Capítulo 17
"¡Revelación! El secreto de la Exclamación de Atenea"
El Fuego de la Casa de Libra está
a punto de extinguirse
Quedan 5:15 horas para la muerte de Atenea
Reino del Caos y la Noche
Luz y oscuridad, sombra y destello, honor y deshonor, nadie puede estar seguro de nada cuando ha caído presa del caos primigenio, donde no existe el orden, donde no se puede hablar de bien o mal.
Los meteoros de aquel santo legendario eran lo único que podría calificarse de real en aquel sitio, lo que no hacía sentir mejor al general marino, quien esquivaba con gran dificultad los embistes del caballero mientras Kiki trataba de impedir que las tinieblas consumieran a Atenea, pues pareciera que todo el lugar fuera un gran ser deseoso de alimentarse de la diosa de la justicia.
Cansado de esquivar y defenderse, Kanon contraatacó descargando fuertes ráfagas de cosmos, que el Pegaso Legendario tuvo problemas en esquivar, el marino sonrió satisfecho al percibir como sus ataques provocaban unas ligeras heridas por el cuerpo, verdaderamente no tenía intención de quedarse a pelear pues si seguía en medio del caos lo más probable era que la oscuridad lo consumiera.
Kryon: Nunca había enfrentado a un rival tan persistente, aún así he de vencerte pues has ofendido a la diosa con tu despreciable presencia, deberías ser más humilde y suicidarte en busca de su perdón.
Kanon: Pero que locuras dices caballero Pegaso, en verdad tu estancia en este reino de tinieblas te ha convertido en un loco incapaz de reconocer a tu propia diosa.
Un ken de luz cortó la oscuridad, el guerrero de la marina calló sus cinco sentidos que sólo lograban confundirlo para estallar el séptimo, a la velocidad de la luz lanzó un puñetazo contra su enemigo el cual lo retuvo fácilmente, contraatacando con un golpe alto que lo lanzó varios metros hacia "arriba".
El hombre de cabellos azules sintió a la vez la sensación de caer por el abismo y ascender los cielos cual cohete, pero con su fuerza de voluntad pudo escapar a la locura caótica para protegerse de la lluvia de meteoros de Kryon, éste había saltado en su búsqueda y Kanon pudo percatarse de la ausencia de brillo en sus ojos.
Kanon: "Ha perdido su alma... - pensó - será mejor que destruya su cuerpo"
Kryon: ¡Prepárate renegado¡ ¡Por la gloria de Atenea... Cometa Pegaso!
Todo el cuerpo de aquel hombre se convirtió en pura energía, tomando la forma de un bólido suicida o más bien un cometa cruzando el espacio, pero el Dragón Marino no se amedrentó y concentró todas sus fuerzas en sus manos, era peligroso desatar la Otra Dimensión en un lugar como aquel, sólo había un ken capaz de para a aquel guerrero, cerrando los ojos hizo estallar en su interior el cosmos de un caballero de Oro.
Kanon: ¡Explosión de Galaxias!
Kryon pudo sentir en todo su ser como centenares de planetas aparecían, estallando en un holocausto cósmico de proporciones divinas, un poder sólo comparable con el de los mismos dioses aunque eso no haría trastabillar la férrea voluntad del cometa pegaso, que resistía los embistes sin mostrar signos de flaqueza.
Kanon: "Impresionante... Su convicción es digna de mención pero... Tan sólo es guiado por los falsos ideales de este mundo caótico... Debo detenerlo o si no Atenea estará perdida... " - pensaba el general mientras veía como su enemigo se acercaba más y más - ¡Explosión de Galaxias!
Nuevamente el ken destructor de mundos golpeó con fiereza al bólido de cosmos que tomaba forma de caballo alado, sin embargo Kryon seguía su trayectoria como si nada, sabedor de que pronto chocarían, Kanon decidió dar el todo por el todo y concentrar toda su energía en una sola jugada, convirtiéndose también en un bólido de energía pura, no pasó mucho tiempo antes de que chocaran, provocando una tremenda explosión de la que Kiki y Atenea se salvaron sólo gracias a la efectiva barrera de cristal.
Casa de Cáncer, Antiguo Templo de Atenea
Los santos de Atenea observaron atónitos el templo del cangrejo, en cada una de las casas que habían visto hasta entonces veían un gran mar de recuerdos de su primera gran batalla contra las fuerzas del mal, cuando Saga tomó el Santuario, y ahora, que veían el oscuro templo de Cáncer, sentían que todo era verdaderamente diferente.
El que más lo notó verdaderamente fue Shiryu, realmente no había nada en el interior de aquel templo, era como si simplemente hubiera un vacío inmenso ocupando todo el interior, la mirada de Seiya estaba más enfocada en tres grotescos cuerpos empalados alrededor de la entrada, con sus rostros desencajados y todo el cuerpo deshidratado, portaban armaduras de color sangre adornada con filosos cuernos por varias partes, dándoles un aspecto aterrador.
Shiryu: Es increíble, cuando llegamos a la Casa de Cáncer durante la batalla de las Doce Casas, sentí que verdaderamente aquel templo era la cúspide del mal, y ahora, es totalmente distinto, ni siento nada en su interior, ni bien ni mal, es absolutamente extraño. - comentaba el dragón con tono lleno de preocupación -
Seiya: Sí, también he tenido esa sensación al tratar de visualizar el lugar con mi cosmos, es como si la nada habitase este extraño mundo paralelo. Pero no es sólo eso lo que me preocupa, Shiryu... ¿Has notado los tres cadáveres empalados que hay alrededor?
Shiryu: Sí... Oigo sus gritos de desesperación... Como si sus almas no pudieran descansar... Verdaderamente son esos aullidos y nuestras cosmo-energías lo único que siento, temo que la nada pueda absorbernos si permanecemos quietos un segundo.
Seiya: Tienes razón, hay que cruzar el templo lo más rápido posible, si es verdad lo que el hermano del patriarca dijo, al final del camino hallaremos lo que necesitamos para vencer a Apolo y salvar a Atenea.
Así, los caballeros divinos de Atenea cruzaron la fría entrada del templo de Cáncer, ante la sombría mirada de aquel que en un tiempo tuvo el deber de protegerla, al cruzar el umbral, la niebla absorbió la zona como si nunca antes hubiera existido.
