Capítulo 11
"¡Secretos del Pasado! La Tragedia de Lemuria"
El Fuego de la Casa de Leo ha empezado a extinguirse
Quedan 7:45 horas para la muerte de Atenea
Antaño Bosque Ilusión, Santuario del Sol y la Luna
Los generales marinos y la sirena Tetis habían notado la reacción de Sorrento, el hombre que había aparecido irradiaba un poder fuera de lo común, su cosmos parecía el de un dios, y de sus ojos emanaba una fuerza maligna bastante hipnotizante.
Isaac: ¿Qué ocurre Sorrento? ¿Acaso conoces a este hombre? - preguntó el Kraken, mostrando ser el más confundido de entre sus compañeros -
Sorrento: Im... posible.. ¿Caronte? - tartamudeó, sin poder salir de la impresión que parecía causarle la presencia de aquel tipo -
Kayssa: ¿¿¡¡QUÉ!!?? - exclamó de pronto el demoníaco general, llamando la atención de los demás - ¿Hablas del mismo Caronte del que tanto hablaste desde hace dos generaciones?
Eo: El... Eso es imposible. ¡Sorrento! ¡Nos contaste que tu enfrentamiento con Caronte fue hace 3000 años! ¿Cómo explicas su presencia aquí? ¡Ahora!
Krishna: "La única explicación posible es que se haya convertido en un dios pero, con las referencias que Sorrento nos dio de este ser, sería una locura que los dioses del Olimpo lo hubieran aceptado.." - pensaba en silencio el más sereno de entre los generales de Poseidón -
Isaac: No entiendo nada... ¿¡De qué hablan!? ¿Cómo es posible que Sorrento haya enfrentado a alguien hace 3000 años? - preguntaba lleno de dudas -
Caronte: Así que tenéis a un novato en vuestras filas, tú también eras un novato cuando nos vimos por primera vez. ¿Lo recuerdas.. "Sirenita" ? - dijo el guerrero, con total cinismo en cada palabra -
Baian: ¡Infeliz! ¡No permitiré que insultes de ese modo a un honorable general marino! ¡Vientos Huracanados!
El furioso guerrero de Hipocampo se lanzó cual bólido contra el misterioso ser, sin escuchar las advertencias del general de Sirena, el cosmos del general se encendió como nunca antes, llagando a rozar el 7º Sentido, sin embargo, cuando el mortal ken estuvo apunto de golpear a Caronte, éste agrandó sus filosas garras color escarlata, y acuchilló el duro rostro de Baian, para luego derribarlo de una fuerte patada que destrozó por completo el peto de su armadura, para acabar, el monstruoso caballero agarró del cuello a su adversario, y lo lanzó a los pies de los generales, que observaban anonados como un de ellos había sido vencido con tanta facilidad.
Tras un corto tiempo de sorpresa, el general de kraken frunció el entrecejo y encendió su cosmos con furia, tratando de alcanzar de nuevo el Cero Absoluto, sin embargo, sus compañeros Kayssa y Eo se adelantaron.
Kayssa: ¿Te crees el diablo jovenzuelo? ¡Te mostraré lo que es ser un demonio! ¡Infierno Marino!
Eo: ¡Prueba el poder de las Seis Bestias de Escila!
Caronte pudo esquivar con facilidad los millares de embistes del general de Leumnades, pero las cosas empezaron a tornarse más difíciles cuando el aguijón de la abeja reina logró provocar un ligero rasguño en su frío rostro, esto sirvió para que el guerrero elevara sus sentidos, logrando esquivar la inhalación del vampiro y el desgarrón del águila gracias a sus resistentes antebrazos.
Cuando las bestias restantes junto al ken de Kayssa estuvieron a punto de golpear a Caronte, éste saltó lo suficiente para poder ver con claridad los puntos débiles de las criaturas de Esquila. Mediante una lluvia constante de patadas que parecían ser meteoros, Caronte neutralizó al lobo, el oso y la serpiente del manto marino de Eo, destrozando su escama, para acabar dejándolo inconsciente tras un fuerte puñetazo en el rostro; sin siquiera pisar el suelo, el monstruoso adversario desgarró por completo la cara de Kayssa con sus"colmillos de cancerbero", que raparon la faz del marino de forma vertical, provocando que Leumnades perdiese el equilibrio y cayera al suelo abatido, emanando sangre de las incontables heridas provocadas.
Isaac: ¡Pagarás maldito! ¡Aurora Boreal! - exclamó, harto de ver caer a sus camaradas caer sin que él pudiera hacer nada -
Ante la mirada atónita de Isaac, Caronte se mantuvo erguido mientras su ken apenas generaba una ligera y casi invisible capa de hielo que enseguida se convirtió en agua tibia que recorría rápidamente el flamígero cuerpo del guerrero, que sonreía cínicamente.
Caronte: Veo que eres tan "inteligente"... - comentaba con sarcasmo - como tu querido amigo Hyoga, ni en mil años podrías siquiera refrescarme con una brisa tan caliente -
Isaac: "¿Pero, de qué habla? Estoy seguro de haberme acercado bastante al Cero Absoluto. Debería haberse congelado al instante..." - pensó confundido - ¿De qué conoces tú a Hyoga infeliz?
