que cataban una melodía triste y melancólica que hizo estremecer los oídos de los santos, como si se tratara del canto de una sirena pero al revés, que los obligaba a marcharse de ahí.

Una estela con forma de Pegaso llegó enseguida junto a sus compañeros, quienes estaban muy contentos de que aún continuara en pie, pero dentro de sus corazones ya sabían que aquel caballero no era lo suficientemente poderoso como para acabar con su amigo.

Seiya: ¿Qué hacen aquí? ¿Por qué aún no estáis escalando la montaña? - preguntó intrigado -

Shun: Mis cadenas indican un fuerte mal en la cima de la montaña.

Seiya: Posiblemente se trate de el Caballero Astral de Saturno.

Hyoga: Saturno. - repitió lacónicamente - Los romanos lo comparaban con el Titán Cronos, padre de Zeus, seguramente nuestro enemigo tendrá un poder incalculable.

Shiryu: Aún así lo enfrentaremos, todo sea por salvar esta Tierra y a la diosa Atenea.

Seiya: ¡Adelante caballeros! ¡Nuestra voluntad puede con cualquier montaña por inmensa que sea!

Los caballeros asintieron y se dispusieron a escalar, usando todo el poder de sus cosmos, cada movimiento era terriblemente doloroso, y por si fuera poco los espíritus les susurraban cosas que perturbaban sus mentes.

- Shun, Shun, no sigas, sólo conseguirás hacer más daño. ¿Por qué no desistes y te dejas caer? Déjate caer en el regazo de la Muerte, sólo eso te dará la felicidad.

- Cisne, piensa lo que haces, la vida te ha hecho acabar con todos tus seres queridos; Cristal, Camus a Isaac, los tuviste que matar en el nombre de una diosa que te ha abandonado en varias ocasiones. ¿Qué sentido tiene seguir?

- Tú Shiryu. ¿Por qué luchas? ¿Por qué lo haces cuando incluso tu maestro te pidió que te quedaras con tu amada y no lucharas más? Déjalo, déjate caer.

- Seiya, el santo de Pegaso, el más fiel de los caballeros de Atenea, y aún así... ¿Qué has conseguido? Ella te traiciona, rechaza tu ayuda siempre que puede, no te ama, y tu si la quieres, la deseas con todas tus fuerzas y jamás la tendrás, porque tú eres un mortal y ella una diosa. ¿De qué sirve sufrir? Déjate caer...

Sin duda alguna las palabras de aquellos fantasmas que parecían sus subconscientes hicieron vacilar a cada uno de los santos, quienes ya sólo podían oír aquella frase: "Déjate caer..." y posiblemente estuvieron a punto de elegir ese camino, fácil pero incorrecto, pero entonces sintieron el cálido cosmos de Atenea, un aura que jamás los ha abandonado, llena de paz y de buenos sentimientos que les protegía de todos los males, y entonces fue Seiya el primero en seguir, siendo imitado por sus tres valientes compañeros.

- ¡No! ¡Déjate caer Seiya! No vale la pena seguir viviendo... Shun... Shiryu... Hyoga... Sus vidas no valen la pena... ¡Déjense caer!

Shun: ¡Cállense! Es posible que siga teniendo que luchar si sigo viviendo en este mundo, pero a veces es necesario pelear por lo que es justo. ¡Cadena Nebular! - haciendo uso de su cadena, el caballero Andrómeda se dejó elevar por la punzante que se había clavado en la cima del monte -

Hyoga: Todos aquellos a los que he matado, pudieron encontrar la paz después de que les mostrara lo equivocado de sus actos. ¡Polvo de Diamantes! - el Cisne disparó su ken de hielo hacia abajo para que la presión lo impulsara a los cielos -

Shiryu: No podría vivir en paz, sabiendo que el mundo sufre un injusto castigo y yo podría hacer algo. ¡Dragón Naciente del Monte Rozan! - el puño de cosmos le hizo volar destrozando la montaña a su paso -

Seiya: Al igual que mis amigos... ¡Yo tampoco me rendiré, lucharé hasta contra el tiempo por salvar a la princesa Atenea! ¡Por la Cometa de Pegaso!

