Capítulo 8

"Un poder más allá de los Dioses"

El Fuego de la Casa de Tauro está casi extinto

Quedan 10:30 horas para la muerte de Atenea

Cima de los Riscos de la Locura

La explosión de la Esfera Saturno fue tremenda, todo el espacio se vio distorsionado por semejante poder, lo único que quedó de aquel universo de bolsillo fue una gigantesca grieta dimensional que mostraba un profundo vacío y que cubría toda la "entrada" a la cima.

Los caballeros del Dragón y de Pegaso eran los únicos que se habían quedado en aquel lugar, ambos estaban muy preocupado por si Hyoga habría sobrevivido a la pelea, lo que sí sabían era que no podían volver por donde llegaron, tendrían que seguir adelante.

Tras atravesar media superficie, cubierta por una espesa "niebla" o lo que fuera, los santos vieron a Orestes junto a unas largas escaleras, como si fuera la entrada a un Templo.

Orestes: De modo que ustedes también están aquí.

Shiryu: ¿A qué te refieres?

Orestes. Íkaro, Andrómeda y Cisne no están aquí, tampoco siento sus cosmos.

Seiya: ¿Insinúas que...? - preguntó inquisidor frunciendo el ceño -

Orestes. No insinúo nada, sólo sé que el único camino que nos queda son estas escaleras, y no creo que los demás ya las hayan cruzado.

Seiya: Nunca se ha de perder la esperanza, debemos subir estas escaleras, da igual a que recóndito lugar nos lleven.

Shiryu: ¿Acaso no sabes que hay más allá?

Seiya: No Shiryu. Marin sólo me contaba leyendas, propias de cada lugar del Santuario, recuerdo que me decía que en la cima de los Riscos de la Locura se hallaba la "Justicia de la Diosa" . ¿Te habló tu maestro de eso?

Shiryu: No. Aunque esas palabras me hacen recordar una vieja historia que me contó hace años, cuando apenas empezaba a entrenarme. Pero no creo que tenga que ver...

Orestes: Dejen de parlotear y suban, no tenemos todo el día. - gruñó subiendo la escaleras -

Los santos asintieron y se dispusieron a seguir al Corona, cada paso que daban les hacía sentir una misteriosa fuerza que oprimía sus espíritus, pero aún así el trío de guerreros no iba a retroceder, sino que elevaban sus cosmos hasta el infinito, subiendo la pendiente a la velocidad de la luz, al fin, se encontraron en una plataforma.

Los ojos de los caballeros se abrieron de par en par, ante ellos, más allá de la plataforma circular en la que se encontraban, se alzaba un majestuoso palacio, muy parecido al Gran Salón, de aquella majestuosa edificación surgía un cosmos inmenso, divino.

- Veo que os ha impresionado el Palacio del Gran Patriarca. - dijo una voz aguda, que hizo estremecer el alma de los guerreros -

Seiya: ¿Quién eres? ¿Acaso te escondes de nosotros?

- ¿Esconderme? ¿No será acaso que vuestra arrogancia os ha vuelto ciegos?

Shiryu: "¿Quién será? Es mucho más poderoso que Absalom de Tauro, pero no tanto como el que aguarda en ese palacio, debo encontrarle, sólo he de concentrarme y... " - pensaba -

Los pensamientos del Dragón fueron cortados por un ken en forma de aguja escarlata que a una velocidad superior a la luz atravesó su armadura como el papel, Shiryu cayó de rodillas, teniendo que usar las manos para no estamparse contra el suelo, instintivamente posó su mano sobre la herida, respirando agitadamente.

Pero lo peor no era ese ataque, tanto Orestes como Seiya habían sido golpeados por el ken y estaban en la misma posición que Shiryu, detrás de ellos una silueta atravesó la niebla hasta dejarse ver, se trataba de una mujer caballero, cubierta por una máscara de oro al igual que su coraza: la armadura de Escorpio, su larga cabellera amarilla y espesa la hacían parecer inocente pero aquella imagen se contradecía con sus diez uñas tan largas que podrían ser cuchillas. Mientras se recuperaban del impacto los caballeros pudieron ver que la guerrera aún los apuntaba con tres de sus garras.

Seiya: Llevas la armadura de Milo, eso quiere decir que eres la antigua caballero de oro de Escorpio, que luchó junto al Maestro de los Cinco Picos y el Patriarca en la Antigua Guerra. - reflexionó adoptando su postura de pela -

- Así es Pegaso, soy una amazona de oro, la Antigua Caballero de Escorpio que ha venido a castigar a aquellos que condenaron a la Humanidad.

Shiryu. Estás equivocada, nosotros siempre luchamos por lo que es justo, son los dioses los que actúan de mala manera para con este bello mundo y nuestro deber es protegerlo de cualquier mal. - corrigió con sabias palabras -

- No tratéis de engañarme, no son más que unas santos corrompidos por su propio poder, y que ahora quieren derrocar a los dioses.

Orestes: Siempre lo mismo. ¿Acaso todos los caballeros que luchan en el nombre de Apolo tienen los mismos ideales? ¡Deja de parlotear y lucha!

.- Insensato. ¡Fulgor Escarlata!

De la palma abierta orientada hacia delante surgió un meteoro de fuego cósmico que derribó a Orestes, el santos de Pegaso trató de vengar a su compañero pero la velocidad de la mujer le hizo tomar ventaja y poder clavarle tres "Aguja Escarlata" que lo debilitaron lo suficiente como para que la amazona pudiera hacerle una llave y chocarlo contra su compañero Shiryu.