Caronte: Uno de los caballeros de bronce que se enfrentaron hace rato conmigo. El Cisne creyó que su candente temperatura me había vencido. ¡Ja! ¡Qué iluso!
Isaac: ¡Sólo dices tonterías! ¡Hyoga maneja totalmente el Cero Absoluto que es la más baja temperatura! Ahora sentirás ese poder, aunque muera en el intento, haré que te tragues tus palabra... ¡Aurora Boreal!
En esta ocasión, el ken del general de Kraken alcanzó la mínima temperatura, congelando todo a su paso, sin embargo, Caronte simplemente recibió el impacto, encendiendo ligeramente su cosmos.
Ante el total desconcierto de Isaac, su ken desaparecía a varios metros del guerrero, siendo desintegrado por una especie de escudo flamígero generado por el cosmos de Caronte. Sin ánimo de rendirse, Kraken lanzó de nuevo la técnica congelante con el poder del Cero Absoluto, pero de nuevo pasó lo mismo.
Caronte sonrió al ver la cara de cansancio que cargaba Isaac, sin duda había enfrentado a incontables enemigos antes que a él, y eso le estaba costando la conciencia, seguramente caería tarde a temprano, pero él no tenía pensado esperar más.
Caronte: Creo que ya me has demostrado todo lo que sabes hacer niño, ahora sentirás lo que es el verdadero poder... - aseguró con una sonrisa siniestra mientras afilaba sus temibles garras escarlata - ¡Por los colmillos de cancerbero!
A una velocidad fuera de lo común, Caronte corrió directo a Isaac, quien no pensó ni dos veces volver a lanzar su ken, el haz de energía azulada capaz de congelar el mismo fuego fue despedazada por las garras de Caronte, que golpeaban puntos fijos de la corriente helada, permitiendo al guerrero llegar frente a su adversario.
Nada más los dos enemigos estuvieron cara a cara, se inició un choque de golpes y contragolpes en el que enseguida Caronte empezó a tomar ventaja; antes de que Isaac pudiera evitarlo, Caronte hizo incendiar su puño derecho y derribó a Isaac, rompiendo el peto de su escama, el Kraken trató de levantarse pero una certera patada en la nuez por parte del guerrero lo dejó inconsciente.
Caronte miró sonriente a los dos generales que quedaban, Sorrento estaba realmente paralizado ante el increíble y aterrador poder que su antiguo enemigo desprendía, pero Krishna no se echaba atrás y blandía su lanza sagrada, dispuesto a enfrentarse a quien fuera necesario para defender a sus camaradas, y lo mismo pasaba por la cabeza de Tetis.
Caronte: Parece que aún quedan dos crustáceos y una sirenita... Llamada Sorrento. ¿Empezamos?
Esfera Neptuno, Antaño Bosque Ilusión
Julián Solo apenas había salido de su asombro ante el poder de Tritos, que ya le había empezado a asediar con su fulminante "Rayo de Coral". Con un fuerte impulso, el joven avatar lanzó su tridente, que atravesó fácilmente la lava del laberinto formado por el caballero astral, sin embargo, Tritos simplemente apuntó el arma divina con su mano con la palma descubierta, haciendo que se volviera en contra del dios.
Con un esfuerzo sobrehumano, Julián pudo retener el tridente, que había sido relanzado a una velocidad que incluso a él le había costado vislumbrar, sorprendentemente, el dios de los océanos sintió un infernal calor que le hizo soltar su sagrada arma, al ver sus manos, pudo observar que estaban enrojecidas y cubiertas de algunas capas de tono negruzco, para él no había duda, la lava que lo rodeaba no era normal.
Al volver a ver a su adversario se topó con que ya no le era visible, por un momento el dios creyó que se había vuelto invisible pero, gracias a su cosmos y sus sentidos, pudo percatarse de que Tritos se estaba moviendo a una velocidad superior a la luz infinitas veces, desplazándose entre los agujeros que dejaba el puzzle de lava de forma perfecta, sin posibilidad de error.
Concentrando al máximo su cosmos, pudo sentir los destellos de energía, ocultos pero intensos, que irradiaba el caballero astral; en apenas un microsegundo, el dios de los mares fue brutalmente golpeado por el tridente de su enemigo, que atravesó parte de su escama, provocando que un chorro de sangre cayese al suelo y que el joven Solo soltase su arma, al tiempo que caía al suelo de rodillas, escupiendo brotes de líquido sangriento.
Tritos: Veo que no has podido esquivarlo. - puntualizó sonriente mientras arrancaba su tridente del pecho de Poseidón, provocando que éste cayese al suelo, sólo manteniéndose gracias a sus manos, que ardían infinitamente a causa de lo ardiente del suelo - ¿No lo entiendes verdad Poseidón? Incluso almacenando en tu interior el alma de un dios, utilizas un cuerpo humano, y la lava que yo he sacado del interior de la tierra, posee un calor comparable al núcleo de la Tierra, bastarían unos segundos de contacto, para que perdieras tus manos.