Cuatro cosmo energías en forma de dragón, cisne, pegaso y mujer encadenada eran lo único que podía verse, escalando los Riscos de la Locura a tal velocidad, que los espíritus no pudieron seguirles, tras unos pocos segundos los santos de bronce ya pisaban la cima, lo primero que observaron fue una gran esfera de energía incandescente, protegida por un anillo inmenso protegido por un cosmos divino, los caballeros de la diosa miraron a sus espaldas el inmenso Santuario.

Seiya: ¡Observen! Desde aquí se ve todo el Santuario. El poblado, el Coliseo, el Palacio del Gran Patriarca, el Cementerio, y hasta el Monte Estrellado.

Hyoga: Es increíble lo bien estructurado que está el Santuario de Atenea, siempre pensé que sólo eran importantes las Doce Casas.

Shiryu: Eso es porque este sagrado lugar se vio debilitado durante el patriarcado de Arles, pero estoy seguro que en tiempos mitológicos, todos esos hermosos lugares que vemos estuvieron repletos de valientes guerreros, deseosos de ser caballeros.

Los tres jóvenes voltearon y vieron a Shun, observando quieto la gran Esfera Saturno, mucho más grande que la de Plutón, lo que más les intrigaba era aquel anillo energético que lo rodeaba.

Hyoga: ¿Qué miras Shun?

Shun: La esfera, sospecho que esta vez no nos será tan fácil atravesarla, recuerden que ni los generales marinos, ni Poseidón ni nuestros compañeros pudieron entrar en la Esfera plutón.

Shiryu: Es posible que Caronte no deseaba tener más rivales.

Seiya: Es posible, pero no estoy dispuesto a esperar a que el Caballero Astral de Saturno nos deje pasar, abriré una puerta a este Templo aunque sea a la fuerza... ¡Meteoros de Pegaso!

Cientos de golpes a la velocidad de la luz se adentraron en el anillo de energía, siendo absorbidos por este ante la atónita mirada de los santos.

Seiya: ¿Qué...?

Hyoga: Increíble, es como si ese anillo emanara una especie de atracción gravitatoria parecida a la de los agujeros negros.

Shiryu: Eso no es posible Hyoga, si fuera así también tragaría todo su alrededor.

Shun: Pero si ese anillo absorbe todo el cosmos que lancemos contra la esfera. ¿Cómo pasaremos?

El imprudente Pegaso, aún sin salir de su asombro, se abalanzó sobre la masa de energía a la velocidad de la luz, pero una vez su cuerpo tuvo contacto con el anillos fue rajado, provocando una hemorragia en el estómago del joven santo, y empujándolo hasta casi caer de la montaña, dejando un surco en el frío suelo.

Shiryu: ¡Seiya!

Shun: ¿¡Estás bien?

Seiya: Sí, no se preocupen.. ¡Agh! - gritó dolorido tapándose la herida del estómago mientras Hyoga congelaba el corte con un ligero soplido de hielo -

Hyoga: No te preocupes, el hielo cerrará la herida. Pero procura no volver a cometer semejante imprudencia. - exigió con seriedad, a lo que Seiya asintió algo apenado -

Shun: Así que no sólo ese anillo absorbe todos nuestros kens sino que además es terriblemente dañino.

Shiryu: Sólo nos queda entrar en ese lugar desde el aire.

Seiya: ¡Sí! ¡Claro! ¿Por qué no nos habíamos dado cuenta?

Shiryu: Fuiste muy imprudente Seiya, estoy seguro que de no ser por tu armadura, el poder de esa masa energética te habría matado.

Shun: Sería mejor que pensaras antes de lanzarte a por algo que desconocemos.

Seiya: Es cierto amigos, la imprudencia nunca ha sido la manera de actuar más correcta.

Hyoga: De todos modos estamos bien, es la hora de que enfrentemos a nuestro enemigo.

Los cuatro asintieron y saltaron, elevándose por encima de la gigantesca esfera, cuya fuerza gravitatoria los atrajo de inmediato, casi fueron arrastrados hasta la Esfera Saturno, en la superficie sus cuerpos desaparecieron de la realidad.

