Capítulo 15

"¡Guerra! La decisión de Apolo"

El Fuego de la Casa de Libra está empezando extinguirse Quedan 5:45 horas para la muerte de Atenea
Sagrado Templo de Apolo, Santuario del Sol y la Luna

Sentado en su trono inmortal, Apolo observaba a todo su séquito. Los caballeros astrales que se ocupaban de su seguridad,, es decir, los caballeros del Interior, el cardenal del Ejército Sanctorum, junto al profeta de los mares, Proteo, el dios del viento, y la hija del titán Palas, supuso que aquel anciano codicioso prefirió permanecer al margen. Igualmente, el dios anciano de los mares acompañado por su sombra, Dagón, habían desaparecido misteriosamente al igual que Seika, al Febo no le interesaba ocuparse de aquellas pequeñeces, por un momento miró a su hermana y luego su mirada abarcó todo el templo, su voz se tornó poderosa.

Apolo: Los herejes, han empezado a caer lentamente, por obra y gracia de uno de los caballeros astrales, Caronte de Plutón, los generales marinos han caído. Sin embargo, no sólo debemos preocuparnos de esos humanos rebeldes, como han de saber uno de los seis Crónidas, Poseidón, ha despertado de su letargo tras milenios de reencarnaciones, igualmente el dios renegado Abel conspira contra el Olimpo formando una alianza peligrosa que podría llegar a provocar una nueva guerra santa... Es por ello que he decidido erradicar yo mismo este desagradable percance, aplastaré a esa rata sacrílega de Abel, y para ello llevaré a la Legión de Santos a Asgard... He sentido su presencia allí.

Dafne: Eso sería peligroso... - dijo, sin importarle si el Febo le daba o no daba permiso, aquella actitud fue aplaudida por los caballeros astrales en sus adentros, mas la diosa de la luna y Eolo temieron por la reacción de Apolo -

Artemisa: ¡Gaia Dafne! Mi hermano exige respeto. ¡No debes contradecirlo en ningún momento...! - un ademán de Apolo calló súbitamente a su hermana gemela, quien se sintió realmente ofendida por la actitud de su hermano -

Dafne: No es tiempo para adornar lo obvio, Asgard no es un trozo de la Tierra común y corriente, esa región está bajo la protección de Odín, atacarla desembocaría en un cisma entre el Valhala y el Olimpo. Es como si atacásemos a Egipto o Japón, debemos respetar los pactos que hizo el Emperador Zeus o nos pesará.

Proteo: Da igual lo que hagamos, el fin está próximo, siento como el cosmos que fluye por mi anciano cuerpo de dios marino sucumbe ante la oscuridad que pronto lo cubrirá todo... ¡El Caos regresará!

Los dioses quedaron estupefactos con la revelación del profeta, no así los caballeros astrales, que simplemente se mantenían al margen, al igual que la hija de Palas.

Eolo: ¡Es una locura! Profeta de los Mares... ¡Aún cuando recibisteis el don de ver el futuro del último Oráculo de Delfos! ¡No es posible que sea tan claro el futuro para nadie! ¡Ni siquiera para un profeta! - exclamó Eolo desesperado, algo irracional en un dios de su categoría, pero en verdad incluso Apolo empezaba a sentir la frialdad del miedo, el miedo a perderlo todo, el miedo al futuro, al destino, pero simplemente se limitaba a ignorarlo, no estaba dispuesto a perder los estribos -

Proteo: ¿Claridad? ¿Qué puede ser claro? La única certeza es que cuanto más fiabilidad acompañe una visión más segura es su falsedad, sólo veo dolor y sufrimiento, una densa oscuridad que lo consume todo, el caos más absoluto... ¡Argh!

Todos se quedaron helados, confundidos, el terror se apoderó de la mente de la diosa de la luna, el anciano profeta fue elevado por los aires, un cosmos esmeraldino empezó a rodearlo, ahogándolo, pronto todos se dieron cuenta que era la mismísima caballero de Mercurio la que lo sostenía, y pronto empezó a desatar una serie de explosiones, cuyo poder era tan terrible que le hizo gritar de dolor, la luz segó por un momento a los dioses y astrales, que luego sólo vieron el cuerpo chamuscado del dios anciano, la furia de Eolo era inimaginable.

Eolo: ¡Sacrilegio! ¿Cómo has podido atacar a un dios maldita hereje? - preguntó con furia inusitada al tiempo que apuntaba a Mercurio con su gran sable platinado, y su cosmos formaba una mortal espiral de vientos cortantes -

- Sus historias no son divertidas, el viejito es muy aburrido, no merece jugar con nosotros. - respondió con aire inocente -

Eolo: ¡Te haré desaparecer! ¡Choque de Tornados!

Una incesante cantidad de tornados surgieron del cosmos del dios del viento, quien disparó sus mortales kens contra la joven Mercurio, sin embargo, todo aquel poder se fue comprimiendo en una esfera de aire entre las manos de aquella misteriosa niña.

- ¡Juego de Pelota!

Como si de un juego se tratase, la niña lanzó la esfera de aire contra el dios pero éste la detuvo cortándola con el sable divino, inmediatamente se abalanzó a por ella con el puño en alto, vientos cortantes arrasaban todo a su paso pero pronto fue detenido por uno de los hermanos Marte, que de su capucha sacón un brazo con el que detuvo el golpe, pronto Eolo notó como la extremidad que había sacado empezaba a arder como el fuego del mismo sol al contacto con la atmósfera, pero no se amedrentó.