- No sigan levantándose, no vale la pena, jamás me venceréis. - aseguró la mujer caballero -

Seiya: No asegures la muerte de tus enemigos antes de tiempo, te podrá pesar. ¡Por los Meteoros de Pegaso!

Orestes: ¡A ver si esquivas esto! ¡Mil Resplandores!

Shiryu: ¡Cien Dragones del Monte Rozan!

De forma increíble la guerrera esquivó todos los Kens, una patada certera en el pecho bastó para noquear a Seiya, luego lanzó diez "Agujas Escarlata" que derribaron a Orestes y Shiryu quienes recibieron un fuerte combo de puñetazos y patadas que los dejó destrozados.

De pronto el puño ascendente de Shiryu se hizo notar y golpeó con fuerza la armadura de oro, resquebrajándola, sin perder tiempo Orestes descargó el "Puño de Luz" y ambos golpes pudieron empujar lejos a la amazona de Escorpio.

Aprovechando el tiempo en que la guerrera se recuperaba, los dos caballeros ayudaron a Seiya a levantarse, pese a los constantes ataques, el Pegaso seguía estando en forma así que hizo ademán de querer atacar a la guerrera, pero Orestes lo detuvo.

Seiya: ¿Qué haces? ¡Quiero enfrentarla! ¡Si no nos damos prisa Atenea podría... ¡

Orestes. Es en Atenea en la que no piensas Pegaso, recuerda que tenemos apenas doce horas y no podemos tardarnos tanto tiempo en un solo combate. Me basto yo solo para enfrentar a esta arpía.

El santo de bronce comprendió lo que decía el Corona y, tras desearle suerte ante su propio desconcierto, entró en el palacio, seguido de Shiryu, Orestes encaró a la amazona dorada quien lo observaba a través de la fría mirada de su mascara.

- ¿En serio piensas que tú sólo vencerás a una de las mujeres caballero, más poderosas que han existido? La arrogancia de los hombres me sorprende cada día más.

Orestes: Je, que seas una amazona dorada no me impresiona. Yo soy un caballero de la Corona del Sol, al servicio del Gran Febo Abel, y mi Ropaje ha sido bendecido por su sagrado cosmos.

- Ja, ja, ja. Nuestras armaduras también han sido bendecidas por el poder del Sol. - dijo en voz alta para luego pasar a murmullos - antaño, mis compañeros dorados y algunos santos muertos de esta era hubiéramos hecho cualquier cosa por Atenea, por aquella diosa que juraba luchar por lo que es justo, pero el hecho de que proteja a guerreros que levantan la mano contra sus creadores y se alía con dioses malignos como Abel, nos ha hecho ver lo equivocados que estábamos con respecto a esa deidad.

Orestes: Que sepas que vuestros discursitos no me impresionan. - afirmó sonriente viendo como la mujer emitía gruñidos de ira a través de su máscara dorada - Son simples excusas para tapar tu traición a la diosa a la que alguna vez serviste.

- Maldito, tú no sabes nada de lo que sufre un caballero cuando después de tantas batallas es olvidado con el paso del tiempo.

Orestes: No me interesa saberlo, no lucho por ser reconocido en el futuro sino por el bien del dios al que sirvo, ese es el destino de un caballero, da igual si su Señor se enfrenta a los todopoderosos dioses del Olimpo, o a los guerreros de Asgard, todo guerrero ha de servirle por encima de las circunstancias. ¿Cual es el nombre de la mujer que hoy mataré en el nombre del Gran febo Abel?

- Je, je, je. No tengo nombre, no lo necesito, el nombre sólo indica tu pasado, un pasado débil, desde que porto esta armadura mis víctimas sólo se sirven de un nombre como último aliento, Escorpio.

Orestes: Lo que tú digas, pero temo que el único nombre que oirás será el mío.

Ambos combatientes chocaron en un destello, el Corona elevó su cosmos lanzando golpes de luz que la amazona esquivaba con relativa facilidad mientras trataba de contraatacar con sus garras escarlata, pero ninguno llegaba a golpear a su oponente, Orestes lanzó su "Resplandor de Luz" que pese a chocar de lleno contra la armadura, que aún mostraba dos agujeros correspondientes a anteriores embistes, no hizo efecto y la mujer caballero tuvo tiempo para lanzar su "Fulgor Escarlata" que mandó a volar a Orestes, quien en su caída de nuevo al suelo recibió cuatro "Agujas Escarlata" que lo dejaron destrozado.

El Corona no podía moverse, resentía las patadas de la amazona aguantando el dolor, debía olvidarse de todo lo físico y concentrarse en su universo interior, debía elevar su cosmos más allá del 7º Sentido si quería vencer a aquella asesina, pero las 10 Agujas Escarlata lo habían inmovilizado.

Escorpio: ¡Ahora irás al Hades teniendo como mayor vergüenza haber sido derrotado por una mujer! - exclamó mientras saltaba a los cielos - ¡Siente el Aguijón del Escorpión! - un ken en forma de aguja fue lanzado desde su dedo más largo, chocando justo contra el Corona, y provocando una fuerte explosión que agrietó la plataforma, dividiéndola en cuatro partes iguales -

Escorpio:¿Qué haces? Vamos sal, sé que mi ken no ha podido acabar con tu maldita presencia Corona.- dijo nada más pisar el suelo, observando como Orestes trataba de levantarse entre el humo que ya se estaba disipando - Sabía que aún no te habías rendido, eres demasiado testarudo y soberbio como para admitir tu inferioridad. ¡Aguja Escarlata!

