Capítulo 9

"Los Héroes Olvidados"

El Fuego de la Casa de Géminis se ha extinguido

Quedan 9:00horas para la muerte de Atenea

Gran salón, Santuario del Sol y la Luna

El cosmos que irradiaba ahora del cuerpo del Dios del Sol hizo huir a las musas, quienes se llevaron a Seika a un lugar seguro, Dafne observaba todo con frialdad, tanto la furia de su "Señor" como el temor de Artemisa y la indiferencia del misterioso aliado de cabellos azul marino.

Apolo: Maldición... - rugía Apolo entre dientes sin dejar de elevar su cosmos, quemando el suelo que pisaba pues había decidido acercarse a la ventana - ¿Qué ha sido ese cosmos? - preguntó tratando de calmarse, al darse cuenta de que las musas y Seika habían huido despavoridas -

Dafne: Hum No sé, tal vez hayas encontrado la horma de tu zapato Apolo... - dijo con tono hiriente, provocando que Apolo apareciese enfrente a ella, mirándola con furia, al tiempo que la levantaba por el cuello, apretando con fuerza -

- Sería mejor que te calmes... Apolo. - dijo a espaldas de éste el dios marino -

Apolo: No te entrometas... - contestó mirando por encima del hombro a su aliado, sin dejar de apretar el cuello a Dafne, antes de soltarla en el suelo, la ninfa se levantó con dificultad, acariciándose el cuello, inmediatamente dirigió una mirada de odio al dios del Sol, para luego salir corriendo del Gran Salón -

Artemisa: Hermano...

- Escucha Apolo, no entiendo tu sorpresa, ya sabías que el poder de esos santos se ha vuelto inconmensurable, lo sentiste cuando ese Pegaso pudo golpearte...

Apolo: ¡Calla! - gritó con furia mientras su cosmos flameante lanzaba un ken de luz contra el dios marino, que fue absorbido por el cosmos de este - No entiendes nada, ni tampoco tu Artemisa... - siguió Apolo, tratando de calmarse, como si no acabara de golpear a uno de sus aliados - No ha sido un santo quien desencadenó todo ese poder... ha sido Ícaro. - aseguró ante la reacción temerosa de Artemisa -

Artemisa: ¡Touma! - exclamó consternada, teniendo que taparse la boca para no caer del asombro, sin embargo, el otro dios no parecía querer cambiar de actitud tras la revelación -

Apolo: Así es, ese traidor que entrenó en el Olimpo para luego enfrentarlo, un ángel, un héroe de la mitología que tras sus victorias terrenales ha ganado el derecho de servir a los dioses en una nueva vida. Sin embargo hermana, ambos sabemos que Ícaro no es ningún héroe, sino un mortal...

- ¡Los mismos dioses que quieren castigar a los mortales por querer compararse con los dioses, apoyan esa actitud de los humanos! - exclamó con un sarcasmo tan sonoro que Apolo y Artemisa abrieron completamente los ojos de la sorpresa, no esperaban una actitud así de aquel dios tan serio -

Apolo: Cuida tus palabras, no eres más que un anciano que quiere recuperar su vieja gloria... - dijo con furia en sus ojos mientras el misterioso dios simplemente lo ignoraba y se acercaba a la ventana en forma de telaraña, se fijó en que desde ahí podía ver una idéntica en la parte trasera del "Palacete" aunque en realidad parecía más bien un templo como otro cualquiera - ¡Maldito! ¿Acaso ignoras al más poderoso de los dioses del Olimpo? ¡Al hijo del mismísimo Zeus! - por tercera vez consecutiva, el cosmos del dios se incendió, iluminando los rostros de las estatuas de Artemisa y Apolo que parecían observar la escena, a cada lado del Gran Salón -

- Je. - suspiró el dios, mientras miraba por encima del hombro a su aliado como él había hecho anteriormente - Te dejas llevar por tus sentimientos... Como un humano... - ese comentario hizo que Apolo desease matarlo, se acercó unos pasos pero Artemisa lo detuvo negando con la cabeza - en fin parece que ese Touma ha sobrevivido...

Las últimas palabras de aquel ente parecían indicar que quería calmar la situación que el mismo había provocado, sin embargo Apolo no podía dejar de sentir un odio inmenso por aquel ser que por un momento había osado ponerse por encima de él.

Artemisa: ¿Qué piensas hacer? ¿Matarlo? - preguntó tratando de ocultar su preocupación -

- ¿Yo? Los ángeles del Olimpo están a cargo de los dioses del Olimpo, y yo no soy uno de vosotros. Son ustedes los que deberán decidir el destino de ese mortal. - contestó con aquel tono cínico que ya lo caracterizaba, mientras se largaba del Gran Salón, ignorando las miradas rencorosas de Apolo -

Apolo: ¡Espera! - exclamó, odiándose a si mismo por tener que pedirle algo a aquel impetuoso y anciano dios -

- ¿Sí? - dijo con una media sonrisa, esperaba lo que Apolo le iba a decir, así que volteó para escucharlo -

Apolo: Lo que hiciste con esa mortal, tan importante para Pegaso. ¿Podrías hacerlo con Ícaro? - ante la pregunta de su hermano, Artemisa se quedó anonada. ¿Acaso pensaba Apolo lo mismo que con aquella chica? -

- Eso sería posible, sería interesante pues, el poder desatado por ese joven ángel es comparable al de los dioses, sería una buena arma contra esos santos. - reflexionaba para sí ante la impaciencia de Apolo - Está bien Apolo, pero yo no le hice nada a Seika - los hermanos se sobresaltaron, no tanto porque mencionase el supuesto nombre de la mortal sino por afirmar que él no tenía nada que ver en su "lobotomía" - Eso se lo debemos al más poderoso de mis Guerreros Profundos: Dagón del Brujo del Mar, el Devorador de Almas.