Eolo: Blasfemos mortales. ¡Puedo desaparecerlos a todos en cuestión de segundos! - aseguró elevando su cosmos, volviendo todo el viento a su alrededor violento como una tempestad -

- Debería avergonzarse Eolo, acaba de levantar la mano en contra de una fiel servidora del dios Apolo. ¿Acaso no es usted un traidor?

Eolo no soportó la humillación y atracó con sus temibles cuchillas de aire, el caballero de Marte contrarrestó el ataque gracias a un círculo de llamas que giraba alrededor de su brazo. Una vez detenidos todos los ataque, descargó todo un infierno sobre el dios quien se protegió con un escudo de viento, ninguno de los oponentes estaba cansado pero sin duda la desesperación de Eolo desequilibraba la balanza.

Dafne: ¡Basta! ¡Como caballero astral de Gaia, y comandante en jefe de los Cinco Astrales Interiores exijo que apaguen sus cosmos de inmediato! En caso contrario yo misma os haré pedazos.

Sin más, y sabedores de que la ninfa del laurel jamás juraba en vano, Marte y Eolo calmaron sus cosmos, sin embargo, el dios no estaba conforme, se sentía humillado y pisoteado, en su mente sólo se formaban ideas de odio y venganza contra los caballeros astrales, aquellos pensamientos no pasaron inadvertidos por Narciso de Venus, quien se dirigió sigilosamente a las espaldas del Señor de los Vientos para susurrarle al oído.

Narciso: Vuelve a ofender a mi hermana, y desaparecerás diez segundos antes. - aseguró con voz macabra, sin rastro de ira en sus palabras, siempre con aquel tono frío e impasible, mas Eolo no dejó de mantenerse firme, jurando en su interior que acabaría con todos aquellos que le habían humillado -

Dafne se giró a ver a sus "compañeros", dándole la espalda Apolo lo que no pareció molestarle, los astrales nunca habían sentido tan aterrador el cosmos detrás de aquella bella ninfa, quien parecía estar a punto de ejecutar a alguien, su mirada severa se enfocó en Mercurio, quien actúo como si la estuvieran regañando, bajando la cabeza cabizbaja.

Dafne: Es una ofensa demasiado grande para un dios ser golpeado, espero y sepas disculpar tu insolencia, Mercurio.

Cabizbaja como una niña que había sido regañada por su madre, la guerrera de Mercurio se acercó a paso lento hasta el anciano dios marino, pronto extendió su mano para que éste pudiera levantarse, mas cuando lo hizo, la niña recuperó su inocente y aterradora sonrisa.

- Disculpe Sr. Proteo, pero estaba contando historias aburridas, por favor, cuente algo divertido la próxima vez. - una gota de sudor corrió por la arrugada frente de Proteo, quien había perdido el habla por momentos, aquellas palabras parecían una advertencia, no, una amenaza - Las personas aburridas no deberían vivir. - comentó mientras regresaba con sus compañeros -

Artemisa no salía de su asombro, aquella niña había puesto en jaque el cosmos del dios del viento, y fulminado al Profeta de los Mares sin pestañear, el poder de los caballeros astrales era sin duda terrorífico. De pronto la diosa tuvo la sensación de que si aquellos asesinos quisieran, los matarían a todos.

Apolo: ¿Ves lo que has conseguido con tus divagaciones Proteo? Exijo que cuides bien lo que decís en mi presencia... ¿Entendido?

Proteo: Lo... Lamento... Mi Señor... Yo sólo recibo las visiones de forma inmediata, y éstas gobiernan por momentos mi voz... ¡Pero es cierto! El futuro que nos depara a los dioses es tan oscuro como los mismos dominios de la Noche... - aseguró con tono sombrío -

Narciso: ¡Bah! - soltó con desdén, acercándose al anciano dios para intervenir en aquella desorientada y confusa conversación - ¿Para que hemos de preocuparnos de cosas tan lejanos? ¿Tan pronto vais a sufrir los temores de Cronos, vuestro abuelo? Al menos éste pudo disfrutar unos cuantos cientos de milenios de la gloria del trono del Universo. Propongo que ataquemos Asgard, vos y vuestra guardia, que somos nosotros, y que las deidades se ocupen del problema de Poseidón.

Apolo se intentó en el plan propuesto por Narciso, eso sería una guerra honorable para Odín, después de todo, los guerreros que servían al panteón nórdico esperaban más que nada una muerte gloriosa en batalla.

Dafne: ¿Y que pasará si los dioses de Asgard toman represalias?

Narciso: Eso es simple mi querida y hermosa comandante... - respondió con osadía - Hablamos de Abel, el renegado, el rebelde que prácticamente destruyó el mundo con su locura, puedo asegurar de que los dioses de Asgard aceptarán que lo exterminemos y...

Apolo: Deja tus rodeos Narciso, ya no son necesarias las explicaciones. - cortó de inmediato, en aquel momento todos los allí presentes pudieron contemplar como el Dios Sol se levantaba de su asiento, haciendo estallar todo el esplendor de su cosmos - Iremos de inmediato a Asgard, y tomaremos la vida de ese renegado, si los asgardianos no hacen nada y nos lo entregan, no sentirán mi ira.