Para Poseidón aquello le sentó como un baño de agua fría, si al menos pudiera desatar todo su cosmos podría hacer que el mismo ardor del Sol se convirtiera en las más helada de las brisas, pero eso significaría el despertar total de uno de los tres Crónidas, un peligro aún mayor que el propio Apolo.
Tritos: ¿Sabes? Aunque la idea de rematarte ahora mismo se me antoja bastante, no quiero eliminar a un pobre diablo como Julián Solo. - el avatar de Poseidón, miró con rabia a su enemigo, sin poder levantarse, mientras un hilo de sangre recorría su mentón incesantemente - No, yo quiero aplastar al dios que nos traicionó, al ser mezquino que no supo apreciar nuestra eterna lealtad y permitió la destrucción de nuestro pueblo.
Con gran dificultad, Julián pudo ponerse de pie, aunque tambaleándose, el joven avatar sabía perfectamente que si aún permanecía vivo era porque Tritos así lo quería, sin duda el poder de los caballeros astrales superaba todo lo imaginable.
Julián: ¿De qué hablas? - preguntó con dificultad, acercándose al caballero de Neptuno, tambaleándose - ¿Qué yo exterminé... a tu... pueblo?
Tritos: ¿Exterminar? ¿¡Tú!? ¡No! Tú simplemente dejaste que pasara. ¿Acaso no recuerdas? Quizás un corto viaje al pasado te haga recordar, y con suerte podré tener mi revancha contra el "Dios de los Mares"
Poseidón no podía creer tal despliegue de poder, Tritos hizo estallar su cosmos, que pasó de ese color fulgente propio de los guerreros del Sol a un color azul marino, brillante como el mismo fuego, pero del color del agua, aquella aura cubrió toda la zona, atrayendo corrientes de magma y lava que se dirigieron a toda velocidad contra ambos guerreros, Julián pensó que moriría pero, increíblemente, la lava tomó la forma de una especie de serpiente que fue rodeándolos en forma de espiral, hasta que los cubrió por completo y tomó forma de cúpula, que parecía mostrar imágenes del pasado.
Templo Misterioso, Riscos de la Locura
Para el caballero de la Corona Boreal Solar, era incomprensible lo que le costaba dar un mísero paso, un fuerte ardor en el estómago comenzó a hacerse presente, el corona cayó de rodillas, sólo pudiendo aguantarse gracias a las manos, un sudor frío empezó a generarse por todo su cuerpo y gotas de sangre salían de su nariz, para Orestes no había duda, estaba al borde de la muerte.
Con la vista nublada observó el techo de la sala en la que se encontraba, los rostros de los Doce Dioses del Olimpo lo miraban inquisidores, pareciera que eran el jurado de su propio juicio final.
- Así que tú eres el bastardo que asesinó a mi hermana. - comentó una voz aguda, que resonó por toda la zona -
- Infeliz traidor. ¡Sentirás los peores castigos en el Tártaro, pero antes sufrirás nuestra ira! - aseguró otra voz, algo más aguda que la anterior -
El corona con gran dificultad se levantó, sonriente, sus verdugos ya habían aparecido, dos caballeros de oro permanecían firmes frente a la salida del recinto, con un fuerte odio en sus ojos. Orestes alzó sus puños y elevó su cosmos como pudo, aquella sería su última batalla.
Cinturón de Hipólita, Santuario del Sol y la Luna
Geki notó enseguida como su compañera de armas caía abatida, habiendo vencido a Gyste, pero no había siquiera segundos para pararse a ayudarla, el caballero de Fórnax no cesaba en su intento de acabar con el santo de Oso, quien no podía hacer más que esquivar los continuos ataques de su temible enemigo.
- ¡Ja, ja, ja! ¡Ahora que Shaina ha caído, ya nada podrá protegerte caballero de bronce! - aseguró el guerrero, lanzando una tanda de bolas de fuego que por poco destruyen a Geki, que pudo salvarse gracias a su velocidad -
Geki: "Maldita sea, este monstruo parece ser incluso tan rápido como un caballero de oro, no, sólo sus llamas lo son, este caballero no puede alcanzarme con sus golpes y por eso se vale de sus ataques de fuego pero... aún sabiendo eso... ¿Cómo podría?"
Los pensamientos de Geki fueron cortados por una lluvia de bolas de fuego, sabedor de que no podría esquivarlas, el caballero de bronce cruzó los brazos frente a su rostro y elevó su cosmo-energía hasta donde le llegaban las fuerzas, una enorme explosión sucedió frente a los ansiosos ojos del caballero de fuego, quien saboreaba ya su victoria.
- ¿Lo ves santo endeble? Nada pudiste hacer contra mi poder, mis técnicas de fuego junto al poder del Sol son un arma absolutamente... ¡¡MORTAL!!!