Más allá del Tiempo y del Espacio
Era un lugar atemporal, más allá del Orden o el Caos, mas rebosante de cosmos, el Emperador de los Mares había atravesado cientos de dimensiones en un solo paso, arribando en el interior de un lugar, que no hacía sino traerle recuerdos.
Aquel gran salón de columnas doradas, de un brillo que haría envidiar al mismísimo Astro Rey, unas paredes de pulcro color blanco al igual que el cristalino suelo, así como un gran trono, desde el cual un hombre de ostentosos ropajes blanquecinos con detalles de oro, al igual que su cabello, corto si no fuera por una larga trenza que descansaba en su espalda. Aquel misterioso hombre no podía inspirar más que miedo y respeto a la vez, ni siquiera hacía falta sentir su omnipresente cosmos pues su sola presencia ya indicaba que él era el rey, el señor de todo aquello sobre lo que posara sus ojos, que mostraban todo un universo en su interior.
Pero Poseidón no se arrodillaría, ni bajaría la mirada, no estaba dispuesto a temer a aquel hombre que lo miraba de forma impasible, desde su trono inmortal al tiempo robado. Sus ojos se posaron a la hermosa vitrina que tras el majestuoso trono se mostraba, en ella se encontraban tallados a la perfección los doce grandes dioses de antaño, aquellos que descienden del Cielo y de la Tierra, los que erigieron a aquel hombre que hoy tenía enfrente Poseidón como su todopoderoso rey, LOS TITANES.
Poseidón: Han pasado milenios... desde la última vez... Padre...
Cronos, que no era más que él, el Rey del Tiempo y los Titanes, miró inmutable a su penúltimo hijo, que había tomado los siete mares y que se había erguido como uno de los Tres Emperadores, aquel ser divino daba la impresión de saberlo todo, incluso lo que ni siquiera había pasado, el pasado y el presente eran algo viejo para él, antiguo, arcano, incluso lo que pasaría en los próximos diez mil años no dejaba ser inocuo, ínfimo, una nimiedad que a la que Emperador del Tiempo no prestaría atención, sin embargo, hoy hablaría nuevamente, tras decenas de miles de años de silencio, en el limbo.
Cronos: ¿Milenios? Tan sólo han sido para mí un instante... Algo tan minúsculo comparado con lo que queda... Que tal vez tampoco sea demasiado...
El hermano mayor de Zeus no se amedrentó ante la potente voz de su padre, aunque tragó saliva, en realidad, no sabía exactamente que debía decirle, no sabía el porque estaba en ese lugar frente al ser al que más odiaba, el ser que le dio la vida... Y la muerte.
Cronos: ¿Acaso has venido a importunarme con tus lamentaciones al igual que tus hermanos? - preguntó con esa poderosa voz de aire indiferente -
Poseidón: ¿Mis hermanos?
Cronos: Uno a uno, tus hermanos han pasado todas las barreras y han llegado aquí, a mis dominios donde me condenaron al exilio eterno, tan sólo para hacerme escuchar sus tristes reclamaciones sobre el por qué de mi accionar.
Poseidón: Tienen derecho... ¡Nos condenaste al infierno nada más nacer! - exclamó con verdadera rabia en sus ojos, al tiempo que su cosmos se encendió provocando turbulencias en el tranquilo lugar -
Cronos: ¿Acaso os creéis tan sumamente éticos y perfectos, como para reclamar a un ser que lucha contra el destino?
Poseidón: ¿Contra el destino?
Cronos: Así es... Mi padre, Urano, sabedor de que lo derrocaría no hizo nada para impedirlo... Se dejó arrastrar por las corrientes del tiempo y el destino, con suma tranquilidad dejó que le arrebatara el mundo que él había creado. Nunca estuve dispuesto a correr su misma suerte... No estaba dispuesto a convertirme en un esclavo de los Hados.
Poseidón: ¿Así justificáis el haber arrojado al Tártaro a vuestros propios hijos? ¿Tan poco significábamos?
Cronos: ¿Qué importa si significaban algo o no? - respondió de inmediato, sin dudar, lo que enfureció al dios de los Océanos - ¿Acaso mi hijo no cometió peores pecados? ¿No renunció Hades a Perséfone para salvaguardar su lugar en el Inframundo? Eso es nuestra herencia, Urano y Gea, mis padres, no sólo me otorgaron el poder de un dios, sino también la arrogancia y la sed de poder que eso conlleva, quizás en un principio hubiera podido hablar de amor y fraternidad por mis hermanos e hijos, pero conforme pasaron los siglos lo único que acabé deseando es mantener el poder... Es lo único que importa al final.
El crónida bajó la cabeza ante las palabras de su padre, mordiéndose la lengua ante la impotencia de no saber que contestarle pues su lado divino, sabía que aquellas palabras eran ciertas, que eso era lo que acababan siendo los dioses con el tiempo, devoradores eternos de poder, capaces de sacrificar cualquier cosa con tal de mantenerlo u obtener más. Pero algo negaba eso, su lado humano, Julián Solo rechazaba la idea de que el poder se sobrepusiera por encima del amor y la familia, aquella férrea voluntad humana hizo que el dios volviera sus ojos directamente a su padre, en los cuales pudo ver un recuerdo lejano.
Edad Dorada de los Titanes
Entrada al Tártaro
La Oscuridad dominaba el ambiente, las frías tinieblas llenas de desesperación y locura, rodeando un monstruoso ser representado como el mismo infierno, el primer ser en venir del Caos Primigenio, anterior a Nyx y Erebo, Éter y Hemera, insaciable devorador de almas que exigía un nuevo sacrificio, ante él estaba impasible el Emperador Cronos, que sostenía a una criatura recién nacida de cabellos azules y tierna mirada algo perturbada por la oscuridad del ambiente, que obligaba al pequeño a desatar un llanto desgarrador, que no superaba al de la hermosa titánide Rea, que rogaba arrodillada al impasible Rey de los Titanes por la vida de su pequeño hijo.