La decisión de Apolo tenía toda la pinta de ser irrevocable, el cardenal del ejército se dispuso a salir del sagrado templo para preparar a sus soldados para una posible guerra. Dafne no terminaba de desconfiar de aquel plan, era muy arriesgado y seguramente el soberano del Olimpo no lo hubiera aceptado si estuviera ahí, pero no estaba, y Apolo prácticamente se había erguido como el príncipe heredero que sólo tiene que esperar la coronación.

El dios de los vientos estaba preocupado, el dios Sol le había mandado la tarea de solucionar el problema de Poseidón, lo que se traducían en hacerlo desaparecer. Sin embargo no mostró sus dudas ante los caballeros astrales, más bien demostró firmeza y determinación, al ver que el dios Sol se disponía a partir, Eolo hizo una reverencia. Febo lo ignoró, sus ojos sólo observaban a la bella Dafne, quien lo miraba con cierto aire de preocupación que, en cierto modo, le hizo sonreír.

Dafne: No me prestaré a esta locura, no participaré en el ataque a Asgard.

Apolo: Te ruego que no malgastes el dulce musical de tu voz, ya había decidido que te quedarías aquí, alguien debe regir el Santuario en mi ausencia.

Aquellas palabras se clavaron como un puñal en el corazón de Artemisa, se sintió completamente humillada al ver como su hermano delegaba todo el poder del Santuario en alguien que no era ella, que ni siquiera era una diosa, trató de pedirle explicaciones pero ya se había marchado, en el recinto sólo quedaban Proteo, Eolo, ella y Bía, la hija de Palas, quien se mantenía apoyada en la pared con aburrimiento.

Bía: ¿Y bien? - preguntó sin ganas, deseosa de una nueva batalla -

Eolo: Ya has oído las palabras del Febo, ha delegado el mando del Santuario en la guerrera astral de Gaia... - respondió apesadumbrado, su dignidad de dios había sido pisoteada una vez más, sin quererlo un rencor desproporcionado empezaba a apoderarse de él, no sólo contra los caballeros astrales, sino también con aquel que los defendía -

Dafne: Ya que tango aseguráis tener buen oído, habréis oído también las órdenes con respecto a vos, debéis acabar con Poseidón. Y dado que Febo ha dispuesto a todo su ejército para la invasión de Asgard, disponéis tan solo de los dioses que os acompañan.

Artemisa se había quedado petrificada, no podía hablar, tampoco escuchaba las órdenes de Dafne, aquella ninfa a la que había empezado a odiar irracionalmente.

Eolo: ¿Hum? No necesito de nadie para enfrentar a un renegado como Poseidón. - alardeó -

Bía: ¿Y entonces cómo que habéis sido vapuleado en tres ocasiones en mi presencia? Y dos de éstas, ni siquiera enfrentabais a un dios... - comentó con malicia, haciendo trastabillar la seguridad del señor de los vientos -

Dafne: No me interesan vuestras absurdas disputas, sólo vosotros tres quedáis para enfrentar a Poseidón, arregláoslas como podáis, no quiero sentir vuestros cosmos si no es para recibir la cabeza del Emperador de los Mares.

Impactado, Eolo asintió, otra humillación más, en tiempos mitológicos, gozaba del favor del mismísimo Zeus, y ahora servía a una mortal con aires de grandeza. A Bía parecía no importarle el tono de habla de la Guerrera de Gaia, más bien no parecía importarle nada de aquella conversación. Proteo prefirió quedarse callado, sólo él sabía lo importante que era acabar con todos los rebeldes cuanto antes.

Templos de Curación

Súbitamente, el ángel Touma se despertó, sintiendo un fuerte dolor por todo su cuerpo, mas tan sano como si jamás hubiera peleado. Frente a él vio a la hermana de Pegaso, Seika, quien lo miraba, o eso parecía, más bien aquella joven estaba perdida en un limbo, del que no podía despertar.

Touma: Tú eres, la hermana de Pegaso... ¡Seika!

Seika: Me dijeron que te despertarías... - dijo sin prestar atención a las palabras de Touma, mirando al vacío -

Touma: ¿Quién? ¡Seika! ¡Debes despertar! ¡Debemos salir de aquí! Tu hermano, Seiya, ha venido a rescatarte.

Seika: Dicen que tienes que matarle...

Touma: ¿¡DE QUÉ HABLAS!? ¡REACCIONA SEIKA!

Seika: Matar a Apolo, esa es la misión...

Touma: ¡Basta! ¡Seika debes salir de ese trance...!

Seika: Los Ancianos así lo decretaron...

El ángel olímpico se quedó estático, tembloroso de escuchar aquel nombre, dio pasos hacia atrás, tropezando con la cama y cayendo en ella sentado, había escuchado de los Ancianos, sabía quienes eran, y su intervención en aquella guerra sólo volvía todo más oscuro.

De pronto Seika comenzó a convulsionarse, su piel empezó a deformarse dando a entender que algo se movía dentro de su cuerpo, Touma trató de ayudarla pero fue inútil, una fuerza oscura rechazaba todo lo que intentara acercársele, pronto escupió algo de su boca, una columna de energía negra que se disipó al instante, Seika cayó a la cama agitada, con espasmos que preocuparon sobremanera al Ángel, quien trató de tranquilizarla con su cosmos.

Touma: Seika... ¡Seika responde! ¡¡SEIKA!!

- Ustedes ya están bien, pueden retirarse.

Extrañado, Touma giró la cabeza, topándose con la que parecía ser una amazona al servicio de Atenea. sobretodo caracterizada por una máscara de plata que le cubría el rostro, pronto el ángel recordó que aquella muchacha había sido la responsable de curar sus heridas.