Antes de que el humo causado por la reciente explosión se disipara, el caballero lanzó dos torrentes de magma a través de sus brazos, no quería correr riesgos, sin embargo no se percató de algo muy importante, y es que ahora sus brazos estaban inutilizados, de repente de entre el humo y las llamas apareció Geki, corriendo entre los dos kens de fuego a una velocidad vertiginosa, en su puño cargaba la furia del "Rey de las Bestias", que sin duda atravesaría la coraza del guerrero flamígero, ni siquiera cuando el santo de Fórnax cruzó las dos corrientes de fuego pudo detener a Geki, era pura geometría, aquellas dos fuerzas sólo se cruzaban en un punto, el santo de Oso ya lo había atravesado, pareciera que era el final del guerrero pero, en un movimiento inesperado, éste finalizó su ken y esquivó por muy poco el ataque del caballero de Atenea, que rasgó su brazo derecho inutilizándolo.
Pero era demasiado pronto para cantar victoria, una ligera sonrisa de Geki le demostró que él esperaba aquella reacción, antes de que el santo de Fórnax pudiera hacer nada, el caballero de Atenea ya lo había sujetado fuertemente por los brazos y las piernas, inmovilizándolo.
Geki: ¡Idiota! Esperaba que esquivaras un ataque que ya veías venir, era algo lógico, sólo quería distraerte, hace tiempo que deduje que tú no eres lo suficientemente rápido como para enfrentarme cuerpo a cuerpo, y que por eso no hacías más que lanzarme aquellas bolas de fuego, ahora estás inmovilizado por la más mortal de mis técnicas... ¡¡El Abrazo del Oso!!
Los fuertes brazos del guerrero presionaban de tal modo el cuerpo de su enemigo que le era imposible si quiera moverse. El caballero de Fórnax notó el crujido de varios huesos pero no estaba dispuesto a mostrar dolor, debía haber alguna forma de poder zafarse de aquel ataque.
- ¡Je, je, je! ¿Crees que estoy vencido? Recuerda que aún poseo las llamas más ardientes del mundo, si no me suelas, no podrás esquivarlas. - aseguró el caballero de Fórnax, tratando de no mostrar signos de flaqueza -
Geki: ¡Adelante caballero! ¡Tú también sufrirás tu propio ataque! - contradijo sonriente, a lo que su enemigo murmuró mil maldiciones -
- "Maldición, ese infeliz tiene razón, pero... Es posible que la armadura bendecida por Apolo pueda protegerme, sí, no saldré peor parado que este caballero de bronce... de todos modos, es eso, o morir aplastado" - reflexionaba el guerrero de fuego, al tiempo que elevaba fuertemente su cosmos -
Geki: ¿¡Qué haces!? - exclamó extrañado, tratando de aguantar el calor que emanaba del guerrero - ¡No me harás flaquear por mucho que eleves tu cosmos, en unos segundos caerás inerte al suelo, ríndete y salvarás la vida!
- ¿Por qué he de rendirme en una batalla que ya he ganado? ¡Siente la presión de tu derrota! ¡¡ERUPCIÓN VOLCÁNICA!!
Ante la total sorpresa de Geki, bajo sus pies se quemó el suelo, antecedente del más poderoso ken de su adversario, un terrible torrente de magma los atacó a ambos como si fuera una verdadera erupción volcánica, debido al dolor causado por el ataque, Geki cayó inconsciente al suelo, mas aún vivo; el caballero de Fórnax se salvó gracias a la protección de su armadura, tal y como lo había pensado.
- ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! - reía de forma maniática - ¿Lo ves oso pardo? ¡¡Nada puede detener mis llamas!! Y mi armadura es lo suficientemente resistente como para protegerme.. Y ahora, podrás clamar maldiciones en mi contra cuando estés en el Tártaro.
Lentamente, con una sonrisa repleta de locura homicida, el caballero de Fórnax se acercó al inconsciente Geki, cuya piel ardía por el ataque recibido y apenas podía abrir los ojos, todo parecía indicar que aquel era su final pero, el sentir una poderosa cosmo-energía detrás hizo que el asesino volteara, ignorando al santo de Oso.
- ¿Quién eres? - preguntó asustado, aquel guerrero portaba una armadura de plata, no bendecida por Apolo, era sin duda la original -
- No puedo criticar tus actos pasados en contra de los caballeros de Atenea, yo también actúe de la misma forma, todos estábamos influenciados por la megalomanía del patriarca Arles, que en realidad era el caballero de Géminis, Saga. Sin embargo, ahora Atenea nos necesita más que nunca, enfrenta al temible Apolo, dios Sol, hijo de Zeus. ¿Cuál es tu excusa para no pelear en su nombre?
- ¿De qué diablos hablas? - preguntó con rabia, las palabras de aquel santo lo habían desconcertado, se trataba de un caballero de su misma generación, que luchó en el nombre de Arles, pero él nunca conoció a ningún caballero de plata, exceptuando a las amazonas Shaina y Marin, así que no tenía ni idea de contra quien se estaba enfrentando - ¿Quién eres?
El caballero, de mediana estatura, rostro sonriente y bronceado, y pelo largo hacia arriba de color grisáceo, miró con firmeza al guerrero de la llama, haciendo que éste diera varios pasos hacia atrás, mostrando flaqueza.
- Spartan de Brújula, caballero de plata al servicio de la diosa Atenea, fui yo quien encendió el Reloj de las Doce Casas, pues sólo son necesarias doce horas para que la verdadera justicia se imponga sobre la arrogancia divina.