Cuatro agujas de brillo rojizo atravesaron en un destello el peto de la armadura de Orestes. Pero el Corona se mantenía firme, la mujer, furiosa, se abalanzó en línea recta contra él, atravesando su cuerpo con su letal brazo, sin embargo Orestes aprovechó la situación para contraatacar con su "Puño de Luz" , y así empezaron a golpearse mutuamente.

Una vez separados, ambos estaban demolidos, Orestes encendió su cosmos y la herida empezó a cerrarse a la par que su aura aumentaba su intensidad, la amazona de Escorpio adoptó la posición de Antares mientras el Corona preparaba de nueva cuenta su "Puño de Luz".

Escorpio.14 Agujas Escarlata han atravesado tu cuerpo, Corona, tus cinco sentidos han sido anulados y tu cuerpo ya no podrá resistir este ritmo. Ahora sufrirás la técnica más letal jamás inventada, un ken piadoso que evitará que sigas sufriendo. ¡Antares, la quinceava aguja!

En lugar de escapar, Orestes embistió a Escorpio, no se podía observar bien si el "Antares" había dado de lleno en el cuerpo del valeroso caballero, aún así éste no paró su avance y golpeó con fuerza a la guerrera de oro, el "Puño de Luz" destrozó el peto de su armadura al tiempo que su máscara se resquebrajaba en mil pedazos ante el destructor cosmos del Corona, un hermoso rostro de frágil mujer era maquillado por un baño de sangre que emanaba de sus carnosos labios, finalmente Orestes lanzó su ken "Resplandor de Luz", el cual atravesó por completo a la joven, que ni siquiera pudo decir sus últimas palabras.

Orestes: "Perro ladrador, poco mordedor" - citó con frialdad - Eras demasiado débil como para vivir en este mundo.

Tras decir aquellas palabras, el arrogante Corona dio la espalda a su moribunda contrincante, cuyo orgullo y dignidad le permitió lanzar una última aguja que atravesó limpiamente el pecho del caballero, que no se había dado cuenta y seguía su paso al majestuoso templo.

Frente al Palacio del Dios del Viento

Más allá del Coliseo, se hallaba un majestuoso palacio flotante que tapaba toda imagen del paisaje más allá de él, era tan impresionante aquella edificación, que de ningún modo pudo haber sido construida por un mortal, el resto del interior del Santuario del Sol y la Luna que no era cubierto por aquel castillo, era rodeado por una fuerte corriente de viento circular.

Estaba claro que semejante lugar debía estar fuertemente protegido, un ejército de centauros resguardaba todo el frente del palacio, estaban tan firmes que pareciera que ni todo el poder del viento los movería de su puesto.

Pero algo distorsionó tal tranquilidad, a través de los desiertos parajes que cubrían el castillo, un confundido Touma hacía acto de presencia, de entre los guerreros del Sol surgió un centauro no muy alto, pero tan grueso como un armario, su cabello era corto y negro, recogido en una pequeña trenza.

- ¿Quién eres tú que osas atravesar este sagrado lugar? - preguntó el centauro, haciendo ademán de que ningún compañero se metiera, aunque todos ya habían rodeado en un gran círculo a ambos guerreros, el ángel no parecía asustarse -

Touma: Mi nombre no te le interesa a un "carne de cañón" como tú. - respondió con seriedad mientras encendía su cosmos -

- ¿Cómo te atreves a dirigirte a mí de esa forma? ¿¡A mí que soy Wang, III cardenal del Ejército Sanctorum? - preguntaba con rabia asesina mientras un aura rojiza empezaba a rodearle, símbolo de su furia incalculable -

Como una bestia salvaje, el centauro se lanzó a por el ángel, pero este simplemente lo esperó y esquivó su embiste justo en el momento oportuno, Wang no podía hacer nada y Touma pudo darle un codazo en pleno estómago que destrozó su armadura a hizo que el cardenal escupiera sangre junto a varios dientes, tras el golpe el guerrero no paró su marcha y Touma lanzó sus lanzas contra él, el ken lo atravesó por completo pero el tipo seguía en pie.

Pese a estar lleno de heridas por todo el cuerpo de ellas no brotaba sangre gracias al poder de su temible cosmos, aunque para Touma no era nada, Wang trató de asestarle un puñetazo a el ángel pero éste lo curio con la palma desnuda y lo estampo contra el suelo mediante una llave para luego alejarse con una brillante voltereta.

Nuevamente, el centauro se levantó, y volvió a tratar de golpear a Touma con sus puños, cientos de golpes a velocidad supersónica que Ícaro paraba como si fueran tortugas, en un momento dado observó que Wang había dejado bajas sus defensas y, a una velocidad que asombraría incluso a los caballeros de oro, atravesó su costado con un "Puño Libertador", coronando la derrota de Wang con un fuerte ataque de kárate en el cuello.