Touma: ¿Tú fuiste quien me salvó verdad? ¡Debes curar a esta chica! ¡Está muy mal! - exigió -

- Váyanse, ya están curados.

Touma: Pero..

Pronto el joven se dio cuenta de que era inútil razonar con aquella niña caballero, era muy extraña su actitud, según ella, ambos estaban curados pero... El ángel se decidió a sacar a la hermana de Pegaso de aquel lugar, para lo cual la curio en brazos, pues se había quedado inconsciente, haciendo caso omiso de aquello, la chica se acercó al último paciente herido, Kratos de la Fuerza.

Cinturón de Hipólita

Cansados de dar continuas vueltas, Geki y Shaina, que hacía poco había se había recuperado de sus heridas, decidieron preguntarle a Spartan el porqué de aquello, aquel misterioso hombre, cuyos poderes milagrosos habían curado a la amazona de Ofiuco y al caballero de la Osa Menor, aseguraba que la Esfera Urano se encontraba en ese lugar.

Geki: ¡Hemos recorrido toda la zona y no hemos encontrado nada! ¿Cómo puedes estar tan seguro de que la Esfera de Urano se encuentre en este lugar? - preguntó desesperado -

Shaina: Spartan, comprende nuestra inquietud, años de ausencia y de pronto vienes a salvarnos diciendo ser un siervo de la Diosa, tu actitud no nos da una visión clara de tus intenciones.

Spartan: Hace dos años, durante la batalla de las Doce Casas que los caballeros de bronce disputaban, yo descubrí toda la verdad de la propia boca de Gigas... - empezó a relatar, sin parar de caminar, los dos santos escucharon atentos - Sí, el anciano Gigas, mano derecha del Sumo Pontífice que en realidad era Saga, ese cobarde no posee grandes dotes cósmicas pero sí una elevada inteligencia que le ha proporcionado con el paso de los años todos los conocimientos referidos al Santuario. Me habló de los Riscos de la Locura, el Antiguo Templo de Atenea y el Muro de los Benditos... - Shaina tragó saliva, aquellos nombres siempre habían protagonizado toda clase de rumores sin fundamentos entre los caballeros plateados que fueron sus compañeros, ahora descubría que eran reales esos lugares - También me pidió que me uniera a él, que había conocido al verdadero y legítimo Patriarca...

Shaina: ¿El legítimo Patriarca? ¡Imposible! En aquel momento, tanto el Sumo Pontífice Shion como su hermano Arles habían sido asesinados por Saga.

Spartan: Eso ya me lo había dicho. Gigas lo sabía todo de la traición de Saga, era de hecho, un espía de ese legítimo Patriarca, él trató de convencerme de que lo había conocido después pero... ¡Estoy seguro de que siempre estuvo de parte de ese misterioso hombre!

Geki: ¡Qué locura! Entonces, es posible que el mismo Saga de Géminis estuviera siendo manipulado en las sombras. - concluyó -

Spartan: Aún no he acabado. Gigas me llevó a ver a ese hombre, me quedé completamente helado al verle, su cosmos sobrepasaba con creces el de cualquier ser que había conocido, incluso el de los caballeros de oro.

Shaina: Imposible, sólo un dios...

Spartan: Ni siquiera sé lo que era, apenas recuerdo todo lo que pasó en aquel extraño lugar, me acogió, yo estaba confundido, me contó cientos de secretos, historias olvidadas por el mito como la tragedia de Lemuria o Filiomaquia. Durante todo el tiempo que estuve a su lado, fui entrenado por una misteriosa mujer, una amazona de oro...

Shaina: Lo que nos cuentas es increíble. En nuestra época, jamás existió ninguna mujer que portase la armadura de oro, y es imposible reproducir una.

Spartan: Lo sé, poco puedo decirles de mi estancia en ese misterioso lugar, cuando Gigas me habló de la llegada de Apolo, me dijo que debía ayudarles, de ellos recibí la localización exacta de cada esfera.

Tras aquellas palabras, Geki agarró con fuerza el cuello de Spartan, quien resintió la furia de su ataque sin oponer resistencia, con esfuerzo, Shaina calmó al oso, quien tiró al santo de plata al suelo, prácticamente ahogado.

Geki: ¿¡Por qué me detiene Shaina!? ¡Es un traidor a la diosa! ¡Debe morir! - gritó con rabia -

Shaina: No olvides que le debes la vida Geki, debemos darle el beneficio de la duda al menos. - con pesar, el oso asintió, aunque apretando los dientes y puños -

Spartan: Ya os lo he dicho, no confío ni en Gigas ni en ese... Hombre, si es que lo es. Y está claro que él tampoco confía en mía puesto que borró la mayoría de mis recuerdos, no sé donde se encuentra, nada.

A Shaina le bastaron esas palabras de momento, sin embargo la desconfianza de Geki era una fortaleza inexpugnable, cualquier acto sospechoso por parte del santo de la Brújula bastaría para que el caballero de la Osa Mayor lo matara.

Shaina: Bien, ahora que todo ha quedado claro... ¡POR LOS DIOSES!

El grito de la amazona hizo que Geki y Spartan volteasen a ver donde ella, un pequeño grupo de centauros, aun con sus armaduras impecables, yacían desollados por toda la zona, era aterrador, pero la amazona supo enseguida lo que aquello significaba, estaban en el Cinturón de Hipólita, ningún hombre debía pisar ese suelo.