- ¡Estás loco! Apolo representa el poder y por tanto la justicia... ¡¡Y ESO TE LO VOY A DEMOSTRAR!! ¡¡¡Torre de Fuego Infernal!!!
De nuevo, el caballero de la llama lanzó el ken con el que pretendía rematar a Geki hacía poco, pero en esta ocasión el ataque fue inmediatamente detenido por la fuerza mental de Spartan, que devolvió el ataque con el doble de potencia.
- ¡¡Ja, ja, ja!! ¡Poco importa cuanto fuego me lances bastardo plateado! Esta armadura es inmune al calor. - aseguró eufórico, recibiendo de lleno su propio ken, que fue absorbido por su armadura -
- ¡Pero no es inmune a mi fuerza! - gritó una voz detrás del caballero de Fórnax, quien no necesitó voltear para darse cuenta de que Geki se había recuperado - ¡Golpe del Rey de las Bestias! - el puño del santo de Oso, más poderoso que nunca, atravesó limpiamente el corazón de su enemigo, matándolo en el acto -
Cima del Santuario del Sol y la Luna
Apolo y Artemisa, los dos dioses gemelos que representaban los astros que vigilaban la Tierra, miraban el Santuario en su totalidad, sintiendo cada batalla que allí se generaba, pese a que Artemisa parecía preocupada, Apolo mantenía una actitud altiva, como siempre se había mostrado desde tiempos mitológicos.
Apolo: ¿Por qué hermana? No comprendo vuestro interés en ese simple mortal. ¿Quizá os atraiga su fuerza desenfrenada, capaz de rivalizar con los dioses? - preguntaba el dios Sol sin mirar a su hermana, tratando de buscar una razón coherente a los sentimientos de ésta -
Artemisa: No sé lo que siento hermano, desde que vi a Ícaro por primera vez, siempre supe que era especial pero... Cada vez me siento más unida a él, y cuando vi su reprobable estado... Sentí un dolor muy agudo, algo que nunca había sentido.
Apolo: Hum - soltó de pronto, como una especie de risa, sin abrir los labios, mirando de reojo a su hermana - Igual pasó con ese cazador impertinente, Orión. Al final, cuando nuestro padre lo ascendió al Olimpo, como Caballero Kundalini, dejaste de prestarle atención, pronto pasará lo mismo con Ícaro, por mucho que trates de diferenciarte de las demás, eres tan caprichosa como las demás diosas...
Las palabras de Apolo hirieron profundamente a su herma, quien la miró ofendida, sabía perfectamente como solían comportarse los dioses cuando encontraban algo de su argado, durante algún tiempo lo protegían con recelo e incluso en algunas ocasiones aseguraban que no había nada más maravilloso, pero con el tiempo lo olvidaban para dar paso a otro nuevo "capricho".
La mente de Artemisa viajó al pasado, a la Era del Mito, cuando los humanos creían y servían a los dioses con fervor.
En aquellos tiempos, la joven diosa de la luna, gustaba de bañarse a la luz de la luna en tierras mortales, aún a riesgo de ser observada por los libidinosos seres humanos, uno de ellos, Acteón, sufrió su ira por atreverse a tal blasfemia.
Dada la lujuria que habitaba en todos los hombre que la diosa había conocido, Artemisa se convirtió en una acérrima enemiga de ellos, al igual que su madrastra, la todopoderosa, Reina de los Dioses: Hera.
Sin embargo, de entre todos los seres humanos, uno logró llegar a su corazón, se trataba de un honesto cazador, que sólo mataba para sobrevivir, pese a esto, la diosa quedó maravillada del buen trato que siempre recibía del joven, su caballerosidad que jamás se vio quebrantada, y su nobleza.
Su hermano el dios Sol, lo confundió con amor, o quizás lo vio siempre como un simple capricho de su joven hermana, después de todo... ¿Cómo esperar que un dios tan soberbio sea capaz de creer en el amor? Y así mandó aquel escorpión a que acabara con su vida, pero Apolo no contaba con la intervención de su padre, el sabio y benevolente Zeus, quien concedió a Orión, dada su nobleza, la oportunidad de servir a la diosa de la Luna en el Olimpo, como su fiel guardián protector.
Apolo: ¿En que piensas hermana? - preguntó intrigado, cortando los pensamientos de su hermana -
Artemisa: Me preguntaba donde estará nuestro padre. ¿De verdad crees que el apoyaría lo que estamos haciendo? - preguntó, haciendo ver que la duda gobernaba su corazón -
Apolo: Nuestro padre... Él siempre estuvo entusiasmado con la humanidad, los humanos siempre le interesaron, quizás más que a cualquier otro dios. Pero, ya no se trata de que vivan en el pecado, de que cometan los más horribles crímenes y destruyan el mundo con la guerra. Han levantado la mano contra los mismos dioses... merecen sufrir el castigo que les he reservado.
Artemisa no contestó, recordar a Orión empezó a quebrantar la seguridad que tenía en sus actos, y más aún cuando pensó en aquel altivo santo de bronce, amado por su hermana, Seiya de Pegaso.
