Capítulo 12

"¡Juegos Macabros! Lucha a muerte en la Cumbre del Delirio"

El Fuego de la Casa de Leo se está extinguiendo
Quedan 7:15 horas para la muerte de Atenea
Esfera Neptuno, Santuario del Sol y la Luna

Tritos trataba de permanecer indiferente ante el resurgimiento del segundo dios más poderoso del Olimpo, cuyo poder sólo es comparable con el todopoderoso Rey de los Dioses, Zeus. Sin embargo, el cosmos que estaba desatando superaba con creces al del mismo Apolo, y eso era algo que estaba haciendo trastabillar la voluntad del caballeros astral de los Océanos.

Poseidón: Insolente mortal, tu cosmos está podrido... Cargas en tus hombros el deshonor de la derrota, tus ancestros fueron demasiado débiles y no pudieron vencer a unos jovencitos que apenas sabían de guerras... ¿Me culpas a mí, un dios, que es incapaz de equivocarse, de la debilidad de una raza inútil que no pudo sobrevivir al paso de la Historia? - preguntó el imponente dios, sin dejar de elevar continuamente su cosmos, su figura apenas era vislumbrada por el brillo azulado que mostraba su fuerza interior al salir al exterior -

Tritos dio un paso hacia atrás, apretando fuertemente sus dientes, aquel ser al que más odiaba estaba insultando a los valientes talantes, que siempre defendieron la fortaleza de Poseidón hasta el final, que nunca dudaron de la verdad de su Señor, el guerrero apretó tan fuertemente sus manos, que un espeso líquido azulado, posiblemente su sangre, empezó a caer al pequeño "charco" que ahora cubría toda la superficie de la Esfera Neptuno.

Poseidón: Pero no sólo la debilidad te empaña... humano, el hedor de la traición hacia tu Señor... ¿Osas enfrentarme a mí que soy el Señor de los Océanos?

En un segundo, el guerrero expandió su cosmos en una fulgente ola destructiva, elevándose a los cielos como una columna de energía celeste, lejos de sorprenderse, el Rey de los Mares caminó pacientemente hacia Tritos, al tiempo que de su armadura surgían alas, tres a cada lado, y ésta empezaba a tomar la apariencia de una kamei divina.

Antaño Bosque Ilusión, Santuario del Sol y la Luna

Sorrento parecía dudar, al igual que Tetis, por lo que Krishna decidió dar un paso al frente, señal de que él sería el siguiente oponente del oscuro caballero de la Oscuridad, el cual lo observa con sádica sonrisa.

Krishna: Yo seré tu siguiente adversario... Demonio. - aseguró con firmeza, alzando la lanza sagrada de Crisaor -

Caronte: ¿Acaso piensas que eres más poderoso que tus compañeros? No eres más que un simple general marino... - murmuró con desdén, enfureciendo a la sirena Tetis, quien hizo ademán de querer atacar, pero el prudente marino de Crisaor se lo impidió -

Krishna: Cuando nuestros cosmos se enfrenten veremos quien de los dos es más poderoso... No cometa el error de subestimarme caballero o te pesará. - aseguró sin mostrar signos de flaqueza ante el inconmensurable poder de Caronte -

Caronte no respondió, simplemente lanzó una esfera oscura con desgana, aún así, el ken parecía poseer una fuerza abrasadora, el general marino la destruyó valiéndose de un giro de 360º de su lanza dorada, pero no se salvó de recibir el mortal efecto expansivo del ataque al ser destruido.

Tras un silencio abismal, en el que Krishna observó minuciosamente cada movimiento del guerrero de las sombras, el marino se lanzó a por él moviéndose en zigzag con el fin de confundirle, pareciera que el guerrero astral ni se había propuesto defenderse pero, justo antes de que el arma sagrada de Crisaor rozara el rostro indiferente de Caronte, ésta se paró estrepitosamente.

Krishna: ¿Pero qué...? ¡Agh! - borbotones de sangre empezaron a salir de la boca de Krishna mientras éste caminaba torpes pasos hacia atrás, para caer sólo sosteniéndose en su rodilla derecha, el guerrero de las sombras, le había clavado sus filosas garras escarlata en el estómago -

Caronte: No me gusta enfrentar a seres tan débiles.. Esta batalla carece de emoción.. ¿Ese es el poder que tienen los más poderosos guerreros de Poseidón? Sinceramente, dais lástima. - le decía con frialdad Caronte al desangrado marino - ¿Así que por la espalda, eh? - en un movimiento más veloz que la luz, Caronte agarró del cuello a un desvalido Baian, levantándolo varios metros por encima del suelo - Cuanta falta de honor veo en ustedes... No merecen vivir.

Ante la mirada furiosa de los generales marinos, Caronte partió el cuello de su compañero Baian, dejándolo caer cual basura, aquel acto no hacía más que agrandar el miedo que parecía gobernar la voluntad del general Sorrento, mas no era el caso de Tetis, que se lanzó valientemente contra el asesino de Baian. Sin embargo, nada pudo hacer pues, bastó un simple ademán del cosmos del guerrero de Plutón para despedazar su escama, y dejarla inconsciente, al pasar cerca de ella, la apartó con el pie bruscamente, lo que enfureció en sus adentros a Sorrento.

Krishna: Eres un... vil demonio... - dijo con dificultad, la herida que tenía en el estómago era grave -

Caronte: El peor de ellos... No por nada he salido del mismo Tártaro.. Ahora levántate Krishna, demuéstrame tu poder, vamos, estoy esperando que vengues la muerte de tu compañero... ¿Acaso eso no basta para que pelees en serio conmigo?

Sin poder mantener más su actitud fría y prudente, Krishna se lanzó cual bestia salvaje a por Caronte, lanzando sendos golpes con su lanza que el caballero de la Oscuridad esquivaba con absoluta facilidad, el general marino, sorprendido de la velocidad de su contrincante, concentró sus chacras para elevar la suya, lo que le permitió acertar un golpe en el rostro de Caronte, quien dio rápidos pasos hacia atrás para alejarse, Krishna cambió su posición por una más defensiva, aunque totalmente dispuesto a retomar el asedio.