Al mismo tiempo que el dios decía aquellas palabras, una oscuridad inmensa empezó a tragar la luz del gran Salón, al tiempo que de la pared cercana a la salida, una figura oscura surgía, cuyos ojos carentes de pupilas brillaban con un fulgor escarlata cegador.

Palacio del Dios del Viento

Sin duda alguna, Eolo sintió toda la ira de Apolo que venía del Gran Salón en la cima del Santuario, seguía observando a través de la ventana el Palacio de los Dioses del Sol y la Luna, no le dio importancia al hecho de que el viejo Palas cayese del susto desde el trono al primer piso, sus quejidos hicieron que la misteriosa diosa de kamei plateada fuera a socorrer al anciano.

- ¿Se encuentra bien padre? - preguntó con frialdad, quizás algo cargada de odio, mientras trataba de levantar a Palas -

Palas: ¡Por supuesto que no! ¡Que demonios le pasa a Apolo! ¿Se ha vuelto loco? - exclamaba a todo pulmón ante la vergüenza de su hija, que cargaba su cabeza en su mano derecha, negando -

Eolo: Sería mejor que te callases un rato Palas.. - dijo en un murmullo, pero lo suficientemente alto como para que pareciera una orden. Antes de seguir hablando el Señor del Viento se sentó en el trono del palacete, teniendo a su derecha al profeta marino Proteo - Debiste haberte quedado vigilando las estatuas de esos caballeros dorados, pero no podías dejar de estar sentado ni siquiera unos siglos... - decía con tono sarcástico - Al menos, supiste calentar el sillón - el vidente del Mar sonrió ante aquellas palabras al tiempo que Palas gritaba con furia -

Palas: Infeliz, tú, un simple dios menor se atreve a hablar así al Gran Palas, Dios de la...

Eolo: Un titán... - empezó a decir con seriedad, cortando al anciano Palas, que se quedó sin palabras - Un aliado de los primeros enemigos de los dioses, una escoria que ha sido aceptada en el Olimpo ante la posibilidad de una Guerra Santa contra los dioses traidores, pero ten una cosa clara viejo infeliz, ni tú ni tus hijos serán jamás considerados dioses, considérate sólo un fiel siervo de nosotros. - palas gruñó con furia asesina, su hija simplemente miró al suelo y apretó con tanta fuerza los puños que salía sangre de sus manos, empezó a encender su cosmo-energía ante el asombro de Palas y se abalanzó sobre Eolo a tal velocidad, que tanto su padre como Proteo se quedaron anonados -

- ¿Siervos? - un sudor frío recorrió el rostro de Eolo al tiempo que proteo se alejaba, pues el cosmos irradiado por la hija de cosmos superaba los de todos en aquella sala - ¡¡Sodoma y Gomorra!!

Cientos de golpes a la velocidad de la luz acorralaron al dios del viento mientras su Kamei resentía los nudillos de la armadura de aquella diosa, el asedio finalizó con un gancho superior que lo elevó por los aires, Eolo trató de mantener el equilibrio pero una fuerte patada voladora lo lanzó contra el suelo del segundo piso, destrozándolo.

La diosa menor observó a un asustado Proteo, que luego sonrió y se alejó prudentemente de aquella que había osado arremeter contra el más fiel de los heraldos del Febo, de todos modos él gozaba de la protección de su Señor, no tenía porque proteger a las ratas del dios Sol.

La joven de cabellos rojos saltó para caer sobre los escombros que había dejado Eolo tras sí, observó que el suelo, que era una representación circular del Sol rodeado por los nueve planetas, había sido totalmente destruido, y apenas se distinguían los planetas exteriores en las enormes grietas y el polvo que se había desatado.

El Señor de los Vientos trató de levantarse pero se dio cuenta de que, el ataque de la hija de Palas, si bien no había dañado su kamei divina le había roto bastantes huesos, su boca no paraba de sangrar por el gancho que le había propinado aquella feroz diosa y enseguida supo que su nariz estaba rota, pese a todo el orgulloso dios se pudo mantener en pie, la dificultad con que mantenía el equilibrio hizo sonreír a Palas quien se puso al lado de su hija.