Los centauros, ante la derrota de su líder, se lanzaron a la vez contra Touma quien desplegó su cosmos para apartarlos, los más cercanos cayeron derribados, el ángel lanzo su lanzas contra un grupo de guerreros al tiempo que pateaba en el aire las cabezas de todo aquel que intentara acercársele, el polvo que cubría la superficie del lugar se había levantado cegando a todos, por lo que en varias ocasiones los centauros se mataban los unos a los otros, mientras que el ángel se privaba de la vista para poder hallar las cosmo-energías de sus contrincantes y... "apagarlas".

Ante el peligro de que un fornido centauro de color lo destrozara, Touma decidió lanzar su más poderoso ken contra el mastodonte, la "Gran Altura" le hizo volar por el cielo para luego caer contra la superficie, muerto.

Gracias a el "Relámpago Divino", el ángel mantenía a ralla a todos los centauros, pero eran tantos que ya empezaba a cansarse, decidió no gastar tantas energías y se dispuso a luchar cuerpo a cuerpo, sus puños destrozaban a los centauros a gran velocidad, todo aquel paraje era un verdadero cementerio en el que cualquier enterrador se volvería rico.

Eran tantas las bajas que el resto de los centauros decidió alejarse por precaución, Touma y tenía un aspecto deplorable, sucio a causa del polvo y la tierra levantada y con varis heridas leves por todo el cuerpo, pero la determinación de su mirar no había mermado en lo más mínimo.

De repente los centauros volvieron a dejar espacio, del palacio surgió un ser, enfundado en una gloriosa armadura divina, de un brillo plateado que cegaba a los allí presente, su piel era negra y contrastaba con su coraza, era calvo y su aura emanaba un aire de seguridad terrorífico.

- ¿Qué está ocurriendo aquí? - preguntó con seriedad elevando su dorado cosmos, esta vez Touma si parecía preocupado -

Cinturón de Hipólita, Santuario del Sol y la Luna

Shaina y Geki observaban el desértico paraje con incredulidad, al haber entrenado en el Santuario, ambos conocían el lugar en el que se encontraban, se trataba del Cinturón de Hipólita, donde entrenaban las mujeres caballero, pese a todo los santos se preguntaban que misteriosa fuerza los trajo allí y que había pasado con sus compañeros.

La amazona de plata mostró estar algo inquietada lo que hizo encender los sentidos de geki, parecía como si su compañera hubiera sentido algo, trató de concentrarse para alcanzar de nuevo el 7º Sentido pero las fuerzas lo abandonaron y cayó de rodillas, teniendo que aguantarse sobre sus manos para no caer desfallecido.

Shaina: ¡Geki! ¿Te encuentras bien? - preguntó preocupada mientras ayudaba a su compañero a levantarse -

- Nuevamente se demuestra la debilidad de los hombres frente a la grandeza de las mujeres caballeros. - la misteriosa voz que recitó esas palabras no parecía desconocida para la amazona de plata por lo que se puso en guardia -

Shaina: Veo que tú también has vendido tu alma a Apolo... hace tiempo que no te veía... Gyste.

La misteriosa ex-compañera de la amazona de plata de Ofiuco sonrió detrás de su adornada máscara de bronce, mientras sus garras crecían de tamaño, iluminadas por la ardiente luz del Sol.

Hoyo del Yomutsu, Hades

Los generales marinos no salían de su asombro, ante ellos estaba el mismísimo Apolo, no lo esperaban tan pronto y menos estando separados de los demás, Julián trató de elevar su cosmos pero bastó un pestañeo del dios para que se quedara paralizado.

- "Maldición. ¿Qué me pasa? Tengo el poder de un dios y no soy capaz de utilizarlo cuando de verdad lo necesito? He de concentrarme, no he de temer... Tengo que elevar mi cosmos hasta el infinito poder de los dioses para enfrentarme a este tirano..."

Los pensamientos del joven Solo fueron interrumpidos por el grito de guerra de kanon, el más poderoso de sus generales elevó su cosmos más allá del 7 Sentido tal como hizo en su lucha contra el juez del Inframundo y lanzó su más temible Ken contra el dios, pero su "Explosión de Galaxias" fue detenida por una especie de montaña de... ¿Coral?

Krishna: ¿Qué... Cómo es...?

Kanon: No, no puede ser...

Kayssa: ¿Qué hace una montaña de coral aquí? - el comentario del ingenuo general marino no sirvió para calmar el impacto que habían recibido todos los allí presentes -

Sorrento: Kayssa tiene razón... Es extraño que en el Hades haya aparecido un trozo de coral, pero es aún más extraño que haya podido detener el ken de kanon.

De pronto, como si fuera un caldero, todo el suelo del Yomutsu empezó a hervir, y a recalentarse, los generales trataron de protegerse del calor elevando sus cosmos pero enseguida se dieron cuenta de que no sería suficiente, de modo que se juntaron todos alrededor de su Señor quien elevó su poder en sintonía con las auras de sus guerreros, logrando una armonía perfecta que les proporcionó un escudo protector lo suficientemente fuerte como para protegerse de aquel suceso.