Esfera Saturno, Santuario del Sol y la Luna

Los caballeros se levantaron viendo apenas el lugar en el que ahora se encontraban, poco a poco abrieron los ojos y pudieron diferenciar las siluetas de estatuas que adornaban el espacioso templo, que era formado por una gigantesca sala circular, cuyas paredes eran resguardadas por estatuas de un hombre cubierto con capucha, con una hoz en una mano, y un reloj de arena en la otra, y toda esa cadena de representaciones acababa en un gigantesco ser, de al menos 6 metros de altura, cubierto por completo por una armadura de color oro con detalles escarlata, sus ojos eran la única parte del cuerpo de aquel ser que no eran cubiertas por la impresionante coraza, unos ojos inquisidores que harían temblar al más valeroso caballero.

Seiya: Es increíble, siento una cosmo-energía inmensa. - comentó atónito ante el monstruoso caballero astral, que ya se acercaba hacia los santos -

Shun: Me pregunto a qué representarán estas estatuas que decoran la Esfera Saturno, siento que debe ser algo divino, majestuoso...

Shiryu: Según siento la cosmo-energía que rodea este templo, podrían ser representaciones del dios romano Saturno, que en realidad provenía del titán Cronos...

Hyoga: ¿El titán Cronos? ¿Quieres decir acaso que vamos a toparnos con el caballero astral más poderoso?

La sombra del caballero de Saturno ya cubría a los santos, en algo que no se habían fijado era que en ambas manos sostenía a Orestes de la Corona Boreal y a Touma de Íkaro, ambos muy malheridos.

- Bienvenidos sean a mi casa, caballeros del zodiaco. - saludó con voz de ultratumba, al tiempo que tiraba a los dos guerreros contra el suelo -

Seiya: ¡Oh no! ¡Touma!... ¡Orestes!... ¿Se encuentran bien?

Orestes: ¡Agh! ¿A ti que te parece? - preguntó con rabia en lo que se levantaba -

Touma: Este monstruo es tan poderoso, que no necesitó esforzarse para vencernos. - aseguró poniéndose en guardia -

Shun: Mis cadenas están muy nerviosas, es como si este caballero estuviera lleno de maldad, igual que Caronte. - apuntó con mirada seria -

Hyoga: Tenemos que calmarnos, recuerden que el tamaño no es lo más importante en una batalla, recuerden a Aldebarán o Dócrates.

- Esos dos iban con Poseidón y sus generales marinos, y mi buen amigo sólo quería enfrentar a los marinos, de modo que usé mis poder sobre las portales dimensionales para alejar a los demás de sus dominios -

Seiya: ¿Qué? ¿Eso quiere decir que desapareciste a Geki y a Shaina? ¡Responde maldito! - exclamó furioso -

- No te gustaría saber a donde los envié, te lo puedo asegurar Pegaso.

Hyoga: Bastardo, eres un cínico y un monstruo. ¡Pero te derrotaremos! Y entonces lamentarás todo el daño que has hecho.

Shun: No importa que seas un gigante, que todo tu cuerpo sea cubierto por la coraza más resistente que haya sido creada, te venceremos.

Shiryu: Así es amigos, lo que más importa es el poder del cosmos interior. ¡Elevémoslo hasta el infinito! ¡Dragón Naciente del Monte Rozan!

Orestes: Idiota. - murmuró viendo como el gigante recibía de lleno el golpe en su tremenda mano, sin sufrir daño alguno -

- Ah, pobre diablo.¿Acaso crees que puedes dañar mi alba con un golpe tan débil? - preguntó con voz aguda, lanzando una descarga de cosmos a través de su mano que estampó al Dragón contra el suelo - Esta bien de tonterías. Soy Titán de Saturno, caballero astral del Tiempo- Espacio, prepárense porque van a morir.

Seiya: "Tiene un poder inmenso" - pensó Seiya haciendo los movimientos permitentes a su constelaciones - ¡Por los Meteoros de Pegaso!

Ninguno de los golpes parecía afectar al monstruoso ser, Hyoga empezó a apoyar a Seiya con kens de hielo, pero el "Polvo de Diamantes" era derretido por el cosmos ardiente de Titán, quien empezaba a elevar su aura, a niveles divinos.