La herida que había producido en el rostro a su enemigo no le llenó de satisfacción, no debía bajar la guardia, un ser como Caronte no sucumbiría por un solo golpe, pese a que prácticamente le había cortado la nariz. Un prominente corte la atravesaba de forma diagonal y de éste no paraba de salir sangre que maquillaba el sombrío y sonriente rostro del guerrero astral.

Krishna: Aunque poseas un cosmos que iguala al de los mismos dioses, yo pudo concentrar los chacras para hacer más poderoso mi espíritu, y así lograr la verdadera fuerza. - aseguró sabiamente, a lo que Caronte le respondió con una sonrisa -

Caronte: Sí... Reconozco que siempre he sido débil de espíritu... - contestó con una sonrisa en los labios, al tiempo que pasaba su mano sobre la herida - pero trato de compensarlo con una fuerza cósmica absoluta.. - un ligero sonido indicó que el caballero se había congelado la herida, pero al mismo tiempo al quitar la mano se veía una cicatriz con signos de quemadura - Los caballeros astrales poseemos un total dominio sobre la temperatura, en apenas un segundo, podemos pasar de las mismas llamas del sol al cero absoluto, o incluso más allá, eso nos permite cicatrizar rápidamente nuestras heridas.

Krishna: Aún así, el dolor no se irá tan rápidamente. - contradijo firmemente, mientras preparaba de nuevo su lanza para atacar, aunque de nuevo la herida que le había causado Caronte comenzaba a arder, el general marino sabía perfectamente como ocultar su sufrimiento, para no propiciar el engrandecimiento de su adversario.

Caronte: ¿De verdad crees que esto es dolor? No marino... El dolor no es algo que puedas provocar con un arma, es algo mucho más... profundo que eso. ¿Te sientes orgulloso de haberme golpeado? No eres el primero, ni serás el último, siempre existirán rivales cada vez más poderosos que sean capaces de enfrentarme, sin embargo, cualquier daño que puedan hacerme sólo me fortalecerá porque al fin y al cabo... ¡Lo que no te mata te hace más fuerte! - Caronte abrió enormemente los ojos expandiendo un cosmos incandescente, contrario a sus poderes oscuros, demostrando que sus palabras sobre el poder de los guerreros astrales para manipular la temperatura no eran habladurías -

Krishna: Entonces tendré que matarte... ¡Siente todo el poder de la lanza sagrada de Crisaor! - gritó, precediendo el ataque más veloz que había ejecutado en su vida -

Pese a todo el esfuerzo de Krishna por atacar rápidamente, Caronte observaba al general como si fuera una película a cámara lenta, de ese modo, el guerrero astral encendió su puño derecho y lanzó un fugaz puñetazo que golpeó directamente el arma sagrada, desintegrándola a su paso, para luego destrozar el peto de la escama de Crisaor, empujando a su enemigo a los pies de Sorrento.

Sorrento: "Es como hace 3000 años.. ¿Por qué... por qué no puedo moverme?" - se preguntaba el general marino, furioso con su propia cobardía -

Un totalmente malherido Eo de Escila agarró los pies de Caronte, parecía que se había acercado arrastrándose, aunque no por sigilo sino por los graves daños que sentía en todo su cuerpo, Caronte lo observó con indiferencia, a lo que el marino frunció el ceño con furia, apretando fuertemente las piernas de su enemigo, aunque la protección de su alba hacían inútil tal acción.

Caronte: Reconozco que tenéis una voluntad muy fuerte, pero no os servirá de nada... Sería mejor que te mataras, eso adelantaría tu fin y te eximiría del sufrimiento que soy capaz de causarte si continúas con esta odisea.

Las palabras de Caronte sólo alentaron la furia y la sed de venganza que gobernaban el alma de Escila, cuando su escama empezó a brillar el guerrero astral pudo sentir la ira de las legendarias Seis Bestias de Esquila, que se aventaron en su contra de forma aterradora, sin embargo aquel poder no era suficiente para hacer mermar la voluntad del terrible caballero de las sombras. La abeja reina y el murciélago cayeron presa del cosmos fulgente de Caronte, el "Zarpazo del Oso" y el "Colmillo de Lobo" no pudieron comparase a los "Colmillos de Cancerbero" que desató Caronte, las últimas bestias de Esquila, el Águila y la Serpiente, fueron detenidas por la dureza del alba.

Eo se sentía impotente, pero aún le quedaba un as en la manga, ahora que su escama había sido destruida, sólo podía lanzar su máximo ataque, antes de que las heridas recibidas lo regresaran al Hades, en una gran muestra de perseverancia y valor, Eo se levantó, totalmente desangrado y tambaleándose, pero su determinación de acabar con su adversario no había mermado en lo más mínimo.

Caronte: Valoro tu determinación marino, recibiré tu próximo ataque sin oponer resistencia aunque te advierto... Que no te servirá de nada un solo guerrero no puede hacer nada frente a un caballero astral. -advirtió el guerrero, haciendo descender su cosmos flamígero -

Ro: Maldito... Presuntuoso... Te haré tragar... Tus palabra.. ¡Agh! - por un momento el general pareció caer pero se sostuvo gracias a su mano izquierda y su rodilla derecha, inmediatamente, el guerrero se levantó preparando su mayor ataque - Sentirás la furia de las Seis Bestias de Esquila en un solo ataque... ¡¡¡¡TORNADO VIOLENTO!!!

El ataque fue demoledor, destruyendo todo a su paso hasta llegar a Caronte, quien recibió el impacto en todo su esplendor, tal como había dicho anteriormente, sin poder ver el resultado, Eo cayó muerto tras su último esfuerzo diciendo unas últimas palabras inentendibles.

Templo Misterioso, Cumbre del Delirio
Riscos de la Locura

Orestes, resintiendo el ardor del veneno, interiorizó parte de su cosmos, con el fin de suprimir el dolor que sentía y que, sabía, debía haber sido provocado por su antigua rival, la amazona dorada de Escorpio. Aquella acción no le salvaría de una muerte segura, pero al menos le permitiría enfrentar a su enemigo con más probabilidades de vencer, sí, el corona ya se había resignado a que aquella fuera su última batalla.