Palas: Buen trabajo hija mía... Nadie debe insultar a nuestra familia.. - l diosa menor hizo oídos sordos a las palabras de su padre, pues las puertas del palacete se abrieron dejando entrar a su hermano Kratos, al que le faltaba un brazo, y quien con el otro cargaba al chamuscado ángel Ícaro, que dormía moribundo sin armadura - Ah, veo que al fin mi hijo ha regresado... Un verdadero dios que pudo vencer a uno de esos traidores, no como ciertos guerreros de segunda... - ante aquellas palabras, Eolo gruñó, sabedor de que se refería a sus hijos, muertos en combate -

Kratos: No te enorgullezcas tanto padre, si no llega a ser por mi armadura, la sagrada kamei que Hefesto forjó para mí, el ataque de este ángel podría haberme matado. - dijo cortando los halagos de su padre, al tiempo que su hermana se acercaba a él, quien se fijó en el desvalido Eolo, y los nudillos de la diosa llenos de sangre - Veo que has tenido que hacer de las tuyas, hermana. Eres demasiado impulsiva, no puedes enfrentar a nuestros aliados...

- Eolo no es más que un peón de los dioses del Olimpo, no merece nuestro respeto, es tan débil que ni siquiera ha tenido el valor de vengar a sus propios hijos. - aseguraba con voz fría, ante la impasibilidad de su hermano Kratos - Por tanto, no tiene ningún derecho a tratarnos de sirvientes, cuando él no es más que un esclavo. - el comentario de la diosa hizo mella en el orgullo de Eolo, que había logrado recuperar la compostura, y subía al segundo piso, dándoles la espalda para que no pudieran percatarse de su rabia -

Proteo: ¿Por qué no has acabado con es traidor? - preguntó al fin el consejero marino, haciéndose a un lado para que el dios Eolo pudiera descansar en el trono -

Palas: Porque no fueron esas las órdenes de Artemisa. - contestó Palas sonriente, poniéndose al lado de sus dos hijos -

Eolo: ¿De que demonios hablas titán? - preguntó hastiado, usando su cosmos para recuperarse de sus heridas - Yo soy el único que habla directamente con los dioses Apolo y Artemisa, tú no eres más que un subordinado... - la diosa de nuevo dirigió una mirada fría y una sádica sonrisa que hizo trastabillar a Eolo sobre su actitud -

Palas: Te recuerdo que fue la diosa Artemisa quien nos liberó a mi y a mis hijos del Tártaro, de la III Prisión, nuestra principal misión, era proteger este palacio para que el Febo no sea interrumpido por esos santos traidores, pero al mismo tiempo, la diosa de la Caza me pidió expresamente que le trajese al ángel Ícaro, vivo - el relato de Palas, dejó anonados a Proteo y Eolo, que no se lo esperaban, el dios Kratos simplemente subió al segundo piso, pero no para dirigirse al dios del Viento sino para tocar la ventana del palacete,, la cual brilló en una luz intensa que cegó momentáneamente a los dioses presentes, inmediatamente el espacio interior del santuario se volvió oscuro, quedando como única luz una especie de puente entre la vidriera del palacete con la del Gran Salón -

- ¿No quieres que cure tus heridas? - preguntó la diosa pelirroja con su voz tan fría como de costumbre, aunque en aquella ocasión parecía denotar preocupación -

Kratos: Creo que la diosa de la Violencia, Bía, hija de Palas el Sabio, no es la más indicada para recuperar heridas... - dijo con seriedad pero antes de que se diera cuenta su hermana ya estaba a su derecha, el dios Eolo no paraba de sorprenderse de la velocidad que poseía la hija de Palas -

Bía: Cuando alguien ofrece su ayuda, no lo normal es que el otro lo acepte, no creo que te sea muy sencillo luchar de nuevo sin tu brazo derecho. - comentó severa, a lo que el dios de la Fuerza respondió con lo que podría decirse, una sonrisa -

Kratos: Sé que estás preocupada, pero he perdido todo el brazo, no creo que ni tú puedas arreglar algo así, cuida que no te pase y no te preocupes, sabré sobrevivir mientras tenga algo con lo que luchar. - las palabras de su hermano confortaron a la diosa de la Violencia, que vio como Kratos se adentraba en el túnel de luz con el cuerpo calcinado del ángel olímpico -

Antaño Bosque Ilusión

El cuerpo del joven avatar de Poseidón estaba algo adolorido, pareciera que el poderoso choque de kens ocurrido en Yomutsu lo hubiera afectado bastante más de lo que esperaba, con gran dificultad se levantó, cerciorándose de que su armadura no hubiera recibido ningún daño, inmediatamente se fijó en que su cosmos parecía más brillante y dorado, como si el dios Poseidón hubiera despertado de nuevo en su cuerpo, esto asustó un poco a Julián, pero luego se tranquilizó al darse cuenta de que seguía teniendo control sobre sus facultades.

Lo primero en que pensó fue en encontrar a sus generales, supuso que su técnica posiblemente habría acabado con el Guerrero Profundo pero sabía que ni eso podría haber vencido a un caballero astral, sin embargo no sentía ningún cosmos, ni amigo ni enemigo.

Haciendo uso de su aura, el dios recorrió a gran velocidad el paraje desértico, supuso que el ataque que los mandó al Yomutsu había acabado totalmente con el Bosque Ilusión, por lo que no tenía que temer los misterios de aquel lugar, que antaño temieron los más valientes guerreros.

De repente, el avatar se quedó paralizado, concentrando todos sus sentidos, un fuerte rayo de color azul marino destrozó el suelo donde se encontraba, creando un fuerte cráter con trozos de coral, por suerte Julián pudo escapar a tiempo con un gran salto.