Shun: ¡Es imposible, Titán es invencible! - gritó mientras lanzaba sus cadenas contra el ser sin afectarle en lo más mínimo -

Shiryu: ¡No! ¡Eso es lo que quiere que pensemos! - exclamó con decisión, saltando sobre el gigantesco ser - ¡Existe una espada que lo corta todo! ¡Excalibur! - el mortal haz de energía resquebrajó el peto de la indestructible alba, dejando un gran corte que atravesaba la armadura diagonalmente -

Titán: ¿Eh? ¿Eso es todo lo que puedes hacerme? ¡Contempla el verdadero poder! ¡Filos de Materia Oscura! - la cosmo-energía del caballero astral se volvió negra y se transformó en cientos de medias lunas que resquebrajaron las armaduras de los santos y los alejó del gigante -

Shun: ¡Agh! Cuanto poder... Tiene ese monstruo.

Hyoga: No debemos dar a paso atrás, venceremos a este y a todos los guerreros de Apolo antes de que Atenea muera. ¡Ejecución de la Aurora!

Seiya: ¡Funciona! ¡Se está congelando! - dijo emocionado al ver como una gruesa capa de hielo cubría a Titán sin que éste hiciera nada para remediarlo -

Shun: ¿Lo hemos... conseguido? - preguntó -

Shiryu: No... ¡Aún vive!

Una explosión fulgente cosmos flameante hizo desaparecer la capa de hielo, nuevamente haces de luz oscura se dispersaron por todo el templo destruyendo las paredes ilusorias, dejando ver un infinito espacio oscuro, la nada absoluta.

Titán: No me vencerás de esa forma, Cisne. Para congelar un alba, tendrás que alcanzar miles de 0 absolutos, debes bajar la temperatura a - 6000 C º , sólo así me convertirás en un cubito de hielo, je, je.

Hyoga: ¿Qué? ¡Eso es... Imposible! ¿No es lo qué nos dijo Thánatos?

Titán: Reconozco que las albas no son tan inmunes al frío como las sagradas armaduras de los Doce Dioses del Olimpo, pero un humano como tú jamás podrá congelar las llamas del Sol.

Hyoga: Exageras, te demostraré que mientes. ¡Ejecución de la Aurora!

Esta vez el ken de hielo fue rechazado de inmediato por Titán, que empezó a formar entre sus manos una gigantesca esfera negra, en cuyo núcleo se detectaba una gran concentración de energía.

Seiya: ¿¡Qué es eso? - gritó atemorizado, pues todas las paredes del templo estaban agrietadas, dando paso el espacio infinito -

Shun: No lo sé, pero debemos impedir que lo lance contra nosotros.

Hyoga: ¡Su poder es incomparable! ¡Domina el tiempo y el espacio! ¡No hay límites para él!

Touma: ¡Orestes! No sé tu pero estoy harto de quedarme aquí parado. ¡Ahora tú, caballero astral! ¡Sufrirás el poder de Íkaro! ¡Relámpago Divino!

Orestes: Bah, te haces el héroe. Je, está bien chico, te imitaré. ¡Mil Resplandores!

Cientos de haces de luz se juntaron con el ken eléctrico de Touma, al mismo tiempo que Titán se disponía a lanzar su demoledor ken cósmico, toda la realidad parecía distorsionarse .

Titán: ¡Bomba Gravitatoria!

Por momentos Orestes y Touma parecían cobrar ventaja, pero la fuerza de Titán era tal, que dos caballeros no eran suficientes para contrarrestarla.

Seiya: ¡No podemos quedarnos aquí quietos! ¡Ayudemos a Touma y a Orestes! ¡Por los Meteoros de Pegaso! - dijo poniéndose del lado de los valientes caballeros -

Hyoga: ¡Seiya tiene razón! ¡Por la Ejecución de la Aurora!

Shiryu: ¡Cien Dragones de Rozan!

Shun: ¡Tormenta Nebular!

Los kens de los santos se unieron a la divina coalición de técnicas que empezó a hacer retroceder la Bomba Gravitacional del caballero Titán, todos hacían su mejor esfuerzo pero sabían bien que sólo alcanzando el nivel al que llegaron en los Campos Elíseos podrían derrotar a tal monstruo.

Todo aquel universo de bolsillo parecía tambalearse ante el choque de fuerzas que se producían en ese momento, Un chorro de energía luminosa de dorado brillo trataba de empujar la bomba oscura contra el temible Titán, hasta que al fin, la esfera estalló.