Baal: Caballero de Leo, sé que Escorpio era vuestra hermana, y merece ser vengada por tus manos... Pero espero que me permitas castigar a este infeliz... – comentó el guerrero dorado, mirando de soslayo a su compañero de armas -

Ángel: Sólo deseo que este pecador sufra los más terribles dolores que puedan ser causados, haz lo que quieras Baal pero recuerda... Yo seré quien de fin a su miserable existencia. – recordó con un odio estremecedor perfumando sus palabras, a lo que el caballero de capricornio simplemente asintió –

Orestes mantuvo una posición defensiva, era de locos atacar ciegamente a dos rivales de tal poder, debía aprovechar lo poco que le quedaba de vida, si iba a morir, primero se los llevaría a ellos, tal como dijo Napoleón: "Vísteme despacio que tengo prisa". Luchar con calma aún estando al borde de la muerte le traería su última victoria.

Durante varios minutos que se hicieron eternos, los dos santos de oro se limitaron a observar a su adversario, parecía imposible pero.. El guerrero divino estaba totalmente exento de heridas, como si no acabara de enfrentar a una guerrera del nivel de la santa de Escorpión, eso enfurecía al impulsivo Baal, mas no al prudente caballero de Leo, algo le decía que aquella imbatibilidad que mostraba era mera fachada, y que su hermana le había dejado al borde de su fin.

Orestes: ¿A que esperáis caballeros? ¿Acaso deseáis que sea yo el que de el primer paso? - preguntó con sarcasmo, cargando una enorme fuerza cósmica en sus manos -

Baal se dispuso a callar las palabras de aquel altivo guerrero pero el caballero de Leo lo detuvo con un simple ademán de su brazo, parándole en seco, aquel santo dorado sabía perfectamente cual era el juego de Orestes, y no estaba dispuesto a caer en el.

Ángel: Escúchame bien caballero, no caeré en tus burdas provocaciones, es mejor que aceptes lo inevitable, siquiera un guerrero celeste como tú puede contra dos caballero de la más alta alcurnia de la Orden...

Baal: ¡Basta de advertencias! - gritó lleno de furia, cortando las palabras de su compañero, quien no pareció molesto - ¡Debemos mandarlo al Hades de una maldita vez!

Orestes: Esa actitud no es propia de un caballero...

El sarcástico comentario de Orestes impulsó la ira de Baal, quien se transportó justo enfrente del Corona, éste aprovechó lanzando su "Resplandor de Luz", el escudo esférico invisible que formó Baal a su alrededor apenas pudo protegerle, la coraza fue fragmentada en mil pedazos y le hizo chocar contra una de las columnas, bajo la estatua de Apolo que observaba fríamente el arduo combate, las paredes de mármol se resquebrajaron fácilmente.

Silenciosamente, Ángel pudo acercarse a Orestes, intentó acabar con el Corona de un simple golpe seco, sin embargo el guerrero se valió de sus sentidos para bloquear el ataque con su antebrazo, pudiendo contraatacar con una lluvia de golpes que lo estamparon contra el suelo, bajo la estatua de Artemisa.

Orestes: Si ese es todo vuestro poder, al menos puedo asegurarme llevaros al Hades conmigo.

Como si de dos demonios furiosos se tratara, los dos santos benditos de Apolo se abalanzaron a por el Corona, miles y miles de ataques a una velocidad abismal, comparada con la de la luz, ninguno de los dos guerreros de oro entendían como Orestes, después de haber luchado contra Escorpio, podía esquivar el asedio como si nada, mas Leo parecía entender mejor lo que pasaba, no se trataba simplemente de velocidad, eran reflejos, esos movimientos... le recordaban a algo muy antiguo...

Orestes: Sería mejor que aumentaseis la velocidad, o os despedazaré antes de que podáis siquiera comprender, que vuestro poder no vale nada...- decía con suma tranquilidad, elevando su cosmos hasta el infinito, le bastó un salto para posarse sobre el rostro de la majestuosa estatua de Zeus, justo encima de la salida - ¡Oh! Soy el todopoderoso Zeus... Veneradme. - exclamó con cinismo y burla, enfureciendo al caballero de Capricornio -

Baal: ¡No eres más que un blasfemo! - gritó lleno de rabia -

Ángel: Sólo retrasas lo inevitable, tarde o temprano caerás al Hades. Pero antes... Te haré sentir la muerte de mi hermana. Caballero de Capricornio...

Las palabras del caballero de Leo indicaron a su compañero lo que debía hacer, Orestes miraba todo impasible y, antes que el poderoso psíquico iniciase el ataque, cargó toda su fuerza en una sola mano, provocando serios temblores en toda la sala, sin duda, el ken que iba a desatar sería devastador.

Orestes: Lamento mi descortesía pero aún me quedan rivales que enviar el infierno, entre los que se encuentra vuestro querido dios, no puedo perder mi valioso y escaso tiempo con lacayos de tan ínfima categoría como vosotros, para los caballeros de la Corona Solar, los santos de oro son poco... ¡¡Qué se desaten los Mil Resplandores!!

Inmediatamente, Baal desvió los cientos de fulgores cósmicos gracias al escudo psiónico que había formado a su alrededor, rebotando hacia su compañero de armas, Leo parecía estar condenado a recibir todo el furor del ataque de su enemigo, sin embargo ante la sorpresa de Orestes, Ángel empezó a realizar unos movimientos felinos, que junto a su velocidad, le hicieron esquivar uno por uno los resplandores, a cada rayo que evadía, Orestes caía más en la desesperación, elevando la furia de sus ataques, pero ninguno llegaba a siquiera rozar al ser.

Orestes: "Cómo es posible... Agh, me estoy quedando sin fuerzas, no, no puedo traicionar la confianza del Febo, he de proteger a la hermana de mi Señor aunque me cueste la vida, de todos modos, moriré pero.. Prefiero hacerlo peleando" - reflexionó el valeroso guerrero de la Corona, antes de elevar su cosmos al infinito - ¡Furias tendréis que esperarme mucho más!