- Eso no te servirá. - dijo la misteriosa voz al tiempo que un poderoso cosmos se encendía y los trozos cristalinos del cráter se lanzaron hacia Solo, quien los bloqueó con su tridente para acabar cayendo de pie justo enfrente de su adversario -

Julián: Supuse que un caballero astral no caería tan fácilmente. Tritos de Neptuno. ¿Qué has hecho con mis generales? - preguntó con mirada furiosa encendiendo su cosmos más allá del Octavo Sentido -

Tritos: Sólo los he alejado de nuestro campo de batalla, je, no quería molestias. - dijo con voz demoníaca sin dejar de escurrir un líquido viscoso de sus labios -

Julián: ¿De qué hablas? - preguntó mirando con severidad a su adversario, observando cada uno de sus movimiento en espera de poder atacar -

Tritos: Verás, hace miles de años que esperaba enfrentarte Poseidón... - Julián Solo entornó los ojos sorprendido ante la respuesta del caballero astral, quien parecía bastante complacido con su reacción - Pero tus generales no me interesan, de ellos se ocupará un viejo amigo mío...

Julián: ¿A.. Amigo? - tartamudeó la joven reencarnación del dios Poseidón, bastante confuso -

Tritos: Debiste pasar por su Esfera antes de llegar a mi territorio, te hablo del más fuerte de los Caballeros Astrales, Caronte de Plutón. - Poseidón parecía sorprendido, le estaba hablando del mismo ser que había encerrado a Atenea en el caos y por cuya culpa peligraba su vida, pero no tenía sentido, supuestamente Seiya y sus compañeros lo habían vencido, el avatar decidió escuchar pacientemente el relato de su enemigo antes de hacerle cantar en donde estaban los generales marinos - Sin duda es el más sanguinario de todos lo guerreros que han pisado este sucio planeta, su cosmos no conoce límites, y su alba es capaz de resistir el calor del Sol, él es quien llevará acabo nuestra ansiada venganza... - el caballero astral calló tras pronunciar aquella palabra, Poseidón parecía intrigado, realmente no sabía a que se refería su enemigo - Pero basta de habladurías, va siendo hora de que nos enfrentemos Poseidón, tú y yo, solos, sin interrupciones de inoportunos heraldos o caballeros, en la Esfera Neptuno nadie podrá entrar.

Antes de que Julián pudiera preguntarse que hacía en el interior de la Esfera Neptuno, el caballero astral se abalanzó sobre él, usando su tridente pudo bloquear el arma de Tritos, pero este sonrió, lanzando un ken de luz a través de su arma que resquebrajó la escama de Poseidón y lo empujo varios metros atrás, dejando un surco en la tierra.

Tritos: ¿Te ha gustado Poseidón? Ese es el Rayo de Coral, capaz de destruir cualquier protección, y especialmente si ha sido construida en Tao. - exclamó ante la mirada extraña de Poseidón, que no entendía los continuos misterios que escondía cada palabra que soltaba su enemigo, debido a ese desconcierto, apenas pudo contener el ken de su enemigo, quien sonrío, acercándose a él a la velocidad de la luz para propinarle un puñetazo, pero una certera patada en el estómago junto al poderoso "Trueno de Poseidón" lanzado por el tridente del dios de los mares hicieron que errara el golpe y surcase los cielos para caer de nuevo, sobre sus dos piernas pero debido al golpe cayó de rodillas aguantándose con una mano -

Julián: Agradecería que dejaras esos comentarios con los que tratas de confundirme, lucha con honor o te fulminaré de inmediato. - aseguró con frialdad, apuntando al caballero astral con su tridente -

El guerrero respondió con una sonrisa, se colocó en una extraña posición que no era ni de ataque ni de defensa, y empezó a concentrar su cosmos, tirando al suelo su preciada arma ante el asombro del dios de los mares, la baba escurría por el rostro demoníaco de Tritos, cuyo cosmos alcanzó y superó el 7º Sentido en un abrir y cerrar de ojos.

Julián: "¿Qué pensará hacer?" -- pensó observando el espectáculo cósmico que se le presentaba ante él, el planeta Neptuno parecía aparecer a espaldas de su enemigo, confiriéndole un poder impresionante -

Todo el "desierto" empezó a temblar, empezaron a abrirse grietas en todas direcciones, dejando ver la lava que surgía ansiosa, los vapores que irradiaba el líquido flamígero empezaron a dominar el ambiente ante un asombrado Poseidón, que no entendía lo que estaba pasando, sólo un dios podía someter a la naturaleza. ¿Sería en verdad que el poder de los caballeros astrales es comparable al de los mismos dioses?

El avatar tuvo que concentrar su cosmos para protegerse del aire contaminado por la ceniza, estaba seguro de que ningún ser humano corriente podría vivir en aquel lugar, debido a su aura divina no lo había sentido hasta ahora pero la temperatura se había elevado de una forma nada natural, al menos había superado los mil grados centígrados, de la frente del joven Solo empezó a correr un sudor frío.