Por un solo segundo, tan rápido que fue imperceptible para todos los allí presentes, todas las dimensiones abrieron sus portales en aquel universo de bolsillo que Cronos creó en la Era Mitológica, cientos de realidades cubrieron el espacio infinito, llevándose a Seiya, Shun y Shiryu, dejando a Hyoga y a un demolido Titán solos, dentro de la esfera Saturno.

Pronto Hyoga pudo ver la alba del caballero astral, estaba totalmente destruida, dejando ver su rostro achatado, de pelo corto y grisáceo, lleno de pelusilla y una nariz aguileña , pero además su furia era al fin reflejada, a gran velocidad el caballero astral buceó por el espacio para darle una patada a Hyoga seguida por una serie de puñetazos y otra patada alta que lo elevó hacia arriba, donde fue alcanzado por miles de medias lunas oscuras, su armadura estaba prácticamente destruida.

Titán: ¡Pagarás lo que has hecho con mi templo y mi armadura, caballero de pacotilla! - gritó lanzándose a por el Cisne - ¡Infierno Estelar! - millones de pequeñas estelas de brillo plateado persiguieron a Hyoga quien tuvo que hacer uso de todas sus fuerzas para esquivarlos -

Hyoga: "Maldita sea, ahora ni mis amigos, ni Orestes, ni Touma están. ¿Qué habrá pasado con ellos?" - pensó desesperado -

Titán: Ese es el precio que hay que pagar por hacer explotar la Bomba Gravitatoria, vuestros ataques sólo consiguieron distorsionar los portales dimensionales, y ahora tus amigos vagarán eternamente entre las barreras que protegen los mundos alternos, hasta que sean convertidos en polvo espacial.

Hyoga: ¡Mientes! ¡Aún están vivos! - gritó convencido y con rabia, encendiendo su cosmos - ¡Elevaré mi cosmos más allá del 0 absoluto y te destruiré!

Titán: Ja, ja, ja. Aunque no creo para nada que tengas el poder suficiente para congelar mi armadura, sé bien que vuestra voluntad lo ha podido todo en sus batallas anteriores. ¡No dejaré que lo intentes! ¡Bomba Gravitatoria!

Con fuerza imparable el caballero de Saturno lanzó de nuevo su ken cósmico, que rozó al Cisne, y pese a que el santo lo evadió, la bola oscura hizo que una fuerza invisible lo arrastrara al fondo de aquel espacio infinito, pronto Titán se lanzó a por él pero Hyoga lo pudo agarrarlo y hacerle una llave de judo que pese a no tener mucho efecto lo alejó.

El furioso caballero astral lanzó bombas gravitatorias una y otra vez, aunque se veía que estaba cansado por la lentitud de sus golpes, estaba claro que su tamaño y sus músculos lo cansaban más de lo normal, y mientras Hyoga esquivaba las cadenas de kens, sentía que todo aquel espacio estaba en armonía con su cosmos, como si solo en aquel lugar pudiera explotar su cosmos hasta el infinito.

El tiempo pareció relentizarse sólo por aquel momento, el santo del Cisne explotó su cosmos, llenando el oscuro universo que los rodeaba, por unos segundos la armadura de bronce se volvió divina al igual que su luminosa aura.

Hyoga: ¡Tormenta Polar! - gritó mientras lanzaba un impresionante ken en forma de cañón de hielo que chocó de inmediato contra el caballero de Saturno, congelándolo poco a poco -

Titán: ¡NOOOOOOOOOOOO! ¡Tú te irás conmigo maldito! ¡Distorsión de Realidades!

El poderoso ken de Titán se traba de una gran distorsión en el espacio, todo aquel universo alternativo empezó a derrumbarse entres supernovas y agujeros negros, sin embargo la figura congelada del caballero de Saturno no parecía destruirse, siendo tragada por uno de los portales abiertos, Hyoga ceró los ojos, rezando en voz baja por su alma.

Dimensión Desconocida

Los generales marinos se despertaron bastante adoloridos, y lo que observaron les heló la sangre y oscureció sus espíritus, Poseidón y Tetis ya se habían despertado antes que ellos y aún no salían de la impresión.

Tetis: Esto es...

Krishna: Yomutsu. - murmuró terminando la frase que Tetis traba de decir -

Julián: ¿Acaso eso quiere decir que hemos muerto?