Al cesar el ataque, Ángel pensó que realmente Orestes había sucumbido, pero todo lo contrario, era como si todo el cosmos concentrado de aquel hombre, se hubiera liberado al instante emanando la ferocidad de una estrella, el aura dorada, normalmente calmada, del caballero, se había tornado violenta hasta el punto de iluminar toda la sala por encima del abanico de colores celestiales que otorgaban las gemas del lugar, estaba claro que su poder era tan terrible como el de los dioses, pero Leo no parecía en absoluto preocupado, mas lo extraño era la tranquilidad del impetuoso Capricornio, que se encontraba en absoluta relajación.

Ángel: "Todos y cada uno de los seres vivos de este planeta guardamos el más absoluto poder, un poder ilimitado, pero es sólo cuando apenas nos queda vida para disfrutarlo cuando éste se libera, pobre guerrero descarriado, ahora desatas tu más alta carta en una sola jugada, que locura, detendré ese ataque, y luego no te quedará más remedio que recibir todo el peso de la deshonra que te hará sentir la derrota" - pensó sonriente mientras empezaba a concentrarse en el ataque, sus ojos empezaron a parecer los de un animal, un jaguar específicamente -

Una estrella era lo que había y no un caballero, el Octavo Sentido era visible, el más grande de los poderes, la más pura esencia primordial, la fuerza de los dioses, ahora mostrada en las manos de un hombre, antes de que nadie pudiera pensar en esquivarlo, Orestes soltó monstruoso ken...

Orestes: Preparaos oh, grandiosos guerreros de la "justicia" - exclamó con cinismo el guerrero - sentid la más terrible de las fuerzas, el cosmos absoluto, la ira del sol caerá sobre vosotros... ¡¡Resplandores Solares!!

Círculos explosivos de luz se formaron alrededor del caballero de Abel, desatando la hecatombe solar, varios haces destructores cayeron sobre los dos caballeros de oro que miraban impasibles el ataque, la destrucción fue tal, que Orestes no pudo ver que quedó de ellos.

Pasaron segundos, quizás minutos, la luz cegadora tragaba la sala de forma rápida e imparable, ni siquiera un dios distinguiría alguna figura en ese lugar, incluso el caballero de la corona, estando por encima de todos los demás, tuvo que pestañear varias veces para darse cuenta... ¡De que varias flechas caían sobre él! Lo único que pudo hacer fue colocar su brazo derecho para protegerse, la expresión de Orestes fue de sorpresa al ver como las saetas atravesaban la dura protección de su antebrazo, causando que la sangre fluyera como un río sobre su rostro.

Antes de poder sacarse las flechas, un arma giratoria desgarró su peto, de nuevo emergió aquel fluido escarlata que parecía ansioso por decorar su armadura, Orestes se sentía furioso e impotente, pero no tenía tiempo para descansos, mientras el resto del lugar parecía la nada, de aquel vacío salían lanzas incontables, haciendo uso de sus reflejos pudo esquivar el asedio a duras penas, más no la flama que lo cubrió por completo en segundos y lo lanzó al suelo de golpe.

Orestes lanzó un bramido, entre el dolor y la rabia, se encontraba en medio de un vacío blancuzco, y estaba seguro de que su poder no podía haber distorsionado la realidad a ese nivel, con mucho esfuerzo se sostuvo de rodillas y aguantándose con las dos manos, sus ojos se llenaban de sangre que le cegaba, apenas veía imágenes espectrales y abstractas, más pudo distinguir como una figura majestuosa se acercaba lentamente hacia él.

Haciendo gala de su voluntad, Orestes se alzó aunque sentía cada vez mayor presión, como si una fuerza invisible lo estuviera aplastando, pero no tuvo más remedio que ignorar eso al ver lo increíble, el ser que le había atacado con la lanza, era.. ¡Atenea! O más bien, la estatua que antes estaba alrededor de los demás dioses en la sala en la que hacía poco enfrentaba a los dos santos dorados.

Poco podría imaginarse Orestes que en realidad, ya había perdido toda esperanza, su cuerpo, antes vigoroso y reluciente como la estrella que ilumina la Tierra, ahora se helaba como el Nifheim, Leo lo miraba satisfecho, y Baal seguía meditando, la muerte no era suficiente, era vital que sufriera, era ese el mayor deseo de Ángel, vengar la muerte de su bienamada hermana.

Realidad Alterna, Interior del Templo Misterioso

Seiya de Pegaso abría los ojos con lentitud, su vista estaba nublada, un gran dolor perforaba su cabeza y por todo su cuerpo sentía una angustia desconocida que le consumía más que todos los golpes que había recibido, tras tumbarle, Anteo había seguido atizándole con una furia inusitada, jamás había sentido esa ira desproporcionada, ese odio devastador mezclado con la más irracional de las locuras, debido a la paliza, el santo sentía algunas costillas rotas y apenas podía levantarse, debía hacer acopio del Séptimo Sentido, y olvidar la vista, el tacto, el oído, el gusto, el olfato y la mente, sólo así podría enfrentar de igual a igual a un caballero dorado de igual a igual, sólo el último cosmos podía confrontarlo.

En el interior de todo ser humano, más allá de todo lo que la ciencia puede estudiar, más allá del cuerpo, el alma, y la mente, se halla una fuerza infinita, un poder que no conoce de límites, tan terrible como maravilloso, las posibilidades son infinitas, mas sólo algunos elegidos pueden conllevar ese poder, hacer que cubra todo su ser, sí, el cosmos no tiene límites, pero si lo tienen las personas que lo despiertan.

En la antigüedad, sólo los dioses carecían de barreras, los humanos tenían barreras que impedían el total despertar del cosmos, y la comunión de éste con el ser, aquella posibilidad sólo estaba en manos de aquellos por los que fluía la sangre divina, tanto dioses como semi-dioses e incluso otros seres que de algún modo, se emparentaban con estos seres tan omnipotentes.

Y ahora esas barreras habían caído, en esta era los humanos han roto los límites y han rozado el poder de los dioses, esto se ha convertido en una amenaza para la hegemonía del Olimpo y los grandes señores del Universo han decidido el fin de ésta.