Reino de la Noche y el Caos

En las sombras del caos y la noche, fuera del amparo del cosmos y de la gracia de los dioses, se encontraba la que fuera diosa de la Sabiduría en el Panteón Olímpico, corriendo con desesperación, huyendo del lugar donde se encontraba, sintiendo la angustia de la persecución, aquella diosa igual a ella, cuyo nombre era Minerva, había lanzado a por ella a un ser, que como bestia salvaje la seguía sin descanso.

De pronto sintió que un brazo la detenía en el acto, sintió la calidez de una cosmo-energía, el aura que sólo un santo de oro podría despedir, pronto aquel misterioso ser se presentó ante ella.

- Tranquilizaos princesa Atenea. Soy Kanon, he venido hasta aquí para sacaros de este oscuro lugar.

Saori: ¡Kanon! ¿Cómo...?

- Habéis ofendido a la diosa Atenea, sois unos blasfemos, vuestro sacrilegio será castigado.

Kanon: ¿¡Qué!? - volteó furioso, elevando su cosmos de forma olímpica, en su rostro se formó un rictus de confusión al ver como aquella "fiera" de ojos rojos y cosmos maligno, mostraba su rostro - ¡Seiya!

Saori: ¡Kanon no abras los ojos! ¡El caos nubla nuestra mente! - aconsejó la diosa -

- Demasiado tarde princesa, Kanon ya ha abierto los ojos. - comentó una voz misteriosa, Kanon volteó y se quedó petrificado al ver a un hombre pelirrojo, tan alto como él mismo, con el rostro pálido y la frente cubierta por dos puntos morados -

Kanon: No puede ser. ¡KIKI! ¿Acaso eres tú el pequeño aprendiz de Mu de Aries?

Kiki: Sólo ves los efectos de este lugar infernal más allá del cosmos, prácticamente he crecido una decena de años en... No, ni siquiera podría decir cuanto tiempo llevo aquí... ¡Debemos salir!

- Jum, antes deberéis pagar por vuestra ofensa a mi señora. ¡Ja, ja, ja, ja! Sufriréis la cólera del caballero más fiel de la princesa Atenea. ¡Meteoros de Pegaso!

El grito dejó estupefactos a los santos, quienes se pusieron de inmediato frente a la diosa para protegerla, pero ésta hacía oídos sordos, ignorando las palabras de aquel ser que Minerva había mandado, era el caos, seguramente era un engaño, todo era un engaño.

Kiki: ¡Maldición! ¡Está claro que debemos vencer a este ser que ha adoptado la apariencia de Seiya antes de poder salir!

Kanon: Cierto, pero mejor quédate al margen. Ese hombre sólo puede ser vencido por un caballero de oro.

Kiki: ¿Qué? ¡Menosprecias mi honor de caballero!

Kanon no tuvo un segundo para responderle al joven muviano, el misterioso ser se había abalanzado sobre él con su terrible ken de los meteoros, era increíble lo perfecta que era esa técnica, superaba incluso la destreza del ataque de Seiya, era tal el poder que aquel ente desataba que en verdad empezó a temer por su vida, cuando los puños estuvieron a punto de romper la defensa del dorado, éstos fueron detenidos por el cosmos de Kiki, Kanon gruñó por la intromisión del joven guerrero, a lo que éste sonrió.

- ¡Da igual cuantos sean! Cumpliré con la misión que Atenea me ha encomendado y recibiré así su perdón. ¡Meteoros de Pegaso!

Nuevamente Kiki se puso al frente de la diosa para protegerla, oyendo las voces oscuras, los susurros del caos que lo incitaban a la perdición, pero el muviano concentró su cosmos, la chispa de la Gran Voluntad que todos los seres vivos poseen estalló elevándose hasta el Séptimo Sentido, disipando las tinieblas y formando un muro invisible que bloqueó todos golpes, el ente oscuro maldijo en sus adentros sin darse cuenta como el santo de Géminis le golpeaba en el estómago, lanzándole en la plenitud del día y la profundidad de la noche, el caos nuevamente se hacía presente acompañado por la estelar patada del misterioso ser, Kanon detuvo el golpe haciendo rodar a su adversario en el aire, una vez con los pies en el suelo el hombre cuyo parecido a Pegaso era total, se puso en posición de combate, la misma que la de Seiya.

- ¡Espero que aún guardes más armas infiel, porque pronto sentirás el galope del caballo alado de los dioses!

Kiki: ¿Los dioses? ¡Kanon ese ser no es Seiya!

Kanon: ¡Lo sé! - exclamó mientras bloqueaba una infinitud de dolorosos golpes de parte del ser - ¡Es el caos que nos confunde!

Kiki: ¡No lo entiendes!

Sin escuchar las advertencias del joven muviano, Kanon atrapó ambos puños de su enemigo, ambos apretaron con fiereza desatando el furor de sus cosmos, sorprendido Dragón Marino notó el horror del aura de aquel hombre, no se había percatado pero, era incluso más tenebrosa que la de los espectros, prácticamente era la muerte personificada, el frío de la antimateria, sin embargo no se rendiría tan fácilmente, haría estallar su aura más allá del Séptimo Sentido y disiparía las sombras del caos.