Rea: ¡No lo hagas! ¡Cesa esta locura! ¡Es tu hijo también...! ¡Por favor, te lo ruego! - exclamaba sumida en llanto, su hermano y esposo siquiera se dignó a mirarla -
Cronos: Tan sólo dale un nombre, antes de que muera. - respondió con frialdad -
Rea: ¡No! ¡No lo harás! ¡No lo permitiré! ¡NO!
Sin previo aviso la titánide se aferró al cuerpo de su esposo desatando un brillo verde del que pronto salieron raíces, las cuales fueron aprisionando al impasible Señor del Tiempo, las espinas atravesaban la piel del titán pero éste no reaccionaba, manteniendo su mirada vacía en el grácil rostro del retoño, al tiempo que las plantas empezaban a rozar sus brazos, Cronos los extendió poniendo al bebé por encima de la boca del infierno, de la cual surgían los gritos de desesperación de sus prisioneros.
Rea: ¡No! ¡No! ¡NO TE LO PERDONARÉ!
Cronos: Te llamarás... Poseidón...
Y así, dejó caer al niño que lanzó un grito ahogado, las plantas desaparecieron dejando un cuerpo ensangrentado pero firme, la titánide Rea se había desmayado. El dios se acercó a ella y la levantó del suelo, llevándola en brazos fuera del oscuro lugar.
Más allá del Tiempo y del Espacio
El orgulloso dios retuvo sus lágrimas y rabia, mas no dudó un instante en apuntar al Rey de los Titanes con su tridente, destellando chispas cargadas con odio y rencor.
Poseidón: ¿Por qué... Por qué si querías aunque fuera un poco a mi madre... ignoraste sus lágrimas y me lanzaste al vacío?
Cronos: Ya te he contestado a eso hijo mío... - Poseidón mordió su lengua y dejó escapar un hilillo de sangre al oír aquellas palabras - El poder está por encima de cualquier cosa, no ha habido jamás algo en todo el universo más importante pues todos esos sentimientos y emociones que profesan los débiles humanos, son meras ilusiones al igual que la idea de que se puede llegar a la felicidad sin poseerlo.
Poseidón: Maldito... ¡Sigues siendo el mismo demonio cruel que no merece vivir en este mundo!
Un relámpago surgió de la divina arma de tres picos con la que Poseidón encaraba a su padre, el ataque llegó sin problema al impasible dios, pero al chocar con él provocó un destello que hizo que de nuevo el dios recordara aquellos tristes momentos.
Edad Dorada de los Titanes
Tártaro
El bebé gateaba confundido en medio de aquella oscuridad, incapaz de entender lo que había pasado veía asustado como en las paredes tenebrosas surgían ojos rojos y brazos huesudos con afiladas garras, el pequeño crónida empezó a llorar como llamando a sus padre, al tiempo que los brazos infernales pugnaban por un trozo del bebé, de pronto, todo el recinto fue iluminado por una majestuosa aura multicolor, al tiempo que las horrendas criaturas eran consumidas por el más vivo fuego, lanzado por una hermosa joven de cabellos rojizos.
El pequeño Poseidón calló su llanto, mostrando una expresión de total desconcierto ante las dos mujeres que eran en verdad sus hermanas, éstas lo miraban con una expresión férrea que en parte le dio miedo, pero pronto empezó a reír de felicidad, extrañadas las dos diosas miraron atrás para percatarse de que una tercera hermana había llegado, a su paso el mismo suelo inerte del Tártaro pasaba a convertirse en tierra fértil, llena de flores de insuperable belleza, el pequeño movía gracilmente sus pequeñas manos al ver en aquella diosa de verdosos cabellos el rostro de su madre, y puso mayor rostro de felicidad al ver al lado de la joven el serio rostro de su padre, aunque con una larga cabellera oscura en lugar del corto y rubio pelo del Rey de los Titanes
- Hades, parece que piensa que yo soy...
Hades: ... Nuestra madre... Pude escuchar su llanto... Hestia... ¿Pudiste oír su nombre?
Hestia: No demasiado bien... Madre no pudo soportarlo y ni siquiera llegó a bautizarlo...
- Pero sí lo hizo nuestro padre.. - apuntó con cierto rencor la del majestuoso cosmos - Poseidón..
.- Poseidón... Nuestro hermano... - decía la diosa de cabellos verdes mientras abrazaba al pequeño, que jugaba con los pelos de la que creía su madre -
Más allá del Tiempo y del Espacio
Poseidón trastabilló por el impacto de recordar su infancia, provocando que su tridente centelleara por todo el lugar, sin causar ningún daño a la majestuosa estructura, Cronos permanecía frío, impasible, inescrutable.
Poseidón: ¿Por qué me haces recordar? ¿¡Por qué!? - exclamó lleno de ira -
Cronos: Nunca llegué a saber, como sobrevivieron en aquel páramo de caos y dolor, siendo apenas unos recién nacidos. No fueron necesarios ni años para que mi padre se volviera completamente loco, y ustedes... He de suponer que fue esa voluntad la que os hizo superiores a los mismísimo titanes... La que me derrotó... La que os hizo trascender al...
Poseidón: Noveno Sentido... - completó anonado el dios de los océanos -
Cronos: En verdad Deméter era la viva imagen de Rea...
La sorpresa del crónida fue titánica al oír aquellas palabras en boca de su frío y cruel padre, por un momento, al mirar a aquel titán esperó vislumbrar en su rostro sereno e inmutable alguna mueca de sonrisa, producto de evocar recuerdos de un tiempo en que las profecías de Urano no habían empezado a mermar la paz de la Edad Dorada de Cronos, sin embargo, tan sólo choco con la cruda realidad de un ser sin sentimientos, cuya soberbia y arrogancia hacía que ignorase toda ética o moralidad como pensamientos inferiores, sí, realmente estaba viendo un reflejo de sí mismo.
Casa de Cáncer, Antiguo Templo de Atenea
Al entras en el antiguo templo del Cangrejo, un escalofrío recorrió los cuerpos de los santos de Atenea, se sintieron de pronto en una aterradora libertad, como si no existiera nada a su alrededor, como si hubieran caído en el vacío más profundo, un abismo sin final en el que no existían el norte o el sur, el este o el oeste, arriba o abajo, no, no habían direcciones pues todo era exactamente lo mismo, la nada absoluta.