Mientras reflexionaba en todo eso, Seiya meditó por unos instantes, olvidándose de cualquier acto impulsivo, concentrándose para alcanzar el Séptimo Sentido, el aura cósmica empezaba a tornarse dorada, impregnando su ropaje sagrado con aquel divino color, el recuerdo de los valerosos santos de oro cruzó la mente del joven, antes de que su cosmo-energía estallara por fin, su armadura de bronce relucía ahora con la misma magnificencia que una coraza dorada, propia de la Elite del Santuario.

Lo primero que pasó por la cabeza de Pegaso fue proseguir su combate contra Anteo pero lo que vio lo dejó tan atónito que olvidó por completo la idea. El santo de Sagitario estaba de pie, dando vueltas sobre sí mismo, con el pelo totalmente despeinado y la armadura resquebrajada en mil cortes, probablemente infundadas por el mismo Anteo, sin duda aquel hombre se había vuelto loco y sólo era capaz de soltar palabras sueltas e incoherentes.

Anteo: Yo... Dorado... Caballero sí... Soy... ¡No!... Lo merezco.. Sí... ¡Ja, ja, ja, ja, ja! La sombra se acerca... Todos... Hades.. Miedo... ¡Ja, ja, ja! Yo no temo... No. ¡No! ¡¡NO!! ¡Tengo poder! Sí, sí, sí, sí, sí, sí... ¡Sí, Señor! Oh Maestro... Nos castigan... Somos una deshonra... Sí, sí, sí... No merecemos el honor... Latigazos, latigazos, latigazos... ¡¡LATIGAZOS!! El fuego purifica... ¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!

Seiya no comprendía nada, las palabras habían cesado y ahora Anteo sólo reía, reía cual loco, una horrenda baba escurría por su mentón, sus ojos se volvían cáscaras vacías de color blancuzco, ahora aquel pobre diablo "miraba" directamente a Seiya, el caballero de Pegaso, más que temor sentía compasión por el alma de Anteo, al tiempo que pensaba la razón de su locura.

Seiya: Anteo de Sagitario... ¿Cuál es la razón de tu locura?

Anteo: Anteo no.. Sagitario tampoco.. El bronce es humillante... Me humillan... Me pegan... Sufro demasiado... El Patriarca... Él... Él no.. ¡NOS MATARÁ A TODOS!

Como si aquella exclamación fuera un grito de guerra, Anteo cayó sobre Seiya con una patada voladora que el Pegaso pudo bloquear con su antebrazo, sin duda sólo gracias a su cosmo-energía podía jactarse de seguir teniendo uno, una lluvia de puñetazos impidieron un contraataque por parte del caballero de bronce, quien trataba de buscar una vía de escape al asedio, pero su enemigo no se lo permitía pese a que sus golpes eran caóticos y desorganizados, como si fuera un brutal berzerker del ejército de Ares, con una pequeña estrategia ideada de forma precipitada, el santo de Atenea permitió que un potente puñetazo le destrozara el rostro, enviándole al extremo de la plataforma en la que se encontraba, casi había olvidado el escenario de su combate, y que en cualquier momento podía caer en Un abismo infinito, probablemente sin fondo.

El caballero de Atenea pasó su mano por la comisura de sus labios, limpiando un río de sangre, aquel golpe había sido más duro de lo que imaginaba, pero se había librado del asedio, de nuevo Anteo parecía mostrar su inexplicable locura, aunque más bien parecía como si tratara de salir de ella.

Anteo: Deja de hablarme.. ¡Déjalo! Ya no soy él... Ahora no soy tú... ¡Santo de Bronce! Mugrienta rata, carne de cañón... Sólo prueban el furor del enemigo... ¡Malditos Caballeros de Bronce! ¡¡;MALDITOS!!

Ante un anonado Seiya, Anteo desgarró con sus garras doradas su rostro tratando de librarse de su locura, el hombre cayó de rodillas, parecía haberlo conseguido, jadeos de cansancio le impedían hablar, pero al regresar la mirada al Pegaso, con su monstruoso rostro desgarrado y su maquiavélica sonrisa, era imposible saber si había recuperado por completo la cordura.

Anteo: No se puede entrar aquí sin haber ascendido los riscos primero Pegaso, el Maestro nos transportó aquí después de darnos vida, no, no fue Apolo el responsable, je, je, je. Los dioses nos exigen que luchemos con honor, que protejamos la paz en la Tierra, que peleemos por la libertad, la justicia y la igualdad, sí, todo es muy... hermoso.. - el tono cínico y burlesco que usaba Anteo no amedrentó a Pegaso, quien ya preparaba su cosmos para un nuevo ataque - Pero luego te dejan olvidado en el Hades, no hay gloria ni futuro en los Campos Elíseo para los caballeros de Atenea, esa mocosa impertinente, sí la recuerdo tan bien. ¡Je, je, je! ¡Ja, ja, ja! - de nuevo otra risa rellena de aquel aire de locura, Seiya trataba de atar cabos, entre las incoherencias pasadas y sus nuevas revelaciones, atento a cada palabra de aquel santo renegado - Yo sólo era un pobre diablo, un huérfano de la guerra. ¿Tal vez francés? ¿Alemán? ¿Ruso? Ni siquiera importa... Sólo un griego podría ser caballero, tuve que decir tantas mentiras, pero con el Maestro todo era distinto, él sabía lo que yo quería, lo que todos queríamos, Atenea sólo era una mocosa caprichosa, como todos los dioses... ¡Sólo el Maestro nos protege! Él nos devolvió la vida, fabricó las 88 armaduras de Atenea, 88 nuevos ropajes lamentablemente sin vida, pero para eso estaba Apolo, un nuevo niño malcriado que cree tener derecho a gobernar... Ja, ja, ja, ja.

Seiya: Sólo dices incoherencias, hace poco asegurabas que el Maestro los mataría... ¡Estás completamente loco!