Kanon: ¡Escucha bien entidad del caos! ¡Hoy desaparecerás en las profundidades del caos en del que has nacido! ¡Muestra tu verdadero rostro! - exigió elevando su aura dorada, empezando a cobrar ventaja frente a su enemigo -

- ¿Entidad de las tinieblas? ¡Habla por ti monstruo! ¿Acaso no has sido tú el que ha defendido a ese ente oscuro que amenaza la integridad de mi Señora Atenea? - preguntó mirando a Saori, quien estaba sumergiéndose en un mar de sombras -

Kanon: ¡Qué locura! No me confundirás con tus mentiras, engendro de las tinieblas... ¡Explosión de Galaxias!

De los brazos de Kanon, surgió una impactante explosión de magnitud inimaginable, el cuerpo del ser cuya armadura era la de Pegaso empezó a sentir como una infinidad de planetas le golpeaban salvajemente, mientras su cuerpo se perdía en el espacio. Inmediatamente el Dragón Marino fue a ayudar a la princesa Saori, que empezaba a caer en un trance.

Saori: El caos se adentra... se adentra en mi cuerpo... ¡Todo es mentira!... ¡TODO ES MENTIRA!... Mentira... Mentira... Mentira... Mentira... Mentira... Mentira... Mentira... Mentira... Mentira...

Kanon: ¡Basta Atenea! ¡Debemos marcharnos! - pidió, desesperado al ver como la tez de su diosa se volvía pálida y sus ojos se dilataban en un mar de lágrimas - ¡Kiki! ¿Acaso planeas quedarte en este lugar?

Pero el muviano no se había movido del lugar, igualmente el ser que llevaba la armadura de Pegaso no había perecido ante el poderoso ken de Kanon, de pronto surgió de las sombras enfundado en una armadura muy diferente a la anterior.

Kiki: No... Es posible.. ¡Eso es...!

Kanon: Kamei... - completó, dejando a la diosa sumida en su encierro mental, lentamente se acercó a la par de Kiki, para observar al misterioso santo, sí, no era un ente del Caos pues el Dragón Marino pronto vislumbró en aquel ser una chispa de cosmos -

- Escuchad demonios del caos... ¡Yo soy Kryon ! ¡Caballero de Pegaso al servicio de la diosa Atenea! ¡Os destruiré y luego obtendré el perdón de mis pecados!

Saori: ¡¡¡KRYON!! - gritó de pronto desde su estado de enajenación, a lo que Kiki y Kanon tragaron saliva, aquel nombre les hizo ver la identidad del ser al que se enfrentaban, el mismo santo que una vez en la era del mito hirió de gravedad al propio Hades y del que jamás se supo su nombre, sólo su constelación guardiana, el caballo alado... ¡PEGASO! -

Antigua Esfera de Neptuno

Era un hermoso día de Primavera, se oía el cantar de los pájaros, y el sonido de una suave brisa al pasar por el verde prado, recubierto por las más exóticas y hermosas flores, altos y fuertes árboles llenos de hermosas manzanas de brillo dorado en cuyas ramas se podían ver vivas y risueñas ardillas voladoras. Otros hermosos animales más fantásticos pasaban felizmente en aquel paraíso terrenal, desde unicornios a hipogrifos, todos mansos, libres, en la más plena y absoluta paz.

Y en medio de aquel edén, con su pulcra kamei de oro celestial, se mantenía firme el dios de los mares. Viendo como su presencia distorsionaba la dulce armonía del paraíso, los animales empezaron a mirarlo, con miedo, empezaron a esconderse, unos aterrorizados y otros dispuestos a atacar, el viento se tornó violento y el cielo se oscureció.

Poseidón: "No es posible que esto esté pasando. ¿Acaso mi sola presencia ha acabado con este paraíso? Imposible, soy un dios, mi cosmos da paz al mundo, acaba con las insurrecciones y el caos, ilumina el cosmos... ¡Soy la viva imagen del cosmos! Pero entonces... ¿Por qué este caos?"

Los pensamientos de Poseidón hicieron deformar su rostro, cerró los ojos y negó con fuerza, aquellas dudas que le asaltaban jamás las había sentido, debía tratarse de la influencia que el cuerpo de Julián Solo estaba teniendo sobre su alma, era imposible que aquel humano aún tuviera presencia. ¿Sería eso lo que cambió a Atenea? ¿Acaso el reencarnar durante generaciones en un cuerpo humano había hecho que dudara? ¿Era eso lo que le hizo amar a los humanos? ¿Acabaría él igual que la hija de Zeus?

Al abrir los ojos pudo ver como todo volvía a la normalidad, los pájaros volvieron a piar, los animales regresaron sin temor al pasto, y el viento sopló de nuevo con suavidad, el dios de los mares se quedó estupefacto al ver a una mujer en el medio de aquel paraíso, una diosa que magnificaba la perfección del edén, sus cabellos eran largos y cubrían su bello rostro, su cuerpo estaba cubierto por túnicas blancas adornadas con detalles dorados, su piel bronceada cual tierra y sus ojos verdes como el prado hicieron que el dios identificara a aquella doncella.

Poseidón: Ma... Madre...

Ella era su madre, la madre de los crónidas y esposa por tanto de Crono, Rea, la titánide diosa de la vegetación y la tierra, su maravilloso y puro cosmos armonizaba con la presencia de la omnipresente Madre Tierra, dando una sensación de magnificencia divina, tal era su poder, con una sonrisa limpia y hermosa, la titánide le habló a su hijo, quien apenas podía moverse.