- No seáis cobardes ante mi poder, por mucho que elevéis vuestros cosmos no podréis salvaros - la voz hizo trastabillar el equilibrio de poder pero ya no importaba, parecía que todo se había calmado -

Sin embargo, justo delante de la torre de coral que, extrañamente, parecía escudar al dios Sol, empezó a surgir un guerrero, un caballero que emergía de la tierra como si está fuera agua, podía verse el vapor saliendo por fin de su armadura color azul marino, no pasaron minutos antes de que Poseidón y su séquito pudieran vislumbrar a su nuevo adversario: Su armadura parecía reflejar el brillo de los océanos, era de una estructura muy parecida a la escama de Kayssa, su piel, sin embargo, no tenía nada de humana, parecía estar recubierta de escamas de un color azul pálido, sus ojos parecían los de un pez y de sus labios secos se escurría una especie de líquido viscoso, en uno de sus brazos portaba un tridente muy parecido al de Poseidón.

Julián: ¿Quién eres tú que osas interponerte en el combate de dos dioses del Olimpo?

- Ja, ja, ja. ¿Dos dioses de donde? - dijo con aguda mientras "Apolo" sonreía - Veo que ya conocéis a uno de los pocos Guerreros Profundos que quedan. Tan buenos caballeros, vencidos por un grupo de traidores...

Krishna: ¡Basta! No tienes derecho a juzgar nuestros actos, sólo seguimos las órdenes de nuestro Señor Poseidón, con el fin de salvar a la Humanidad. ¡No somos traidores!

- Antes de ser liberado sabia muy bien de las guerras santas de esta época. No sólo la traición de Saga de Géminis, Asgard y Hades pusieron en peligro la vida de Atenea, sino vosotros también quisisteis destruir el mundo, por supuesto, la diferencia es vuestro Señor sólo quería dominarlo, mientras que Febo Apolo tiene la intención de purificarlo de una raza corrompida por el tiempo, que ha olvidado a quienes les debe lealtad.

Eo: No trates de convencernos, hasta ahora todos a los que hemos vencido han dicho lo mismo, sin embargo no daremos un paso atrás ante sus discursos, defenderemos este planeta por encima de todo, pues así lo desea el Rey de los Mares.

- ¿El Rey de los Mares? ¿Te refieres a ese usurpador? - ante ellos, un nuevo Guerrero Profundo de aspecto dantesco apareció ante ellos, su cosmos era tan temible que parecía absorber el de los 7 generales marinos, lo que desconcertó a Julián, quien no sentía ese poder en Apolo -

Julián: ¡Ahora lo comprendo! - los guerreros del dios voltearon a verlo , extrañados por la reacción de su Señor - Ese ser no es Apolo... ¡Sino un impostor!

- ¿Y ahora te das cuenta? Tú que osas ofender a mi Señor mostrándote como el Dios de los Mares, dejándose engañar por una simple ilusión - la afirmación de aquel nuevo enemigo hizo que todos los generales marinos mostrasen caras de asombro, sin embargo tuvieron que reponerse enseguida cuando el "Apolo ficticio" explotó en una gran explotó de energía flamígera que se dividió en 7 dragones de fuego que persiguieron a los 7 guerreros, por el cansancio de la anterior pelea Krishna, Eo y kayssa cayeron derribados enseguida, Isaac se sentía algo carente de fuerzas por lo que trató de esquivar al dragón cósmico atravesando el Yomutsu, Baian decidió que era mejor enfrentarlo a hizo una barrera que lo protegió de la mitad de la fuerza del ataque y kanon pudo enviar a su perseguidor a otra dimensión. Gracias a su Melodía Mortal Sorrento hizo desaparecer a los que quedaban.

Menos los tres que fueron heridos. Kanon, Sorrento, Bian, Isaac, Julián y Tetis encararon a ambos guerreros mientras el más gigantesco aplaudía la "hazaña" de los generales.

- ¡Bravo, bravo! Excelente demostración de vuestra debilidad. - dijo cínico el caballero -

- ¡Maldito vanidoso! - Tetis se lanzó furiosa contra quien los estaba insultando, sus compañeros no pudieron detenerla antes de que se lanzara, tratando de derribar a su enemigo de un golpe usando todas sus fuerzas, pero a éste le basto el 10 para librarse de su oponente, el golpe fue tal que la lanzó lejos, hasta casi caer por la fosa ante la mirada impotente de Julián -

- ¿Qué le pasa Sr. Dios de los Mares? ¿Acaso le preocupa una sirena? - comentó de nuevo con cinismo - No se preocupe, a fin de cuentas, todos los traidores caerán por el Yomutsu al Hades... Claro que es un decir, ahora mismo es en verdad el infierno, hundido en el desequilibrio y el caos, por culpa de traidores como tú y tus generales. - a cada palabra que decía el Guerrero daba un paso, acercándose a Julián sin un ápice de miedo en sus ojos - Leviatán, Tritón... - Julián tampoco parecía temer al guerrero, Kanon y sus compañeros ya encendían sus cosmos esperando el momento oportuno - León Marino, Hidra... Pocos quedamos ya, pero yo me basto para acabar con vosotros que acabasteis con mis compañeros. ¡Yo! ¡Horatio de la ballena Blanca!

El reencarnado dios de los mares, hizo señas para que sus aliados atacasen, Kanon encendió su cosmos al mismo tiempo que Isaac y Bian, Sorrento tocaba al mismo tiempo una melodía extraña que el Caballero Astral supo interpretar perfectamente, sin embargo sólo se quedó mirando.

- Estoy empezando a cansarme, de que me acusen de traidor... - aquella voz era la de Poseidón, lo que en principio extrañó a Kanon, pero Sorrento hizo un gesto para que no se distrajera - Empezáis a sonar muy aburridos.