Anteo: La purga era necesaria, vital, sólo la sangre valía para el pacto... Después de todo, siempre se trata de sangre! Ahora nosotros hemos regresado, sólo hemos vuelto para servir fielmente las órdenes del Maestro, me maldigo por mi debilidad de espíritu, este desequilibrio sólo demuestra que los riscos me habrían matado, pero loco o no, acabaré con tu vida antes de mi regreso... ¡Pero no al Hades! Por mi fiel servicio, me espera el Eliseo...

En el brazo de Anteo empezó a generarse una esfera, de fuego y rayos púrpuras, su núcleo, una fulgente y minúscula estrella, rodeada por un pequeño mundo comprimido de estrellas, la fuerza que emanaba de aquel ken, hizo trastabillar al mismo Anteo, sin duda alguna, el caballero de Sagitario ni siquiera podía soportar tal poder, pero su enfermiza locura le impedía retractarse, había aceptado el sacrificio cual fanático. Ese era el rostro que observaba la esfera cósmica, el de un fanático completamente fuera de sí.

Anteo: Como te dije yo sólo era un huérfano mentiroso, también algo cobarde lo reconozco, pero el Maestro confiaba en mi poder, dejó que Eón de Géminis me entrenara, aquel hombre que se hace llamar Cástor, y que posee y domina el secreto de las dimensiones...

Seiya: Maldito seas, ahora no sólo sé que has renegado de tu diosa, también traicionas a los seres que te dieron una nueva oportunidad, está claro que no eres más que un traidor... ¡Sentirás el castigo de la justicia de Pegaso!

Anteo: Siente este gran poder... Tus meteoros no son nada... Será como si atacases a un agujero negro, esto sobrepasa todo lo que hallas visto en tu miserable vida Pegaso... ¡¡Masa cósmica, desata todo tu poder y estalla, conviértete en una supernova que arrase a mi enemigo!!

Seiya: ¡¡Por el meteoro!!

Con un esfuerzo abrumador, Anteo echó hacia atrás el brazo para ganar fuerza, fuerza para impulsar el ken, con la palma abierta una fuerza invisible envió la bomba de energía destructora contra Seiya, pese a la horrible velocidad, para Seiya y sus meteoritos todo iba lento, era como lo había dicho Anteo, sus ataques eran consumidos por el ataque, desparecían en el inmenso vacío que se debía esconder dentro, el santo de Pegaso trató de alcanzar de nuevo el Octavo Sentido, despertar la kamei y bloquear aquel ataque capaz de destruir estrellas, pero algo se lo impedía, quizás el ambiente bloqueaba su espíritu, no podía asegurarlo, decidió optar por una defensa, volcando todo el poder de su cosmos para protegerse, abrió bien los ojos, no era un cobarde, no tenía la muerte, sólo temía el destino de Saori y por esa razón estaba dispuesto a sobrevivir, ni mil supernovas le impedirían proteger a su diosa, siempre se levantaría, sólo por ella...

La cosa estalló, y la explosión iluminó todo aquel mundo alterno el flash duró minutos que parecieron eternos, sorprendentemente, el saliente la plataforma permaneció intacta, todas en realidad, aquel mundo era en parte ilusión, no había nada que destruir, sólo era un infinito abismo donde luchar sin descanso.

Cuando el flash finalizó, Anteo sintió morirse al ver al reluciente Pegaso, ahora vestido con una armadura dorada, el ropaje sagrado de Sagitario, una vez más lo había protegido de la muerte, le había dado una nueva oportunidad para proteger a su diosa, lo único que podía hacer el Pegaso, era agradecer infinitamente al grandioso Aioros, cuya fidelidad a Atenea sobrepasaba los límites de la muerte.

Anteo: Ja... Ja... Ja... - reía el caballero dorado de sagitario entre jadeos, parecía realmente cansado y un tic nervioso empezaba a hacer acto de presencia, aquel hombre no cesaba de girar bruscamente la cabeza - ja, ja, ja, ja, ja... ¡La hora ha llegado! Me lo prometieron, sí, entre las frías brisas de Cocitos, me prometieron una prueba... ¡Demostraré mi valía! Sí... Ja, ja, ja..

Seiya observó detenidamente a aquel hombre, aquel lugar le estaba afectando de forma abrumadora, sin embargo el Pegaso presentía que en medio de aquella locura, Anteo estaba encontrando su "felicidad", ¿sufriría él los mismos síntomas? Era claro que permanecer en la cumbre de los Riscos de la Locura, debía acabar con él y salir pronto de aquel páramo de castigo...

Anteo: La hora ha llegado Pegaso... - un nuevo giro brusco fruto del tic fue desatado, la mirada del guerrero se tornaba aterradora, la más desequilibrada locura jamás habida reflejaban sus ojos - ¡La batalla de los mil días! ¡El duelo de dos caballeros dorados! ¡Que se demuestre quien es el más poderoso! ¡No caeré! ¡No caeré! ¡¡NO CAERÉ!!

A una velocidad lumínica, Anteo atacó con saña a Seiya, el puño derecho se alzaba amenazante, rodeado por un aura abrasadora, el santo de bronce, embestido en coraza de oro, bloqueó el ataque con el antebrazo y contraatacó con un puñetazo en el pecho, que su enemigo bloqueó con su mano libre, al tener los brazos ocupados, ambos oponentes se atacaron brutalmente con un juego de piernas impresionantes, tras varios minutos de infernal pugna, los dos guerreros se separaron para examinarse, pero Seiya no podía concentrarse ante tal psicópata, que no cesaba de dar muestras de su desequilibrio.

Pasó el tiempo, el santo no podía predecir ningún movimiento en su oponente, jamás había tenido que batirse con un rival así, y para colmo de males era un caballero dorado, capaz de regir el cuarto poder, sin duda el ken anterior no era todo el poder que tenía, probablemente dejaba lo mejor para el momento oportuno.

Anteo: No me ataca... No... No me ataca... ¡ES UN COBARDE! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! - una nueva risa macabra desconcentró a Seiya, en el momento en que Anteo volvió la mirada contra la suya, el caballero de bronce sintió un escalofrío - Te mostraré mi verdadero poder...