Kayssa: ¿Qué? ¡No puede ser! ¿¡Ora ves en el Hades? - gritaba con desesperación -

Isaac:¡Cállate Kayssa! Tu actitud no es propia de un general marino. - regañó con seriedad -

Baian: Pero... Estamos en el Hades, hemos muerto... ¡Fracasamos!

Julián: ¡Callad! Estoy seguro de que ese ataque no nos mató, esto debe ser una ilusión.

Kanon: Para ser una ilusión es bastante real, sólo el caballero de Virgo podría hacer algo así. - aseguró -

Sorrento: Creo que tendremos más cosas de que preocuparnos a parte de nuestra estancia en el Yomutsu.

Los muertos que normalmente atravesaban el Yomutsu con toda calma se volvieron violentos, sus ojos se inyectaron en sangre y sus débiles cuerpos fueron cambiados por musculosos troncos y extremidades parecidas a las de las bestias, el último cambio que tuvieron fueron un par de alas de murciélago que les permitió asaltar a los marinos como si fuera una manada de abejas asesinas.

Krishna: No se preocupen compañeros... ¡Yo acabaré con esos monstruos!

Eo: ¡Yo te ayudo!

Kayssa: ¡Y yo!

Más generales quisieron unirse a la causa pero Poseidón los detuvo, sabedor de que sus guerreros querían demostrar su valía, sin embargo la enorme cantidad de demonios le hacía dudar si sería suficiente.

Eo sacó al oso, una de las bestias de Escila para pelear en aquella cruenta batalla, siendo respaldado por Kayssa cuya "Salamandra Satánica" parecía efectiva, aunque tenían que saltar para alcanzar a los halados seres.

Un demonio trató de asestarle a Eo en la espalda mientras el general mantenía a raya a tres fieras, por suerte la lanza de Krisaor pudo despedazar de inmediato a la traidora y cobarde criatura, el resto de la "colmena" de demonios caía ante la sagrada arma como el trigo ante la guadaña, prácticamente Eo y Kayssa sólo eran un apoyo, hasta que el general de Escila pudo devolverle el favor a Krishna golpeando con su "Aguijón de la Abeja Reina" a dos demonios que trataron de atacarle.

Kayssa se sentía desesperado, seis demonios lo asediaban, golpeando con rabia su resistente escama que representaba al demonio de Leumnades, una de las criaturas lo agarraba de las hombreras para que no pudiera moverse, sin embargo una siniestra sonrisa se formó en el rostro del marino camaleónico.

Kayssa: Patéticas criaturas del Submundo, ahora conoceréis el verdadero poder de los demonios. ¡Infierno Marino! - como si de mil garras demoníacas se tratara, cientos de haces de luz dorada salieron del cuerpo de Kayssa atravesando a la mayoría de los demonios -

Eo: Ya es hora de que acabemos con esta mugre. ¡Tornado Violento! - el ken despedazó literalmente a los demonios, convirtiéndoles en ceniza -

Krishna: ¡Lanza Sagrada de Krisaor! - gritó lanzando su lanza a tal velocidad que parecían miles de lanzas las que golpeaban a los demonios -

Y así los tres generales cayeron al suelo, exhaustos y a la vez triunfantes, Julián y el resto de sus hombres se acercaron a los valientes generales del Mar.

Julián: Mis felicitaciones, estoy muy orgulloso de ustedes, generales marinos.

Desde luego el agradecimiento de su Señor les levantó el ánimo a los tres marinos, pero pronto toda esa alegría se convirtió en temor al ver como el dios Sol los encaraba desde lejos, con su divina vestimenta y sus cabellos rojos como el fuego, los miraba con total frialdad.

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Notas del Autor:

Como siempre les traigo un nuevo capítulo lleno de acción y aventura, espero que esta versión de la Saga de Zeus les parezca buena o/y original (ya que hay muchos fics de esta esperada Saga del Cielo), no olviden que esta es solo es la primera saga de este fic, osea, sólo es 1/6 parte de Juicio Divino. En el próximo capítulo. "La Espada que Imparte Justicia", estará lleno de intrigas y quizás se desvele el misterio de porque hay santos de Atenea de esta época y la de Dohko trabajando para Apolo. ¡Ah! Y ojalá que este capítulo (algo raro), les haya parecido bueno o al menos aceptable. Ya saben, dudas, comentarios o quejas a: lordomegawanadoo.es o