Lo único que hacía que los caballeros de Atenea no cayeran presa de la locura era la pronta sensación de un cosmos, un aura maligna repleta de maldad que interfería en aquel mundo inexistente, y que hablaba directamente a sus mentes, no, a sus propias almas, directamente a sus cosmos.
- Caballeros de Atenea... - dijo la oscura voz -
Seiya: ¿Qué? ¿¡Quién habla!? ¡Muéstrate cobarde y pelea! ¿Acaso es esta una ilusión que escuda a un caballero dorado tan despreciable que no es capaz de confrontar él mismo a su enemigo? - preguntó entre exclamaciones, tratando de obviar toda la información que recibían sus sentidos de aquel vacío inhóspito, la única respuesta que recibió fue una carcajada a lo que el santo de Pegaso descargó sus potentes meteoros, que simplemente se perdieron en el horizonte -
Shiryu: Es inútil Seiya, nos encontramos en un mundo carente de todo rastro de existencia, es distinto a cualquier otra experiencia que hayamos vivido pues simplemente somos lo único que "existe" en este lugar.
- Deberías escuchar a este joven erudito... Parece que ha hecho los deberes... - decía burlón ante la furia de Pegaso -
Shiryu: Al menos di tu nombre.
- ¿Mi nombre? ¡Ja, ja, ja, ja! Que descortés sería si os dijera mi nombre sin estar cara a cara con ustedes.
De prono el espacio blancuzco empezó a tomar forma de espacio sideral, aunque también vacío, el ver las estrellas en aquel negro universo hizo que de nuevo los caballeros pudieran fiarse de sus sentidos, nuevamente surgió del abismo la macabra voz.
- Vosotros que habéis venido a reclamar la espada sagrada, debo antes mostrarles lo que en verdad es, cuando conozcáis su historia, quizás lo piensen dos veces antes de pensar en arrancarla de su actual prisión.
Antes que los caballeros pudieran reclamar algo, el espacio cambió de forma nuevamente, pasando a convertirse en pura y negra oscuridad, un infinito tapiz de tinieblas donde no parecía haber luz alguna, y que parecía cubrirlo todo, imponiéndose al brillo de las estrellas y del Astro Rey, pues los dos santos distinguían pese a todo su amado planeta, en un estado primigenio, pero sin duda era la Tierra.
De forma rápida, a una velocidad tal que era imposible de describir, los santos sintieron toda la historia de los dioses, desde los Antiguos Gea, Urano y Pontos, hasta la era de los dioses del Olimpo, vieron la corrupta edad de los hombre, y la gloriosa edad heroica de Perseo, Teseo y Heracles, finalizando con la terrible Guerra de Troya, punto final de la mitología junto con la aclamada Odisea del último héroe griego, Odiseo.
Pero no era eso lo que aquel misterioso ser quería mostrarles, sino algo más, algo tan terrible, que la mitología no hablaría de ello por mandato del mismísimo Rey de los Dioses, las grandes guerras santas que mermaron a las sagradas órdenes de los dioses Ares, Poseidón, Atenea y Hades, y que dieron paso a la olvidada Filiomaquia, la mirada de los dos compañeros de armas, que habían sido reducidos a meros observadores, se centró en el final de la primera de esas guerras santas, la gran confrontación entre hermanos, en la que los santos tuvieron que proteger la tierra del ejército más poderoso y brutal que el Olimpo hubiera engendrado: Los bersekers de Ares.
Era del Mito
Salida de la Casa de Piscis, Antiguo Templo de Atenea
El espectáculo era aterrador, desde la entrada del Palacio del Patriarca se podían vislumbrar las Doce Casas del Zodiaco, protegidas desde tiempo milenarios por los guardianes de Atenea, conocidos como los caballeros de Oro. En aquellos oscuros días de guerra, todas las gloriosas edificaciones lucían desechas, fragmentadas y derruidas, con decenas de guardas y santos amontonados en las entradas, mutilados y cremados más felices de haber podido derrotar a algunos de sus enemigos en el proceso, pues también cientos de guerreros del ejército infernal de Ares habían perecido ante la voluntad de los caballeros, incluso el último batallón del dios de la guerra: Los Despojos de Heracles, había sucumbido ante el inescrutable poder de la elite de la diosa.
Sólo uno quedaba, el gran general, el demonio en persona cuya maldad era sólo comparable a la del Emperador del Infierno, la hija de Zeus podía ver la locura y la sed de sangre en la mirada de su hermano, enfundado por su gruesa coraza de maldito color carmesí con toques macabros y oscuros, entre sus manos blandía un enorme espadón cubierto por los fluidos de sus víctimas, pues tres santos de oro habían tratado de enfrentársele a pesar de la enorme diferencia de poderes, la diosa miró apenada a Niké, la grácil diosa de la Victoria que siempre la acompañaba, ahora le mostraba la legendaria espada que había recibido de su padre, herencia de su bisabuelo, Urano, primer portador de la más terrible de las armas.
Ares relamía la hoja con deleite, su rostro era verdadera muestra de su locura pero eso no amedrentó a los últimos caballeros que quedaban. Cáncer, Acuario y Libra aún mantenían posturas firmes de combate, cada uno con una de las legendarias armas.
Acuario golpeó con vehemencia el rostro del dios de la guerra con su nunchaku cargado de cosmos bendecido por el cero absoluto, pero la escarcha desparecía ante la llama del cosmos rabioso de Ares que rechazó de inmediato al valiente guerrero, Cáncer trató de impedir que el gigante se cebara en su compañero lanzando el escudo dorado al grueso cuello de la monstruosa deidad pero éste contraatacó con un certero puñetazo que cuarteó su coraza dorada.
Apenada y a la ves con ira inusitada la diosa de la Sabiduría observaba como sus valerosos guerreros caían presa de la cólera de su hermano, quien lanzaba alaridos de león que resonaban por todo el lugar, la hija de Metis elevó su resplandeciente cosmos apoyando a sus santos, y su divino rostro se iluminó al ver como todos los caídos levantaban sus maltrechos cuerpos con voluntad, al tiempo que sus auras estallaban llenas de vigor.