Tritos: ¡Espera un segundo Poseidón! ¡Enseguida acabaré el escenario de nuestro verdadero combate! - exclamó sumido en el clímax que debía otorgarle desatar tal poder -

Sin embargo, el dios Poseidón sabía perfectamente que no debía esperar, era ahora o nunca, si no atacaba en aquel momento, seguramente no tendría oportunidad alguna después, el heredero de los Solo elevó al máximo su cosmos para luego desatarlo en el más poderoso de sus ataques.

Julián: ¡Ira de los 7 Mares! - exclamó con voz distorsionada, desatando siete esferas de energía azul que se abalanzaron sobre el sonriente Tritos de Neptuno -

Ante la sonrisa de su enemigo, Julián no trastabilló, estaba decidido a lacar con él, sin embargo, de pronto debajo de él estalló una grieta, siendo cubierto por una erupción de vapor que luego se transformó en lava pura, cubriéndolo por completo, ala par que cientos de corrientes de lava empezaron a surgir en las direcciones más extrañas, rodeando todo el cielo del lugar, como si fuera un puzzle. El desierto se había transformado en un verdadero océano de lava.

Tritos: ¡Puzzle de Fuego Marino! - gritaba mientras las corrientes de lava cercaban cualquier salida de la zona -

Cima de los Riscos de la Locura, Templo Misterioso

Seiya, en compañía de Shiryu, habían dejado que Orestes se enfrentara sólo contra la misteriosa amazona de Escorpio, y ahora se dirigían al misterioso templo, que la guerrera de oro había mencionado como "Palacio del Patriarca"

Enseguida llegaron frente al templo, idéntico al que había al final de las Doce Casas, con la diferencia de que al lado de las puertas habían dos estatuas de oro y marfil, una representaba a la diosa Niké, que representaba a la Victoria y apoyaba siempre a Atenea y a sus caballeros, la otra estatua fue la que dejó extrañados a los dos santos de bronce, era la de un caballero, de ropajes de la Antigua Grecia, que sostenía entre sus brazos una espada de empuñadura dorada y filo de plata, que mantenía clavada entre sus pies, Shiryu supo entender los grabados contenidos en la espada, lo que lo dejó aún mas confundido.

Seiya: La diosa Niké y... ¿Quién será éste? - preguntó el jovial santo rascándose la cabeza -

Shiryu: "La Justicia de la Diosa" - murmuró en un susurro apenas audible, pero que Seiya supo escuchar -

Seiya: ¿Dijiste algo Shiryu? - preguntó nada más oír las palabras de su compañero - ¡No hay tiempo que perder! ¡El fuego de Géminis ya se ha de haber extinguido! ¡Si no nos apuramos no podremos salvar a Atenea! - gritaba impaciente ante la postura reflexiva de su compañero y amigo -

Shiryu: Lo sé Seiya, sin embargo... Si lo que estoy pensando es cierto, un poder comparable al de ese caballero astral que Hyoga venció en la Esfera Saturno, nos aguarda en ese templo.

Seiya: ¿Qué? ¡¡Pero sí Titán era prácticamente invencible!! ¿Qué ser podría tener tal poder sin ser un dios? - preguntaba, si concebir la idea de un enemigo más fuerte que los propios dioses -

Shiryu: Pronto lo sabremos...

Sin murmurar una palabra más, ambos santos se adentraron en el templo, una vez entraron, un misterioso cosmos se apoderó de la entrada, creando una barrera invisible de la que los caballeros de bronce no se percataron, oculto tras la estatua del caballero griego, una guerrero de dorada armadura se hace visible.

Al entrar en el templo, los caballeros de bronce se adentraron en un estrecho pasillo oscuro, ningún rayo de luz parecía osar adentrarse en las tinieblas que reinaban en aquel lugar, por suerte Shiryu, acostumbrado a caminar en las sombras no se vio afectado y guió a su compañero por el paraje.

Cuando salieron del pasillo una luz cegadora los envolvió, teniendo Seiya que taparse los ojos para protegerse del destello, sin embargo el caballero del Dragón pudo servirse de sus otros sentidos para maravillarse con el cosmos sagrado que rodeaba aquella sala, sin embargo un oscuro presentimiento cruzó su mente y se quedó inmóvil, abstracto en sus pensamientos.

Poco después el caballero de Pegaso pudo acostumbrar sus ojos a la magnificencia divina que se erguía frente a él, doce estatuas rodeaban la sala circular, cada una de ellas representaba a uno de los legendarios dioses del Olimpo.

Seiya: Ares, Dioniso, Hefestos, Apolo, Hermes, Zeus... - murmuraba Seiya observando la gigantescas estatuas de los dioses masculinos que rodeaban la parte izquierda de aquella cámara - Hera, Deméter, Afrodita, Hestia, Atenea y Artemisa.

El santo de Pegaso se sentía impresionado por aquellas creaciones que sólo los más delicados artistas podrían crear, cada estatua tenía un estilo diferente, marcado seguramente por unas manos precisas destinadas a la creación de cada una de las representaciones. Lo único en común que tenían eran el oro y el mármol puro con el que fueron construidas, y no sólo eso sino que, el polvo brillante que rodeaba a cada figura como el cosmos, era sin duda una clara muestra de que el Orichalcum y el Gamminium eran los materiales escondidos en su interior.