Tras sus palabras, dichas en un tono gutural, Anteo extendió ambos brazos a cada lado, de forma lenta las puntas de sus dedos, que estaban pegados entre sí, empezaron a emitir unas chispas eléctricas, pareciera que el santo de Sagitario hacía el mayor de los esfuerzos, pues una fuerza invisible, parecida a la que existiría entre dos polos positivos o negativos que intentan unirse, hacía difícil el movimiento, Seiya estaba atento a cualquier ataque pero lo que vio lo dejó perplejo, las chispas de sus dedos resquebrajaban el espacio abriéndose pequeños agujeros negros en los que introducía sus brazos, ahora de un modo rapidísimo, antes de siquiera imaginar lo que pasaba, Pegaso había tenido que hacer uso absoluto de su Séptimo Sentido para esquivar cientos de golpes que venían de todas partes, se destruía el espacio tan pronto como se cerraban, no sin antes dejar a su paso un nuevo ataque, no había descanso alguno, una distracción podía ser fatal.

Era increíble la efectividad de aquella técnica, en un solo momento podía recibir tantos ataques que podía ser derribado en el momento, sólo una estrategia arriesgada pasaba por la mente del valeroso caballero del bien, debía acercarse a Anteo y atacarle, quizás así podría desconcentrarlo, con gran habilidad, fue dando vueltas alrededor del santo renegado, su travesía era de forma espiral, no era conveniente ir recto, la velocidad de la luz le hizo llegar pronto a la posición, antes de que aquel hombre le lanzara un contraataque, Seiya atacó fugazmente con sus meteoros.

Anteo: ¡No servirá de nada! - exclamó con seguridad, bloqueando todos los golpes con su cosmos de oro, una macabra sonrisa se formó en el rostro del guerrero, quien lanzó un brutal puñetazo recto hacia el pecho del santo, Seiya cruzó los brazos para reducir el daño, pero el ataque en realidad había atravesado de nuevo la barreras del espacio, apareciendo justo detrás de él -

El golpe hizo caer a Seiya, pero se mantuvo gracias a su pierna derecha, pudiendo atacar a Anteo con un rápido ataque, la velocidad de éste, hizo que el impacto alcanzara a Anteo, que escupió sangre, de momento, ninguno de los dos combatientes parecía tener las de ganar. ¿Sería entonces la batalla de los mil días que sólo se produce cuando dos caballeros de oro de idéntico poder se enfrentan?

Al tiempo que Seiya mantenía un furioso duelo contra Anteo, Shiryu hacía lo propio contra Virgo, mas sin duda su pugna era muy distinta, el caballero dorado de la Virgen podía mantener al Dragón manso con la sola fuerza de su inmortal espíritu.

El Dragón agarraba su pecho como si el corazón y el alma estuvieran saliendo de él. El ataque que había recibido había producido más daño en su espíritu que las mil batallas que había librado desde su envestidura de caballero, por momentos su espíritu parecía decaer, pese a mantenerse semi-levantado, no hallaba fuerzas para alzar su puño de nuevo, se sentía derrotado, abatido...

Kraynak: Ahí queda el Dragón de Rozan, igual que tu maestro. ¿Quizás herencia? Quien sabe...

Shiryu: Bastardo... ¿Cómo te atreves a manchar la gloriosa carrera de mi maestro? No ha habido en la historia del Santuario mayor servidor a la diosa que el Viejo Maestro de los Cinco Picos... Y tú... renegado... no tienes ningún... derecho... - decía entre jadeos, era capaz de soportar los peores insultos, las mayores humillaciones, pero jamás dejaría que nadie ensuciara el honor del que fuera su maestro -

Kraynak: Un verdadero caballero jamás permite que su voluntad quede mermada, su único pensamiento debe ser proteger a los dioses que crearon este bello mundo, ellos nos permiten vivir, y debemos agradecérselo con nuestra eterna servidumbre, fiel y sumisa... ¡Dohko no fue capaz de hacer eso! ¡No pudo pensar en el bienestar divino y se dejó llevar...!

Shiryu: ¡Cállate! ¡Dragón Ascendente!

Con toda la furia de su cosmos, el Dragón vencido se alzó de nuevo entre una explosión verdosa, el ataque capaz de desviar el curso de una cascada atravesó el cuerpo del caballero, tarde se dio cuenta Shiryu de que había atacado a una mera ilusión, debido al esfuerzo, cayó al suelo, tratando de buscar las fuerzas para volver al ataque, pero no podía, con desprecio, el santo de Virgo observó al su oponente, para el pelirrojo guerrero de oro, aquel hombre no era más que un traidor del que no se podía esperar nada, un ser que no merecía juicio, sólo una fugaz y deshonrosa ejecución.

Kraynak: Si Dohko hubiera permanecido fiel a los dioses, aún conservaría su preciado regalo, el don de los dioses, la más poderosa de las armas... ¡Excalibur!

Shiryu no salía en sí de la impresión, ¿de que estaba hablando aquel hombre? ¿acaso sería que su propio maestro en su día había recibido el don de excalibur? No era de extrañar pues, sin duda el Viejo Maestro era la muestra viva de lo que el santo más fiel a la diosa debía ser, pero... ¿Por qué no le dijo nada? ¿Qué pudo hacer para que se le retirara aquel regalo? El santo de bronce decidió esperar antes de atacar de nuevo, sin embargo concentró su cosmo-energía para estar listo en el momento oportuno.

Kraynak: Pero no... Una vulgar pasión lo alejó del camino recto, y por esto perdió el don celeste de Excalibur, y ahora tú que la portas, sufrirás el mismo destino, pues tú también has blasfemado contra los dioses... ¡Y tu alma no es fiel a Atenea tampoco!

Shiryu tensó la mandíbula, sin duda aquel ataque no sólo había quebrantado su fuerza espiritual, sino que le había otorgado el conocimiento sobre sus sentimientos, en aquel momento Dragón empezó a sentir temor por el futuro de Shun Rei.

Kraynak: Yo merecía ese don, mi alma siempre estuvo entregada a Atenea, sólo a ella, ni a mi familia, ni a nadie, lo dejé todo por la orden, entregué todo mi ser y nada recibí, yo mismo creía que no era lo suficiente digno, que algo fallaba en mí que en aquel jovenzuelo no. Pero... ¿Cómo esperar justicia de una diosa hereje?