El dios hijo de Hera gruñó con rabia al tiempo que paraba los embistes de la espada de Libra, pues su portador tenía que alcanzar tiempo para que sus compañeros llegaran, Acuario se abalanzó a por las gruesas piernas del dios de la Guerra, congelándolas para mantenerlo estático, Ares no podía contraatacar pues su cosmos sentía la presión del Agujero Negro de Cáncer, que le consumiría de no ser por su divinidad, pero el poderoso dios no conocía la derrota, ni estaba dispuesto a conocerla, en un simple movimiento de 180 grados cortó con su espadón el peto de Cáncer y desarmó a Libra, para luego patear con fiereza al santo de Acuario.
Ares observó con sangriento deleite a la diosa, quien blandía la espada sagrada con dudas en su interior, el dios de la guerra se percató de que los refuerzos vendrían pronto así que se dispuso a terminar con su hermana de una vez.
Atenea: Ares, tu ejército ha sido diezmado, ríndete o no podré asegurarte que vivas. - dijo apuntando el cuello de su hermano con la espada, realmente a aquella diosa no le temblaría el pulso en enfrentar a su enemigo, pero algo rondaba su mente que le impedía actuar rápidamente -
El hijo de Zeus no dudó en su deseo de destrucción, los tres santos de oro que se encontraban justo delante formaron una trinidad, llenos de temor pues nunca habían llegado al punto de tener que utilizar aquella técnica, pero todas las dudas eran disipadas al ver a aquel monstruoso dios y pensar en lo que podría hacer al mundo si ganaba aquella última batalla.
Elevaron sus cosmos al unísono, la diosa de la Sabiduría apoyó tal acción formando una fuerza tan temible que se comparaba al Big Bang que dio comienzo al universo, el dios de la guerra palideció por un momento, pero luego mostró una amplia sonrisa que extrañó sobremanera a su hermanastra.
Ares: La Exclamación de Atenea... Siquiera Poseidón o Encelade te hicieron desatar ese poder... Me halagas hermanita... Estoy deseando sentir el calor de tu máximo cosmos... Adelante.. Acaba con el ser que diezmó tu Santuario.. Te estoy esperando..
No dudaron los santos ni la diosa de que la victoria estaba asegurada, ni siquiera un dios como Ares podría sobrevivir al destructor brillo del Big Bang, una vez los cosmos de los dorados hubieron alcanzado el clímax del perfecto Séptimo Sentido, la trinidad recibió la bendición de Atenea, sobrepasando el poder humano para alcanzar lo divino, la Exclamación de Atenea se mostraba esplendorosa, brillando con la sagrada luz de los dioses que cegaba al sanguinario señor de la guerra, quien se protegía con su gran espada y su brazo.
Trató inconscientemente de escapar, dando grandes zancadas hacia atrás, pero un contingente de guardias y santos de plata bloquearon al gigante, al tiempo que varias decenas de caballeros de bronce bloquearon a tres bersekers de aterradora figura que trataban de proteger a su general, la fiereza del ejército más poderoso de la Tierra se demostraba mientras aquellos tres guerreros eran un gran problema para los guardias y santos de bronce.
La esfera de brillo solar centelleó haces de luz desintegradotes, los tres campeones de Ares cayeron sin resistencia mostrando el poder absoluto de la más poderosa forma de poder cósmico que pueden desatar los seres humanos, sin embargo esa indomable fuerza no distingue villanos de aliados, el poder pronto absorbió y convirtió en cenizas a los caballeros y guardias del Santuario ante el hasta ahora impasible rostro de la diosa, que sintió el desquiciante grito de las almas de sus amados protectores, la Exclamación de Atenea lo consumía todo menos al verdadero objetivo, el hijo de Hera bloqueaba gracias a su gruesa kamei el poderoso ataque, pero la trinidad de los santos de Oro no estaban dispuestos a cesar su intento, elevando aún más sus cosmos hasta un punto en que el mismo Ares sintió por una vez miedo, verdadero terror ante la posibilidad de morir, sus ojos se inyectaron en sangre asesina y empezó a impulsar su cosmos olímpico para empujar la esfera, toda la realidad sintió el inconmensurable poder hasta que al fin, el dios de la guerra vio con deleite como sus enemigos de dorada armadura desaparecían tras el ken que hacía nano-segundos iba a desintegrarlo.
Los demoníacos ojos del dios pudieron atravesar la bomba energética, esperando toparse con el miedo y el terror que antes lo gobernaban en la altiva cara de su hermana, pero la diosa encarnada en aquélla bella joven de rojizos cabellos era incapaz de sentir temor, incluso podría decirse que no conocía la compasión, pero decirlo sería una mentira y eso sería demostrado por el como su mano temblaba al levantar la suntuosa espada legendaria, al tiempo que la hija de Palas negaba con la cabeza y una gota de sudor recorría su bronceada espalda, de pronto el rostro de Niké fue marcado por una sonrisa al ver como surgían los santos de oro del infierno, habiendo alcanzado por primera vez en la Historia el Arayashiki, habían sentido verdaderamente el poder de los dioses recorrer sus cuerpos mortales, habían trascendido a la muerte y ya nada podría detenerlos.
Ares desató los aullidos de su odio sangriento en forma de cosmos rojizo carmesí, pero nada podía detener la insaciable fuerza cósmica devoradora que barría todo lo que se ponía a su paso, emanaciones de energía ya habían hecho resentir los cimientos de aquella realidad alterna, desapareciendo los gloriosos templos del Zodíaco, la armadura sagrada de Ares cuarteó hasta volverse polvo, su piel gruesa como su kamei fue cremada e incontables heridas se abrieron, el gigante sin embargo dio zancadas atravesando la Exclamación de Atenea, los caballeros dorados se sintieron impotentes al ver como el ser más sanguinario del Olimpo se acercaba a su diosa, no podían cesar de enviar su cosmos al poderoso ken o todo simplemente desaparecería, el dios se mostró ante la diosa, completamente hecho una momia sin vendas, pero con el mismo odio y poder que había poseído desde su nacimiento, trató de incitar la ira de su hermana, pero ésta aún sentía dudas de usar la espada legendaria siquiera para protegerse del gran espadón, que fue bloqueado por un hombre, un santo de bronce auto-nombrado como el guardián de la diosa de la justicia, sus puños cargado de cosmos azulado bloquearon la espada, la sangre de Ares bañó la armadura de aquel hombre que lograba preocupar a la firme Atenea.