Rea: Poseidón... mi hijo. Ven, ven aquí.

Poseidón dio pasos por inercia, su mirada había perdido toda la arrogancia y la frialdad de los dioses, para pasar a la ternura de un hijo que acaba de ver a su madre, arrodillado palpó su rostro, la diosa sonreía llena de felicidad.

Poseidón: ¿Cómo es posible? ¿Qué haces aquí madre?

Rea: Estás en la nada hijo, todo lo que ves es fruto de tu mente, de tus emociones, pues en el vacío, sólo un dios puede crear vida.

Poseidón: Entonces... También eres un ilusión... Madre...

Rea: No hay forma de saberlo hijo mío, nada de lo que yo diga podrá asegurar si esto es fantasía o realidad, mas no hay tiempo, tu padre te está esperando.

Poseidón: ¿¡Mi padre!?

Horrorizado, Poseidón se levantó súbitamente provocando la huída de todos los animales, nuevamente el paraíso empezó a sumirse en la oscuridad, el dios respiraba agitado, sin embargo Rea seguía en la más pura calma.

Rea: Sí... Deseas verle... Es lo que has pedido...

Poseidón: ¡NO! ¡No deseo verle..! Él... Me odia.. - respondió, primero con furia y luego con tristeza, bajando la cabeza apesadumbrado - Nos odia a todos nosotros, sus hijos, sólo le importó el poder...

Rea: Es lo que todos los dioses han querido poseer desde Urano hijo mío, en eso ni tú ni tus hermanos podéis alardear ser distintos. Me entristece ver como mis hijos, que enfrentaron a su propio padre, ahora se enfrentan entre sí por unas migajas de poder, esa guerra sin fin que los dioses han sostenido debe llegar a su fin, o todos pereceremos.

Poseidón: Es tan fácil decirlo... Pero aprendimos a odiarlo todo gracias a nuestro padre... Él nos lanzó al abismo y crecimos en medio de la oscuridad... Sufriendo... Y cuando Zeus vino a rescatarnos... Tan sólo... Queríamos venganza... Sí venganza contra el monstruo que había despreciado a sus propios hijos... Pero... Ahora me doy cuenta... De que nuestros pecados han sobre pasado los actos de Cronos... Nuestra soberbia y arrogancia han desembocado en esta absurda guerra...

Rea: Son esas dudas las que te han llevado a mí, mi hijo, mi bienamado Poseidón... Esa es la bendición que te ha dado ese mortal, la reflexión, la capacidad de acabar con la soberbia de un dios, la capacidad de aprender de los errores...

Poseidón: ¿Dónde... Dónde está... Mi padre?

La pregunta del dios de los mares fue respondida por un gesto de su madre, quien hizo surgir de la nada una puerta blanca, Poseidón dudó antes de acercarse pero, ante la seguridad de aquella que le dio la vida, hizo desaparecer sus dudas y la abrió, siendo absorbido por una luz cegadora.

Más allá del Muro de los Benditos, Antiguo Templo de Atenea

Dragón y Pegaso tragaron saliva al ver lo que ante ellos se erguía, la Casa de Aries destruida, tan solo se mantenían en pie algunas columnas y paredes derruidas, por toda la zona habían esqueletos, unos portando armaduras propias de la guardia del Santuario, y otros con corazas carmesí rojas como la sangre, había al menos doce cadáveres, los santos no sabían que pensar respecto a aquella nueva situación.

Seiya: ¡Es increíble! Al pasar el Muro de los Benditos hemos acabado en la entrada de las Doce Casas... ¡Quizás pronto podamos llegar a la Esfera de Venus!

Shiryu: No Seiya, estoy seguro de que desde la llegada de Artemisa las Doce Casas del Zodiaco desaparecieron por completo, verdaderamente no creo que estemos dentro del Santuario.

Seiya: ¿Cómo? ¿Acaso hemos acabado de nuevo en una ilusión del caballero de Géminis? - preguntó confundido -

Shiryu: Hum, es probable, en todo caso debemos estar alerta, más allá de las escaleras sólo hay niebla... No diviso ni siento ningún cosmos en los alrededores, debemos continuar.

Seiya asintió, y a gran velocidad ambos santos corrieron por las escaleras, sin saber que les depararía la casa de Tauro debido a la espesa niebla que parecía cubrir todo el lugar.

Mucho más allá, en la VII Casa del Zodiaco, Libra, que se encontraba partida por la mitad y estaba al borde de un inmenso precipicio, descansaba la espada legendaria, Excalibur, apoyada en un altar de orichalcum con símbolos sagrados adornándolo, en el exterior del destrozado templo, un misterioso caballero dorado, enfundado con el ropaje de Cáncer y cubierto por una máscara platinada, esperaba ansioso encontrarse con los santos que reclamaban la fuerza de Excalibur.

- Ja, ja, ja, ja. ¡Me habéis impresionado! ¡Después de tantos años de espera! ¡Al fin seré libre! ¡Ja, ja, ja, ja! - reía de forma maniática el santo de Cáncer -

Río de Plata

Shun seguía desconcertado, la calma del caballero de Júpiter era total y absoluta, no parecía perturbarse por nada en su alrededor, aquel hombre sereno no parecía ser el asesino que había jurado acabar con su vida, sus cadenas no parecían hallar maldad en el corazón de aquel maestro, tal vez sólo mantenía el ideal que los dioses habían inculcado en su alma desde su nacimiento.