Shiryu: Bastardo... Te atreves a insultar a una diosa... Blasfemas contra tu Señora y te dices justiciero divino... - por muchos esfuerzos que hacía, Shiryu carecía de fuerzas para levantarse, era como si su Séptimo Sentido se hubiera anulado, nunca en su vida de caballero había sentido tanta impotencia, aquel hombre era alguien de temer - No mereces ningún don, sólo la frialdad del Tártaro y sus mil tormentos, ahí te pudrirás con Tántalo y Sísifo... Bastardo... ¡Agh!

El santo de Virgo apuntó con la palma abierta al desvalido dragón, de su cosmos empezaban a surgir formas espectrales de tono etéreo, aquella fuerza rodeaba el cosmos del santo de bronce causando un fuerte dolor más allá de todo lo físico.

Kraynak: He aquí al legendario Dragón, uno de los cinco caballeros asesinos de dioses, derrumbado ante un mero caballero. ¿Con este poder que demuestras planeas siquiera inquietar a los dioses? Apolo te fulminaría en un instante mientras tú te preocupas por una mocosa de tan ínfima importancia...

Con furia inusitada, Shiryu respondió a las palabras de Kraynak con su espada Excalibur, agradeció infinitamente al cosmos el haberle dado una nueva oportunidad, el corto fue tan rápido y certero, que Virgo no puedo más que caer de rodillas con los ojos desorbitados y un corte diagonal en el peto del que emanaba un río de líquido escarlata.

El saber los planes de Arles era imposible incluso para el caballero de Géminis, quien por medio de sus conocimientos espacio-temporales había fragmentado la realidad para a dar inicio a lo que el Maestro denominó: "Juegos de Justicia", para aquel santo callado que nunca preguntaba, resultaba realmente extraño aquel nombre para unos simples duelos de caballeros, caballeros dorados...

- "Je, je, je, je. Da igual quienes ganen y quienes pierdan, cuando esto acabe, se abrirá el Muro de los Benditos y recibiré el poder absoluto... El Maestro estará satisfecho" - decía para sí una voz oscura, de tono femenino, que parecía provenir de la espalda de Arles, donde se formaban unas hebras de oscuridad -

Gran Salón, Santuario del Sol y la Luna

Apolo sentado en su trono reflexionaba a través de su cosmos celestial como todo el universo temblaba ante él, sí, sólo él era digno sucesor de su padre, el más poderoso y glorioso de los hijos de Zeus, era un digno rey, pero...

Apolo: "Todo Rey necesita a una Reina... Dafne..:" - murmuró el dios al tiempo que la ninfa entraba con altivez en la sala, enfundada en su alba de colores verde esmeralda y oro solar, sin ninguna reverencia se dirigió al más soberbio de los dioses, quien no hallaba fuerzas para reprenderla, Dagón, Pontos y Artemisa permanecían en el exterior, habían recibido órdenes estrictas de no entrar en la sala hasta que el Febo lo ordenase -

Dafne: ¿Me llamaba Ilustrísima? - preguntó con sarcasmo, a lo que Apolo se apareció justo enfrente, sus manos se acercaron al rostro de la bella ninfa, acariciándola con suavidad -

Apolo: Algún día aprenderás a amarme, tenemos toda la eternidad... La flecha negra de Anteros podré arrancarla muy pronto... - aseguraba el dios, a lo que Dafne respondió con un ademán de rechazo -

Dafne: Sólo Zeus o en todo caso Hera podría, y ambos están desaparecidos... - respondió mientras miraba de reojo a Apolo que la observaba en un rictus entre impasible y maravillado - Y si lo lograras, me convertirías en una más de tus amantes y... - Apolo calló sus palabras con un beso, extrañamente cálido que relajó completamente a la ninfa, Apolo desapareció y volvió a aparecerse sentado en su pulcro trono -

Apolo: Pronto comprenderás mi querida Dafne... Pero ahora sólo nos atañe la inmediata destrucción de esos molestos insectos. Llama a Caronte.

Dafne: ¿Acaso no se ha dado cuenta de la pugna que mantiene en contra de los generales de Poseidón?

Apolo: ¿Los generales de Poseidón? ¿Aún no han sido ajusticiado? - Apolo cerró los ojos para darse cuenta de la veracidad de las palabras de la reina de Laurel, molesto, abrió fuertemente los ojos - No... Es Posible.. Poseidón... - un fuerte sudor empezó a embriagar la calma del dios Sol, quien trató de calmarse para dar las órdenes pertinentes - Llama a Eolo, y a los Cinco Caballeros Astrales del Interior, que venga la Legión de Santos , Poseidón ha despertado y si no lo detenemos... ¡Será el fin de mis sueños!

Notas de Autor:

Al fin un nuevo capítulo, ya sé que siempre digo lo mismo pero trataré de que el 13 no se retrase tanto. En este capítulo hemos podido ver un poco más sobre el poder de los caballeros dorados del pasado e incluso un secreto oscuro para el maestro de maestros, ¿Qué será? En todo caso posiblemente Seiya no esperaba que el charlatán de Anteo tuviera tanto poder, quizás a alguno le choque esa locura repentina pero en realidad es sólo una muestra extrema de los que esa montaña en la que se encuentran hace con la mente... ¿Alguien recuerda un caballero con ciertos, trastornos de personalidad? En el próximo capítulo veremos que hace Apolo para enfrentar a Poseidón, va a arder Troya je, je, je. Si quieren dar el pésame por la muerte de los generales marinos, alabar y/o criticar el capítulo, manden un mail a: lordomegawanadoo.es

La Legión de Santos o Ejército Sanctorum es un grupo militar formado por centauros inventado por mí, en la mitología mostraban a los centauros como bárbaros borrachos seguidores de Dionisio, sin olvidar algunos casos de que muestran la parte noble y honorable de la raza (Quirón), este grupo está formado por aquellos centauros cuya forma de vida se asemejaba a la humana y eran más civilizados, fueron los únicos de toda una especie en ascender a los cielos.

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