nuevamente muchas gracias por vuestros reviews ;-)

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CAPÍTULO 12

Dio unos pasos más y sintió como el aire frío de la noche recorría su espalda de arriba abajo, recorriendo también la zona en la que la misma pierde su nombre. Enseguida se dio cuenta de que su única vestimenta era una de esas ridículas batas de hospital que se les ponen a los pacientes, y las cuales dejan toda la parte trasera de la persona al descubierto.

- ¡Demonios! – dijo lo más bajo que pudo - ¿Por qué harán estas batas así? ¿Es que acaso se creen que a los pacientes les gusta enseñar el culo?

Booth no estaba dispuesto a ir por los pasillos mostrando su trasero, así que echó un vistazo a ver qué podía utilizar para cubrirse, y lo único que le era útil era la manta, así que la cogió y se enfundó en ella. Suerte que la manta era medianamente grande y le llegaba hasta las rodillas.

Ahora sí estaba preparado para salir de allí e ir en busca de la habitación de su compañera. Esa era otro dilema bastante importante, no sabía en qué habitación estaba, pero eso no le importaba. Si una vez lograron dar con el lugar donde ella y Hodgins fueron enterrados con vida, no sería tan difícil encontrarla en un hospital, ¿no?

Abrió un poco la puerta de su habitación y sacó un poco la cabeza. Miró a ambos lados del pasillo para comprobar si había alguien, pero no, aquello estaba desierto, y lo único que rompía el silencio era el tic-tac del segundero del reloj de la pared que marcaba las 5.30 de la madrugada.

Booth salió de la habitación y cerró la puerta muy despacio, sin hacer ningún ruido. El suelo estaba verdaderamente frío, pero a él eso le daba igual a pesar de estar descalzo, eso era lo que menos le importaba ahora. Tenía que averiguar dónde estaba la UCI, y pensó que tal vez en los ascensores habría algún cartel informativo, así que siguió los carteles que indicaban la localización de los ascensores, unos metros más a la derecha. Llegó y como había imaginado, al lado de los ascensores había un cartel informativo que indicaba la ubicación de los lugares más importantes del hospital, y en el mismo ponía que la UCI estaba en la segunda planta, tres más abajo que en la que él estaba ahora mismo.

Tras verlo, Booth pulsó el botón de llamada al ascensor, que por suerte llegó en pocos segundos. En realidad a esas horas de la madrugada no es que lo estuviese usando mucha gente, por eso la poca tardanza del mismo. Afortunadamente no había nadie dentro, y en unos diez segundos ya estaba en la planta 2. Al bajarse del ascensor vio unos metros más adelante unas grandes puertas de cristal translúcido en las que había un cartel decía:

"UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS

Prohibido el paso a personal no autorizado"



A través del cristal se intuían las siluetas de varias personas que iban de un lado a otro, seguramente se trataba de los médicos y enfermeras del servicio.

Booth esperó durante unos minutos hasta que no vio a nadie tras la puerta, fue entonces cuando entró. Por un momento estuvo a punto de ser descubierto por un par de enfermeras que salieron de uno de los boxes, pero afortunadamente pudo esconderse en un pequeño cuarto donde guardaban las sábanas y batas limpias, donde aprovechó para deshacerse de la manta y coger otra bata y ponérsela sobre la que ya tenía, pero esta vez con la abertura hacia adelante, de tal manera que ahora sus piernas eran la única parte que tenía ahora al descubierto.

Cuando aquellas enfermeras se alejaron se dispuso a salir de su escondite, tuvo que desistir del intento y continuar oculto, pues ahora eran los médicos los que salían de otro box cercano.

- El caso es que la cara de esta paciente me resulta conocida – escuchó decir a uno de los médicos.

- Sí, es la escritora de los libros esos de crímenes que se venden tanto ahora, a mi hijo le encantan – decía el otro médico.

- ¡Claro! Sí, de eso me suena, he visto sus entrevistas por la tele.