- Presuntuoso. - su cosmos se elevó hasta el 7º Sentido lo que sorprendió a los Generales Marinos, sin embargo a Julián le basto un simple movimiento de mano para empujarlo varios metros contra la pared de coral, gracias a una fuerza invisible invocada por su aura -

Esta vez, la barrera que había formado el otro enemigo de los generales quien sólo observaba, se resquebrajo un poco por la fuerza del choque, estaba claro que por un momento Poseidón había tomado posesión completa del cuerpo de Julián, o al menos esa fue la inmediata conclusión del Dragón Marino, sin embargo el dolor de cabeza del que se quejaba en silencio el joven Solo denotaba que de nuevo, el dios de los Mares dormía plácidamente en el interior de su avatar.

- Maldita sea. - farfulló el Guerrero Profundo mientras limpiaba el hilo de sangre que escurría de sus labios, levantándose al mismo tiempo sólo para averiguar las repercusiones que el ataque del dios había tenido en su columna - Supongo, que no puedo compararme con los dioses, ni siquiera... ¡¡Con los impostores! - los generales rugieron elevando sus cosmos en el mismo instante que Julián se recuperaba de la impresión, el misterioso guerrero, que aún no se había presentado, sonrío y dio un paso al frente -

- Supongo que, si mi bárbaro amigo ya presentado, yo no voy a ser menos. - Horatio gruñó ante aquellas palabras que su "compañero" había recitado con tanto cinismo, propio de los caballeros de su clase - Yo soy Tritos de Neptuno, Caballero Astral del Océano Profundo. - mientras se presentaba, Tritos tuvo la osadía de hacer una reverencia descarada que ofendió tanto a los generales como a Julián - Horatio, ocúpate del regimiento de bastardos que se hacen llamar generales, es mi deber castigar a aquellos infieles que osan usar su poder "divino" para ofender a los Honorables Dioses del Olimpo - pese a la rabia que sentía por el ataque de Poseidón, Horatio sabía que no podía compararse con seres que habían sobrepasado el Octavo Sentido, de modo que asintió, dispuesto de hacer sentir a los vasallos de Poseidón toda la humillación que su dios le hizo pasar -

- Bastardo... - rugió el General Marino de Hipocampo mientras sus venas sobresalían en su frente y apretaba sus puños hasta herirse así mismo, Kanon se sorprendió pues, la furia de aquel guerrero estaba haciendo elevar su cosmos a niveles que, si bien no se comparaban con su poder, estaban lejos de muchos de los allí presentes -¡¡NO NECESITAMOS QUE DECIDAS CON QUIEN DEBEMOS LUCHAR!

El general se abalanzó dispuesto a acabar con todo el que se le pusiera enfrente, el Guerrero Profundo de la Ballena Blanca se interpuso pero fue apartado de un fuerte manotazo de Baian que lo estampó cerca de donde estaba Tetis, Tritos entendió inmediatamente lo que esto significaba pero antes de que pudiera contraatacar se encontró con el puño del Dragón Marino, que lo empujó hacia atrás para ser recibido por el soneto de Sorrento que lo hizo trastabillar, cayendo de rodillas, al final, la mitad de su cuerpo fue congelada por Isaac. Era increíble, o lo sería para aquellos que no poseyeran el 7º Sentido, pero todo eso había ocurrido en apenas un segundo y aún se estaba acabando, los tres generales vigilaban al Guerrero Profundo mientras, al mismo tiempo, observaban como Baian se abalanzaba contra el caballero astral, quien sonreía esperando el ataque con tranquilidad; cuando sólo unos milímetros separaban su rostro del puño de su adversario, este abrió sus ojos que carecían de pupilas y eran tan rojos como la sangre, la pared de coral estalló en mil pedazos y todo estos trozos fueron a parar en... el cuerpo de Julián Solo que se había interpuesto entre su guerrero y su enemigo, por suerte su cosmos divino había podido rechazar el ken.

- Je. Supongo que después de haber sentido el poder de mi ken, ya no te quedarán dudas de que soy en verdad un Caballero astral de la Orden del Sol. ¿Verdad Poseidón? - Julián no hizo caso de las palabras del guerrero, miró a sus compañeros de armas que lo observaban anonados, se había interpuesto en el ken que iba a dirigido a uno de sus protectores, y no al revés como había dio en el paso de los Siglos, el hecho de un dios protegiendo a un mortal incluso siendo este caballero de la orden de ese ente divino, era algo inconcebible, que nadie hubiera predicho, y menos de un ser tan orgulloso y soberbio como Poseidón, claro que debían recordar que no estaban sólo ante el Dios de los Mares sino también frente a Julián Solo, cuya personalidad, pese a haberse parecido en otros tiempos al dios, había sufrido cambios -

Los generales marinos se reunieron con Poseidón, no sólo los que estaban vigilando a Horatio, sino también Baian, Krishna, Eo, Kayssa, quienes se habían recuperado de las heridas y estaban ayudando a Tetis a incorporarse.

- Julián... - dijo tetis, sin añadir ni una palabra más, pero diciéndole mil y un dichos ante los oídos del joven avatar -

- Nunca pensé que ningún dios, aparte de Atenea, fuera capaz de proteger a un mortal con su propia vida. - dijo Kanon, que parecía el más sereno de todos, junto a Sorrento -

- Mis generales, yo... Sé que no es corriente lo que hice pero... Siento, que fue lo correcto, si tantos valerosos guerreros están dispuestos a dar su vida para proteger sólo una. Entonces ese ideal debe ser muto... Eso es lo que pensé.