Al santo de pegaso no le pasó inadvertido que cada dios estaba adornado con una piedra preciosa distinta: Apolo estaba cubierto de rubíes, Artemisa de aguamarinas, Ares de granates... y que se encontraban en coronas que seguramente irradiaron aquella luz cegadora que los paralizó al principio, pues de cada una de ellas surgían luces que chocaban contra una hermosa lámpara cristalina que giraba sin descanso y era aguantada por la estatua pétrea de un ángel de aspecto femenino con un libro en la mano y una rueda en la otra.

Las estatuas de Zeus y Hera eran las más impresionantes pues, fueran cuales fueran las joyas que adornaban sus majestuosas coronas le eran desconocidas al caballero de Atenea.

Lo último en lo que el caballero se fijó, fue lo que más le sorprendió, y también le trajo recuerdos no muy agradables, ante él se erguía una estatua de Atenea, pero no vestida con aquella túnica que enfundaba a la que se encontraba en las puedes de la cámara, sino vestida con su armadura, y cediéndole una espada a un joven caballero vestido con armaduras griegas.

Seiya. ¡No.. puede ser! - exclamó, tragando saliva, sin embargo el Dragón Shiryu llamó su atención hacia algo que lo conmocionó aún más -

Debajo de los santos, en el suelo, se manifestaba una pintura que dejaría a la famosa Capilla Sextina como el dibujo de un chico de parbulario. Dibujado por sin duda el trazo del más grande de los artistas que hubieran pisado la Tierra en la era mitológica, se vislumbraban decenas de caballeros de Atenea, dirigidos por la flamante diosa y sus 12 jinetes de oro, con el mismo caballero de la estatua a su derecha desenfundando la espada contra el que parecía ser Ares, Señor de la Guerra, que dirigía a sus guerreros contra la diosa de la Justicia.

Los santos se miran, no necesitan palabras para decirlo, sin duda alguien que cree ser el caballero más fiel a la diosa Atenea habita ese lugar y los está esperando, lo primero en que piensan los santos es que se trataba de alguno de los compañeros del viejo maestro de los Cinco Picos.

Seiya: ¡Maldición Shiryu! ¡Apenas quedan 9 horas para la muerte de Atenea! Y si lo que estoy pensando es cierto... - murmura Seiya reflexivo, aunque bastante impaciente, observando nervioso la estatua -

Shiryu: ¿Acaso piensas, al igual que yo, que nos espera una nueva Batalla de las Doce Casas? - dijo, más afirmando que preguntando -

Seiya: Hasta ahora, hemos vencido al caballero dorado de Tauro, y Orestes enfrenta en estos momentos a la amazona de Escorpio, las armaduras de Aries y Libra eran enfundadas por el Sagrado Patriarca y el maestro de los Cinco Picos. - contaba con sus dedos, siendo seguido por Shiryu -

Shiryu: Aún quedan: Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Capricornio, Sagitario, Acuario y Piscis. Según las leyendas que me decía mi maestro... - empezó a decir, pero se paró al ver como Seiya ya se dirigía a las salida -

Seiya: ¡Ocho Caballeros! ¡Debemos darnos prisa en enfrentarlos si queremos salvar a la princesa! - gritaba sin voltear atrás, siendo seguido por Shiryu -

El Fuego de la Casa de Cáncer empieza a extinguirse

Quedan 8:40 horas para la muerte de Atenea

Cercanías del Bosque Ilusión

Si algo era cierto del Bosque Ilusión, es que sólo tenía dos salidas, una de ellas llevaba a la parte Norte del Santuario, donde s hallaba la Gran Cascada de la Cordillera de Plata, donde moraban los sagrados caballeros de Plata, quienes tenía el deber principal de proteger el Monte Estrellado, Starhill; la otra era más bien su entrada, frente al Antiguo Coliseo, los generales marinos de Poseidón, no entendían que hacían de regreso en aquel lugar.

Kayssa: ¡Pensé que si vencíamos, saldríamos de ese bosque! - gritó furioso elevando su cosmos, pero siendo tranquilizado por Baian de Hipocampo -

Baian: Tranquilízate Kayssa, lo primordial es saber donde esta nuestro Señor, y asegurarnos de que la salud de tetis no empeore... - murmuró viendo como a unos metros, Krishna trataba de curar las heridas de la sirena -

Eo: ¡Malditos Guerreros Profundos! ¿Por qué se entrometen en esta lucha sagrada? ¿¡Qué tienen ellos que ver!? - clamó al cielo el guerrero, volteando a sus compañeros, esperando una respuesta, sólo Isaac, bastante destrozado por los combates, se atrevió a responder lo que todos pensaban -

Isaac: Tienen que ver lo mismo que Poseidón en una Guerra Santa de Atenea, date cuenta Eo, que esta batalla no podría llamarse de ninguna manera así, es un conflicto, entre los Dioses del Olimpo, y los dioses que protegen la Tierra. - las palabras convencieron al general marino de Escila, quien se sentó bruscamente en el suelo golpeando una roca en el suelo para pulverizarla al instante, tratando de salir de esa sensación de impotencia -

Los generales marinos seguían discutiendo entre sí, excepto Kanon de Dragón marino, y Sorrento de Sirena, ambos observaban el Bosque Ilusión, que extrañamente seguía intacto. ¿No había sido desintegrado por el ataque de Apolo? ¿Sería el Yomutsu en el que enfrentaron a aquel Guerrero Profundo una simple Ilusión? Sin embargo, el general de Sirena pudo contemplar, en la lejanía, una pequeña esfera, tan misteriosa como la que vieron en el Antiguo Coliseo, inmediatamente ambos guerreros supieron que ahía debía encontrarse aquel caballero astral.