- Están hablando de Temperance – pensó Booth -, así que ella debe estar en esa habitación.

Los dos médicos se fueron alejando por el pasillo hasta meterse en otro box, entonces Booth aprovechó la ocasión y se metió rápidamente en la habitación de la que los vio salir, cerrando la puerta de la misma tras de sí.

Una vez la hubo cerrado se giró y dio unos pasos hacia adentro y la vio allí, sobre la camilla. Efectivamente era ella, su Huesos, que yacía inconsciente sobre aquella estrecha cama de hospital, iluminada por unos focos similares a los de los quirófanos, cuya luz blanca acentuaba aún más la palidez de su piel. A pesar de su gravedad se seguía viendo tan bella… parecía la princesa de un cuento que esperaba a que su príncipe la sacara del hechizo dándole un dulce beso en los labios.

- Huesos – dijo Booth al verla y se puso a su lado.

Varias bolsas de diferentes clases de suero con a saber cuántos medicamentos le estaban pasando por la vía venosa central que le habían canalizado los médicos en la vena subclavia derecha.

Ya no estaba intubada, ahora respiraba por sí misma, sin duda una buena señal.

A la derecha de la cama estaba el monitor que reflejaba sus constantes vitales, ahora estables, y que sonaba con un Pi….pi….pi… rítmico y constante.

Tras quedarse unos segundos observándola, Booth le tomó una mano y la apretó entre las suyas.

- Huesos, – le dijo suavemente – soy yo, Booth. No sé si puedes oírme, pero quiero que sepas que atraparé al que nos ha hecho esto, al que te ha hecho esto. Te lo prometo Huesos, pero escucha, tienes que despertar, por favor. Eres la mujer más fuerte, valiente y maravillosa que conozco, y sé que tú puedes hacerlo, tienes que despertar, ¿me oyes? Todos te necesitamos, yo te necesito. Huesos, yo…. yo…

En ese momento Temperance despertó y abrió los ojos.

- ¡Huesos! – dijo sorprendido.

Temperance giró la cabeza hacia el lado donde estaba su compañero, lo miró a los ojos y le sonrió. Acto seguido suspiró y los volvió a cerrar, aún con la sonrisa en sus labios.

¡¡PIPIPIPIPIPI!! – sonó la alarma del monitor.

- Huesos, ¿qué te pasa? ¡Huesos!

PIIIIIIIIIIIIIII…. – en el monitor todas las líneas eran planas.

En milésimas de segundo todo un equipo de personal del servicio entró a la habitación.

- ¿Qué está haciendo aquí? – preguntó un médico a Booth al verlo allí adentro -. Espere fuera, no puede estar aquí.

- Vamos, tiene que salir – una enfermera lo empujó hasta el pasillo, y Booth se quedó allí, frente a la puerta observando con nerviosismo e impotencia lo que pasaba.

- Está en asistolia. ¡Rápido, el desfibrilador! – gritó uno de los médicos, mientras otro de ellos se ponía a administrarle aire a Temperance con el ambu – Enfermera, póngale 1 miligramo de atropina.

- Puesta la atropina, doctor.

Rápidamente una enfermera llevó el desfibrilador. El médico cogió las palas, otra enfermera les puso el gel conductor y él las frotó para extenderlo por las mismas y luego las colocó sobre el tórax de Brennan, una bajo la clavícula derecha y la otra debajo del pecho izquierdo.

- ¡Carga a 200! ¡Fuera! – dijo para que nadie rozase a la paciente y recibiese también la corriente eléctrica, que al atravesar el cuerpo de Brennan hizo que éste saltara levemente.

Piiiiiii…. – las líneas del monitor no cambiaban.

Sigue en asistolia doctor Stevens.

- ¡Carga a 360! ¡Fuera!

Piiiiiii…

- Vamos no te me puedes morir - decía el médico - ¡Carga a 360 otra vez! ¡Fuera!