CAPÍTULO 6
Temperance y Booth fueron al FBI, informaron a Cullen de las novedades del caso y luego Seely telefoneó a las dos empresas de porcelana que les había facilitado Hodgins, se identificó como agente del FBI y les pidió amablemente si podían enviarle por fax una lista de todos los compradores del estado. Ambas empresas colaboraron gustosamente y en pocos minutos ya Booth tenía las listas en su mano. En una figuraban unos 7 nombres y en la otra 5.
- Aún así siguen siendo muchos – dijo Brennan.
- Sí, pero es mejor 12 personas que todo un estado entero, ¿no?
- En eso tienes razón – admitió.
- De todas formas empezaremos por los que más cerca viven de la casa de la víctima – sugirió Booth -. Y son 2: Andrew Johnson y Bernie Dickens. ¿Crees que éste último puede ser familia de la víctima?
- Booth debe haber miles de personas que se apelliden Dickens en todo el estado, y no todos son familia.
- Ya lo sé Huesos, pero nunca se sabe… el hecho es que ese nombre me suena bastante – dijo pensativo mientras buscaba unos papeles en su mesa.
- ¿Qué estás buscando, Booth?
- Ajá, aquí está, lo sabía – dijo satisfecho tras mirar una hoja de papel impresa.
- ¿Qué es eso? – preguntó Temperance.
- Es la hoja de la denuncia que puso la familia de Lauren cuando éste desapareció, mira quienes son los denunciantes – dijo extendiéndole el documento para que lo leyese.
- "Su esposa Nicole y su hijo Bernie Dickens" – leyó textualmente -. Aún así hay mucha gente que se pude llamar como él, Booth.
- Sí, pero no viven en la misma dirección. El domicilio de Bernie el hijo coincide con el del Bernie Dickens que figura en una de las listas, así que iremos a hacerle una visita.
No había tiempo que perder, así que inmediatamente se fueron hacia allá. Bernie Dickens vivía a sólo unos kilómetros de sus padres, y su casa no era tan modesta como la de éstos, él llevaba un estilo de vida diferente, era evidente por la casa que tenía, una gran casa de dos plantas, y seguro que también tendría jardín, pero el muro que le servía de valla impedía la vista.
Booth y Brennan llamaron al videoportero y no tardaron mucho en responderles:
- ¿Qué desean? – preguntó una masculina.
- Soy el agente Booth del FBI – dijo Booth mostrado su placa a la cámara del videoportero – y esta es mi compañera, la doctora Temperance Brennan, del Jeffersonian. Venimos para hablar sobre su padre, Lauren Dickens.
- Está bien, pasen – y acto seguido sonó el pitido que indica que empujes la puerta para entrar.
Los dos pasaron al interior y como habían sospechado, efectivamente ante ellos se abría paso un gran jardín, que contenía una pequeña senda hecha con piedras que indicaba el camino hacia la casa. A un lado del jardín pudieron observar una piscina, con un par de hamacas para tomar el sol.
- Tú podrías permitirte una casa como esta, Huesos – empezó a decir mientras seguían el caminito hacia la casa.
- Oh Booth, no empieces otra vez con lo mismo, no necesito otra casa.
- No estoy diciendo que tengas dos casas, podrías dejar la que tienes y construirte una como esta, después yo vendría a visitarte y me pasaría el día en la piscina – dijo sonriendo.
- Tampoco necesito cambiar de casa, la que tengo me gusta.
- Buenas tardes – ya habían llegado a la puerta de la casa y Bernie les esperaba -. Pasen, por favor, y pónganse cómodos – dijo después de haberles llevado hasta el salón principal -. ¿Desean algo para beber o para comer?
- No gracias – dijo Temperance.
- ¡Wau! – exclamó Booth fascinado al ver la enorme tele de plasma que tenía ante sus ojos.
- Cincuenta pulgadas y máxima calidad de imagen – presumió Bernie.
- Es alucinante, creo que no había visto una tele tan grande en mi vida – dijo Booth todavía embobado.
- Booth, – susurró Brennan dándole golpes con el codo – no hemos venido aquí para eso.
- Sí, tienes razón – volviendo a centrarse -. Señor Dickens hemos venido aquí para hablar sobre su padre.
- Oh sí, es cierto. Mi madre ya me ha dado la noticia – dijo apenado -. Nosotros todavía esperábamos encontrarle con vida…
- Lo sentimos mucho, pero tenemos que hacer algunas preguntas – dijo Booth.
- Sí, todo lo que sea para que sean qué es lo que le ocurrió a mi padre.
- ¿Cuándo fue la última vez que vio a su padre?
- Hace dos semanas, cuando mi mujer y yo fuimos a visitarlos a mi madre y a él. Solemos ir todas las semanas, pero la semana pasada no pudimos porque a ambos nos tocaba trabajar.
- ¿A qué se dedica, señor Dickens? – preguntó Temperance.
- Oh por favor, llámenme Bernie, tengo solamente 28 años.
- Está bien Bernie, ¿en qué trabaja? No todo el mundo puede tener una casa como la suya… - dijo Booth.
- Soy arquitecto, pero verdaderamente esto más bien se lo debo a mi mujer, ella es la presidenta de la empresa en la que trabajo, y gana más dinero que yo.
- Entiendo – dijo Brennan -. Veo que le gustan mucho las figuras de porcelana – dijo señalando algunas que había en el salón.
- Sí, que se puede parecer raro para un hombre, pero es algo que me ha gustado desde que se las veía a mi madre cuando era pequeño, aunque con la diferencia de que yo no colecciono ni muñequitas ni figuritas de mujeres, me gustan cosas más originales, como barcos, animales… Vengan conmigo, les enseñaré mis figuras más preciadas.
En otras condiciones Brennan y Booth se hubieran negado a semejante invitación, pero en esta ocasión ambos aceptaron, pues comprendieron que era la ocasión ideal para comprobar si los restos de la figura del águila calva con la que golpearon a Lauren Dickens estaba en esa casa.
- Bernie los guió hacia una habitación en la que tenía unas vitrinas con algunas figuras más. Miren, esta es mi favorita, nuestro águila nacional – dijo y les mostró una figura idéntica a la que había sido usada como arma homicida. Brennan y Booth se miraron.
- ¿Me deja verla? – dijo Temperance pidiéndole la figura.
- Sí, pero tenga mucho cuidado, esta es muy cara – dijo depositándosela en las manos con el máximo ciudado.
- Temperance cogió la figura en la mano y la observó desde todas las perspectivas posibles, y comprobó que estaba intacta. Era imposible que esa fuese el arma homicida, porque al golpear el cráneo de Lauren la cabeza del águila se había roto por completo, y lo que quedaría de la figura sería el resto del cuerpo del ave.
- ¿Tiene más como esta? – le preguntó Booth mientras Temperance le devolvía la figura.
- No, como ya le dije esta es muy cara, es de un tipo de porcelana especial y sólo se hace por encargo. Tener una es todo un privilegio – respondió Bernie.
Brennan le hizo señas a Booth de que no tenían nada, así que se despidieron de Bernie y se fueron. Eran ya las 8 de la tarde y ahora se dirigían a la casa de Andrew Johnson, la segunda persona de las listas de las empresas de porcelana que más cerca vivía de la víctima. Mientras tanto, durante el camino comentaron lo ocurrido en casa de Bernie Dickens.