Cinturón de Hipólita

Faltaron segundos para que Gyste y Shaina se enfrentaran, Geki quiso intervenir pero el furioso cosmos que irradiaba Shaina le hizo ver que quería enfrentar a su alumna en persona, la lucha entre la Serpiente Marina y Ofiuco se hacía presente ante el choque de cosmos de las dos amazonas, que no tenían piedad la una de la otra, llegó un momento en que tuvieron que dejar espacio, ambas estaban fatigadas por el esfuerzo, y lo mostraban con largos suspiros de cansancio, sin embargo, Geki se dio cuenta de que Shaina, además, estaba malherida.

Geki: ¡Shaina! - gritó preocupado dando un paso al frente pero el cosmos electrizante de Shaina lo paralizó, y también la fría mirada de su máscara de plata -

Shaina: ¡No te entrometas Geki! ¡Esta es mi batalla y nadie debe interponerse!

Gyste: ¡Ja, ja, ja! En realidad, ni siquiera este infeliz hombre debería pisar este sagrado lugar, desde la era mitológica, las más grandes mujeres caballero han entrenado en estos parajes desolados, demostrando su poderío. Recuerdo muy bien Shaina, los continuos enfrentamientos que hacías contra todas tus compañeras de entrenamiento, las vencías a todas Shaina, y yo... ¡Incluso admiraba tu coraje! Pero... Ahora sirves como un cordero fiel a Atenea, traicionando a los verdaderos dueños de la Tierra y el Santuario...

Shaina: ¡Tus discursos no me impresionan Gyste! ¿Dices que me admirabas? ¡NO! ¡Yo te admiraba a ti! Tus sentimientos por preservar la Naturaleza, tus causas eran nobles pese a que tus medios nunca fueron aprobados por el patriarca, ni siquiera por Arles, sin embargo a mi no me movía más que la sed de sangre que Gigas nos inculcó a mi y a los caballeros de bronce entrenados en por él!

- ¡No te permito que hables así del Maestro Gigas! - el gritó sorprendió a los tres combatientes, un cosmos ardiente chocó contra Shaina, pero está fue protegida por el grueso cuerpo del santo del Oso, sin embargo el impacto hizo que ambos cayeran unos metros atrás, dejando un surco -

Gyste: Vaya, de modo que no has podido dejar de venir, Caballero del Fuego... - dijo la amazona ante el suntuoso caballero de la constelación de Fórnax quien lucía un rostro serio -

- Gyste, enfrentándote sólo a un par de santos de baja categoría, sin la intervención de sus poderosos aliados, me extraña que no hayas podido vencer. - decía sin dejar esa expresión llena de rencor hacia los que habían insultado a su maestro -

Gyste: Apenas acabamos de empezar, me da igual que intervengas y mates al mastodonte, pero Shaina es... ¡Mía!

El grito furioso de la amazona de bronce marcó el inicio de un nuevo choque de fuerzas entre las guerreras de Serpiente, al mismo tiempo que un agotado Geki , se ponía frente al caballero del Fuego, quien lo observaba con sadismo.

Riscos de la Locura, Templo Misterioso

Después de atravesar aquella impresionante cámara, los santos de Atenea se toparon de nuevo con una sala oscura, lo único que podían observar era una plaza cuadrangular y, en el centro, un misterioso ser meditando, de ropajes sucios y largo pelo rojo, quien concentraba su cosmos mientras levitaba, estaba de espaldas a los caballeros.

Con prudencia los caballeros de Atenea se acercaron al caballero, sin embargo, sella se acercó demasiado, sin que Shiryu pudiese decirle nada, una flecha de oro cayó justo donde el Pegaso iba a posar su pie, Shiryu suspiró, alegrado de que su amigo hubiese esquivado el ataque, pero su compañero se sentía más bien extrañado.

Seiya: ¿La flecha de oro de Sagitario? ¿Acaso del caballero dorado de la justicia, cuya armadura heredó Aioros, habita este templo? - reflexionó para sí -

Shiryu: ¡Ten cuidado Seiya! ¡Quizás sea el mismo Aioros! - advirtió, sin embargo un fuerte cosmos con forma de León golpeó su espalda, lanzándolo al suelo para quedar tirado contra el suelo -

- ¡Ja, ja, ja! ¿Así que el caballero de Sagitario de esta época se llama Aioros? Mmm ¡Ya recuerdo! Es ese ser que salvó a la diosa Atenea de la locura de los humanos... Aunque pensándolo mejor, si ese loco de Saga hubiera matado a esa diosa de raíz, quizás la Tierra no hubiera sido condenada.

- ¡Bah! No es necesario hablar con estos traidores, es mejor que pasamos directamente a la purificación, y obviemos la confesión de los pecados.