Realidad Alterna, Interior del Templo Misterioso
Con un dolor ardiendo en su estómago, el caballero de pegaso se levantó con dificultad, apoyando su pierna derecha en un frío suelo color grisáceo, lo que vio lo dejó sin palabras, se encontraba en medio del espacio, o eso parecía. Un oscuro manto negro adornado por millares de puntos luminosos era lo único que parecía haber en aquel lugar, el santo se sintió verdaderamente confundido, apenas recordaba nada de lo que había pasado y un dolor punzante perforaba su cabeza, pero aquel nimio sufrimiento no se comparaba a la impotencia que sentía al no poder salvar a Atenea...
Atenea... La diosa por la que desde hacía ya casi dos años, sería capaz de dar su vida, era lógico, él era un santo, un caballero que había jurado proteger a la diosa de la Justicia y protectora de la Tierra, sí, pero por mucho que él tratara de negárselo a sí mismo, esa no era la única razón por la que quería protegerla, no era el deber, ya se lo había dicho a la joven diosa cuando Artemisa tomó el control del Santuario, su vida, le pertenecía a ella...
Seiya sacudió con fuerza su cabeza, no podía pensar así, era algo imposible, Saori era una diosa y él un mortal, un ser humano que no tenía derecho siquiera a pensarlo, pero era algo que escapaba a su voluntad.
Tratando de ignorar el asunto, el caballero de pegaso buscó en el infinito a su amigo Shiryu, era imposible sentir su cosmos, como si algo, o alguien, estuviera interfiriendo.
- ¡Flecha Fantasma!
Cientos de flechas venidas de todas partes cayeron sobre Seiya quien trató de esquivarlas pero eran demasiadas, una de ellas atravesó fríamente su pierna izquierda, haciendo que no pudiera levantarla, Seiya lanzó un grito de rabia mas que dolor al ver como el resto de las flechas, que parecían haberse clavado en el pequeño saliente sobre el que estaba, desaparecían al instante.
Antes de que el santo pudiese siquiera pensar en quitarse la flecha una sombra golpeó fuertemente su rostro con una patada voladora que lo mandó cerca del borde, haciendo que Seiya pudiera ver como debajo de aquella plataforma sólo había más abismo, lo primero que pasó por la mente del joven guerrero fue que si caía, posiblemente jamás podría regresar.
Inmediatamente Seiya se levantó y elevó su cosmos al máximo, cerró los ojos puesto que su enemigo parecía esconderse en las sombras, dejó de lado sus cinco sentidos y se valió de su intuición y el 7º Sentido para alcanzarlo, ambos adversarios chocaron en un intercambio de golpes y contragolpes que parecía no tener fin, pero gracias a su Arayashiki Seiya pudo lograr ver un punto débil en su adversario, un fuerte puñetazo en el estómago hizo desistir al enemigo que resultó ser Anteo de Sagitario.
Seiya: Tú eres uno de los traidores a Atenea que sirven a Apolo. ¿¡Qué ha pasado!? ¿¿¡¡DÓNDE ESTA SHIRYU!!??
Anteo: ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¿Aún no lo sabes? Bueno no es mi deber decírtelo.
Seiya: ¡Maldito! - rugió elevan su cosmos -
Anteo: Infeliz santo de bronce. ¿Crees tener el poder suficiente para vencerme a mí que soy un caballero de oro?
Seiya no respondió con palabras sino con su poderosa técnica, los meteoros de pegaso asediaron a Anteo que sólo salió vivo gracias a su armadura, inmediatamente Seiya lanzó el poderoso "Cometa Pegaso" que el santo dorado esquivó por poco, pero no se percató de que las verdaderas intenciones del valeroso guerrero de Atenea eran las de desatar el "Puño Rodante de Pegaso" que lo dejó tirado en el suelo, antes de que se pudiera levantar, Seiya puso su pie cerca del cuello del guerrero caído, insinuando que si movía un solo dedo lo pagaría caro.
Seiya: Escucha traidor, te aseguro que si no me cuentas lo que está pasando no vacilaré en castigar tu blasfemia hacia la diosa Atenea con la muerte. - aseguró sin dudar, presionando sobre el cuerpo de Anteo, que lo miraba aterrorizado -
Anteo: No seas arrogante Seiya, no podrás matarme porque... ¡¡SOY UN SANTO DE ORO!!
En una explosión fulgente de cosmos hizo que Seiya saliera de nuevo varios metros lejos, aunque el "ataque" no le afectó como el anterior, el impacto fue suficiente como para empujarlo y alejarlo de Anteo, quien parecía bastante enfadado.
Seiya: ¿Aún no lo entienden? Da igual que nuestro enemigo sea un caballero de oro, un ángel del Olimpo o un dios. Nosotros que luchamos en el nombre de la justicia poseemos la protección de Atenea, y... ¡No necesitamos más! ¡Meteoros de Pegaso!
Una lluvia de golpes en forma de meteoros golpearon a Anteo, quien se defendió con los brazos cruzados, pese a todo, el santo tenía una voluntad inquebrantable y no estaba dispuesto a dejarse vencer. Justo cuando el asedio de los meteoros estaba a punto de lanzarlo al vacío, Anteo lanzó un ataque cósmico a través de sus ojos que cegó momentáneamente al caballero de Pegaso, momento aprovechado por su enemigo para lanzarle un gancho que lo elevó por los aires, y un rodillazo que le destrozó el peto de su armadura.
