CAPÍTULO 8
- Oh, disculpen, no sabía que todavía quedaba alguien – dijo la señora de la limpieza que acababa de entrar -. Me pasaré más tarde.
Booth y Brennan se separaron inmediatamente y se levantaron del sofá, al verse sorprendidos por aquella mujer.
- Que pasen buena noche – les dijo la mujer y se alejó por el pasillo.
En ese momento sonó el teléfono del despacho y Brennan atendió la llamada.
- De acuerdo, enseguida voy – dijo y colgó.
- ¿Quién era? – le preguntó Booth.
- Era uno de los guardias de la entrada, que ya ha llegado el repartidor con la cena y no lo pueden dejar pasar, a estas horas solo puede pasar personal del Jeffersonian. Quédate aquí, voy a recogerlo y enseguida vuelvo.
- Ah no Huesos, ya me encargo yo, quédate tú aquí sentada.
- Pero Booth…
- No hay 'peros' Huesos, ¿y si el pirado ese de los regalos te está esperando en la calle y te dispara o algo? No puedo permitir que te arriesgues a eso, así que tú te quedas aquí y mientras tanto vas quitando todos esos papeles de tu mesa para poder poner la comida, ¿de acuerdo?
- Está bien – dijo ella después de soltar un hondo suspiro.
Booth apenas tardó 3 minutos en hacerlo y ahora volvía al despacho con las bolsas que contenían su cena, pero al llegar ya no estaba allí su compañera.
- ¿Huesos? – la llamó desde la puerta del despacho - ¿Dónde te has metido? – decidió entrar.
De repente sintió como alguien le clavó un objeto grande y afilado en la parte inferior derecha de su espalda, sin darle tiempo a hacer nada, y un dolor intenso y horrible se apoderó de él por completo, dejándolo casi sin aliento, más aún cuando sintió como el individuo se lo sacaba de su cuerpo. Booth intentó girarse para ver quién era su agresor, pero le fue imposible, el dolor era demasiado grande. Se llevó las manos a la zona de la puñalada y se llenaron de sangre. Booth ya no pudo aguantar más, sus rodillas perdieron la fuerza y el equilibrio y lo hicieron caer el suelo, retorciéndose por aquel dolor inaguantable.
Había caído de tal forma al suelo que su cabeza quedó junto a un lateral del sofá, sobresaliendo un poco hacia adelante. Con un esfuerzo casi sobrehumano Booth pudo recuperar un pizca de aliento, lo suficiente para girar la cabeza hacia un lado y abrir los ojos, y lo que vio le horrorizó. Delante del sofá, y a unos metros de él yacía en el suelo Temperance, que le miraba aterrorizada. Su ropa estaba llena de sangre, y bajo ella, en la moqueta, había un pequeño charco de color rojo que crecía cada vez más. A ella también la habían atacado, probablemente desde que él fue a la entrada del edificio a recoger la comida.
- ¡Huesos! – la llamó con un casi inaudible hilo de voz.
Ella intentó hablarle, pero no pudo articular palabra alguna. Apenas podía seguir respirando después de la puñalada que le había dado aquel individuo en todo el vientre. Trataba de presionar la herida para evitar que siguiese sangrando, pero era inútil, la sangre manaba con fuerza y sus manos acabaron empapadas. Había perdido ya mucha sangre y cada vez perdía más, ya estaba muy débil, y sus ojos comenzaron a cerrarse, quedándose inconsciente.
- Huesos – un impotente Booth la llamaba desde su posición, pero ella no respondía.
Entonces Booth sacó fuerzas de donde no pudo para coger su teléfono móvil y marcar el número de los vigilantes, que no tardaron en coger la llamada.
- Necesitamos ayuda urgente en el despacho de la doctora Brennan – logró decir Booth con dificultad – rápido por favor – y tras esto cayó inconsciente.