Su mirada era firme y era capaz de enfrentar a la del más cruel dios del Olimpo, lo que enfurecía al hijo de Zeus, de pronto los dorados tomaron una decisión, sacrificarían sus vidas por su diosa y su valiente compañero de bronce, voltearon lanzando las fuerzas de la oscuridad, un torreón de energía cristalina y un dragón verde de energía, la ancha espalda del dios de la guerra resintió los ataques, que fueron lo último que desataría aquel trío de valientes que no tardó en sucumbir a la ahora caótica energía dorada, la diosa mordió su lengua, verdaderamente preocupada por el futuro de aquel caballero, digno heredero de las alas de Pegaso, capaz de sobrevolar los cielos e incluso tocar las estrellas en el Universo.
La espada siente, la legendaria arma de dioses es capaz de ser mensajera de los sentimientos de su portador, por tanto una mera pizca de rencor, odio o incluso tristeza, es capaz de desatar el caos más aterrador y destruir a los seres más poderosos del cosmos.
Por esa razón, por el propio estado latente de aquella arma viva por la que recorría el miedo a la pérdida que gobernaba la aparente firmeza de la diosa Atenea, desató lo que sólo era una mínima parte de su aterrador poder, pero que sencillamente cortó de forma diagonal el pecho del dios de la guerra, destellando sangre como un chorro a presión, la armadura del santo brilló con luminosidad divina y unas majestuosas alas surgieron de ella al tiempo que la diosa creyó ver al legendario caballo alado, salvándola de la inminente explosión, destrozado, el dios de la guerra esperó su fin.
Casa de Virgo, Antiguo Templo de Atenea
Los santos de Atenea no preguntaron el porque habían pasado de largo la Casa de Leo, ni porque habían sido transportados, sus mentes aún permanecían en aquella mortal guerra santa, cuyo sanguinario transcurso superaba el de todas sus batallas, la desesperación, la tristeza, la masacre y el caos que gobernaba el Santuario en aquel entonces, hacía que Shiryu empezara a sentir dudas sobre su misión como caballero, al conocer el miedo que provocaba a sus enemigos y a las incesantes órdenes sagradas, incluidos los oscuros espectros de Hades, el Dragón llego a plantearse si de verdad habían sentido la dureza de una guerra santa. Pronto el más sabio de los caballeros de bronce disipó aquellas dudas pues su voluntad y fidelidad a sus creencias eran absolutas.
El santo de Pegaso pensó en como aquel que era su viva imagen protegió a la diosa Atenea, pese a la rudeza de aquella encarnación que parecía lista para liderar un ejército, en el fondo de la joven pelirroja sintió el cosmos armonioso de Saori, admiró grandemente la voluntad de aquel caballero y se juró nuevamente que salvaría a Saori de las garras del caos, aún si tuviera que dar la vida por ello.
- ¿Y bien? ¿Habéis sentido el poder de la espada? ¿Seguís pensando que liberarla os ayudará verdaderamente?
La voz ya no venía de todas partes, era distinguible que el portador de aquellas oscuras palabras se encontraba más arriba, oculto tras la espesa niebla, Seiya hizo ademán de querer subir la larga escalinata pero Shiryu lo detuvo en el acto, había que ser cautelosos pues no sabían que tipo de ser podrían encontrarse en el siguiente templo... La Casa de Libra.
Shiryu: Tan solo nos has mostrado el por qué de la prohibición de la Exclamación de Atenea. Su poder era lo único que podía vencer a un dios como Ares, pero a la vez el descontrol podría acarrear el fin del mundo. ¿Me equivoco?
- Sabia deducción, veo que no todos los santos de esta generación son animales que se dejan llevar por sus impulsos. - el santo de Pegaso sintió en su interior que aquellas palabras eran una indirecta en su contra pero se contuvo, preparándose mentalmente para cualquier eventualidad - Da igual como actúe su envoltorio mortal, Atenea siempre será la misma niña DÉBIL, incapaz de actuar con frialdad a la hora de alcanzar la victoria, tantas muertes gloriosas ocasionadas por la Exclamación de Atenea, que provocó que este mundo fuera cubierto por la Nada, hizo que prohibiera que fuera utilizada de nuevo, imagina lo que pasaría si un poder del mismo calibre explotara en la Tierra.
Shiryu: Sería... El fin...
Seiya: Pero... Hemos visto la Exclamación de Atenea... Su poder era inconmensurable... Pero no provocó grandes desastres como los que nos muestras... ¡No son más que mentiras!
- ¿No sentisteis el poder desatado? El cosmos de los tres caballeros dorados habían trascendido a la muerte, habían alcanzado Arayashiki, eso con el apoyo de un dios Olímpico, provoca el mayor poder que unos mortales pueden desatar. - hizo una larga pausa, que hizo poner de los nervios a Seiya, sabedor de la oscura situación en la que Saori se encontraba, más allá de aquella niebla, el oscuro ser sonreía con deleite - ¡Pero no os habéis dado cuenta de lo que en verdad quería mostrarles! ¡La espada que Atenea portó contra su hermano Ares! ¡Esa es la legendaria Excalibur! O al menos fue ese nombre con el que la conocieron los celtas, quienes fueron sus guardianes hasta que el Rey de Gran Bretaña la reclamó...
Shiryu: "El Rey Arturo" - pensó de inmediato -
- ¿No pudieron percatarse de la verdad que os mostraba? No hubieron dudas en el corazón de la diosa al ver como sus santos lanzaban una fuerza cósmica de tal calibre, pero si aparecieron a la hora de blandir su espada, una espada capaz de matar dioses, con un poder oculto mayor al del mismísimo Emperador de los Cielos, Zeus.
Los rostros de los santos formaron rictus de sorpresa. ¿Un poder mayor al de Zeus? Era imposible, tal fuerza no podía estar en una espada, verdaderamente ahora entendían que debían conseguir la legendaria espada, porque en malas manos podía convertirse en un problema mayor al de los mismos dioses.