Anteo: Je, je, je. ¿Y ahora? - dijo altivo mientras observaba el cuerpo inconsciente de Seiya, que estaba doblado sobre su pierna doblada. Sin miramientos, Anteo dejó caer al santo al suelo -
Muy lejos de ahí, Shiryu había pasado la misma situación confusa que Seiya, sin embargo él si la entendía, sabía que estaba en una especie de cuarta dimensión como cuando entró a la Esfera Plutón, sí, una realidad alterna creada por el misterioso caballero de Géminis.
Shiryu no tardó en darse cuenta de que estaba siendo vigilado, pese a su ceguera su 7º Sentido le permitía saber que el caballero de Virgo lo observaba detenidamente, también sentía las dudas que gobernaban la mente de aquel guerrero, que había vendido su alma al dios del Sol y que ahora enfrentaba a la diosa a la que una vez juró proteger.
Shiryu: No te molestes en no hacer ruido, que esté ciego no significa que no sienta el cosmos de un traidor como tú. - aseguró con calma -
Kraynak: ¿Seguís llamando traidores a aquellos que luchan en nombre de los soberanos del Universo? ¿No te das cuenta caballero, de que los traidores son ustedes? - contradijo Virgo, mientras daba cortos pasos hasta quedar frente a frente de su adversario -
Shiryu: Veremos quien de nosotros es el que lucha verdaderamente por la justicia, te advierto que no vacilaré en usar todo mi cosmos... ¡Dragón Naciente!
Un cosmos verde blanco precedió a la ejecución de la poderosa técnica del dragón, capaz de desviar el curso de una cascada, Kraynak parecía sorprendido por el ataque, pero pudo esquivarlo inclinándose ligeramente hacia atrás y dando varias volteretas para estar alejado de su enemigo, evitando un nuevo ataque.
Shiryu: "¿Qué? ¡Ha esquivado el Dragón Naciente! Ese hombre parece ser un guerrero muy poderoso, deberé tener cuidado o en un descuido podría vencerme" - reflexionó Shiryu -
Kraynak: ¿Por qué no usas Arayashiki? Ya comprendo, vosotros caballeros sólo lo habéis vislumbrado en contadas batallas, no tenéis el nivel de mis compañeros, Cáncer y Piscis os destruirían en un instante, pero no será necesario ya que no saldrás vivo de aquí, y Anteo ya se está ocupando de tu compañero.
Shiryu: ¿Qué? ¿¡Hablas de Seiya!? - exclamó contrariado, sin recibir respuesta -
Kraynak: Es hora de que sientas el verdadero sufrimiento, un dolor más allá de lo físico y mental, voy a quebrantar tu espíritu caballero, cuando acabe, suplicarás clemencia a los mismos dioses a los que has osado levantar la mano. - decía mientras movía sus brazos en movimientos extraños y una poderosa fuerza espiritual empezaba a rodearlo -
Shiryu: Lo lamento caballero, pero no puedo demorarme en este combate, he de conseguir la Mano de Dios y liberar a la princesa Atenea antes de que el Reloj de las Doce Casas se apague definitivamente, como santo de Atenea. ¡Ese es mi deber! ¡Cien Dragones del Monte Rozan!
El cosmos verdoso de Shiryu estalló en una tormenta de feroces dragones que amenazaban con desintegrar el cuerpo del santo de Virgo, sin embargo, éste parecía muy concentrado en la elaboración de su técnica y no parecía prestar atención al ken que estaba a punto de destruirle.
Kraynak: Tan impetuoso como Dohko, Dragón ese ataque no podrá hacer nada contra mí... ¡Proyección Astral!
El santo de Dragón elevó al máximo su cosmo-energía, y los "Cien Dragones del Monte Rozan" parecían haber dado en el blanco, sin embargo, Shiryu se había puesto a la defensiva, pues sabía que el caballero de Virgo, había desatado una poderosa técnica antes de recibir su ken.
Shiryu trató de relajarse, concentrar su cosmos para no caer desprevenido, sin embargo, todo parecía estar calmado, sin embargo, había algo que no le gustaba, podía sentir a Kraynak en el mismo lugar en el que había recibido de lleno el ataque de los "100 Dragones", pero al mismo tiempo parecía no estar ahí, como si su esencia se hubiera evaporado dejando sólo su cuerpo y cosmos. De pronto, el dragón percibió una presencia que se le acercaba por detrás, de modo que volteó bruscamente, preparando su mejor golpe. Lo que vio le dejó helado...
Shiryu: No... No puede ser...
- ¡Castigo de las Mil Lamentaciones! - un poderoso puño rodado de mil almas en pena que clamaban por su muerte atravesaron el corazón de Shiryu de forma etérea, golpeando su propia alma, haciendo que cayera inconsciente -
Esfera Neptuno, Antaño Bosque Ilusión
Julián se sentía confundido, una sucesión de imágenes le fueron mostrando parte del gran continente de Tao, también conocido como Lemuria, sin duda eran imágenes del pasado ya que esa región fue hundida hacía 3000 años.