Ío: Deja de dudar caballero Andrómeda, para prepararse para un combate no basta con calmar tu cuerpo sino también hay que serenar mente y espíritu, es mi deseo enfrentar a aquel que ha puesto en jaque a los dioses de igual a igual.

Aquel tono de maestro hizo que Andrómeda recordara su entrenamiento, y a su maestro Albiore de Cefeo, el pensar en el pasado hizo que, sin esfuerzo, su mente y alma se serenasen rápidamente, Ío sonrió.

Frente al Palacio del Viento

De repente, el caballero de Plutón se había quedado estático, su hermana, extrañada, se acercó a él.

- ¿Ocurre algo?

Caronte: Mi padre ya ha escogido a su rival, el santo de Andrómeda.

- ¿Y es un digno rival?

Caronte: Tiene un poder inigualable, tanto como para enfrentar a un caballero astral pero... No, no es un digno rival...

- ¿A qué se debe?

Caronte: Simple, ese santo posee gran poder, pero no está dispuesto a usarlo, cree en inútiles sueños de paz y armonía, realmente patético.

- Aún así, si llegara a desatar su poder...

Caronte: Nos destruiría a todos...

- ¿Tal es su poder?

Caronte: Ni siquiera puedes imaginar hasta donde llega el cosmos de esos santos de bronce, estoy deseando volver a enfrentarlos, si los mato no habrá nada que distancie mi poder del de los mismos dioses del Olimpo.

- Algunos caballeros merodean por el Cinturón de Hipólita. - comentó -

Caronte: ¿Hum? ¿Irás a enfrentarlos?

- No, tan solo enfrentaré a aquellos cuyo poder pueda compararse al mío.

Caronte: Hmmm, dado que nuestro padre enfrenta a Andrómeda y Cisne desapareció junto con Titán... - una sonrisa macabra se formó en el rostro del carnicero - Sólo quedan Dragón y Pegaso...

- ¿En qué lugar se encuentran?

Caronte: En los Riscos de la Locura, en la cima, supongo que ahora mismo deben estar en manos de los caballeros de oro al servicio del Febo.

- Bien, pues a ese lugar me dirigiré, no me interesan los cosmos que merodean en busca de la Esfera Urano, y me he cansado de seguir este estúpido juego.

Caronte: No se hable más, iremos a los Riscos de la Locura... Quédate con Dragón... De Pegaso... ¡Me ocuparé yo!

Cima del Santuario del Sol y la Luna

El cardenal del Ejército Sanctorum que resguardaba la parte interior del Santuario, de porte legendaria y cabellos como el Sol, observaba con escepticismo a la legión, igualmente dudoso de que pudieran hacer frente a los guerreros de Asgard si es que Odín decía defender sus dominios, sin embargo la prudencia le aconsejó no hacer ningún comentario al respecto, ya que posiblemente hacerlo le costaría la muerte.

Apolo sin embargo estaba eufórico, sus planes estaban marchando a la perfección, no importaba que Saturno y Neptuno hubieran muerto, los generales de la marina habían perecido a manos de Caronte, Cisne Hyoga había desaparecido en el limbo y Atenea era consumida por el caos.

Tan solo debía ocuparse de Abel, mientras sus heraldos hacían lo propio con Poseidón, los caballeros astrales se matarían a los rebeldes y ya nada podría separarle del trono del Olimpo.

- Ejército Sanctorum... - gritó el cardenal - Legión de Santos... ¡Ha llegado la hora de que demostréis vuestra valía! ¡Asediaremos Asgard hasta que nos entreguen al hereje Abel! ¡Sólo deben recordar, que no iniciaremos ningún ataque a menos que la respuesta de Asgard sea dada! ¿¡Ha quedado claro!?

Todos los centauros que allí se encontraban afirmaron eufóricos, deseosos de sentir nuevamente el fragor de la batalla por la gloria de su Señor, el dios Febo Apolo. Éste sonreía complacido, no había nada en Asgard de que preocuparse, los dioses guerreros habían perecido y no se había reestablecido la orden, por tanto no existía en aquel lugar nada que pudiera enfrentar siquiera a los caballeros astrales.

Con un gesto, Apolo hizo deformarse el espacio-tiempo, resquebrajando el fino tejido de la realidad y formando una brecha dimensional gigantesca, lo suficiente como para que todo el ejército pudiera pasar. El primero en cruzarla fue el Febo, quien miró de reojo a Dafne antes de marcharse, nuevamente complacido de ver aquel minúsculo aire de preocupación en sus ojos, no prestando atención ni a su hermana ni a las reverencias de Eolo. Con paso firme y militar, los astrales siguieron al dios y, finalmente, el cardenal y la legión empezaron a cruzar la grieta, que conforme pasaban los últimos, se fue cerrando lentamente.

Notas del Autor:

Kryon de Pegaso es el nombre de un personaje cuya autoría le corresponde a Jeczman, sin embargo no son el mismo caballero el que veis en este fic y el que podrían ver en los sucesivos fics de este gran autor del ámbito fandom de SS, simplemente comparten el nombre, como muestra de respeto y admiración hacia este estupendo escritor.

Nuevamente me dirijo a ustedes con un capítulo de Juicio Divino, éste creo que ha sido algo más calmado pero sin duda el preludio de una serie de extremos combates que nos esperan en el futuro, poco más hay que decir aparte de que, como siempre, pueden mandar sus dudas, comentarios y críticas a: lordomegawanadoo.es

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