- Agradezco lo que hizo, mi Señor... Dijo Baian -

Sin embargo aquel momento tan armonioso se vio truncado por la liberación de Horatio, quien gracias a su cosmos pudo librarse del débil hielo que había formado Isaac. El general de Kraken trató de repetir su táctica pero el gigante repelió su ken con facilidad mientras saltaba lo más alto que pudo, pudiendo abarcar con sus diabólicos ojos todo el Yomutsu y a sus presas marinas, echó hacia atrás sus codos cargando las palmas de sus manos con una terrible fuerza, sin embargo sus movimientos parecían suaves y al mismo tiempo cansarle mucho el esfuerzo.

- ¡Ya es hora que probéis el verdadero poder de un Guerrero Profundo! ¡Ondas de Demolición Marina! - gritó al mismo tiempo que en el aire se formaban unas ondas parecidas a las que creaban las piedras al ser lanzadas contra la superficie de los lagos, el ken fue directo contra Julián y sus guerreros pero estos no temieron y elevaron sus cosmos en conjunto, preparando sus kens.

- Explosión de Galaxias! - exclamó Kanon mientras lanzaba su poderosa técnica que chocó contra la onda a medio camino, parecía que podía retenerla pero de pronto se formó otra honda más fuerte que destruyó el Ken - ¡Maldición!

- ¡Tenemos que unir nuestras fuerzas a las de nuestro Señor Julián y así quizás podamos vencer! - gritó la sirena Tetis, quien se sonrojó al ver como su dios la miraba, pero se calmó al ver como este sonreía asintiendo -

Una nueva onda se formó justo en frente de los generales, debido a la posición diagonal en la que fueron lanzadas, el ken empezó a destrozar gran parte de la superficie de Yomutsu pero los guerreros no pestañearon y elevaron sus auras doradas hasta convertirlas en una sola que rodeó a Julián de Poseidón.

- "Es increíble, siento de pronto una nueva fuerza recorriendo mi cuerpo. ¿Será simplemente el hecho de que mi cosmos es ahora más poderoso? No, realmente, siento que los corazones de esos guerreros que vinieron a mi sin conocerme, llevados por el destino que los dirigió a proteger a su dios, ahora están de mi lado, y no solo de Poseidón. ¿Es esto lo que sentiste Seiya? Sí la unión con tus compañeros es tan fuerte como la que yo tengo ahora con mis generales marinos, mis amigos... Entonces no me extraña que hayas pasado tantas penurias, que hayas sido capaz de herir a los dioses, de retarlos... Ahora lo comprendo todo"

El ken de Horatio al fin desintegró toda la superficie llevándose consigo a los generales, sin embargo Julián permanecía firme, manteniendo con sus fuerzas a los guerreros del Mar que hasta ahora lo habían escudado siempre, su cuerpo irradiaba una luz dorada, era como un dios, sin haber dejado que Poseidón tomara el control de su cuerpo y su mente, sólo le quedaba atacar.

- ¡Designio de los Océanos! - el ken salió como un rayo amarillento, iba a tal velocidad, y con tanta potencia, que las ondas destructoras de Horatio sólo podían retroceder, el Guerrero Profundo no se percató de los acontecimientos y no podía explicarse como de pronto había surgido tanto poder de Julián, elevando su cosmos siguió lanzando ondas demoledoras pero el rayo no se detenía. El "Designio de los Océanos" fue la muerte de Horatio, que desapareció en una fulminante explosión de luz dorada.

El Fuego de Géminis empieza a apagarse

Quedan 9:25 para la muerte de Atenea

Frente al Palacio del Viento, Santuario del Sol y la Luna

Touma de Ícaro miró a su adversario con preocupación, mientras que él elevaba más y más su cosmo-energía, él permanecía frío e impasible como una montaña de hielo, eso hacía que se enfureciera sin dejar de elevar su poder, los centauros veían con ojos rencorosos y sedientos de venganza al Ángel Olímpico, ellos eran no sólo un ejército, solamente se tenían los unos a los otros y sentían cada vez que un compañero suyo moría, y ya eran demasiadas las bajas, era el momento de ver morir a los que en verdad lo merecían, los traidores que afrentaban contra la voluntad divina.

Relámpagos violetas eran disparados por el aura del joven Ícaro, que parecía haber llegado al límite de su poder, aún así su enemigo lo miraba impasible; en un arranque de ira, el ángel soltó una patada dirigida directamente hacia el rostro de su enemigo pero el golpe fue bloqueado por su brazo, la expresión de Touma cambió a un rictus de asombro, y miedo, la mirada del hermano de Marin se cruzó con la de su contrincante y antes de que pudiera decir o hacer nada ya se había sido atacado por el fornido puño de éste, que lo empujo justo contra la "pared circular" de centauros.

- ¡Vamos levanta traidor! ¿No eras tan valiente hace unos instantes cuando humillabas a nuestro Cardenal? - decía uno de los guerreros con sarcasmo -

- Parece que no sabe que hacer... Pobrecito... - dijo otro más grueso con total cinismo -

- ¡Vamos levanta! ¡Que siga el espectáculo! - exclamó entre los gritos de entusiasmo de sus compañeros el primer centauro que había hablando, dándole una fuerte patada al ángel mientras trataba de levantarse, mandándolo justo frente a su enemigo -

El gigantesco guerrero de color espero sin pestañear el momento en que se levantara Ícaro, antes de agarrarlo por el cuello y levantarlo unos centímetros, tras apretarlo un poco, le miró directamente a los ojos.