Tritos: Será mejor que te calmes Poseidón, porque esto va para largo... - dijo sonriente ante un crispado Julián, cuyos ojos centelleaban una irracional rabia hacia el guerrero astral - "Esto es Tao, o como lo llamáis ahora, Lemuria, muy pocos recuerdan su existencia, incluso muchos caballeros de los dioses ignoran que una vez existió tal civilización. Ahí convivíamos tres razas: Los lemurianos, que adoraban a la diosa Atenea y forjaban sus armaduras; los atlantes, habitantes de la región de la Atlántida, separada del continente por un gigantesco río, ellos formaban parte del ejército de Poseidón y descendían de la unión de las ninfas del mar, las oceánides con seres humanos; por último, muchos seres humanos que desde antes del Imperio Egipcio ya sabían leer y escribir, se valieron de sus conocimientos superiores para huir de la barbarie, y alcanzar aquel mundo civilizado.."
Julián escuchaba todo atentamente, mientras observaba minuciosamente cada imagen, aquel mundo era increíble, una especie de universo dentro de la misma Tierra, donde tecnología y naturaleza no sólo convivían en paz, sino que cooperaban entre sí. Además, sin haber un líder de por medio, sin encontrarse en medio de una dictadura, las razas convivían en paz y armonía, sin guerras ni crímenes. ¿Sería ese mundo real?
Tritos: "Desde que Atenea bajó a la Tierra y se hizo cargo de ella, tú Poseidón fuiste el primero en confrontarla, y perdiste, perdiste miserablemente y eso costó la vida de todos tus talantes, fuiste encerrado bajo el sello de Atenea, y la Atlántida se hundió, provocando los primeros desastres naturales que había vivido Tao..."
Julián empezó a recordar, el día en que supo que era Poseidón, todo lo vivido por el dios de los mares entró en su mente, no pudo prestar total atención a todo lo que acababa de descubrir, pero si recordaba a Atenea y sus caballeros, sus eternos enemigos.
Tritos: Y tú te vengaste... ¿Verdad? - Julián abrió enormemente los ojos, de nuevo el agua pura que mostraba las imágenes del pasado volvieron a su estado flamígero - Tras el nacimiento del Santuario, Atenea nos abandonó, se fue de Tao, olvidándose de aquellos que forjaron sus armaduras para irse con los corrompidos seres humanos, eso lo pagará... ¡PERO TÚ IRÄS PRIMERO!
La lava ardiente cayó pesadamente al suelo, ambos guerreros elevaron sus cosmos hasta el Octavo Sentido para protegerse del infierno abrasador que se les venía encima; ante la sorpresa de Julián, el magma se transformó enseguida en un lago congelado, un frío terrible comenzó a invadir el lugar. Tritos, sin parar de contar su historia, se acercaba a Julián.
Tritos: Sólo tú pudiste hundir Tao, con tus océanos, cuando te liberaron hace 3000 años, te uniste a Atenea para enfrentar a Hades que en esos tiempos había declarado la guerra a esa diosa traidora, la ayudaste, y ella como pago, pasó por alto que hundieras el mundo que tanto la protegió... ¿No es cierto?
Julián se sentía entre la espada y la pared, por mucho que pensaba no recordaba nada de hace 3000 años, sin embargo el odio irracional de Tritos estaba a punto de hacerle pagar,
Tritos: Ahora que te he refrescado la memoria, muere. - dijo elevando su cosmo-energía hasta el infinito, y concentrándola su tridente, con el que apuntaba el cuerpo de Poseidón - ¡Rayo de Coral!
El ken avanzaba rápido, pero al mismo tiempo, lento, la historia sobre Lemuria le recordó cada desgracia que ocasionó siendo Poseidón, un verdadero infierno para muchísimas personas, él pudo comprobarlo viajando con Sorrento y Tetis, había movido cielo, mar y tierra para ayudar a sus víctimas, de forma desinteresada, pero no podía dejar de pensar que... Él era un asesino.
El monstruoso rayo congelante golpeó a Julián, y Tritos sonrió complacido, ya daba igual que no despertara Poseidón, de todos modos, hoy destruiría a su cuerpo huésped, y seguro Apolo lo encerraría en el Tártaro, de donde nunca saldría. De pronto, el mismo rayo que el guerrero astral había lanzado contra Poseidón, regresó con el doble de potencia contra Tritos, mandándolo cientos de metros hacia atrás, inmediatamente, Tritos miró enfurecido a su agresor, el alma de Julián había sido consumida por una fuerza muy superior, el glorioso cosmos divino de uno de los tres Crónidas ahora cubría toda la Esfera Neptuno.
Tritos: ¿Quién... eres tú? - preguntó totalmente contrariado, sabía quien era pero jamás imaginó que tuviera tal poder -
- Ya Julián Solo hizo su papel, me ha demostrado su total cobardía al no enfrentarte con todo su poder, los remordimientos humanos son inútiles en batalla, ahora que al fin he despertado por completo, es el momento de que empieces a pedir perdón. - dijo en tono solemne, no cabía duda, el dios de los mares, había resucitado -