- He esperado mucho tiempo... Sí... Demasiado... Para poder salir de este lugar... - los santos observaron como una oscura figura con alas empezaba a formarse en la lejanía, emitiendo un cosmos dorado - La Nada ha hecho de este lugar un verdadero infierno, todo lo que he visto hasta ahora son ilusiones, formadas por mi mente, pues esta realidad caótica no es más que un papel en blanco en el que cualquier ser vivo con el cosmos de una divinidad, puede crear un mundo. - los caballeros de Atenea prepararon sus mejores técnicas para lo que iba a venir, un cosmos verdaderamente aterrador que no podía ser comparado con el de los caballeros de oro que habían enfrentado hasta el momento se acercaba a paso lento pero seguro - ¿Pero imaginan un mundo vacío? Puedes ver, oír, tocar, oler, incluso degustar y hasta mantenerte vivo, pero para seres como yo, que conocemos los secretos del cosmos, es un verdadero infierno porque...¡¡NO SENTIMOS NADA!!
Un cosmos inmenso disipó la niebla, partió la nada e hizo que los caballeros pudieran ver a su enemigo, el caballero de Cáncer sin duda, de cabellera rojiza y larga cubriéndole la mitad de una máscara majestuosa que no era ni de oro, ni de plata ni de bronce, el cabellos le llegaba a cubrir toda la espalda por detrás, pero lo más sorprendente eran sus alas, su armadura no era como la de Máscara de Muerte, era...
Seiya: ¡¡UNA KAMEI DE ORO!!
- ... Porque no hay nada, sólo viví en un vacío inmenso, he de suponer que ustedes, tontos caballeros de Atenea, liberaron al Azote de Heracles y al alma de Ares, habéis iniciado por fin la Gran Guerra que el Maestro tanto esperó, ya no vale la pena que yo esté aquí, tan sólo he de llevarme Ezcalibur, gloriosa será mi llegada.. ¡TEMBLAD CABALLEROS DEL ZODIACO! ¡Yo soy Otelo! ¡El Caballero Kamei de Cáncer a las órdenes del Gran Maestro! ¡Vuestra hora ha llegado!
Río de Plata
Quien sintiera el cosmos titánico manifestado en aquel lugar, dudaría de sus sentidos pues sólo vería a dos personas, un hombre de edad avanzada y un joven santo de cabellera verdosa, sentados en postura de loto, lentamente, el hombre de nombre Ío, abrió sus serenos ojos de maestro.
Ío: ¿Estás listo joven?
Shun de Andrómeda tardó varios minutos en contestar pero al hacerlo, su cosmos se abrió cual flor destellando chispas de energía divina, el caballero de Júpiter hizo traer con su cosmos una especie de corona de laurel, pero con forma claramente metálica.
Ío: Cuenta la leyenda, que el dios del Sol Apolo tuvo tantos amoríos como su padre, pero no hubo mujer, sea humana o diosa, que provocara en el Febo los mismos sentimientos que Dafne, una hermosa ninfa, la cual para huir de su perseguidor pidió ayuda a su padre para que la convirtiera en laurel. Desde ese día, todos aquellos guerreros que portan el título de campeones de Apolo, llevaron siempre una corona de laurel, pues así el gran Astro Rey honraría el hermoso recuerdo de su amada ninfa.
Shun: Es una historia hermosa... Pero triste a la vez... - comentó -
Ío: Nosotros somos caballeros astrales, los últimos campeones que quedan, y portamos estas coronas que en verdad son... ¡NUESTRAS ALBAS!
La corona estalló en energía para cubrir enseguida al guerrero, dándole todo el aspecto de un glorioso general, pues sólo eso podía mostrar semejante armadura, la legendaria alba de Júpiter participaba en una nueva batalla, cientos de chispas centelleaban alrededor de Ío, por cuyo cuerpo recorría una corriente electromagnética capaz de pulverizar cualquier cosa.
Ío: Sobran las palabras Andrómeda Shun... ¡Qué empiece este combate!
Shun asintió, sintiendo en todo su ser el inigualable poder de un caballero astral, Ío de la Tempestad demostraba ser sin siquiera empezar la batalla, un contrincante digno de temerse.
Reino del Caos y la Noche
Desesperados, más por la seguridad de la princesa que por sus vidas, el joven Kiki y el general marino corrían sin parar, sabedores de que Kryon no había caído aún, pero al menos permanecería inhabilitado por un tiempo, sin embargo decenas de seres les perseguían, quizás centenares, miles, millones, era imposible saberlo pues no podían hacer uso de sus sentidos, Kanon sabía que el portal debía estar cerca pero la persecución no le permitía concentrarse.
La diosa Atenea pronto abrió los ojos, percatándose de la situación de sus caballeros, aún portando Kanon la escama del Dragón Marino seguiría siendo su protector y eso hacía que se reconfortase, haciendo uso de todas sus fuerzas hizo brillar su cosmos, a lo que Kiki hizo todo lo posible para que aquellos guerreros no desconcentraran a la diosa, sin ningún orden hizo que cualquier cosa que pudiera moverse lo hiciera en contra de aquellos que les seguían los pasos, ganando tiempo para Kanon y la princesa.
El general paró estrepitosamente la marcha, eso hizo que todos hicieran lo mismo, sabedores de que habían llegado a su destino, Atenea ahogó un grito al ver a toda la legión de perseguidores que les habían estado siguiendo, la mayoría eran santos como Kryon, portadores de armaduras de bronce o de plata, pero también distinguía a miles de guerreros de Poseidón, Ares, y otros fieles de distintas órdenes, todos aquellos que perecieron en la guerra olvidada, unas lágrimas maquillaron por momentos el joven rostro de Saori Kido ante tal desesperación pues, aquellos que ahora le encaraban, no eran personas, habían perdido todo rastro de humanidad tanto por dentro como por fuera, realmente desolador.
Kiki no sabía nada de la guerra olvidada, pero igualmente era capaz de distinguir las armaduras oxidadas y quebradas, verdaderamente no muertas sino corruptas, lo que le hizo sentir compasión por aquellos cuerpos sin vida ni alma, sin embargo, no estaba dispuesto a permitir que aquellos seres le pusieran una mano encima a la diosa Atenea, por lo que centró todas sus fuerzas en crear un escudo mental que los mantuviera quietos, mientras Kanon buscaba una salida.