- Qué pasa... ya no eres tan... ¡Agh! Valiente... Pensé ibas a matarme... - dijo Touma con ironía mientras concentraba su cosmos en cada una de sus extremidades con discreción -

- Antes quiero que me digas una cosa muchacho... ¿Sabes quién soy? - la pregunta dejo anonados tanto a los centauros como a Touma -

- ¿Eh? Ni idea, quizás uno de esos... Caballeros Astrales, o algún caballero renegado que vendió su alma a Apolo sólo para destruir a sus hermanos... - pese a su situación, el ángel no estaba dispuesto a hacerse de rogar, lucharía hasta al final, y jamás pediría compasión por su vida -

- Je, tienes agallas. - río con su voz oscura el tipo de piel negruzca - No, o soy ningún Caballero Astral, ni tampoco uno de los que tú llamas renegados... Mi nombre es Kratos, soy el dios que representa la Fuerza y el valor. Sabiendo ahora eso. ¿Sigues pensando que concentrando todo tu cosmos vas a conseguir algo? - en lugar de asombrarse, Ícaro suspiró, imaginaba que no podía no darse de sus planes -

- Bueno, en realidad, esa Kamei que te protege a irradia ese brillo plateado tan intenso, denota tu nivel divino. - terció Touma, sin dejar su tono irónico -

- Pobre diablo, como todos esos caballeros de Atenea y demás dioses traicioneros, retas el poder divino del Olimpo y osas compararte con los Dioses Supremos. No esperaba eso de un Ángel Olímpico - el tono se volvió más severo y también la fuerza con la que apretaba el cuello del ángel de la Libertad -

- Antes de que me mates... te haré una pregunta... ¿Acaso sabes por qué me uní a Artemisa?

- ¿Qué? - pregunto extrañado, Kratos no esperaba que Toma le preguntara nada, en realidad, esperaba poder matarlo cuanto antes para poder seguir con su labor de proteger aquel sagrado lugar. ¿Qué esperaba su enemigo conseguir con esos actos tan extraños? ¿Ganar tiempo? ¿O quizás simple curiosidad cómo la que él sentía a su pesar por aquellos mortales que retaban a los mismos dioses? La incertidumbre hizo que no dijera ni hiciera nada, esperando una respuesta, sabía que sólo era una pregunta retórica que el mismo contestaría -

- Verás... Al principio pensé que sólo quería ser tan poderoso como un dios, el ser el único humano completamente que había pisado el Olimpo agrandaba mi ego y estaba seguro que un día me sentaría con los grandes, los Dioses del Olimpo, sólo tenía que vencer a quien había logrado lo que yo tanto deseaba: Vencer a un dios; de ese modo sería autoproclamado el ser más poderoso, incluso más que los dioses. Sin embargo... -una corriente eléctrica empezó a rodear a ambos luchadores, al tiempo que Ícaro posaba su mano sobre el brazo del dios que lo aprisionaba a través del cuello - ¿por qué ese deseo de superarme y de ser poderoso? La respuesta estaba n mi pasado, un pasado que los dioses me hicieron olvidar de la única manera en la que saben tratar a aquellos que consideran inferiores, manipulándolo todo, lo que yo en verdad quería y olvidé por 13 años, era proteger a mi hermana Marin, el ser que más amo en el mundo y por el que defenderé este mundo por encima de cualquier cosa. - la decisión en los ojos de Touma hizo trastabillar las fuerzas del dios Kratos, pero también su mente empezó a dudar y no se dio cuenta de lo que se venía, la corriente de cosmo-energía se volvió un torrente de furia cósmica que arrasó con todos los alrededores, borrando de la faz de la Tierra a todos los centauros que huían atemorizados, sin duda el ángel Touma había logrado su sueño, compararse con un dios, fue tal el poder que emanó en aquel instante de él que incluso Apolo paró su eterna música, asombrado, poco a poco el brazó de Kratos fue quedándose sin piel, siendo desgarrado por el ataque, al fin Touma gritó el nombre de aquella técnica, pero su grito no fue escuchado, se ahogó en aquel tormento que desató con toda la fuerza de su corazón, al final todo el lugar estalló en mil pedazos y, tanto el Palacio del Dios Eolo como la barrera que rodeaba el Interior del Santuario, retumbaron ante la manifestación de poder -

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Notas del Autor:

Bien, dudo seriamente que muchos de mis antiguos lectores lean este capítulo, quizás en fin reconozco que fue un acto despreciable por mi parte el no haber actualizado, era lógico a final de curso pero en Verano me invadió una sensación de Pereza infinita, en la que aproveché para tragarme cientos de animes viejos (Sailor Moon) y nuevos (X/1999¡¡SATSUKI!)En fin, el caso es que aquí les dejo un nuevo capítulo y la promesa de tratar de actualizar tan seguido como al principio (recuerden que tengo tres fanfics en marcha ) espero que no me haya salido del estilo que hasta ahora ha tenido el fic pues han sido 5 meses (o 6... o 7) sin tocarlo, en fin, ustedes los lectores lo decidirán.

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