El caballero del dragón se levantó con dificultad, poniéndose a espalda de su compañero Pegaso, en conjunto elevaron su cosmos, de ese modo iluminando la sala parcialmente, ante ambos santos aparecieron dos nuevos enemigos, enfundado armaduras de oro cuyo brillo competía con el del mismo Astro Rey.

- ¡Yo soy Ángel de Leo, y he venido a purificar vuestros corrompidos cosmos en el nombre de la Justicia! - exclamó el que había atacado a Shiryu -

- Ja, ja, ja. ¡Yo soy el más poderoso de los caballeros de oro, Anteo de Sagitario, y os destruiré antes de que podáis siquiera pedir perdón!

Los dos poderosos caballeros se lanzaron contra Shiryu y Seiya respectivamente, Ángel erguía de forma amenazante sus garras de oro que reflejaban terriblemente la furia salvaje del León, al mismo tiempo, Anteo preparaba una de sus flechas que apuntaba a Seiya.

Sin embargo, una poderosa fuerza psicokinética paralizó a los dos guerreros, al tiempo que el misterioso hombre de cabellos rojos se ponía de pie, observando con mirada seria, pero los santos sabían que el cosmos que los estaba aprisionando no provenía del misterioso ser.

- Baal, caballero de Capricornio, veo que has decidido ayudarnos. - dijo el hombre de cabellos rojos, mientras un nuevo adversario de armadura dorada hacía su aparición, lo caracterizaban dos puntos en la frente y un pelo corto y verdoso, además de su fría mirada que congelaba el alma -

Baal: Así es Kraynak, todos los sagrados caballeros de Oro debemos estar unidos en esta odisea para purificar la Tierra de los traidores. - dijo con total frialdad mientras apagaba de golpe su ken mental, haciendo que tanto amigos como enemigos cayeran agotados en el piso, sólo pudiéndose apoyar con sus manos sudorosas y cansadas -

Ángel: ¡Baal! ¿Acaso no sabes quiénes son tus aliados? - preguntó el León Dorado observando a su "compañero", con rencor -

Anteo: ¡Más vale que dejes esa actitud de superioridad si no quieres que la flecha de oro acabe contigo! - gritó apuntando a Baal irradiando un cosmos lleno de ira -

Kraynak: ¡Basta! - gritó provocando una explosión cósmica que hizo retroceder a los impulsivos santos - Recuerden quienes son nuestros verdaderos enemigos.- recordó observando a los caballeros de Atenea, que se mantenían con firmeza frente a los tres caballeros dorados - ¡Que la armadura de Virgo me proteja! - ante su grito, una armadura de oro cubierto por el aura del Sol cubre al ex-santo de Atenea -

Seiya: Shiryu... Parece que después de todo, se avecina una nueva batalla de las Doce Casas... - murmuró a Shiryu, procurando que los cuatro jinetes dorados que se habían reunido en la sala, no escucharan, de todos modos estaban demasiado ocupados con sus rencillas personales -

Shiryu: Seiya, según las historias que mi Maestro me contó, el caballero de Capricornio es uno de los más poderosos, está a la par de la misma amazona de Escorpio, y su psicokinesis es incluso superior a la del Sagrado Patriarca. - un sudor frío recorrió el rostro de Seiya, pero enseguida negó con la cabeza, estaba dispuesto a enfrentar a quien sea con tal de salvar a Atenea -

- Vaya, veo que al fin los juegos han empezado... - el comentario llamó la atención de los santos de bronce, pero también los cuatro caballeros de oro miraron al lugar del que provenía aquella voz -

Lo que sucedió después, ni Seiya ni Shiryu lo esperaban, cientos de velas se encendieron dejando ver un inmenso Coliseo Interior, las gradas estaban vacías, en el palco de enfrente estaba un ser al que no esperaban, el Patriarca, pero no llevaba el casco rojo que escondió la identidad de Saga durante la Batalla de las Doce Casas, sino que dejaba al aire el orgulloso rostro de Arles, hermano de Shion, a su lado estaba el antiguo caballero de Géminis, cuyo cosmos era sin duda el más poderoso.

Arles: ¿A que esperáis Antiguos Caballeros de Oro que enfrentaron al mismo Hades?¡Haced que vuestro Patriarca disfrute de la purificación de estos traidores! ¡Destruidles!

El grito de guerra del "Patriarca" hizo que los cuatro caballeros se lanzaran contra los santos de Bronce. Kraynak y Baal fueron directos a por Shiryu, que encendió el sagrado cosmos del dragón, sin embargo Seiya se vio obligado a enfrentar al León Dorado Ángel y su traicionero compañero, Anteo de Sagitario, el Patriarca Arles observaba todo con una oscura sonrisa, que en realidad ocultaba un terror superior al que nadie en esa sala sentía, su sombra, que estaba viva, lo observaba con ojos rojos.

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Notas del Autor:

De nuevo, con retraso, les traigo una nueva entrega de Juicio Divino. La cosa se empieza a poner interesante, los dos caballeros más fieles a Atenea a enfrentan a un verdadero reto, una pelea contra cuatro (¿o cinco?) caballeros de oro ante la mirada del misterioso Arles. El próximo capítulo estará lleno de intrigas y secretos, espérenlo. Comentarios, sugerencias y demás a: lordomegawandoo,es o a