El general marino ni siquiera prestó atención a aquellos seres, simplemente se limitó a buscar la salida, lo que no le costó demasiado, sin embargo, pronto sintió un fuerte dolor que mermaba sus fuerzas, por un momento parecía que iba a caer rendido pero, en una muestra de firmeza y voluntad dignas de un protector de los dioses, Kanon se levantó y destelló una fuerza inusitada, con el fin de abrir un hoyo que los alejara de aquel infierno.
Con una sonrisa en los labios la hija de Zeus extendió Niké, admirando la endereza de sus caballeros decidió usar todo su poder para protegerles, aún teniendo que acabar a su vez con aquellas almas descarriadas, aún soportando en su alma el perverso caos primigenio, no se amedrentaría ante el mal y descargaría su cosmos en aquellos que amenazaran la paz y el cosmos.
El sentir el aura bondadosa de aquella a la que juró proteger hizo que el muviano sintiera sus fuerzas renovadas, pudiendo hacer que el muro de fuerza invisible, muy distinto a la técnica de su maestro Mu, avanzara empujando a la legión de almas corruptas, que no tardó en responder con ataques aterradores, por un momento el muviano captó como sus cosmo-energías estallaban, permitiéndole oír los gritos de auxilio de unos valientes caballeros, que habían caído en la realidad de la mismísima oscuridad y desesperación, esto provocó que trastabillara, permitiendo el avance del ejército indomable.
Atenea elevó su cosmos, tratando de apoyar a su valiente protector, pero era como si todo el lugar se lo impidiera, como si la propia realidad estuviera en su contra, derrotada, la princesa Kido cayó de rodillas sudando copiosamente, mas con Niké aún firme en una postura horizontal, todo el cosmos fue enviado a través del báculo, estallando en medio de los santos oscuros, que no pudieron soportar el ataque, varios desaparecieron, pero otros se alzaron, Kiki vio su final en forma de lo que parecía ser el caballero de Hércules, pero no fue aquella mole desfigurada lo que pudo con él, sino millones de meteoros luminosos que lo despedazaron sin tregua.
Antes de caer inconsciente, el muviano pudo ver como una lluvia de golpes exterminaba a todos y cada uno de los seres caóticos, dejando paso al poderoso caballero de Pegaso. Kryon dirigió su mirada inmediatamente a Kanon, y cargó en su mano un poderoso ken.
Kanon: "Infeliz, ese maldito santo legendario está como si nunca hubiera peleado, su poder es inconmensurable, pero no puedo perder el tiempo, este reino de caos y desesperación acabará con Atenea si no sale pronto de aquí"
El general de la marina resintió los furiosos meteoros de Kryon, que con fervor atacaba al que creía enemigo de la diosa, la resistente escama, forjada con el calor de las guerras santas de hace milenios, se cuarteó ante el más legendario de los santos, hasta hacerse añicos, al tiempo que el portal se abría de nuevo, un movimiento rápido bastaría para que él pudiera escapar sano y salvo, pero no era ese su objetivo, sin dudar fue a por la diosa y la agarró lo mejor que pudo, su rostro estaba pálido y su cuerpo inconsciente, un nuevo meteoro destrozó por completo la escama e hizo que Kanon sintiera su espalda partirse en dos, dio un paso inmediato pero al siguiente dudó, miró de reojo al derrotado Kiki y negó con la cabeza, mordiéndose la lengua el general sea abalanzó a por el muviano en una voltereta para luego agarrarlo y correr a toda velocidad hacia el agujero, que era custodiado por...
Kanon: Kryon de Pegaso. - murmuró entre furia y desesperación, sin armadura no podía hacerle frente ni dejarlo inconsciente como para atravesar a tiempo el portal -
Kryon: Ahora sentirás el peso de tus pecados, tú que osas levantarte en contra de la diosa protectora de la Tierra, sufrirás la cólera de Pegaso.
Kanon cerró los ojos, resignándose a una eternidad en aquel infierno, por un momento cruzó en su mente la idea de hacer que la diosa y el muviano pudieran huir mientras él entretenía a aquel campeón de dioses, pero mientras ponía en práctica tal acción, un brillo dorado se mostró ante él, cegando a Kryon y cubriendo al hermano de Saga, quien ya no sería más un general marino.
Kanon: ¡No es posible! ¡La armadura de Géminis! ¿Cómo...?
El ver como su adversario se recuperaba ayudó a que el recientemente envestido caballero de Géminis dejara de hacerse preguntas y atravesase el portal sin que Kryon pudiera hacer nada para evitarlo.
Cumbre del Delirio, Riscos de la Locura
El portal dimensional desatado por la explosión de la Esfera Saturno, se abrió estrepitosamente para dejar paso al caballero de oro, Kanon, a la diosa Atenea, y al muviano Kiki, que no había dejado de ser ahora un joven de al menos 18 años, mediante un ademán, el santo cerró el portal con prisas, pues una oscura presencia los observaba.
- Vaya, vaya, vaya. De modo que unas ratas han escapado de las alcantarillas del cosmos, oh, que dulce y hermosa es la vista de ver a la gran diosa Atenea corrompida por el caos primigenio.
Kanon levantó la mirada sólo para toparse con la cúspide del mal, la mayor concentración de oscuridad y odio que jamás había sentido en ningún ser, aquel caballero de armadura macabra con brillo solar, miraba con deleite el sufrimiento de la diosa Atenea. Al lado de aquel ser, una mujer de majestuosa armadura celeste con tonos dorados y ojos cerrados, con unas cinco espadas sujetas a su coraza y espalda, en la cual se cruzaban dos katanas gemelas, guardaba el costado de aquel guerrero.
- Caronte de Plutón, caballero de la Oscuridad. - se presentó con una reverencia -
Notas de Autor:
Nuevamente siento la tardanza XD, aunque creo que no fue demasiada en comparación con la distancia entre el capítulo 7 y el 8. Espero y les haya agradado estas pequeñas retrospecciones al pasado COMPLETAMENTE inventadas (excepto por el llamar a los guerreros de Ares Bersekers). Parece que nos espera una guerra no sólo en Asgard sino en el Santuario también jejeje. Cualquier duda, comentario o crítica a: lordomegawanadoo.es
